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miércoles, 23 de junio de 2021

CIUDADES ESTADOS SUAJILIS. ESPLENDOR MEDIEVAL EN LAS COSTAS DEL ÍNDICO.



La costa oriental africana ha sido históricamente la zona más abierta del continente. El Sahara limitaba (y mucho) las comunicaciones entre el Norte y el Sur, y la navegación por el litoral atlántico era muy complicada (al menos hasta el siglo XV). En contraste con estas circunstancias geográficas, los contactos a través del Océano Índico eran mucho más dinámicos y fluidos.

En ese sentido la navegación en el Índico estaba mucho más avanzada que en el Atlántico, y además los monzones facilitaban anualmente los viajes de ida y vuelta desde la India hasta las costas africanas. Comerciantes árabes y persas, y mercancías de la India, China y Java eran frecuentes en estas regiones costeras que miraban de frente al Océano que une África con Asia.

En esta zona del Viejo Mundo tiene su origen y desarrollo el suajili, el idioma que sirve como lengua franca en la región oriental del África. El suajili es el vehículo de comunicación entre los países ribereños del Océano Índico y la región de los grandes lagos del Valle del Rift. Apenas cuenta con 15 millones de hablantes nativos, pero es empleada por unos 90 millones de personas.

El suajili es el fruto del contacto continuado entre las poblaciones africanas de la costa y los comerciantes que llegaban desde otras latitudes, especialmente los árabes. El nombre procede del árabe y significa costa. El suajili es una lengua de raíz bantú que incorpora numerosos préstamos lingüísticos, mayoritariamente árabes. Comunidades que poseen diferentes lenguas maternas utilizan el suajili para comunicarse entre sí, de ahí su destacado papel en las relaciones comerciales. A partir del siglo XIII el suajili comenzó a escribirse, usando para ello caracteres árabes. Con el tiempo los suajilis llegaron a desarrollar una literatura propia.

La cultura y la lengua suajili (elementos que suelen ir juntos) surge por el contacto fluido de las prósperas élites comerciales extranjeras y las poblaciones autóctonas africanas, tiene por tanto un indiscutible carácter sincrético (y ecléctico). Entre los hablantes africanos del suajili se difundió el Islam, aunque nunca llegó a consolidarse como la única religión de la zona, compartiendo espacio con otras prácticas religiosas (como el animismo).

¿Cuánto pesó el elemento árabe en la configuración del suajili?. Es el mismo debate que podemos trasladar a la península Ibérica de la antigüedad entre el sustrato ibérico y las aportaciones fenicias y griegas. En ambos casos aunque el elemento foráneo (en este caso el árabe) fueron determinantes para la construcción del complejo cultural, en la configuración y posterior evolución, el sustrato africano fue primordial y decisivo.

Las élites árabes dominantes se fueron africanizando desde los primeros momentos, y con el tiempo los elementos autóctonos acabaron predominando sobre el resto. No obstante, la cultura suajili no está formada exclusivamente por elementos africanos y árabes, los comerciantes hindúes establecieron comunidades en el África Oriental desde el siglo XI, de forma que su cultura también acabaría fusionándose con las de las élites locales. Con el paso del tiempo, este interesante y genuino sincretismo cultural, se iría agudizando, a medida que los europeos se fueron asentando en la región, el suajili adquirió múltiples préstamos lingüísticos de las lenguas de los colonizadores; alemán, francés, inglés . . . pronto el suajili se convirtió en la mejor forma de comunicación entre pueblos de zonas muy distantes entre sí.



Polis suajilis.

La civilización suajili se extendía por el litoral índico, desde Somalia hasta Mozambique, organizados en poderosas polis, ciudades estado como Kilwa, Mombasa, Mogadiscio, Lamu, Malindi . . . Al igual que sucedía en las polis de la Grecia Clásica, estas polis suajilis gozaban de completa autonomía política, aunque subyacía un sustrato cultural común a todas ellas. Las ciudades suajilis mantenían lucrativos contactos con las regiones ricas del interior, como el reino de Monomotapa al Sur, o los reinos de Buganda y Bunyoro más al Norte. El oro de Monomotapa, el apreciado marfil y los esclavos, fluían hacia el Océano Índico y los mercados orientales a través de los dinámicos puertos suajilis. Estos comerciantes suajilis también exportaron hierro y plata, la resistente madera del manglar, muy apreciada entre los ebanistas y el pescado salado. Desde estos puertos también se exportaban mercancías de lujo (a los mercados tradicionales de Asia) como conchas de tortuga, cuernos de rinoceronte (muy valorados en el Lejano Oriente por supuestos poderes afrodisíacos, una práctica lamentable vigente en la actualidad, el cuerno es la maldición del rinoceronte), mirra de Somalia, ámbar gris y animales exóticos.

