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miércoles, 16 de mayo de 2018

SACRIFICIOS ENTRE CÁNTABROS Y ASTURES.



¡Oh dios Coso, señor supremo de la guerra, vencedor en mil batallas, acepta este sacrificio! ¡El cuerpo del caballo se integrará en tu ejército, la sangre del enemigo te servirá de alimento! ¡Nos lanzamos al combate invocando tu nombre, y en la victoria te agradecemos tu ayuda! ¡Fortísimo dios Coso acepta nuestro sacrificio!

Los astures, los cántabros y otros pueblos del Noroeste peninsular creían en un dios denominado Coso, o Cosus, que los escritores grecorromanos asimilaron a su dios de la guerra Ares/Marte. El geógrafo Estrabón cuenta que “sacrifican a Ares un chivo, prisioneros de guerra y caballos. También hacen hecatombes al modo helénico”.

martes, 25 de marzo de 2014

CARACTERÍSTICAS GENERALES DE LA CULTURA CASTREÑA



Lo primero que llama la atención es la acusada personalidad de esta cultura castreña. Los estudios hasta principios del siglo XX identificaban el hábitat de la II Edad del hierro en la zona noroeste con poblaciones celtas.

La característica que unifica (culturalmente) a todas estas poblaciones de la Segunda Edad del Hierro es su patrón de asentamiento en torno a poblados fortificados, situados en altura, que reciben el nombre de castros o citanias (en portugués), en las cuales las viviendas suelen ser de planta circular.

Ni espacial, ni temporalmente, todo esto se circunscribe exclusivamente al noroeste. El ámbito geográfico de desarrollo de la Cultura Castreña es muy preciso. Un núcleo central, el entorno de Galicia, Occidente de Asturias y Norte de Portugal, y una zona de expansión hacia la Meseta. El río Duero sirve de frontera, o límite meridional de este mundo castreño. 

LAS ÉTNIAS.
Si para el mundo ibérico es difícil, y para la Celtiberia complicado, el estudio de las etnias del norte es un auténtico galimatías de cuasi imposible solución. Esto es debido fundamentalmente a que se trata de la última zona en ser romanizada y ser la más alejada de los centros de poder. Por estos motivos, en las fuentes literarias nos topamos con una mayor imprecisión para situar geográficamente a estas poblaciones e identificarlas nominalmente. 

Simplificando, y a grandes rasgos, podemos nombrar a los tres grandes grupos poblacionales como galaicos, astures y cántabros. Formando parte de estos grupos aparecen un sinnúmero de etnias muy difíciles de identificar. 


CRONOLOGÍA.
Para el mundo castreño contamos con dos periodizaciones. Maluquer establece cuatro periodos;
Castreño I
Castreño II
Castreño III
Castreño IV

En época más reciente esta cronología se ha revisado y se ha establecido una nueva, y más aceptada, dividida en tres periodos:
Castreño I o Castreño Antiguo. Siglos VII - V a.C.
Castreño II o Castreño Clásico. Siglos IV - III - II a.C.
Castreño III o Castreño Tardío. Hasta el siglo II d.C.

ARQUITECTURA Y URBANISMO.
Emplazamiento; los castros se ubican en zonas de difícil defensa. Puede ser en altura, en un cerro, en llano, en un área rodeada por extensas llanuras, pueden estar fortificados, o no, y utilizan diferentes paramentos defensivos: torres, murallas, o fosos. Además distinguimos entre castros interiores y castros costeros. cuya característica más destacable es su especialización económica. 


En el interior de los castros constatamos la existencia de viviendas de plata circular u ovalada. Hasta época romana no aparecen casas de planta angular. No obstante, las casas de planta circular no desaparecen con la llegada de los romanos. Las casas tienen una única puerta y es habitual que presenten un porche de acceso.

Normalmente las casas se construyen con zócalo de piedra y con alzado en tapial (muro de barro). La cubierta de las estructuras suele ser en materia vegetal, al menos en época prerromana. Los pavimentos de las habitaciones van a ser de piedra apisonada y de manera puntual se enlazan los interiores de las viviendas. Propios de estas viviendas castreñas son los bancos cosidos. 

Los aparejos suelen ser de carácter poligonal. El otro tipo de aparejo característico es el ciclópeo, propio de las estructuras defensivas. 

