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viernes, 13 de febrero de 2015

IGLESIA FORTALEZA DE UJUÉ.




La iglesia-fortaleza de Ujué es uno de los conjuntos medievales más singulares de toda la geografía navara, una histórica villa que ha sabido conservar su aspecto original. Enriscada en lo alto de una sierra, semejante a un nido de rapaz. Esta sierra de Ujué marca el límite meridional de la Navarra montañosa.

“Al terminar la Edad Media muchos de los grandes templos de la Península adoptaban el aspecto de aguerridos baluartes, resultando muy paradójica esta imagen militar con las pías funciones a las que estaban destinados. Remodelaciones acomodándose al devenir de los estilos modernos y, sobre todo, restauraciones supuestamente puristas llevadas a cabo desde el siglo XIX han hecho desaparecer el aspecto de fortificación en la mayoría de los templos.

En las iglesias altomedievales las formas de arquitectura militar responden a un intencionado lenguaje simbólico, que terminará por perder estas connotaciones bélicas e integrarse en un léxico característico de los edificios religiosos. Llegará un momento que el símbolo dará paso a la realidad. Las implicaciones del clero secular y regular en los conflictos de la sociedad obligarán a que catedrales, parroquias o iglesias monasteriales adopten formas encastilladas muy diferentes a supuestos aspectos teóricos de la arquitectura templaria de su época. El interés por una iglesia integrada en las murallas de la ciudad o del barrio, constituyendo un bastión fundamental en la forticación urbana, siendo reducto de defensa de los vecinos o de los derechos del señor feudal, tanto el obispo como el abad, llevan a los constructores a edificar un alcanzar antes que un cimborrio, una torre para la "máquina de guerra" mejor que una tums signorum. Por todas estas circunstancias, las "restauraciones puristas", muchas veces, no se corresponden con la realidad arquitectónica del monumento”.
Isidro G. Bango Torviso. “El verdadero significado del aspecto
de los edificios. De lo simbólico a la realidad funcional. La iglesia encastillada”.



Sus orígenes se remontan al siglo X y pronto se convirtió en una avanzadilla cristiana frente a los musulmanes de la Ribera de Tudela. Desde el siglo XIII fue una plaza fuerte y atalaya del Reino de Navarra, pequeño y vulnerable, frente a su poderoso vecino, Aragón.


El rasgo característico, y definidor de este templo, es su sólido aspecto de fortaleza, con torres almenadas, camino de ronda y contrafuertes. Una auténtica maravilla de la arquitectura medieval.



El camino de ronda, rodea el edificio y era utilizado por los centinelas para asegurar el perímetro de la fortaleza. Arcos, balaustrada y cubierta de madera configuran un precioso mirador abierto a La Ribera. 


El Santuario de Nuestra Señora de Ujué-Uxue, (etiomlógiamente podría derivar de "usoa" paloma en euskera), aparece vinculado a la fortaleza, y tiene su origen en una leyenda. 



Un pastor que andaba apacentando a sus ovejas cuando se fijó en una paloma que entraba y salía por el agujero de un gran peñasco. Intentó espantarla varias veces arrojandole piedras o incluso su cayado. Sorprendido por la habilidad del ave decidió entrar a través de la oquedad y explorar el interior. La sorpresa fue mayúscula, pues en el seno de una cueva encontró la imagen de la Virgen. A su pies posada la paloma cuyo vuelo había conducido hasta allí.



En la localidad tienen al primer rey de Pamplona, Iñigo Arista , como fundador de Ujué. A los pies del recinto una plaza con su nombre.



Para los cronistas árabes, el mejor castillo que poseía García Sánchez . Otro rey, Sancho Ramírez concedió fuero a la villa e impulsó la construcción de una nueva iglesia románica a partir de 1090.



Pórtico de Santa María, con la Última Cena y la Adoración de los Magos en el tímpano.



Cabecera románica del siglo XI.





Detalle de algunas ménsulas. Un trabajo delicado y detallista.



En el "Libro de los Fuegos" de 1366, un censo poblacional la incluye, junto a localidades como Santacara o San Martín de Unx en La Ribera, dentro de la merindad de Sangüesa.



