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lunes, 31 de diciembre de 2018

RÓMULO AUGUSTO, EL ÚLTIMO EMPERADOR DE ROMA.



Emperador niño, vestido de púrpura por deseos (y empeño) de su padre, Flavio Orestes, el hombre fuerte de Roma, después de deponer a un débil Julio Nepote. Poco tiempo pudo lucir los laureles de la victoria. 

Odoacro se apoderó de Roma en el 476, pero cosas de la historia, perdonó la vida del muchacho, en parte por su juventud, en parte por su belleza, y dejó que viviera el resto de sus días plácidamente en una villa cercana a la soleada Nápoles, con una pensión de seis mil sueldos anuales como pago por sus servicios. 

Curiosidad maliciosa; en el último de los Césares de Roma aparecen el nombre del primer rey, Rómulo, y del primer emperador, Augusto.

jueves, 29 de marzo de 2018

ADIABENOS.




Izata y Artaxares fueron reyes de los adiabenos, un pueblo seminómada que habitaba la zona norte de Asiria, citados por Flavio Josefo (La Guerra de los Judios) y por el emperador Augusto en su Res Gestae. En una campaña Septimio Severo los sometió junto a unas tribus árabes. 

domingo, 27 de agosto de 2017

LIVIA DRUSILA



Esposa de Octavio y madre de Tiberio y del general Druso, abuela de Germánico y Claudio, bisabuela de Calígula y Agripina la Menor, y tatarabuela de Nerón, Livia Drusila es la gran matriarca de la dinastía Julio Claudia. Primera emperatriz de Roma, junto a su esposo Octavio formaron la pareja romana ideal, y se convirtió en modelo de mujer: madre entregada, fiel esposa y recatada emperatriz. A lo largo de su vida pública ejerció una enorme influencia en los asuntos de estado. En esta escultura es representada con el velo de las sacerdotisas del culto imperial al divino Augusto.

viernes, 19 de febrero de 2016

OVIDIO, EL POETA DESTERRADO



¿Acaso la más exquisita pluma de la Antigüedad Clásica? El poeta Ovidio gozó de fama y prestigio en vida, demostró profundos conocimientos del alma humana y las turbias pasiones que la dominan en el Ars Amandi e hizo gala de una gran cultura y esmerada erudición en las Metamorfosis.

Enemistado con el emperador Augusto, el hombre más poderoso de su tiempo, que lo expulsó de Roma, el poeta acabó exiliado en las orilla del Ponto (mar Negro), en los confines del Imperio y del mundo civilizado, donde le cantó a la desesperación y la incurable tristeza humanas.



Lejos de la opulenta y ajetreada vida de la urbe “caput mundi”, Ovidio lloró amargamente su mala fortuna desterrado en la llanura póntica, con la salvaje Escitia en el horizonte, y su apesadumbrada figura permanecerá hasta el final de los tiempos contemplando la salida del sol sobre el mar Negro.

lunes, 21 de diciembre de 2015

LIVIA COMO “FORTUNA”.



La emperatriz Livia, esposa de Augusto, aparece en esta escultura representada como “Fortuna” portando la cornucopia, la deidad que otorga a los hombres prosperidad, abundancia, y una pizca de buena suerte. Livia fue divinizada por su nieto Claudio y esta imagen se incluye en el culto imperial como un medio más de propaganda política, y lo que es más importante, el engrandecimiento la propia dinastía Julio-Claudia. La escultura de mármol procede de Baena (Córdoba).

viernes, 18 de diciembre de 2015

SOBRE IBERIA DE APIANO ( y LI)



100 Actuación vergonzosa de Didio.
Existía otra ciudad próxima a Colenda, habitada por tribus mezcladas de los celtíberos, a quienes Marco Mario había asentado allí hacía cinco años con la aprobación del senado, por haber combatido como aliados suyos contra los lusitanos. Pero éstos a causa de su pobreza se dedicaron al bandidaje. Didio, tras tomar la decisión de destruirlos, con el beneplácito de los diez legados todavía presentes, comunicó a los notables que quería repartirles el territorio de Colenda en razón de su pobreza. Cuando los vio alegres, les ordenó que comunicaran al pueblo esta decisión y acudieran con sus mujeres e hijos a la repartición del terreno. Después que llegaron, ordenó a sus soldados que evacuaran el campamento y, a los que iban a recibir el nuevo asentamiento, que penetraran en su interior so pretexto de inscribir en un registro a la totalidad de ellos, en una lista los hombres y en otra las mujeres y los niños para conocer qué cantidad de tierra era necesario repartirles. Cuando hubieron penetrado en el interior de la zanja y la empalizada, Didio, rodeándoles con el ejército, les dio muerte a todos. Y por estos hechos también celebró su triunfo Didio. De nuevo se sublevaron los celtíberos y, enviado Flaco contra ellos, mató a veinte mil. En la ciudad de Belgeda, el pueblo, presto a la revuelta, prendió fuego al consejo, que se hallaba indeciso, en el mismo lugar de su reunión. Flaco marchó contra ellos y dio muerte a los culpables.

