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martes, 28 de octubre de 2014

TRÉVERIS ROMANA.



Trier, o Tréveris, presume de ser la ciudad más antigua de Alemania. Quizás no le falte razón ni motivos. Lo que si es incuestionable es que Tréveris se convirtió en una de las ciudades más importantes del Imperio Romano, con una influencia creciente a lo largo del Bajo Imperio, que la llevó a ser conocida como una Segunda Roma.

Sobre un antigua santuria prerroma de la tribu gala de los tréviros, el emperador Augusto fundó, en el año 15 a.C., la colonia de "Augusta Treverorum". En la siguiente centuria se convirtió en un destacado centro comercial, quizás el más importante del noreste de la Galia Romana. Su ubicación, junto al puerto fluvial del río Mosela, desde el que se podría controlar la exportación de sus famosos vinos, y el encontrase unida por carretera a otros núcleos urbanos como Meguntiacum (Maguncia) y con Colonia Agrippinensis (Colonia), hicieron de Tréveris un nudo de comunicaciones de primer orden dentro del Imperio. Además de todo esto, cumplía una función militar de defensa y estratégica de control del territorio, al situarse muy próxima al limes germánico.

También fue una destacado centro de difusión de cultura grecorromana. Un aspecto de gran trascendencia al encontrarse tan lejos del centro espiritual del Imperio y en las inmediaciones de la Germania más bárbara y salvaje.

La decadencia de la ciudad de Roma, y su cercanía a algunos de los focos más problemáticos, convirtieron a Tréveris, en el siglo III, en una de las capitales del agonizante Imperio Romano. Y precisamente, el encontrarse en una zona tan conflictiva, obligó a sus ciudadanos a fortificarla, siendo la Porta Nigra, el resto más espectacular (de los conservados) de su muralla.


jueves, 25 de octubre de 2012

GERMANIA DE TÁCITO (IX)



27    Ninguna pompa en sus funerales: procuran sólo que los cuerpos de los hombres ilustres se quemen con leña de una determinada clases. No hacinan vestidos ni perfumes sobre el montón de la pira; cada cadáver conserva sus armas; a las llamas de algunos se le añade también su caballo. Un cúmulo de césped forma el sepulcro. Rechazan el adorno laboriosamente trabajado de los monumentos, por considerarlo una carga pesada para el difunto. Abandonan pronto los lamentos y las lágrimas no así el dolor y la tristeza. Para las mujeres es decoroso llorar, para los hombres, mantener el recuerdo.

Éstos son los datos de tipo general que hemos recogido sobre el origen y las costumbres del conjunto de los germanos. A continuación trataré de referir las instituciones y los usos de cada nación, en la medida en que difieran unos de otros, y qué pueblos, procedentes de Germania, han emigrado a las Galias. 

28     El divino Julio, la máxima autoridad, nos transmite que los galos fueron más fuertes en otra época, y por ello se puede creer que penetraron incluso en Germania, pues ¡cuán poco era un río para impedir que cualquier nación, si se encontraba con fuerzas, ocupase y cambiase de unos asentamientos hasta entonces comunes y sin separar por ningún poder soberano¡.

Así pues, los helvecios ocuparon el territorio que hay entre la selva Hercinia y los ríos Rin y Meno, y el de más allá, los boios, pueblos ambos de la Galia. El nombre de bohemios subsiste y atestigua la vieja tradición del lugar, aunque los habitantes sean otros. 

Pero si los araviscos emigraron a Panonia desde el territorio de los osos, nación germana, o los osos desde el de los araviscos a Germania, si tenemos en cuenta que poseen aún la misma lengua, instituciones y costumbres, no puede saberse a ciencia cierta, puesto que antiguamente lo bueno y lo malo de ambas orillas era común a causa de una pobreza y libertad similares.

Los tréveros y los nervios son excesivamente vanidosos en su pretensiones de un origen germano, como si intentaran evadirse de su semejanza con los indolentes galos mediante esta gloria genealógica. Pueblos germanos sin duda alguna habitan en la misma orilla del Rin: vangiones, tribocos y nemetes.  

Ni siquiera los ubios, aunque alcanzaron la dignidad de ser colonia romana y prefieren que se les llame agripinenses, del nombre de su fundador, se avergüenzan de su origen, habiendo pasado el río en otro tiempo y siendo instalados sobre la misma orilla del Rin para poner a prueba su fidelidad y con el fin de defender aquella, no para ser vigilado.  
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