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domingo, 24 de mayo de 2015

PALAIS DES PAPES. EL PALACIO DE LOS PAPAS DE AVIGNON.



Un palacio que nada tiene que envidiar a ningún castillo. Sus altas murallas y recios torreones hacían de ésta, una plaza inexpugnable. Aunque el "pobre" Papa Luna  , no pudo resistir y tuvo que huir de aquí.



He leído en algún sitio que es la edificación medieval más grande de Europa. No sé si es cierta tal afirmación, pero sus dimensiones son colosales.



Como escribió Jean Froissart, "la más bella y fuerte casa del mundo". La residencia pontificia es a la vez una palacio urbano y una fortaleza cuya arquitectura expresa ante todo el poder, casi omnímodo, de la Iglesia. Ofrece, como fortaleza, los elementos característicos de la defensa, como torres, gruesas murallas, adarve, almenas y castilletes donde se sitúan los centinelas.


Por otro lado existen numerosos elementos que revelan el afán de los papas de Avignon para dar forma a un palacio cómodo, agradable y suntuoso, sin menoscabo del aspecto y la capacidad defensiva. En edificios como este, los papas se adelantaron cien años, a los príncipes del Renacimientos.


Clemente V, que había sido Arzobispo de Burdeos, con el apoyo del rey de Francia, Felipe el Hermoso, decidió trasladar a Avignon la sede pontificia, iniciando un periodo de ruptura religiosa en Occidente.


La construcción del Palacio de los Papas constituye la obra más vasta del Occidente Cristiano durante el siglo XIV. La parte esencia fue levantada en menos de dos décadas, entre 1335 y 1352, bajo los pontificados de Benedicto XII y Clemente VII.


La obra representó la cuarta parte de los gastos anuales del tesoro pontificio y precisó del trabajo de 850 trabajadores mensuales que eran contratados con sus propias herramientas. La piedra caliza procedía de canteras locales y el hierro, menos visible, fue el otro material más empleado. Se utilizaron docenas de toneladas y se embutieron en las mamposterías siguiendo la técnica de la piedra armada, raramente empleada en la época.


Benedicto XIII, conocido como Papa Luna, estuvo a la cabeza de una Iglesia dividida, y a pesar de ser depuesto en dos ocasiones, se empeñó en seguir portando la tiara. Encerrado entre estos muros fue capaz de resistir dos asedios, hasta que en marzo de 1403 logra huir de la ciudad francesa, y tras un periplo de itinerante, encontró refugio junto al mar, en el Castillo de Peñíscola.


Estatuaria conservada en una de las salas del complejo palaciego.


Los constructores del Palacio de los Papas; Juan XXII, Benedicto XII y Clemente VI.


En este rellano, el Papa, tras celebrar la misa en la Capilla Mayor, recibía la Tiara de su Coronación.


A través de la Ventana de la Indulgencia, situada frente a la Capilla Mayor, el Papa era presentado a sus feligreses, que se concentraban en el Patio del Honor.


La Catedral de la ciudad se encuentra situada a escasos metros de la residencia fortaleza pontificia.


Maqueta del conjunto palaciego medieval.



El Conjunto Pontificio sobresale del resto del entramado urbano y le otorga sobriedad y belleza, además de articular la vida, a la ciudad de Avignon.


miércoles, 14 de enero de 2015

AVIGNON, CIUDAD DE LOS PAPAS.



Avignon, en la Provenza, a orillas del Ródano, se convirtió en sede del Papado a partir del año 1309, después de que Clemente V se instalase en la ciudad, con la aquiscencia del rey de Francia Felipe IV "el Hermoso", tras salir de una ciudad de Roma que se había vuelto en su contra.

La ciudad de Avignon pertenecía a Carlos II de Anjou, rey de Nápoles y Sicilia, y además vasallo del Papa, de tal manera que le brindó su apoyo. Además estaba cerca del Condado de Venaissin, una posesión eclesiástica. A ello hay que sumar el hecho de la posición central de Avignon con respecto a la Europa Cristiana.

Durante el periodo conocido como Papado de Avignon, siete pontífices máximos, Juan XXII, Benedicto XII, Clemente VI, Inocencio VI, Urbano V, Gregorio XI y el citado Clemente V residieron en la ciudad Avignon. Una vez resuelto este conflicto y el papado regreso a Roma, surgió una nueva ruptura, el Cisma de Occidente, durante el cual coexistieron dos, y hasta tres papas al mismo tiempo. También durante este Cisma Avignon jugó un papel de primer orden, pues dos antipapas, Clemente VII y Benedicto XIII, continuaron reclamando, desde esta tranquila ciudad, la supremacía absoluta sobre la Iglesia Católica.


Coincidiendo con la época del pontificado, vivió Avignon su época de mayor esplendor y desarrollo, construyendose una auténtica fortaleza alrededor del Palacio Residencia de los papas. En época del papa Bonifacio VII en 1303 (aún no era sede pontificia) se fundó la Universidad de Avignon, que tuvo gran reputación en el estudio de leyes, hasta época de la Revolución Francesa.


El último de estos papas, Benedicto XIII, conocido como Papa Luna, tuvó que huir de Francia y refugiarse en la Corona de Aragón, pasándo los últimos años de su vida, y de un pontíficado que él consideraba legítimo, en el castillo de Peñíscola.  


Una ciudad vitalista en cada una de sus esquinas, recordándome esos días, no festivos, del Carnaval de Cádiz. Cádiz y Avignon, unidas por el arte callejero.

jueves, 2 de octubre de 2014

EL REY DE FRANCIA, EL PAPADO DE AVIGNON Y EL OCASO DEL TEMPLE.



O lo que es lo mismo, Felipe IV de Francia "el Hermoso", Clemente V y Jacques de Molay. En 13090, en un contexto de disputas entre el Papado y poderosas facciones de la ciudad de Roma, Clemente V, anterior obispo de Burdeos, y aliado (tal vez amigo) del rey de Francia, decide trasladar la Corte Pontificia a la ciudad de Avignon. Durante años el Papado estuvo a merced de los intereses del rey de Francia. Felipe no tardó en asaltar las propiedades (y riquezas) que el Temple poseía en su reino, en una maniobra más de la ambiciosa estrategia seguida para consolidar un poderoso estado. Pero para acabar con el Temple necesitaba el apoyo papal, puesto que la Orden únicamente debía responder ante el sucesor de San Pedro. Por este motivo Felipe presionó a Clemente V, que no tuvo más remedio que decretar la disolución de los Caballeros Templarios en 1312. Según Alain Demurger, "el Temple fue la apuesta, el chivo expiatorio, en la partida que se jugaba entre el poder espiritual (el Papa) y los poderes temporales (las monarquías administrativas y territoriales)". Lo que no intuían ni el Santo Padre, ni el Monarca, que el final del Temple iba a convertirse en el suyo propio. Cuenta una leyenda, que cuando las llamas inquisitoriales comenzaban a devorar la carne de Jacques de Molay, el último Gran Maestre del Temple, con las pocas fuerzas que le quedaban convocó al Rey y al Papa, a comparecer, en el plazo máximo de un año, ante el Juicio de Dios. Molay murió el 18 de marzo de 1314. Clemente V el 20 de abril de 1314. Felipe IV el 29 de noviembre de ese mismo año. ¿Casualidad?.
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