Mostrando entradas con la etiqueta Mehmet II. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mehmet II. Mostrar todas las entradas

domingo, 30 de septiembre de 2018

HAMZA KASTRIOTI, EL SOBRINO TRAIDOR.




Todo drama, cualquier tragicomedia que se precie, necesita un traidor, un personaje que desencadene toda la acción de una novela. El traidor es la antítesis del protagonista (aunque a veces es tan fundamental para la narración como aquel), le da la espalda al héroe, y si tiene la oportunidad, no durará en asestarle una puñalada. En nuestra historia del Guerrero del Águila, el papel del traidor es interpretado por un sobrino de Skanderbeg, Hamza Kastrioti. 

Los celos y la ambición, dos pasiones muy humanas, suelen estar en la base de muchas traiciones. Hamza Castrioti, un noble albanés del siglo XV podría hablarnos del tema. 

Hamza Kastrioti (o Ameses Castrioti) era sobrino del príncipe albanés Skanderbeg y tras la muerte prematura de su padre fue criado por su tío como a un auténtico hijo. Hamza Kastrioti siguió a Skanderbeg durante los primeros años de la lucha que sostuvo contra los otomanos. Tío y sobrino formaron parte de los ejércitos del sultán hasta la batalla de Nis, cuando ambos desertaron, capturaron la fortaleza de Kruja, en el corazón de Albania y comenzaron una larga guerra contra los invasores turcos. 


Durante varios años combatieron juntos y Hamza se convirtió en un destacado lugarteniente de Skanderbeg; el joven muchacho se sentía y se veía en un futuro como sucesor de su tío. Pero todo cambió cuando nació Gjon, el primogénito de Skanderbeg. Hamza perdió toda esperanza de heredar algún día el principado de los Kastrioti. 

Los celos, la envidia, la ambición desmedida y ciertas dosis de ingratitud se apoderaron de los sentimientos de Hamza, que abandonó la causa albanesa y marchó a Constantinopla para ponder bajo las órdenes del sultán conquistador Mehmet II. 

En 1457 Hamza regresó a Albania, pero lo hizo al frente de un cuerpo de ejército otomano. Tío y sobrino, con sus respectivos ejércitos, se volvieron a ver las caras, esta vez enfrentados en el campo de batalla, en Ujebardha (o Albulena). En el transcurso de esa batalla Hamza fue capturado por las fuerzas de Skanderbeg y enviado como prisionero al Reino de Nápoles (estado aliado de Skanderbeg). 

Más tarde fue liberado y volvió a Constantinopla a reunirse con su esposa y sus hijos. Y allí permaneció trabajando como funcionario de alto rango en la corte del sultán. O malviviendo como un pordiosero según otras opiniones. 

La traición fue un duro golpe para la resistencia albanesa, una auténtica tragedia, pues Hamza tenía buena reputacion entre la tropa y estaba considerado uno de los generales más capaces. Su deserción mermó el poderío albanés, dejó en el aire la continudidad de la Liga de Lezhë y a Skanderbeg sin uno de sus posibles sucesores. 

Pero ¿y si el traidor no fue Hamza?. En la historia, como en la vida, todo es susceptible de ser interpretado. Es posible que Hamza abandonase a su tío convencido de que Skanderbeg se preocupaba más por los asuntos italianos, como vasallo del Rey de Nápoles, que por el principado Kastrioti. En este caso la razón de ser de defender Albania era que los otomanos no pudiesen alcanzar Italia. Para Hamza su tío no era un auténtico patriota, así que marchó a buscar el apoyo del sultán para que lo ayudase a convertirse en el Señor del Principado Kastrioti. Según esta interpretación Skanderbeg sería un simple peón, que defendía los intereses geoestratégicos del Reino de Nápoles. Juzguen ustedes mismos quien traicionó a quien. 





jueves, 20 de septiembre de 2018

BALLABAN BADERA.



Ballaban Badera, o Ballaban pashá, fue un militar otomano que luchó en las guerras de conquista de Albania. Ballaban nació en suelo albanés, en la región de Mat, y como muchos otros niños de la región balcánica, fue reclutado, enviado a Turquía, instruído e incorporado al ejército del sultán. 

En la primavera de 1465, la época en que comienzan todas las campañas militares, Ballaban tuvo la oportunidad de regresar a su tierra, al frente de un ejército otomano. Se trataba de una expedición punitiva que tenía como objetivo sofocar la rebelión iniciada por Skanderbeg. El primer encuentro entre ambos guerreros tuvo lugar en el mes de abril, cerca de Ohrid. 

