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domingo, 25 de febrero de 2018

NUNO ÁLVARES PEREIRA.



Las naciones se nutren de los mitos, el pueblo se identifica con ellos, y al final la leyenda termina devorando al hombre.



Extraordinario militar portugués, amigo de la infancia de Juan, Maestre de la Orden de Avis y el hijo del rey Pedro I. Cuando Juan se convirtió en rey de Portugal, Nuno Álvares Pereira fue nombrado condestable del reino. Juntos consiguieron consolidar la monarquía portuguesa, acabar con la influencia de Castilla y fundar una nueva dinastía en Portugal.


La enorme estatua de Nuno Álvarez Pereira trata de ensombrecer el Monasterio de Batalha, construido por Juan I, para conmemorar la victoria (definitiva) sobre los castellanos en la batalla de Aljubarrota (año 1385). Ese día Nuno, que se enfrentó con su hermano que luchaba en el bando castellano, diseñó la estrategia y guió a las huestes portuguesas al triunfo. Un José Mourinho de la Edad Media; disciplinado, táctico y obstinado.



Años después, al quedar viudo, aburrido de las intrigas palaciegas y cansado de los campos de batalla, renunció a sus títulos y posesiones, e ingresó en la Orden Carmelita, retirándose al Convento do Carmo lisboeta, que él mismo había fundado. Allí esperó pacientemente la llegada de la muerte. 


sábado, 23 de julio de 2016

PRAÇA DO COMERCIO.



Praça do Comercio, porticada como las plazas castellanas, pero abierta al mar, al mágico lugar donde el Tajo fenece en el interminable océano, centro del comercio con las Indias Orientales, África y Brasil.


Viandantes europeos, africanos y americanos confluyen en este hermoso lugar, refrescado por el viento marino, emblema de una Lisboa cosmopolita, hermosa, entrañable espacio de ensoñación, con el cielo sobre nuestras cabezas, donde la vista se pierde en el horizonte azul, donde despedimos a los aventureros, futuros descubridores, navegantes intrépidos que en un momento determinado de la historia quisieron agrandar el mundo.


Este espacio estuvo ocupada a lo largo de doscientos años por el Palacio Real que fue destruido en el devastador terremoto de 1755. La plaza actual fue proyectada por el Marqués de Pombal.






Viriato, Nuno Álvares Pereira, Vasco da Gama y el propio Marqués de Pombal, coronan el arco por el que la Rúa Augusta desemboca en la Praça do Comercio.


La Praça do Comercio se abre al océano Atlántico, de la misma manera que San Marcos vive a orillas de la Laguna. Mientras los venecianos abandonaban Constantinopla a su suerte, los marineros del infante don Enrique buscaban nuevas rutas para llegar a las Indias, las maravillosas tierras desde las que llegaban a Europa la seda y las especias. Medio siglo antes que Cristobal Colón, los aventureros y exploradores portugueses comenzaron las Era de los Descubrimientos. Lisboa se convirtió en un puerto internacional al que arribaban naves procedentes de todos los mundos posibles: América, Asia y África. El café, la pimienta, el cacao o el tabaco comenzaron a llenar almacenes y tiendas ultramarinos. De aquella época quedan algunos platos en la cocina portuguesa, como las samosas, y especialmente el gusto por el buen café; sus famosas bicas.


Hoy día la Plaza de Comercio, en la orilla del Tajo, entre el Castillo y el Bairro Alto, la Catedral y las ruinas del Monasterio do Carmo, con melodías de fado y brisa marinera, siempre bulliciosos y alegre, recuerda ricamente el esplendor comercial de Lisboa.


Un lugar que empieza a ser cotidiano para mí.




domingo, 12 de abril de 2015

ORDEN DE AVIS



El universo de las Órdenes Militares ha despertado, desde siempre, el interés de los eruditos y estudiosos de la Edad Media, y ha echado a volar la imaginación de las almas más sensibles y fantasiosas. Un grupo de hombres de férreas convicciones, capaces de renunciar a los placeres humanos más mundanos y luchar denodadamente, empleando todas sus energías, por un objetivo concreto. Aunque la realidad histórica, más prosaica que poética, no se tan ideal, ni esos hombres tan puros e inmaculados, lo que si es cierto, es que estas Órdenes Militares jugaron un papel fundamental en una época en permanente estado de guerra, en la q ue aún no existían ejércitos ni profesionales, ni permanentes.

A imitación de las Órdenes Militares creadas en Tierra Santa al amparo de las cruzadas (Templarios, Hospitalarios y Teutónicos), nacieron en la Península Ibérica, las conocidas como "Órdenes Nacionales", vinculadas a algunos de los reinos existentes y encaminadas, como sus modelos próximo orientales, a combatir el Islam por la fuerza de las armas. Una de esas órdenes militares fue la Orden de Avis en el Reino de Portugal.

