Fraile agustino, cronista navarro nacido en el valle de Esteribar,
obispo de Bayona y confesor del rey de Navarra Carlos II. Autor de
una Crónica d'España y de la Genealogía de los Reyes de Navarra.
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domingo, 21 de abril de 2019
martes, 29 de enero de 2019
miércoles, 26 de agosto de 2015
LUIS DE NAVARRA.
Este segundón de la casa reinante de Navarra encabezó una expedición a la conquista de un lejano y desconocido país; Albania. Hijo menor de Juana II de Navarra y Felipe II de Evreux, del que heredó el condado de Beaumont-le-Roger. Hermano de Carlos II rey de Navarra y Felipe con posesiones en Normandía, Luis quería un poco de gloria para sí mismo.
Siempre trabajó según los intereses de su propia familia, cuando Carlos II abandona Navarra en su intento de conseguir la corona francesa, Luis queda a cargo de los asuntos de gobiernos navarros. En el campo de batalla ayudó a su hermano en el conflicto abierto con el rey de Francia Carlos V.
Casó en segundas nupcias con Juana de Anjou, hija del rey de Sicilia, y este matrimonio le confirió derechos sobre Durazzo y el Reino de Albania , antigua posesión angevina, en manos ahora de Karl Thopia , un noble albanés. Dispuesto a hacer vales esos derechos dirigió una expedición con el objetivo de recuperar los territorios, recibiendo la ayuda tanto de su hermano Carlos, como del propio rey de Francia.
Luis de Navarra al frente de la Compañía Navarra, formada por merecenarios y veteranos de la guerra en Francia que habían combatido junto a él, se aventuró en tierras lejanas y extrañas, consiguiendo rendir la ciudad de Durazzo en el verano de 1376. Poco pudo disfrutar Luis de su nuevo feudo, pues murió poco después, pero para la historia, la tradición y la leyenda, quedará el momento en que Navarra conquistó Albania.
El actor Xabier Elorriaga interpretó a Luis de Navarra en la celebrada cinta cinematográfica dirigida por Alfonso Ungría "La Conquista de Albania".
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martes, 19 de mayo de 2015
CARLOS III "EL NOBLE", REY DE NAVARRA.
Su tumba, labrada con
gusto exquisito junto a la de su esposa Leonor, preside la nave
principal de la Catedral de Pamplona, de la misma forma que una
solemne estatua suya nos da la bienvenida a la Plaza del Castillo, en
el corazón vivo de la capital navarra. Lo volví a encontrar en una
pequeña rotonda en Tafalla y en una plaza de Tudela. Precisamente en
la capital de la Ribera la comparsa Perrinche saca en cabalgata a un
gigante que representa a este rey. Carlos III, conocido como "el
Noble" es uno de los reyes más querido, recordado y homenajeado
de la Historia de Navarra, y es que cuando este monarca se sentó en
el trono, volvió la tranquilidad y la prosperidad al Reino, después
de unos aciagos y turbulentos años.
Carlos III, hijo de Carlos II el Malo, y Juana de Valois, hija del rey francés Jean le
Bon, fue coronado rey de Navarra en la Catedral de Pamplona en 1390,
en una ceremonia oficiada por el futuro Papa Luna (o antipapa según se
lea). En un contexto de relativa paz exterior, de crisis
económica y de creciente aristocratización de la sociedad, el nuevo
monarca desarrolló, sin grandes aspavientos, una política acorde a
las circunstancias del momento.
Siendo aún un infante,
su padre lo envió al frente de una embajada a la corte de Carlos V,
pero el rey francés lo apresó y el monarca navarro tuvo que ceder
los territorios ultrapirenaicos de Navarra. El joven Carlos comenzó
bien joven a aprender como funcionan los resortes del poder político
y que era más seguro, para su propia integridad, no meterse en
camisas de once varas.
En 1375 se casó con
Leonor de Trastámara, la hija de Enrique II, con lo que se ponía
fin a la disputa entre ambos reinos, consiguiendo además una valiosa
aliada, pues Castilla era el reino peninsular hegemónico del
momento. A la muerte de su padre, abandonó la corte castellana y se
aposentó en Navarra dispuesto a reinar. Y a reinar bien. En lugar de
enfrentarse en farragosos luchas dinásticas se dedicó por entero a
su propio reino, ese mismo, al que ninguno de sus antepasados
franceses (empezando por su propio padre) hicieron nunca mucho caso.
