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martes, 23 de julio de 2019

LA SEGUNDA DERROTA DE LA CABALLERÍA.




El renacimiento del romanticismo caballeresco, con su renovado entusiasmo por la vida heroica, y la nueva moda de las novelas de caballerías, fenómeno que se percibe por primera vez hacia fines del siglo XV en Italia y Flandes y que alcanza su punto culminante en el siglo XVI en Francia y España, son esencialmente un síntoma del incipiente predominio de la forma autoritaria de Estado, de la degeneración de la democracia burguesa y de la progresiva cortesanización de la cultura occidental. Los ideales de vida y los conceptos de virtud caballerescos son la forma sublimada de que revisten su ideología la nueva nobleza, que en parte asciende desde abajo, y los príncipes, que se inclinan al absolutismo. El emperador Maximiliano es considerado el “último caballero”, pero tiene muchos sucesores que aspiran a este título, y todavía Ignacio de Loyola se llama a sí mismo “caballero de Cristo” y organiza su Compañía según los principios de la ética caballeresca, aunque a la vez con el espíritu del nuevo realismo político. Los mismos ideales caballerescos no son ya suficientemente apropiados; su inconciliabilidad con la estructura racionalista de la realidad política y social y su falta de vigencia en el mundo de los “molinos de viento” son demasiado evidentes. Después de un siglo de entusiasmo por los caballeros andantes y de orgía de aventuras en las novelas caballerescas, la caballería sufre su segunda derrota. Los grandes poetas del siglo, Shakespeare y Cervantes, son nada más que los portavoces de su tiempo; únicamente anuncian lo que la realidad denota a cada paso, a saber: que la caballería ha llegado al fin de sus días y que su fuerza vital se ha vuelto una ficción.


En ninguna parte alcanzó el nuevo culto de la caballería la intensidad que en España, donde, en la lucha de siete siglos contra los árabes, las máximas de la fe y del honor, los intereses y el prestigio de la clase señorial se habían fundido en unidad indisoluble, y donde las guerras de conquista en Italia, las victorias sobre Francia, las extensas colonizaciones y el aprovechamiento de los tesoros de América se brindaban, puede decirse, por sí mismos a convertir en héroe la figura del guerrero. Pero donde brilló con más esplendor el resucitado espíritu caballeresco también fue la desilusión más grande, al descubrirse que el predominio de los ideales caballerescos era una ficción. A pesar de sus triunfos y de sus tesoros, la victoriosa España hubo de ceder ante la supremacía económica de los mercachifles holandeses y de los piratas ingleses; no estaba en condiciones de aprovisionar a sus héroes probados en la guerra; el orgulloso hidalgo se convirtió en hambriento, si no en pícaro y vagabundo. Las novelas caballerescas en realidad se probó que eran la preparación menos adecuada para las tareas que había de realizar un guerrero licenciado para establecerse en el mundo burgués.


La biografía de Cervantes revela un destino sumamente típico de la época de transición del romanticismo caballeresco al realismo. Sin conocer esta biografía es imposible valorar sociológicamente Don Quijote. El poeta procede de una familia pobre, pero que se considera entre la nobleza caballeresca; a consecuencia de su pobreza se ve obligado desde su juventud a servir en el ejército de Felipe II como simple soldado y a pasar todas las fatigas de las campañas en Italia. Toma parte en la batalla de Lepanto, en la que es gravemente herido. A su regreso de Italia cae en manos de los piratas argelinos, pasa cinco amargos años en cautividad, hasta que después de varios intentos fracasados de fuga es redimido en el año 1580. En su casa encuentra de nuevo a su familia completamente empobrecida y endeudada. Pero para él mismo —el soldado lleno de méritos, el héroe de Lepanto, el caballero que ha caído en cautividad en manos de paganos — no hay empleo; tiene que conformarse con el cargo subalterno de modesto recaudador de contribuciones, sufre dificultades materiales, entra en prisión, inocente, o a consecuencia de una leve infracción, y, finalmente, tiene todavía que ver el desastre del poder militar español y la derrota ante los ingleses. La tragedia del caballero se repite en gran escala en el destino del pueblo caballeresco por excelencia. La culpa de la derrota, en lo grande como en lo pequeño, la tiene, como ahora se ve bien claramente, el anacronismo histórico de la caballería, la inoportunidad del romanticismo irracional en este tiempo esencialmente antirromántico. Si Don Quijote achaca a encantamiento de la realidad la inconciliabilidad del mundo y de sus ideales y no puede comprender la discrepancia de los órdenes subjetivo y objetivo de las cosas, ello significa sólo que se ha dormido mientras que la historia universal cambiaba, y, por ello, le parece que su mundo de sueños es el único real, y, por el contrario, la realidad, un mundo encantado lleno de demonios. Cervantes conoce la absoluta falta de tensión y polaridad de esta actitud, y, por ello, la imposibilidad de mejorarla. Ve que el idealismo de ella es tan inatacable desde la realidad, como la realidad exterior ha de mantenerse intocada por este idealismo, y que, dada la falta de relación entre el héroe y su mundo, toda su acción está condenada a pasar por alto la realidad.