En 1466 el sultán Mehmet II en persona se presentó en Albania y puso sitio a la ciudad de Kruja, centro de operaciones de Skanderbeg y principal bastión de la resistencia albanesa. Cuando la campaña fracasó, después de dos meses de inútil asedio, el sultán se retiró, abandonando a Ballaban en Albania. 

Tras unos meses de cierta tranquilidad, en 1467 Skanderbeg regresó de un viaje que le había llevado a Italia, reforzó la fortaleza y entró en combate con las tropas otomanas. Skanderbeg salió victorioso y Ballaban pashá perdió la vida en el choque. Según la lleyenda Ballaban recibió en el cuello el impacto de un arcabuz disparado por un tal Gergj Aleksi. 

La figura de Ballaban Badera es frecuente en la literatura oral albanesa como gran rival de Skanderbeg.

domingo, 7 de enero de 2018

INTANTERÍA MOLDAVA.





Infantería ligera y unos pocos caballeros, todos con el Uro en su escudo, fueron las tropas que utilizó el príncipe Moldavo, Esteban III el Grande, para emboscar en los pantanos y derrotar al ejército otomano del sultán Mehmet II en la recordada batalla de Vaslui en el año 1475.






sábado, 7 de noviembre de 2015

MEHMET II



Mehmet II Fatih, se consideraba el próximo Conquistador del Mundo. Un auténtico hombre de estado del Renacimmiento, valiente, poco escrupuloso, culto y cruel. Mehmet fue nombrado sultán siendo casi un niño, poco más que un adolescente, cuando su padre Murad II, un tanto agotado de ejercer, decidió abandonar el poder. Sin embargo, para vestir de dramatismo su historia personal, los acuciante problemas obligaron a Murad II a retomar el poder, y a Mehmet solo le quedaba esperar, observar y aprender de la experiencia de su padre. Muerto Murad II, Mehmet puso todo su empeño en someter, de una vez y para siempre, al cuasi eterno Imperio Bizantino.

Tomó Constantinopla, fortaleció el poder turco en Europa y lo gobernó con mano firme. Reorganizó la administración estatal, se apoyó en los jenízaros para reforzar la autoridad imperial y tenía su cabeza un ambicioso proyecto imperial, integrar en un inmenso estado a turcos, mongoles, cristianos y musulmanes.

Después de su éxito en Constantinopla y aprovechando el terrible impacto, anexionó Grecia, completó la conquista de Serbia a pesar de su derrota ante las puertas de Belgrado (cuya defensa dirigió Janos Hunyadi), y sometió con éxito Valaquia (con Vlad III como enemigo y aliado) y Albania (aunque solo tras la muerte de Jorge Castriota “Skanderbeg”). Como colofón proyectó invadir Italia y disponía incluso de una base de operaciones en Otranto, tomada después de una audaz campaña, pero el fracaso en el intento de conquistar la isla de Rodas frustró este ambicioso sueño.

Mehmet II, una mente inquieta, poseía una educación excepcional, era políglota (era capaz de hablar árabe, persa, hebreo, griego y latín), cultivaba por igual aficiones literarias e intereses científicos, y encargó la construcción de un lujoso palacio, Topkapi. Poco después del revés en Rodas, el sultán conquistador murió, posiblemente envenenado, por su médico Yakub Pasa, que trabajaba para los venecianos. Como castigo fue linchado por los fieles jenízaros. En el momento de su muerte, Mehmet era el sultán más grande de su glorioso linaje.


jueves, 5 de noviembre de 2015

MURAD II



Murad II preparó el terreno, colocó un yunque, y su hijo Mehmet II golpeó con su martillo, conquistó Bizancio y ganó la gloria. Hijo de Mehmet I , Murad II fue uno de los grandes sultanes turcos de finales de la Edad Media (una Edad Media que entre él y su hijo se encargaron de finiquitar). Actuó siempre con contundencia contra los estados critianos en general y contra Bizancio en particular.

Enfadado con el emperador bizantino puso sitio a la ciudad (1422) en lo que creemos entrever un ensayo para la conquista definitiva de la capital. Tras meses de infructuoso asedio, Murad II se retiró, no sin antes firmar las paces con el emperador. Una paz que le daba la tranquilidad suficiente para lanzarse hacia occidente.

Plantó cara a todos los ejércitos cristianos y desbarató todas la cruzadas (mal) organizadas por unos reyes que no tenían ni la más remota idea de como combatir a los turcos. Tras aplastar en Varna (1444) la última cruzada cristiana, hastiado del poder, y quizá demasiado cansado, un anciano Murad abdicó en su joven (e inexperto) hijo Mehtmet II. Sin embargo, una serie de contratiempos le obligaron a retomar el poder. Eso sí, con su hijo siempre a su lado, aprendiendo todo lo necesario para convertirse en un gran conquistador.

