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sábado, 17 de agosto de 2019

LOS NUEVE DE LA FAMA.




La Edad Media, esa época oscura que prolonga su existencia desde la caída del Imperio Romano de Occidente, hasta la conquista turca de Constantinopla, es un período de efervescencia cultural (a contrario de la creencia generaliza de atraso y regresión), cuyas creaciones han traspasado fronteras físicas y temporales. Monjes y escritores, juglares y trovadores, goliardos y profesores de universidad, dieron forma a un interesante universo literario, cuyos ecos traspasaron el Barroco y nuestro celebrado Siglo de Oro, para irrumpir con nuevos bríos en el Romanticismo y llegar, más o menos transformado, hasta nuestros día. Entre estos temas ocupa un lugar destacado el de los Nueve de la Fama, otros tantos nombres convertidos en modelos ideales de caballero, el héroe medieval por antonomasia.

Estos Nueve caballeros de la Fama se distribuyen en tres triadas que representan a tres mundos religiosos diferentes pero a la vez complementarios: el judaísmo, el paganismo clásico y el cristianismo medieval. Jacques de Longuyon fue el primero en agruparlos de esta forma y bajo este nombre en su Voeux du Paon, en el año 1312.

La Triada del Antiguo Testamento está formada por Josué, uno de los profetas de Israel que condujo a su pueblo a conquistar las tierras de Canaan, el rey David, arquetipo de rey guerrero en le Biblia y Judas el Macabeo, líder de la revuelta de los macabeos contra el dominio seleúcida.

La Triada pagana está formada por tres de los héroes de la Antigüedad Clásica; Héctor, el hijo de Príamo rey de Troya, Alejandro Magno, el conquistador más grande de todos los tiempos y Julio César, paradigma de estadista que aúna su capacidad militar y sus dotes como político.

La Triada cristiana, plenamente medieval, la componen los tres caballeros que definieron con su ejemplo la Orden Universal de Caballería: el emperador Carlomagno, renovador de la idea imperial, el legendario rey Arturo, cuyas hazañas se pierden en la brumas de la leyenda y el triunfador de la primera cruzada, Godofredo de Bouillón, convertido en Protector del Santo Sepulcro.


Pinturas, miniaturas, esculturas, múltiples y variadas son las representaciones medievales (y aún posteriores) de los Nueve Caballeros, apareciendo siempre agrupados en tres grupos de tres. Cada uno con los elementos identificativos, incluyendo el blasón.

Este lugar literario común fue motivo de significativas adaptaciones, como Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús, y sus nueve seguidores iniciales, encargados de extender el catolicismo y el espíritu de la Contrarreforma por todo el Orbe.

Don Quijote de la Mancha, caballero andante como pocos han existido, no tiene reparo en compararse con ellos: “Yo sé quien soy – respondió don Quijote -, y sé que puedo ser, no sólo los que he dicho, sino todos los Doce Pares de Francia, y aún todos los Nueve de la Fama, pues a todas las hazañas que ellos todos juntos y cada uno por sí hicieron se aventajarán las mías”.

domingo, 4 de noviembre de 2018

JIMERA DE LÍBAR.



Jimera de Líbar a medio camino entre el Valle del Guadiaro y la alta montaña, es un acogedor pueblecito en la comarca pintoresca de la Serranía de Ronda, en pleno parque Natural de Grazalema.


El municipio Jimea de Líbar (en algún punto entre las sierras de Cádiz y Málaga) se divide en dos barrios, la estación, a orillas del río Guadiaro, y el pueblo (propiamente dicho) en la montaña. La plaza de San Roque es el centro neurálgico del bario bajo, justo enfrente de la estación.


Los alrededores del pueblo se caracterizan por las hazas dedicados a los cultivos de secano y por las huertas, vinculadas a los cursos de agua permanente, olivares y almendrales.


Hasta estos picachos llegó el lusitano Viriato en sus correrías, y aquí cerquita se produjo una refriega entre pompeyanos y cesarianos en la famosa guerra civil que enfrentó a estos dos grandes generales imprescindibles para comprender la historia de Roma.


Sus casa y calles se adaptan, como no podría ser de otra manera, a la topografía del terreno. El paisaje cambia casi imperceptiblemente del terreno abrupto poblado por las típicas encinas y los alcornoques, a las suaves parcelas de olivar, viñedo y las huertas que bajan al valle a beber. Las pequeñas orquídeas florecen acá y allá llenando el paisaje con sus colores y fragancias.