101 Sertorio en Iberia.
Éstos son los hechos que encontré dignos de mención en las relaciones de los romanos con los iberos, como pueblo, hasta este momento. En un período posterior, cuando surgieron en Roma las disensiones entre Sila y Cínna, y el suelo patrio se vio dividido por guerras civiles y campamentos, Quinto Sertorio, del partido de Cinna, elegido para mandar en Iberia, sublevó a esta última contra los romanos. Después de reunir un gran ejército y crear un senado de sus propios amigos a imitación del senado romano, marchó contra Roma con atrevimiento y una moral elevada. También en lo demás era renombrado por su celo extremado, hasta tal punto que el senado, lleno de temor, eligió contra él a aquellos de sus generales que gozaban de la máxima fama entonces: Cecilio Metelo con un gran ejército y Gneo Pompeyo con otro ejército, para que repelieran de cualquier manera posible esta guerra fuera de Italia, gravemente aquejada por la guerra civil. Pero a Sertorio lo mató Perpenna, uno de sus partidarios, que se proclamó a sí mismo general de la facción en su lugar, y Pompeyo dio muerte en el combate a Perpenna, de modo que esta guerra que había causado gran alarma a los romanos por el miedo llegó a su fin. Los pormenores de la misma los mostrará el libro de la guerra civil concerniente a Sila.

102 Iberia bajo César y Augusto.
Después de la muerte de Sila, fue elegido como pretor para Iberia, Gayo César, con poder incluso para hacer la guerra a quienes fuera necesario. Sometió por la fuerza de las armas a todos aquellos pueblos iberos que estaban agitados o faltaban por someter a los romanos. A algunos que se sublevaron los sometió Octavio César, el hijo 61 de Gayo, llamado Augusto. Y me parece a mí que desde aquel tiempo los romanos dividieron Iberia —a la que precisamente ahora llaman Hispania— en tres partes y comenzaron a enviar, cada año, gobernadores a cada una de ellas, dos elegidos por el senado y el tercero por el emperador por el tiempo que estimase oportuno.


jueves, 4 de junio de 2015

ANFITEATRO ROMANO DE EMERITA AUGUSTA.



Hace dos mil años rugían los estadios jaleando a sus ídolos. En esos campos de la muerte no había ni balones, ni porterías, ni césped, solo acero, dolor y sangre. No obstante, imagino que el fanatismo y la función pública poco debían diferir de los deportes de masas actuales. Al fin y al cabo, fueron los romanos los que inventaron aquello de Pan y Circo.

La construcción del coliseo emeritense se planificó de manera conjunta al teatro, iniciándose las obras pocos años después. A partir de unas inscripciones halladas en su interior, sabemos que el edificio se inauguró en el año 8 a.C. Emérita Augusta comenzaba a ser una gran ciudad, aunque en estos momentos ya era la capital administrativa de la provincia Lusitania, antigua patria del famoso bandolero Viriato.


En la arena del anfiteatro, al igual que sucede en la actualidad en las Plazas de Toros, se celebraban combates a muerte; juegos de gladiadores o combates entre hombres (normalmente vencedores) y animales, conocidos como venetiones. Sin lugar a dudas, pasaban por ser los espectáculos preferidos por el público.


Con el triunfo del Cristianismo, el anfiteatro fue abandonado, y parte de la estructura arquitectónica fue quedando oculta bajo tierra, mientras que las zonas que no fueron sepultadas, se utilizaron como cantera para realizar otras obras.

Durante mucho tiempo el edificio se denominaba Naumaquia, en la suposición que en el recinto se celebraban batallas navales (naumaquias), pero las campañas arqueológicas iniciadas en la década de los '20 del siglo XX, subsanaron el error.




El anfiteatro estuvo rodeado por una calle que se adaptaba a la forma curva del edificio, en uno de cuyos laterales se levantaba una acera porticada.