Diametralmente opuesto a
su padre (como nos gusta a todos los hijos) el desquiciado Carlos II,
empeñado (sin fundamento) en ser rey de Francia, gracias a su
talante conciliador y a sus escasas (o nulas) ambiciones
territoriales, consiguió el respeto de los monarcas coetáneos.
Intentó mantener relaciones con todos, Francia, Inglaterra, Aragón
y Castilla, y cuando las circunstancias así lo requerían también
mostró su apoyo al Papado de Avignon.
Al contrario que su
polémico padre, Carlos III mantuvo estrechas relaciones con
Castilla, a la que apoyó en la Guerra de Granada. Además su cuñado
Juan I, devolvió algunas de las plazas arrebatadas a su padre. El
abandono de los proyectos expansionistas de su predecesor, le
posibilitó el alejamiento de Francia y la revalorización de la Casa
de Evreux como dinastía reinante en Navarra, y materializó el
acercamiento (y la amistad) con Aragón a través de una activa
política matrimonial.
Reconoció la autoridad
del papa de Avignon Clemente VII y a su sucesor, el aragonés Pedro
Luna, al que prestó su apoyo hasta que el Concilio de Constanza puso
fin al Cisma de Occidente. A partir de este momento, y en consonancia
con el resto de reinos cristianos, reconoció al nuevo sumo
pontífice, Martín V. Otro hecho más que demuestra que Carlos III
sabía perfectamente nadar a favor de corriente.
Carlos y Leonor
tuvieron seis hijas y dos hijos, pero los varones murieron siendo
niños. Sin herederos en el horizonte, y siguiendo una política de
alianzas matrimoniales, Carlos casó a su hija mayor Juana con el
primogénito de los condes de Foix, pero al morir prematuramente, la
segunda hija Blanca, se convirtió en heredera. Viuda de su primer
marido, Martín de Sicilia, Blanca contrajo matrimonio con el infante
Juan, hijo de Fernando de Antequera y futuro rey Juan II de Aragón.
Según lo acordado en las capitulaciones matrimoniales el trono de
Navarra sería para Blanca y sus descendientes, pero eso, es otra
historia.
Carlos III, rey de la
diplomacia y garante de la paz, acometió serias reformas en la
administración del reino, creo la Corte o Tribunal Supremo y
construyó nuevos canales para garantizar el abastecimiento de las
ciudades y el riego de los campos. Otorgó una legislación unificada
para Pamplona (1423) el Privilegio de la Unión, en virtud de la
cual, los tres burgos (o barrios) que formaban la Pamplona medieval -
Navarrería, San Cernín y San Nicolás - y que poseían
legislaciones diferentes, quedaron unidos en una única ciudad con
una ley común para todos. Como parte de esta reforma administrativa
instituyó el título de "Príncipe de Viana" para
concedérselo al heredero del reino.
El noble rey destacó
además como promotor de las artes y de la cultura, acometiendo,
entre otras obras, la reconstrucción en estilo gótico de la
Catedral de Pamplona, y creó una orden de caballería de contenido
más honorífico que militar a la que llamó "Orden de
Caballería del Lebrel Blanco".
Carlos III instaló su
corte en la pequeña villa de Olite, reformando totalmente el antiguo
palacio donde habían residido los Teobaldo. Esta reforma convirtió
el Palacio de Olite en un ejemplo ideal de la arquitectura gótica,
una obra de ensueño dibujada por la mente más creativa. Si pensais
en un castillo de cuento, ese es el de Olite. Su esposa Leonor,
cuando se estableció en Navarra cayó en un profundo estado de
melancolía y decidió volver al hogar familiar junto a su hermano
Juan I, que no puso reparos en hacerse cargo de sus sobrinas. Leonor
no regresó a Olite hasta 1395.
Desde el año 1997, el
gobierno de Navarra entrega la Cruz de Carlos III, una condecoración
que resalta y reconoce públicamente los méritos de personas y
entidades que han contribuido al progreso de Navarra y a su
proyección exterior (La nobleza sigue más viva que nunca).
Considerado uno de los
monarcas más notables de la monarquía navarra, capaz de mantener
relaciones cordiales con sus vecinos, preocupado por la prosperidad
de un territorio, su largo reinado finalizó en 1425, cuando aquejado
de gota, falleció en Tafalla. Fue inhumado en la Catedral de
Pamplona, y como símbolo de su afortunado reinado nos queda su
sepulcro, una auténtica joya de la escultura funeraria gótica.
