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martes, 9 de octubre de 2018

ALCUINO DE YORK.



Integrante del círculo palatino, de la élite intelectual franca y figura capital del pretendido Renacimiento Carolingio, tengamos la consideración que tengamos de esta etapa cultural. Alcuino fue un estudiante precoz y con once tiernos añitos era capaz de recitar de memoria la obra de Virgilio.  

Sorprendido por su erudición y buena predisposición, Carlomagno le confió la dirección de la enseñanza carolingia y lo nombró director de la prestigiosa escuela palatina de Aquisgrán, Fundó escuelas, instruyó a maestros, redactó manuales y, además de escribir varias obras, preparó los estudios basados en las siete artes liberales: el trivium; gramática, retórica y dialéctica, y el cuadrivium; aritmética, geometría, música y astronomía. Y las llamó las Siete Columnas de Salomón.

sábado, 6 de febrero de 2016

ARPÍAS



PARA la Teogonía de Hesíodo, las arpías son divinidades aladas, y de larga y suelta cabellera, más veloces que los pájaros y los vientos; para el tercer libro de la Eneida, aves con cara de doncella, garras encorvadas y vientre inmundo, pálidas de hambre que no pueden saciar. Bajan de las montañas y mancillan las mesas de los festines. Son invulnerables y fétidas; todo lo devoran, chillando, y todo lo transforman en excrementos. Servio, comentador de Virgilio, escribe que así como Hécate es Proserpina en los infiernos, Diana en la tierra y luna en el cielo y la llaman diosa triforme, las arpías son furias en los infiernos, arpías en la tierra y demonios (dirae) en el cielo. También las confunden con las parcas. Por mandato divino, las arpías persiguieron a un rey de Tracia que descubrió a los hombres el porvenir o que compró la longevidad al precio de sus ojos y fue castigado por el sol, cuya obra había ultrajado. Se aprestaba a comer con toda su corte y las arpías devoraban o contaminaban los manjares. Los argonautas ahuyentaron a las arpías; Apolonio de Rodas y William Morris (Life and death of JaSon) refieren la fantástica historia. Ariosto, en el canto XXXIII del Furioso, transforma al rey de Tracia en el Preste Juan, fabuloso emperador de los abisinios. Arpías, en griego, significa las que raptan, las que arrebatan. Al principio, fueron divinidades del viento, como los Maruts de los Vedas, que blanden armas de oro (los rayos) y que ordeñan las nubes.

Jorge Luis Borges
El Libro de los Seres Imaginarios

miércoles, 13 de mayo de 2015

MESAPIOS



Los antiguos habitantes de Mesapia, en el sur de Italia (Yapigia/Apulia) eran los restos de una emigración de tribus ilíricas que procedían de la Península Balcánica, y que desde el 500 a.C. fueron confinados en Calabria.

"Mesapia tiene forma de península, cerrada por un istmo de trescientos estadios, que va desde Brentesio hasta Tarento"
Estrabón VI, 3, 1.


Virgilio y Heródoto les conceden un origen griego, pero según las inscripciones reunidas por Mommsen, la lengua de los mesapios, cuya escritura habían tomado de los griegos, está relacionada con el albanés (cuyo origen también puso ser ilirio). 

domingo, 9 de febrero de 2014

METABUS, REY DE LOS VOLSCOS.



Metabus, tirano de la ciudad de Priverno, de la que es expulsado y se ve obligado a huir al bosque con su pequeña niña en brazos. Camila, su hija, creció en belleza y en virilidad, y llegó a convertirse en heroína de su pueblo en las luchas contra Eneas. La pluma de Virgilio le otorgó vida y las manos del escultor Nicolás Raggi le dieron forma.

Cuando arrojado del trono por el odio de sus vasallos, nacido de su soberbia y tiranía, salió Metabo, su padre, de la antigua ciudad de Triverno, huyendo por en medio de los combates, llévasela niña todavía, por compañera en su destierro, y la llamó Camila, del nombre un tanto alterado de su madre Casmila.
Virgilio. Eneida.

jueves, 13 de diciembre de 2012

LAOCOONTE

. . . el inocente Laoconte, cometió tres terribles
errores que sellaron su destino;
pasar por el sitio equivocado;
estar allí en un momento inapropiado
y decir lo que nadie era capaz de ver. . .