Puede muy bien ocurrir que Cervantes no fuera desde el principio consciente del profundo sentido de su idea, y que comenzara en realidad por pensar sólo en una parodia de las novelas de caballería. Pero debe de haber reconocido pronto que en el problema que le ocupaba se trataba de algo más que de las lecturas de sus contemporáneos. El tratamiento paródico de la vida caballeresca hacía tiempo que no era nuevo; ya Pulci se reía de las historias caballerescas, y en Boiardo y Ariosto encontramos la misma actitud burlona frente a la magia caballeresca. En Italia, donde lo caballeresco estaba representado en parte por elementos burgueses, la nueva caballería no se tomó en serio. Sin duda, Cervantes fue preparado para su actitud escéptica frente a la caballería allí, en la patria del liberalismo y del humanismo, y desde luego hubo de agradecer a la literatura italiana la primera incitación a su universal burla. Pero su obra no debía ser sólo una parodia de las novelas de caballerías de moda, artificiosas y estereotipadas, y una mera crítica de la caballería extemporánea, sino también una acusación contra la realidad dura y desencantada, en la que a un idealista no le quedaba más que atrincherarse detrás de su idea fija. No era, por consiguiente, nuevo en Cervantes el tratamiento irónico de la actitud vital caballeresca, sino la relativización de ambos mundos, el romántico idealista y el realista racionalista. Lo nuevo era el insoluble dualismo de su mundo, el pensamiento de que la idea no puede realizarse en la realidad y el carácter irreductible de la realidad con respecto a la idea.


En su relación con los problemas de la caballería, Cervantes está determinado completamente por la ambigüedad del sentimiento manierista de la vida; vacila entre la justificación del idealismo ajeno del mundo y de la racionalidad acomodada a éste. De ahí resulta su actitud ambigua frente a su héroe, la cual introduce una nueva época en la literatura. Hasta entonces había en ella solamente caracteres de buenos y de malos, salvadores y traidores, santos y criminales, pero ahora el héroe es santo y loco en una persona. Si el sentido del humor es la aptitud de ver al mismo tiempo las dos caras opuestas de una cosa, el descubrimiento de estas dos caras en un carácter significa el descubrimiento del humor en la literatura, del humor que antes del Manierismo era desconocido en este sentido. No tenemos un análisis del Manierismo en la literatura que se salga de las exposiciones corrientes del Manierismo, gongorismo y direcciones semejantes; pero si se quisiera hacer tal análisis, habría que partir de Cervantes. Junto al sentido vacilante ante la realidad y las borrosas fronteras entre lo real y lo irreal, se podrían estudiar también en él, sobre todo, los otros rasgos fundamentales del Manierismo: la trasparencia de lo cómico a través de lo trágico y la presencia de lo trágico en lo cómico, como también la doble naturaleza del héroe, que aparece ora ridículo, ora sublime. Entre estos rasgos figura especialmente también el fenómeno del “autoengaño consciente”, las diversas alusiones del autor a que en su relato se trata de un mundo ficticio, la continua transgresión de los límites entre la realidad inmanente y la trascendente a la obra, la despreocupación con que los personajes de la novela se lanzan de su propia esfera y salen a pasear por el mundo del lector, la “ironía romántica” con que en la segunda parte se alude a la fama ganada por los personajes gracias a la primera, la circunstancia, por ejemplo, de que lleguen a la corte ducal merced a su gloria literaria, y cómo Sancho Panza declara allí de sí mismo que él es “aquel escudero suyo que anda, o debe de andar en la tal historia, a quien llaman Sancho Panza, si no es que me trocaron en la cuna, quiero decir, que me trocaron en la estampa”. Manierista es también la idea fija de que está poseído el héroe, la constricción bajo la cual se mueve, y el carácter marionetesco que en consecuencia adquiere toda la acción. Es manierista lo grotesco y caprichoso de la representación; lo arbitrario, informe y desmesurado de la estructura; el carácter insaciable del narrador en episodios siempre nuevos, comentarios y digresiones; los saltos cinematográficos, divagaciones y sorpresas. Manierista es también la mezcla de los elementos realistas y fantásticos en el estilo, del naturalismo del pormenor y del irrealismo de la concepción total, la unión de los rasgos de la novela de caballería idealista y de la novela picaresca vulgar, el juntar el diálogo sorprendido en lo cotidiano, que Cervantes es el primer novelista en usar, con los ritmos artificiosos y los adornados tropos del conceptismo. Es manierista también, y de manera muy significativa, que la obra sea presentada en estado de hacerse y crecer, que la historia cambie de dirección, que figura tan importante y aparentemente tan imprescindible como Sancho Panza sea una ocurrencia a posteriori, que Cervantes — como se ha afirmado — no entienda al cabo él mismo a su héroe. Manierista es, finalmente, lo desproporcionado, ora virtuosista y delicado, ora descuidado y crudo, de la ejecución, por la que se ha llamado al Don Quijote la más descuidada de todas las grandes creaciones literarias, es verdad que sólo a medias con razón, pues hay obras de Shakespeare que merecen igualmente tal título.