La última gran victoria de Murad II fue la conocida como segunda Batalla de Kosovo (1448), pues murió un poco después (1451), tras sufrir un varapalo en el sitio de Krujë. Y es que fue en Albania donde Murad II cosechó su único fracaso militar frente a la heroica resistencia de Skanderbeg, al que nunca consiguió someter.


lunes, 2 de noviembre de 2015

BAYACETO II



Bayaceto II fue un sultán otomano que protagonizó un reinado de relativa calma, entre las etapas conquistadoras de su padre, Mehmet II y las de su hijo Selim I. Para convertirse en sultán Bayaceto tuvo que derrotar a otro aspirante, su propio hermano Yem. Una vez derrotado Yem huyó a Rodas, pero los caballeros hospitalarios lo atraparon y lo enviaron a Occidente. Se cuenta que Bayaceto pagó al papa Alejandro VI para que lo quitase de enmedio.

Mecenas de la cultura como su padre, Bayaceto mantuvo algunas guerras en la frontera. Firmó una paz con el rey de Hungría Matías Corvino, para tener las manos libres y someter (con cierta dificultad) el principado de Moldavia.

La tranquilidad de su reinado se vio alterada, al final del mismo, por las prisas de su hijo Selim I, que apoyado por los jenízaros obligó a Bayaceto a abdicar. Cuando marchaba al exilio murió el sultán destronado y fue sepultado en Estambul, en una mezquita que lleva su nombre. 



miércoles, 21 de octubre de 2015

EL DEVSHIRME.



El “devshirme” era una institución turca otomana desarrollada en época de Murad II, encaminada a crear una guardia de corps completamente leal al Sultán y a la Sublime Puerta. El devshirme se basaba en el reclutamiento forzoso de jóvenes cristianos destacados, hijos de vasallos y de príncipes, de señores y de campesinos sometidos, originarios principalmente en los Balcanes. Estos jóvenes cristianos eran separados de su familia, trasladados a territorio turco, convertidos al Islam, instruidos e incorporados al ejército. Algunos de ellos ganaron gran reputación luchando, paradójicamente, contra el turco, como el infame Vlad el Empalador , o el señor albanés Jorge Castriota "Skanderbeg" .... otros por el contrario prestaron grandes servicios al Imperio. Obligados a jurar fidelidad vitalicia, eran utilizados para contrarrestar el creciente poder de la abolenga aristocracia turca. Mehmet II, sin ir más lejos, se apoyó en ellos para enfrentarse a sus enemigos íntimos, y de paso fortalecer su poder. 

Cada cinco años, los muchachos cristianos entre diez y quince años debían presentarse ante los funcionarios que realizaban la selección en la zona europea. Los más cualificados eran elegidos para el servicio, y el número solía oscilar entre 2.000 y 12.000, de acuerdo con las necesidades del momento. Los chicos seleccionados eran sometidos a un durísimo programa de integración total. Eran desvinculados de sus familias, aprendían turco, y según sus aptitudes (y actitudes) podían acceder a cualquier puesto de la corte, incluido el de Gran Visir. La mayoría se alistaban en el cuerpo de los jenízaros y pasaban a formar parte de la infantería más reputada de toda Europa.


viernes, 16 de octubre de 2015

LA CAMPAÑA DANUBIANA DE VLAD III DRÁCULA.



Invierno del año 1462, el gran río está congelado, y cientos de jinetes lo atraviesan con sigilo. El hielo soporta el peso de la caballería y no cede bajo sus cascos. La infantería, más numerosa, sigue de cerca (sin perderla de vista) a la bien entrenada vanguardia. Hace un rato que la noche ha caído sobre sus cabezas y el gélido viento de la llanura azota los cuerpos de unos soldados envalentonados. Alguno ha bebido un poco de vino para entrar en calor e insuflarse ánimos. Se encienden las antorchas, vuelan las primeras flechas y miles de valacos se lanzan poseídos por el espíritu del dios Ares, a devastar la orilla izquierda del Danubio. A la cabeza de esta enfervorecida horda, espada en mano, y aullando como un lobo dacio, Drácula, siembre el terror entre los sorprendidos turcos. 

