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domingo, 21 de abril de 2019

GARCÍA DE EUGI.




Fraile agustino, cronista navarro nacido en el valle de Esteribar, obispo de Bayona y confesor del rey de Navarra Carlos II. Autor de una Crónica d'España y de la Genealogía de los Reyes de Navarra.

miércoles, 26 de agosto de 2015

LUIS DE NAVARRA.



Este segundón de la casa reinante de Navarra encabezó una expedición a la conquista de un lejano y desconocido país; Albania. Hijo menor de Juana II de Navarra y Felipe II de Evreux, del que heredó el condado de Beaumont-le-Roger. Hermano de Carlos II rey de Navarra y Felipe con posesiones en Normandía, Luis quería un poco de gloria para sí mismo. 

Siempre trabajó según los intereses de su propia familia, cuando Carlos II abandona Navarra en su intento de conseguir la corona francesa, Luis queda a cargo de los asuntos de gobiernos navarros. En el campo de batalla ayudó a su hermano en el conflicto abierto con el rey de Francia Carlos V. 

Casó en segundas nupcias con Juana de Anjou, hija del rey de Sicilia, y este matrimonio le confirió derechos sobre Durazzo y el Reino de Albania , antigua posesión angevina, en manos ahora de Karl Thopia , un noble albanés. Dispuesto a hacer vales esos derechos dirigió una expedición con el objetivo de recuperar los territorios, recibiendo la ayuda tanto de su hermano Carlos, como del propio rey de Francia. 


Luis de Navarra al frente de la Compañía Navarra, formada por merecenarios y veteranos de la guerra en Francia que habían combatido junto a él, se aventuró en tierras lejanas y extrañas, consiguiendo rendir la ciudad de Durazzo en el verano de 1376. Poco pudo disfrutar Luis de su nuevo feudo, pues murió poco después, pero para la historia, la tradición y la leyenda, quedará el momento en que Navarra conquistó Albania. 

El actor Xabier Elorriaga interpretó a Luis de Navarra en la celebrada cinta cinematográfica dirigida por Alfonso Ungría "La Conquista de Albania". 

martes, 19 de mayo de 2015

CARLOS III "EL NOBLE", REY DE NAVARRA.



Su tumba, labrada con gusto exquisito junto a la de su esposa Leonor, preside la nave principal de la Catedral de Pamplona, de la misma forma que una solemne estatua suya nos da la bienvenida a la Plaza del Castillo, en el corazón vivo de la capital navarra. Lo volví a encontrar en una pequeña rotonda en Tafalla y en una plaza de Tudela. Precisamente en la capital de la Ribera la comparsa Perrinche saca en cabalgata a un gigante que representa a este rey. Carlos III, conocido como "el Noble" es uno de los reyes más querido, recordado y homenajeado de la Historia de Navarra, y es que cuando este monarca se sentó en el trono, volvió la tranquilidad y la prosperidad al Reino, después de unos aciagos y turbulentos años.


Carlos III, hijo de Carlos II el Malo, y Juana de Valois, hija del rey francés Jean le Bon, fue coronado rey de Navarra en la Catedral de Pamplona en 1390, en una ceremonia oficiada por el futuro Papa Luna (o antipapa según se lea). En un contexto de relativa paz exterior, de crisis económica y de creciente aristocratización de la sociedad, el nuevo monarca desarrolló, sin grandes aspavientos, una política acorde a las circunstancias del momento.

Siendo aún un infante, su padre lo envió al frente de una embajada a la corte de Carlos V, pero el rey francés lo apresó y el monarca navarro tuvo que ceder los territorios ultrapirenaicos de Navarra. El joven Carlos comenzó bien joven a aprender como funcionan los resortes del poder político y que era más seguro, para su propia integridad, no meterse en camisas de once varas.


En 1375 se casó con Leonor de Trastámara, la hija de Enrique II, con lo que se ponía fin a la disputa entre ambos reinos, consiguiendo además una valiosa aliada, pues Castilla era el reino peninsular hegemónico del momento. A la muerte de su padre, abandonó la corte castellana y se aposentó en Navarra dispuesto a reinar. Y a reinar bien. En lugar de enfrentarse en farragosos luchas dinásticas se dedicó por entero a su propio reino, ese mismo, al que ninguno de sus antepasados franceses (empezando por su propio padre) hicieron nunca mucho caso.


