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domingo, 2 de abril de 2017

ROGER DE MOULINS.



Roger de Moulins fue Gran Maestre de los Caballeros Hospitalarios en los primeros tiempos de la orden. Durante su maestrazgo la orden consiguió establecerse en Alemania, Francia e Inglaterra.



Después de su periplo por Europa regresó a Tierra Santa y allí se implicó totalmente en la política del Reino de Jerusalén. En ese sentido se enfrentó tanto a Reinaldo de Chatillón como a Guido de Lusignan. Murió en batalla combatiendo al sultán Saladino.  

domingo, 10 de abril de 2016

BATALLA DE MONTGISARD.



En el otoño del año 1177 las tropas cristianas del reino de Jerusalén, con su rey Balduino IV el Leproso consiguieron contra todo pronóstico derrotar al sultán Saladino en la batalla de Montgisard. La santísima Vera Cruz en manos del obispo de Belén encabezaba el ejército hierosolimitano, con más de trescientos caballeros, ochenta de ellos de la orden del temple, entre los que se contaban Eudes de Saint Amand, Reinaldo de Chatillón y Jocelín III de Courtenay.



Balduino IV fue capaz de atrapar al ejército de Saladino totalmente desprevenido, pues se habían diseminado por un territorio demasiado vasto, incapacitándolo para presentar batalla con un frente compacto. Gracias a esta victoria el reino de Jerusalén pudo retrasar su caída y alargar la agonía diez años.  

viernes, 25 de marzo de 2016

INÉS DE CHATILLÓN



Inés nació en Tierra Santa, pues era hija del combativo Reinaldo de Chatillón y Constanza de Antioquía, y pasó gran parte de su juventud en la corte de Manuel I Comneno (su hermana María de Antioquía era esposa del emperador), donde abrazó la fe ortodoxa. Paseando por la opulenta capital de Bizancio, Inés conoció a un príncipe húngaro llamado Bela, con el que terminaría casándose.


En 1172 murió Esteban III, e Inés acompañó a su esposo a Hungría para coronarse como rey como Bela III. Inés de Chatillón además de reina consorte fue madre de dos reyes húngaros, Emerico y Andrés II (una persona muy vinculada a Jerusalén). La muerte sorprendió a Inés demasiado pronto, apenas contaba treinta años cuando falleció, y fue enterrada en el desaparecido panteón real de Szekesfehervar. En el siglo XIX los arqueólogos localizaron sus restos y fueron inhumados de nuevo en la iglesia de Matias en Budapest.  

lunes, 8 de febrero de 2016

BALDUINO IV, EL REY LEPROSO.



Los avatares históricos crean personajes más o menos creíbles, la literatura, y desde hace cien años también el cine, los populariza y los lanza al estrellato. El rey leproso de Jerusalén es uno de esos hombres. Balduino IV vivió un tiempo inestable, gobernó un reino fuera de lugar, un enclave sin sentido, un estado artificial (y por momentos absurdo), una isla católica en medio de un cercano oriente medieval que se debatía entre Bizancio y el Islam, una monarquía postiza que intentaba demostrar (sin conseguirlo) una pretendida superioridad del cristianismo occidental.


Balduino era el hijo de Amalarico I y su tutor (y maestro), el historiador Guillermo de Tiro, fue el primero en apreciar los síntomas de la lepra, durante la niñez de su pupilo. Cuando en 1174 muere su padre, Balduino solo tiene trece años, y por tanto queda sometido a la autoridad de Raimundo III de Trípoli y de Miles de Plaucy. En julio de 1176, convertido, a pesar de su enfermedad, en un enérgico quinceañero, propinó una patada en el culo a los regentes, y tomó para sí todo el poder.


Nadie en la corte esperaba que Balduino, afectado por la lepra viviese mucho tiempo, ni que fuese capaz de engrendrar ningún vástago. Las traiciones e intrigas se sucedían día a día, con la única intención de ejercer la influencia sobre los posibles herederos del reino, entre los que se contaba a su hermana Sibila. Ridley Scott, especializado en grandes produciones épicas, en el Reino de los Cielos, recrea el ambiente convulso y mezquino que se respiraba en Jerusalén, con continuos enfrentamientos entre las diferentes facciones, y donde únicamente Balduino es capaz de elevarse por encima de tanta podredumbre como ejemplo veraz de humildad, piedad y honestidad caballeresca. Virtudes que el resto de caballeros dejaron olvidada en sus reinos, condados y ducados de Occidente.


Apoyándose en Reinaldo de Chatillón, Balduino se enfrentó abiertamente al sultán Saladino que tenían entre sus objetivos apoderarse de Jerusalén. Enterado de que el ayubí se dirigía a la Ciudad Santa, el rey Leproso le salió al encuentro al frente de 350 caballeros, entre los que se contaban 80 templarios y unos 4000 infantes.


Antes de la batalla, Balduino se arrodilló y ante un trozo de la Vera Cruz, rogó a Dios, pidiéndole la victoria. Ese día, en Montgisard, el triunfo fue completo.


Para contrarrestar el poder y la ambición de Raimundo III, Balduino casó a su hermana Sibila con Guy de Lusiganan. Mas la ineptitud de su cuñado obligó a Balduino, prácticamente ciego con veinte años y la salud muy mermada, confiar la regencia a Raimundo.


Balduino IV ocultaba su decrepitud tras unas máscara de metal, vivió más de lo esperado y murió con honor. Le suceció su sobrino Balduino V (hijo del primer matrimonio de Sibila). Balduino demostró con su fortaleza mental y espiritual pudieron más que su debilidad física, pues a pesar de su dolorosa enfermedad reinó con la determinación de David y la sabiduria de Salomón.


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