Los paramentos defensivos suelen ser fosos, terraplenes, parapetos o murallas con torres. El terraplén es una estructura de tierra levantada en el suelo. El parapeto es una antemuro de pequeñas dimensiones. Campos frisios son terrenos con estacas o piedras clavadas. Son muy habituales en el mundo castreño, colocándose delante del muro del foso para obstaculizar el paso de la caballería.

Lo único que podemos decir con total seguridad es que un castro es un lugar de habitación suprafamiliar, algunos de reducidas dimensiones para 40 ò 50 personas, mientras que otros alcanzan las 200 personas, estaríamos hablando de poblados de grandes dimensiones. 


No existe un patrón de poblamiento estándar en el caso de los castros. El único elemento característico de los castros son los monumentos con hornos. Reciben ese nombre por su relación con las aguas. En el interior de estos monumentos existen una o varias estructuras cuadrangulares llenas de agua. Se le atribuye una función de carácter termal. Y poseen horno, porque ahí se produce una combustión y se creman los cadáveres, teniendo, de esta manera, un cometido ritual y funerario. En la actualidad se interpretan como santuarios de carácter salutrífero vinculado a las aguas. 

Se advierte una clara evolución histórica en la problemática del mundo castreño. En los castros prerromanos no hay obras de ingeniería (aterrazamientos, calles, sistemas de drenaje). Las casas angulares también serán introducidas en los castros a partir de época romana. 

Los habitantes de los castros practican el rito funerario de la cremación y no hay constancia de la existencia de unas estructuras funerarias de carácter monumental.

Las poblaciones castreñas son agricultoras, ganaderas y están volcadas a la explotación de recursos marinos y metalogenéticos.


"Todos los montañeses son austeros, beben normalmente agua, duermen en el suelo y dejan que el cabello les llegue muy abajo, como mujeres, pero luchan ciñéndose la frente con una banda. Comen principalmente chivos, y sacrifican a Ares un chivo, cautivos de guerra y caballos. Hacen tambien hecatombes de cada especie al modo griego, como dice Píndaro:

de todo sacrificar cien.
Realizan también competiciones gimnásticas, de hoplitas e hípicas, con pugilato, carrera, escaramuza y combate en formación. Los montañeses, durante dos tercios del año, se alimentan de bellotas de encina, dejándolas secar, triturándolas y luego moliéndolas y fabricando con ellas un pan que se conserva un tiempo. Conocen también la cerveza. El vino lo beben en raras ocasiones, pero el que tienen lo consumen pronto en festines con los parientes. Usan mantequilla en vez de aceite. Comen sentados en bancos construidos contra el muro y se sientan en orden a la edad y el rango. Los manjares se pasan en círculo, y a la hora de la bebida danzan en corro al son de flauta y trompeta, pero también dando saltos y agachándose, y en Bastetania danzan también las mujeres junto con los hombres cogiéndose de las manos. 

Todos los hombres visten de negro, sayos la mayoría, con los que se acuestan también sobre jergones de paja. Utilizan vasos de madera, igual que los celtas. Las mujeres van con vestidos y trajes floreados. En vez de moneda, unos <...> y los que viven muy al interior se sirven del trueque de mercancías, o cortan una lasca de plata y la dan. A los condenados a muerte los despeñan y a los parricidas los lapidan más allá de las montañas o de los ríos. Se casan igual que los griegos. A los enfermos, como antiguamente los egipcios, los exponen en los caminos para que los que la han pasado les den consejos sobre su enfermedad. Para las subidas del mar y los pantanos usaban, hasta la época de Bruto, embarcaciones de cuero, pero hoy día incluso las talladas a partir de un solo tronco son ya raras. Su sal es púrpura, pero blanca una vez molida. Este, como he expuesto, es el género de vida de los montañeses, y me refiero a los que jalonan el flanco norte de Iberia: calaicos, astures y cántabros hasta llegar a los vascones y el Pirene; pues el modo de vida de todos ellos es semejante. Pero temo dar demasiados nombres, rehuyendo lo fastidioso de su transcripción, a no ser que a alguien le agrade oír hablar de los pleutauros, bardietas, alotriges y otros nombres peores y más ininteligibles que éstos"."
Estrabón III, 3.7

Texto redactado a partir de las clases del profesor
de la Universidad de Cádiz Darío Bernal Casasola

miércoles, 16 de enero de 2013

GEOGRAFÍA DE IBERIA ESTRABÓN (XXVI)



