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miércoles, 17 de marzo de 2021

LIUVA I, MONARCA VISIGODO.





Uno de esos raros ejemplos, escasos en la historia goda, de rey pacificador. A la muerte de Atanagildo los nobles visigodos se enzarzaron en una frenética competición para sucederle. Faltaba un candidato claro y la inmediatez de la elección, que era lo habitual entre los germanos, no fue posible. Pasaron los meses y la formación de bandos enfrentados parecía precipitar el reino a una guerra civil. En esos turbios momentos llegó desde Septimania un noble llamado Liuva con ideas conciliadoras. Su candidatura el trono enseguida se convirtió en una solución aceptable, y un compromiso acatado por todos, para evitar el fratricidio. Los nobles godos lo eligieron rey. Liuva no tuvo un reinado fácil, mas fue capaz de demostrar su buen juicio y equilibrio mental. Con los nobles de Septimania sublevados y problemas en Hispania, asoció a su hermano Leovigildo y le encargó el gobierno de España. A la muerte de Liuva, Leovigildo no tuvo problemas en ser elegido nuevo rey.

martes, 2 de enero de 2018

ESPAÑA UN PAÍS MEDITERRÁNEO.





España es fundamentalmente mediterránea por su clima y su vegetación, por el régimen de sus ríos y por los modos de vida rurales y los tipos de asentamiento humanos. País de veranos calurosos y secos, de primaveras y otoños lluviosos, de temperaturas moderadas en invierno, de cielo azul y limpio, de estepas secas, matorrales y bosques formados por árboles de hoja perenne (perennifolios), de trigales, olivares y viñedos en los secanos y huertas y vergeles de los regadíos, de barbecheras y rebaños de ovejas trashumantes.

FLORISTÁN SAMANES, 
Alfredo,  
España, 
país de contrastes 
geográficos naturales

domingo, 26 de noviembre de 2017

ESPAÑA ATLÁNTICA, ESPAÑA MEDITERRÁNEA.





Cuando a una región o a una comarca se la califica de mediterránea, lo que quiere decirse es que normalmente el cielo está en ella despejado y la luminosidad alcanza elevados valores; que las precipitaciones son, en general, escasas y tienen una distribución espacial, cuantitativa y temporal anárquica y que el verano es seco, además de caluroso; que los pequeños ríos se reducen con frecuencia a simples hilillos de agua o a cauces pedregosos, que experimentan en ciertas épocas del año y casi todos los años, espectaculares crecidas; que la vegetación es xerófila, esclerófila y perennifolia; que abundan los suelos rojizos; que alternan las grandes cordilleras jóvenes con depresiones y pequeñas llanuras, etc.

Y, por el contrario, una región europea merece el calificativo de atlántica o templado- atlántica cuando en ella son frecuentes los cielos nublados o neblinosos y raros los cielos rasos, luminosos y azules; cuando la moderación térmica —ni grandes fríos ni grandes calores— domina sobre la extremosidad; cuando las precipitaciones, además de ser altas, se distribuyen de manera bastante regular a lo largo del año y de los años, sin que el verano sea seco; cuando los ríos tienen regímenes así mismo regulares en cuanto a la distribución intermensual de los caudales y a los accidentes extremos de crecidas y estiajes, que son moderados; cuando entre los vegetales espontáneos predominan los higrófilos, caducifolios y de hojas planas y anchas, etc.
FLORISTÁN SAMANES..

sábado, 2 de septiembre de 2017

LA PENÍNSULA IBÉRICA, ENCRUCIJADA



La situación y la posición del solar ibérico se conjugan para convertir nuestra Península en un lugar de encuentro de las más variadas influencias, en una verdadera encrucijada de hechos geográficos. En el clima y en la vegetación espontánea aparecen con claridad estas características, dentro del grupo de aspectos puramente naturales. Pero también para lo humano las tierras ibéricas son lugar de encuentrol, como plataforma de paso y, con frecuencia, de asentamiento de pueblos y culturas del más diverso origen. Hechos, todos, que la concreta configuración del territorio ayudará a materializar en cada caso, prestándole sus definitivas características.

