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jueves, 14 de diciembre de 2017

MATHIEU DE MONTMORENCY.



Condestable de Francia y uno de los guerreros más reputados de su tiempo. Participó en numerosas batallas durante la primera mitad del siglo XIII, incluyendo la conquista de Normandía y la cruzada cátara. En 1214 tuvo una destacada actuación en la batalla de Bouvines en el ejército de Felipe Augusto. Ese día las tropas francesas derrotaron a una coalición formada por el Sacro Imperio, huestes inglesas de Juan Sin Tierra, y los condados de Holanda y de Flandes. Según la leyenda, al final de la batalla, capturó doce estandartes imperiales.  

domingo, 6 de noviembre de 2016

LA RIVALIDAD ENTRE FELIPE II Y RICARDO I.



Felipe II Augusto y Ricardo I Corazón de León, reyes respectivos de Francia e Inglaterra, compañeros mal avenidos en la cruzada y rivales políticos irreconciliables. Pudieron haber sido hermanastros, pues el padre de Felipe era el exmarido de la madre de Ricardo. Felipe no partió de Francia hasta haber comprobado que Ricardo ya iba en camino. El monarca inglés nunca avanzó tan rápido que no pudiese vigilar en la distancia la expedición del francés. En la soleada isla de Sicilia, dónde tuvieron que convivir varios meses, Ricardo rechazó a la hermana de Felipe y decide casarse con Berenguela de Navarra. Juntos, pero no revueltos, participaron de la Tercera Cruzada, aunque Felipe abandonó Tierra Santa, mientras que Ricardo continuó guerreando. Cuando de vuelta a casa Ricardo fue secuestrado, Felipe se lanzó a conquistar las posesiones angevinas en Normandía. Tras la liberación del Plantagenet el conflicto abierto era inevitable, ambos pusieron en liza lo mejor de sus ejércitos, hasta que un día una flecha acabó con la vida de Corazón de León.  

jueves, 16 de junio de 2016

JEAN DE BRIENNE, REY SIN TRONO DE JERUSALÉN.



Jean de Brienne, hijo menor de un acaudalado señor feudal de la Champaña, fue regente del Reino de Jerusalén y coemperador del Imperio Latino de Constantinopla. Aunque parecía destinado a la carrera eclesiástica acabó convertido en caballero, sin mucha fortuna eso sí, hasta que trabó cierta amistad con el rey Felipe II Augusto. Juglares y escritores de la época incluyen a Jean de Brienne entre los cruzados que tomaron Constantinopla en la Cuarta Cruzada y entre los caballeros que asaltaron la ciudad cátara de Beziers en el transcurso de la más vergonzosa de las cruzadas habidas en suelo europeo. Ambas posibilidades son bastante remotas.

Con el apoyo de Felipe II y del papa Inocencia III, y el consentimiento (imprescindible) de los barones, Jean contrajo matrimonio con María de Montferrato, hija del difunto Conrado Montferrato, y por consiguiente reina legítima del estado cruzado de Jerusalén. Poco después María murió y Jean se convirtió en regente en nombre de su hija Yolanda.

Como el hombre no puede vivir solo, Jean contrajo matrimonio con una princesa armenia y casó a su hija (con la mediación del maestre de la Orden de los Caballeros Teutónicos Herman Von Salza) con Federico II Hohenstaufen. En cuanto tuvo ocasión el ambicioso emperador sacro relegó a Jean del poder.

Otra vez viudo Jean inició un periplo por tierras de Occidente, intentando recabar acá y allá, apoyos para organizar un nueva cruzada (la quinta sería) recorriendo Francia, Italia, León y Castilla. De paso aprovechó la ocasión para peregrinar a Santiago de Compostela y postrarse ante la tumba del apostol. Entre la peregrinación y la cruzada Jean intentaba labrarse un futuro junto al Altísimo. Durante su presencia en la Península Ibérica contajo matrimonio (en maravillosa ciudad de Toledo) con la infanta Berenguela, hija de Alfonso IX de León y Berenguela de Castilla. Precisamente la reina consorte de León, descendiente de Leonor de Aquitania, puso todo su interés en que se celebrase este enlace.

Durante la quinta cruzada eclipsó al ferviente rey católico Andrés II de Hungría, llamdo a brillar con luz propia en la expedición, y dirigió con acierto el asalto (y conquista) del estratégico puerto de Damieta situado en una de las bocas del río Nilo. Sin embargo, los ejércitos cruzados acabaron estrellándose contra El Cairo.

Arrastrado por los follones políticos-diplomáticos del momento, Jean fue invitado a Constantinopla para ser mentor, protector y regente del joven Balduino II en al frente del Imperio Latino. Un veterano Jean de Brienne defendió, como hubiese hecho cualquier monarca legítimo, el estado latino, repeliendo los feroces ataques de los búlgaros de Ivan Asen II y de los vecinos griegos de Nicea.


Según algunas fuentes, anciano y con la salud mermada, se convirtió en fraile franciscano, no mucho antes de morir. En cuanto al lugar donde se encuentra su tumba, tampoco existe consenso.  
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