19 Nombres de la Península
Así pues, como dijimos, algunos afirman que este país se divide en cuatro partes, mientras que otros dicen que en cinco. Pero es imposible en este caso dar razón de ello con exactitud debido a las transformaciones y la oscuridad de los lugares. Pues en los lugares famosos y célebres son conocidas tanto las migraciones como la distribución del territorio, así como los cambios de nombre y cualquier cosa de este tipo, por ser tratada por muchos autores y principalmente por los griegos, que son los más prolijos de todos. Pero sobre todas las regiones bárbaras, apartadas, pequeñas y subdivididas, las noticias que hay no son ni seguras ni abundantes, porque en todo lo que queda alejado de los griegos aumenta el desconocimiento. Los historiadores romanos imitan a los griegos, pero no llevan muy lejos su imitación, pues lo que dicen lo traducen de los griegos sin aportar de sí una gran avidez de conocimientos, de forma que, cada vez que hay un vacío de información por parte de aquéllos, no es mucho lo que completan los otros, y ocurre esto especialmente en la cuestión de los nombres más conocidos, que son griegos en su mayoría. Por ejemplo: toda la región de más allá del Ródano y del istmo configurado por los golfos galáticos fue denominada Iberia por los autores antiguos, y en cambio los contemporáneos le señalan como límite el Pirene y dicen que Iberia   e Hispania son sinónimos; otros daban ese nombre de Hispania sólo a la región de más acá del Íber. Y otros aún anteriores llamaron a estos mismos igletes, que no ocupaban un gran territorio, según dice Asclepiades de Mirlea. Los romanos por su parte, llamando indistintamente Iberia o Hispania a todo el territorio, dieron a una parte la denominación de Citerior y a la otra la de Ulterior; pero a veces se sirven de otra división, adaptando su política a las circunstancias. 

20 La división y administración romanas.
Actualmente, de las provincias asignadas al pueblo y al Senado por una parte, y al Emperador romano por otra, la Bética corresponde al pueblo y se envía a ella un pretor asistido por un cuestor más un legado; han establecido su límite oriental cerca de Castalon. El resto pertenece al César. Éste manda dos legados, uno pretoriano y otro consular, estando el pretoriano asistido a su vez de otro legado, y tiene la misión de administrar justicia a los lusitanos, que limitan con la Bética y llegan hasta el río Durio y su desembocadura; pues al presente el nombre de Lusitania está restringido a esta región. Allí se encuentra también Augusta Emérita. El resto, que constituye la mayor parte de Iberia, se halla bajo el gobernador consular, que dispone de un considerable ejército de tres legiones y de tres legados, de los cuales uno, al mando de dos legiones, ejerce vigilancia sobre todo el territorio al norte del Durio, a cuyos habitantes antes llamaban lusitanos y ahora calaicos. Los delimitan las cordilleras septentrionales, con los astures y los cántabros. 

A través de territorio astur discurre el río Melso, un poco más lejos está la ciudad de Noiga, y cerca, un estero del Océano que separa a los astures de los cántabros.

La región que viene a continuación, paralela a las montañas hasta el Pirene, la tiene a su cargo el segundo de los legados con la otra legión. El tercero ejerce su vigilancia sobre el interior y gobierna los asuntos de los llamados ya togados, que es como decir que son pacíficos y que han pasado a un género de vida civilizado y al modo de ser itálico con su togada indumentaria. Son éstos los celtíberos y los que viven cerca del Íber a ambas orillas hasta las zonas marítimas. El propio gobernador pasa el invierno en la región costera, principalmente en Carquedón y Tarracon, atendiendo los pleitos, y en verano recorre el país supervisando constantemente las cosas necesitadas de mejora. Hay también procuradores del César, del orden ecuestre, que son los que distribuyen a los soldados las cantidades necesarias para su mantenimiento. 

martes, 15 de enero de 2013

GEOGRAFÍA DE IBERIA ESTRABÓN (XXV)



17 Tocados. Dureza de los iberos
También podría considerarse de índole bárbara el tocado de algunas mujeres que ha descrito Artemidoro: pues dice que en algunos lugares llevan collares de hierro que tienen unos ganchos doblados sobre la cabeza que avanzan mucho por delante de la frente, y que cuando quieren cuelgan el velo en estos ganchos de modo que al ser corrido da sombra al rostro, y que esto lo consideran un adorno. En otros lugares se colocan alrededor un disco redondeado hacia la nuca, que ciñe la cabeza hasta los lóbulos de las orejas y que va poco a poco desplegándose a lo alto y a lo ancho. Otras se rapan tanto la parte delantera del cráneo que brilla más que la frente. Otras mujeres, colocándose sobre la cabeza una columnilla de un pie más o menos de alto, trenzan en torno el cabello y luego lo cubren con un velo negro.