Ibn Batutta y otros viajeros árabes visitaron estas tierras a las que llamaban el país de los zanj. Este mundo suajili, exótico y de riqueza proverbial, aparece en las leyendas y en los libros de viaje de los árabes.


Los mercaderes suajilis se convirtieron en los intermediarios ente el África Negra y Oriente. Gracias a estos contactos los puertos suajilis se llenaron de mercancías llegadas de Arabia, la India, China y Persia. El Viejo Mundo en contacto continuo; ropas y telas indias, cerámicas chinas, orfebrería y suntuosos objetos de cobre. Antes de la colonización, el África Oriental, ya se había especializado en la exportación de materias primas y la importación de productos manufacturados. Junto a la guerra, el comercio es, la forma más frecuente de contacto entre diferentes grupos humanos. Para conseguir los productos que se demandaban en Asia, las redes comerciales suajilis penetran miles de kilómetros hacia el interior del continente africano. En el Gran Zimbabwe, una impresionante estructura urbana, se han encontrado restos de cerámica china y joyería india. Tristemente África sigue igual, exporta materia prima e importa tecnología.

Estas sociedades eran gobernadas por sultanas que concentraban en sus manos poder político y poder religioso, y además ejercían un férreo control sobre la economía del territorio. Parte de los recursos se destinaban a levantar palacios y mezquitas de piedra, que eran los edificios más destacados de las ciudades costeras. Comerciantes y gobernantes formaban la élite de la sociedad, y se enriquecieron extraordinariamente. Residían en lujosos palacios de grandes dimensiones adornados con los preciados corales que producen aquellas cálidas costas. Estas obras se inspiran en la arquitectura islámica, pero sin abandonar las fuertes influencias locales. Estos lujosas mansiones de los señores, construidas con piedra, un material muy duradero, contrastan con las chozas de cañas y madera, donde vivía la mayoría de la población. Siguiendo el modelo de las polis griegas y de las jefaturas centralizadas, las zonas rurales próximas estaban sometidas a las autoridades urbanas.


En el siglo XV la costa suajili fue visitada por la expedición china del almirante Zeng He y poco después arribaron los navegantes portugueses. La corona portuguesa estaba en pleno proceso de construcción de un imperio marítimo. Los marinos portugueses alcanzaron las costas de África Oriental después de siglos de enfrentamientos con las sociedades islámicas, tanto en la península Ibérica como en el mar Mediterráneo. Desde el momento en que Vasco da Gama desembarcó en estas tierras, el conflicto era inevitable. La presencia portuguesa significó el progresivo debilitamientos, cuando no la destrucción, de las prósperas polis suajilis, que cerraban de esta manera, el capítulo más glorioso de su historia.

martes, 21 de agosto de 2018

FAUNA AFRICANA.



África es complicada. Los temas más acuciantes del continente son, en efecto, de cariz político, económico y médico. El paisaje mismo a menudo es un campo de batalla, no sólo entre ejércitos sino entre puntos de vista opuestos sobre explotación, conservación y gestión de recursos. África está llena de problemas que requieren análisis cuidadosos, debates serenos, decisiones difíciles, compromiso y planificación, todo lo cual exige diplomacia y sociología. Pero más allá de las complejidades, un hecho destaca en este nuevo milenio: África es una reserva extraordinaria de fauna. El lugar más fabuloso para los animales de gran tamaño.

Este hecho, que parece tan simple, es complicado de por sí. Para empezar, el inventario de especies es de una diversidad apabullante: tres grandes felinos (león, leopardo y guepardo), siete pequeños felinos (como el caracal y el serval), dos especies de elefante (de sabana y de selva), dos rinocerontes (negro y blanco), dos hipopótamos (normal y enano), dos jirafas ( la corriente y el okapi), tres especies de grandes simios no humanos (gorila, chimpancé y bonobo), tres cebras, nueve especies de gacela, diecinueve de duiqueros, decenas de monos, cinco especies de babuinos, un sinfín de jinetas y civetas, seis especies de cerdos, cuatro pangolines, tres reduncas, varios antílopes equinos, varios antílopes enanos, nueve especies de bóvidos con cuernos espirales (entre ellas el bongo, el sitatunga, y el eland), dos especies de ñúes, un cerdo hormiguero, un lobo de tierra, el dril y el mandril, el antílope cabrío, el damalisco sudafricano, el oryx de El Cabo, el búfalo africano, el íbice de Nubia, tres hienas, tres chacales, el lobo de Semien, el licaon y otros muchos mamíferos, por no hablar del avestruz, tres especies de cocodrilos, la pitón de seba, tiburones y numerosos peces grandes en aguas litorales, así como animales terrestres de menor tamaño de todas las clases imaginables. Un conjunto espectacular, tanto en variedad como en abundancia, sin rival en ninguna otra parte del mundo contemporáneo. Pero para apreciar plenamente lo que hay en África, es preciso considerar lo que no hay en otros lugares, y por qué.

