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domingo, 20 de enero de 2019
LOS REYES DE LA BARAJA: FAMILIA DE FERNANDO EL CATÓLICO.
domingo, 25 de diciembre de 2016
miércoles, 10 de junio de 2015
LEONOR I DE NAVARRA, LA REINA EFÍMERA.
Los últimos años del siglo XV y las primeras décadas de la
siguiente centuria son, a buen seguro, lo más convulsos y
trascendentales de toda la historia de Navarra. En 1479 murió Juan
II de Aragón. Su hijo Fernando heredó Aragón y su hija Leonor,
Navarra.
Leonor de Foix era la hija menor de Juan y de su primera esposa,
Blanca de Navarra. El calcularo Juan la nombró heredera a cambio del
apoyo de su marido, Gastón IV conde de Foix, en las incómodas
revueltas catalanas. Pero Leonor, ojito derecho de su padre, tuvo que
heredar de él buena parte de su carga genética, ya que también
puso su granito de arena para allanarse el camino hasta el trono, en
forma de veneno que utilizó para quitarse de enmedio a su hermana
mayor, Blanca, que la antecedía en la línea sucesoria.
Cuando llegó al trono Leonor ya era viuda, había perdido a su hijo
Gastón, que sin embargo, le había dejado un heredero joven y
hermoso en la figura de su nieto Francisco el Febo. No obstante, el
reinado de Leonor fue como un suspiro, coronada en Tudela en enero de
1479, falleció dos semanas después. Su reinado no llegó a ver la
primavera.
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martes, 9 de junio de 2015
CARLOS, EL PRÍNCIPE DE VIANA.
Carlos, Príncipe de Viana, hijo de Blanca de Navarra y de Juan de
Aragón, el testamento de su madre le dejó con el culo al aire y
enfrentado a su padre. Blanca era reina legítima de Navarra, Juan
simplemente el consorte, y Carlos el heredero. Pero Blanca, antes de
morir quiso embrollar un poco la cosa, y dejó escrito que Carlos no
tomase la corona sin el consentimiento de su padre. Y claro, ellos,
tan machos y masculinos, arreglaron las cosas de la única manera que
saben hacerlo los hombres, a tortas. Una enemistad que alcanzó odio
visceral cuando Juan contrajo nuevas nupcias con Juana Enríquez. Por
tanto, el pequeño reino navarro se vio enfrascado en una guerra
civil, con el clan de los beaumonteses y el condestable castellano
Álvaro de Luna apoyando al hijo, y los agramonteses al padre. Además
de por ser hijo desobediente que nunca quiso doblegarse ante su
ambicioso padre, y conformarse simplemente con ser lugarteniente del
reino, Carlos de Viana, que había recibido esmerada educación en la
corte de Olite, en la que puso especial interés su abuelo Carlos
III, destacó como mecenas y promotor de las artes. Vamos un
auténtico príncipe del Renacimiento. Pero se topó con un mal
rival. El ejército de Carlos cayó derrotado en la batalla de Aibar
en 1451 y a partir de ahí no pararon las desgracias. Fue prisionero
de su padre durante dos años, y más tarde desheredado. Viajó a
Nápoles a pedir ayuda a su tío Alfonso V, y casi no lo ve con vida.
Intentó arreglar un matrimonio con la infanta de Castilla Isabel
(futura reina Católica) pero Juan II tenía un candidato mejor, el
hermanastro de Carlos, Fernando (que acabaría llevándose a Isabel
al huerto). La estrella de Carlos se iba apagando irremediablemente,
pero aún así decidió jugar una última carta. En 1461, en medio
del descontento y los disturbios que asolaban Barcelona por el
enfrentamiento entre la biga y la busca, Carlos se
personó en la ciudad condal, y los catalanes sublevados contra el
rey Juan, lo convirtieron en el estandarte de su lucha. Mas el
destino no tenía prevista la gloria para el Príncipa de Viana, y en
septiembre de ese mismo año murió de tuberculosis en el Palacio
Real de Barcelona. Nunca faltaron las sospechas de que su muerte fue
debida al veneno. Ni de que su madrastra Juana Enríquez estaba
detrás de la maniobra.
jueves, 4 de junio de 2015
BLANCA I DE NAVARRA
Onecca Fortúnez, Toda,
Urraca, Juana I, Navarra ha sido cuna de grandes mujeres, y por ende
de grandes reinas, y Blanca I no desmerece en absoluto de esta
tradición, aunque es cierto, que su actuación en lo relativo a su
testamento vital, es cuanto menos, cuestionable y origen de una
controvertido debate.