Cervantes y Shakespeare son casi compañeros de generación; mueren, aunque no de la misma edad, en el mismo año. Los puntos de contacto entre la visión del mundo y la intención artística de ambos poetas son numerosos, pero en ningún punto es tan significativa la coincidencia entre ellos como en su relación con la caballería, que ambos tienen por algo extemporáneo y decadente. A pesar de esta unanimidad fundamental, sus sentimientos respecto del ideal caballeresco de vida, como no cabe esperar de otro modo ante fenómeno tan complejo, son muy distintos. El dramaturgo Shakespeare adopta ante la idea de la caballería una actividad más positiva que el novelista Cervantes; pero el ciudadano de Inglaterra, más adelantado en su historia social, rechaza la caballería como clase más terminantemente que el español, no tan completamente libre de prejuicios a causa de su propia prosapia caballeresca y de su carrera militar. El dramaturgo no quiere, incluso por razones estilísticas, renunciar al realce social de sus héroes: tienen que ser príncipes, generales y grandes señores para levantarse teatralmente sobre sus contemporáneos, y caer desde una altura suficiente, para causar, con la peripecia de su destino, una impresión tanto mayor.
Arnold Hauser. 
Historia Social de la Literatura y el Arte.


domingo, 25 de noviembre de 2018

MARÍA DE BORGOÑA.



La dulce hija de Carlos el Temerario, leal esposa del emparador Maximiliano y la amorosa madre de Felipe “el Hermoso” saltó a los platós de Europa cuando la Edad Media tocaba a su fin. 


María murió joven y fue sepultada en la ciudad de Brujas, junto a su padre el duque Temerario en la Iglesia de Nuestra Señora, sus extensos dominios y numerosos títulos terminarían en manos de su nieto Carlos V. 


El cuerpo de Felipe el Hermoso reposa junto a su esposa Juana de Castilla en la Capilla Real de Granada, pero su corazón permanece en Flandes, junto a su madre.

sábado, 8 de septiembre de 2018

GJERGJ ARIANITI.






Gjergj Arianiti fue un señor feudal albanés de la Edad Media. Gjergj descendía de una destacada familia que dominaba un amplio territorio en el centro y sur de Albania y se en 1433 se levantó en armas contra los invasores turcos.

Arianiti fue conocido más allá de las fronteras albanesas y recibió apoyo y protección tanto del papado como del rey de Nápoles. Su hija, Andronika, se casó con otro héroe de la resistencia antiturca, el celebérrimo Skanderbeg. Su hijo Constantine Arianiti fue soldado y diplomático en la corte imperial de Maximiliano I Habsburgo.

martes, 6 de febrero de 2018

BATALLA DE GUINEGATE.



Borgoñones, alemanes, tiroleses y suizos, comandados por el duque de Borgoña – y futuro emperador – Maximiliano de Habsburgo, formados en cuadrados de piqueros derrotaron a la caballería francesa del rey Luis XI en el año 1479. La clave de la victoria austroborgoñona estuvo en la disposición de la infantería, dividida en dos cuadrados grandes y profundos. Uno de los cuadrados estuvo al mando de Jacobo de Saboya, que ya había servido bajo las órdenes de Carlos el Temerario, y el otro por el conde Engelberto de Nassau. 

domingo, 18 de diciembre de 2016

ANA JAGELLÓN.



Hermana del desafortunado rey húngaro Luis II, aquel que perdió la vida y el reino en la batalla de Mohacs. En el contexto de la fructífera política matrimonial entre los jagellones y los habsburgo, Ana se casó con Fernando I, hijo de Maximiliano y hermano de Carlos V.

Tras la muerte de Luis, Ana (junto a su esposo) fue proclamada reina de Hungría y de Bohemia, pero no pudo convertirse en emperatriz, pues falleció antes de que Fernando fuese coronado. El matrimonio tuvo quince hijos y entre su prolífica descendencia se cuentan varios monarcas europeos.


lunes, 9 de mayo de 2016

HENDRIK III VON NASSAU.