En una época de batallas y cruzadas contra los musulmanes, edad de oro de las órdenes militares, tiempos convulsos que vieron germinar poderosos estados acaudillados por reyes guerreros, Alfonso Henriques, al frente de caballeros normandos e ingleses, y sus propias mesnadas, arrebata Lisboa a los moros en 1147.

Estos caballeros henchidos por el espíritu de cruzada quieren más, el olor de la sangre les enloquece, y juran continuar luchando, sin descanso, contra los musulmanes, a los que consideraban enemigos infieles que deber ser eliminados. Este grupo de guerreros sería el germen de la Orden de Avis.

La inercia de la guerra y los deseos de los combatientes desembocó en la creación de la Orden de Évora en 1166, cuando el flamante primer rey Alfonso, conquistó la ciudad. El primer objetivo de esta orden fue defender Évora de las invasiones sarracenas, una posición estratégica que permitía mantener Lisboa a salvo. Pedro Afonso, hermano o hijo del rey (no he podido encontrar la filiación exacta), fue designado primer maestre.

A principios del siglo XIII, la orden adquirió su denominación definitiva. En 1211 la Orden de Caballeros de Évora cambió su nombre por el de Orden de Avis. La iniciativa respondió a los deseos del maestre Fernando Anés, que decide que la orden abandone Évora, en la que ya no había vecindad sarracena, trasladándose a tierras más próximas al enemigo, en la proximidad de Viamonte. Una leyenda sugiere que en el alto risco donde el maestre ordenó construir la nueva fortaleza, volaban dos águilas, siendo estas aves rapaces el origen de la nueva titulación de la orden.

Desde los primeros momentos de su existencia la orden portuguesa quedó estrechamente vinculada a la orden castellana de Calatrava. En 1187 el papa reconoce, mediante bula pontificia, la existencia de la Orden de Calatrava, pero no la de Évora, de tal manera que la segunda queda bajo la obediencia de la primera.

El más famoso de los maestres de Avis fue Joao, hijo ilegítimo del rey portugués Pedro I, y que como tal, reclamó el trono, provocando un enfrentamiento abierto con Juan I de Castilla, que también pretendía ceñir la corona portuguesa. El maestre de Avis consiguió llevarse el gato al agua, reinar como Joao I y fundar una nueva dinastía en la corona portuguesa; la Dinastía de Avis.

En el contexto de la lucha entre los dos Juanes, se produjo la ruptura de Avis con Calatrava, con motivo de la batalla de Aljubarrota. En esta batalla, que tuvo lugar en terreno portugués en 1385, los calatravos lucharon a favor de Castilla y los caballeros de Avis hicieron lo propio por Portugal. El enfrentamiento alcanzó tintes dramático con un duelo fratricida. Nuno Álvares Pereira, condestable portugués (y héroe de la jornada) tuvo que luchar contra sus dos hermanos que formaban parte del ejército castellano. Uno de ellos, Pedro, era maestre de Calatrava. Joao I obtuvo la victoria, y a pesar de las heridas abiertas Avis siguió dependiendo, en la práctica, de Calatrava, hasta que unos años más tarde, el papa Eugenio IV, permitió su independencia.

Combatir a los infieles musulmanes, enemigos irreconciliables, hasta su expulsión definitiva de la península y propagar la fe católica de Cristo, era el credo de los Caballeros de Avis, siendo, desde 1325, su símbolo una flor de lis verde situada a la izquierda del pecho. Los caballeros profesaban la regal de San Benito y cumplían con tres votos esenciales; pobreza, obediencia y castidad. Prácticamente los mismos votos que cualquier orden monástica. No obstante, a medida que iba desarrollando sus cometidos militares, fueron suavizándose los votos. En ese sentido, en 1496, el papa conmuta el voto de castidad absoluta por la obligación de mantener la más estricta fidelidad conyugal.


Con el tiempo, y debido a los cambios estructurales que afectaron a los estados europeos, la orden quedó reservada a la nobleza y miembros de la familia real, como una distinción más honorífica que otra cosa. Actualmente la Orden de Avis está destinada a la recompensa de destacados servicios militares.  

viernes, 25 de octubre de 2013

MONASTERIO DO CARMO



En el Corazón de Lisboa muestra orgulloso el Monasterio do Carmo, las terribles heridas que le causó el devastador terremoto que asoló la ciudad en 1755. Mas ahí sigue, en pie, imperturbable, viendo pasar el tiempo, escondiendo tras sus muros la tristeza y la alegría de la capital portuguesa. 


El condestable del reino, Dom Nuno Álvares Pereira, inició su construcción en 1389, quedando el edificio concluído en 1423. El célebre guerrero portugués residió en este monasterio, bajo el nombre de Fray Nuno de Santa María, hasta el año de su muerte en 1431. Se cuenta que la fuerte personalidad del caballero Nuno impregnó no solo el monasterio, sino también sus alrededores.


Visibles desde cualquier punto del centro lisboeta, las ruinas del monasterio atestiguan el inexorable girar de Cronos, pero también la resistencia a ultranza ante cualquier forma de eventualidad. Ya se sabe, lo que no te mata te hace más fuerte. 
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