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sábado, 26 de marzo de 2016

VILLAGARCÍA DE LA TORRE.



El castillo de Villagarcía de la Torre controla la ruta que une Zafra con Llerena y Córdoba. Lugar de asentamiento de romanos y árabes, hacia 1380 era señor de la villa, García Fernández de Villagarcía, maestre de la Orden de Santiago y partidario de los reyes Trastámara Enrique II y Juan I.

miércoles, 2 de marzo de 2016

BUITRAGO DEL LOZOYA



En la sierra norte madrileña, en las estribaciones meridionales de Guadarrama, a orillas del Lozoya (un afluente del Jarama), encontró refugio, tal vez inspiración el Marqués de Santillana. Los miembros de su familia, los Mendoza, fueron uno de los más poderosos e influyentes clanes nobiliarios de la Corona de Castilla. Un linaje cercano a los Trastámara de Castilla y el ejercicio del poder, los Mendoza movían ficha, apoyaban a los monarcas a fin de mantener su posición y los suculentos privilegios que esto les reportaba.


Si hacemos caso a Plinio el Viejo, los romanos conquistaron un lugar llamado Litabrum, que se ha identificado con Buitrago. A pesar de su larga historia existen pocos documentos fiables de estos tiempos lejanos. La presencia musulmana queda atestiguada con la existencia del amurallamiento medieval que encierra el precioso recinto medieval.


La muralla de origen musulmán, cuyos primeros tramos fueron levantados entre los siglos IX y XI, formaba parte de un entramado defensivo erigido en el corazón de la Península Ibérica para deterner las avanzadillas cristianas y asegurar la destacada plaza de Toledo. No obstante lo que vemos en la actualidad es el resultado de sucesivas ampliaciones.


La verdadera historia de Buitrago comienza en el año 1083, cuando la plaza fue conquistada por el rey Alfonso VI, que concede derecho de repoblación. Juana de Orozco contrajo matrimonio con Gonzalo Yañez de Mendoza (montero mayor de Alfonso XI) y como dote llevó Buitrago y también Hita. De esta unión nació Pedro Gónzalez de Mendoza. En 1368 Pedro Gónzalez de Mendoza apoyó a Enrique II de Trastámara en la guerra civil contra su hermano Pedro I. La victoria de Enrique II significó la entronización de los Trastámara en Castilla. Desde estos momentos los Mendoza estuvieron estrechamente vinculados a la Sierra Norte Madrileña. Este Gónzalez de Mendoza fundó, con el beneplácito de Juan I de Castilla, el mayorazgo de Buitrago en 1380.


Los Mendoza, originarios de Álava, se convirtieron en un de los más poderosos y prestigiosos apellidos nobiliarios de España, y el Señorío de Buitrago se mantuvo, con todas sus servidumbres, hasta el siglo XIX con el desarrollo del liberalismo. Miembro destacado de esta familia fue Íñigo López de Mendoza, el Marqués de Santillana. El noble y poeta buscó inspiración más de una vez a orillas del Lozoya, y tan fuerte fue su vínculo con Buitrago, que acometió importantes obras arquitectónicas, como el alcázar, encajado en el antiguo recinto amurallado.


El castillo construido por el Marqués es singular por tres motivos: por estar edificado sobre la muralla urbana preexistente, por no seguir los modelos clásicos al carecer de torre del homenaje y por utilizar un estilo mudéjar con predominio del ladrillo. El alcázar aprovecha una de las esquinas del recinto árabe, construyendo dos muros que miran al interior de la villa y cierran el nuevo edificio. De la misma forma que los Mendoza ejercen su poder sobre Buitrago, la residencia fortificada se superpone a la antigua muralla. Un foso y una barrera protegen el alcázar, tanto de las tropas enemigas como de posibles revueltas internas.


En el año 1467 el patriarca de los Mendoza, Iñigo López de Mendoza y Figueroa, custodió aquí a la infanta doña Juana, mientras Enrique IV intentaba controlar a los inquietos magnates y clamar los crispados ánimos de la nobleza castellana. Un año más tarde, la reina de Castilla Juana de Avis, se reunió aquí con su hija.


La coracha, segmento de muralla que desciende hacia el río, fortifica el vado, protege el puente y controla el tráfico fluvial. No podemos olvidar que hasta la irrupción del caballo de hierro y las más modernas carreteras asfaltadas, los ríos constituían la más importante vía de comunicación. El puente fue privatizado por el marqués para conectar el castillo con su coto de caza situado a la otra orilla.


El Marqués de Santillana fundó en la primera mitad del siglo XV el Hospital de San Salvador (destruído durante la Guerra Civil) y la iglesia de Santa María del Castillo. Esta iglesia, construida en silleria y que presenta una torre en estilo mudéjar, se alza frente a la entrada de la muralla. Es la única superviviente de las cuatro parroquias que llegaron a existir en la villa.


El escudo de armas de la ciudad, concedido por Alfonso VI, presenta una res, una encina y la leyenda “Ad alenda pecora” (para el sustento del ganado).