Esa es la labor de los paleontólogos que estudian la flora y la fauna del pasado. Sus datos proceden del registro fósil, y su vasto calendario de la historia de la Tierra está jalonado de episodios de extinciones masivas, cada uno de los cuales representa la pérdida abrupta de parte de la diversidad biológica y marca el límite entre dos unidades temporales. Por ejemplo, al final del cretácico, hace 65 millones de años, no quedaban dinosaurios supervivientes, y precisamente la desaparición de los dinosaurios es uno de los factores que definen el final de ese período. Al final del permico, hace 245 millones de años, se produjo otra extinción masiva, catastrófica y repentina, que extermino alrededor del 95% de las especies animales existentes entonces. El pleistoceno, que finalizó hace 10.000 años, también es conocido por sus extinciones, especialmente de mamíferos grandes y aves enormes e incapaces de volar. Los mamuts y mastodontes se extinguieron junto con los perezosos gigantes, osos gigantes, castores gigantes, tigres de diente de sable, canguros gigantes e infinidad de animales enormes. Muchas de las extinciones del pleistoceno se produjeron hacia el final del periodo, sobre todo en América del Norte, América del Sur, Australia, Nueva Zelanda y Madagascar. ¿Cual fue su causa? Nadie lo sabe. Algún tipo de cambio nefasto, misterioso y aún debatido por los expertos, afectó a esos continentes e islas en particular. Probablemente la llegada de los humanos a esas tierras, armados, peligrosos y hambrientos, fue parte del problema.

África fue diferente, África sólo sufrió pérdidas modestas de fauna durante el pleistoceno (que comenzó hace alrededor de 1,8 millones de años) y ningún episodio extendido o grave de extinciones simultáneas al final del período.


La mayoría de los grandes mamíferos africanos de hace 20.000 años han sobrevivido y son los grandes mamíferos africanos de hoy. Por este motivo se dice que el continente africano es el "pleistoceno viviente", porque nos recuerda una época, antes del auge de Homo sapiens,  en que el planeta era realmente grande y salvaje.

Pero recordemos otra cosa: la supervivencia de la fauna africana no ha dependido de la ausencia de humanos. Por el contrario, se ha producido con la presencia constante del hombre. La nuestra es una especie africana, al menos por origen. Aparecimos en ese continente y allí adquirimos nuestro aspecto actual, el tamaño de nuestro cerebro, nuestros instintos sociales y nuestro sentido de la identidad durante milenios viviendo como miembros de los violentos ecosistemas africanos. Los animales se adaptaron a nuestra presencia, a la lenta pero radical mejora de nuestras capacidades, del mismo modo que nosotros nos adaptamos a vivir con ellos. Una de las lecciones aprendida por los pueblos africanos en el camino a la civilización, y evidentemente no exportable cuando los humanos se dispersaron hacia otras tierras, fue la posibilidad y la equidad de convivir con otras especies, aunque algunas fueran tan amenazadoras como la nuestra.

Fue una virtud derivada de la necesidad. Hoy esa necesidad ha desaparecido. Matar animales, exterminar especies y destruir sus hábitats es fácil con nuestras herramientas actuales. Proteger los últimos grandes animales en sus entornos, pese a las necesidades humanas y las presiones, es más difícil. Pero he ahí una idea esperanzada, descabellada y salvaje; quizás el Africa moderna sea el lugar donde podamos redescubrir como hacerlo.

David Quammen. National Geographic, Septiembre 2005. 


sábado, 24 de febrero de 2018

OMULÚ



Omulú hijo feo de Naña, su verdadero nombre y tabú y nadie se atreve a pronunciarlo, rey del reino de las almas, divinidad maléfica de atributos fálicos, nómada negro y cambiaformas, señor de la enfermedad, la viruela y la pestilencia, enraizado en su tierra, inseparable del salvaje medio africano.

Orisha identificado con San Lázaro, protagonista de misas y procesiones, los fieles tocan sus tambores y danzan hasta el amanecer en honor a Omulú, suplicando que baje a la tierra y realice purificaciones, limpiezas y curaciones.


sábado, 15 de abril de 2017

SOMALIA.



El Cuerno de África, una puerta abierta a múltiples influencias, el continente y el océano, África y Asia, el norte mediterráneo y la región del Rift Valley, un lugar para el intercambio de mercancías y el trasiego de ideas, aquí tiene su cuna histórica el pueblo somalí.

Las leyendas de la región cuentan que los somalíes descienden de dos nobles árabes, que a su vez descendían del Profeta, y de esta manera el Islam se instaló en la región en época temprana.