Segunda hija de Carlos
III el Noble, uno de los monarcas más queridos en la historia de
Navarra, y de Leonor de Trastámara, Blanca se convirtió pronto en
una pieza más del engranaje que hacen funcionar la entrevesada
política matrimonial de la época. Su padre la prometió a Martín
el Joven, heredero de Aragón (su padre era Martín I el Humano) y
rey de Sicilia. La joven infanta se oponía al enlace, y para quebrar
su voluntad, el rey Carlos consideró recluirla en un solitario
castillo en medio de las inhóspitas Bárdenas Reales. Aislada del
mundo, Blanca cambió de idea y accedió al matromonio. Se mudó a
Sicilia, y cambió las frías tierras navarras por las soleadas
playas del mar Mediterráneo.
De entrada, la princesa
navarra, no contó con el apoyo en la corte, algo muy lógico si
pensamos que venía a sustituir a la reina legítima, y apenas tenía
influencia en los asuntos relevantes, pero Blanca era obstinada y
consciente de su posición, y en ocasión de una prolongada ausencia
de su esposo, no tuvo inconveniente en ejercer la regencia con la
prestanza y la fortaleza necesarias.
Tres muertes, más o
menos sucesivas, iban a marcar la vida de Blanca. Primero muere su
esposo (que no llegó a convertirse en rey de Aragón) aunque ella
seguirá siendo regente de Sicilia, apadrinada por su suegro. Pero su
suegro no tardaría en morir, dejando además un vacío de poder en
la Corona de Aragón y convocados los compromisarios en Caspe deciden
coronar a Fernado de Antequera, que no tardará en lanzarse a dominar
el Reino de Sicilia. Finalmente fallece su hermana mayor, Juana, la
que deja a Blanca como legítima heredera del Reino de Navarra. Su
padre no tardó en reclamarla a su lado, y en 1415 tras más de una
década morando en Sicilia, abandonará la isla para no regresar
jamás.
Las Cortes de Olite la
confirman como legítima heredera y poco después se anuncia su boda
con el infante de Aragón, futuro Juan II, celebrándose la boda en
Pamplona, como manda la tradición, en la iglesia de la novia.
Blanca era una
apetecible viuda madurita de 35 años y Juan un apuesto y fogoso
joven de 22 años, y a pesar de la evidente diferencia de edad,
parece ser que se impuso el fuerte carácter del aragonés. Una vez
oficializado el enlace, Blanca y Juan se metieron en la cama y su
pusieron manos a la obra, había que engendrar un heredero. Unos
meses después nacía Carlos, para el que su abuelo materno creo un
nuevo título, Príncipe de Viana.
La historia se refiere a
Blanca como residente habitual del maravilloso palacio de Olite,
poseedora de una religiosidad exaltada, rozando el misticismo, y con
fuertes tendencias hacia las peregrinaciones piadosas y la entrega y
ayuda a los más necesitados.
En septiembre del año
1425 moría en Olite, sede de la Corte, Carlos III y doña Blanca se
convertía en Reina de Navarra, pero debido a las injerencias e
intereses de Juan en Castilla, la coronación se pospuso hasta el
domingo de Pentecostés de 1429, ceremonia celebrada en la Catedral
de Pamplona, cuya nave central está presidida por los inmaculados
sepulcros de los padres de Blanca.
La actuación de Blanca
I de Navarra ha generado debates y controversias sin solución. Para
la historiografía tradicional, su fragilidad de carácter, el
desinterés por los asuntos políticos, y el actuar cegada por el
amor, dejaron las riendas de Navarra en manos de su ambicioso esposo,
que incluso llegó a perder territorios en favor de Castilla, como
inevitable consecuencia de la intromisión de Juan en los asuntos
meseteños.