Enrique III de Nassau, señor de Breda, fue como su tio Englebert II (del que fue heredero), un fiel servidor de la familia Habsburgo. Acompañó a Felipe el Hermoso a Castilla, combatió con éxito a favor de Maximiliano I y se convirtió, otra vez en España, en persona de confianza del emperador Carlos V.

lunes, 15 de febrero de 2016

ULRICH VON HUTTEN.



Ulrich von Hutten fue caballero del Imperio, reputado humanista y defensor de la Reforma Protestante. Siendo muy joven, su padre, empeñado en verlo ordenado sacerdote lo envió a un monasterio, pero el indisciplinado Ulrich se las arregló para escapar. Ávido de conocimiento (pero inconstante hasta la exasperación) vagó de una universidad a otra, pasando por Colonia, Viena, Leipzig...sin obtener grandes resultados. Caído en la pobreza y viéndose en la indigencia por su mala cabeza, varias veces puso su espada al servicio del mejor postor; sirvió en el ejército imperial de Maximiliano I (que lo nombró Poeta Laureado y lo quiso convertir en propagandista), se alistó como soldado en Bolonia durante las Guerras Italianas y participó (con total convencimiento) en la revuelta de los caballeros contra el arzobispo de Trier. Seducido por la energía renovadora de Martín Lutero abrazó el protestantismo desde el Humanismo, aunque le importaba un pimiento la doctrina teológica. Escribió poesía y en sus poemas cantó a la pureza de las costumbres germanas, letras que le convirtieron en figura del primer nacionalismo alemán. Convencido del glorioso destino del pueblo germano, afirmaba que lo mejor que pueden hacer los italianos es someterse al poder alemán y que los franceses harían bien en no intentar jamás avanzar más allá del Rin. Aventurero, anárquico, trotamundos y vividor, la fatiga vital le arrastró hasta una isla del Lado de Zurich donde el llamado “mal francés”, la sífilis, que contrajo durante alguna loca juerga universitaria, terminó derrotándole.  

domingo, 8 de noviembre de 2015

FEDERICO III, MAXIMILIANO I, JUAN HUNYADI Y MATÍAS CORVINO.



El rey Cuervo, Matías , puso todo su empeño en convertirse en el Sacro Emperador, pero fue Maximiliano, hijo del emperador anterior Federico III, el elegido. Rivales condenados a entenderse. De Innsbruck a Pecs . De Austria a Hungría. Del cenotafio (vacío) del Maximiliano al reino Humanista de Matías. Todo se relaciona entre sí. Las piezas van encajando. ¿Estuvo Janos Hunyadi a favor del emperador Federico?¿Realmente quiso Federico el trono húngaro?. El padre, Janós, salvó Belgrado. El hijo, Matías, se apoderó de Viena. Personalidades diferentes, momentos distintos ¿objetivos dispares?.

miércoles, 1 de julio de 2015

ARCHIDUQUE SEGISMUNDO DE AUSTRIA



Segismundo nació en la bella localidad alpina de Innsbruck, en el seno de una familia bien, los Habsburgo. Hijo de Federico IV de Austria y Ana de Brunswich, Segismundo goberno en su amado Tirol, y su primo, el emperador Federico III le nombro Archiduque de Austria. Se enfrento al obispo Nicolás de Cusa, lo que motivo su excomunión, mantuvo relaciones ambiguas con Carlos el Temerario y con los Confederados suizos, inicio una absurda y poco provechosa guerra contra Venecia, y repudiado por sus súbditos, cedió en 1490 el poder del Tirol a Maximiliano I. Emparento con la casa real escocesa al contraer matrimonio con Leonor Estuardo, hija de Jacobo I de Escocia. Cuando murio su primera esposa caso con Catalina de Sajonia. Ninguno de sus matrimonios fue bendecido con hijos.

domingo, 28 de junio de 2015

MATÍAS CORVINO.




He atravesado la llanura húngara  , bajado a las catacumbas de Pecs  , visto una puesta de Sol en Szeged, caminado junto a la orilla del Gran Río en Mohács, ascendido hasta la Roca del Cuervo en Holloko , remontado el Danubio, contemplado la inmensidad desde el castillo de Visegrad, paseado por Szekesfehervar , la ciudad de la Coronación y por Veszprem, la ciudad de las reinas, subido a la inmensa cúpula de la Iglesia Madre húngara en Esztergom e irremediablemente he caído rendido ante la indeleble belleza de Budapest. Definitivamente me enamoré de Hungría, de su gente y de su historia. Por todas partes encontré las huellas de Matías Corvino, uno de los monarcas más recordados en el país magiar; favoreció la implantación del Humanismo en su reino, fortaleció el estado, aspiró al trono imperial, luchó contra turcos, bohemios, polacos y valacos, consiguiendo además la mayor expansión territorial en la historia del Reino de Hungría. Coronado en Szekesfehervar, residió en Visegrad, embelleció Buda y murió en Viena. Él mismo quiso contarme su historia.