Diametralmente opuesto a su padre (como nos gusta a todos los hijos) el desquiciado Carlos II, empeñado (sin fundamento) en ser rey de Francia, gracias a su talante conciliador y a sus escasas (o nulas) ambiciones territoriales, consiguió el respeto de los monarcas coetáneos. Intentó mantener relaciones con todos, Francia, Inglaterra, Aragón y Castilla, y cuando las circunstancias así lo requerían también mostró su apoyo al Papado de Avignon.

Al contrario que su polémico padre, Carlos III mantuvo estrechas relaciones con Castilla, a la que apoyó en la Guerra de Granada. Además su cuñado Juan I, devolvió algunas de las plazas arrebatadas a su padre. El abandono de los proyectos expansionistas de su predecesor, le posibilitó el alejamiento de Francia y la revalorización de la Casa de Evreux como dinastía reinante en Navarra, y materializó el acercamiento (y la amistad) con Aragón a través de una activa política matrimonial.

Reconoció la autoridad del papa de Avignon Clemente VII y a su sucesor, el aragonés Pedro Luna, al que prestó su apoyo hasta que el Concilio de Constanza puso fin al Cisma de Occidente. A partir de este momento, y en consonancia con el resto de reinos cristianos, reconoció al nuevo sumo pontífice, Martín V. Otro hecho más que demuestra que Carlos III sabía perfectamente nadar a favor de corriente.


Carlos y Leonor tuvieron seis hijas y dos hijos, pero los varones murieron siendo niños. Sin herederos en el horizonte, y siguiendo una política de alianzas matrimoniales, Carlos casó a su hija mayor Juana con el primogénito de los condes de Foix, pero al morir prematuramente, la segunda hija Blanca, se convirtió en heredera. Viuda de su primer marido, Martín de Sicilia, Blanca contrajo matrimonio con el infante Juan, hijo de Fernando de Antequera y futuro rey Juan II de Aragón. Según lo acordado en las capitulaciones matrimoniales el trono de Navarra sería para Blanca y sus descendientes, pero eso, es otra historia.


Carlos III, rey de la diplomacia y garante de la paz, acometió serias reformas en la administración del reino, creo la Corte o Tribunal Supremo y construyó nuevos canales para garantizar el abastecimiento de las ciudades y el riego de los campos. Otorgó una legislación unificada para Pamplona (1423) el Privilegio de la Unión, en virtud de la cual, los tres burgos (o barrios) que formaban la Pamplona medieval - Navarrería, San Cernín y San Nicolás - y que poseían legislaciones diferentes, quedaron unidos en una única ciudad con una ley común para todos. Como parte de esta reforma administrativa instituyó el título de "Príncipe de Viana" para concedérselo al heredero del reino.


El noble rey destacó además como promotor de las artes y de la cultura, acometiendo, entre otras obras, la reconstrucción en estilo gótico de la Catedral de Pamplona, y creó una orden de caballería de contenido más honorífico que militar a la que llamó "Orden de Caballería del Lebrel Blanco".

Carlos III instaló su corte en la pequeña villa de Olite, reformando totalmente el antiguo palacio donde habían residido los Teobaldo. Esta reforma convirtió el Palacio de Olite en un ejemplo ideal de la arquitectura gótica, una obra de ensueño dibujada por la mente más creativa. Si pensais en un castillo de cuento, ese es el de Olite. Su esposa Leonor, cuando se estableció en Navarra cayó en un profundo estado de melancolía y decidió volver al hogar familiar junto a su hermano Juan I, que no puso reparos en hacerse cargo de sus sobrinas. Leonor no regresó a Olite hasta 1395.


Desde el año 1997, el gobierno de Navarra entrega la Cruz de Carlos III, una condecoración que resalta y reconoce públicamente los méritos de personas y entidades que han contribuido al progreso de Navarra y a su proyección exterior (La nobleza sigue más viva que nunca).