Al igual que sucede con las poblaciones del entorno, Jimena de Líbar vincula sus orígenes, primero con los asentamientos prehistóricos en cerros y cavernas, que usaban los lugares de agregamiento y reunión como la Cueva de la Pileta, y en segundo lugar, con la presencia histórica del Islam en estas tierras serranas. La toponimia nos cuenta que Jimea nació como Inz Almaraz, un emplazamiento que significa fortaleza o castillo de mujer.


Sobre ese castillo se construyó la iglesia del pueblo, en cuyos cimientos se ha encontrado un cementerio musulmán.


La localidad, que en tiempos se llamaba Ximena o Ximera, alcanzó su apogeo demográfico entrado el siglo XIX. Pero cuando excavamos en las arenas del tiempo descubrimos elementos arqueológicos vinculados con los fenicios, que posiblemente comerciarían con los habitantes de la zona y los restos de un ramal de la calzada romana que unía Acinipo (Ronda) con el campo de Gibraltar y la bahía de Algeciras.


El buitre leonado campa a sus anchas, aunque también son visibles otras rapaces emblemáticas de la península Ibérica, como el águila real.




martes, 28 de agosto de 2018

SARCÓFAGOS PÚNICOS DE GADIR.



Colocados de esa forma ante el público, el uno junto al otro, los dos sarcófagos antropoides, masculino y femenino, parecían un matrimonio de otras épocas, y era así sin duda como lo interpretaban quienes se detenían a contemplarlos con esa mezcla de temor y reverencia que produce siempre todo aquello que tiene alguna relación con la historia y con la muerte. Sin embargo, el sarcófago femenino era unos setenta más más antiguo, aunque fue encontrado casi un siglo más tarde que su actual compañero para la posteridad, y lo delicado de su talla llevaba a pensar que en efecto había una cierta evolución artística en su diseño, quizás porque el sarcófago masculino no había sido tallado en mármol noble y había permanecido a la intemperie demasiado tiempo.

Ambos formaban parte de los tesoros más valiosos del museo. En realidad, el edificio había crecido alrededor del sarcófago masculino. El 30 de mayo de 1887, en el transcurso de unas obras en Punta de Vaca, el lugar donde luego se instalarían los astilleros que darían brevemente respiro a la ciudad que ya hacía un siglo que había empezado a enmascarar su hundimiento con la pérdida del monopolio ultramarino, se encontró el primer sarcófago. Hubo quien lo consideró el mismísimo rey Argantonio de Tartessos, quien al comprobar el tamaño de sus huesos lo atribuyó a un pigmeo, y quien quiso imaginar que su procedencia era egipcia con influencia helenizante. Al final, se cifró su procedencia y su edad: una talla sidonense contemporánea de Platón que quizá albergaba en su interior a un rico comerciante tan satisfecho de sí mismo que había legado sus rasgos para la historia. El Museo se construyó para mostrarlo al público, aunque los dimes y diretes de prohombres y políticos, cuestiones monetarias y otras polémicas lo habían dejado abandonado y al raso durante décadas; quizás a eso se debiera parte de lo deteriorado de su aspecto.

El yacimiento y los otros cadáveres y ajuares encontrados a su alrededor llamaron la atención de arqueólogos de todo el mundo. El comentario corriente de la antigüedad de la ciuda y la falta de ruinas que conllevaban sus diversos hundimientos a lo largo de la historia se veía, por fin, negado ante la evidencia de un sarcófago gigantesco que hablaba de la importancia de la Gadir fenicia en el mundo comercial mediterráneo que luego sería ahogado por Roma y su imperio. Uno de aquellos arqueólogos venidos a principios del siglo veinte se llamaba Pelayo Quintero Atauri. Durante décadas, hasta que ya septuagenario marchó en 1939 a Tetuán, donde murió en 1946, se dedicó a la búsqueda de un segundo sarcófado que revalidara la influencia comercial de la colonia, el poderío de sus mercaderes y sacerdotes, incluso, en su fantasía el amor que el ocupante del sarcófago femenino tendría que haber profesaro hacia su esposa, a la que sin duda había enterrado con la misma pompa y circunstancia que se había otorgado a sí mismo.