Los albañiles romanos utilizaron opus caementicium (hormigón) a base de cal, cantos y arena del río, para construir el núcleo sólido del anfiteatro. Poco podían imaginar esos esforzados trabajadores que dos milenios después su obra permanecerían en pie, siendo además, admirada por la gente del futuro.



El graderío - cavea - se construyó en parte sobre la misma colina que el teatro. El acceso a esta zona se podía realizar a través de alguna de las dieciséis puertas abiertas a lo largo del perímetro de la fachada. La más importante se situaba en el extremo del eje occidental. El graderío se divide en tres sectores, ima, media y summa cavea, inferior, media y superior.

En los extremos del eje menor del edificio, sobre las mismas gradas, se construyeron dos tribunas, lo que vienen a ser palcos de honor, enfrentados, una reservada a las autoridades y la otra para la persona que financiaba el espectáculo.



La Tribuna de Editores, era el lugar que ocupaba el magistrado o particular que sufragaba los gastos del espectáculo. La inscripción en latín y grabada en el dintel de granito hace referencia a la conmemoración de la construcción del teatro.

Algunos restos hacen suponer la existencia de otros dos palcos de honor situados sobre cada una de las dos puertas de acceso a la arena, que se abren en ambos extremos del eje mayor.




A través de este pasillo, mediante escaleras, se accedía a las gradas media y superior. El uso del ladrillo facilitó su forma abocinada hacia el interior.

Este anfiteatro se construyó bajo el mandato de Augusto, que asignó las gradas más altas (el gallinero) a los esclavos y los pobres, el escalón más bajo de una opulenta y decadente sociedad romana. A diferencia del teatro, aquí, en el anfiteatro, damas y caballeros podían sentarse juntos para disfrutar del espectáculo.

La arena, que tiene forma de elipse (64'5 metros en su eje mayor y 41'2 en el eje menor) , era la zona donde se desarrollaba el espectáculo. Un alto y robusto podio, que servía para proteger al público, separa la arena del graderío. Este muro estaba recubierto de mármol y rematado por una cornisa.



En esta zona estaban situadas las pinturas murales referentes a los espectáculos circenses y que se conservan en el Museo Nacional de Arte Romano.



La gran fosa en forma de cruz que se abre en medio de la arena, estaba cubierta por un entarimado de madera, y su interior debía utilizarse para almacenar las jaulas de las fieras y el atrezzo escénico.


A los lados de las galerías que atraviesan las gradas por el eje mayor, se abren dos habitaciones, el lugar donde los gladiadores se preparaban para el combate. De escasa altura, el gladiador debía agacharse antes de saltar a la arena.



Una de estas habitaciones, situada en la galería norte, estaba dedicada al culto de la diosa Némesis. Los gladiadores se encomendaban a este deidad de origen griego de la venganza, pero también de la justicia y la fortuna. Antes de saltar a la arena le dedicaban un oración, "A Némesis para que salga con los mismos pies con los que he entrado".



La inscripción reza lo siguiente: "Dedicado a la invicta diosa Némesis Celeste por Marcus Aurelius Felicius romano que cumplió su promesa de buen grado".



En el anfiteatro de Mérida, a través de una de las grandes puertas monumentales se iniciaba el desfile que inauguraba los juegos, mientras que los gladiadores triunfadores, los que cortaban orejas y rabo, salían en volandas por una especie de Puerta Grande, situada justo enfrente de la puerta de entrada. La tercera de las entradas monumentales era utilizada por las autoridades.



Los combates en pareja, o en grupo, solían celebrarse por la tarde, como el fútbol y los toros. Un árbitro, ayudado por un auxiliar, hacía cumplir las reglas de la lucha y si era necesario, empleaba una vara para poner orden.

La música era un elemento fundamental para marcar las fases del espectáculo, que solía comenzar con un duelo entre dos jinetes a caballo, para que después pasasen a combatir el resto de gladiadores, según las armas y la experiencia.

Se conocen más de quince tipos diferentes de gladiadores caracterizados por su armamento y su forma de lucha. Generalizando es posible distinguir dos grandes grupos de gladiadores, aquellos fuertemente armados con un equipo pesado, y los que armados a la ligera, sacrificaban los aspectos defensivos en favor de una mayor movilidad. Entre los tipos más frecuentes y populares en la Hispania romana, tenemos a los que siguen.


El retiarius intentará inmovilizar a su contrincante, un secutor, lanzándole una red de tres metros que llevaba atada a la muñeca, para después trincharlo con un tridente, y si es necesario rematarlo con una daga. Esta misma daga le servía para cortar la red de su muñeca en caso de necesidad. Un largo brazalete que se prolongaba sobre el hombro le protegía uno de los brazos.


