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lunes, 4 de abril de 2016

ESTEBAN II DE HUNGRÍA.



Por las venas del rey Esteban II corría sangre magiar y sangre normanda, pero recibir el legado de estas estirpes marciales no fue suficiente para convertirle en un gran guerrero. Esteban era el hijo del monarca húngaro Colomán I, llamado el Bibliófilo, y de su esposa Felicia de Sicilia (hija del normando Roger I de Sicilia), y recibió la Santa Corona tras la muerte de su progenitor.

El gobierno de Esteban II fue un cúmulo de sucesivas derrotas militares, pues fracasó en todas las campañas que inició en el exterior, frente a Bohemia, Ucrania, además de perder el control sobre Dalmacia. Únicamente fue capaz de contener a los venecianos. De puertas hacia dentro también tenía grandes problemas, causado por los señores que apoyaban a su tío Almos. Unos años antes, Colomán, en disputa por el trono con su hermano Almos ordenó cegarlo a él y a su hijo pequeño Bela. Como el reinado de Esteban II estuvo marcado por los continuos conflictos bélicos, el reino acabó padeciendo un fuerte retroceso económico.

Esteban nunca consiguió engrendrar hijos y en el lecho de muerte recordó a su primo Bela. Lo convocó a la corte, acordó su matrimonio con una princesa serbia que iba a ser determinante en su vida – Helena de Raskia – y le nombró sucesor y heredero. ¿Quiso Esteban reparar con este gesto todo el mal que su padre había infligo a Almos y a Bela?.


martes, 8 de diciembre de 2015

BORIS KOLOMANOVIC.




Un caballero andante que quiso protagonizar su propio destino, pero los hados le dieron siempre la espalda. Boris Kolomanovic era hijo no reconocido del rey húngaro Colomán, que había repudiado a su esposa la princesa Eufemia de Kiev. Boris, que nació cuando su madre se encontraba en el exilio, pasó toda su vida recabando apoyos para asaltar el trono que consideraba suyo, hasta el punto de convertirse en una incómoda sombra que acechó sucesivamente a tres monarcas, Esteban II, Bela II “el Ciego” y Geza II. Deambulando de corte en corte buscaba Boris la oportunidad propicia para coronar su destino con la Santa Corona.

Se entrevistó con el emperador bizantino Juan II Comneno y ante su negativa llegó a Polonia. En colaboración con el duque Boleslao III Bocatorcida, reunió un ejército para ser derrotado por Bela II en la batalla del río Sajo (1132). A pesar de morder el polvo, Boris volvió a levantarse, y como el que busca encuentra, halló un aliado en el duque de Baviera Enrique II de Austria, y juntos ocuparon la ciudad de Bratislava. Expulsados de la actual capital eslovaca por el rey Geza y el ban Belos, su siguiente paso fue atravesar Hungría escondido entre las huestes cruzadas, que al mando del rey francés Luis VII, cruzó el país magiar, acabando nuevamente en Constantinopla.

Obstinado e inasequible al desaliento, Boris buscó aliados por todos lados, valiéndose de la tensión y el deterioro, más o menos circunstancial, de las relaciones diplomáticas de Hungría con sus vecinos polacos y alemanes, sin dejar nunca de mirar esperanzado hacia Oriente. Boris Kolomanovic, un hijo ninguneado por su padre, luchó toda su vida, para morir sin pena ni gloria, combatiendo a los cumanos en una escaramuza sin importancia.

miércoles, 2 de diciembre de 2015

FELICIA DE SICILIA.



Los reyes húngaros medievales gustaban de buscar esposas en otros países, de esta manera estrechaban lazos y afirmaban alianzas con otros estados. La siciliana Felicia, hija del normando Roger I, llegó a Hungría acompañada de una pequeña escolta para contraer matrimonio con Colomán el Bibliófilo en la ciudad de Szekesfehervar. Este matrimonio formaba parte de una política que trataba de reforzar las relaciones entre el Reino de Hungría y Sicilia en contra de la República Veneciana, la potencia que intentaba dominar todo el Mediterráneo. Felicia, llamada Busila en Hungría, tuvo una hija, Sofia, y un hijo, Esteban, que sucedió a su padre como Esteban II. Cuando Felicia murió, Colomán se casó con la princesa Eufemia de Kiev.  

sábado, 21 de noviembre de 2015

EL DÍA SANGRIENTO DE ARAD.



La Humanidad no es inocente. Muchas familias tienen las manos manchadas de su propia sangre. Traición y venganza perviven unidas por un hilo prácticamente invisible y ciertamente indestructible. El rey húngaro Colomán, paradójicamente célebre por su sana afición a la lectura, temeroso de la creciente influencia de su hermano Almos, en un alarde de impiedad, ordenó encarcelarle y cegarle. No terminó ahí la barbarie, pues Almos tenía un hijo pequeño de cinco años, llamado Bela, que también padeció tan cruel tormento. 

Bela demostró ser una persona perseverante, fuerte y resistente, sobrevivió a las terribles heridas, y consiguió sentarse en el trono húngaro después de la muerte de su primo Esteban II, hijo de Colomán. Bela no olvidó la mutilación sufrida, y animado por su esposa serbia, Helena, planificó su venganza como debe ser, con tiempo y con la mente bien fría. En un momento de su reinado convocó a nobles y a otros grandes hombres a una importante reunión en la ciudad transilvana de Arad, hoy en territorio rumano. Todos los que acudieron a la cita fueron obligados por Belos Vukanovic (el fornido cuñado de Bela) espada en mano, a confesar y admitir públicamente ser partícipes del complot para arrestar a Almos y Bela, y participar voluntariamente en la mutilación de padre e hijo. Los culpables fueron pasados a cuchillo, sin piedad ni miramientos. Se cuenta que la esposa de Bela, Helena de Rascia, acudió a la reunión para asegurarse que todas aquellas sabandijas fuesen ejecutadas, pues no podemos olvidar que Bela era ciego. La sala quedó cubierta de sangre, miembros cercenados y de cuerpos sin vida. Aquella jornada ha pasado a la historia como “el día sangriento de Arad”. La venganza se había cumplido. 



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