La Virgen de Ujué, patrona y señora de La Ribera, es una obra del románico, siglo XII, realizada en madera de aliso.



El rey Carlos II de Evreux, conocido como Carlos el Malo inició en 1370 la reconstrucción gótica del templo y proyectó una Universidad, pero a pesar de comenzar las obras quedó en mera ilusión. Tanto fue el fervor que Carlos sintió por la Virgen de Ujué que dispuso en su testamento que su corazón reposara aquí, convirtiéndose en la más valiosa ofrenda. Se conserva en una hornacina a la espalda de la virgen en el altar mayor.



Ruinas de la Universidad que pudo ser y no fue. 



El hijo de Carlos II, el también rey Carlos III "el Noble" peregrinó en varias ocasiones al santuario desde la corte instalada en el cercano Castillo de Olite. Desde el mismo siglo XIV se celebra una romería popular que se celebra el primer domingo después de al festividad de San Marcos.



En la vertiente oriental, la vista recorre las estepas de las Bárdenas Reales, y al fondo, por detrás de la Sierra de Leyre, se alzan los imponentes Pirineos navarros. 



Frente a la portada, este espacio abierto fue el patio de armas del castillo.



Ermita de San Miguel, construida en el siglo XIII y derribada en 1806, por el mal estado de su bóveda. Apenas conserva muros y la portada con espadaña. 



El santuario de Ujué es la iglesia más fuerte de Navarra. Más castillo que iglesia, no se sabe donde termina la iglesia y donde comienza la fortaleza.


jueves, 29 de enero de 2015

SANCHO GARCÉS IV "EL DE PEÑALÉN"



En pleno campo de batalla, con el cadáver de su padre aún caliente, con tan sólo 14 años, era coronado rey de Pamplona-Navarra, Sancho Garcés IV, tristemente conocido como el de Peñalén.

Sancho Garcés IV acompañó a su padre García Sánchez III el día de su muerte en la batalla de Atapuerca (1054), pero el vencedor, su tío Fernando I, aceptó sin condición alguna la proclamación como rey y sucesor de García el de Nájera. El joven rey Sancho contó con la desinteresada y fraternal ayuda de su madre Estefanía durante los primeros años de gobierno.


Al igual que su padre, sus tíos y sus primos, Sancho tuvo que luchar por cada palmo de tierra incluido en el famoso testamento de su abuelo Sancho III el Mayor . De todos los conflictos en los que se vio envuelto, quizá sea el más afamado "la Guerra de los Tres Sanchos" (1065 - 1067). El rey navarro, aliado de su primo Sancho Ramírez de Aragón, se enfrentó a otro primo Sancho, Sancho II de Castilla, que había penetrado en tierras navarras. Aunque no tengamos hoy día muy claros los resultados de aquellas contiendas, lo cierto es que Sancho, el castellano, volvió a su reino sin lograr su objetivo.


Objeto de una conjura perpetrada por sus hermanos, Sancho fue asesinado durante una cacería en 1076. Su hermano Ramón lo precipitó al vacío por un barranco de Peñalén, de ahí su desgraciado mote. 


Esta conjura y vil asesinato provocó que Navarra perdiese su independencia. Sus vecinos y rivales, como aves de carroña ávidas de carne muerta, se abalanzaron sobre los despojos de un reino descabezado y aprovecharon la coyuntura para repartirselo; Alfonso VI de León (especialista en asesinatos oportunistas) ocupó La Rioja, y Sancho Ramírez, otrora compañero de armas del asesinado rey, apoyado por parte de la nobleza se proclamó rey de Navarra. Desde este momento y hasta la muerte de Alfonso I el Batallador, Navarra estaría vinculada a la corona aragonesa. ¿Quién estuvo detrás del regicidio? No resulta demasiado complicado imaginarlo.  


Sancho Garcés IV, el desgraciado rey que murió víctima de la más rastrera de las traiciones, descansa junto a su padre en el Monasterio de Santa María la Real de Nájera.
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