El famoso Vlad III fue un guerrero cruel y despiadado, capaz de idear enfermizas atrocidades (al menos eso cuentan las fuentes históricas interesadas, repetidas hasta la saciedad por pseudohistoriadores en la red) y un general un tanto sobredimensionado. En ese sentido nunca demostró una gran inteligencia estratégica, ni la habilidad diplomática necesaria para conducirse con éxito en una contexto geopolítico excesivamente complejo. Aunque en su descargo, y para ser, sino justos, al menos objetivos, debemos añadir que nunca pudo demostrar su auténtica valía en una gran batalla campal. No obstante, no hay que restarle méritos, ya que utilizó (unas veces con más acierto, otras con menos) todos los recursos al alcance de su mano, para defender su posición en el volátil trono de Valaquia. De esta manera, hizo de la guerra de guerrillas, las razzias, las emboscadas y los ataques relámpago su arma más efectiva en las encarnizadas luchas contra los turcos. 

En el invierno 1461 – 62 protagonizó su campaña más audaz, vitoreada (con motivo) y recordada. Al mando de un ejército modesto (si lo comparamos con las huestes que podía movilizar el sultán Mehmet II) cruzó el Danubio helado y sometió al enemigo a un durisimo castigo. Dividió sus fuerzas en varios cuerpos y efectuó un raid devastador que cubrió un frente de unos 800 kilómetros, desde Kilia hasta Rahova. Los valacos no dejaron cabeza sin cortar, ni población sin arrasar. Todas las ciudades y aldeas (fueran turcas o búlgaras) sufrieron la ira del Empalador. Además destruyó todas las embarcaciones que encontró en el vado del río. 


Esta expedición, una razzia a gran escala disfrazada de auténtica guerra preventiva, pretendía conseguir una serie de claros objetivos tácticos. En primer lugar sorprender e impresionar a los otomanos, realizando una demostración de fuerza, que les enseñase que los valacos no iban a ser dóciles vasallos. Asimismo consiguió destruir los refugios y puestos de guardia de los valiosos jinetes akindjis. Además, con este golpe de mano consiguió crear un desierto estratégico que amortiguase la invasión turca. Antes de retirarse empleo la práctica de tierra quemada para entorpecer la segura campaña de represalia que lanzaría Mehmet II con los primeros brotes de la primavera. 

El cronista Laonico Calcocondilas en su obra “Historiarum Demonstrationes” describe brevemente la acción de Vlad: “Después de ello, inmediatamente, preparó el más grande ejército que estuviera en su poder y avanzó prontamente hacia Istros [Danubio]. Una vez adentrado en los confines del Istros y el país del emperador, masacró todo, mujeres y niños incluidos, incendiaba las casas, sembraba el fuego por donde avanzaba. Después de efectuar muy gran masacre, volvió a Dacia”

Tras la victororiosa marcha, a principios de febrero, Vlad escribió una carta el rey de Hungría, Matías Corvino , relatando su hazaña, contabilizando más de 20.000 muertos y solicitando unir fuerzas para derrotar definitivamente al invencible turco. 

“He matado a hombres y mujeres, a viejos y jóvenes, desde Oblucitza y Novoselo, donde el Danubio entra en el mar, hasta Samovitn y Ghigen. Hemos matado a 23.884 turcos y búlgaros, sin contar aquellos a los que quemamos en sus casas, o cuyas cabezas no fueron cortadas por nuestros soldados […] 1.350 en Novoselo, 6.849 en Silistria, 343 en Orsova, 840 en Vectrem, 630 en Tutrakan, 210 en Marotim, 6.414 en Giurgiu, 343 en Turnu, 410 en Sistov, 1.138 en Nicópolis, 1460 en Rahovo […]

Reunid a vuestros ejércitos, caballería e infantería, venid a nuestro país y luchad a nuestro lado. En caso de que Su Alteza se vea imposibilitada de proporcionar ayuda personalmente, enviar vuestro ejército a Transilvania […] y, en caso de que Vuestra Majestad tampoco desee hacer esto, enviad a quie queráis; pero sobre todo influid sobre los transilvanos y los szekler. Y, si Su Alteza está dispuesta a prestar ayuda, entonces no tardéis [...]”.


El día 23 de marzo la noticia de la espectacular victoria llegó a la ciudad de Bolonia y de ahí se propagó como un reguero de pólvora. El Cristianismo Occidental con el Papado al frente se mostraron exultantes por el éxito de Vlad, sin embargo, ignoró la llamada de auxilio. Aún no se habían olvidado del desastre de la última cruzada en Varna (1444) y la conquista de Constantinopla (1453) había dinamitado definitivamente las esperanzas de expulsar a los turcos de Europa. Nuevamente Vlad III se encontraba solo ante el peligro turco que se desparramó por Valaquia en verano de 1462. 