Quienes escuchaban ahora la historia, resuelto el misterio, no podían evitar un escalofrío. Porque Pelayo Quintero, a pesar de sus esfuerzos, no logró encontrar aquel sarcófago y se lo llevó la muerte antes de que su tesis pudiera ser demostrada.

El 26 de septiembre de 1980, en la inevitable obra que siempre desgrana Cádiz los restos de su pasado de oropeles y miseria, se halló el sarcófago femenino, en un solar de la calle Ruiz de Alda (ahora convenientemente rebautizada “Parlamento”). El sarcófago, aunque hoy los visitantes del museo ven su tono marfileño, era de mármol policromado; como siempre, la tardanza en retirarlo y la lluvia y el viento de aquel día borraron del rostro de piedra de la muerta gran parte del mimo que el dinero de sus seres queridos habían puesto en su enterramiento. También las raíces de los árboles y la rotura del catafalco había hecho que dos mil quinientos años de erosión carcomieran la momia interior, de la que apenas quedaban restos y vendajes putrefactos. Quizá a imitación de su prima lejana ibera, y aunque su contrapartida masculina no tiene nombre específico, se la llamó “Dama de Cádiz”.

El hallazgo no habría tenido mayor importancia que la anécdota de no ser porque, por uno de esos caprichos del destino, el solar donde fue descubierto el sarcófago había sido exactamente el lugar donde Pelayo Quintero, aquel soñador convencido de su existencia, había vivido durante años. Hoy, conocida la anécdota y la burla del destino, no era difícil imaginar a aquel hombre durmiendo cada noche, soñando con un sarcófago enterrado más de dos milenios antes, rebulléndose en su cama y buscando la respuesta a aquella comezón que lo atosigaba, sin saber que a pocos metros de su mismo chalecito, bajo él, la Dama de Cádiz lo llamaba cada noche, insistiéndole para que la sacara a la luz y la colocara en el trono público que ahora compartía con el varón que la acompañaba en la contemplación de la vida desde la muerte.

No hay quien conozca la historia de Pelayo Quintero y la casualidad del hallazgo que no reprima un suspiro de perplejidad ante la jugarreta del destino. La Dama de Cádiz, sin embargo, sonríe ahora al recordarlo por debajo de su máscada de mármol inexpresivo. Después de dos mil quinientos años bajo tierra, aunque se gastó las uñas intentando arañar una salida, aunque se quemó las cuerdas vocales que ya no tenía llamando cada noche al único hombre que confiaba en su existencia, ahora estaba aquí, a plena luz, esperando, igual que quienes la adoraban, su momento.
Rafael Marín. 
La Ciudad Enmascarada.


sábado, 16 de septiembre de 2017

BIGERRIONES




Un pueblo de la Aquitania antigua que habitaba en Novempopulania, un territorio llamado posteriormente Bigorre. El general romano Julio César los cita al referirse al triunfo obtenido en el año 38 a.C. Por P. Licinio Craso sobre el conjunto de los pueblos aquitanos. (Comentarios, III, 27,1)

martes, 27 de junio de 2017

ALEA JACTA EST.


Un paso para provocar una guerra, una apuesta consigo mismo, un órdago para conquistar un imperio. Julio César cruzó el Rubicón, se rebeló contra la autoridad del Senado, rompió el corazón a su viejo amigo Pompeyo y desencadenó una cruenta Guerra Civil. La suerte de César estaba echada, la de la República también. 

viernes, 17 de febrero de 2017

VELLIDO DOLFOS.



Como sucede con Bruto, aquel que apuñaló a Julio César durante los Idus de Marzo, Vellido Dolfos que asesinó al rey Sancho II el no menos famoso Cerco de Zamora, es tratado indistintamente como héroe y como traidor. El que históricamente se ha conocido como Portillo de la Traición en Zamora ha mutado su nombre y ahora es Puerta de la Libertad. Juzgue cada cuál como considere oportuno.  

miércoles, 30 de noviembre de 2016

LA ÚLTIMA LEGIÓN.