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sábado, 9 de mayo de 2015
CARLOS II DE NAVARRA "EL MALO".
Hijo de los Reyes de
Navarra y aspirante al trono francés , anduvo metido (prácticamente)
en todos los fregados de la época (guerra de los Cien Años,
revueltas parisinas, conquista del Reino de Albania, guerra Civil
Castellana) y cuando descubrió que nunca se sentaría en el trono
francés se conformó con reinar en Navarra, logrando al menos (y
eso ya era mucho) mantener la integridad de su territorio. Carlos lo
tenía todo para convertirse en uno de los hombres más poderosos de
Europa Occidental, pero algo falló, ¿él mismo?, ¿las
circunstancias?, ¿la pericia de sus rivales?, ¿la ineptitud de sus
aliados?. De cualquier manera no era su destino llegar a ser ese rey
poderoso.
Su madre Juana II de
Navarra (hija de Luis X ) había sido apartada de la línea sucesoria
al trono de Francia por su condición de mujer (en virtud de la Ley
Sálica que tantos quebraderos de cabeza trajo a Fernando VII y a su
hija Isabel II). No obstante, siempre que tuvo la más mínima
posibilidad, por muy remota que fuera, Carlos se mostró dispuesto a
reclamar unos derechos que él consideraba legítimos. Su padre, Felipe de Evreux , noble francés y rey consorte de Navarra tenía
amplias posesiones en Normandía que heredó el propio Carlos.
Carlos tenía 17 añitos
cuando murió su madre, siendo coronado en la Catedral de Pamplona
(27 de Junio de 1350) nuevo rey de Navarra (asusta pensar un rey de
diecisiete años en el mundo inmaduro de hoy). Ese mismo año murió
el rey francés Felipe VI y Carlos abandonó Navarra decidido a hacer
valer sus derechos al trono de Francia, dejendo a su hermano menor
Luis, a cargo del gobierno. En sus porfías por la corona francesa
contó siempre con el inestimable (e impagable) apoyo de su familia,
en especial de su tía Juana de Evreux (viuda del último rey Capeto
Carlos IV) y su hermano Felipe, hombre enérgico y obstinado.
Instalado en la corte,
pronto comenzó a conspirar contra todos y la primera víctima fue
Carlos de la Cerda, favorito del rey francés Juan II, asesinado por
sus matones. Este acontecimiento (trágico y habitual en contextos de
luchas por el poder) acrecentó la enemistad entre ambos gallos del
corral, y eso que el monarca francés, precisamente para contentar al
navarro, le había entregado a su propia hemana Juana en matrimonio.
A partir de este momento (otro punto de inflexión en su vida) Carlos
comenzó a reunir a su alrededor a todas las personas descontentas
con los Valois (que llevaban poco tiempo reinado), incluyendo a los
ingleses (eternos enemigos). De todas formas los franceses nunca
apoyarían la investidura de un monarca extranjero, y probablemente
Carlos nunca fue capaz de comprenderlo. Este ceguera le llevó a
malgastar demasiadas energías inútilmente.
Carlos de Navarra fue
una persona que se alió con todos, y que a todos traicinó. En ese
sentido, apoyó la rebelión burguesa de Etienne Marcel , se convirtió
en capitán general de París, para acabar aplastando la insurrección
campesina (con lazos fraternales con los movimientos urbanos) de la
Grande Jacquerie. También hizo buenas migas con los flamencos y los
ingleses en un intento de socavar la autoridad de los monarcas
franceses. Y todo para nada. En 1365 perdida toda esperanza de ocupar
el trono de Francia, tras su renuncia mediante el Tratado de Saint
Denis, decidió abandonar su cruzada personal y regresar a los
asuntos de Navarra.
En la Península Ibérica
las cosas tampoco fueron fáciles, en un doble contexto bélico, la
Guerra de los Cien Años y la Guerra Civil en Castilla; franceses,
ingleses, castellanos y aragoneses, andaban enfrascados en uno de esos
conflictos poliédricos, que parecen no tener fin, con batallas,
asedios, pactos, escaramuzas, tratados, asesinatos y traiciones.
Carlos selló alianzas y rompió pactos según el momento y los
intereses particulares. Aunque en principio trató de mantenerse al
margen, se enfrentó con todos, y si bien es cierto que no logró ni
la corona francesa, ni aumentar sus territorios, no es menos cierto
que consiguió mantener intactas las fronteras del Reino de Navarra,
rodeado como estaba de potenciales enemigos, que podrían haber
anexionado el reino, sin excesivas dificultades.