El escritor irlandés Bram Stoker, biógrafo no oficial de Vlad III y en cierto modo, culpable de la identificación entre el voivoda y el Conde Vampiro, parece hacer referencia a esta campaña, al poner en boca del profesor Van Helsing el siguiente comentario: “Le he pedido a mi amigo Arminius [Vambery] de la Universidad de Budapest, que me facilitase la historia de nuestro vampiro. Según él, debe tratarse del mismo voivoda Drácula, que se hizo célebre atravesando el gran río y luchando contra el turco, en la misma frontera turca”. En el fondo de la cuestión, creo que nunca sabremos si Stoker se inspiró en el voivoda Vlad el Empalador para crear a su inmortal personaje. 

Vlad III, conocía el terreno en que se movía, explotaba la guerrilla para enfrentar a un enemigo superior (del mismo modo que siglos atrás hizo el lusitano Viriato en sus luchas contra Roma en la Península Ibérica) lanzando rápidos ataques que golpeaban como un martillo sobre las desprotegidas defensas enemigas, mientras el turco duerme o descansa. Lamentablemente para él, no fue suficiente para derrotar al sultán Mehmet II, aunque le puso contra las cuerdas en más de una ocasión. 


sábado, 3 de octubre de 2015

PIERRE D'AUBURSSON



Maestre de la Orden hospitalaria de San Juan de Jerusalén, de Rodas y de Malta, Cardenal de la Iglesia Católica, su tenacidad le hicieron merecedor del título de “Escudo de la Cristiandad” y su capacidad organizativa demostró a todo Occidente que el Turco no era invencible. Pierre d'Aubursson dirigió con eficacia la defensa de la Isla de Rodas, asediada por las imparables turcos de Mehmet II. El maestre convocó en la isla mediterránea a todos los miembros de su orden, que una vez allí juraron morir antes que rendirse. Tras dos meses de duros combates, la armada turca tuvo que retirarse. Italia, el siguiente objetivo de la Sublime Puerta se había salvado. 

lunes, 22 de junio de 2015

LAÓNICO CALCOCONDILAS.



Viajeros, geógrafos, cronistas, escribanos, exploradores e historiadores, que dejaron sobre papel constancia de su paso por el mundo, de las maravillas que vieron o las atrocidades que oyeron. Objetivos o subjetivos, imparciales o partidistas, sus palabras se nos antojan imprescindibles para, desde nuestro presente, conocer un poco del pasado. Laónico Calcocondilas fue uno de ellos. Miembro de una poderosa familia ateniense del siglo XV, tomando como insignes modelos a Heródoto y Tucídides, redactó una obra en diez volúmenes centrada particularmente en un incipiente Imperio Turco, que comenzaba a dar muestras de su futura grandeza. Primeramente hace un breve recorrido por la historia universal desde los asirios, para describir con más detalle el reinado de Mehmet II, sus batallas y relaciones con los vecinos (como la familia Draculesti), y por supuesto, la conquista de Constantinopla. Calcocondilas murió antes de poder terminar su obra. Pero su obra no se limitó a describir la decadencia de Bizancio y la fulgurante aparición del poder otomano, sino que recoge datos acerca de la Península Ibérica y sus querellas intestinas, Francia i Inglaterra, la historia de Occidente desde Carlomagno y Roncesvalles hasta la Guerra de los Cien Años, Alemania, Rusia, los rumanos y los pueblos ribereños del mar Negro.  

jueves, 30 de abril de 2015

MARA BRANKOVIC.



Mientras las mujeres de las clases populares y humildes tenían como función social ser madre y mantener el hogar, las féminas de la aristocracia eran utilizadas para forjar alianzas, sellar pactos indisolubles y firmar la paz después de la guerra. Mara Brankovic - conocida también como Sultana Marija , hija del déspota serbio Durad Brankovic y la bizantina Irene Cantacucena contrajo matrimonio con el sultán Murad II, para asegurar las fronteras y la estabilidad del débil principado de su padre. Probablemente el matrimonio no se consumó y tras la muerte de su esposo, Mara formó parte activa de la corte de su hijastro Mehmet II, actuando incluso en embajadas ante la República de Venecia.  

domingo, 26 de abril de 2015

BALDASSARE PERDUCCI.



La suntuosa República de Venecia basó su prosperidad en el comercio, pero claro, las vías de comunicación, las rutas y los caminos, los mercaderes y los enclaves comerciales, debían ser conquistados y defendidos mediante las armas. De esta forma, a la imprescindible labor de diplomáticos y de los propios mercaderes, hay que sumar la decisiva actuación de los militares.

Baldassare Perducci fue un comandante veneciano que participó activamente en la defensa de la estratégica ciudad albanesa de Krujë durante el asedio (segundo) que sufrió la plaza entre 1466 y 1467 por parte del ejército otomano de Mehmet II, enfrascado en un interminable conflicto con el caudillo Skanderbeg. Perducci tuvo bajo su mando a mil combatientes venecianos que resultaron decisivos para que los turcos fracasasen en este intento y tuviesen que retirarse de Albania.