Considerado uno de los monarcas más notables de la monarquía navarra, capaz de mantener relaciones cordiales con sus vecinos, preocupado por la prosperidad de un territorio, su largo reinado finalizó en 1425, cuando aquejado de gota, falleció en Tafalla. Fue inhumado en la Catedral de Pamplona, y como símbolo de su afortunado reinado nos queda su sepulcro, una auténtica joya de la escultura funeraria gótica.  

sábado, 9 de mayo de 2015

CARLOS II DE NAVARRA "EL MALO".



Hijo de los Reyes de Navarra y aspirante al trono francés , anduvo metido (prácticamente) en todos los fregados de la época (guerra de los Cien Años, revueltas parisinas, conquista del Reino de Albania, guerra Civil Castellana) y cuando descubrió que nunca se sentaría en el trono francés se conformó con reinar en Navarra, logrando al menos (y eso ya era mucho) mantener la integridad de su territorio. Carlos lo tenía todo para convertirse en uno de los hombres más poderosos de Europa Occidental, pero algo falló, ¿él mismo?, ¿las circunstancias?, ¿la pericia de sus rivales?, ¿la ineptitud de sus aliados?. De cualquier manera no era su destino llegar a ser ese rey poderoso.

Su madre Juana II de Navarra (hija de Luis X ) había sido apartada de la línea sucesoria al trono de Francia por su condición de mujer (en virtud de la Ley Sálica que tantos quebraderos de cabeza trajo a Fernando VII y a su hija Isabel II). No obstante, siempre que tuvo la más mínima posibilidad, por muy remota que fuera, Carlos se mostró dispuesto a reclamar unos derechos que él consideraba legítimos. Su padre, Felipe de Evreux , noble francés y rey consorte de Navarra tenía amplias posesiones en Normandía que heredó el propio Carlos.


Carlos tenía 17 añitos cuando murió su madre, siendo coronado en la Catedral de Pamplona (27 de Junio de 1350) nuevo rey de Navarra (asusta pensar un rey de diecisiete años en el mundo inmaduro de hoy). Ese mismo año murió el rey francés Felipe VI y Carlos abandonó Navarra decidido a hacer valer sus derechos al trono de Francia, dejendo a su hermano menor Luis, a cargo del gobierno. En sus porfías por la corona francesa contó siempre con el inestimable (e impagable) apoyo de su familia, en especial de su tía Juana de Evreux (viuda del último rey Capeto Carlos IV) y su hermano Felipe, hombre enérgico y obstinado.

Instalado en la corte, pronto comenzó a conspirar contra todos y la primera víctima fue Carlos de la Cerda, favorito del rey francés Juan II, asesinado por sus matones. Este acontecimiento (trágico y habitual en contextos de luchas por el poder) acrecentó la enemistad entre ambos gallos del corral, y eso que el monarca francés, precisamente para contentar al navarro, le había entregado a su propia hemana Juana en matrimonio. A partir de este momento (otro punto de inflexión en su vida) Carlos comenzó a reunir a su alrededor a todas las personas descontentas con los Valois (que llevaban poco tiempo reinado), incluyendo a los ingleses (eternos enemigos). De todas formas los franceses nunca apoyarían la investidura de un monarca extranjero, y probablemente Carlos nunca fue capaz de comprenderlo. Este ceguera le llevó a malgastar demasiadas energías inútilmente.


Carlos de Navarra fue una persona que se alió con todos, y que a todos traicinó. En ese sentido, apoyó la rebelión burguesa de Etienne Marcel , se convirtió en capitán general de París, para acabar aplastando la insurrección campesina (con lazos fraternales con los movimientos urbanos) de la Grande Jacquerie. También hizo buenas migas con los flamencos y los ingleses en un intento de socavar la autoridad de los monarcas franceses. Y todo para nada. En 1365 perdida toda esperanza de ocupar el trono de Francia, tras su renuncia mediante el Tratado de Saint Denis, decidió abandonar su cruzada personal y regresar a los asuntos de Navarra.