Somalia vivió en el siglo XIII una época de gran esplendor (triste contraste con la actualidad) y Mogadishu se convirtió en un destacado centro del comercio entre Etiopía y el mundo árabe.



El auge del comercio no supuso, en manera alguna, la ruptura de las estructuras tribales tradicionales, y la riqueza de los somalíes seguía basada en la cría de ganados nómada. La unidad de intercambio era el camello, utilizado para adquirir manufacturas, bienes de lujo e incluso esposas.

martes, 22 de noviembre de 2016

REY SILKO



En el siglo V el Cristianismo llegó al Sudán. El rey Silko abrazó la nueva fe y se convirtió en el soberano de los nubios y los etíopes dando origen al reino de Nobatia en la región de Nubia. Este monarca también sobresalió por sus dotes guerreras, ya que venció y sometió a los blemios. En la tradición nubia Silko cumple el mismo papel que el rey Arturo, un rey cristiano convertido en una figura de transición entre dos épocas; el final del Mundo Antiguo y el comienzo de la Edad Media.  

miércoles, 23 de marzo de 2016

MANSA MUSA, EL HOMBRE MÁS RICO DE LA HISTORIA.



Ni Bill Gates, ni Rupper Murdock, ni Rockefeller, el hombre más rico de la historia fue un rey africano de la Edad Media, Musa I de Mali, más conocido como Mansa Musa. Llegó al poder en 1307 y una vez sentado en el trono se dedicó a consolidar la autoridad real y mantener lo conseguido por sus antecesores, de tal forma que bajo su gobierno, el Imperio de Mali vivió su etapa de mayor esplendor.


Mansa Musa extendió su poder por parte de Gambia, Senegal, Guinea y Mali, desde Dakar hasta Gao y desde el Sahel a los límites mismos de la selva ecuatorial. Además incorporó la ciudad de Tombuctó, que quedó vinculada desde este momento al poder mandinga. De esta manera el Níger se convirtió en el eje dominante del oeste africano, pues sobre este río se sitúan los principales centros económicos de la región; Djenné, Dinka, Tombuctú y Gao.


Recientemente Celebrity Net Worth ha elaborado una lista de las personas más ricas de la historia, ajustando el patrimonio a la inflación, y el primero de todos es este rey africano. Mansa Musa amasó una enorme fortuna gracias a la producción de oro y al control del comercio de sal, ambos muy cotizados en Europa.


Como buen musulmán Mansa Musa realizó la pertinente peregrinación a La Meca, y la hizo acompañado de una inmensa y lujosa caravana, formada por cientos de porteadores y camellos cargados de oro y piedras preciosas. Se cuenta que a su paso por El Cairo gastó tanto dinero que desató una tremenda inflación en todo el norte de África.


Al regresar de Tierra Santa acometió un importante proyecto de obras públicas y religiosas, embelleciendo por encima de todas las ciudades, Tombuctú. Para acometer tales obras contó con la colaboración de un gran arquitecto, Er Saheli. Además se convirtió en mecenas de las artes y de las letras árabes.


Para los historiadores árabes Ibn Battuta e Ibn Jaldún, Mansa Musa fue el más importante de los soberanos del África Negra. Con sus obras, Mansa Musa tendió un puente entre el África Subsanariana y el mundo árabe.


miércoles, 7 de mayo de 2014

EL REINO DE BENIN



El Reino de Benin, un estado vinculado al pueblo yoruba, tuvo a Eweka, como su legendario fundador y a Ife, su ciudad matriz. Además de capital, Ife era una ciudad sagrada, pues en ella se conservaban los cráneos de los soberanos muertos.

El Reino de Benin, que nada tiene que ver con el actual estado de Benin, ocupaba el este de Nigeria.


La época de mayor esplendor fue el siglo XV, cuando su capital, también llamada Benin, estaba rodeada por un enorme muralla y en su interior, amplias calles flanqueadas por casas de madera, confluían en el palacio del Oba (rey). Esta etapa coincidió con el reinado del oba Eware el Grande, que además de rey, fue médico, viajero, soldado y conquistador.

La ciudad estaba asentada en una importante ruta comercial y sus mercaderes vendían tejidos, marfil, bronce, aceite de palma y pimienta. Además, se organizaban expediciones militares para capturar prisioneros, que posteriormente eran vendidos como esclavos, especialmente a los portugueses que a partir del siglo XV comenzaron a dejarse caer por aquí.

Para los exploradores y viajeros, Benin tenía un lado tenebroso y oscuro, los sacrifios humanos. Esto le valió ser conocido como la Ciudad de la Sangre.



Benin alcanzó fama y notoriedad por su arte, especialmente las efigies de bronce y marfil de los emperadores y esposas, cuyos ejemplares más antiguos datan del siglo XIV.

martes, 6 de mayo de 2014

IMPERIO DE MALÍ



El pueblo mandinga, a mediados del siglo XIII, logra imponerse a sus vecinos y crear el Imperio de Malí, que en su lengua nativa significa "hipopótamo", un estado medieval africano, cuyo núcleo territorial fue la región de Bamako.

