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domingo, 12 de mayo de 2019

EL FILÓSOFO DE LA LIBERTAD.




Han pasado los siglos y sigue creciendo la influencia del filósofo inglés John Locke en el pensamiento universal.
No es para menos. Gracias a Locke, sabemos que Dios otorgó el mundo a sus legítimos propietarios, los hombres industriosos y racionales, y fue Locke quien dio fundamento filosófico a la libertad humana en todas sus variantes: la libertad de empresa, la libertad de comercio, la libertad de competencia, la libertad de contratación.
Y la libertad de inversión. Mientras escribía su «Ensayo sobre el entendimiento humano», el filósofo contribuyó al entendimiento humano invirtiendo sus ahorros en la compra de un paquete de acciones de la Royal África Company.
Esta empresa, que pertenecía a la corona británica y a los hombres industriosos y racionales, se ocupaba de atrapar esclavos en África para venderlos en América.
Según la Royal África Company, sus esfuerzos aseguraban un constante y suficiente suministro de negros a precios moderados.
Eduardo Galeano Espejos. Una historia casi universal.

jueves, 22 de enero de 2015

SEÑORES Y CAMPESINOS. ESTRUCTURAS SOCIALES CAROLINGIAS



La sociedad carolingia, donde podemos rastrear algunas características que definirán la Sociedad Feudal, se mantenía estrechamente vinculada a la economía. La fuente fundamental de riqueza de esta época era la tierra, y para controlar esa riqueza se va a organizar una sociedad, en la que van a surgir grandes diferencias. Siguiendo a Duby, la sociedad medieval se dividía en dos grupos: los señores y los campesinos, en función de quién posee la propiedad de la tierra, y quién la trabaja. 

Los señores son aquellos que tienen la propiedad de la tierra. A la cabeza de todos se sitúa el rey, seguido de los señores laicos y eclesiásticos: condes, obispos, abades, duques.....

Entre los campesinos podemos encontrar una amplia gama de situaciones: colonos, siervos y esclavos. Tres categorías sociales,que pertenecen a un mismo grupo, el campesinado, pero que tienen su razón de ser en diferentes puntos de vista jurídicos; los colonos son libres, los colonos semilibres y los esclavos carecen de libertad. En ese sentido un punto de vista jurídico nos va a servir para estudiar un modelo social. 

Los esclavos son personas que carecen de libertad y es una institución que existe en la Alta Edad Media como la continuación de una situación de la Antigüedad. Esta realidad social se mantuvo durante los primeros siglos de la Edad Media. Los esclavos, concebidos como instrumentos parlantes, tienen su origen en los botines de guerra,y además esta categoría sociojurídica era hereditaria. 

El Cristianismo a medida que se va imponiendo como religión, no llega a condenar la esclavitud, lo único que hace es reconocer ciertos derechos familiares de los esclavos, como por ejemplo el poder contraer matrimonio. Incluso reconocía la validez de los matrimonios mixtos entre esclavos y libres. Los frutos de esas uniones tenían un estatus de semilibertad; los siervos. Los siervos sin llegar a ser libre, tampoco son esclavos y surgen en Occidente a partir del siglo VII.

Los colonos son hombres libres, y tradicionalmente era condición del campesino germano y del romano. Las comunidades de colonos podían explotar colectivamente las zonas incultas de un determinado territorio, como los pastos y bosques. En los textos estos campesinos libres son denominados alodiales.

Estos campesinos alodiales, poco a poco se van vinculando a un señor, y esta vinculación en la práctica supone una pérdida de libertad, pues aunque jurídicamente sigan conservando esta categoria, van a depender en los aspectos sociales y económicos a su señor, de tal manera, que al finalizar el proceso, quedaban anclados a un territorio determinado. 

miércoles, 7 de mayo de 2014

EL REINO DE BENIN



El Reino de Benin, un estado vinculado al pueblo yoruba, tuvo a Eweka, como su legendario fundador y a Ife, su ciudad matriz. Además de capital, Ife era una ciudad sagrada, pues en ella se conservaban los cráneos de los soberanos muertos.

El Reino de Benin, que nada tiene que ver con el actual estado de Benin, ocupaba el este de Nigeria.


La época de mayor esplendor fue el siglo XV, cuando su capital, también llamada Benin, estaba rodeada por un enorme muralla y en su interior, amplias calles flanqueadas por casas de madera, confluían en el palacio del Oba (rey). Esta etapa coincidió con el reinado del oba Eware el Grande, que además de rey, fue médico, viajero, soldado y conquistador.