En el interior del reino
navarro desarrolló un profundo programa de reformas que incluía un
saneamiento de la administración, el refuerzo de la nobleza como
pilar basico de la monarquía y la creación de Cámara de Comptos (1364) situada en la capital Pamplona, como principal órgano
financiero. Además reconstruyó la iglesia-fortaleza de Ujué y
proyectó fundar allí mismo una Universidad, de la que llegaron a
construirse los cimientos (visibles aún hoy) pero que se tuvo que
abandonar por falta de recursos.
A Carlos II los
franceses lo llamaron "el Malo" quizá en contraposición a
su rey Juan II al que conocían como el Bueno (Jean le Bon). Rey malo
en Francia pero monarca querido en Navarra.
Su muerte sigue rodeada
de misterios, pues se cuenta que murió abrasado en su propia cama,
al parecer víctima de los remedios de un médico alquimista que le
había preparado un tratamiento a base de suaves sábanas blancas
empapadas de aguardiente. La chispa de una lámpara cayó sobre las
vendas y el monarca acabó convirtió en una antorcha humana. De esta
novelesca forma abandonó este mundo el rey Carlos II.
Un médico judío de
Zaragoza, Samuel Trigo se hizo cargo del cuerpo, al que evisceró y
preparó para la eternidad. Embalsamó el corazón utilizando
aguarrás, mirra, aloe, incienso, resiina, colonia y goma arábiga, y
luego fue introducido en un pinchel (vaso) de estaño. El cuerpo fue
sepultado en la Catedral de Pamplona, las entrañas se trasladaron a
Roncesavalles y el corazón fue llevado a Ujué donde se celebraron
los funerales, siendo depositado en el interior de una arqueta en el
altar mayor de su iglesia. Como dice la voz popular "genio y
figura, hasta la sepultura".
viernes, 8 de mayo de 2015
CAMARA DE COMPTOS DE NAVARRA - KONTUEN GANBARA.
Construcciones góticas
de la Edad Media, algunas civiles, otras religiosas, continuan en
pie, siglos después de su construcción, embelleciendo (y dando
personalidad) modernas ciudades que a veces parecen querer olvidar su
historia y enterrar el pasado. Pero la piedra y el sillar aguantan
estoicamente e paso del tiempo para recordarnos de donde venimos. La
Cámara de Comptos de Navarra fue creada en 1364 por Carlos II para
controlar las finanzas del reino, y su sede primegenia, aún visible
(y en funcionamiento) en el interior del Casto Histórico de
Pamplona, es un edificio cuyo origen habría que situarlo en el siglo
XIII, aunque su configuración definitiva es algo posterior.
Antes de ser la sede de
la Cámara de Comptos fue el palacio del Señor de Otazu. Se trata
del único ejemplo de arquitectura civil gótica presente en la
ciudad. Tras la conquista castellana la institución siguió
funcionando hasta su disolución en 1841. Durante la Transición a la
Democracia resurgió de sus cenizas como una órgano dependiente del
Parlamento de Navarra.
viernes, 10 de abril de 2015
BLANCA DE EVREUX. DISCRECIÓN HERMOSA Y ARTES OSCURAS.
Creemos caminar por el
borde de un mundo maniqueo, a un lado la luz, el día y el bien, al
otro la oscuridad, la noche y el mal. En realidad ese límite no es
tal, es mera ilusión. Luz y Oscuridad, Masculino y Femenino, Cielo y
Tierra se funden, se entremezclan, y es humanamente imposible (al
menos en términos absolutos) discernir donde acaba lo uno, y donde
empieza lo otro.
Con la Historia y sus
personajes ocurre lo mismo. Hay una historia real y verídica,
iluminada por los documentos, concretada mediante datos, y otra
historia velada, y hasta cierto punto imaginada, sustentada en
leyendas, ancestrales creencias y tradiciones orales. Y amigos míos,
al igual que no es concebible (ni cognoscible) el Yin sin el Yang, no
pude existir la historia sin la leyenda, no podemos aprehender la
esencia humana (individual y colectiva) si no tenemos en cuenta el
mito. Nadie vibra ni se apasiona con el estudio de fríos datos,
fechas, estadísticas o listas de nombres sin sentido. Los que
buceamos en el pasado lo hacemos con la esperanza segura de encontrar
la hazaña, la pasión, la tragedia, la belleza y la magia. Sin estos
elementos el pasado se borra y la memoria olvida.