Matías no había nacido para reinar. Por sus venas no corría sangre azul, ni siquiera era primogénito de su familia, pero al parecer el destino de las personas (afortunadamente) no viene escrito en los genes. Los acertados movimientos estratégicos de los miembros de su poderoso clan, y su propia determinación personal, le convirtieron en uno de los monarcas europeos más reputados (y prestigiosos) del siglo XV, y un símbolo perpetuo para su país, Hungría. Bien es cierto, que la tierra originaria de su estirpe, Transilvania, pertenece desde hace unos cien años, a otro estado, la vecina Rumanía (Matías nació en la actual Cluj Napoca). Hijo de Janos Hunyadi , un reputado comandante conocido como "el Caballero Blanco", famoso por sus batallas (y victorias) contra los turcos, terrateniente transilvano y regente de Hungría durante la minoría de Ladislao V, y de Erzsebet Szilágyi, perteneciente a una noble familia húngara. El Matías niño fue educado en Hunyad (Hunedoara) el centro de las posesiones paternas, por un eminente preceptor, Janos Vitez, tutor, maestro y máxima autoridad religiosa como Arzobispo de Esztergom.



A la muerte de Janos Hunyadi, poco después de salvar Belgrado de las llamas turcas, su primogénito y heredero, Ladislao, se vio envuelto en una rocambolesca conjura palaciega, a consecuencia de la cual fue declarado culpable de traición y decapitado. Matías terminó arrestado en Praga, pero logró, con la ayuda y mediación de Janos Vitecz, establecer una alianza con el rey de Bohemia, Jorge Podiebrad, que además le ofreció a su hija Catalina en matrimonio. En estas circunstancias, Mihaly Szilágyi, hermano de la madre de Matías, quien aún era un niño (y esa circunstancia le salvó de acabar como su hermano mayor), se convierte en el "padrino" del poderoso clan de los hunyadi, y en protector del futuro rey.

La prematura muerte del rey Ladislao V, que ha pasado a la historia como "el Póstumo", provocó una situación de trono vacante, y el enfrentamiento entre las diferentes facciones nobiliarias para imponer a su candidato. Según la tradición, mientras Matías permanecía secuestrado en Bohemia, algunos nobles húngaros juraban sobre las heladas aguas del Danubio que Matías sería su único rey. La actuación de su tío materno Mihaly, que no tuvo inconveniente en usar la fuerza para presionar, intimidar y convencer a los indecisos, su propia madre y otros influyentes aliados de la familia, como Janos Vitecz o su suegro Jorge Podiebrad, resultaron determinantes para que Matías, que sólo tenía quince años, fuese elegido rey de Hungría.



En 1458 Matías era proclamado rey, pero lo coronación oficial y legítima se retrasó uno años, pues la Santa Corona , sin la cual el acto de la coronación carecía de validez, se hallaba en poder del emperador Federico III. Tras varios años de duras y tensas negociaciones, la corona fue devuelta, a cambio de una importante suma de dinero y la promesa de que si Matías moría sin heredero, Federico podría sentarse en el trono magiar. El enfrentamiento entre Matías y Federico fue recurrente a lo largo de las vidas de ambos, pues Federico pretendía reinar en Hungría y Matías convertirse en el emperador del Sacro Imperio.



En 1464, Matías, era coronado rey como dios manda: en la ciudad de Szekesfehervar, por el obispo de Esztergom, Dionisio Szecsi , y con la Santa Corona Húngara. En un rincón de la ciudad de Szekesfehervar un precioso monumento recuerda la coronación del rey Matías.

Muy pronto demostró Matías de que pasta estaba hecho. Su primera decisión importante fue apartar del poder a su tío Mihaly (Miguel para los amigos), el mismo que había propiciado su entronamiento, pues el joven rey, pudo entrever claramante cual era la intención del hermano de su madre; regentar Hungría en nombre de su sobrino. Esta medida anunciaba el ideal político del rey Matías, la monarquía autoritaria, y a lo largo de su reinado fue dando pasos en esa dirección con la finalidad de consolidarla.



En la segunda mitad del siglo XV, Fernando de Aragón, Isabel de Castilla, Lorenzo de Médici, Murad IIMehmet II , Federico III, Maximiliano I o el propio Matías Corvino personificaron la creación del Estado Moderno. Cada uno de ellos puso un granito de arena (o de cemento según se mire) en la creación de un nueva forma de organizar el estado, dejando atrás definitivamente la esencia y fundamentos de las monarquías feudales. Se trata de los cimientos de las formas estatales que conocemos (y sufrimos) hoy día. Matías forjó alianzas con la baja nobleza y con la dinámica, y por momentos, poderosa burguesía urbana, enfrentados ambos a la gran nobleza, privilegiados y rancios linajes de terratenientes inmovilistas, para dinamitar sus posiciones de preeminencia y lograr la independencia absoluta de la institución monárquica. Para sufragar sus ambiciosos proyectos reformó la hacienda, apartando a la nobleza de los ingresos reales y apoyándose en un cuerpo de funcionarios profesionales.