La ciudad estaba asentada en una importante ruta comercial y sus mercaderes vendían tejidos, marfil, bronce, aceite de palma y pimienta. Además, se organizaban expediciones militares para capturar prisioneros, que posteriormente eran vendidos como esclavos, especialmente a los portugueses que a partir del siglo XV comenzaron a dejarse caer por aquí.

Para los exploradores y viajeros, Benin tenía un lado tenebroso y oscuro, los sacrifios humanos. Esto le valió ser conocido como la Ciudad de la Sangre.



Benin alcanzó fama y notoriedad por su arte, especialmente las efigies de bronce y marfil de los emperadores y esposas, cuyos ejemplares más antiguos datan del siglo XIV.

viernes, 26 de octubre de 2012

GERMANIA DE TÁCITO (XI)




31     Una usanza poco frecuente entre los restantes pueblos germanos y que se debe a la valentía individual se convierte en los catos en algo comúnmente aceptado: cuando llegan a la adolescencia, se dejan crecer el pelo y la barba y sólo tras haber matado a un enemigo se despojan de este adorno facial ofrecido y consagrado al valor. Sobre la sangre y los despojos descubren su frente y sólo entonces creen haber pagado el precio de su nacimiento y ser dignos de su patria y de sus padres. Los cobardes y malos guerreros continúan con su feo aspecto. Los más valientes se colocan, además, un anillo de hierro (cosa ignomiosa para esta gente) y lo llevan como una atadura hasta que se liberan de ella con la muerte de un enemigo. Este hábito gusta a la mayoría de los catos, y al envejecer aún conservan este distintivo, que es objeto de admiración para los enemigos y para los suyos. En ellos está la iniciativa de todos los combates. La suya es siempre la primera línea, de extraño aspecto, y ni siquiera en la paz adoptan maneras más suaves. Ninguno posee casa, campo o alguna ocupación, siempre que llegan a casa de alguien, se les alimenta; pródigos de lo ajeno, menosprecian lo suyo, hasta que la vejez, con su debilidad, los hace incapaces para afrontar tan duras pruebas de valor.

32   Próximos a los catos, los úsipos y tencteros habitan las zonas del Rin donde su cauce ya se ha afianzado y constituye una frontera suficiente. Los tencteros, aparte de la común gloria guerrera, sobresalen por la destreza de su arte ecuestre. No es mayor la fama de los infantes de los catos que la de los jinetes de los tencteros. Así lo establecieron sus antepasados y así lo mantienen sus descendientes. De este tipo son los juegos infantiles y las competiciones juveniles; incluso los ancianos continúan practicándolo. Los caballos se transmiten junto a los esclavos, los penates y los derechos sucesorios; nos los obtiene el hijo primogénito, como los demás, sino el más arriesgado y el más aventajado en la guerra.  

33   Junto a los tencteros se hallaban en otro tiempo los brúcteros. Se cuenta que los camavos y angrivarios emigraron allí, tras ser expulsados los brúcteros y exterminados de raíz por una coalición de las naciones vecinas, bien por odio a su orgullo, bien por el incentivo del botín, o bien por una cierta protección de los dioses para con nosotros, pues ni siquiera nos hurtaron el espectáculo de la batalla. Cayeron más de sesenta mil, y no por las armas romanas, sino para deleite de nuestros ojos, lo que supone un triunfo más brillante. ¡Ojalá permanezca y se mantenga en estas naciones, si no el afecto hacia nosotros, sí, al menos, el odio entre ellas, puesto que a los atormentados destinos del imperio nada mejor puede proporcionar Fortuna que la discordia entre sus enemigos!. 

miércoles, 24 de octubre de 2012

GERMANIA DE TÁCITO (VIII)




22   Se lavan nada más salir del sueño, que prolongan hasta bien entrado el día; por lo regular, lo hacen con agua caliente, cosa lógica entre quienes dura mucho el invierno. Ya lavados, toman el alimento; cada cual tiene un sitio distinto y su propia mesa. Acto seguido acuden armados a sus asuntos, y de la misma guisa con no menor frecuencia a los banquetes. Para nadie es vergonzoso pasar el día y la noche bebiendo continuamente. Las riñas, como es natural entre gente muy dada a la bebida, concluyen pocas veces con insultos y más a menudo con muertes y heridas. Pero en los banquetes también deliberan sobre la reconciliación de los enemigos, sobre la paz y la guerra, porque en ninguna otra ocasión está el ánimo más abierto para los pensamientos sinceros o más enardecido para los más trascendentes. Gente nada astuta y sin doblez, abre todavía más los secretos de su corazón por el ambiente relajado que proporciona el lugar; la mente de todos permanece franca y sin velos. Se continúa al día siguiente y las pautas generales de cada momento quedan a salvo; deliberan cuando no saben fingir, deciden cuando no pueden errar.