Una encrucijada de hechos físicos.
El clima de la Península se puede concebir como una lucha casi continual entre las influencias atlánticas y mediterráneas; expresado de otro modo, entre el influjo de las depresiones y vientos húmedos que proceden del Océano y de la tendencia a la estabilidad característica del Mar interior, en particular durante determinados períodos del año. La primera influencia significa, como tendremos ocasión de precisar más adelante, una mayor pluviosidad y una más acusada inestabilidad atmosférica, en una palabra, constituye la verdadera promotora de la sucesión de tiempos meteorológicos. Todo lo contrario, con su tendencia hacia la sequía, viene representado por la segunda. En conjunto, y expresado en cifras medias, la ventaja, en buena parte de la Península, es para las influencias mediterráneas: incluso, en cuanto al régimen climático, el influjo del Este y del Sur es periódicamente casi total - con un tiempo seco, cálido y estable -, en concreto a lo largo del período estival. Pero a pesar de ello vale la pena subrayar, desde este momento, la importancia que en determinadas áreas y en ciertos momentos podrá tener la influencia atlántica.  

Una encrucijada de hechos humanos.
En el aspecto humano los hechos se repiten de una forma parecida, claro está, un mayor dinamismo. Por todos lados y por todos los caminos, las más diversas influencias y los más variados pueblos han irrumpido en la Península. 

¿Puente o bastión?.
Llegados a este punto cabe reflexionar, aunque sea brevemente, sobre el paradójico papel que la Península puede jugar en la Historia. La situación y la posición, entre dos mares y entre dos continentes, favorecen indudablemente las más variadas relaciones. La existencia de un complejo haz de influencias que del solar ibérico parte o hacia él confluyen, le convierten en una verdadera encrucijada. En ocasiones la penetración es tan profunda que llega a rebasar la Península toda: la invasión musulmana, desde el Sur, llega más allá del Pirineo; el proceso de la Reconquista, desde el Norte, puede concebirse como un movimiento de réplica que, una vez alcanzadas las costas meridionales, pretenderá ocupar el borde litoral de enfrente. La Península entonces aparece como un verdadero puente intercontinental, relativamente fácil de atravesar, como un enorme y ancho arco al que, en definitiva, sólo le falta una insignificante dovela, la que corresponde al estrecho de Gibraltar.

Otras veces, en cambio, parece como si las dificultades de penetración se acrecentasen. En este caso, las influecias son poco profundas, quedan limitadas a las cercanías del litoral o de las puertas del Istmo o del Estrecho. Unida a su posición marginal, la configuración del relieve ibérico, tan singular, aparece entonces en el primer plano. La Meseta, sobre todo, muestra en este caso su recia personalidad: surge como un mundo en sí mismo, un robusto y elevado castillo central, una mole casi inexpugnable. Incluso todo el solar hispánico puede llegar a convertirse en una especie de bastión de difícil penetración. Es en este sentido que Teobaldo Fischer hablaba del "aislamiento peninsular", en oposición a lo que pueda ocurrir en otras tierras mediterráneas europeas. Pero conviene no tomarlo como una constante, sino más bien como una fase de vivo contraste en comparación con las de amplia apertura.

Intentemos concretar: ¿la Península ibérica es un fácil puente o un bastión inexpugnable'. La adecuada respuesta, está bien claro, no puede deducirse de una simple reflexión sobre los rasgos físicos expuestos. La posición del solar ibérico más bien tiende a lo primero, la configuración interna favorece a lo segundo. El estudio de los hechos humanos mostrarás la existencia de encontradas respuestas, que no pueden reducirse a un sencillo esquema. Incluso el análisis de cada unidad de relieve o de cada posible puerta de penetración nos ofrecerá paradójicos resultados. El estrecho de Gibraltar, por ejemplo, que puede presentarse como un paso fácil, es a veces rígida frontera, para perfilarse, en otras ocasiones, el intento de ser el eje de un estado encabalgado sobre el mar. En el Pirineo ocurre lo mismo, en una serie de posibilidades que, en un momento u otro, han tenido su vigencia: linde absolutamente cerrado unas veces, para ser más adelante simple tamiz de pueblos e influencias o para acabar mostrándose, en otras ocasiones, como un vivo eje de relaciones.
Juan Vilá Valentí

lunes, 13 de febrero de 2017

TARIK



Tarik ibm Ziyad desembarcó en Gibraltar con 7000 bereberes, finiquitó el reino visigodo y puso patas arriba toda la Península Ibérica, desde el Guadalete hasta Fisterra. Definitivamente había finalizado el Mundo Antiguo y las instituciones clásicas quedaron sepultadas bajo las infalibles suras del Corán.

sábado, 20 de febrero de 2016

PIRINEOS.