Sin embargo, si tratamos
de olvidar tópicos y desterrar clichés, y realizamos un análisis
mása profundo del contexto (yo y mis circunstancias), es posible
encontrar sustento a otras explicaciones e hipótesis, que quizás,
solo quizás, se acerquen un poco más a la verdad. Blanca recibirá
un reino amarrado irremediablemente a una serie de compromisos
ineludibles, de tal forma que Castilla, Aragón y Navarra,
funcionarían como un todo, una madeja donde quedan enredados los
destinos de los tres reinos. Lo que ocurra en algunas de sus partes,
acabará influeyendo, de una u otra forma, y con más o menos
intensidad, en el resto. Todo este entramado había sido dibujado por
su padre mucho tiempo atrás, y gracias a esta actuación, pudo
enderezar el rumbo de un reino que zozobraba en manos de su abuelo
Carlos II.
La ciencia histórica, a
la que tanto cuesta dejar atrás la tradición, ha presentado a la
reina Blanca como némesis de Juan II, por otra parte, una de las
personalidades más arrolladoras del siglo XV occidental. Un carácter
que heredará su hijo Fernado el Católico. De cualquier modo, Blanca
era la reina propietaria y legítima, y Juan únicamente el consorte,
por tanto, siempre va a necesitar de una cobertura legal. Sin perder
de vista tampoco, el bagaje político que fue ganando la reina
durante su estancia en la corte siciliana, donde nunca lo tuvo fácil,
y tuvo que superar toda una serie de circunstancias adversas. Por
tanto, y para alcanzar a comprender la realidad política del Reino
de Navarra en estos momentos es necesario desestimar el tópico de un
rey Juan haciendo lo que le salía de las pelotas, sus actuaciones
debían estar rubricadas por la firma de Blanca.
Posiblemente el mayor de
los debates gira en torno al testamento de la reina, un testamento
que originó una guerra civil entre su hijo Carlos, y su viudo, Juan
II. La peor decisión que puede tomar una madre es lanzar a su hijo
contra su propio padre, como hizo Gea con Urano y Cronos. Según las
capitulaciones matrimoniales su hijo Carlos, debía heredar el Reino
a la muerte de Blanca Sin embargo, y aquí está el quid de la
cuestión, la reina pedía a su hijo que no tomara la Corona de
Aragón sin el consentimiento de su padre, una decisión que
convertía en la práctica, a Juan II en lugarteniente de Navarra.
¿Fue el amor por su
marido lo que impulsó a Blanca a tomar esta determinación? o ¿por
el contrario una avispada madre intuyó el peligro que suponía
cercenar el poder de Juan II?. No podemos perder de vista que Carlos
era también heredero en Aragón, y alejar a Juan del trono navarro,
significaba debilitar la posición de Aragón frente a Francia y
Castilla. ¿Fue Blanca una pitonisa que veía inevitable la fusión
de las tres coronas?. Nunca lo sabremos.
En 1441, un día después
se celebrar la boda de su hija, también llamada Blanca, con el
heredero castellano, futuro Enrique IV, la Reina fallecía mientras
participaba en una romería en honor de la Virgen de Soterraña,
recibiendo cristiana sepultura en Santa María de Nieva. Del mismo
modo que su primogénito Carlos nunca se convirtió en rey de
Navarra, su hija Blanca tampoco llegó a ser reina en Castilla, pues
su esposo la repudió una año antes de ser proclamado rey.
domingo, 31 de mayo de 2015
RECINTO AMURALLADO DE RADA.
Resulta extremadamente
complicado hacer desaparecer una ciudad de la faz de la tierra. El
fuego y la artillería pueden barrer parapetos e incendiar
techumbres, espadas y fusiles abonan la tierra con los cuerpos de sus
habitantes, los cronistas e historiadores borran sus nombres de los
libros y los registros; pero las piedras siguen en pie. Algo así
debió ocurrir con Rada, fue arrasada, pero sus ruinas siguen ahí,
recitando una letanía que el viento arrastra, cruzando impertérrita
los campos y páramos de la Ribera navarra.