Blanca de Evraux fue una
reputada dama, hija de la reina Juana II de Navarra y Felipe de Evraux , y reina consorte de Francia, sin embargo, su fama actual está
vinculada a episodios algo más fantasiosos. Dos historias, dos
caras. Una real y documentada, otra legendaria y fantástica. La
primera la estudia la historia académica. De la otra se hacen eco
los círculos más heterodoxos del conocimiento.
Al principio de su vida,
Blanca parecía destinada a jugar un importante papel en las
difíciles relaciones entre Navarra y Castilla. Sus mayores
decidieron entregarla en matrimonio al infante Pedro (futuro Pedro I)
hijo de Alfonso XI. El enlace buscaba forjar de una vez por todas una
alianza favorable a Castilla, y a Francia. Los franceses no se
inmiscuirían en los asuntos castellanos y apoyarían en su
particular reconquista, mientras que Castilla auxiliaría a los
franceses en la Guerra de los Cien Años. La boda estaba prevista
cuando la niña cumpliese quince años, pero ni la alianza fraguó,
ni la ceremonio se celebró. A Blanca le esperaba otro rey.
A la muerte de sus
padres, Blanca quedó bajo la tutela de su hermano Carlos, a la sazón
nuevo rey de Navarra (Carlos II). Como buen hermano (y político)
Carlos intentó buscar a Blanca un buen marido, y pensó en otro
joven heredero, el delfín Juan (futuro Jean Le Bon), hijo del rey
francés Felipe VI.
Desde muy joven la
princesa despertó la admiración de propios y extraños por su
belleza e inteligencia, de tal forma que una crónica de la época la
define como "Bella Sagesse" (Discreción Hermosa). Si
hacemos casos de los documentos Blanca era un dechado de virtudes, un
modelo a seguir como dama virtuosa y fiel siempre a los intereses de
su linaje. La hija de Juana representaba el ideal de la mujer noble
del siglo XIV. Tal fue la repercusión de la infanta Blanca, que
recientes estudios han identificado a Blanca de Evreux con la heroína
protagonista del "Roman de la Dame a la Licorne et du biau
chevalier au lion" compuesto hacia 1350.
El rey Felipe VI acaba
de enviudar y debía andar el hombre un poco melancólico, pero
cuando vio en persona a Blanca, famosa en toda Europa por su belleza
y cuarenta años más joven, se enamoró locamente de ella. El rey le
dijo a su hijo Juan "que naranjas de la China", que Blanca
ya no iba a ser su esposa, sino su madrastra.
Se celebró la boda,
Blanca se convirtió en Reina de Francia y Luis encontró un nuevo
motivo de alegría. Bromas crueles del destino, el infortunado rey
poco pudo disfrutar de su lozana esposa, pues las Moiras decidieron
cortar los hilos seis meses después del enlace. Las lenguas
malintencionadas (o bienintencionadas, según se mire) atribuyen la
muerte del monarca al agotamiento sexual, lo que hablaría bien a las
claras de las dotes amatorias de la princesa navarra. No obstante, la
fogosidad del rey le permitió engendrar una hija, que fue bautizada
como Juana (onomástica recurrente en la dinastía franconavarra).
La reina viuda, con un
velo blanco sobre el rostro, símbolo del luto, abandonó la corte y
se retiró a las posesiones que su marido le había legado,
concretamente a Neaufles Saint Martin cerca de Gisors. Aunque hubo un
intento de casarla con Pedro IV de Aragón, la Reina Blanca se negó,
argumentando que por tradición las reinas viudas de Francia no
volvían a casarse. Otra interpretación sostiene que a Carlos II, el
rey navarro, le interesaba que su hermana se mantuviese como reina
viuda de Francia, y no romper el entendimiento que se había
alcanzado entre ambas coronas tras el matrimonio.
Durante sus años de
viudedad, mantuvo una estrecha relación con su hermano, al que ayudó
siempre que pudo, y con los asuntos de gobierno en Navarra. Además a
Blanca tampoco le temblaba el pulso cuando tenía que actuar, en 1364
defendió Vernon frente a las tropas de du Gesclin . Tal era la
confianza que Carlos II había depositado en su hermana que no dudó
en nombrarla en su testamento, como tutora de su hijo, el futuro
Carlos III el Noble.
Blanca murió en 1398,
recibió sepultura en la abadía de Saint Denis y nunca dejó de ser
considerada la Reina viuda de Francia. Hasta aquí la historia
oficial.