Es difícil encontrar el punto donde el Pirineo deja de ser catalán (o navarro) y comienza a ser francés. Su situación como barrera física, surgida en el último plegamiento alpino, ha converito a esta impresionante cadena montañosa en perpetua frontera entre Francia y España, y yendo (bastante) más allá, entre Europa (último apendice de Eurasia) y la Península Ibérica. La cordillera dividida en dos unidades, el Pirineo Axial, que presenta los picos más altos, como el Aneto, y el Prepirineo que discurre paralela en ambas vertientes. Roncesvallés, Andorra y Jaca son los pasos naturales e históricos.  

sábado, 23 de mayo de 2015

LAS MONTAÑAS OMNIPRESENTES.



El espacio mediterráneo está devorado por las montañas. Ahí están, llegando a la orilla, abusivas, apiñadas unas contra otras, esqueleto y telón de fondo inevitable de los paisajes. Dificultan la circulación, torturan las carreteras, limitan el espacio reservado a las alegres campiñas, a las ciudades, al trigo, a la vid, incluso al olivo, pues la altitud, tarde o temprano, puede con la actividad de los hombres. Tanto como al mar liberador, pero durante mucho tiempo cargado de peligros y poco o nada utilizado, los hombres del Mediterráneo se han visto abocados a la montaña, donde en general (las excepciones confirman la regla) sólo puede desarrollarse, y mantenerse, Dios sabe como, una vida primitiva. El Mediterráneo de las llanuras, a falta de sitio, se reduce en general a escasas bandas, a unos puñados de tierra cultivada. Más allá, comienzan los senderos escarpados, duros con el paso de los hombres y de los animales.

Es más, el llano, sobre todo cuando alcanza dimensiones importantes, será a menudo el territorio de las aguas sin control. Habrá que arrebatárselo a la marisma hostil. La fortuna de los etruscos se debió, en parte, al arte de sanear las tierras bajas semiinundadas. Evidentemente, cuanto más extensa es la llanura más difícil es el trabajo, más ingrato, más tardío. La desmesurada llanura del Po, donde se precipitan los ríos salvajes que bajan de los Alpes y de los Apeninos, fue tierra de nadie durante casi toda la época prehistórica. El hombre sólo se instalará allí a partir de las ciudades palustres de las Terramaras, hacia el siglo XV antes de Cristo.

En general, la vida brota más espontáneamente en las tierras altas, inmediatamente aprovechables, que al nivel del mar Mediterráneo. Las llanuras sometidas, sólo accesibles al hombre inmerso en sociedades obedientes, nacen del trabajo colectivo y de su eficacia. Son la otra cara de las tierras altas, encaramadas, pobres, libres, con las que establecer un diálogo necesario, aunque temeroso. La llanura se siente, se considera superior; come hasta hartarse, alimentos escogidos; no obstante, no deja de ser una presa, con sus ciudades, sus riquezas, sus tierras feraces, sus caminos abiertos. Telémaco mira con condescendencia a los montañeses del Peloponeso, comedores de bellotas. Lógicamente, Campania o Apulia viven aterrorizadas por los campesinos de los Abrazos, pastores que se abalanzan con sus rebaños sobre las cálidas llanuras al empezar el invierno. A fin de cuentas, los hombres de Campania prefieren el bárbaro romano al bárbaro de las alturas. El servicio que Roma presta a la Italia del Sur, en el siglo III, es reducir a la obediencia y al orden el macizo salvaje y temible de los Abrazos.