En la Península Ibérica las cosas tampoco fueron fáciles, en un doble contexto bélico, la Guerra de los Cien Años y la Guerra Civil en Castilla; franceses, ingleses, castellanos y aragoneses, andaban enfrascados en uno de esos conflictos poliédricos, que parecen no tener fin, con batallas, asedios, pactos, escaramuzas, tratados, asesinatos y traiciones. Carlos selló alianzas y rompió pactos según el momento y los intereses particulares. Aunque en principio trató de mantenerse al margen, se enfrentó con todos, y si bien es cierto que no logró ni la corona francesa, ni aumentar sus territorios, no es menos cierto que consiguió mantener intactas las fronteras del Reino de Navarra, rodeado como estaba de potenciales enemigos, que podrían haber anexionado el reino, sin excesivas dificultades.

En el interior del reino navarro desarrolló un profundo programa de reformas que incluía un saneamiento de la administración, el refuerzo de la nobleza como pilar basico de la monarquía y la creación de Cámara de Comptos (1364) situada en la capital Pamplona, como principal órgano financiero. Además reconstruyó la iglesia-fortaleza de Ujué y proyectó fundar allí mismo una Universidad, de la que llegaron a construirse los cimientos (visibles aún hoy) pero que se tuvo que abandonar por falta de recursos.

A Carlos II los franceses lo llamaron "el Malo" quizá en contraposición a su rey Juan II al que conocían como el Bueno (Jean le Bon). Rey malo en Francia pero monarca querido en Navarra.

Su muerte sigue rodeada de misterios, pues se cuenta que murió abrasado en su propia cama, al parecer víctima de los remedios de un médico alquimista que le había preparado un tratamiento a base de suaves sábanas blancas empapadas de aguardiente. La chispa de una lámpara cayó sobre las vendas y el monarca acabó convirtió en una antorcha humana. De esta novelesca forma abandonó este mundo el rey Carlos II.



Un médico judío de Zaragoza, Samuel Trigo se hizo cargo del cuerpo, al que evisceró y preparó para la eternidad. Embalsamó el corazón utilizando aguarrás, mirra, aloe, incienso, resiina, colonia y goma arábiga, y luego fue introducido en un pinchel (vaso) de estaño. El cuerpo fue sepultado en la Catedral de Pamplona, las entrañas se trasladaron a Roncesavalles y el corazón fue llevado a Ujué donde se celebraron los funerales, siendo depositado en el interior de una arqueta en el altar mayor de su iglesia. Como dice la voz popular "genio y figura, hasta la sepultura".  

viernes, 8 de mayo de 2015

CAMARA DE COMPTOS DE NAVARRA - KONTUEN GANBARA.




Construcciones góticas de la Edad Media, algunas civiles, otras religiosas, continuan en pie, siglos después de su construcción, embelleciendo (y dando personalidad) modernas ciudades que a veces parecen querer olvidar su historia y enterrar el pasado. Pero la piedra y el sillar aguantan estoicamente e paso del tiempo para recordarnos de donde venimos. La Cámara de Comptos de Navarra fue creada en 1364 por Carlos II para controlar las finanzas del reino, y su sede primegenia, aún visible (y en funcionamiento) en el interior del Casto Histórico de Pamplona, es un edificio cuyo origen habría que situarlo en el siglo XIII, aunque su configuración definitiva es algo posterior.



Antes de ser la sede de la Cámara de Comptos fue el palacio del Señor de Otazu. Se trata del único ejemplo de arquitectura civil gótica presente en la ciudad. Tras la conquista castellana la institución siguió funcionando hasta su disolución en 1841. Durante la Transición a la Democracia resurgió de sus cenizas como una órgano dependiente del Parlamento de Navarra.  

viernes, 10 de abril de 2015

BLANCA DE EVREUX. DISCRECIÓN HERMOSA Y ARTES OSCURAS.



Creemos caminar por el borde de un mundo maniqueo, a un lado la luz, el día y el bien, al otro la oscuridad, la noche y el mal. En realidad ese límite no es tal, es mera ilusión. Luz y Oscuridad, Masculino y Femenino, Cielo y Tierra se funden, se entremezclan, y es humanamente imposible (al menos en términos absolutos) discernir donde acaba lo uno, y donde empieza lo otro.

