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martes, 29 de enero de 2019
lunes, 19 de diciembre de 2016
JANIN LOMME DE TOURNAI.
Al atravesar la puerta de
entrada de la catedral de Pamplona y pasar a su interior, lo primero
que llama la atención son los sepulcros góticos que presiden, a los
pies del altar, la nave principal. Se trata del rey de Navarra Carlos
III el Bueno y su esposa Leonor de Trastámara.
El autor de esta obra es
el escultor Janin de Lome que conoció a Carlos III mientras viajaba
por sus posesiones francesas en Evreux. Janin se trasladó a Navarra
para trabajar como escultor y ser maestro de obras en el palacio –
fortaleza de Olite.
Su estilo escultórico
estaba fuertemente influenciado por el trabajo de Claus Sluter, en
especial por la talla de monjes encapuchados – piorantes – en la
parte inferior de los sepulcros.
sábado, 28 de mayo de 2016
VILLA DE MARCILLA
Una villa señorial en la
Ribera navarra, un típico pueblo de llanura, presidido por un
castillo cuadrangular gótico tardío, alrededor del cual se va
extendiendo la población, con viviendas, iglesias, tiendas y
palacetes. La sensación en esta tierra es que nos encontramos en la
Mancha, fácil es imaginar a Don Quijote y a su fiel escudero
vagabundeando por estos lares.
El noble mosén Pierre
de Peralta, líder del bando de los agromonteses, levantó el
castillo gótico, que domina el centro de la población, hacia 1420
durante los últimos años del reinado de Carlos III el Noble. El
foso que lo rodea es algo posterior, de la época en que Fernando de
Aragón había anexionado el Reino de Navarra. Una tradición dice
que en el castillo se custodió durante un tiempo la Tizona, una de
las espadas del Cid Campeador.
Más residencia que
fortaleza, el castillo de Marcilla cumplía una función de prestigio
social y de disuasión ante posibles vecinos levantiscos y clanes
rivales. Por cierto, a tenor del número de fortalezas, atalayas,
murallas e iglesias y casas fortificadas, Navarra también podría
haberse llamado Castilla.
Etiquetas:
Carlos III el Noble,
Cid Campeador,
Fernando el Católico,
Iberia Medieval Cristiana,
mosén Pierre de Peralta,
Reino de Navarra,
Villa de Marcilla
martes, 9 de junio de 2015
CARLOS, EL PRÍNCIPE DE VIANA.
Carlos, Príncipe de Viana, hijo de Blanca de Navarra y de Juan de
Aragón, el testamento de su madre le dejó con el culo al aire y
enfrentado a su padre. Blanca era reina legítima de Navarra, Juan
simplemente el consorte, y Carlos el heredero. Pero Blanca, antes de
morir quiso embrollar un poco la cosa, y dejó escrito que Carlos no
tomase la corona sin el consentimiento de su padre. Y claro, ellos,
tan machos y masculinos, arreglaron las cosas de la única manera que
saben hacerlo los hombres, a tortas. Una enemistad que alcanzó odio
visceral cuando Juan contrajo nuevas nupcias con Juana Enríquez. Por
tanto, el pequeño reino navarro se vio enfrascado en una guerra
civil, con el clan de los beaumonteses y el condestable castellano
Álvaro de Luna apoyando al hijo, y los agramonteses al padre. Además
de por ser hijo desobediente que nunca quiso doblegarse ante su
ambicioso padre, y conformarse simplemente con ser lugarteniente del
reino, Carlos de Viana, que había recibido esmerada educación en la
corte de Olite, en la que puso especial interés su abuelo Carlos
III, destacó como mecenas y promotor de las artes. Vamos un
auténtico príncipe del Renacimiento. Pero se topó con un mal
rival. El ejército de Carlos cayó derrotado en la batalla de Aibar
en 1451 y a partir de ahí no pararon las desgracias. Fue prisionero
de su padre durante dos años, y más tarde desheredado. Viajó a
Nápoles a pedir ayuda a su tío Alfonso V, y casi no lo ve con vida.