Además de estas insólitas costumbres se han visto y se han contado muchas otras cosas de todos los pueblos de Iberia en general, pero especialmente de los del Norte, relativas no sólo a su valor, sino también a una crueldad y falta de cordura bestiales. Por ejemplo, en la guerra de los cántabros, unas madres mataron a sus hijos antes de ser hechas prisioneras, y un niño, estando encadenados como cautivos sus padres y hermanos, se apoderó, por orden de su padre, de un acero y los mató a todos, y una mujer a sus compañeros de cautiverio lo mismo. Y uno, al ser llamado a presencia de unos soldados borrachos, se arrojó a una hoguera. Estos rasgos son comunes también a las tribus célticas, tracias y escitas, y es común también la valentía de sus hombres y mujeres; pues éstas trabajan la tierra, y cuando dan a luz sirven a sus maridos acostándolos a ellos en vez de acostarse ellas mismas en sus lechos. Frecuentemente incluso dan a luz en las tierras de labor, y lavan al niño y lo envuelven en pañales agachándose junto a un arroyo. En Ligústica, dice Posidonio que le refirió su huésped Carmoleon, una masaliota, que había contratado hombres junto con mujeres para cavar una fosa, y que, al llegarle los dolores, una de las mujeres se apartó no lejos del trabajo y regresó inmediatamente al mismo, después de dar a luz, para no perder su salario. Y él, que la veía realizar las faenas con fatiga sin conocer al principio la causa, lo supo ya tarde y la dejó ir, luego de darle el salario; y ella, llevando al niño a una fuente, lo lavó y lo envolvió en lo que tenía y lo llevó sano y salvo a su casa.

18. Plagas. Matriarcado. Devotio. 
No es exclusivo de los iberos el ir de dos en dos a caballo y que en las batallas uno de ellos lucha a pie, ni tampoco es exclusiva la cantidad de ratas, a las que muchas veces han seguido epidemias. Esto es lo que les sucedió en Cantabria a los romanos, hasta el punto de que los cazadores de ratas percibían unas primas según un baremo hecho público gracias a lo cual consiguieron a duras penas salvarse; les sobrevino junto con esto la escasez de trigo y de otras vituallas, y recibían víveres de Aquitania no sin dificultad por lo accidentado del terreno. De la insensatez de los cántabros se cuenta también lo siguiente: que unos que habían sido hechos prisioneros y clavados en cruces entonaban cantos de victoria. Cosas como ésta podrían, pues, servir como ejemplos de cierta rudeza en las costumbres; pero otras, quizá poco civilizadas, no son sin embargo salvajes, como el hecho de que entre los cántabros los maridos entreguen dotes a sus mujeres, que sean las hijas las que queden como herederas y que los hermanos sean entregados por ellas a sus esposas; porque poseen una especie de ginecocracia, y esto no es del todo civilizado. Es ibérica también la costumbre de llevar encima un veneno, que obtienen de una planta parecida al apio, indoloro, para tenerlo a su disposición en situaciones indeseables, así como el consagrarse a aquellos a quienes se vinculan hasta el punto de morir voluntariamente por ellos.

lunes, 14 de enero de 2013

GEOGRAFÍA DE IBERIA ESTRABÓN (XXIV)



15 Iberia y los iberos. 
Los iberos eran, por decirlo así, todos peltastas y de armamento ligero debido a su vida de bandidaje, como dijimos de los lusitanos, y usaban venablo, honda y puñal. A las fuerzas de infantería se había sumado también la caballería, estando adiestrados los caballos en marchar por montaña y en arrodillarse prontamente a una orden cuando la ocasión lo exigía. 
En Iberia hay muchos corzos y caballos salvajes. En algunos lugares las lagunas se llenan de cisnes y especies afines, y también muchas avutardas. Los ríos crían castores, pero este castóreo no tiene las mismas propiedades que el póntico, pues son exclusivas del póntico las virtudes medicinales, como sucede con otros  productos. Por ejemplo, según dice Posidonio, el cobre chipriota es también el único que lleva calamina, vitriolo azul y espodio. Particularidad de Iberia ha dicho Posidonio que es el que las cornejas no sean negras y que los caballos de los celtíberos, que son moteados, cambien de color cuando se trasladan a la Iberia exterior. Dice que se parecen a los caballos partos, pues son veloces y mejores corredores que los demás. 