La leyenda comenzó bajo estas oscuras colinas y bajo este mismo cielo. Nos cuenta la historia de una espada de enorme poder, forjada para el conquistador Julio César. La espada pasó de generación en generación hasta llegar al último descendiente del noble linaje de César, el emperador Tiberio. A su muerte fue ocultada para evitar que cayera en manos de sus enemigos. Durante generaciones estuvo escondida en un lugar secreto marcado por el símbolo de la estrella de cinco puntas y como decía la leyenda, bajo la mirad de César. Yo Ambrosino, nacido en Britania, fuí uno de los numerosos guerreros que la buscaron. En una época de injusticias dediqué mi vida a la búsqueda de la espada y aquel que fuera digno de empuñarla. Viajé lejos, crucé el continente europeo y llegué al corazón de un imperio que gobernaba la mitad del mundo conocido.


Una apuesta arriesgada con cierto tufillo a fracaso. Basada libremente en la obra homónima de Valerio Manfredi, la Última Legión es un intento (otro más) de desentrañar un viejo misterio: el origen de Excalibur la poderosa espada del rey Arturo.


Un universo donde conviven el paganismo, el decadente Imperio Romano, la barbarie germana, el atávico paganismo, un pretendido celtismo auténtico y un dulce toque de exotismo.


El Imperio Romano de Occidente desaparece como tal, mientras que el Imperio de Oriente comienza una lenta transformación para convertirse en Imperio Bizantino. El colapso político de Occidente marca el origen de una nueva época con sus propios mitos; la Edad Media.


La historia intenta profundizar en el origen de algunos de los protagonistas esenciales del Ciclo Artúrico, como Merlín, Uther Pendragón, Vortigern o el misterioso Aurelio Ambrosio. A pesar de la buena intención, los personajes no son más que caricaturas de sí mismos, alejados del marco ideológico y literario del que surgieron.




domingo, 15 de mayo de 2016

BUREBISTA, SEÑOR DE TODO EL DANUBIO.



De entre los bosques carpáticos surge la imponente figura de Burebista, henchido de firmeza, determinación, carisma y capacidad de mando. Junto a Decébalo, el más grande rey de los dacios.

A mediados del siglo I a.C. estableció el primer gran estado dacio, unificó a los geto-dacios y a los tracios, reorganizó el ejército y se lanzó a guerrear contra los pueblos vecinos (y algunos de más allá). Venció a los boios, tauriscos y escordiscos (todos ellos profundamente celtizados), subyugó a los correosos bastarnos e incluso consiguió el control de las dinámicas colonias griegas del mar Negro. Burebista construyó un imperio al norte de los Balcanes, que se extendía a ambas orillas del Danubio y que por oriente alcanzó la región de Odessa.


Este monarca levantó una red de fortalezas en los Cárpatos (Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO) y situó su capital muy cerca de Costesti. Reinó durante cuatro décadas sobre un mosaico de pueblos, dispares entre sí y poco cohesionados. Las tierra sobre las que gobernó eran fértiles para la agricultura, aptas para la ganadería, ricas en minas y prósperas para el comercio. Burebista siempre contó con la colaboración de Decenus, un hombre religioso similar a los druidas, un sabio consejero al estilo de Merlín, Gandalf o Panoramix.

“Burebistas, tras haberse hecho cargo de la dirección del pueblo, levantó la moral de la gente, que estaba decaída por las numerosas guerras, y logró alcanzar tal grado de prosperidad a base de entrenamiento, disciplina y obediencia a sus órdenes, que en pocos años se había hecho con un gran imperio, sometiendo al yugo geta a la mayoría de sus vecinos. Ahora comenzaba a ser digno de temer para los romanos, dado que cruzaba sin reparo el Istro y saqueaba Tracia hasta Macedonia e Iliria; devastando no sólo a los celtas que estaban mezclados con tracios e ilirios, sino también causando la completa desaparición de los boyos, gobernados por Critasiro y de los tauriscos. Para lograr la docilidad del pueblo contaba con la ayuda de Deceneo, el adivino, el cual había viajado por Egipto y había aprendido a interpretar ciertos signos, por medio de los cuales descifraba la voluntad divina”
Estrabón VII, 3, 11.

En su avance hacia Occidente Burebista chocó contra Roma y en el año 60 a.C. fulminó a un ejército comandado por Antonio Hybrida. Esta victoria le otorgó fama e hizo aumentar su prestigió, hasta el punto que Pompeyo Magno buscó su alianza para sumar fuerzas en la tortuosa Guerra Civil.