Intentó arreglar un matrimonio con la infanta de Castilla Isabel
(futura reina Católica) pero Juan II tenía un candidato mejor, el
hermanastro de Carlos, Fernando (que acabaría llevándose a Isabel
al huerto). La estrella de Carlos se iba apagando irremediablemente,
pero aún así decidió jugar una última carta. En 1461, en medio
del descontento y los disturbios que asolaban Barcelona por el
enfrentamiento entre la biga y la busca, Carlos se
personó en la ciudad condal, y los catalanes sublevados contra el
rey Juan, lo convirtieron en el estandarte de su lucha. Mas el
destino no tenía prevista la gloria para el Príncipa de Viana, y en
septiembre de ese mismo año murió de tuberculosis en el Palacio
Real de Barcelona. Nunca faltaron las sospechas de que su muerte fue
debida al veneno. Ni de que su madrastra Juana Enríquez estaba
detrás de la maniobra.
martes, 19 de mayo de 2015
CARLOS III "EL NOBLE", REY DE NAVARRA.
Su tumba, labrada con
gusto exquisito junto a la de su esposa Leonor, preside la nave
principal de la Catedral de Pamplona, de la misma forma que una
solemne estatua suya nos da la bienvenida a la Plaza del Castillo, en
el corazón vivo de la capital navarra. Lo volví a encontrar en una
pequeña rotonda en Tafalla y en una plaza de Tudela. Precisamente en
la capital de la Ribera la comparsa Perrinche saca en cabalgata a un
gigante que representa a este rey. Carlos III, conocido como "el
Noble" es uno de los reyes más querido, recordado y homenajeado
de la Historia de Navarra, y es que cuando este monarca se sentó en
el trono, volvió la tranquilidad y la prosperidad al Reino, después
de unos aciagos y turbulentos años.
Carlos III, hijo de Carlos II el Malo, y Juana de Valois, hija del rey francés Jean le
Bon, fue coronado rey de Navarra en la Catedral de Pamplona en 1390,
en una ceremonia oficiada por el futuro Papa Luna (o antipapa según se
lea). En un contexto de relativa paz exterior, de crisis
económica y de creciente aristocratización de la sociedad, el nuevo
monarca desarrolló, sin grandes aspavientos, una política acorde a
las circunstancias del momento.
Siendo aún un infante,
su padre lo envió al frente de una embajada a la corte de Carlos V,
pero el rey francés lo apresó y el monarca navarro tuvo que ceder
los territorios ultrapirenaicos de Navarra. El joven Carlos comenzó
bien joven a aprender como funcionan los resortes del poder político
y que era más seguro, para su propia integridad, no meterse en
camisas de once varas.
En 1375 se casó con
Leonor de Trastámara, la hija de Enrique II, con lo que se ponía
fin a la disputa entre ambos reinos, consiguiendo además una valiosa
aliada, pues Castilla era el reino peninsular hegemónico del
momento. A la muerte de su padre, abandonó la corte castellana y se
aposentó en Navarra dispuesto a reinar. Y a reinar bien. En lugar de
enfrentarse en farragosos luchas dinásticas se dedicó por entero a
su propio reino, ese mismo, al que ninguno de sus antepasados
franceses (empezando por su propio padre) hicieron nunca mucho caso.
Diametralmente opuesto a
su padre (como nos gusta a todos los hijos) el desquiciado Carlos II,
empeñado (sin fundamento) en ser rey de Francia, gracias a su
talante conciliador y a sus escasas (o nulas) ambiciones
territoriales, consiguió el respeto de los monarcas coetáneos.
Intentó mantener relaciones con todos, Francia, Inglaterra, Aragón
y Castilla, y cuando las circunstancias así lo requerían también
mostró su apoyo al Papado de Avignon.
Al contrario que su
polémico padre, Carlos III mantuvo estrechas relaciones con
Castilla, a la que apoyó en la Guerra de Granada. Además su cuñado
Juan I, devolvió algunas de las plazas arrebatadas a su padre. El
abandono de los proyectos expansionistas de su predecesor, le
posibilitó el alejamiento de Francia y la revalorización de la Casa
de Evreux como dinastía reinante en Navarra, y materializó el
acercamiento (y la amistad) con Aragón a través de una activa
política matrimonial.
Reconoció la autoridad
del papa de Avignon Clemente VII y a su sucesor, el aragonés Pedro
Luna, al que prestó su apoyo hasta que el Concilio de Constanza puso
fin al Cisma de Occidente. A partir de este momento, y en consonancia
con el resto de reinos cristianos, reconoció al nuevo sumo
pontífice, Martín V. Otro hecho más que demuestra que Carlos III
sabía perfectamente nadar a favor de corriente.