23     Beben un líquido que obtienen de la cebada o del trigo que, al fermentar, adquiere cierta semejanza con el vino. Los ribereños compran también vino. Su alimentación es sencilla: frutos silvestres, carne fresca de caza o leche cuajada; se quitan el hambre sin complicaciones ni refinamientos. Frente a la sed, no mantienen igual moderación; si favoreces su embriaguez suministrándoles cuanto deseen, se les venderá por sus vicios no menos fácilmente que con las armas

24    El tipo de espectáculos es uno sólo y el mismo en todas las reuniones: jóvenes desnudos, para quienes esto constituye una diversión, se arrojan de un brinco entre espadas y amenazadoras frameas. La práctica les ha proporcionado técnica; la técnica, belleza; pero no los mueve el lucro o la recompensa: el placer de los espectadores es el premio a su juego por peligrosos que sea. Sobrios y formales, practican los juegos de azar con tanta temeridad a la hora de ganar o perder que, cuando ya no les queda nada, se juegan su libertad y su persona en un desesperado y definitivo envito. El vencido afronta una esclavitud voluntaria; por más joven y fuerte que sea, se deja atar y vender; tal es su obstinación en este lamentable asunto. Pero ellos lo consideran fidelidad a su compromisos. Se deshacen de los esclavos de esta condición vendiéndolos, y así se libran al mismo tiempo del bochorno de tal victoria.

25     No utilizan a los demás esclavos encomendándoles funciones domésticas concretas, como hacemos nosotros. Cada cual lleva su casa y sus penates. El señor impone la entrega de cierta cantidad de trigo o de ganado o de tela, como si fuera un colono, y el esclavo acata estas condiciones. La mujer y los hijos realizan las restantes tareas de la casa. Es poco frecuente azotar al esclavo y someterlo a cadenas y a trabajos penosos. Suelen matarlos no para dar ejemplo de disciplina y muestra de rigor, sino en un acceso de ira, como si se tratase de un enemigo, aunque en este caso el homicidio queda impune.

Los libertos no están muy por encima de los esclavos; es raro que tengan influencia en la casa; nunca en la vida pública, excepto en las naciones de régimen monárquico: allí se remontan por encima de los ciudadanos libres y de los nobles; en los demás pueblos, la condición inferior de los libertos es prueba de su libertad.

26   Desconocen el ejercer el préstamo y el aumentarlo hasta la usura, y así se mantiene tal situación mejor que si estuviesen prohibidos. Van ocupando todos por turnos la superficie cultivable, según el número de agricultores, y se la reparten de acuerdo con su condición social. La gran extensión de sus campiñas facilita tal reparto. Cambian anualmente de terreno y aún sobra campo. Por este motivo, su esfuerzo no está a la altura de la riqueza y abundancia del suelo; así que no plantan árboles frutales, ni reservan espacios para prados, ni riegan huertas; sólo exigen a la tierra sus mies. De ahí que nos distingan en el año los cambios que corresponden a nuestras divisiones: el invierno, la primavera y el verano tienen para ellos un significado y un vocablo; del otoño ignoran tanto el nombre como sus dones.  

sábado, 30 de enero de 2010

LOS ALANOS SEGÚN AMIANO.




De complicado origen, los alanos, procedentes de Asia Central, fueron uno de los múltiples pueblos que aprovechando la crisis del siglo III realizaron incursiones en las tierras del Imperio Romano. Parece ser que serían de procedencia irania, con quienes les uniría la lengua y otros aspectos culturales, procederían de las zonas montañosas, pues parece que el término “alain” significa montaña.

Según Amiano, autor de Res Gestae;
“casi todos los alanos eran algo rubios, de hermosas facciones y arrogante figura, consideraban como una felicidad morir en la guerra, y su mayor timbre de gloria era el haber matado a un enemigo, cuyos despojos gloriosos, especialmente la piel de su cráneo colgaban como trofeo del petral de sus caballos de guerra, no tenían templos, ni adoraban más dios que una espada desnuda clavada en la tierra; no reconocían otra autoridad más que la de unos magistrados o jueces nombrados entre los guerreros más ancianos y valientes, y desconocían cualquier tipo de esclavitud”.
Los alanos llegaron a formar una especie de estado, muy mal organizado por cierto, en el siglo III, entre el Ural, el Cáucaso y el Don, que fue rápidamente destruido ante el avance imparable de los hunos.
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