"The mountain fortress was defended by 1000 men. Gian Matteo Contarini, the venetian provveditore, received orders from the Signoría to direct the defensive operations in person. The commander ins Krujë was Baldasare Perducci. In addition to Albanians and Venetians, a few mercenaries in the pay of the kinf of Naples probably parcitipated in the defense".
Franz Babinger

"Mehmed the Conqueror and his time".

martes, 24 de febrero de 2015

CAREVA DZAMIJA - MEZQUITA DEL EMPERADOR EN SARAJEVO



Muy cerca del Puente Latino, el lugar donde fue asesinado Franz Ferdinand, atentado que desembocó en el estallido de la Gran Guerra, en una orilla del río Miljacka, se levanta la Mezquita del Emperador - Careva Dzamija en Bosnio, Hünkar Camii en turco - un claro ejemplo de arquitectura otomana. La primera mezquita fue construida tras la llegada de los turcos en 1457, en estilo clásico otomano, diseñada por Isakovic-Hranusic, y la dedicó al Mehmet II, el Conquistador de Constantinopla. Parcialmente destruida a finales del siglo XV, se reconstruyó en 1566, en esta ocasión dedicada a Solimán el Magnífico. 

jueves, 19 de febrero de 2015

MAHMUD PASHA ANGELOVIC



General, Visir y Poeta.Bizantino del noble linaje de los Angelos, convertido en rehén de los turcos, educado en la Fe musulmana, tras destacar en el sitio de Belgrado (1456), se convirtió en Gran Visir, una especie de primer ministro. Se casó con una hija de Mehmed II, dirigió ejércitos personalmente o acompañó al sultán en campaña y además desarrolló una prólija carrera literaria bajo el pseudónimo de Adni. 

viernes, 24 de octubre de 2014

VLAD III, EL DRÁCULA HISTÓRICO.



Vlad III fue un hombre de frontera típico de su tiempo, con enemigos por todos lados (húngaros, sajones, turcos), con los que se aliaba o se enfrentaba según el momento y la necesidad, un personaje trágico víctima del contexto geopolítico del momento y de su propio temperamento. Para muchos Vlad III sirvió de inspiración a Bram Stoker para su inmortal conde Drácula, y, aunque no faltan especialistas que ponen en duda esta relación, en el imaginario popular contemporáneo ambos personajes, el voivoda y el vampiro, son las dos caras de una misma moneda.



Un joven Vlad, como muchos hijos de vasallos cristianos de los otomanos, pasó parte de su juventud en la corte turca como rehén, un tiempo que aprovechó para aprender las formas de combatir y los métodos de tortura orientales (¿incluso pudo acercarse a la fe islámica?). A la muerte de su padre, Vlad II, regresó a su tierra, Valaquia, y con apoyo del turco se proclamó voivoda (un título principesco).



En un época turbulenta, aceptar la ayuda de los turcos significaba ganarse enemigos entre los Cristianos, y la actitud de Vlad consiguió enojar a uno de los hombres más poderosos en la Europa Central del momento, Janos Hunyadi, regente del reino húngaro y experimentado hombre de armas. Hunyadi, antiguo aliado que ordenó el asesinato del padre de Vlad no tardó en unir las fuerzas necesarias para expulsar a Vlad del trono. Su primer intento de reinado tan solo duró unos pocos meses.



Durante unos años el Empalador anduvo vagando por Europa Central buscando apoyos para recuperar el poder perdido. Mantuvo contactos con su primo Esteban el Grande de Moldavia y terminó recalando en la corte de Hunyadi, que impresionado por el conocimiento que tenía sobre el mundo turco, decidió perdonarlo y convertirlo en su aliado. El inteligente Hunyadi sabía que tarde o temprano podía serle útil. En ese sentido Vlad III "el Empalador" fue la mayor parte de su vida un peón en una enorme partida de ajedrez que se estaba jugando en el Corazón de Europa.



En 1456 Vlad volvió a sentarse en el trono de Valaquia, esta vez como candidato húngaro. Las alianzas se habían volteado, ahora el peligro venía de Oriente, a los turcos no gustó esta "traición" de su antiguo protegido y vasallo. Para conservar su poder no dudó en poner en marcha una serie de medidas brutales (posiblemente exageradas por sus enemigos) que le granjearon pasar a la historia con el pseudónimo de "el Empalador", su método de ejecución favorito. Decenas de panfletos llenaron Europa con las atrocidades perpetradas por el príncipe valaco, de la misma manera que hoy inundan Internet, por ese motivo no vamos a extendernos sobre ellas.