Situada en una de las principales rutas que conectan las dos Castillas, a lo largo de las centurias, Buitrago se consolidó como cabeza de una comarca que vivía del ganado y basaba su riqueza en la lana. La población vivió su etapa de apogeo en el siglo XVI con el inicio del Renacimiento.


Enrique de Mesa en “Andanzas Serranas” (1910) nos deleita con unas palabras sobre Buitrago: “Esta es la famosa villa de Buitrago, pétrea reliquia de la España épica y fuerte, que alza a orillas del Lozoya la ruinosa senectud de sus muros. Hijas de los neveros son las aguas que ciñen el tajado risco en que se asienta; aires de frescura y aroma serranos son los que silban en sus almenas rotas. Para lo poeta, sus piedras milenarias guardan fragancia de poseía, que no en balde fue su señor y dueño aquel viril y dulce marqués de Santillana”.


Buitrago bebe de las gélidas aguas del Lozoya, casi en la falda misma de Somosierra, es una preciosa villa cercada por muros almenados guarnecidos por altos torreones, y fue durante centurias una preciada posesión del influyente linaje de los Mendoza.




miércoles, 29 de abril de 2015

FERNANDO I DE PORTUGAL.



Hijo de Pedro I y de su primera esposa Constanza de Castilla, este portugués fue conocido como "el Inconstante" pues su desastrosa política exterior condujo a Portugal a varias guerras y conflictos dinásticos, por culpa de su empeño de incorporar Castilla a la Corona Portuguesa. Se casó con Leonor Téllez Meneses, y por medio de la hija de ambos, Beatriz de Portugal casada con Juan I, el monarca castellano se autoproclamó regente de Portugal a la muerte de Fernando. Esta intromisión fue el motivo de una larga contienda por el trono portugués, de la que saldría victorioso Joao I, el hermano bastardo del difunto Fernando. 

domingo, 12 de abril de 2015

ORDEN DE AVIS



El universo de las Órdenes Militares ha despertado, desde siempre, el interés de los eruditos y estudiosos de la Edad Media, y ha echado a volar la imaginación de las almas más sensibles y fantasiosas. Un grupo de hombres de férreas convicciones, capaces de renunciar a los placeres humanos más mundanos y luchar denodadamente, empleando todas sus energías, por un objetivo concreto. Aunque la realidad histórica, más prosaica que poética, no se tan ideal, ni esos hombres tan puros e inmaculados, lo que si es cierto, es que estas Órdenes Militares jugaron un papel fundamental en una época en permanente estado de guerra, en la q ue aún no existían ejércitos ni profesionales, ni permanentes.

A imitación de las Órdenes Militares creadas en Tierra Santa al amparo de las cruzadas (Templarios, Hospitalarios y Teutónicos), nacieron en la Península Ibérica, las conocidas como "Órdenes Nacionales", vinculadas a algunos de los reinos existentes y encaminadas, como sus modelos próximo orientales, a combatir el Islam por la fuerza de las armas. Una de esas órdenes militares fue la Orden de Avis en el Reino de Portugal.

En una época de batallas y cruzadas contra los musulmanes, edad de oro de las órdenes militares, tiempos convulsos que vieron germinar poderosos estados acaudillados por reyes guerreros, Alfonso Henriques, al frente de caballeros normandos e ingleses, y sus propias mesnadas, arrebata Lisboa a los moros en 1147.

Estos caballeros henchidos por el espíritu de cruzada quieren más, el olor de la sangre les enloquece, y juran continuar luchando, sin descanso, contra los musulmanes, a los que consideraban enemigos infieles que deber ser eliminados. Este grupo de guerreros sería el germen de la Orden de Avis.

La inercia de la guerra y los deseos de los combatientes desembocó en la creación de la Orden de Évora en 1166, cuando el flamante primer rey Alfonso, conquistó la ciudad. El primer objetivo de esta orden fue defender Évora de las invasiones sarracenas, una posición estratégica que permitía mantener Lisboa a salvo. Pedro Afonso, hermano o hijo del rey (no he podido encontrar la filiación exacta), fue designado primer maestre.

A principios del siglo XIII, la orden adquirió su denominación definitiva. En 1211 la Orden de Caballeros de Évora cambió su nombre por el de Orden de Avis. La iniciativa respondió a los deseos del maestre Fernando Anés, que decide que la orden abandone Évora, en la que ya no había vecindad sarracena, trasladándose a tierras más próximas al enemigo, en la proximidad de Viamonte. Una leyenda sugiere que en el alto risco donde el maestre ordenó construir la nueva fortaleza, volaban dos águilas, siendo estas aves rapaces el origen de la nueva titulación de la orden.

Desde los primeros momentos de su existencia la orden portuguesa quedó estrechamente vinculada a la orden castellana de Calatrava. En 1187 el papa reconoce, mediante bula pontificia, la existencia de la Orden de Calatrava, pero no la de Évora, de tal manera que la segunda queda bajo la obediencia de la primera.