La historia incómoda,
extraoficial y heterodoxa, cuenta que en su retiro Blanca se dedicó
a la práctica de la alquimia y al estudio de las artes oscuras. Esta
historia heterodoxa está llena de intuiciones y de tópicos, que a
pesar de todo, puede ser que escondan algo de verdad. Se cuenta que
en los sótanos de su castillo hizo construir un laboratorio para
llevar a cabo sus experimentos de alquimia y que pasaba horas leyendo
y estudiando nigromancia y otras artes oscuras. Mientras escribo
estas líneas no puedo dejar de pensar en Erzebeth Bathory, devota de
la sangre.
Sus castillos de Neuphe
y de Gisors estaban comunicados mediante un túnel secreto, que como
todos estos túneles secretos no han podido ser descubiertos. La
tradición cuenta que en su biblioteca - era una ávida lectora -
poseía una obra alquímica de valor incalculable producida en el
Languedoc durante el siglo XIV, pero basada en manuscritos de
seiscientos años atrás.
Esta princesa atípica
mantuvo una estrecha relación de amistad y mecenazgo con Nicolás Flamel , acaso el alquimista más popular de su tiempo. La última
vuelta de tuerca de esta esotérica historia hace de Blanca una de
los Grandes Maestres del supuesto Priorato de Sion, la enigmática
orden de la Dan Brown escribe en el Código da Vinci. Además el
mismo Flamel sucedió a Blanca en dicho maestrazgo. ¿Dónde termina
la realidad?.
Y si hablamos de una
joven reina, guapa e inteligente, que vive en castidad, apartada del
mundo, no puede faltar una amante. Si no lo hay, se inventa. Durante
su retiro, la Reina Blanca disfrutó de la pasión amorosa de un
enigmático caballero del que poco o nada se sabe, que alguien aha
bautizado (no se bien con que criterio) como Poulain, y que visitaba
a la princesa nigromante en las largas noches invernales para ofrecer
su ardor amoroso.
Alquimia y nigromancia,
el arte de la luz y la ciencia de la oscuridad, doctrinas esotéricas
que provocan los más encontrados sentimientos de atracción y
repulsión en el alma humana. ¿Qué tienen de auténtico?. Difícil
precisarlo. A lo largo de la historia vivieron hombres y mujeres
empeñados en desentrañar los secretos y misterios de la Naturaleza,
y en el fondo no es, ni más ni menos, que la eterna y continua
búsqueda del conocimiento, una pulsión que responde a la innata e
inevitable curiosidad humana.
miércoles, 18 de marzo de 2015
FELIPE DE EVREUX.
Noble segundón francés, orgulloso descendiente de San Luis y señor de Évreux en Normandía. Rey (consorte) de Navarra por su matrimonio con Juana II, aportó apellido y nueva dinastía al reino, en la figura de su hijo Carlos II. Activo caballero, combatió en Flandes junto a su primo Felipe VI, al que también secundó en la Guerra de los Cien Años. Intentó mantener buenas relaciones con sus vecinos ibéricos, y luchando en favor de Alfonso XI de Castilla, murió de herida letal en Jerez de la Frontera durante la campaña de Algeciras.
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viernes, 13 de febrero de 2015
IGLESIA FORTALEZA DE UJUÉ.
La iglesia-fortaleza de Ujué es uno de los conjuntos medievales más singulares de toda la geografía navara, una histórica villa que ha sabido conservar su aspecto original. Enriscada en lo alto de una sierra, semejante a un nido de rapaz. Esta sierra de Ujué marca el límite meridional de la Navarra montañosa.
“Al terminar la Edad
Media muchos de los grandes templos de la Península adoptaban el
aspecto de aguerridos baluartes, resultando muy paradójica esta
imagen militar con las pías funciones a las que estaban destinados.
Remodelaciones acomodándose al devenir de los estilos modernos y,
sobre todo, restauraciones supuestamente puristas llevadas a cabo
desde el siglo XIX han hecho desaparecer el aspecto de fortificación en
la mayoría de los templos.