Una vez consolidado el poder, tras eliminar a buena parte de los boyardos (nobleza) y otros grupos "indeseables", Vlad comenzó a ampliar sus miras y se alió con Matías Corvino, hijo de Hunyadi y Rey de Hungría. Dejó de pagar tributo a los turcos y protagonizó una serie de acciones bélicas contra ellos, y aunque obtuvo algunas victorias, éstas no fueron definitivas. Como militar, Vlad Tepesh nunca estuvo a la altura de otros paladines de su tiempo que también combatieron contra los turcos, como el propio Hunyadi, Esteban de Moldavia o el albanés Skanderbeg (no obstante es el más conocido de todos, y el único que ha alcanzado la inmortalidad). Sin menospreciar la pasión y la voluntad del voivoda, Valaquia no disponía de recursos suficientes para sostener una larga guerra con el Imperio Otomano, y tras conquistar brillantemente Constantinopla, Mehmet II, lanzó toda la potencia de su ejército contra Vlad, al que nuevamente obligo a huir de su patria, sentando en el trono a Radu "el Hermoso", hermano del Empalador, que también había sido rehén en Turquía.



Una vez más los amigos le abandonaban y sus enemigos de multiplicaban. Nuevamente Vlad estaba sólo. Los boyardos, su propia gente, le tendió una trampa, y una carta falsificada hizo que Matías Corvino encarcelase a Vlad. La fortaleza de Visegrad, en una curva del Danubio, y alguna casa palaciega de Pest (frente a la colina de Buda, al otro lado del Danubio) fueron hogares de Vlad, durante su estancia en Hungría. Al igual que su padre, Matías sabía que tarde o temprano el carácter del valaco podría resultarle útil.



Y ese día llegó. Matías Corvino ofreció a Vlad la mano de una mujer de su familia (prima, hermana, sobrina) y la libertad. Presto, con ayuda de Esteban de Moldavia, Vlad regresó a Valaquia y a golpe de espada consiguió alcanzar el poder por tercera vez en su vida. Matías utilizó al voivoda (más temperamental y desesperado que él mismo) para armarlo y lanzarlo contra sus enemigos (como siglos atrás hicieron los romanos con los germanos, o los bizantinos con los húngaros).



Pero con enemigos a ambos lados de la frontera, la suerte de Vlad estaba echada. Una lluviosa noche de invierno de 1476, los boyardos (siempre los boyardos) permitieron que un ejército turco penetrase en Valaquia, y en el choque que se produjo entre estos, y los últimos hombres fieles a Vlad, el que llegaría a ser conocido como Drácula, murió defendiendo su tierra y su vida.



El cuerpo de Vlad fue decapitado y su cabeza enviada a Constantinopla donde fue expuesta como trofeo. El monasterio de Snagov, en un lago cercano a Bucarest, es el lugar donde fue enterrado el Príncipe de Valaquia. Pero la supuesta tumba está vacía. Y a partir de aquí todo aparece cubierto por las brumas de la leyenda.




martes, 16 de septiembre de 2014

SKANDERBEG



Jorge Castriota, de familia noble albanesa pasó parte de su juventud en la corte otomana como rehén, aprendiendo el oficio de la guerra, abrazando el Islam y luchando para la Sublime Puerta. Su habilidad en el campo de batalla le valió el título de "Iskender bey" o "Príncipe Alejandro" por comparación con el Magno, en albanés Skanderbeg o Skenderbeu. Regresó a Albania, renegó de la Media Luna, se puso al frente de un grupo de príncipes y ciudades y dedicó su vida a mantener la independencia de Albania frente al Imperio Otomano.



Pero ¿qué sabemos realmente de Jorge Castriota?. De la persona, no del estadista. Del hombre, no del guerrero. Un tipo inteligente que debía conocerse bien a sí mismo, sabedor de sus virtudes y defectos. Nunca dudó a la hora de ceder el mando de fortalezas y plazas fuertes, para mientras tanto, él hostigar al enemigo desde fuera. Un maestro de la defensa móvil. Nunca quiso arriesgarse a convertirse en un roedor dentro de una ratonera.   Durante dos décadas repelió todos los ataques que le mandaba el sultán otomano. Mantenía a sus generales encastrados y él se dedicaba a hostigar a los turcos que trataban de tomar sus fortalezas.