Carlos y Leonor
tuvieron seis hijas y dos hijos, pero los varones murieron siendo
niños. Sin herederos en el horizonte, y siguiendo una política de
alianzas matrimoniales, Carlos casó a su hija mayor Juana con el
primogénito de los condes de Foix, pero al morir prematuramente, la
segunda hija Blanca, se convirtió en heredera. Viuda de su primer
marido, Martín de Sicilia, Blanca contrajo matrimonio con el infante
Juan, hijo de Fernando de Antequera y futuro rey Juan II de Aragón.
Según lo acordado en las capitulaciones matrimoniales el trono de
Navarra sería para Blanca y sus descendientes, pero eso, es otra
historia.
Carlos III, rey de la
diplomacia y garante de la paz, acometió serias reformas en la
administración del reino, creo la Corte o Tribunal Supremo y
construyó nuevos canales para garantizar el abastecimiento de las
ciudades y el riego de los campos. Otorgó una legislación unificada
para Pamplona (1423) el Privilegio de la Unión, en virtud de la
cual, los tres burgos (o barrios) que formaban la Pamplona medieval -
Navarrería, San Cernín y San Nicolás - y que poseían
legislaciones diferentes, quedaron unidos en una única ciudad con
una ley común para todos. Como parte de esta reforma administrativa
instituyó el título de "Príncipe de Viana" para
concedérselo al heredero del reino.
El noble rey destacó
además como promotor de las artes y de la cultura, acometiendo,
entre otras obras, la reconstrucción en estilo gótico de la
Catedral de Pamplona, y creó una orden de caballería de contenido
más honorífico que militar a la que llamó "Orden de
Caballería del Lebrel Blanco".
Carlos III instaló su
corte en la pequeña villa de Olite, reformando totalmente el antiguo
palacio donde habían residido los Teobaldo. Esta reforma convirtió
el Palacio de Olite en un ejemplo ideal de la arquitectura gótica,
una obra de ensueño dibujada por la mente más creativa. Si pensais
en un castillo de cuento, ese es el de Olite. Su esposa Leonor,
cuando se estableció en Navarra cayó en un profundo estado de
melancolía y decidió volver al hogar familiar junto a su hermano
Juan I, que no puso reparos en hacerse cargo de sus sobrinas. Leonor
no regresó a Olite hasta 1395.
Desde el año 1997, el
gobierno de Navarra entrega la Cruz de Carlos III, una condecoración
que resalta y reconoce públicamente los méritos de personas y
entidades que han contribuido al progreso de Navarra y a su
proyección exterior (La nobleza sigue más viva que nunca).
Considerado uno de los
monarcas más notables de la monarquía navarra, capaz de mantener
relaciones cordiales con sus vecinos, preocupado por la prosperidad
de un territorio, su largo reinado finalizó en 1425, cuando aquejado
de gota, falleció en Tafalla. Fue inhumado en la Catedral de
Pamplona, y como símbolo de su afortunado reinado nos queda su
sepulcro, una auténtica joya de la escultura funeraria gótica.
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viernes, 13 de febrero de 2015
IGLESIA FORTALEZA DE UJUÉ.
La iglesia-fortaleza de Ujué es uno de los conjuntos medievales más singulares de toda la geografía navara, una histórica villa que ha sabido conservar su aspecto original. Enriscada en lo alto de una sierra, semejante a un nido de rapaz. Esta sierra de Ujué marca el límite meridional de la Navarra montañosa.
“Al terminar la Edad
Media muchos de los grandes templos de la Península adoptaban el
aspecto de aguerridos baluartes, resultando muy paradójica esta
imagen militar con las pías funciones a las que estaban destinados.
Remodelaciones acomodándose al devenir de los estilos modernos y,
sobre todo, restauraciones supuestamente puristas llevadas a cabo
desde el siglo XIX han hecho desaparecer el aspecto de fortificación en
la mayoría de los templos.