Julio César, animado por deseos de venganza y preocupado por un potencial enemigo en el Corazón de Europa, preparaba una campaña contra los dacios, cuando sobrevinieron los trágicos Idus de Marzo. A Burebista no le fue mucho mejor, pues también fue víctima de un oscuro complot nunca aclarado. Los hados del destino no quisieron que estos dos titanes cruzaran armas.


viernes, 18 de diciembre de 2015

SOBRE IBERIA DE APIANO ( y LI)



100 Actuación vergonzosa de Didio.
Existía otra ciudad próxima a Colenda, habitada por tribus mezcladas de los celtíberos, a quienes Marco Mario había asentado allí hacía cinco años con la aprobación del senado, por haber combatido como aliados suyos contra los lusitanos. Pero éstos a causa de su pobreza se dedicaron al bandidaje. Didio, tras tomar la decisión de destruirlos, con el beneplácito de los diez legados todavía presentes, comunicó a los notables que quería repartirles el territorio de Colenda en razón de su pobreza. Cuando los vio alegres, les ordenó que comunicaran al pueblo esta decisión y acudieran con sus mujeres e hijos a la repartición del terreno. Después que llegaron, ordenó a sus soldados que evacuaran el campamento y, a los que iban a recibir el nuevo asentamiento, que penetraran en su interior so pretexto de inscribir en un registro a la totalidad de ellos, en una lista los hombres y en otra las mujeres y los niños para conocer qué cantidad de tierra era necesario repartirles. Cuando hubieron penetrado en el interior de la zanja y la empalizada, Didio, rodeándoles con el ejército, les dio muerte a todos. Y por estos hechos también celebró su triunfo Didio. De nuevo se sublevaron los celtíberos y, enviado Flaco contra ellos, mató a veinte mil. En la ciudad de Belgeda, el pueblo, presto a la revuelta, prendió fuego al consejo, que se hallaba indeciso, en el mismo lugar de su reunión. Flaco marchó contra ellos y dio muerte a los culpables.

101 Sertorio en Iberia.
Éstos son los hechos que encontré dignos de mención en las relaciones de los romanos con los iberos, como pueblo, hasta este momento. En un período posterior, cuando surgieron en Roma las disensiones entre Sila y Cínna, y el suelo patrio se vio dividido por guerras civiles y campamentos, Quinto Sertorio, del partido de Cinna, elegido para mandar en Iberia, sublevó a esta última contra los romanos. Después de reunir un gran ejército y crear un senado de sus propios amigos a imitación del senado romano, marchó contra Roma con atrevimiento y una moral elevada. También en lo demás era renombrado por su celo extremado, hasta tal punto que el senado, lleno de temor, eligió contra él a aquellos de sus generales que gozaban de la máxima fama entonces: Cecilio Metelo con un gran ejército y Gneo Pompeyo con otro ejército, para que repelieran de cualquier manera posible esta guerra fuera de Italia, gravemente aquejada por la guerra civil. Pero a Sertorio lo mató Perpenna, uno de sus partidarios, que se proclamó a sí mismo general de la facción en su lugar, y Pompeyo dio muerte en el combate a Perpenna, de modo que esta guerra que había causado gran alarma a los romanos por el miedo llegó a su fin. Los pormenores de la misma los mostrará el libro de la guerra civil concerniente a Sila.

102 Iberia bajo César y Augusto.
Después de la muerte de Sila, fue elegido como pretor para Iberia, Gayo César, con poder incluso para hacer la guerra a quienes fuera necesario. Sometió por la fuerza de las armas a todos aquellos pueblos iberos que estaban agitados o faltaban por someter a los romanos. A algunos que se sublevaron los sometió Octavio César, el hijo 61 de Gayo, llamado Augusto. Y me parece a mí que desde aquel tiempo los romanos dividieron Iberia —a la que precisamente ahora llaman Hispania— en tres partes y comenzaron a enviar, cada año, gobernadores a cada una de ellas, dos elegidos por el senado y el tercero por el emperador por el tiempo que estimase oportuno.