El secutor, o perseguidor, iba bien pertrechado, protegido con casto y gran escudo para soportar las embestidas del tridente. El caso carecía de viseras y adornos para evitar que la red del retiarius se enganche. Su arma de ataque era una espada muy similar a la que utilizaban los soldados de la legión. Buscaba la lucha cuerpo a cuerpo, donde podía sacar ventaja de su superioridad armamentística, aunque el pesado armamento dificultaba sus movimientos. Unos movimientos que irían siendo torpes conforme el cansancio y la fatiga atacasen el cuerpo del secutor.


El venator, aunque no era propiamente un gladiador, participaba también en los juegos. Su especialidad, la cacería de animales salvajes. Su entrenamiento incluía diferentes artes cinegéticas: el tiro con arco, la jabalina y el venablo. En la arena de Mérida las piezas más frecuentes eran jabalíes, ciervos y toros.


El nombre "dimachaerus" significa en griego, el que utiliza dos cuchillos. Su cabeza estaba cubierta por un casco, las piernas con espinilleras y el torso por una cota de malla metálica. Armado con daga o espada corta, su especialidad era la lucha cuerpo a cuerpo.


El tracio presenta un casco adornado con un grifo, se protege con un pequeño escudo o rodela, y se arma con una espada corta de hoja curvada. Sus rivales más habituales eran el myrmillo y el hoplomachus.


La cresta sobre su casco es el identificativo del myrmillo, un luchador que cubría su brazo derecho con un brazalete y la pierna izquierda con un espinillera corta. Se protegía desde las rodillas hasta la barbilla con un gran escudo rectangular que utilizaba para empujar a su oponente y atacarlo con una espada corta.


Hoplomachus deriva del griego y significa "el que lucha con armas". Su armamento y su forma de combatir imitaba al hoplita griego. Portaba lanza, espada corta y utilizaba varios elementos de protección; casco, espinillera y escudo (hoplón). Su adversario solía ser el mirmillo, aunque también se han conservado escenas en que aparece combatiendo a un tracio.




lunes, 11 de mayo de 2015

GLINTIDIONES



El gran tronco ilirio se encontraba fragmentado en un gran número de tribus y pueblos, si consideramos la ingente cantidad de nombres que nos señalan las fuentes. Apiano (Sobre Iliria, 16) incluye a los glintidiones en la lista de todos los grupos ilirios sometidos por Augusto. Plinio el Viejo (III, 143) también cita a este pueblo ilirio que estaba asentado en la Panonia.  

lunes, 23 de marzo de 2015

MAISON CARRÉE.



Uno de los más bellos ejemplos de arte provincial romano. Fue erigido en honor al emperador Augusto, su hija Livia y sus nietos Cayo y Lucio, en el año 16 a.C, patrocinado por su yerno Agripa. Se ubicaba en el foro, el corazón de la ciudad, y estaba consagrado al culto imperial.


Maison Carrée de Nimes es, posiblemente, el templo romano más famoso de Europa, también el mejor conservado, y si en época de Augusto acudían aquí a rendir culto a su emperador, en el siglo XXI son miles de turistas los que llegan hasta aquí para disfrutar de la belleza y proporciones de la arquitectura clásica.


Se trata de un templo hexástilo (seis columnas en el frente) y pseudoperíptero, ya que sus columnas se disponen adosadas a la pared, elevado sobre un podio de más de metro y medio. Las columnas son de orden corintio y sostienen un entablamento con arquitrabe, friso y cornisa. Sobre el arquitrabe se sitúa un frontón triangular y cierra con una cubierta a dos aguas. Para su construcción se utilizó piedra caliza que ha ido adquiriendo tonalidades rojizas con el paso del tiempo.


El Imperio Romano murió, se transformó en arte gótico, pero sus esqueletos siguen en pie, recordando a Europa que todos los caminos llevaban hasta ella, y que para bien, o para mal, el mundo de hoy es como es, por obra y gracia de Roma.




viernes, 20 de marzo de 2015

AVENDEATAS.



Unos de los grandes troncos lingüísticos indoeuropeos, emparentados muy de cerca con los celtas, con los que compartían usos y costumbres, eran los ilirios. Una de estas tribus eran los avendeatas, habitantes de los Alpes identificados por Apiano (Il, 16), vencidos y sometidos por Octavio Augusto.

miércoles, 4 de febrero de 2015

TEATRO ROMANO DE CARTAGONOVA



Toda la magia del teatro clásico a orillas del soleado Mediterráneo levantino ibérico, un enclave que aglutina a su alrededor el casco histórico de la milenaria Cartagonova; capital cartaginesa y decisivo puerto romano.