Laocoonte y sus hijos son castigados por Apolo, que envía dos serpientes, de nombre, Porces y Caribea, para que los asfixie y los sepulte bajo el mar. El desdichado sacerdote Laocoonte trataba de advertir a los incautos troyanos de los peligros que conllevaba el aceptar un presente de unos griegos, que hasta hacía unas horas, intentaban por todos los medios tomar al asalto los altos muros de la ciudad.

¡Necios, no os fieis de los griegos ni siquiera cuando os traigan regalos!
Virgilio, Eneida
Apolo destruyó a Laocoonte y a sus vástagos, Antifante y Timbreo (al que algunos llaman Melanto) , para que no evitaran el éxito del ardid de los griegos.

Ellas, con marcha firme, se lanzan hacia Laocoonte; primero se enroscan en los tiernos cuerpos de sus dos hijos, y rasgan a dentelladas sus miserables miembros; luego arrebatan al padre que, esgrimiendo un dardo, iba en auxilio de ellos, y lo sujetan con sus enormes anillos: ya ceñidas con dos vueltas alrededor de su cuerpo, y dos veces rodeado al cuello el escamoso lomo, todavía exceden por encima sus cabezas y sus erguidas cervices. Pugna con ambas manos Laocoonte por desatar aquellos nudos, mientras chorrea de sus vendas baba y negro veneno, y al propio tiempo eleva hasta los astros espantables clamores...
Virgilio, Eneida
Agesandro, y sus hijos, Poludoro y Ahenodoro, de la escuela de Rodas, fueron los artífices de este grupo escultórico realizado en mármol, que sirvió para decorar la Domus Aurea de Nerón y en la actualidad podemos disfrutar en el Museo del Vaticano.

La escultura “Laocoonte y sus hijos” fue descubierta en 1506, y los hombres del Renacimiento vieron en su dramatismo el ideal de la Antigüedad. El mismo Plinio el Viejo en su Historia Natural escribe que esta “obra debe ser situada por delante de todas, no sólo las de arte de la estatuaria, sino también de las de la pintura”.

La escultura muestra una composición piramidal, con la cabeza de Laocoonte como vértice superior. Los artistas rodios insuflaron dramatismo al rostro de Laocoonte, dolor físico por su sufrimiento y dolor humano al contemplar el fatal destino al que había conducido a sus propios hijos.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

JULIO CÉSAR




   Lo llamaban el calvo putañero, decían que era el marido de todas las mujeres y la mujer de todos los maridos.
    Fuentes bien informadas aseguraban que había estado encerrado varios meses en el dormitorio de Cleopatra, sin asomar la nariz.
    Con ella, su trofeo, regresó a Roma desde Alejandría. Y coronando sus campañas victoriosas en Europa y África, rindió homenaje a su propia gloria mandando al muere a una multitud de gladiadores y exhibiendo jirafas y otras rarezas que Cleopatra le había regalado.
    Y Roma lo vistió de púrpura, la única toga de ese color en todo el imperio, y ciñó su frente con corona de laurel, y Virgilio, el poeta oficial, cantó a su estirpe divina, que venía de Eneas, Marte y Venus.
     Y poco después, desde la cumbre de las cumbres, se proclamó dictador vitalicio y anunció reformas que amenazaban los intocables privilegios de su propia clase.
      Y los suyos, los patricios, decidieron que más vale prevenir que curar.
      Y el todopoderoso, marcado para morir, fue rodeado por sus íntimos y su bienamado Marco Bruto, que quizás era su hijo, lo estrujó en el primer abrazo y en la espalda le clavó la primera puñalada.
    Y otros puñales lo acribillaron y se alzaron, rojos, al cielo.
     Y allí tirado quedó el cuerpo, en el suelo de piedra, porque ni sus esclavos se atrevían a tocarlo.      
Eduardo Galeano. Espejos.    

miércoles, 14 de noviembre de 2012

CREUSA, DIDO Y LAVINIA, LOS AMORES DE ENEAS.


