En la Antigüedad la
guerra era un oficio como otro cualquiera. Muchos jóvenes, poco
antes de alcanzar la edad adulta y carentes de un futuro próspero,
se enrolaban como mercenarios en los ejércitos y guardia personal de
príncipes extranjeros. En el siglo III a.C. encontramos un numeroso
grupo de gálatas en Egipto, probablemente sirviendo como
mercenarios. Se cuenta incluso que su jefe contrajo matrimonio con
Scota, una hija del faraón reinante. Tenemos también noticia de una
revuelta a la que tuvo que hacer frente Ptolomeo II protagonizada por
cuatro mil gálatas enfadados.
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lunes, 18 de mayo de 2015
martes, 7 de abril de 2015
MOSAICO DE POLIFEMO Y GALATEA.
El gigante cíclope Polifemo, habitante de Sicilia e hijo del dios Poseidón, famoso por devorar a varios compañeros de Odiseo y ser cegado por él, se enamoró de la nereida Galatea. Enloquecido por el rechazo de la ninfa, Polifemo mató a su amante, un pastor llamado Acis, aplastándolo con una enorme piedra.
Este mosaico romano desenterrado en la plaza cordobesa de la Corredera, procede de una lujosa mansión con numerosos mosaicos como este, en los que se repiten los esquemas decorativos.
Según otra verión más amable de la leyenda, Galatea correspondió a Polifemo y tuvieron tres fornidos y saludables hijos, Celto, Gálata e Ilirio, héroes epónimos de estos tres pueblos.
jueves, 22 de noviembre de 2012
GEOGRAFÍA DE IBERIA ESTRABÓN (VIII)
7 La pesca
Mas, con ser tan rico el interior de Turdetania, podría hallarse su rival en la región costera, por los bienes procedentes del mar; porque todas las ostras y almejas destacan en general por su cantidad y tamaño en todo el Mar Exterior, pero más que nada allí debido a que en esa zona las pleamares y bajamares son mayores, las cuales son, verosímilmente, las causantes de su número y su tamaño gracias al ejercicio a que las someten. Lo mismo ocurre con los cetáceos de todo tipo, orcas, ballenas y cachalotes, de los cuales parece surgir cuando espiran una especie de columna nebulosa si se mira desde lejos. Y los congrios parecen monstruos por lo mucho que sobrepasan en tamaño a los nuestros, así como las murenas y otros muchos peces de este género. Dicen que en Carteya se encuentran buccinas y púrpuras de diez cótilas, y que en puntos de más allá de las Columnas la murena y el congrio pesan hasta más de ochenta minas, el pulpo un talento, y que los calamares y especies afines miden dos codos.
Se reúnen también en esta zona muchos atunes que vienen de otras partes de la costa exterior, gordos y voluminosos. Se alimentan con la bellota de una encina que se cría en el mar y es enana en extremo, que produce un fruto muy suculento. En Iberia se da también con profusión en tierra firme, tiene raíces grandes como las de una encina crecida, pero de tronco se levanta menos que una pequeña. Produce tanto fruto que después de su sazón aparece cubierta de bellota la costa, tanto la del lado de acá como la del de más allá de las Columnas, que arrojan las mareas; pero la de la costa de más acá de las Columnas es siempre más pequeña y se encuentra en mayor cantidad. Polibio afirma que esta bellota llega hasta la costa latina, "a no ser, dice, que la produzcan también Sardon y las comarcas vecinas". Y los atunes, cuanto más se aproximan a las Columnas viniendo desde el exterior, tanto más adelgazan por falta de alimento. Es por tanto un cerdo marino este animal, porque disfruta con la bellota y engorda especialmente con ella, y si hay abundancia de bellotas hay también abundancia de atunes.
8 La minería. Obtención del oro.
Pero, a pesar de estar dotada dicha región de tantos bienes, no se maravillaría uno menos, sino todo lo contrario, al conocer la generosidad de sus minas; porque de ellas está repleta toda la tierra de los iberos, aunque no toda sea tan fértil y próspera, especialmente la que proporciona minerales. Raro es gozar de ambos recursos, pero raro es también que la misma tierra esté llena de minerales diversos en un territorio reducido. La Turdetania y comarcas limítrofes no dejan, a los que quieren ensalzarlas por sus bondades, palabras que las reflejen adecuadamente. Pues ni el oro, ni la plata, ni el cobre, ni el hierro, en ningún lugar de la tierra se ha comprobado hasta ahora que se produzcan en tan gran cantidad ni de tan alta calidad.