Sobre un aislado y
solitario cerro, a 341 metros de altura, Rada, una villa de 12.500
metros cuadrados, desempeñó un destacado papel estratégico en el
entramado defensivo meridional del Reino Medieval de Navarra. Desde
el lugar donde se levantaba el torreón se domina una extensa
llanura, inabarcable de una sola mirada, y es posible divisar
numerosos enclaves: Caparroso, Olite, Ujué, Tafalla, Santacara y las
Bárdenas Reales.
Situados ya en época
plenamente cristiana, en una fecha próxima al siglo XI, existe
registro documental de una atalaya defensiva, frente a la sempiterna
amenaza musulmana. Llegado el siglo XIII el problema ya no era el
Islam, sino dos molestos (y ambiciosos) vecinos, Castilla y Aragón.
Y en estas circunstancias Rada fue consolidando su ventajosa
posición.
Poco a poco, sin
estridencias ni precipitaciones impropias de la evolución histórica,
un destacado núcleo de población se fue desarrollando en el
interior del recinto delimitado por murallas, aunque también
existían viviendas diseminadas por el cerro. Una modesta comunidad
que ocupaba más de setenta viviendas, se organizaban alrededor de
una pequeña iglesia románica del siglo XI, y un cementerio de
reducidas dimensiones.
Rada era un señorío
laico, cuya autoridad era ejercida por un señor, primeramente del
linaje de los Rada y después los Mauleón. En los complicados
equilibrios de poder, el monarca, siempre receloso de los nobles,
debía intentar por todos los medios, asegurarse su lealtad.
En los años finales del
siglo XIII, villa y castillo fueron incorporados por la corona, en
virtud de una acuerdo alcanzado con Enrique I. En 1307 el rey Luis
Hutin cedio el castillo y la villa a Ojer de Mauleón (a cambio del
castillo de Mauleón) permaneciendo Rada unida a este linaje hasta su
trágico final.
El rey debía velar, en
última instancia, por la defensa de su reino, aunque fuese de manera
indirecta. A lo largo del siglo XIV el pequeño castillo sufrió tal
deterioro, que en 1364 Carlos II, tuvo que destinar una importante
partida económica para su reparación y puesta a punto.
Durante el siglo XV,
Navarra vivió convulsionada por las tensas relaciones con la Corona
de Castilla, y sobretodo por el estallido de una guerra civil a la
muerte de la Reina Blanca. El motivo, la cuestión sucesoria. Los
beaumonteses apoyaban a Carlos, Príncipe de Viana, como candidato al
trono, mientras que los agramonteses, eran partidarios de su padre,
Juan II.
Rada decidió apoyar al
bando perdedor. En 1455 por orden de Juan II, el caudillo agramontés,
Mosén Martín de Peralta puso cerco, asedió, conquistó y arrasó
la ciudad, no dejando piedra sobre piedra, y entregándola al fuego y
al saqueo. Solo se salvó la iglesia de San Nicolás. El viento, las
lluvias y las tormentas hicieron el resto.
En 1462, Carlos murió
de tuberculosis (o envenenado) y el rey Juan ablandó su corazón y
decidió mostrarse magnánimo, perdonando a sus partidarios. Eso sí,
no pudo resucitar a los que habían muerto. Concedió licencia a los
habitantes de Rada para que pudiesen recuperar sus heredades. Fue un
intento infructuoso, Rada agonizaba y se había abandonado a una
muerte segura. La reconstrucción del poblado se hizo imposible,
continuamente frenada por la propia corona, legando a la posteridad
un enclave para la fantasía y la pesadilla.
En 1492, un año de gran
relevancia para la España Invertebrada, Tristán de Mauleón, señor
de Rada en el momento, vendió el desolado, que permaneció olvidado
y descarnado en manos privadas, que nunca tuvieron claro que hacer
con él. Quizás los fantasmas del pasado impidieron cualquier
actuación. En 1981, cuando soplaban vientos de cambio en España -
cuarenta años más tarde que en Europa Occidental - fue donado al
gobierno de Navarra, que proyectó su recuperación y puesta en
valor, comenzando las campañas de excavación en 1984.