El drama de las incursiones montañesas es moneda corriente y podemos encontrarlo en cualquier época, en cualquier región del mar. La vida enfrenta machaconamente a los hombres de las alturas, comedores de bellotas o de castañas, cazadores de animales salvajes, vendedores de pieles, de cuero, de cabezas de ganado, siempre dispuestos a emprender la marcha y emigrar, con las gentes del llano, apegadas a la tierra, sometidos los unos, soberbios los otros, amos de las tierras, de los resortes del poder, de los ejércitos, de las ciudades, de los barcos que recorren los mares. Es el diálogo, aún presente en nuestros días, entre la nieve y el frío de las alturas austeras y las tierras bajas donde florecen los naranjos y las civilizaciones.

En realidad, mucho cambia la cosa de la azotea a la planta baja. Aquí, progresar, allá tratar de vivir. Incluso las cosechas, a unas horas de marcha, no se rigen por el mismo calendario. El trigo, que se esfuerza por subir todo lo que puede, madura dos meses más tarde en las tierras altas que al nivel del mar, así que los accidentes meteorológicos no pueden tener el mismo significado para las cosechas en función de la altitud. Una lluvia tardía en abril o en mayo es una bendición en la montaña y una catástrofe en el llano, donde el trigo casi maduro podría enmohecerse y pudrirse. Estas observaciones son tan válidas para la Creta minoica como para la Siria del siglo XVII después de Cristo, o la Argelia de nuestros días.

F. Braudel "Memorias del Mediterráneo"

martes, 10 de marzo de 2015

HISTORIA GEOLÓGICA DE LA PENÍNSULA IBÉRICA.



"Todo fluye", cuanta razón tenía el filósofo de Éfeso, conocido como el Oscuro, Heráclito. Incluso los materiales más inertes, como las rocas, también cambian, "también fluyen". Los procesos geológicos, en su mayoría, son lentos, demasiado lentos como para poder apreciarlos en toda una vida humana. Afortunadamente contamos con los geólogos, que estudian y explican los cambios operados en la superficie de nuestro planeta. Intentaremos exponer brevemente, y de forma sencilla la evolución del relieve de la Península Ibérica. 


El relieve de la Península Ibérica tal como lo conocemos hoy, imprescindible conocerlo para entender con máxima complejidad la Historia de nuestro país, es fruto de una larga evolución geológica de millones de años; lo que en la actualidad es el fondo marino fue un día una abrupta sierra, y las cumbres más elevadas de nuestros montes, pasaron millones de años cubiertos por las aguas del océano. En este continuo proceso de transformación se fueron alternando fases de gran dinamismo (orogénesis) con fases de calma relativa (erosión y sedimentación). Los dos momentos claves en la configuración de la Península Ibérica sucedieron a finales del Paleozoico y a lo largo del Terciario. 

Precámbrico o Era Arcaica (4000 - 600 m.a.). Del mar emergió una banda montañosa arqueada de Noroeste a Sureste, formada por pizarras y neis,que se corresponde con la Galicia actual. También surgieron algunos puntos aislados del Sistema Central y los Montes de Toledo. Este antiguo Macizo Precámbrico fue erosionado y sumergido, casi totalmente, bajo los mares paleozoicos. 


Paleozoico o Era Primaria (600 - 225 m.a.). Durante esta etapa, hace aproximadamente unos 300 millones de años, tuvo lugar la Orogénesis Herciniana.Como resultado de esta orogénesis, emergió el Macizo Hespérico como un enorme titán, de los mares que cubrían la mayor parte de las tierras de la futura Iberia. Estas cordilleras hercinianas estaban compuestas por silicatos, como el granito, la cuarcita y la pizarra. Cuando finalizaron los plegamientos, la acción erosiva arrasará a lo largo del Carbonífero estos nuevos relieves del Macizo Hespérico transformándolos en penillanuras.

En el mismo proceso aparecen también los macizos de Aquitania, Catalano-Balear y del Ebro en el Noreste, y el macizo Bético-Rifeño en el Sureste. En la etapa siguiente fueron arrasados y convertidos en zócalos. 