En 1235, Sundiata Keita, mandatario de un pequeño reino llamado Kangaba (en el África Occidental), y que había conseguido agrupar a diversos clanes mandingas, consiguió la victoria en la Batalla de Kirina, enterró bajo las arenas del olvido, el otrora próspero Reino de Ghana, y estableció un nuevo centro de poder: Malí. Durante sus años de gobierno, el nuevo estado creció en poder y riqueza, y el rey adoptó el título de Mansa.


El esplendor del Imperio coincidió con el reinado de Mansa Musa, que convirtió el reino al Islam. En esta época su poder abarcaba gran parte de las actuales Gambia, Senegal, Guinea y Malí.

Los mercaderes comerciaban con oro y esclavos, que intercambiaban por tejidos, cobre, dátiles, higos, artículos de metal y Sal. Todos estos productos atravesaban la inmensidad del Sahara en caravanas de camellos, un animal imprescindible para estas sociedades.

En el año 1324, Mansa Musa, emprendió el largo viaje de peregrinación a La Meca, acompañado de un inmensa caravana, formada por más de 50.000 porteadores. Se cuenta que tanto oro gastó durante su estancia en El Cairo, que la moneda egipcia tardó varios años en recuperarse.


"Mansa Musa, hijo y sucesor de Alí Bakr, se distinguió por su poder y por la santidad de su vida. Administró de una forma tan justa que su recuerdo permanece vivo. Hizo una peregrinación en el año 724 de la Héjira: doce mil jóvenes esclavos, vistiendo túnicas de brocado y seda del Yemen, trasnportaban los equipajes. Se llevó de su país ochenta cargamentos de oro en polvo, cada uno de los cuales pesaba tres quintales; este polvo se transportaba habitualmente cargado en las espaldas de los esclavos o de hombres libres; pero en viajes largos, como esta ida a La Meca, se sirvió de camellos.
Mansa Musa encontró en La Meca al poeta español Abu-Ishac-Ibrahim-Es-Saheli, más conocido por el nombre de Tueidjen, y lo llevó consigo al país de los negros. Al regresar a su capital, mandó constuir una sala de audiencias sólidamente edificada y revestida de estuco; efectivamente, edificios de este género eran desconocidos en su país. Abu-Ishac-Ibrahim, hombre muy hábil en varios oficios, se encargó de realizar la voluntad del rey y construyó una sala cuadrada con un cúpula encima.
El sultán Mansa Musa mantenía relaciones amistosas con el sultán merinida Abu-Al-Hcen, y los dos monarcas se mandaban presentes uno al otro por intermedio de altos personajes de las respectivas cortes. El sultán magrebí mandó enviar con una escolta los más bellos productos de su reino y encargó al emir llevar este presente verdaderamente real al sultán de los negros. Lo acompañaba una delegación formada por los personajes más importantes del imperio. La magnificencia de aquel regalo se tornó en un asunto de todas las conversaciones.
La ofrenda fue recibida por Mansa Soleimán, sucesor de Mansa Musa: el príncipe negro quiso corresponder con algo equivalente y mandó reunir los más raros y curiosos productos de su país. La muerte reunir los más raros y curiosos productos de su país. La muerte de Mansa Soleimán, ocurrida en la misma época, impidió a la caravana continuar su camino. En este tiempo, estalló una guerra civil en el reino de Malí: varios príncipes intentaron apoderarse del trono y se mataron los unos a los otros. El desorden se terminó con la conquista del poder por Mansa Diata. Este príncipe, al examinar los negocios del reino, descubrió que los presentes enviados al sultán del Magreb todavía se encontraban en Ualata y ordenó inmediatamente que se hiciesen llegar a su destino.
Esta oferta llegó a Fez en el mes de Safer en 762. El día de su llegada a la ciudad constituyó una auténtica fiesta. La noticia de la llegada de esta embajada se extendió rápidamente. Los emisarios fueron hospedados por el sultán y, como este príncipe murió antes de que ellos partieran, fue el regente del imperio quien les entregó los presentes usuales y se despidió de ellos".
Ibn Jaldún
Historia de los Bereberes. Tomo IV.

A su regreso, Mansa Musa conquistó la ciudad de Tombuctú, y la convirtió en la capital de su imperio. Además estableció una escuela de estudios islámicos que se convirtió en centro de referencia para el mundo musulmán africano.

Tombuctú, a orillas del Níger, la ciudad de las maravillas del África Negra, joya de la corona del Imperio de Malí, ¿quién no ha soñado visionar desde el lomo de un camello la capital del desierto?