En Visegrad, a orillas del Danubio, vigilado desde la altura por un auténtico nido de águila fortificado, se levantan los impresionantes restos pétreos de un palacio renacentista, restaurado y engrandecido por el Rey Cuervo, una materialización del poder absoluto que llegó a detentar el rey. Sus ruinas aún conservan la grandeza que el edificio tuvo en vida.

Combatió en diferentes momentos contra todos sus vecinos: su propio suegro, Jorge Podiebrad (acusado de proteger a los husitas) encabezando una cruzada y proclamándose rey de los checos católicos, con el monarca de Polonia Casimiro IV , con el incómodo voivoda valaco Vlad "el Empalador" al que no dudó en arrestar y utilizar como peón en un enorme partida de ajedrez, con los invencibles turcos, con el inteligente Esteban III de Moldavia y sobre todo, con Federico III del Sacro Imperio. La Europa cristiana veía en Matías al general que debía llevarles hacia la definitiva victoria sobre los sultanes otomanos, no obstante, la mayor preocupación de Corvino fue el cetro imperial. Podemos hipotetizar que el plan de Matías consistía en crear un fuerte estado en Europa Central que aglutinaría Hungría, Bohemía y el Sacro Imperio, para hacer frente, con garantías de éxito, al poderoso Imperio Otomano.

Su enfrentamiento con Federico y sus ansias imperiales, le llevaron a sitiar y ocupar Viena en 1485. Todo para nada. Trasladó su corte a la capital austríaca, pero en 1486, los electores imperiales se decantaron por el hijo de Federico, Maximiliano I, al que nombraron Rey de Romanos (es decir, heredero del Sacro Imperio Romano Germánico). Incluso en la carrera de la vida venció Federico, que murió tres años después que Matías.



Aunque Matías jamás alcanzó, ni de lejos, las altas cotas militares de su padre, organizó un moderno ejército para mantener el orden interno, consolidar el poder autoritario dentro de sus fronteras, asegurar las fronteras del país y luchar por sus objetivos expansionistas. Este ejército formado básicamente por mercenarios, soldados profesionales, era conocido como "ejército negro". Este "ejército negro" estaba organizado en tres cuerpos: la caballería pesada, los húsares, unidades de caballería ligera que ganarían fama y popularidad durante la Edad Moderna europea, y la infantería, que incluía arcabuceros. Los arcabuceros eran rodeados y protegidos por escuderos, lanceros y hombres acorazados, de tal forma, que podían disparar con la sensación de parapetarse en un bastión. También incorporó carros husitas, de los que su inteligente (y flexible) padre ya hizo buen uso.

Al año de casarse con Catalina, la hija del rey bohemio murió y Matías quedó viudo. No perdió el tiempo Matías, y encontró a varias amantes, una de las cuales llegó a darle un hijo, bastardo por supuesto, hasta que en el año 1476 contrajo matrimonio con Beatriz, la hija de Ferrante I, rey de Nápoles. Con Beatriz llegaron a la corte húngara poetas, músicos y artistas italianos, que siempre han tenido la extraordinaria capacidad de exportar sus productos; el Renacimiento, los zapatos, el café, los helados, la pasta o la pizza, por nombrar los más conocidos.



Otro de los motivos por los que es alabado y recordado este rey es que, precisamente junto a su segunda esposa, Beatriz, propició la irrupción del Humanismo en tierras húngaras. De un lado Matías se había rodeado de los más selectos pensadores humanistas, empezando por su maestro Janos Vitez, el afamado Janos Panonio, su cronista Antonio Bonfini, o el bibliotecario Galeotto Marzio. El monarca poseía una biblioteca con más de mil volúmenes, digna del más purista de los eruditos. De otro ladro, la reina consorte irrumpió en Hungría con un variopinto cortejo formado por escritores, poetas, músicos, maestros y artistas italianos, que introdujeron en la corte disciplinas antes desconocidos. Además introdujo costrumbres elegantes en la comida y en las formas de vida. Los bravos magiares dejaron de comer el goulash y la paprika, y comenzaron a apreciar las virtudes de la pasta y la pizza.



Los palacios de Buda y de Visegrad fueron embellecidos por deseo y obra de la pareja real, llenando las habitaciones de sus palacios con muebles de lujo y decorando las estancias con pinturas y grabados de excelso gusto italiano.