Con la Historia y sus personajes ocurre lo mismo. Hay una historia real y verídica, iluminada por los documentos, concretada mediante datos, y otra historia velada, y hasta cierto punto imaginada, sustentada en leyendas, ancestrales creencias y tradiciones orales. Y amigos míos, al igual que no es concebible (ni cognoscible) el Yin sin el Yang, no pude existir la historia sin la leyenda, no podemos aprehender la esencia humana (individual y colectiva) si no tenemos en cuenta el mito. Nadie vibra ni se apasiona con el estudio de fríos datos, fechas, estadísticas o listas de nombres sin sentido. Los que buceamos en el pasado lo hacemos con la esperanza segura de encontrar la hazaña, la pasión, la tragedia, la belleza y la magia. Sin estos elementos el pasado se borra y la memoria olvida.

Blanca de Evraux fue una reputada dama, hija de la reina Juana II de Navarra y Felipe de Evraux , y reina consorte de Francia, sin embargo, su fama actual está vinculada a episodios algo más fantasiosos. Dos historias, dos caras. Una real y documentada, otra legendaria y fantástica. La primera la estudia la historia académica. De la otra se hacen eco los círculos más heterodoxos del conocimiento.

Al principio de su vida, Blanca parecía destinada a jugar un importante papel en las difíciles relaciones entre Navarra y Castilla. Sus mayores decidieron entregarla en matrimonio al infante Pedro (futuro Pedro I) hijo de Alfonso XI. El enlace buscaba forjar de una vez por todas una alianza favorable a Castilla, y a Francia. Los franceses no se inmiscuirían en los asuntos castellanos y apoyarían en su particular reconquista, mientras que Castilla auxiliaría a los franceses en la Guerra de los Cien Años. La boda estaba prevista cuando la niña cumpliese quince años, pero ni la alianza fraguó, ni la ceremonio se celebró. A Blanca le esperaba otro rey.

A la muerte de sus padres, Blanca quedó bajo la tutela de su hermano Carlos, a la sazón nuevo rey de Navarra (Carlos II). Como buen hermano (y político) Carlos intentó buscar a Blanca un buen marido, y pensó en otro joven heredero, el delfín Juan (futuro Jean Le Bon), hijo del rey francés Felipe VI.

Desde muy joven la princesa despertó la admiración de propios y extraños por su belleza e inteligencia, de tal forma que una crónica de la época la define como "Bella Sagesse" (Discreción Hermosa). Si hacemos casos de los documentos Blanca era un dechado de virtudes, un modelo a seguir como dama virtuosa y fiel siempre a los intereses de su linaje. La hija de Juana representaba el ideal de la mujer noble del siglo XIV. Tal fue la repercusión de la infanta Blanca, que recientes estudios han identificado a Blanca de Evreux con la heroína protagonista del "Roman de la Dame a la Licorne et du biau chevalier au lion" compuesto hacia 1350.

El rey Felipe VI acaba de enviudar y debía andar el hombre un poco melancólico, pero cuando vio en persona a Blanca, famosa en toda Europa por su belleza y cuarenta años más joven, se enamoró locamente de ella. El rey le dijo a su hijo Juan "que naranjas de la China", que Blanca ya no iba a ser su esposa, sino su madrastra.

Se celebró la boda, Blanca se convirtió en Reina de Francia y Luis encontró un nuevo motivo de alegría. Bromas crueles del destino, el infortunado rey poco pudo disfrutar de su lozana esposa, pues las Moiras decidieron cortar los hilos seis meses después del enlace. Las lenguas malintencionadas (o bienintencionadas, según se mire) atribuyen la muerte del monarca al agotamiento sexual, lo que hablaría bien a las claras de las dotes amatorias de la princesa navarra. No obstante, la fogosidad del rey le permitió engendrar una hija, que fue bautizada como Juana (onomástica recurrente en la dinastía franconavarra).

La reina viuda, con un velo blanco sobre el rostro, símbolo del luto, abandonó la corte y se retiró a las posesiones que su marido le había legado, concretamente a Neaufles Saint Martin cerca de Gisors. Aunque hubo un intento de casarla con Pedro IV de Aragón, la Reina Blanca se negó, argumentando que por tradición las reinas viudas de Francia no volvían a casarse. Otra interpretación sostiene que a Carlos II, el rey navarro, le interesaba que su hermana se mantuviese como reina viuda de Francia, y no romper el entendimiento que se había alcanzado entre ambas coronas tras el matrimonio.