En las iglesias
altomedievales las formas de arquitectura militar responden a un
intencionado lenguaje simbólico, que terminará por perder estas
connotaciones bélicas e integrarse en un léxico característico de
los edificios religiosos. Llegará un momento que el símbolo dará
paso a la realidad. Las implicaciones del clero secular y regular en
los conflictos de la sociedad obligarán a que catedrales, parroquias
o iglesias monasteriales adopten formas encastilladas muy diferentes a
supuestos aspectos teóricos de la arquitectura templaria de su
época. El interés por una iglesia integrada en las murallas de la
ciudad o del barrio, constituyendo un bastión fundamental en la
forticación urbana, siendo reducto de defensa de los vecinos o de
los derechos del señor feudal, tanto el obispo como el abad, llevan
a los constructores a edificar un alcanzar antes que un cimborrio,
una torre para la "máquina de guerra" mejor que una tums
signorum. Por todas estas circunstancias, las "restauraciones
puristas", muchas veces, no se corresponden con la realidad
arquitectónica del monumento”.
Isidro G. Bango Torviso.
“El verdadero significado del aspecto
de los edificios. De lo
simbólico a la realidad funcional. La
iglesia encastillada”.
Sus
orígenes se remontan al siglo X y pronto se convirtió en una
avanzadilla cristiana frente a los musulmanes de la Ribera de Tudela.
Desde el siglo XIII fue una plaza fuerte y atalaya del Reino de
Navarra, pequeño y vulnerable, frente a su poderoso vecino, Aragón.
El
rasgo característico, y definidor de este templo, es su sólido
aspecto de fortaleza, con torres almenadas, camino de ronda y
contrafuertes. Una auténtica maravilla de la arquitectura medieval.
El camino de ronda, rodea el edificio y era utilizado por los centinelas para asegurar el perímetro de la fortaleza. Arcos, balaustrada y cubierta de madera configuran un precioso mirador abierto a La Ribera.
El camino de ronda, rodea el edificio y era utilizado por los centinelas para asegurar el perímetro de la fortaleza. Arcos, balaustrada y cubierta de madera configuran un precioso mirador abierto a La Ribera.
El
Santuario de Nuestra Señora de Ujué-Uxue, (etiomlógiamente podría
derivar de "usoa" paloma en euskera), aparece vinculado a
la fortaleza, y tiene su origen en una leyenda.
Un pastor que andaba apacentando a sus ovejas cuando se fijó en una paloma que entraba y salía por el agujero de un gran peñasco. Intentó espantarla varias veces arrojandole piedras o incluso su cayado. Sorprendido por la habilidad del ave decidió entrar a través de la oquedad y explorar el interior. La sorpresa fue mayúscula, pues en el seno de una cueva encontró la imagen de la Virgen. A su pies posada la paloma cuyo vuelo había conducido hasta allí.
Un pastor que andaba apacentando a sus ovejas cuando se fijó en una paloma que entraba y salía por el agujero de un gran peñasco. Intentó espantarla varias veces arrojandole piedras o incluso su cayado. Sorprendido por la habilidad del ave decidió entrar a través de la oquedad y explorar el interior. La sorpresa fue mayúscula, pues en el seno de una cueva encontró la imagen de la Virgen. A su pies posada la paloma cuyo vuelo había conducido hasta allí.
En
la localidad tienen al primer rey de Pamplona, Iñigo Arista , como
fundador de Ujué. A los pies del recinto una plaza con su nombre.
Para
los cronistas árabes, el mejor castillo que poseía García Sánchez .
Otro rey, Sancho Ramírez concedió fuero a la villa e impulsó la
construcción de una nueva iglesia románica a partir de 1090.
Pórtico de Santa María, con la Última Cena y la Adoración de los Magos en el tímpano.
Cabecera románica del siglo XI.
Detalle de algunas ménsulas. Un trabajo delicado y detallista.
Pórtico de Santa María, con la Última Cena y la Adoración de los Magos en el tímpano.
Cabecera románica del siglo XI.
Detalle de algunas ménsulas. Un trabajo delicado y detallista.
En
el "Libro de los Fuegos" de 1366, un censo poblacional la
incluye, junto a localidades como Santacara o San Martín de Unx en
La Ribera, dentro de la merindad de Sangüesa.
La
Virgen de Ujué, patrona y señora de La Ribera, es una obra del
románico, siglo XII, realizada en madera de aliso.