Eneas, héroe troyano y protagonista absoluto del poema de Virgilio, además de excelente guerrero y aventurero, fue un consumado seductor. Tres grandes mujeres, de tres lugares lejanos entre sí, sucumbieron a sus encantos y cayeron rendidas a sus pies. 
Troya, la de altos muros, está ardiendo, fortaleza quebrada, agoniza entre llamas, una larga enfermedad de diez años toca a su fin, y el valiente Eneas, hijo de la diosa Venus y el mortal Anquises, consigue escapar junto a su familia de la destrucción absoluta.
Durante la noche, iluminada por altas hogueras e inundada por los gritos apagados de los troyanos moribundos, Eneas huye de la masacre, en una mano lleva a su hijo Julo Ascanio, en la otra porta a los dioses penates, y sobre sus hombros a su anciano y enfermo padre. A escasa distancia, aturdida y herida, le sigue Creusa, su amante esposa, hija de los reyes troyanos Príamo y Hécuba. A partir de esta patética escena, tres mujeres, Creusa, Dido y Lavinia simbolizan la travesía vital del héroe (y de todos y cada uno de nosotros); el pasado, el presente y el futuro. 
CREUSA, EL PASADO QUE QUEDÓ ATRÁS.
Durante la confusión de la huida, la confundida Creusa perdió de vista a su marido, y desapareció entre la multitud que trataba de salvar su vida. Al descubrir su ausencia, Eneas volvió sobre sus pasos para buscarla, pero no hubo suerte. Vagaba apesadumbrado, cuando se le apareció la sombra tenebrosa de su esposa, para decirle al héroe, que ya había muerto, pero que no se entristeciese porque otra esposa le aguardaba hacia Occidente, a orillas del Tíber. 
La gentil Creusa, madre de Ascanio, simboliza el pasado, aquello que ya está muerto y no podemos recuperar, por eso, la muerte de Creusa, acontece la misma noche en que Troya es destruída.  
DIDO, EL PLACER DE DISFRUTAR EL PRESENTE. 
Una vez a salvo, Eneas y sus compañeros construyeron una flota y se hicieron a la mar. Navegaron por el mar Egeo y desde allí pusieron rumbo a Occidente. Eolo desató toda su furia, provocando una horrible tempestad que destruyó la escuadra y arrojó a Eneas a las playas ardientes del Norte de África.
Eneas llegó a Cartago, donde fue bien recibido, agasajado y colmado de atenciones, por parte de su reina. Dido entusiasmada, se enamora perdidamente de Eneas, al que entrega su corazón y su cuerpo; el troyano pierde la razón en los brazos de la voluptuosa reina. Ambos amantes convirtieron sus vidas en un disfrute continuo, abandonándose a los placeres de la carne y el espíritu.  
Pero Venus, diosa de la belleza y el amor, y madre de Eneas, recordó a su hijo el destino que le aguardaba y la importante misión para la que había nacido. Eneas, muy a su pesar, dejó a Dido, marchó de Cartago y puso rumbo a la península italiana. 
Dido herida de amor y desengañada lanzó una maldición sobre Eneas y todo su linaje, enloquecida y desesperada levantó una enorme pira a la que arrojó las ropas del héroe, acto seguido subió a la pira, hundió la espada de Eneas en su pecho y dejó que su cuerpo sirviese de alimento a las llamas. En este caso, el amor de Dido y Eneas simboliza lo efímero del presente, que siempre acaba muriendo.
LAVINIA, LA PROMESA DE UN FUTURO.  
     Eneas llegó a Sicilia, costeó el litoral italiano hasta la desembocadura del Tíber, y ascendió por el río hasta llegar al Lazio. En este punto, finaliza el periplo del troyano por el Mare Nostrum.
En el Lazio gobernaba el rey Latino, hombre honrado y de palabra, que tenía una hija llamada Lavinia. Una antigua profecía disponía que Lavinia se casaría con un caudillo extranjero, y que de su descendencia nacería un pueblo llamado a dominar el mundo entero.
Latino prometió su hija a Eneas, lo que provocó el enfado de Turno, el eterno pretendiente. Eneas y Turno dirimieron por las armas sus diferencias, y lucharon (como en una producción de Hollywood), por el amor de Lavinia. Tras una serie de duras batallas, la suerte de la guerra se decidió en singular combate; Eneas dio muerte a Turno y se casó con Lavinia, cumpliendo así lo dispuesto por el Destino.
"Eneas venciendo a Turno", Lucas Giordano
Al contraer matrimonio con Lavinia, Eneas había alcanzado su futuro, y el de sus descendientes; dos de ellos, Rómulo y Remo fundaron Roma.     
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