El oro no se extrae sólo en las minas, también se recoge en los cursos de agua. Los ríos y torrentes arrastran la arena aurífera, que se da en muchos lugares incluso en sitios sin agua, pero mientras que en éstos es invisible, en los terrenos anegados el polvo de oro refulge. Y cubriendo los lugares secos con agua que acarrean, hacen brillar el polvo, y excavando pozos e ideando otras técnicas separan, mediante lavado, de la arena el oro, e incluso más numerosos que las minas de este metal son hoy los llamados lavaderos de oro. Los gálatas estiman que son parejas sus minas del monte Cemeno y las emplazafas bajo el mismo Pirene, pero en realidad tienen más fama las de aquí. Cuentan que entre el polvo de oro se han encontrado a veces pepitas de media lira, que llaman palas, que tan sólo necesitan una leve purificación. Dicen también que al partirse las piedras se hallan pepitas semejantes a tetillas, que de la cocción y purificación del oro con un mineral astrigente queda como residuo el électron, y que al cocer de nuevo éste, que tiene una aleación de oro y mercurio, se consume el mercurio y subsiste el oro, porque el mercurio es fácil de volatilizar y el mineral a la vez. Por ello se derrite mejor el oro con fuego de paja, porque la llama, al ser sueave, es proporcionada a una sustancia que cede y se volatiliza fácilmente, y en cambio el carbón, al derretirlo demasiado y evaporarlo con su violencia, consume gran parte del oro. En las corrientes se recoge y se lava allí cerca en pilas; o bien se excava un pozo y se lava la tierra extraída. Los hornos del mercurio los construyen elevados para que la fulígine que se desprende de los trozos del mineral se eleve en el aire, pues es pesada y nociva. Algunas de las minas de cobre son conocidas como minas de oro, de lo que se infiere que anteriormente se extraía de ellas oro.
jueves, 8 de noviembre de 2012
CHIOMARA
La hermosa e inteligente princesa de los gálatas, Chiomara, es la protagonista de una historia de violencia sexual, pero también de valentía, coraje y justa venganza.
Los celtas asentados en Asia Menor, recibían el nombre de Gálatas y estaban divididos en tres grandes grupos tribales, tolostoboios, tectosagos y trocmos; y por supuesto, como no podía ser de otra forma, entraron en conflicto con Roma.
Ortiagón era el rey de los tectosagos cuando estalló la guerra contra los romanos en 189 a.C. dirigida por Cneo Manlio Vulso.
"Ortiagón, rey de Galacia, decidió extender su dominación a todos los gálatas de Asia. La naturaleza y la costumbre le ayudaban para el feliz éxito de esta empresa. Distinguíanle su liberalidad y grandeza de alma, y en los consejos y conversaciones mostrábase tan atento como hábil. Era además de extraordinaria bizarría e intrepidez en las batallas, condición de suma importancia en los pueblos de aquella raza"
Polibio XXII, 21( Recogido por Suidas)
Chiomara, la joven, bella e inteligente esposa de Ortiagón, tras la batalla, cayó en manos de los soldados romanos, que la retuvieron como rehén. El centurión al mando, se encaprichó de ella, Chiomara le rechazó, y él, la violó.
Quizás arrepentido y avergonzado tras cometer tan bárbara felonía, quizás movido por una insaciable avaricia, ofreció a la princesa la posibilidad de pedir un rescate y recuperar así su libertad. Los gálatas cruzaron el río que separaba los dos campamentos cargados con el oro,y mientras el ruín centurión contaba el oro, con un leve movimiento de cabeza, Chiomara ordenó a sus hombres que decapitasen al suboficial romano.
Chiomara se llevó la cabeza envuelta en su vestido, regresó junto a su marido, y arrojando la sanguinolenta cabeza a los pies exclamö; "justo es que sólo uno de los hombres que me ha gozado conserve la vida"
"Cuando los romanos, al mando de Manlio, derrotaron a los gálatas, cayó en su poder, entre otras mujeres, Chiomara, esposa de Ortiagón. El centurión a quien correspondió en el reparto, hombre avaro y libertino, abusó de ella indignamente, pero vencible después la avaricia y aceptó gran cantidad de dinero por dejarla en libertad llevándola él mismo a orillas de un río que separaba el campamento romano del de los contrarios. Los gálatas que traían el precio del rescate cruzaron el río y contaron el dinero al centurión, quien les entregó a Chiomara; pero en el instante en que se despedía de ella abrazándola, hizo Chiomara señas a uno de aquellos para que le diese muerte. Comprendió el gálata la indicación, y cortó la cabeza al romano. Cogióla Chiomara, le envolvió en su vestido, y al llegar junto a su marido la arrojó a sus pies ensangrentada. Admirado éste, le dijo "Bello es, esposa mía, conservar la fe" - Sí, replicó ella; pero es más bello no dejar con vida más que a uno de los hombres que me han gozado". Manifiesta Polibio que diferentes veces conversó con esta mujer en Sardes, admirando su grandeza de alma y su prudencia".
Polibio XXI, 38 (Recogido por Plutarco; Mulierum Virtutes).
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