El Macizo Hespérico, conocido también como Macizo Ibérico o Meseta Ibérica, es el núcleo más antiguo de la Península, y se trata de un zócalo endurecido sobre el que se asienta buena parte de la superficie peninsular actual. Se formó al quedar adosados los nuevos sistemas montañosos a los viejos núcleos del precámbrico. 


Era Secundaria (225 - 68 m.a.). La Era Secundaria fue una época de relativa calma y sosiego geológico sin grandes cataclismos. Predominan la erosión y la sedimentación que seguirán desgastando los viejos relieves hercinianos. Los materiales calizos fueron depositados en dos zonas cubiertas por el mar: el borde oriental de la Meseta y las fosas marinas situadas en las actuales regiones pirenaica y bética. El mar de Thetis separaba las dos grandes masas continentales que existían en la Tierra, Laurasia y Gondwana. 


Era Terciaria (68 - 1'7 m.a.). Si la era Secundaria fue tranquila, la era Terciaria fue todo lo contrario. Una etapa caracterizada por la actividad geológica y la complejidad. El hecho trascendental fue la Orogénesis Alpina, que produjo profundas transformaciones que van configurando poco a poco el aspecto actual de la Península Ibérica. 

* Se levantan las impresionantes cordilleras alpinas, al plegarse los materiales depositados en las las fosas pirenaica y bética entre los macizos antiguos. El Pirineo surge entre los macizos de Aquitania, el Hespérico y el del Ebro, que acabó hundiéndose. Los Sistemas Béticos lo hacen entre el macizo Hespérico y el Bético-Rifeño. 

* Se forman las depresiones prealpinas que van a discurrir de forma paralela a las nuevas cordilleras, la depresión del Ebro que corre paralela al Pirineo y la del Guadalquivir que hace lo propio con las Cordilleras Béticas. 

* La Meseta también sufrió las consecuencias del plegamiento alpino. Basculó ligeramente hacia Occidente jerarquizando de esta forma la red hidrográfica peninsular; los ríos más importantes, excepción hecha del Ebro, a saber, Miño, Duero, Guadiana, Tajo y Guadalquivir, fluyen de Este a Oeste, y desembocan en el Océano. Se forman los rebordes montañosos orientales (región oriental de la Cordillera Cantábrica y el Sistema Ibérico) y meridionales, el propio empuje de las Cordilleras Béticas eleva un escalón; Sierra Morena.

* El zócalo de la Meseta, que estaba formado por materiales rígidos y quebradizos del Paleozocio sufrió fracturas y fallas. Las fallas originaron una estructura constituida por bloques levantados y bloques hundidos. Los bloques levantados formaron el reborde montañoso del norte de la Meseta (Macizo Galaico y región occidental de Cordillera Cantábrica) y las sierras interiores (Sistema Central y Montes de Toledo). Los bloques hundidos dieron lugar a las depresiones interiores, la del Duero en la submeseta norte, y las del Tajo y el Guadiana en la submeseta sur. Las mismas fallas produjeron cierta actividad volcánica en algunas zonas del Campo de Calatrava, Olot, Ampurdán y Cabo de Gata. 

* El Estrecho de Gibraltar se cierra y el Mediterráneo queda aislado durante un millón de años. Transcurrido este tiempo volverá a abrirse separando definitivamente África y Europa (España).

* En otro lugar del Atlántico, la orogénesis alpina abre el fondo marino del que van a emerger rocas volcánicas que estarán en la génesis de las Islas Canarias. 

Cuaternario(1'7 m.a. - actualidad). Durante esta última etapa los fenómenos más destacados son el glaciarismo y la formación de terrazas fluviales, ambos relacionados con las oscilaciones de la temperatura global terrestre.

El glaciarismo afectó a las más altas cordilleras; Pirineos, Cordillera Cantábrica, Sistema Ibérico y Sierra Nevada, originando glaciares de circo, que cuando se fundieron formaron pequeños lagos, y los glaciares de valle, auténticos ríos de hielo.