16 Algunas costumbres raras.
Hay un gran número de raíces útiles para tintes. En cuanto al olivo, vid, higuera y plantas de este tipo, la costa ibérica del Mar Nuestro las procura todas en abundancia, y con profusión también la costa exterior. Sin embargo el litoral oceánico del Norte se ve privado de esto a causa del frío, y el resto más que nada por la negligencia de sus gentes y por vivir no según un ritmo ordenado sino más bien según una necesidad y un impulso salvajes, con costumbres envilecidas; a no ser que se piense que viven ordenadamente los que se lavan y se limpian los dientes, tanto ellos como sus mujeres, con orines envejecidos en cisternas, como dicen de los cántabros y sus vecinos. Esto y el dormir en el suelo es común a iberos y celtas. 

Algunos dicen que los calaicos no tienen dioses, y que los celtíberos y sus vecinos del norte hacen sacrificios a un dios innominado, de noche en los plenilunios, ante las puertas, y que con toda la familia danzan y velan hasta el amanecer. Y que los vetones, cuando entraron por primera vez en un campamento romano, al ver a algunos de los oficiales yendo y viniendo por las calles paseándose, creyeron que era locura y los condujeron a las tiendas, como si tuvieran que o permanecer tranquilamente sentados o combatir. 

jueves, 10 de enero de 2013

GEOGRAFÍA DE IBERIA ESTRABÓN (XXII)


11 Los cerretanos.
Del propio Pirene, la vertiente ibérica es rica en árboles de toda especie y en particular de hoja perenne, pero la céltica está desnuda, y en cuanto a la zona central, configura valles con buenas condiciones de habitabilidad. Los ocupan en su mayor parte los cerretanos, de raza ibérica, entre los cuales se preparan excelentes jamones que rivalizan con los de Cibira y proporcionan no pocos ingresos a sus gentes. 

12 Fronteras y ríos de Celtiberia.
Rebasando la Idúbeda se halla inmediatamente Celtiberia, vasta y heterogénea; la mayor parte de ella es escabrosa y está bañada por ríos, pues a través de ella discurren el Anas, el Tago y otros cuantos ríos que, yendo a parar al mar occidental, tienen su origen en Celtiberia. De éstos, el Durio pasa por Numancia y Serguncia, y el Betis, teniendo sus fuentes en la Oróspeda, fluye a través de Oretania hacia la Bética. Al norte de los celtíberos viven los berones, limítrofes de los cántabros coniscos y surgidos también ellos de la migración celta, a los cuales pertenece la ciudad de Varia, emplazada en el paso de Íber. Son vecinos también de los bardietas, a los que ahora llaman bárdulos. Por Occidente hay algunas tribus de astures, calaicos y vacceos y también de vetones y carpetanos, por el Sur los oretanos y todos los demás bastetanos y edetanos que habitan la Oróspeda, y, al Oriente, la Idúbeda.

lunes, 10 de diciembre de 2012

GEOGRAFÍA DE IBERIA ESTRABÓN (XVI)


7 Montañeses del Norte.
Todos los montañeses son austeros, beben normalmente agua, duermen en el suelo y dejan que el cabello les llegue muy abajo, como mujeres, pero luchan ciñéndose la frente con una banda. Comen principalmente chivos, y sacrifican a Ares un chivo, cautivos de guerra y caballos. Hacen tambien hecatombes de cada especie al modo griego, como dice Píndaro:

de todo sacrificar cien.

Realizan también competiciones gimnásticas, de hoplitas e hípicas, con pugilato, carrera, escaramuza y combate en formación. Los montañeses, durante dos tercios del año, se alimentan de bellotas de encina, dejándolas secar, triturándolas y luego moliéndolas y fabricando con ellas un pan que se conserva un tiempo. Conocen también la cerveza. El vino lo beben en raras ocasiones, pero el que tienen lo consumen pronto en festines con los parientes. Usan mantequilla en vez de aceite. Comen sentados en bancos construidos contra el muro y se sientan en orden a la edad y el rango. Los manjares se pasan en círculo, y a la hora de la bebida danzan en corro al son de flauta y trompeta, pero también dando saltos y agachándose, y en Bastetania danzan también las mujeres junto con los hombres cogiéndose de las manos. 