Durante sus años de viudedad, mantuvo una estrecha relación con su hermano, al que ayudó siempre que pudo, y con los asuntos de gobierno en Navarra. Además a Blanca tampoco le temblaba el pulso cuando tenía que actuar, en 1364 defendió Vernon frente a las tropas de du Gesclin . Tal era la confianza que Carlos II había depositado en su hermana que no dudó en nombrarla en su testamento, como tutora de su hijo, el futuro Carlos III el Noble.

Blanca murió en 1398, recibió sepultura en la abadía de Saint Denis y nunca dejó de ser considerada la Reina viuda de Francia. Hasta aquí la historia oficial.

La historia incómoda, extraoficial y heterodoxa, cuenta que en su retiro Blanca se dedicó a la práctica de la alquimia y al estudio de las artes oscuras. Esta historia heterodoxa está llena de intuiciones y de tópicos, que a pesar de todo, puede ser que escondan algo de verdad. Se cuenta que en los sótanos de su castillo hizo construir un laboratorio para llevar a cabo sus experimentos de alquimia y que pasaba horas leyendo y estudiando nigromancia y otras artes oscuras. Mientras escribo estas líneas no puedo dejar de pensar en Erzebeth Bathory, devota de la sangre.

Sus castillos de Neuphe y de Gisors estaban comunicados mediante un túnel secreto, que como todos estos túneles secretos no han podido ser descubiertos. La tradición cuenta que en su biblioteca - era una ávida lectora - poseía una obra alquímica de valor incalculable producida en el Languedoc durante el siglo XIV, pero basada en manuscritos de seiscientos años atrás.

Esta princesa atípica mantuvo una estrecha relación de amistad y mecenazgo con Nicolás Flamel , acaso el alquimista más popular de su tiempo. La última vuelta de tuerca de esta esotérica historia hace de Blanca una de los Grandes Maestres del supuesto Priorato de Sion, la enigmática orden de la Dan Brown escribe en el Código da Vinci. Además el mismo Flamel sucedió a Blanca en dicho maestrazgo. ¿Dónde termina la realidad?.

Y si hablamos de una joven reina, guapa e inteligente, que vive en castidad, apartada del mundo, no puede faltar una amante. Si no lo hay, se inventa. Durante su retiro, la Reina Blanca disfrutó de la pasión amorosa de un enigmático caballero del que poco o nada se sabe, que alguien aha bautizado (no se bien con que criterio) como Poulain, y que visitaba a la princesa nigromante en las largas noches invernales para ofrecer su ardor amoroso.


Alquimia y nigromancia, el arte de la luz y la ciencia de la oscuridad, doctrinas esotéricas que provocan los más encontrados sentimientos de atracción y repulsión en el alma humana. ¿Qué tienen de auténtico?. Difícil precisarlo. A lo largo de la historia vivieron hombres y mujeres empeñados en desentrañar los secretos y misterios de la Naturaleza, y en el fondo no es, ni más ni menos, que la eterna y continua búsqueda del conocimiento, una pulsión que responde a la innata e inevitable curiosidad humana.  

miércoles, 18 de marzo de 2015

FELIPE DE EVREUX.



Noble segundón francés, orgulloso descendiente de San Luis y señor de Évreux en Normandía. Rey (consorte) de Navarra por su matrimonio con Juana II, aportó apellido y nueva dinastía al reino, en la figura de su hijo Carlos II. Activo caballero, combatió en Flandes junto a su primo Felipe VI, al que también secundó en la Guerra de los Cien Años. Intentó mantener buenas relaciones con sus vecinos ibéricos, y luchando en favor de Alfonso XI de Castilla, murió de herida letal en Jerez de la Frontera durante la campaña de Algeciras. 


viernes, 13 de febrero de 2015

IGLESIA FORTALEZA DE UJUÉ.




La iglesia-fortaleza de Ujué es uno de los conjuntos medievales más singulares de toda la geografía navara, una histórica villa que ha sabido conservar su aspecto original. Enriscada en lo alto de una sierra, semejante a un nido de rapaz. Esta sierra de Ujué marca el límite meridional de la Navarra montañosa.

