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domingo, 12 de febrero de 2017

LAS FUENTES DEL SANTO GRIAL.



Ocho minnesänger tiene el Grial en tierras de occidente: el mago Merlín (que recitó su historia en la corte de Arturo), el moro Flegetanis (que la escribió en Toledo), el armenio Kyot (que tradujo nuestro manuscrito a la lengua occitana), el francés Roberto de Boron (que a principios del siglo XIII urdió una trilogía sobre el tema), Chrétien de Troyes (que puso la versión al oc en gabacho paladino). Wolfram de Eschembach (que se la llevó al alemán), Ana Catalina Emmerich («que añadió cuanto ignoraban los anteriores») y Ricardo Wagner (que, entre otras cosas, supo dar al mito su forma más sublime). A ver dónde nos lleva este mosaico.
Fernando Sánchez Dragó. 
Gárgoris y Habidis.

jueves, 28 de mayo de 2015

GRAVENSTEEN - CASTILLO DE LOS CONDES DE FLANDES.



La muralla, la iglesia (o catedral) y el castillo eran los elementos arquitectónicos que definían la ciudad medieval. La hermosa Gante ya no cuenta con murallas, pero a orillas del río Lys aún permanece en pie el castillo de los Condes de Flandes, en el interior del centro urbano.

A finales del siglo XII el conde Felipe de Alsacia, el hijo de Teodorico, construyó esta fortaleza en el centro de Gante, un lugar estratégico para controlar el río, la ciudad y sus gentes. A veces era necesario para estos nobles protegerse del propio pueblo. Un castillo que termina convirtiéndose en el símbolo del poder de los condes.


Un foso con agua rodea el castillo y recrea su aspecto original medieval, pues para su conservación ha sido necesario acometer la restauración de sus elementos.

Balduino I, primer conde, construyó aquí el primer fuerte para defender el asentamiento de los normandos, utilizando la madera para edificarlo. Las construcciones siguientes la piedra fue sustituyendo paulatinamente el maderamen otorgando mayor consistencia al castillo. Posiblemente la parte más antigua que se conserva sea la Torre del Homenaje, desde la que es posible divisar toda la ciudad.


Felipe de Alsacia, hijo de Teodorico, cuando regresó de las cruzadas, reconstruyó el castillo que adoptó la forma que conocemos en la actualidad. Desde este momento el castillo simbolizó la autoridad de los condes, puestos en duda en más de una ocasión por los ricos (y levantiscos) burgueses de Gante. Como el castillo no contaba con excesivos lujos, el conde Luis II, dedició trasladar su residencia a Hof ten Walle (el lugar donde nació el futuro Carlos V). El consejo de Flandes, mayor tribunal de la época, estableció en el castillo su sede.


Y como la imaginación es el alimento del alma humana podemos permitirnos el lujo de fabular. Teodorico de Alsacia, padre del constructor del castillo, trajo desde Tierra Santa, la Santa Sangre de Cristo y la depositó en Bruselas. Algunos años más tarde, Chretien de Troyes, un poeta francés, dedicó a Felipe su obra más famosa y enigmática, el Cuento del Grial. Un Felipe que viajó por oriente, peregrinó a Santiago y reconstruyó la fortaleza de Gante. A la luz de estos acontecimientos, permitimos a la fantasía volar libremente, e imaginar que el Santo Grial, la reliquia de las reliquias, bien pudo ser custodiada en este castillo antes de desaparecer definitivamente.


martes, 17 de marzo de 2015

TEMPLARIOS GUARDIANES DEL SANTO GRIAL.



Mucho se ha escrito, con mayor o menor fortuna, y mucho se seguirá escribiendo (creyendo los más ilusos) sobre la relación entre el Santo Grial y los Caballeros de la Orden del Temple. Custodios del Grial, depositarios de conocimientos trascendentales, podemos encontrar los orígenes de las adscripciones templarias a objetos mágicos, en la propia literatura medieval, muy dada a lo fantástico y con un exquisito tratamiento de un mundo simbólico de interpretación esotérica.