En las iglesias
altomedievales las formas de arquitectura militar responden a un
intencionado lenguaje simbólico, que terminará por perder estas
connotaciones bélicas e integrarse en un léxico característico de
los edificios religiosos. Llegará un momento que el símbolo dará
paso a la realidad. Las implicaciones del clero secular y regular en
los conflictos de la sociedad obligarán a que catedrales, parroquias
o iglesias monasteriales adopten formas encastilladas muy diferentes a
supuestos aspectos teóricos de la arquitectura templaria de su
época. El interés por una iglesia integrada en las murallas de la
ciudad o del barrio, constituyendo un bastión fundamental en la
forticación urbana, siendo reducto de defensa de los vecinos o de
los derechos del señor feudal, tanto el obispo como el abad, llevan
a los constructores a edificar un alcanzar antes que un cimborrio,
una torre para la "máquina de guerra" mejor que una tums
signorum. Por todas estas circunstancias, las "restauraciones
puristas", muchas veces, no se corresponden con la realidad
arquitectónica del monumento”.
Isidro G. Bango Torviso.
“El verdadero significado del aspecto
de los edificios. De lo
simbólico a la realidad funcional. La
iglesia encastillada”.
Sus
orígenes se remontan al siglo X y pronto se convirtió en una
avanzadilla cristiana frente a los musulmanes de la Ribera de Tudela.
Desde el siglo XIII fue una plaza fuerte y atalaya del Reino de
Navarra, pequeño y vulnerable, frente a su poderoso vecino, Aragón.
El
rasgo característico, y definidor de este templo, es su sólido
aspecto de fortaleza, con torres almenadas, camino de ronda y
contrafuertes. Una auténtica maravilla de la arquitectura medieval.
El camino de ronda, rodea el edificio y era utilizado por los centinelas para asegurar el perímetro de la fortaleza. Arcos, balaustrada y cubierta de madera configuran un precioso mirador abierto a La Ribera.
El camino de ronda, rodea el edificio y era utilizado por los centinelas para asegurar el perímetro de la fortaleza. Arcos, balaustrada y cubierta de madera configuran un precioso mirador abierto a La Ribera.
El
Santuario de Nuestra Señora de Ujué-Uxue, (etiomlógiamente podría
derivar de "usoa" paloma en euskera), aparece vinculado a
la fortaleza, y tiene su origen en una leyenda.
Un pastor que andaba apacentando a sus ovejas cuando se fijó en una paloma que entraba y salía por el agujero de un gran peñasco. Intentó espantarla varias veces arrojandole piedras o incluso su cayado. Sorprendido por la habilidad del ave decidió entrar a través de la oquedad y explorar el interior. La sorpresa fue mayúscula, pues en el seno de una cueva encontró la imagen de la Virgen. A su pies posada la paloma cuyo vuelo había conducido hasta allí.
Un pastor que andaba apacentando a sus ovejas cuando se fijó en una paloma que entraba y salía por el agujero de un gran peñasco. Intentó espantarla varias veces arrojandole piedras o incluso su cayado. Sorprendido por la habilidad del ave decidió entrar a través de la oquedad y explorar el interior. La sorpresa fue mayúscula, pues en el seno de una cueva encontró la imagen de la Virgen. A su pies posada la paloma cuyo vuelo había conducido hasta allí.
En
la localidad tienen al primer rey de Pamplona, Iñigo Arista , como
fundador de Ujué. A los pies del recinto una plaza con su nombre.
Para
los cronistas árabes, el mejor castillo que poseía García Sánchez .
Otro rey, Sancho Ramírez concedió fuero a la villa e impulsó la
construcción de una nueva iglesia románica a partir de 1090.
Pórtico de Santa María, con la Última Cena y la Adoración de los Magos en el tímpano.
Cabecera románica del siglo XI.
Detalle de algunas ménsulas. Un trabajo delicado y detallista.
Pórtico de Santa María, con la Última Cena y la Adoración de los Magos en el tímpano.
Cabecera románica del siglo XI.
Detalle de algunas ménsulas. Un trabajo delicado y detallista.
En
el "Libro de los Fuegos" de 1366, un censo poblacional la
incluye, junto a localidades como Santacara o San Martín de Unx en
La Ribera, dentro de la merindad de Sangüesa.
La
Virgen de Ujué, patrona y señora de La Ribera, es una obra del
románico, siglo XII, realizada en madera de aliso.
El
rey Carlos II de Evreux, conocido como Carlos el Malo inició en 1370
la reconstrucción gótica del templo y proyectó una Universidad,
pero a pesar de comenzar las obras quedó en mera ilusión. Tanto fue
el fervor que Carlos sintió por la Virgen de Ujué que dispuso en su
testamento que su corazón reposara aquí, convirtiéndose en la más
valiosa ofrenda. Se conserva en una hornacina a la espalda de la
virgen en el altar mayor.