Todos los hombres visten de negro, sayos la mayoría, con los que se acuestan también sobre jergones de paja. Utilizan vasos de madera, igual que los celtas. Las mujeres van con vestidos y trajes floreados. En vez de moneda, unos <...> y los que viven muy al interior se sirven del trueque de mercancías, o cortan una lasca de plata y la dan. A los condenados a muerte los despeñan y a los parricidas los lapidan más allá de las montañas o de los ríos. Se casan igual que los griegos. A los enfermos, como antiguamente los egipcios, los exponen en los caminos para que los que la han pasado les den consejos sobre su enfermedad. Para las subidas del mar y los pantanos usaban, hasta la época de Bruto, embarcaciones de cuero, pero hoy día incluso las talladas a partir de un solo tronco son ya raras. Su sal es púrpura, pero blanca una vez molida. Este, como he expuesto, es el género de vida de los montañeses, y me refiero a los que jalonan el flanco norte de Iberia: calaicos, astures y cántabros hasta llegar a los vascones y el Pirene; pues el modo de vida de todos ellos es semejante. Pero temo dar demasiados nombres, rehuyendo lo fastidioso de su transcripción, a no ser que a alguien le agrade oír hablar de los pleutauros, bardietas, alotriges y otros nombres peores y más ininteligibles que éstos.

8 La Paz Romana.
 Pero su ferocidad y salvajismo no se deben sólo al andar guerreando, sino también a lo apartado de su situación; pues tanto la travesía por mar como los caminos para llegar hasta ellos son largos, y debido a la dificultad en las comunicaciones han perdido la sociabilidad y los sentimientos humanitarios. Actualmente padecen en menor medida esto gracias a la paz y la presencia de los romanos, pero los que gozan menos de esta situación son más duros y brutales. Y por otra parte, existiendo como existe en algunos pueblos una miseria derivada de los lugares y montañas donde viven, es natural que se acentúe tan extraño carácter; pero ahora, como dije, han dejado todos de luchar: pues con los que aún persistían en los bandidajes, los cántabros y sus vecinos, terminó el César Augusto, y los coniacos y los que viven junto a las fuentes del Íber, los plentuisos, en vez de saquear a los aliados de los romanos, luchan ahora a favor de éstos. Y Tiberio, sucesor de aquél, apostando un cuerpo de tres legiones en estos lugares por indicación de César Augusto, no sólo los ha pacificado, sino que incluso ha civilizado ya a algunos de ellos.

sábado, 20 de octubre de 2012

LA DESTRUCCIÓN DE NUMANCIA

EN LAS HISTORIAS DE OROSIO.

De la opresión y destrucción final de la belicosísima ciudad de Numancia, de la Hispania Citerior, a manos del ya Cónsul Escipión Africano, operación que llevó a cabo, sin embargo, con gran esfuerzo y perjuicio para el Estado.




En el año 620 de la fundación de la ciudad, cuando, a raíz del tratado firmado en Numancia, una infamia casi mayor que la sufrida en otro tiempo en las Horcas Caudinas aumentó la vergüenza en el rostro de los romanos; fue nombrado cónsul Escipión Africano con el acuerdo de todas las tribus; y fue enviado con el ejército para tomar Numancia al asalto.

Numancia, por su parte, ciudad de la Hispania Citerior, situada no lejos de los vacceos y cántabros en la frontera con Galicia, fue la última ciudad de los celtíberos. Ella, con cuatro mil soldados, no sólo contuvo durante catorce años a cuarenta mil romanos, sino que incluso los venció y obligó a vergonzosas alianzas.

Pues bien, Escipión Africano, entrando en Hispania, no se lanzó inmediatamente contra el enemigo para cogerlo, por así decir, desprevenido, por cuanto sabía que este tipo de gente no se entregaba ni corporal ni anímicamente al ocio hasta que no superaban con su forma física habitual el momento óptimo de los demás; Escipión lo que hizo fue ejercitar a sus soldados en los campamentos como se de escuelas se tratase. Y a pesar de que pasó parte del verano y todo el invierno sin ni siquiera intentar la lucha, aun con esta táctica, muy poco consiguió. Efectivamente, cuando llegó el momento de la batalla, el ejército romano, oprimido por el empuje de los numantinos, se dio a la fuga; sin embargo, ante las voces y amenazas del cónsul que se puso en medio y los sujetaba con las manos, el ejército volvió por fin, aunque de mala gana, contra el enemigo, y obligó a huir a quien les había puesto a ellos en fuga. Es difícil creer lo que se cuenta: los romanos pusieron en fuga a los numantinos y los vieron huir. 