El poeta alemán Wolfram von Eschenbach, que trató de continuar el inacabado Cuento del Grial de Chretien de Troyes, escribiendo Parzifal. Eschenbach fue el auténtico iniciador de toda una corriente literaria y esotérica, al hacer a los pobres caballeros de Cristo en guardianes del Castillo donde está depositado el Grial. Dos mitos medievales examinados (y explotados) al máximo.


Wolfram von Eschenbach utiliza la palabra "templeise", y aunque no es totalmente seguro que se refiera a los templarios, si es lo más factible. Estos caballeros defienden el castillo de Munsalvache, entre cuyos recios muros se custodiaba el Santo Grial, el objeto más maravilloso que jamás haya existido. Por cierto, el Grial de Eschenbach no es un cáliz, sino una piedra con extraordinarios poderes. Hay quien piensa que la mutación se debe a un simple error de transcripción. ¿O tal vez se trata de un guiño litolátrico a cuantas piedras sagradas han sido veneradas desde la remota prehistoria?. 

Los guardianes del grial ofrecen el prototipo ideal de caballero, eficiente en el campo de batalla y humilde en el recogimiento, guerrero y cristiano, valiente y piadoso, precisamente las dos virtudes que Bernardo de Claraval, el alma intelectual del Temple, exige a sus caballeros.

Wolfram, al ungir a los templarios como los caballeros modélicos, los arrojó a las intrincadas redes del misterio humano, uniendo de manera indisoluble el Temple con el Santo Grial, su pluma dio origen y forma una pretendida Orden Esotérica del Temple. Desde el Parzifal de Eschenbach el Temple dejó de ser una Orden Militar de monjes guerreros para convertirse en una sociedad secreta, formada por iniciados, custodios de los más increibles secretos relacionados con l más íntimo y sagrado del Cristianismo. 

La investigación sobre el Temple es una confrontación directa entre la razón y la pasión, la historia y la leyenda, la realidad y la imaginación. Esa ha sido la verdadera aportación de los templarios al ocultismo.

viernes, 6 de febrero de 2015

EL CUENTO DEL GRIAL, TOLKIEN Y EL SEÑOR DE LOS ANILLOS.



Un noble y valiente caballero de corazón puro, Perceval, en busca de la más sublime de las reliquias, el Santo Grial. Un ser bondadoso y honrado, Frodo,  portando un poderoso Anillo con la finalidad de destruirlo y acabar con el mal del mundo. Dos de las obras literarias más influyentes en la historia de Europa (y aún del mundo) son el Cuento del Grial (1180) de Chretien de Troyes y el Señor de los Anillos (1954) de J.R.R. Tolkien. 

A diferencia de Troyes, Tolkien vivió el tiempo suficiente para concluir su obra y por tanto todos sabemos que el Anillo Único fue destruido en el Monte del Destino. Sin embargo, la muerte sorprendió a Troyes antes que pudiese revelarnos el secreto del Santo Grial. La obra inconclusa del reconocido como primer novelista de Francia, ha dado origen a varias continuaciones literarias, cientos de teorías más o menos esotéricas, y una incesante búsqueda del sagrado cáliz. Por eso el Anillo Único es una ficción literaria y el Santo Grial un auténtico mito que aún no ha podido ser descrifrado ni comprendido en su totalidad. 


Pero ¿y si hubiese sucedido al revés? Si Troyes hubiese escrito en el siglo XX y Tolkien en la Edad Media. 

Si Troyes hubiese vivido en nuestro tiempo, el Cuento del Grial sería referencia de cuantos se interesan por la literatura épica, fantástica y de aventuras, hubiese inspirado obras de arte de diferentes disciplinas y sería una celebrada adaptación cinematográfica que llenaría los bolsillos de sus legítimos herederos. 


Por otro lado, si Tolkien hubiese vivido en la Edad Media, y hubiese corrido la misma suerte que Troyes, es decir, morir antes de narrar que sucedió con Frodo, el Anillo Único sería origen de divagaciones esotéricas y objeto de deseo para los cazadores de entelequias y quimeras. Y aún muchos, lo considerarían una pieza real. 


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