jueves, 26 de noviembre de 2015

LOS AVERNOS



Los arvernos estan establecidos hacia el Liger. Su capital es Nemoso, situada a la vera del rio que discurre junto a Cénabo, enclave comercial de poblacion variopinta ubicado hacia la mitad de la parte navegable, y va a desembocar al Oceano. Del antiguo poder de los arvernos da buena prueba el hecho de que, en muchas ocasiones, lucharon contra los romanos alineando unas veces doseientos mil hombres y otras el doble, como cuando lucharon a las ordenes de Vercingetorix contra Cesar el dios. Antes, contra Maximo Emiliano, eran doscientos mil, y otros tantos contra Domicio Enobarbo. Los enfrentamientos con Cesar tuvieron lugar en las cercanias de Gergovia, ciudad de los arvernos situada sobre un monte muy alto de la cual procedia Vercingetorix, y en torno a Alesia, ciudad de los mandubios, pueblo fronterizo de los arvernos, también ella situada sobre un altozano, rodeada de montes y ceñida por dos ríos. En esta ciudad fue hecho prisionero su jefe y se puso fin a la guerra. Contra Maximo Emiliano lucharon en la confluencia entre el Isara y el Rodano, por la parte en que el Cemeno confina con el Rodano, pero contra Domicio fue aun mas abajo, en la confluencia del Sulga y el Rodano. Los arvernos se extendían inicialmente hasta Narbona y hasta las fronteras de la masaliotida, e imperaban sobre los pueblos establecidos hasta el Pirene, el Oceano y el Rin. Se cuenta que Luerio, el padre de aquel Bituito que combatio contra Maximo y Domicio, era tan rico y ostentoso que, para hacer a sus amigos una demostracion de su opulencia, había cruzado en un carro la llanura sembrando a diestro y siniestro monedas de oro y de plata, de forma que pudieran recogerlas los que lo escoltaban.
Estrabón IV, 2, 3.


miércoles, 22 de julio de 2015

ON VELLE



Dos guerreros celtas, de alguna tribu de los galos, un capitán y su guardaespaldas que ha jurado defenderlo y no sobrevivirle en el campo de batalla, vigilan atentos la llegada a las Galias de miles de legionarios con un tal Julio César al mando. El mundo que conocen se acerca a su fin.



El grupo escultórico "On velle" obre de Edmond Desca se levanta en el bonito parque Pepiniere en Nancy, la antigua capital del Ducado de Lorena. Francia nunca olvida.  


martes, 7 de julio de 2015

EL TROMPETISTA DE URSO



Un guerrero turdetano, un centinela o un músico metido a soldado, vestido con una túnica corta, atada a la cintura a modo de faldín, hace sonar la trompa (o cuerno) mientras las tropas desfilan envalentonadas y cantando himnos de victoria rumbo fijo al campo de batalla. Tras el combate, el mismo instrumentista tocará la trompa con monotonía fúnebre, mientras loas caídos inician su peregrinar espiritual al paraíso.

En la ciudad ibérica de Urso durante la guerra civil entre Julio César y Pompeyo, se levantaron murallas, reforzándola con sillares que presentaban relieves escultóricos que habían pertenecido a diferentes construcciones de una antigua necrópolis de tradición ibera. Se piensa que el sillar expuesto formaba parte del conjunto más moderno conocido como "monumento B de Osuna".

sábado, 4 de abril de 2015

RUTENOS



La obra escrita de Julio César nos permite conocer, al menos el nombre antes de desaparecer de la historia, de muchos de los pueblos que habitaban la Galia hacia el cambio de milenio. Por ejemplo, los Rutenos, que habitaban Aquitania, hicieron causa común con los avernos, cuando se levantaron en armas contra Roma.

"[...]....que los avernos y los rutenos habían sido derrotados por Quinto Fabio Máximo".
Guerra de las Galias I,45,2

Estrabón de Amasia también los cita como parte de los pobladores de Aquitania. "En el límite con la Narbonense están los rutenos y los gábalos" (IV, 2.2.)


martes, 31 de marzo de 2015

LUCIO CORNELIO SILA



Ojos fríos, mirada altiva, cabellos dorados, corazón orgulloso. Vividor, militar y político. Miembro de una notable familia patricia venida a menos, Sila vivió una juventud de crápula, alternando con truhanes, gladiadores y meretrices, y consiguió aquello que John Voight anhelaba en Cowboy de Medianoche, una mujer que lo mantuviese. Una ramera griega algo mayor que él a la que maltrató sin remordimiento. 