Las terrazas fluviales, franjas planas y elevadas acumuladas en los márgenes de los ríos, originadas, también, por la alternancia climática del Cuaternario. En época de frío glacial, el caudal del río es escaso, pierde fuerza erosiva y va depositando aluviones en su cauce. En épocas cálidas, aumentan tanto el caudal del río como su capacidad de erosión, de tal forma que ahonda su cauce, dejando suspendidas en los márgenes los aluviones depositados en la fase anterior. Estos aluviones constituyen las terrazas.

viernes, 5 de septiembre de 2014

MONTE TELENO.



El Teleno recorta la línea del horizonte. Los astures daban el nombre Teleno al dios celta Teutates y los romanos lo rebautizaron como Mars Tilenus .  

lunes, 16 de junio de 2014

BAGAUDAS



Si el estado no es capaz de proteger a sus gentes, los que nada tienen se organizan, se lanzan al monte y al camino a vivir como depredadores, y no tienen inconvenientes en enfrentarse abiertamente a los cuerpos armados oficiales. 

A mediados del siglo V, el Imperio Romano hacía aguas por todas partes, su presencia militar en Hispania era cada vez más débil y testimonial, los recursos económicos parecían estar agotados y la agitación social (latente en épocas de bonanza) se materializó en un movimiento de rebelión; los bagaudas. 

Los bagaudas fueron un variopinto ejército (o más bien milicias) formadas por esclavos, campesinos empobrecidos, bandoleros y todos aquellos, que descontentos con el sistema, estaban dispuestos a tomas las armas y dirigirlas contra el (declinante) poder establecido. 

La corrupción de magistrados, recaudadores y grandes propietarios, conducen a los más humildes a un empobrecimiento extremo, y muchos de ellos no ven más salida,  que renunciar a la ciudadanía y convertirse en perseguidos y proscritos. Y a esta masa de gente honrada y desesperada, se irán uniendo bandoleros y delincuentes comunes, haciendo causa común contra la opresión institucional.

Salviano toma partido por estos depauperados sociales y los caracteriza como: "expoliados, afligidos, aniquilados por jueces malos y crueles".

Los bagaudas aparecieron de forma intermitente durante varias generaciones, y popularmente eran conocidos como "los habitantes de los bosques". Aunque el significado exacto de la palabra bagauda sigue siendo desconocido. 

Se trataba de grupos heterogéneos, que únicamente tenían en común la pobreza y el estar situados al margen de la ley; esclavos, proscritos, desertores, desheredados, ciudadanos arruinados o ladrones. Con una organización militar muy rudimentaria y mal armados, combatieron utilizando la táctica de la guerra de guerrillas. Los bandoleros y desertores conformaron la oficialidad de estos curiosos ejércitos. 

En 449 Basilio se puso al frente de ellos y asolaron el Valle del Ebro, y junto al rey suevo Requiario tomaron Zaragoza y Lérida. Las acciones bagaudas consistían en razzias y saqueos a campos y grandes propiedades, para obtener botín. Puntualmente también protagonizaron golpes de mano sobre ciudades, aunque nunca llegaron ni a ocuparlas, ni a dominarlas, lo que demuestra el escaso (o nulo) apoyo que tenían entre la población urbana. 

En el año 455 los visigodos, en nombre de Roma, exterminaron este movimiento, y los supervivientes fueron reubicados como campesinos feudatarios. 

Hasta que punto la bagauda fue un movimiento organizado, con unos fines claros de rebelión contra el poder romano en Hispania, sigue siendo objeto de debate entre los entendidos en la materia.

martes, 7 de enero de 2014

CAESARAUGUSTA.



Caesaraugusta, la Zaragoza romana, una de las más importantes ciudades hispanorromanas, con poderosas murallas, cuyos restos aún hoy son visibles, foro, teatro y termas, nada podía faltar, incluso existían un puerto fluvial a orillas del río Ebro. 


Sobre la ciudad ibérica de Salduie refundó el emperador Octavio Augusto esta colonia para asentar a sus veteranos de guerra que habían sobrevivido a las durísimas Guerras Cántabras, con las que se puso fin a la conquista romana de Iberia. El 23 de diciembre del año 14 a.C. se ha propuesto como el momento de fundación de Cesaraugusta. 


Durante los siglos I y II vivió su época de mayor desarrollo y apogeo. La existencia de un puerto fluvial la convirtieron en el principal núcleo urbano de todo el valle del Ebro. 