“Al terminar la Edad Media muchos de los grandes templos de la Península adoptaban el aspecto de aguerridos baluartes, resultando muy paradójica esta imagen militar con las pías funciones a las que estaban destinados. Remodelaciones acomodándose al devenir de los estilos modernos y, sobre todo, restauraciones supuestamente puristas llevadas a cabo desde el siglo XIX han hecho desaparecer el aspecto de fortificación en la mayoría de los templos.

En las iglesias altomedievales las formas de arquitectura militar responden a un intencionado lenguaje simbólico, que terminará por perder estas connotaciones bélicas e integrarse en un léxico característico de los edificios religiosos. Llegará un momento que el símbolo dará paso a la realidad. Las implicaciones del clero secular y regular en los conflictos de la sociedad obligarán a que catedrales, parroquias o iglesias monasteriales adopten formas encastilladas muy diferentes a supuestos aspectos teóricos de la arquitectura templaria de su época. El interés por una iglesia integrada en las murallas de la ciudad o del barrio, constituyendo un bastión fundamental en la forticación urbana, siendo reducto de defensa de los vecinos o de los derechos del señor feudal, tanto el obispo como el abad, llevan a los constructores a edificar un alcanzar antes que un cimborrio, una torre para la "máquina de guerra" mejor que una tums signorum. Por todas estas circunstancias, las "restauraciones puristas", muchas veces, no se corresponden con la realidad arquitectónica del monumento”.
Isidro G. Bango Torviso. “El verdadero significado del aspecto
de los edificios. De lo simbólico a la realidad funcional. La iglesia encastillada”.



Sus orígenes se remontan al siglo X y pronto se convirtió en una avanzadilla cristiana frente a los musulmanes de la Ribera de Tudela. Desde el siglo XIII fue una plaza fuerte y atalaya del Reino de Navarra, pequeño y vulnerable, frente a su poderoso vecino, Aragón.


El rasgo característico, y definidor de este templo, es su sólido aspecto de fortaleza, con torres almenadas, camino de ronda y contrafuertes. Una auténtica maravilla de la arquitectura medieval.



El camino de ronda, rodea el edificio y era utilizado por los centinelas para asegurar el perímetro de la fortaleza. Arcos, balaustrada y cubierta de madera configuran un precioso mirador abierto a La Ribera. 


El Santuario de Nuestra Señora de Ujué-Uxue, (etiomlógiamente podría derivar de "usoa" paloma en euskera), aparece vinculado a la fortaleza, y tiene su origen en una leyenda. 



Un pastor que andaba apacentando a sus ovejas cuando se fijó en una paloma que entraba y salía por el agujero de un gran peñasco. Intentó espantarla varias veces arrojandole piedras o incluso su cayado. Sorprendido por la habilidad del ave decidió entrar a través de la oquedad y explorar el interior. La sorpresa fue mayúscula, pues en el seno de una cueva encontró la imagen de la Virgen. A su pies posada la paloma cuyo vuelo había conducido hasta allí.



En la localidad tienen al primer rey de Pamplona, Iñigo Arista , como fundador de Ujué. A los pies del recinto una plaza con su nombre.



Para los cronistas árabes, el mejor castillo que poseía García Sánchez . Otro rey, Sancho Ramírez concedió fuero a la villa e impulsó la construcción de una nueva iglesia románica a partir de 1090.



Pórtico de Santa María, con la Última Cena y la Adoración de los Magos en el tímpano.



Cabecera románica del siglo XI.





Detalle de algunas ménsulas. Un trabajo delicado y detallista.



En el "Libro de los Fuegos" de 1366, un censo poblacional la incluye, junto a localidades como Santacara o San Martín de Unx en La Ribera, dentro de la merindad de Sangüesa.



La Virgen de Ujué, patrona y señora de La Ribera, es una obra del románico, siglo XII, realizada en madera de aliso.