El
rey Carlos II de Evreux, conocido como Carlos el Malo inició en 1370
la reconstrucción gótica del templo y proyectó una Universidad,
pero a pesar de comenzar las obras quedó en mera ilusión. Tanto fue
el fervor que Carlos sintió por la Virgen de Ujué que dispuso en su
testamento que su corazón reposara aquí, convirtiéndose en la más
valiosa ofrenda. Se conserva en una hornacina a la espalda de la
virgen en el altar mayor.
Ruinas de la Universidad que pudo ser y no fue.
Ruinas de la Universidad que pudo ser y no fue.
El
hijo de Carlos II, el también rey Carlos III "el Noble"
peregrinó en varias ocasiones al santuario desde la corte instalada
en el cercano Castillo de Olite. Desde el mismo siglo XIV se celebra
una romería popular que se celebra el primer domingo después de al
festividad de San Marcos.
En la vertiente oriental, la vista recorre las estepas de las Bárdenas Reales, y al fondo, por detrás de la Sierra de Leyre, se alzan los imponentes Pirineos navarros.
Frente a la portada, este espacio abierto fue el patio de armas del castillo.
Ermita de San Miguel, construida en el siglo XIII y derribada en 1806, por el mal estado de su bóveda. Apenas conserva muros y la portada con espadaña.
En la vertiente oriental, la vista recorre las estepas de las Bárdenas Reales, y al fondo, por detrás de la Sierra de Leyre, se alzan los imponentes Pirineos navarros.
Frente a la portada, este espacio abierto fue el patio de armas del castillo.
Ermita de San Miguel, construida en el siglo XIII y derribada en 1806, por el mal estado de su bóveda. Apenas conserva muros y la portada con espadaña.
El
santuario de Ujué es la iglesia más fuerte de Navarra. Más
castillo que iglesia, no se sabe donde termina la iglesia y donde
comienza la fortaleza.
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martes, 6 de enero de 2015
VIANA, CIUDAD DE PRÍNCIPES.
Viana,
histórica ciudad Navarra, que desde 1423 por decisión de Carlos III
el Noble, es sede del Príncipe de Viana, título que recibía el
heredero de la Corona navarra, equiparable al Príncipe de Asturias
en Castilla o el Príncipe de Gales en Inglaterra. Pero además Viana
es como una monumental tumba del príncipe del Renacimiento, César
Borgia, que murió en estas tierras combatiendo en el bando del rey
navarro frente a Fernando el Católico.
Fundada,
o mejor dicho refundada en 1219 por el rey Sancho VII el Fuerte,
aquel que rompió las cadenas, como baluarte para defender su
frontera occidental de las frecuentes incursiones castellanas y
amparar, de paso, a los numerosos peregrinos que cruzaban navarra con
destino al Finisterre.
La
Plaza de los Fueros, entre medieval y renacentista, con la
impresionante visión de la Iglesia de Santa María es una precioso
rincón y el corazón mismo de la ciudad. Para mi gusto una de las
plazas más bonitas de toda España.
Cada
uno de los puntos cardinales abre una de las puertas en la muralla
que rodea, protege, delimita y cierra la ciudad. Sus murallas y altas
torres defendían las tierras navarras de las apetencias
expansionistas de su poderoso vecino, el Reino de Castilla.
Precisamente tras la conquista castellana de 1512, Viana perdió no
sólo sus murallas, sino también a sus enemigos y parte de su razón
de ser, de tal manera que dejó de ser fortaleza y atalaya defensiva.
Situada
en peligrosa tierra de frontera, fue siempre un lugar hostigado por
los castellanos, a tiro de piedra de Logroño, sufrió numerosos
acosos y asedios. Pero los vianeses, gente de valor, defendieron
siempre con uñas y dientes sus hogares, y de paso, la frontera del
reino. Cuentan las crónicas que las doncellas tan dispuestas como
los varones no dudaban en ceñir corazas y blandir armas, para
presentar batalla al enemigo.
"No
menos las doncellas que las casadas, disfrazadas con los vestidos de
sus hermanos y maridos muertos, hicieron señaladas proezas".
Príncipe
de Viana es a Navarra, lo que Delfín a Francia, heredero de un reino
que, a pesar de los pesares, se resiste a morir y ser olvidado.
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