Ruinas de la Universidad que pudo ser y no fue.
Ruinas de la Universidad que pudo ser y no fue.
El
hijo de Carlos II, el también rey Carlos III "el Noble"
peregrinó en varias ocasiones al santuario desde la corte instalada
en el cercano Castillo de Olite. Desde el mismo siglo XIV se celebra
una romería popular que se celebra el primer domingo después de al
festividad de San Marcos.
En la vertiente oriental, la vista recorre las estepas de las Bárdenas Reales, y al fondo, por detrás de la Sierra de Leyre, se alzan los imponentes Pirineos navarros.
Frente a la portada, este espacio abierto fue el patio de armas del castillo.
Ermita de San Miguel, construida en el siglo XIII y derribada en 1806, por el mal estado de su bóveda. Apenas conserva muros y la portada con espadaña.
En la vertiente oriental, la vista recorre las estepas de las Bárdenas Reales, y al fondo, por detrás de la Sierra de Leyre, se alzan los imponentes Pirineos navarros.
Frente a la portada, este espacio abierto fue el patio de armas del castillo.
Ermita de San Miguel, construida en el siglo XIII y derribada en 1806, por el mal estado de su bóveda. Apenas conserva muros y la portada con espadaña.
El
santuario de Ujué es la iglesia más fuerte de Navarra. Más
castillo que iglesia, no se sabe donde termina la iglesia y donde
comienza la fortaleza.
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miércoles, 11 de febrero de 2015
KARL THOPIA.
Príncipe y señor de la guerra albanés, miembro de uno de los linajes más poderosos de su país, que nació en el castillo de Krujë y pasó toda su vida peleando por mantener sus dominios. Su ambición posibilitó la primera intervención turca en Albania y la tierra por la que tanto había luchado acabó en manos venecianas.
El territorio de Albania ha sido lugar de paso a lo largo de la historia del Mediterráneo y de las potencias extranjeras. Factores ambos que propiciaron la fusión entre las sociedades autóctonas y los próceres foráneos. Un buen ejemplo de ello fue Karl Thopia. Karl fue el hijo de Charles Tanush Thopia y la princesa Helena de Anjou. Cuando sus padre murieron Karl reclamó sus derechos sobre la herencia territorial.
En el año 1368 Karl se levantó en armas contra los Anjou y logró expulsarlos de Durres, una ciudad costeras de gran importancia estratégica y comercial. Thopia se convirtió en el príncipe del Reino de Albania (que había sido fundado por Carlos de Anjou, rey de Sicilia) un territorio que incluía la propia Durres, Krujë, Peqin, Elabasan, Mokra y Gora.
Además de señor de la guerra, Karl o Charles Thopia fue un hábil diplomático y supo encontrar a un poderosos aliado en Venecia, que incluso lo consideró ciudadano de la república. La Serenissima reconoció la legitimidad del príncipe a cambio de jugosos privilegios comerciales en la región de Durres. Los venecianos, maestros de las intrigas, aprovecharon la derrota de sus enemigos (Anjou) para lanzar sus redes sobre la costa albanesa.
En 1376, Luis de Evraux, hermano del rey de Navarra Carlos II que también reclamaba sus derechos sobre las posesiones angevinas, al mando de la Compañía de Navarra, un variopinto ejército de mercenarios y aventureros ávidos de botín, se lanzaron sobre Durres y la conquistaron. Luis murió al año siguiente por lo que Thopia pudo recuperar la plaza.
Más tarde tuvo que enfrentarse a Balsa II Balsic, señor de Zeta, un principado situado al norte de Albania, en tierras que hoy pertenecen a Montenegro. Balsha expulsó a Thopia de Durres y la anexionó a sus dominios.
Para lograr nuestros objetivos a veces vendemos nuestra alma al maligno, y eso es lo que hizo Karl Thopia. El príncipe albanés pidió ayuda a los otomanos y Murat I envió a un ejército que derrotó, y dio muerte a Balsa II Balsic en la batalla de Savra (1385). Este acontecimiento marcó el inicio de la intervención turca en suelo albanés, donde permaneció seis largas centurias.
En 1388 murió Karl Thopia, que más bien que mal, había conseguido mantener su principado. Poco después, en 1392, su hijo y sucesor entregó (o fue obligado a ello) todos sus dominios a la República de Venecia. Estos territorios se convirtieron en el centro de la Albania Veneciana.
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