En 1490 el rey Matías murió en Viena, sin poder llegar a convertirse en emperador. No obstante, consiguió considerables éxitos como monarca, a pesar de no ser de sangre real. La imagen legendaria de Matías, el rey Justo, fue dibujada tras su muerte, pues esta, fue seguida de inestabilidad y disturbios en el reino, por lo que Matías, que defendía a los pobres y derrotaba a los orgullosos señores que abusaban de su poder, encarnaba una época dorada. Una leyenda , un tanto apócrifa, hacia descender a Matías Corvino, a través de su padre Janos Hunyadi, del recordado rey (y emperador) Segismundo de Luxemburgo . Por supuesto, el inteligente Matías jamás se preocupó por desmentir esas historias, ni por aclarar los oscuros orígenes de su progenitor.



El pueblo, siempre ávido de cuentos, chismes, modelos e historietas, convirtió a Matías en protagonista de aventuras y situaciones más o menos irreales, que coadyudaron a forjar la figura post morten del rey justo, campechano y cercano al pueblo. Eso sí, también contaron sus amoríos y peripecias fornicadoras. Juan Carlos I de España circulaba de incógnito con su motocicleta de gran cilindrada por las carreteras de la transición socorriendo a accidentados y necesitados, del mismo modo que Matías Corvino gustaba pasear disfrazado de plebeyo, pasando desapercibido entre el populacho y ofreciendo su ayuda a los más desvalidos. También tuvo Matías a su particular Corina en la figura de Ilonka , joven y hermosa pastora, protagonista de cuentos y narraciones populares.



Visegrad, Budapest, Szekesfehervar, Esztergom, Vezprem, Holloko, Pecs, Mohacs, Szeged, prácticamente no hay ciudad húngara que no recuerde a su rey. Quedaron atrás los reyes santos de la Edad Media, como Esteban o Ladislao, y Matías se convirtió en el prototipo de monarca autoritario renacentista, férreo gobernante y activo humanista, de su mano penetraron en Hungría las nuevas ideas alumbradas durante el Renacimiento.


domingo, 10 de mayo de 2015

MARGARITA DE AUSTRIA.



Hija de Maximiliano I y María de Borgoña, hermana de Felipe el Hermoso, nuera de los Reyes Católicos, y esposa de Juan de Aragón y Castilla, y más tarde de Filberto II de Saboya. Doliente, joven, enérgica y dos veces viuda, volvió a su tierra natal para convertirse en Señora de Malinas.



Bajo su gobierno disfrutó Malinas su época dorada. Una estatua en el centro de la bella ciudad belga (la más antigua dedicada en Bélgica a una mujer) recuerda a Margarita, gobernadora del Ducado de Borgoña y más tarde de todos los Países Bajos.



Como hermana de Felipe el Hermoso, se encargó de la educación de su hijo Carlos, futuro emperador, que permanecía en Malinas cuando Juana I fue nombrada (a regañadientes) reina de Castilla en 1504.


miércoles, 4 de marzo de 2015

CUNEGUNDA DE AUSTRIA.



Como una alegre y elegante lectora es representada Cunegunda de Austria, en el fastuoso mausoleo de su hermano, el emperador Maximiliano. Para muchas mujeres de la nobleza europea, su libertad de actuación era muy limitada (en algunas ocasiones era mejor ser puta), aunque este no fue el caso de la archiduquesa Cunegunda, que demostró poseer una gran personalidad y que no estaba dispuesta a ser utilizada como moneda de cambio en alianzas políticas que poco tenían que ver con el amor y el matrimonio. Hija de Federico III, había recibido una esmerada educación que incluía bordado, escritura y lectura, e incluso disciplinas ajenas al mundo femenino, como la equitación, la caza y la astronomía, Cunegunda se negó a contraer matrimonio con el rey húngaro Matías Corvino, y decidió, por su cuenta y riesgo, y en contra de la voluntad de su padre (que otra cosa cabría esperar con la educación que había recibido) se casó con el duque de Baviera Alberto IV . Tuvo ocho hijos y a la muerte de su esposo se alejó de la vida pública y pasó los últimos años de vida tranquilamente retirada en un convento. Quizá se casó por amor. 

miércoles, 18 de febrero de 2015

CIMBURGIA DE MASOVIA.



Noble polaca, emparentada con la casa real de Polonia y con la aristocracia de la vecina Lituania, nacida en Varsovia fue la segunda esposa de Ernesto I "el Duque de Hierro", convirtiéndose en Archiduquesa de Austria de los territorios de Estiria, Carintia y Carniola. Madre del emperador Federico III y abuela de Maximiliano I, de tal forma que encontramos su estatua en el cortejo funerario de la Hofkirche de Innsbruck. Hay quien piensa que Cimburgia introdujo el famoso prognatismo en la familia Habsburgo, aunque no existen pruebas concluyentes que sustenten tal afirmación. 

domingo, 8 de febrero de 2015

CENOTAFIO VACÍO DEL EMPERADOR MAXIMILIANO I



Pocos monumentos causan mayor impresión al alma humana que los relacionados con la muerte. Pirámides, catacumbas, cementerios y mausoleos espolean la imaginación y transmiten sensaciones encontradas. La maravilla de la obra de arte y la seguridad de lo inevitable. En Innsbruck , la preciosa ciudad alpina, capital del Tirol, se ubica uno de los más espectaculares cenotafios jamás construidos, el del emperador Maximiliano I, el último caballero de espada y el primero de la pólvora.