En el lado oriental del
recinto se ubica la única puerta identificada, de la que se
conservan cuatro sillares perfectamente tallados. En el exterior es
posible distinguir tres escalones que comunicarían el camino de
acceso a Rada con la puerta de entrada que conduce a la calle de la
Ermita.
Muy posiblemente habría
otra puerta en el lado norte, coincidiendo con el acceso actual al
yacimiento, que comunicaría el exterior directamente con la
principal vía del poblado.
Todas las ciudades, de
cualquier época, tienen una vía principal, en Rada se conoce como
la Calle de la Ermita, y pudo actuar como eje vertebrador de la
actividad de la población, pues cruza el asentamiento
longitudinalmente y además tiene intersecciones con el resto de
calles.
Cuatro calles estrechas
(2 -3 metros) estructuran el área de habitabilidad en el interior
del recinto, y en torno a ellas se van distribuyendo los edificios
del poblado, que serían bastante humildes. Eran casas de dos
plantas, de piedra, con los suelos de tierra batida mezclada con cal
y cubiertas de madera, ramas y tejas.
La iglesia, más bien de
ermita, de San Nicolás, es un coqueto edificio románico del siglo
XI con espadaña, construido con gruesos sillares. Posee dos entradas, que
permiten penetrar a un interior sobriamente decorado, en el que se
distingue una planta rectangular de una nave de tres tramos que
culmina en ábside semicircular.
Los poderes comparten
espacio, para vigilarse muy de cerca, de tal forma que la Casa del
Tenente, se ubica junto a la Iglesia. Es un auténtico complejo
constructivo formado por seis habitaciones, cinco de los cuales están
comunicadas entre sí. Se trata de una construcción diferente al
resto, con unos 270 metros de superficie y con un único acceso a la
Calle de la Ermita.
Su situación
estratégica, entre la iglesia y la entrada oriental, en la esquina
donde convergen las dos calles más importantes, y la protección
que le prestan la iglesia, las murallas y un tramo del edificio,
hacen suponer que se trata de la casa del Tenente o Gobernador,
representante del rey en esta zona.
Justo en la esquina, una
estancia independiente de las demás, con acceso propio, que ha sido
interpretada como un puesto de guarida, desde el que era posible
controlar ambas calles, e incluso yendo un poco más allá, la
entrada misma al cerco.
Junto a la iglesia, en
el lado sur, se sitúa la necrópolis, la ciudad de los muertos.
Recuerdo de una época en que no era necesario sacar a los muertos de
la ciudad de los vivos. Durante las excavaciones arqueológicas se
han exhumado unos ochenta individuos, entre niños, jóvenes y
adultos.
La mayoría de estos
enterramientos no presentan ajuar, salvo alguna anilla, un puñal y
una hebilla de cinturón. Por otro lado existe una gran variedad
tipológica de enterramientos, individuales que conservan posición
anatómica, otros a los que se han añadido restos de otros
individuos, enterramientos dobles, fosas utilizadas como osarios.
Brilla el sol, pero hace
frío mientras paseamos por las derruidas calles de Rada y
encontramos las ruinas de una vivienda de dos pisos y planta
rectangular, reconstruida con muros de mampostería en la parte
inferior. La puerta de entrada se abre a la Calle de la Ermita, y el
suelo de la vivienda estaba formado por roca caliza cubierta por una
capa de tierra batida.
En el interior se ha
localizado el resto de un hogar y de una columna central que
sustentaba el segundo piso, la que se accedía por una escalera de
obra. El segundo piso se construía con madera y solía ser el
dormitorio familiar.
En la zona oeste del
poblado nos encontramos con un abigarrado grupo de viviendas que se
abren a la calle, formando una línea quebrada.
Imprescindible para el
abastecimiento de agua de los habitantes del poblado, el aljibe es
una enorme cisterna donde se almacena el grupo de lluvia. El aljibe
de Rada, excavado en la roca, y con una profundidad de 3'5 metros,
tiene una capacidad de cien metros cúbicos. La parte superior está
construida con hileras de sillares y este depósito debía ser
comunal y se destinaba al consumo y suministro de toda la población
y de los animales. Era la única forma de proveer de agua al poblado.