En el Tombuctú de la época mandinga destacan las mezquistas de Djinguereber, obra del arquitecto andalusí Ishak es-Shaeli.

La riqueza de Malí era legendaria, y a lo largo del río Níger se situaban los principales centros económicos del Imperio; Djenné, Diaka, Tombuctú y Gao.

El mansa, o emperador, era el jefe del gobierno, y se rodeaba de familiares, altos funcionarios, dignatarios y un pequeño grupo de secretarios. El Imperio era una especie de confederación, pues cada provincia gozaba de amplia autonomía, y los reinos vasallos, quedaban unidos al poder central por una simple alianza simbólica. En su momento de mayor extensión, el Imperio de Mali llegó a contar con doce provincias, con un gobernador al frente.


Con el tiempo, la provincia de Songhay creó un nuevo imperio que terminaría absorviendo al Imperio de Malí.  

lunes, 5 de mayo de 2014

EL IMPERIO DE GHANA



Durante la Edad Media, en la periferia de los mundos Cristiano y Musulmán, proliferan en el África Subsahariana, entre el Mediterráneo y el Golfo de Guinea, proliferan una serie de entidades estatales, que en algunos casos llegaron a dominar extensos territorios, creando auténticos imperios. En los confines del gran desierto del Sahara, entre el río Senegal y el lago Chad, sobre las márgenes del río Níger, tres poderes se fueron sucediendo cronológicamente, Ghana, Malí y Songhay.

Desde el año 700 las caravanas árabes comienzan a cruzar el desierto de Sahara en busca de oro, marfil, sal y esclavos, y a comerciar con los pueblos que habitaban las estribaciones meridionales del desierto. En este contexto, el Reino de Ghana comienza a desarrollarse y enriquecerse.


El antiguo reino de Ghana se situana mucho más al norte que el actual país que tiene el mismo nombre. Los Maga, una familia bereber, fundó este estado, hacia el siglo IV. No obstante, los bereberes eran una minoría, mientras que la mayoría de la población pertenecían a tribus soninkés.

Los soninkés le deban el nombre de Wagadu, "Tierras de Rebaños", mientras que los árabes lo llamaban "ghani", que hace referencia a la riqueza del país.

En el año 770 los soninkés derrocaron a la familia Maga, se hicieron con el control de los intercambios, se convirtieron en protectores de los mercaderes musulmanes del Norte de África y comenzaron a fortalecer el creciente Imperio.

El Imperio de Ghana se consolidó bajo el gobierno de Kaya Maghare Sissé, que reinó hacia el 790. Su capital la estableció en Koumbi Saleh, a orillas del Sahara, habitada por negros africanos y bereberes, que por entonces ya estaban plenamente islamizados. El rey recibía el título de tunka y era la máxima autoridad política y religiosa.


Ghana se fue enriqueciendo con este comercio y los tratadistas musulmanes empezaron a describir estas regiones, allá por el siglo IX, como "la tierra del oro". Muchas de las caravanas que penetraban en el Sahara, procedentes del Próximo Oriente y el mar Mediterráneo, y cruzaban el desierto, finalizaban su camino en Ghana. Al amparo de esta jugosa actividad lucrativa, se desarrollaron otros nucleos urbanos como Gao.

En el siglo X el Imperio de Ghana alcanza su máximo apogeo y expansión territorial gracias al control del comercio de la sal, el marfil, el oro y los esclavos, y la llegada desde Europa de tejidos de lana y objetos de lujo; controlando los puertos atlánticos y las rutas transaharianas.

El escritor musulmán Ibn al- Faquih, en 903, dejó escrito "el país de Ghana el oro se da entre las arenas como los melones y se recoge con el sol naciente".

La Sal.
Los suelos del desierto ofrecían ingentes cantidades de sal. Los habitantes de estas áridas regiones crearon una intrincada ruta de camellos, que transportaban la sal hasta Ghana y desde ahí continuaban el viaje en caballos hacia el Sur.

Los esclavos.
Los tratantes árabes compraban esclavos en Ghana que habían sido capturados en las tierras del Sur, los llevaban a través del desierto y llegaban al Mediterráneo y el Próximo Oriente, para venderlos como mano de obra y siervos.


Las victorias militares también fueron importantes a la hora de forjar este imperio territorial. En el 990 se venció a una confederación de bereberes, conquistando su capital, Awdagost. En su momento de mayor extensión, el Imperio de Ghana abarcaba el sudeste de Mauritania, parte de Malí, sur del Sahara y valle medio del río Senegal.