Maximiliano I, el último caballero de armadura, y el primero de las armas de fuego, personaje clave de la época que le tocó vivir, quiso perdurar en el tiempo, y seguir asombrando a las generaciones venideras. Y eso es precisamente lo que produce el mausoleo del Emperador. 



La Hofkirche, una iglesia que casi pasa desapercibida, a escasos metros del Palacio Imperial, se levanta un espectacular sepulcro, acompañado de 28 esculturas a tamaño natural, de otras tantas personalidades vinculadas al Emperador (de manera real o interesada) o a la historia de Europa. Este despliegue de medios perseguía un objetivo claro, representar el poder ostentado en vida.

"A lo largo de toda la Historia, las últimas moradas de los distintos miembros de las casas reales europeas se han ideado, planificado y construido para transmitir a sus contemporáneos y a la posteridad una idea muy concreta y muy meditada del poder y la importancia tanto del difunto que allí reposaba como de la familia o dinastía a la que pertenecía. De la misma manera, los monumentos funerarios constituían elementos de representación del poder, de legitimación dinástica y de reivindicación capitales dentro de la cultura visual de la Edad Moderna. El cenotafio de Maximiliano I en la iglesia de la corte (Hofkirche) de Innsbruck es un gran ejemplo de un monumento funerario concebido para legar a la posteridad una memoria gloriosa del poder político, territorial y casi sagrado de la familia Habsburgo y del propio Maximiliano, donde todo tiene un significa político y dinástico muy concreto y donde nada ha sido dejado al azar".
Rocío Martínez López
El cenotafio de Maximiliano I: la memoria
dinástica, política y territorial a través
de los monumentos funerarios reales.

Un aire de solemnidad recorre la nave central de la iglesia, dominada por el enorme mausoleo, que es rematado por la figura de un arrodillado Maximiliano. Pero lo más llamativo de todo, es que el mausoleo está vacío. El mausoleo fue encargado por Fernando I de Habsburgo, hermano del rey Carlos V, y sucesor de éste al frente del Sacro Imperio, pero el cuerpo de su abuelo Maximiliano, jamás llegó a descansar bajo tan impresionante cúmulo funerario. En definitiva podemos decir, sin temor a equivocarnos, que estamos ante la más hermosa tumba vacía que el ser humano, en su intento por trascender, ha podido crear.


En el proyecto original, ideado por el propio emperador, cuarenta estatuas formarían el cortejo fúnebre que lo custodiaría durante toda la eternidad. Finalmente se construyeron veintiocho figuras. Las que siguen.


Rey Fernando II de Aragón


Reina Juana de Castilla.


Duque Felipe III de Borgoña "el Bueno"


Duque Carlos el Temerario de Borgoña


Archiduquesa Cimburgia de Masovia, abuela paterna del emperador.


Archiduquesa Margarita de Austria


Blanca María Sforza segunda esposa de Maximiliano.


Archiduque Segismundo de Austria


Rey Arturo, ideal mitificado de rey medieval, sabio, justo y buen guerrero. 



Fernando I de Portugal.


Ernesto de I Austria, "el duque de Hierro"


Teodorico el Grande, rey de los ostrogodos.


Duque Alberto II de Austria


Kaiser Rodolfo I de Habsburgo. 



Felipe I el Hermoso


Clodoveo I rey de los Francos.


Alberto II de Habsburgo, Duque de Austria, rey de Hungría y de Bohemia.


Emperador Federico III. Padre de Maximiliano.


San Leopoldo, margrave de Austria.


Conde Alberto IV el Sabio.



Leopoldo III de Austria


Federico IV de Austria, "el de los bolsillos vacíos".


Alberto I de Habsburgo.



Godofredo de Bouillon, protector del Santo Sepulcro en Jerusalén.


Isabel de Luxemburgo, reina consorte de Hungría.


María de Borgoña primera esposa de Maximiliano.


Isabel de Carintia.



Archiduquesa Cunegunda de Austria, hermana de Maximiliano y esposa de Alberto IV de Baviera.


Veintiocho estatuas silentes velan por un difunto que no yace en esta tumba. Grande en vida hizo un guiño a la muerte preparando un sepulcro que jamás ocuparía. Nadie engrandeció Austria como él, último caballero medieval y primer estadista moderno, aunque su cuerpo no descanse en Innsbruck, su espíritu reside en este corazón del Tirol. 
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