Hace unos años se proyectó la recuperación, rehabilitación y puesta en valor del teatro romano y en la actualidad ofrece un espectacular centro de interpretación diseñado por Rafael Moneo, que incluye un museo y un didáctico corredor de la historia del entorno constituyendo el propio teatro la última y más preciada pieza del museo. En definitiva un marco idóneo para acercarse a la cultura romana. 


Este teatro fue construido a finales del siglo I a.C. cuando la civilización romana se encontraba perfectamente asentada en la costa levantina peninsular, tras haber expulsado ciento cincuenta años antes a sus antiguos señores cartagineses. Su construcción fue pieza esencial en el proyecto de renovación urbana y emblema del proceso de monumentalización experimentado por la colonia romana. 

El teatro de Cartagonova cuenta con todos los elementos definitorios del teatro romano que lo individualizan de su antecesor griego, siendo muy similar al teatro de Marcelo en Roma. Fue inaugurado hacia el 5/4 a.C. y dedicado a Cayo y Lucio.

Su cuidada perfección arquitectónica es comparable a los teatros de Marcelo en Roma, Volterra, Ostia o Arles . Sus elementos constructivos, como capiteles y cornisas, fueron elaborados con mármol procedente de las canteras de Carrara y labrados por artesanos procedentes de la metrópoli.


En el corredor de la historia se cuenta la evolución urbana del espacio donde se emplaza el teatro desde el siglo I a.C. hasta prácticamente la actualidad. 


Durante el Bajo Imperio, el teatro que había perdido sus funciones, quedó transformado en mercado. El antiguo espacio lúdico se convierte a mediados del siglo V en un importante complejo comercial, vamos, lo que viene a ser un CC de nuestro tiempo. El antiguo graderio acoge en estos momentos quince tarbernae o tiendas. La reestructuración del espacio es un síntoma de la reactivación de la ciudad. 


En época bizantino el barrio portuario se construyó en el interior del teatro, utilizando las gradas como murallas protectoras. 


Maqueta del teatro en su época de mayor esplendor. Construir un teatro de estas características necesita un estudio previo del terreno donde se va a situar y un importante proyecto arquitectónico, que permita su adaptación al medio físico. 

Vitrubio es la principal fuente escrita que tenemos para el conocimiento del diseño teórico del edificio. En su obra "De Arquitectura" describe los elementos que componen el edifico y como se van proyectando a partir de la "orchestra" hasta dar forma al recinto.


Un teatro romano estaba compuesto de tres partes esenciales, la escena, la orchestra y la cavea, todas ellas trabadas entre sí dando forma a una estructura completamente cerrada. Otros elementos necesarios para el desarrollo y disfrute de la actividad teatral eran los siguientes.


Cavea: espacio subdividido en tres sectores destinado a los espectadores. La distribución de los espectadores respondía a una estricta jerarquía social. La lex Iulia theatralis regula esta distribución en el graderío. 


Praecinctio: un pasillo semicircular que separaba longitudinalmente los diferentes sectores de la cavea. 


Pórticus in summa gradatione: galería anular porticada que coronaba el graderío.


Vomitorios: accesos al graderio por medio de rampas.


Orchestra: tenía forma semicircular, a escasos metros de la escena, era el lugar reservado y destinado a las altas esferas de la política, la sociedad y la religión: magistrados, sacerdotes y élites locales. 


Escenario: un entarimado de madera sobre el que se desarrollaban las obras teatrales.

Hyposcaenium: un ancho foso situado debajo del escenario que albergaba los mecanismos necesarios para accionar decorados.


Parascaenium: eran habitaciones que cerraban lateralmente el escenario y que comunicaban directamente con éste. 

Porticus: espacio porticado situado detrás del escenario servía para acoger a los espectadores durante el entreacto.

El museo expone una colección de esculturas y otras piezas halladas en el recinto o en el entorno.

La calidad, y cantidad, del programa ornamental recuperado en el teatro de Cartagonova, lo han convertido en uno de los más completos que existen. Escultura, epigrafía y revestimiento forman un conjunto unitario y homogéneo que dan sentido a la función emblemática del edificio. La riqueza decorativa se hacía especialmente presente en los lugares más representativos del teatro; la escena y la orchestra. Esculturas de divinidades y retratos imperiales eran visibles prácticamente desde cualquier punto del teatro. 