La Ciudad de Ghana.
Koumbi Saleh, la antigua Ghana, estaba situada en una encrucijada de caminos entre el África Negra y el mundo árabe norteafricano. La ciudad quedaba dividida en dos núcleos de población, separados entre sí 11 kilométros. Una parte musulmana o ciudad comercial, y una parte soninké, o ciudad del rey. Podemos pensar que los musulmanes eran comerciantes, y los soninké formarían una élite militar, encargada de proteger a los primeros. Dos culturas que se miraban sin tocarse. Dos formas de vida complementaria. Una simbiosis africana que disfrutó de enormes riquezas.

Además del comercio, Ghana tenían una economía basada en la agriculturaa y la ganadería, a la que se dedicaban la mayoría de la población.


"Ghana está formada por dos ciudades situadas en una planicie. La que habitan los musulmanes es muy grande y contiende doce mezquitas; en la ciudad viven jurisconsultos y hombres eruditos. En los alrededores hay varios pozos de agua dulce que abastecen a la población, junto a los cuales se cultivan legumbres.
La ciudad ocupada por el rey se encuentra a seis millas de esta y tiene el nombre de El-Ghaba. El territorio que las separa se encuentra lleno de casas. Los edificios están construidos con piedras y madera de acacia. La casa del rey está formada por un castillo y varias chozas de techo redondo, con una valla que cerca el conjunto de los edificios.
Este castillo, sólidamente constuido, bien fortificado y con un interior ornamentado por diversas escultuas, pinturas y vidrieras, fue edificado en el año 510 de la Hégira.
En la ciudad del rey, no lejos del tribunal real, está situada una mezquita donde los musulmanes encargados de las misiones junto al príncipe se dirigen para rezar. Cerca se encuentran las casas de los hechiceros del país, encargados del culto religioso; en ellas están colocados los ídolos y los túmulos de los soberanos... pues la religión de estos negros es el paganismo y el culto de los hechizos. A la muerte del rey, se contruye con madera de sadj una gran cúpula que colocan en el lugar que va a servir de túmulo; enseguida acuestan el cuerpo en el lugar que va a servir de túmulo; enseguida acuestan el cuerpo sobre un canapé cubierto de tapetes y almohadas, y lo colocan en el interior de la cúpula; junto al muerto depositan sus vestidos, sus armas, los platos y las tazas con los que come o bebe las diversas comidas y bebidas. Cercan el monumento con un foso con un único pasaje, destinado a los que quieren aproximarse"
Al-Bakri.
Descripción del África Septentrional.


Pero la gloria es efímera. En 1070 Ghana cayó en manos de los bereberes almorávides y la unida del reino quedó rota. Los musulmanes al norte y los soninké al sur. Esto debilitó definitivamente al Imperio de Ghana, que en el año 1240 quedaría incorporada el naciente Imperio de Malí, que conquistó las tierras de Ghana bajo el mandato del legendario Sundiata Keita.   

miércoles, 16 de octubre de 2013

KALDI, EL CUERNO DE ÁFRICA Y EL ORIGEN DEL CAFÉ.



Un pastor de cabras llamado  Kaldi y que vivía en Etiopía fue, según una antigua leyenda, el descubridor del café. Parece fuera de toda duda que el café fue consumido, por vez primera en el Cuerno de África. Según esta hermosa leyenda, Kaldi apacentaba sus rebaños en las altiplanicies etíopes y una buen día (de aproximadamente el año 600)  observó que los animales comían unos frutos rojos y se volvían más, y más activas. 


Kaldi recogió algunos de estos granos y se los llevó a un hombre sabio que vivía cerca. El hombre sabio decidió cocinar los misteriosos frutos. El sabor era tan amargo, que una vez los hubo probado los lanzó con desdén a las brasas. El agradable olor que desprendían los granos tostados, embriagó a Kaldi y al sabio, que esta vez si pudieron disfrutad de su delicioso sabor. 

Kaldi se acostumbró a tomar café, y también comprobó como sus energías se renovaban y subía con más facilidad a las planicies donde pastaba su rebaño. El sabor y el aroma del café, cientos de años después, aún sigue fascinando a millones de personas por todo el mundo. 


Otra versión cuenta que los pueblos africanos conocían el café desde el mismo origen de los tiempos. Molían el grano y confeccionaban una pasta con la que alimentaban a sus ganados. Los guerreros de estas tribus, como para insuflar valor a sus músculos, también consumían esta pasta antes de entrar en combate.

Los árabes, en su expansión por el Orbe, capturaron a algunos de estos guerreros y se los llevaron al otro lado del mar Rojo para utilizarlos como esclavos. De esta manera conocieron el extraño alimento que los africanos ingerían. Y hacia el siglo XV, en el sur de la Península de Arabia, concretamente en el Yemen, se cultivó por vez primera esta planta. Y por ese motivo una de sus variedades más apreciadas y consumidas es la arábiga. 

lunes, 12 de noviembre de 2012

AKSUM

REYES DE ETIOPÍA.

