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lunes, 29 de julio de 2019

HAMBRE, CALAMIDAD Y MALAS COSECHAS EN LA EDAD MEDIA.



Durante aquellos años, como consecuencia de las lluvias torrenciales y de que los frutos de la tierra fueron recogidos en muy malas condiciones, se produjo una considerable falta de trigo. Hacia el mes de mayor, ya no quedaba nada de la cosecha y la penuria fue terrible.

Empezó a faltar pan para alimentar al pueblo. La gente comía pájaros y mezclaba habas, hierbas y todos los granos que encontraba para elaborar una especie de panes.

A consecuencia del hambre, los cuerpos empezaron a debilitarse y a enfermar. La mortalidad se expandió por las aldeas como no se había visto nunca antes.

Estas calamidades se expandieron por todo el mundo durante tres años, a causa de los pecados de la humanidad.

Reelaborado por Vicens Vives 
 Educación Secundaria 
a partir de textos de R. Glaber y Henri Lemaitre.


viernes, 7 de septiembre de 2018

LA FIEBRE CONSTRUCTORA DEL AÑO MIL.



Resultado de imagen de iglesias y monasterios romanicos

Tres años no habían terminado del nuevo milenio cuando (…) se comenzaron a construir muchas iglesias. Parecía que cada comunidad cristiana buscaba superar a las demás por el esplendor de sus construcciones.

Casi todas las sedes episcopales y monasterios levantaron iglesias consagradas a toda clase de santos, incluso las pequeñas capillas de las aldeas fueron reconstruidas por los fieles, ahora más grandes y hermosas.
Crónica del monje Raoul Glaber, siglo XI.

sábado, 2 de abril de 2016

RAOUL GLABER



Raoul Glaber - “el Calvo” -  fue un monje y cronista borgoñón que vivió (básicamente) durante la primera mitad del siglo XI (murió en 1047). Tras pasar varios años vagando de monasterio en monasterio acabó recluído en Cluny, donde terminó de escribir sus cinco libros de histori.


Como un corresponsal que nos envía sus crónicas desde el pasado, Raol Glaber describe en primera persona la terrible hambruna que devastó Europa entre 1032-1033, en que la acuciante falta de víveres afectó a todos por igual, tanto ricos como pobres. También escribió la corrupción que carcomía a los poderosos, laicos y eclesiásticos, y sobre las primeras persecuciones contra los judios.

Y suyo es el célebre pasaje que habla de la proliferación de iglesias por toda la Europa cristiana: «Al acercarse el tercer año siguiente al año mil se asistió en casi toda la tierra, pero sobre todo en Italia y en la Galia, a la reedificación de las iglesias; aunque la mayor parte, bastante bien construidas, no tuvieran ninguna necesidad, una auténtica emulación impelía a cada comunidad cristiana a tener una más suntuosa que la de los vecinos. Hubiérase dicho que el mundo mismo se sacudía para despojarse de su ropaje vetusto y se vestía por doquier con un manto blanco de iglesias. Así fue cómo casi todas las iglesias de las sedes episcopales, las de los monasterios, consagradas a toda suerte de santos, e incluso las más insignificantes capillas de las aldeas fueron reconstruidas por los fieles más hermosas que antes».


Un pluma fundamental para conocer algo más de la Europa Cristiana del siglo XI, llamado con justicia el Cronista del año mil. 
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