Salió de la inmundicia para enrolarse en el ejército (única salida para los desechos sociales). Sirvió como cuestor en el ejército de Cayo Mario durante la guerra de Yugurta, interviniendo de forma crucial en la traición que posibilitó la captura del rey numida.

Vuelto a la decadencia de Roma se lanzó a la política para poder pagar vicios y sus numerosas deudas, y rápidamente se enfrentó abiertamente a su antiguo general. Los optimates (ricos y poderosos) vieron en Sila, al hombre capaz de derrotar al bando popular acaudillado por Mario. 

Hombre capaz y talentoso, pero un político contradictorio hasta la temeridad. Por un lado pretendía mantener vigente la legalidad, pero sus acciones marcaron el comienzo del fin de la República. En un alarde de prepotencia e irresponsabilidad acampó a sus hombres en el foro, siendo el primer general en lanzar un ejército romano contra la propia Roma, sentando un peligroso precedente. 

Embriagado de sí mismo, se proclamó cónsul vitalicio y organizó una auténtica masacre con los seguidores y simpatizantes de Mario, sembrando de muerte una agonizante república. Sila dispuso del mayor poder personal que existió en toda la historia de Roma, hasta la irrupción de César. Un Julio César al que precisamente Sila perdonó la vida, al tiempo que mascullaba entre dientes "cometo una tontería, pues hay muchos Marios en ese muchacho". Con esta decisión permitió al joven Julio labrarse un futuro más que prometedor. 

Cansado de la diplomacia de los políticos, la parsimonia de los chupatintas, asqueado del ejercicio del poder y aburrido de una existencia insulsa, un día decidió abdicar, y retirarse a una villa rural en la fértil Campania, cerquita de Nápoles. A partir de entonces vivió como un Padrino de la Cosa Nostra retirado de los negocios, rodeado de sus aduladores veteranos, enfrascado en interminables conversaciones sobre filosofía, dulcificando el día a día con el vino de la región y fornicando como un adolescente con su bella y joven esposa Valeria.

Antes de morir rubricó su intensa vida con un epitafio de su propia cosecha, "he correspondido con creces a los amigos que me hicieron favores y a los enemigos que me ofendieron". 

domingo, 22 de marzo de 2015

BLANOVIOS



Vercingétorix, caudillo de los avernos, solicita a los blanovios, una tribu aliada, que le envíe 35.000 guerreros para salvar Alesia. Aunque la cifra apuntada por Julio César es a todas luces inverosímil, si que tuvo que ser importante el aporte blanovio al ejército confederado de los galos. La única mención que he encontrado de ellos es en La Guerra de las Galias de César (7, 75.2). ¿Pueden ser los mismos que los branovices?

domingo, 15 de marzo de 2015

LUCANO, EL POETA.



Lucano, cordobés, sobrino de Séneca, y autor de la Farsalia, un poema épico con la guerra entre César y Pompeyo de fondo. Tuvo la desgracia de ser mejor poeta que el emperador Nerón, quien celoso del talento del cordobés proscribió su obra, prohibiendo la lectura de sus versos en público. Enfadado con la decisión arbitraria del emperador, no dudó en unirse a la conjura de los Pisones para derrocar a Nerón. Cuando el complot fue descubierto y conocedor de la sentencia de muerte que le había caído por traidor, optó por maquillar su honor. Con serenidad y entereza se abrió las venas y dejó que la vida abandonase su cuerpo. 

domingo, 25 de enero de 2015

ADUÁTICOS O ATUÁTICOS



Los cimbrios y los teutones fueron una de las mayores amenazas que sufrió Roma durante la etapa republicana. Miles de guerreros germanos procedentes de Jutlandia se abalanzaron sobre la Galia y el Norte de Italia. Pero al parecer algunos grupos quedaron por el camino, como los Aduáticos (también llamados Atuáticos), un destacamento que se asentó en le región de Namur (en la Galia Belga). Quizá la intención era proteger de alguna manera la retaguardia y controlar una posible vía de escapa si la gran migración fracasaba. 

"Descendíán éstos [atuátucos] de los cimbrios y teutones"
Julio César. Guerra de las Galias II, 29,4. 