Ni el sultán Murat II, ni su hijo Mehmet II, el Conquistador de Constantinopla, pudieron doblegarle. Guerrero del águila, espada de la Cristiandad, Atleta de Cristo y Caballero admirado en toda Europa (por amigos, por enemigos). Hábil diplomático, estrechó lazos con Venecia y con Ragusa, contactó con Milán, se acercó al Papa, forjó alianza con Alfonso V de Aragón, y prácticamente todas las cortes de Europa recibieron sus misivas y a sus embajadores. Con Janos Hunyadi, Esteban de Moldavia y Vlad III Dracul, martillo de los turcos. Eficiente jinete y excelente estratega, su defensa móvil frustró una y otra vez las acometidas otomanas, retrasando, la menos hasta su muerte, la inevitable conquista y dominio turco sobre Albania. Hoy en día se le considera héroe (y casi fundador) de su país.


Skanderbeg fue durante toda su vida un guerrero, un hombre de acción. No destacó como fundador de ciudades, ni por sentar las bases de un estado, ni nada parecido. Bien es cierto que la ocasión no era era propicia para crear una entidad estatal. En esos tiempos sólo había una prioridad; sobrevivir hoy, para seguir combatiendo mañana. No obstante, el nacionalismo romántico del siglo XIX y el nuevo estado independiente albanés de principios del XX lo convirtieron en un símbolo patrio. Enver Hoxha, hizo el resto, elevando a Skanderbeg a la consideración de Padre de la Patria. 

lunes, 2 de diciembre de 2013

JANOS HUNYADI. EL CABALLERO BLANCO.



Juan Hunyadi, también Hunyadi János o Ioan de Hunedoara, junto al vampirizado voivoda valaco Vlad Tepes, y el albanés, Jorge Castriota, más conocido como Skanderbeg, fue, durante el siglo XV, auténtico azote de los otomanos. Además es uno de los grandes militares de la Baja Edad Media, no tan conocido en Occidente, pero a la altura de Jan Ziska, o el mismísimo Gran Capitán. Asimismo, Voivoda de Transilvania, comandante cruzado, regente del reino de Hungría y padre del rey húngaro, Matias Corvino. 

De oscuro linaje y padre desconocido, pasó sus primeros años en Hunedoara, en territorio valaco, que acabará convirtiéndose en su hogar original. 

Para hacerse un hombre, y un nombre, tuvo que demostrar sus habilidades a la nobleza y a los reyes de la época, siendo el nombre de Segismundo de Luxemburgo, proclamado emperador, el más insigne de todos sus señores. Puso su espada al servicio de grandes hombres, lo que le llevó a viajar por Europa y conocer de primera mano diferentes formas de hacer la guerra, como el Arte de la Guerra de los Sforza de Milán, o las tácticas husitas basadas en sus invencibles carros de guerra. Se empapó de todo esto y comprobó su efectividad en el campo de batalla. Fue conocido en toda Europa como el "caballero blanco" por el color de la armadura que portaba cuando acudía al campo de batalla. 


Entre su grandes hechos militares sobresalen su participación en las Guerras Husitas en el bando católico, la Campaña Larga, venciendo a cuanto enemigo con turbante que le salió al paso, dirigió a las fuerzas cristianas en la Batalla de Varna, donde un maltrecho ejército cruzado fue derrotado por los turcos, y su mayor éxito, el Sitio de Belgrado de 1456, logrando rechazar al potente ejército otomano dirigido por el mismísimo Mehmet II.

Valiente, decidido y enérgico se mostraba Hunyadi en el campo de batalla, aprendió a desconfiar del reclutamiento feudal y supo obtener las máximas ventajas del mercenariado. Partidario de atacar siempre en terreno enemigo, tal como aconteció en el sitio de Belgrado, cuando con un rápido movimiento cayó por sorpresa y arrasó el campamento otomano, obligando al sultán a levantar el cerco inmediatamente. Hunyadi, mente inteligente, instruyéndose siempre sobre el terreno y totalmente capaz de llevar a la práctica con éxito todo lo aprendido. 

En 1432 se casó con una dama húngara, Isabel Szilagyi, en 1446 se convirtió en regente de Hungría durante la minoría de edad de Ladislao V el Póstumo, y desde esta ventajosa posición trabajó para que su hijo Matías, apodado "el Cuervo", se sentase, con todas las de la ley, en el trono de los magiares.

Poco después de su gran victoria defendiendo la fortaleza de Belgrado, una plaga asoló la ciudad y al parecer, atacó a Hunyadi. De camino a Buda, en Zemun, fue definitivamente derrotado por la Parca.

Cuentan, que al enterarse de su muerte, Mehmet II el Conquistador de Constantinopla, suspiró y a continuación exclamó; "A pesar de que era mi enemigo, siento dolor por su muerte, porque el mundo nunca ha visto un hombre así".

La Catedral gótica de San Miguel en Alba Iulia, bajo la tierra de Transilvania, duerme, Hunyadi, el sueño eterno. 
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...