El donjón o torreón es
el más destacado de los paramentos defensivos de Rada. Presenta
planta circular y conserva tres metros y medio de altura, aunque se
calcula que bien pudo alcanzar los quince metros. Un foso rodea uno
de los flancos acentuando su carácter defensivo y aislándola del
resto de la fortificación.
Concebida como una torre
almenara, aislada del resto de la fortificación por un foso, cumplía
funciones de defensa y vigilancia. Desde esta torre era posible
comunicare mediante señales luminosas o de humo con otras torres, o
lugares visibles como Ujué, Peralta o Marcilla, cubriendo con
eficacia la línea defensiva del acceso a Pamplona desde el sur.
Otra hipótesis lo
identifica con un donjón, con función claramente defensiva, que se
convertiría, cuando las circunstancias obligasen a ello, en último
refugio y reducto de resistencia en caso de ataque. El acceso se
situaba a media altura y no presenta unidad residencial, sino que
estaba destinado a uso de guarnición y arsenal.
La muralla que protege y
delimita la ciudad medieval, se asienta en el borde de una plataforma
caliza que cubre el cerro donde se asienta Rada. Únicamente se
mantiene en pie un lienzo de la muralla con dirección N-S, de unos
cien metros de longitud, y que presenta restos de dos bestorres, a
saber, torres abiertas por la gola que apenas sobresalen en el
exterior. En esta parte, precisamente la más accesible del cerro, la
muralla tendría al menos tres plantas de altura.
Existen determinados
lugares que se resisten a morir, a pesar de flotar a la deriva
arrastrados por la corriente, al igual que sucede con algunas
personas. El Desolado de Rada es sin duda alguna, uno de esos
lugares. Consciente de la brevedad engañosa de la vida, que diría
Góngora, el Ser Humano lleva toda su existencia (como especie)
intentando guardar su pasado, contar su historia, alcanzar la
eternidad y trascender en el tiempo a través de la piedra. La piedra
ha demostrado ser más veraz, certera e invulnerable que la propia
historia escrita y la tradición oral. Cuevas, dólmenes, menhires,
pirámides, iglesias, y castillos están ahí. Habría que sumarles
las modernas estructuras de hormigón y acero. Pero creo que no es lo
mismo, me parece que el hormigón armado no transmite las mismas
sensaciones que la piedra, debido quizá a ser menos erosionable, más
inmutable y carente de personalidad. Entonces !horror¡, dejamos de
utilizar la piedra, la sustituimos por la fibra, el plástico y el
hormigón. ¿Significa esto el fin de la historia? ¿Hablarán de
nosotros en el futuro como la Edad sin Historia? ¿Pueden los bits
conservar la memoria de nuestra historia de igual manera que lo hacen
las piedras? Existían megalitos, petroglifos y pinturas rupestres
hace varios milenios, ¿habrá ordenadores dentro de 20.000 años?.
El ser humano abandonó la senda de la Naturaleza, y más temprano
que tarde, pagará su error. Menhir, dolmen, venus, verracos,
esculturas, ermitas, castillos, iglesias, pallozas, castros, bancos,
adoquines, bifaces, mampostería....siempre buscamos piedras para
conocer la historia de nuestros ancestros, que nunca olvidemos es la
nuestra misma, ¿qué buscarán en el futuro para conocer nuestro
mundo?...ipods, tablets, ordenadores, teléfonos...en nuestra
sociedad de lo efímero, también nosotros nos hemos vuelto de tal
condición. Posiblmente nadie entienda mis palabras en su sentido más
amplio y profundo, salvo las mentes más inquietas, los espíritus
más críticos e inconformistas, y algún que otro personaje avispado
e inteligente, pero me parece que en la era de internet, el ser
humano está desarrollando una velocidad vital antinatural y unos
patrones de comportamiento antivitales. Y las consecuencias las vamos
a pagar.
Hasta los fantasmas hace
tiempo que abandonaron este descampado, pero las piedras, siempre las
piedras, continúan ahí, guardando la memoria, celosas de las
Historia. Y cuando el último navarro olvide el nombre de Rada, ellas
permanecerán en el cerro, amnésicas, pero vivas.
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