El rey Carlos II de Evreux, conocido como Carlos el Malo inició en 1370 la reconstrucción gótica del templo y proyectó una Universidad, pero a pesar de comenzar las obras quedó en mera ilusión. Tanto fue el fervor que Carlos sintió por la Virgen de Ujué que dispuso en su testamento que su corazón reposara aquí, convirtiéndose en la más valiosa ofrenda. Se conserva en una hornacina a la espalda de la virgen en el altar mayor.



Ruinas de la Universidad que pudo ser y no fue. 



El hijo de Carlos II, el también rey Carlos III "el Noble" peregrinó en varias ocasiones al santuario desde la corte instalada en el cercano Castillo de Olite. Desde el mismo siglo XIV se celebra una romería popular que se celebra el primer domingo después de al festividad de San Marcos.



En la vertiente oriental, la vista recorre las estepas de las Bárdenas Reales, y al fondo, por detrás de la Sierra de Leyre, se alzan los imponentes Pirineos navarros. 



Frente a la portada, este espacio abierto fue el patio de armas del castillo.



Ermita de San Miguel, construida en el siglo XIII y derribada en 1806, por el mal estado de su bóveda. Apenas conserva muros y la portada con espadaña. 



El santuario de Ujué es la iglesia más fuerte de Navarra. Más castillo que iglesia, no se sabe donde termina la iglesia y donde comienza la fortaleza.


miércoles, 11 de febrero de 2015

KARL THOPIA.



Príncipe y señor de la guerra albanés, miembro de uno de los linajes más poderosos de su país, que nació en el castillo de Krujë y pasó toda su vida peleando por mantener sus dominios. Su ambición posibilitó la primera intervención turca en Albania y la tierra por la que tanto había luchado acabó en manos venecianas. 

El territorio de Albania ha sido lugar de paso a lo largo de la historia del Mediterráneo y de las potencias extranjeras. Factores ambos que propiciaron la fusión entre las sociedades autóctonas y los próceres foráneos. Un buen ejemplo de ello fue Karl Thopia. Karl fue el hijo de Charles Tanush Thopia y la princesa Helena de Anjou. Cuando sus padre murieron Karl reclamó sus derechos sobre la herencia territorial. 

En el año 1368 Karl se levantó en armas contra los Anjou y logró expulsarlos de Durres, una ciudad costeras de gran importancia estratégica y comercial. Thopia se convirtió en el príncipe del Reino de Albania (que había sido fundado por Carlos de Anjou, rey de Sicilia) un territorio que incluía la propia Durres, Krujë, Peqin, Elabasan, Mokra y Gora. 

Además de señor de la guerra, Karl o Charles Thopia fue un hábil diplomático y supo encontrar a un poderosos aliado en Venecia, que incluso lo consideró ciudadano de la república. La Serenissima reconoció la legitimidad del príncipe a cambio de jugosos privilegios comerciales en la región de Durres. Los venecianos, maestros de las intrigas, aprovecharon la derrota de sus enemigos (Anjou) para lanzar sus redes sobre la costa albanesa. 

En 1376, Luis de Evraux, hermano del rey de Navarra Carlos II que también reclamaba sus derechos sobre las posesiones angevinas, al mando de la Compañía de Navarra, un variopinto ejército de mercenarios y aventureros ávidos de botín, se lanzaron sobre Durres y la conquistaron. Luis murió al año siguiente por lo que Thopia pudo recuperar la plaza. 

Más tarde tuvo que enfrentarse a Balsa II Balsic, señor de Zeta, un principado situado al norte de Albania, en tierras que hoy pertenecen a Montenegro. Balsha expulsó a Thopia de Durres y la anexionó a sus dominios. 

Para lograr nuestros objetivos a veces vendemos nuestra alma al maligno, y eso es lo que hizo Karl Thopia. El príncipe albanés pidió ayuda a los otomanos y Murat I envió a un ejército que derrotó, y dio muerte a Balsa II Balsic en la batalla de Savra (1385). Este acontecimiento marcó el inicio de la intervención turca en suelo albanés, donde permaneció seis largas centurias. 

En 1388 murió Karl Thopia, que más bien que mal, había conseguido mantener su principado. Poco después, en 1392, su hijo y sucesor entregó (o fue obligado a ello) todos sus dominios a la República de Venecia. Estos territorios se convirtieron en el centro de la Albania Veneciana. 
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