A raíz de ello Escipión, aunque se alegró y se glorió porque los resultados fueron más allá de lo que se esperaba, confesó, sin embargo, que nunca más se debería intentar hacer la guerra a éstos. Por ello, consideró que se debía buscar el éxito en sucesos inesperados, asedió la propia ciudad y la rodeó incluso con una fosa: la anchura de la fosa fue de diez pies y su profundidad de veinte. Fortificó después con torres, cercanas unas a otras, la empalizada que construyó con estacas para, de esta forma, si el enemigo intentaba un ataque contra él saliendo de la ciudad, luchar no como un sitiador con un sitiado, sino cambiando los papeles, como un sitiado con un sitiador.

En lo que se refiere a Numancia, situada en un montículo no lejos del río Duero, estaba ceñida por un muro que la rodeaba en una extensión de tres mil pasos, aunque algunos afirman que ocupaba un pequeño trozo de terreno y sin muros. Por ello, lo más razonable es pensar que habían cercado el espacio de terreno citado con el fin de alimentar y cuidar su ganado y para comodidad en el cultivo del campo cuando fuesen atacados militarmente, mientras que ellos mismos ocuparían sólo una pequeña fortaleza naturalmente fortificada. Por otro lado, parece lógico pensar que tan pequeño número de hombres debería dejar más bien abierto, y no fortificar, tan gran espacio urbano. Lo cierto es que los numantinos, largo tiempo cercados y deshechos por el hambre, ofrecieron su rendición con tal de que se les ordenasen cosas que se pudiesen aguantar, pidiendo también con insistencia que se les concediera la oportunidad de luchar en igualdad de condiciones para poder así morir como hombre. Finalmente, salieron todos de pronto por dos puertas tras haber bebido antes gran cantidad no de vino, por cuanto aquel lugar no lo produce, sino de un jugo de trigo de confección artesana, al que llaman "celia" porque se produce por calentamiento; en efecto, con fuego engordan el tamaño del grano de trigo húmedo, después lo secan y luego, convertido en harina, lo mezclan con un jugo dulce; la fermentación consigue un producto de sabor áspero y que produce el calor de la embriaguez. Pues bien, reanimados tras el largo tiempo de hambre por esta bebida, se entregaron a la lucha. El enfrentamiento fue atroz durante largo tiempo e incluso peligroso para los romanos, y de nuevo éstos hubieran probado que su forma de lucha con los numantinos era la huida, si no hubiesen estado bajo el mando de Escipión. Los numantinos, tras morir los más valientes de los suyos, se retiran de la lucha, aunque vuelven a la ciudad con sus filas en orden y no como si huyeran; y no quisieron aceptar los cadáveres de los muertos que les fueron ofrecidos para sepultarlos. Abocados ya todos a la muerte, con la última esperanza de los desesperados, prenden fuego ellos mismos por dentro a la ciudad cerrada y todos juntos perecieron bajo las armas, el veneno y el fuego. Los romanos no consiguieron con la derrota de los numantinos absolutamente nada, salvo su propia seguridad; en efecto, una vez destruida Numancia, ni siquiera consideraron que fueron ellos los vencedores, sino más bien que fueron los numantinos los que se escaparon. La cadena del vencedor no ató a un solo numantino; Roma no vio razón para conceder el triunfo; oro y plata, que podría haber escapado al fuego, no había en este pueblo que era pobre; las armas y los vestidos los consumió el fuego.
Orosio V, 8

viernes, 18 de mayo de 2012

COROCOTTA





Cántabros indomables
que no se someten al yugo romano.
Cansado de luchar contra fantamas
que desaparecían en las montañas,
Augusto, emperador y conquistador
prometió una recompensa
de doscientos sestercios
por la cabeza
de unos de los líderes
de aquella gente montaraz. . .

. . . y el mismo Corocotta,
altivo y desafiante,
se presentó en el campamento
ante Augusto
para reclamar la recompensa
por su propia cabeza . . . .

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