Centralizado en África Nororiental, actuales territorios de Etiopía y Eritrea, el Reino de Aksum fue una de las principales entidades políticas del África Subsahariana durante los últimos siglos de la Antigüedad y primeros del Medievo.

La capital, Aksum se encontraba en la meseta de Tigray, a unos 2000 metros sobre el nivel del mar. La facilidad para conseguir piedra apta para la construcción, abundancia de agua, y especialmente de madera, contribuyó a elegir esta ubicación. Aksum era una encrucijada de caminos, que ponía en contacto el interior del continente africano y el mar Rojo.

Las referencias más antiguas sobre Aksum, datan del siglo I d.C. y desde este momento, la ciudad se convierte en la gran metrópoli de un reino cuyas fronteras eran, hacia Oriente, el Mar Rojo, hacia Occidente, el río Takazze, en el sur, las estribaciones de Alaghi, y en el Norte, Barka; cubriendo la mayor parte de Eritrea y Tigré.

Los tres primeros siglos de la Era Cristiana, fueron de gran desarrollo, prosperidad y extensión del reino aksumita, que consiguió imponer su autoridad a los pueblos vecinos y desempeñar un papel protagonista en el comercio del mar Rojo.

En toda esta actividad comercial, jugó un papel de importancia capital el puerto de Adulis, un emporio donde se producía el intercambio de productos; materias primas del interior de África y bienes de lujo procedentes del Mediterráneo: siendo el marfil el producto estrella del comercio de Aksum.

El reformador religioso persa Mani, escribió hacia el 240 d.C.: “Hay cuatro grandes reinos en el mundo; el primero es el reino de Babilonia y Persia; el segundo es el Imperio romano; el tercero es el reino de los aksumitas; y el cuarto, el reino de Silis [¿China?]”.

Durante esta época se acuñan las primeras monedas del reino, en oro, plata y bronce. En estas monedas aparecen las efigies de los soberanos, como Endybis, Aphilas, Usanas o Wazeba y sus títulos en griego. Se adornaban con antiguos símbolos religiosos, el disco y la media luna, al parecer vinculados con el culto a Astarté.

En el siglo IV d.C., encontramos al rey Ezana, uno de los gobernantes más trascendentales de la historia de Abisinia. Ezana pretendió ser un rey guerrero y para justificarlo existen numerosas inscripciones, que relatan sus campañas bélicas contra pueblos vecinos, como los nuba o los nómadas beja. Una de esas inscripciones reza así:

“Por el poder que el Señor de los Cielos que, en la Tierra como en el Cielo, es victorioso por mí, yo, Ezana, hijo de Ella-Amida, hombre de Halén, el rey de Aksum, Himyar, Raydan, Saba, Seyamo, Sasu y de los beja, rey de reyes, hijo de Ella-Amida, a quién ningún enemigo ha derrotado...”
Rey Ezana
No obstante, el acontecimiento más destacado del reinado de Ezana, y el motivo de su trascendencia, fue su conversión al Cristianismo. Hacia el siglo IV , Frumencio de Tiro, ordenado obispo, por el Patriarca Atanasio de Alejandría, predicó en Aksum el cristianismo de Nicea. El propio soberano Ezanas abrazó la nueva religión y utilizó la cruz, como uno de sus símbolos reales.

Además de Aksum, “donde se encuentra la corte real” según Ptolomeo, destacaban la mencionada Adulis, Koloe, Maste, y Matara, situada en las tierras altas de Eritrea. En un origen, estas ciudades hacían las veces de mercados locales, por eso no es arriesgado afirmar, que el comercio internacional fue el principal motor del desarrollo urbano en Etiopía y Eritrea. En estas ciudades destaca la presencia de monolitos y obeliscos de clara influencia egipcia.

En cuanto a la religión precristiana de la zona, conocemos muy poco. Ashtar, fue la única deidad preaksumita que mantuvo su posición en el panteón de Aksum, junto a Mahren, el invencible, y Beher y Meder, protectores de la tierra.

Durante el siglo IV, Aksum continuó su gran expansión, esta vez hacia la península de Arabia. El rey Kaleb, organizó una expedición de castigo contra el rey himyarí, Dhu Nuwas, que organizaba persecuciones contra los cristianos. Kaleb derrotó a Dhu Nuwas y afianzó el control de Aksum sobre el sur de Arabia.
Soldado aksumita.
En relación a este suceso, Cosmas Indicopleustes , en su Topografía Cristiana, recoge la siguiente noticia:

“En la época (517) en que yo estaba en esa zona (Adulis), al principio del reino de Justiniano, emperador de los romanos, Ellatzabaas (Kaleb), por aquel entonces rey de los aksumitas, estaba a punto de entrar en guerra contra los himyaríes”.

Hacia finales del siglo VII el reino de Aksum comenzó su declive, agravado por la competencia Sasánida y el posterior avance del Islam. 

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