El escritor romano Lucrecio del
siglo I a.C. nos describe con profusión de detalles como era una
procesión de la diosa Cibeles: “La imagen de la diosa deja el
templo montada en un carro tirado por dos leones […] se la
transporta en procesión entre el escalofrío de la multitud […]
entre música de palmas, tambores, címbalos y flautas es llevada a
través de las ciudades la imagen silenciosa de la diosa. Y ella
dispensa sus favores a los mortales con su muda protección; el
bronce y la plata cubren todo el recorrido porque son una ofrenda
generosa de los fieles. Cae una nieve de rosas que oscurecen a la
Madre y al cortejo que la acompaña”.
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lunes, 25 de julio de 2016
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