En origen los teatros fueron creados para celebrar juegos dentro del marco de las festividades religiosas, en especial en honor de la Triada Capitolina. En el teatro se han encontrado tres altares relacionados con estos dioses: Júpiter, Juno y Minerva.



Altares circulares del siglo I a.C. donde aparecen labrados los símbolos de la Triada Capitolina. El pavo real, símbolo de Juno, aparece acompañado por un cortejo de tres jóvenes muchachas con las manos entrelazadas. 



El águila, emblema de Júpiter, está acompañado por unas mujeres, interpretadas como las Musas.



La lechuza, animal totémico de la diosa Minerva, aparece en el altar junto a unas jóvenes, las Gracias. 


Togado Capite Velato. Esta escultura presidía la curia del senado local en el foro de Cartagonova. El modelo parece inspirado en el Augusto de la vía Labicana que se utilizó para representar al emperador como Pontifex Maximus.

Una de las salas del museo ofrece al visitante una visión de la función e importancia del teatro para la sociedad romana. El teatro constituye un marco idóneo para la propaganda política y religiosa de Augusto. Los propios príncipes, Cayo y Lucio, nietos del emperador, participaron, muy probablemente, en la financiación de las obras. 


Apolo Citardeo, dios de las letras, la música y divinidad protectora de Augusto. Esta imagen sacraliza el edificio evocando al propio emperador.


A pesar de su estado de conservación, este relieve de Rea Silvia no puede esconder su innegable belleza. Rea Silvia fue la madre de Rómulo y Remo tras su unión con Marte, el dios de la guerra. Una leyenda vinculada a los orígenes de la ciudad y utilizada por Augusto para legitimar su poder personal.


El recinto de Cartagonova tenía capacidad para alojar a unos 7000 espectadores, y era el escenario ideal para exaltar la figura del emperador, e incorporaba además todo un ciclo escultórico y epigráfico relacionado estrechamente con la familia imperial. Estas imágenes y altares cumplían una función más propagandística que estética. 

Las clases adineradas de la ciudad conseguían a través de la financiación del edificio y su ornamentación promocionar sus carreras políticas. Pagando de su bolsillo obras y espectáculos se ganaban el favor de los ciudadanos. 

Desde época muy temprana el teatro era escenario para la representación de diversos géneros teatrales y el espacio para celebrar ceremonias sacras, reuniones políticas o procesiones rituales.

Entre los géneros teatrales heredados de Grecia están la comedia y la tragedia, y aunque dejaron de escribirse en el siglo I a.C., se siguieron representando. Los poetas y escritores vendían sus obras a las compañías de teatros o a los promotores. 

La atelana era una forma de mimo, similar a la comedia del arte, donde los personajes se definen por estereotipos fijos. Habitualmente representaban escenas cómicas entre un marido, su mujer y el amante de ésta. Quizá por la temática fue el género más popular entre los romanos.


El mimo era un compendio de música, expresión corporal, acrobacias y bailes, sobre temas populares, un lejano precedente de la Revista o el Cabaret. Se parodiaban escenas de la vida cotidiana, la sociedad, la política o la religión. (Algo así como hacen en la actualidad los cómicos de televisión).


En la pantomima participaban dos personajes, un narrador y un actor que representaba con gestos todo aquello que recitaba la voz principal. La importancia de la pantomima estaba precisamente en la habilidad del actor de representar con su cuerpo una historia. 


Los actores desempeñaban una profesión con mala consideración y por ese motivo tenían vetados ciertos derechos, como el acceso a los cargos públicos. Aunque a mi no me entra en la cabeza que un actor, sea de la época que sea, tenga el menos interés en participar en algo tan falso como la política. 


Las compañías de actores eran itinerantes y eran contratados ocasionalmente por los promotores de las obras. Algunos alcanzaron gran fama y gozaron del favor del emperador, pero otros eran esclavos, mientras sus dueños eran propietarios de la compañía. Las mujeres solo podían actuar como mimos, los papeles femeninos eran representados por hombres disfrazados para la ocasión.


Los romanos utilizaron los espectáculos públicos para distraer y mantener controlada a la masa. Pasaron los siglos, el cine sustituyó al teatro clásico y el fútbol a los combates de gladiadores. Y entre ambos surgió una nueva forma de teatro, para intelectuales y clases altas, olvidando, en ocasiones, sus orígenes entre las clases más populares.



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