Cinco décadas más tarde de la victoria de Roma sobre cimbrios y teutones en Aquaa Sextae (102 a.C.), Cayo Julio César inició sus campañas de conquista en la Galia. En una de estas campañas, en la Batalla del Sabis, el brillante general romano se enfrentó a la tribu de los nervios que fueron apoyados por los aduáticos. 

"[los nervios]....se estaba a la espera de las tropas de los atuátucos, que iban de camino"
Julio César, Guerra de las Galias II, 16, 4.

Las legiones romanas derrotaron a los nervios, pero fueron superados por las tropas de aduáticos, que tras la batalla se vieron obligados a replegarse a una de sus fortificaciones junto al río Mosa y prepararse para resistir. 

Acosados por César y encerrados en la ciudad, los fieros aduáticos atacaron a los romanos después de haber alcanzado un acuerdo pacífico de rendición. 

"Después de informar a los suyos, digieron que harían lo que se les mandese"
Julio César. Guerra de las Galias II, 32,3.

El ejército romano mejor preparado derrotó a los aduáticos (germanos o celtas),que fueron tratados con dureza por haber faltado a la palabra dada a César.

"[...] ...habiendo cubierto con pieles, salieron súbitamente en tromba de la plaza con todos sus efectivos, en el curso de la tercera vigilia, allí por donde parecía menos difícil el acceso a nuestras fortificaciones.
Rápidamente, tal y como César había previamente ordenado, apenas se dio la señal con fuego se acudió a este punto desde los fortines más cercanos. Los enemigos pelearon con el encarnizamiento con que debían hacerlo hombres valientes en una situación desesperada, sobre un terreno desfavorable, enfrentándose a gente que les disparaba sus dardos desde la empalizada y las torres, mientras todas sus esperanzas dependían únicamente de su valor.Caídos ya unos cuatro mil, los restantes fueron rechazados hacia la plaza.
Al día siguiente, tras forzar las puertas - pues ya nadie defendía - y entrar en su interior nuestros soldados, César vendió en un solo lote todo el botín de la plaza. Los compradores le informaron de que habían sumado cincuenta y tres mil cabezas".
Julio César. Guerra de las Galias II, 33

jueves, 27 de noviembre de 2014

ARLES ROMANA



En la región natural de la Camarga, a orillas del Ródano, Arlés, engrandecida por Roma, patrocinada por el Divino César, su impresionante anfiteatro, conocido como Arena de Arlés, sigue sirviendo como escenario de sangrientos espectáculos. Veintiún siglos después, la impronta romana es la que recie el visitante, una monumentalidad imperial que a veces oculta un precioso trazado medieval.


Una de las primeras ciudades fundada por los romanos en el sur de la Galia, que primeramente había sido la griega Theline y más tarde la celta Arelate, y que el poeta Ausonio definió como "la pequeña Roma de los galos". Conquistada en el 123 a.C., pronto los ingenieros latinos construyeron un canal para unirla al mar Mediterráneo con el objetivo de competir con el gran puerto mediterráneo del momento; Marsella.


Precisamente durante la casi fratricida guerra entre César y Pompeyo, Arlés apoyó a Julio, y su rival Marsella, al Grande. Tras su victoria, César arrebató posesiones a la antigua colonia griega para cederlas a la ciudad que la ofreció ayuda. Su nombre completo era Colonia Iulia Paterna Arelatensium Sextanorum, esto es, Colonia Julia de Arlés de los Soldados de la Sexta Legión, y es que se convirtió en una colonia para el asentamiento de los veteranos de la Legión VI Ferrata.


Con el tiempo se convirtió en una de las ciudades más destacadas de la Narbonense y recuerdo de ese esplendor son el anfiteatro, conocido como las Arenas, el teatro o las termas. La cercanía al mar y la utilidad de su puerto fueron la clave del desarrollo que experimentó la colonia romana. Arlés contaba con un puente construido con barcos, torres y puentes levadizos, que era el más meridional de todos los puentes que vadeaban el Ródano.

" [...] mientras que de la parte del Ródano, Arelate es una ciudad y puerto comercial importante".
Estrabón IV, 1, 6.



A finales de la Edad Antigua (siglos IV y V) fue utilizada como cuartel militar para las tropas de los emperadores en campaña y en tiempos de Flavio Honorio (emperador) fue sede de la prefectura de las Galias que también incluía a Hispania. Durante el reinado de Constantino, se convirtió en una de las residencias favoritas del emperador.  
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