El más famoso de los maestres de Avis fue Joao, hijo ilegítimo del rey portugués Pedro I, y que como tal, reclamó el trono, provocando un enfrentamiento abierto con Juan I de Castilla, que también pretendía ceñir la corona portuguesa. El maestre de Avis consiguió llevarse el gato al agua, reinar como Joao I y fundar una nueva dinastía en la corona portuguesa; la Dinastía de Avis.

En el contexto de la lucha entre los dos Juanes, se produjo la ruptura de Avis con Calatrava, con motivo de la batalla de Aljubarrota. En esta batalla, que tuvo lugar en terreno portugués en 1385, los calatravos lucharon a favor de Castilla y los caballeros de Avis hicieron lo propio por Portugal. El enfrentamiento alcanzó tintes dramático con un duelo fratricida. Nuno Álvares Pereira, condestable portugués (y héroe de la jornada) tuvo que luchar contra sus dos hermanos que formaban parte del ejército castellano. Uno de ellos, Pedro, era maestre de Calatrava. Joao I obtuvo la victoria, y a pesar de las heridas abiertas Avis siguió dependiendo, en la práctica, de Calatrava, hasta que unos años más tarde, el papa Eugenio IV, permitió su independencia.

Combatir a los infieles musulmanes, enemigos irreconciliables, hasta su expulsión definitiva de la península y propagar la fe católica de Cristo, era el credo de los Caballeros de Avis, siendo, desde 1325, su símbolo una flor de lis verde situada a la izquierda del pecho. Los caballeros profesaban la regal de San Benito y cumplían con tres votos esenciales; pobreza, obediencia y castidad. Prácticamente los mismos votos que cualquier orden monástica. No obstante, a medida que iba desarrollando sus cometidos militares, fueron suavizándose los votos. En ese sentido, en 1496, el papa conmuta el voto de castidad absoluta por la obligación de mantener la más estricta fidelidad conyugal.


Con el tiempo, y debido a los cambios estructurales que afectaron a los estados europeos, la orden quedó reservada a la nobleza y miembros de la familia real, como una distinción más honorífica que otra cosa. Actualmente la Orden de Avis está destinada a la recompensa de destacados servicios militares.  

domingo, 5 de abril de 2015

LEÓN I, SEÑOR DE MADRID.



Varios siglos antes de convertirse en capital del Reino de España, durante un breve lapso de tiempo (1383 - 1391), Madrid contó con un rey propio. Se trata del último rey de Armenia, convertido en Señor de Madrid, aunque algunos historiadores, los más osados, lo han denominado, León I de Madrid. 

Su vida fue una auténtica novela bizantina, digna del mejor libro de aventuras. Hijo de Juan de Lusignan, condestable del reino, a cuya muerte tuvo que huir a consecuencia de las intrigas palaciegas. Unos percadores le ayudaron y le llevaron hasta Chipre. Se convirtió en senescal de Jerusalén y tras varias vicisitudes fue coronado rey de Armenia en 1374, junto a su esposa Margarita. Su reinado fue convulso y difícil, pues siendo él, cristiano latino, se enemistó por cuestiones religiosas con sus súbditos (mayoritariamente musulmanes), y finalmente, en 1375, los mamelucos conquistaron Armenia, e hicieron de León V, el último de sus soberanos.

A pesar de que le fue concedido un salvoconducto, fue convertido en rehén en la ciudad de El Cairo, donde se negó una y otra vez, abrazar la fe islámica. Encarcelado y angustiado, pasaba el día enviando cartas a los diferentes monarcas cristianos solicitando ayuda. Apiadado por la desgracia de León, el rey de Castilla, Juan I, pagó una fuerte suma de dinero, a cambio de la libertad del armenio. 

Embarcó en Alejandría, hizo escala en Rodas y llegó a Venecia. Posteriormente siguió su viaje, pasando por Avignon, donde fue agasajado por Clemente VII, Montpellier, Tortosa, Barcelona, y finalmente Segovia. En la famosa ciudad del acueducto entró acompañando al rey Juan I, que le había prometido, además de ayuda para recuperar su trono, los señoríos de Andújar, Ciudad Real y Madrid.

En teoría Madrid se había convertido en la capital de Armenia, y aunque en principio, los madrileños no se mostraron muy entusiasmados con el nombramiento, poco a poco León se fue tomando en serio el cometido de gobernar Madrid, y procedió a bajar los impuestos e intentó acercarse al pueblo llano. Mas nunca cejó en su empeño de volver a ser rey. Abandonó Madrid y se dirigió a Navarra y a Francia, pero no encontró el apoyo necesario para culminar sus planes. 

Nunca pudo recuperar su trono, buscó ayuda hasta debajo de las piedras, pero nada consiguió perdiéndose el último reino cristiano de Oriente. Murió en Calais y fue sepultado en la basílica de Saint Denis. Una calle de la Real Villa, recuerda a León I, su primer rey. 

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