Sus poderosas murallas parecen no sufrir el paso del tiempo, pues dos mil años después aún resultan  imponentes. 


Como en toda ciudad romana que se precie, no puede faltar el teatro, lugar para ocio y esparcimiento de las clases altas. 


El primer emperador César Augusto la bautizó con su propio nombre.

domingo, 27 de octubre de 2013

TORREÓN DE LOS DUQUES DE ALBA



Alba de Tormes, a orillas del río de mismo nombre, lugar donde descansan los restos de Santa Teresa, custodiados desde la parte alta de la ciudad, por el Castillo de los Duques de Alba. A decir verdad, lo único que se conserva es una imponente torre del homenaje, aunque es suficiente para hacernos una idea de la magnitud de la fortaleza. El Torreón de los Duques de Alba domina los cielos regados por el Tormes.


Torre del Homenaje o de la Armería, iniciada en 1430 por el primer señor de la villa, Gutierrez Álvarez de Toledo, más tarde, y tomando como punto de partida la torre, se construyó el Castillo-Palacio de los Duques de Alba, que enriquecieron la villa  La fortaleza quedó prácticamente destruida durante la Guerra de Independencia

viernes, 25 de octubre de 2013

CASAS COLGADAS



Balcones voladizos de madera se asoman sobre la hoz del río Huécar, donde centenarias casas cuelgan, desde al menos, el siglo XV, pintando la más hermosa postal de la ciudad de Cuenca, una población que duerme encaramada en un cerro. 


En palabras de Pío Baroja "Cuenca es un nido de águilas hecho sobre una roca, con algo de castillo, de convento y de santuario"

jueves, 24 de octubre de 2013

ALTAMIRA

la Capilla Sixtina del Arte Rupestre 


Altamira o la Capilla Sixtina del Arte Rupestre, hace unos 30.000 años, en lugares como este, en la franja francocantábrica, nació el arte. En las entrañas de la tierra, en las más profundas paredes de cuevas y cavernas los primeros seres humanos plasmaron figuras de animales, manos y antropomorfos dando con ello origen al arte;  lástima que nos tengamos que conformar con visitar la Neocueva, una especie de réplica de las pinturas de Altamira. En la Neocueva podemos disfrutar de fieles representaciones de los famosos bisontes, aunque carece de la magia de la caverna.  

Para algunos paleoantropólogos, el desarrollo de la mentalidad simbólica, representada en este caso por las manifestaciones artísticas, marcó la diferencia fundamental, que hizo que el Homo sapiens sobreviviese y el Hombre de Neandertal se extinguiese.

Podemos considerar la capacidad para el arte, una de las características que nos hizo humanos, y nos separó definitivamente del resto de los homínidos que nos precedieron, y uno de los más maravillosos ejemplos de esas primeras manifestaciones artísticas, se encuentra en las paredes y techos de la Cueva de Altamira, en Santilla del Mar, en Cantabria. 

Artista anónimo, representa fielmente al bisonte, al caballo y a la cierva, en el lugar donde no llega la luz, el rincón profundo y propicio para la realización de ritos propiciatorios, su impronta quedó grabada en techos y paredes, donde durmieron miles de años, para despertar de su sueño en pleno siglo XX. 


Las excavaciones realizadas en la Cueva de Altamira han proporcionado una sucesión de niveles arqueológicos (y de ocupación) formados entre hace 18.500 y 14.000 años . . 

Altamira ¿un lugar de agregación?, las amplias dimensiones del yacimiento, la riqueza de los objetos decorados, así como la importancia de su arte rupestre, han servido para plantear la hipótesis que la cueva de Altamira fuera para los habitantes de una amplia zona, un punto de reunión al que acudirían periódicamente para celebrar ritos, alianzas o matrimonios; es decir, lo que la ciencia prehistórica conoce como Lugar de Agregación.



miércoles, 9 de octubre de 2013

LA CONVERSIÓN DE RECAREDO Y LA FUSIÓN ENTRE HISPANORROMANOS Y VISIGODOS.



En el año 418 los visigodos se asentaron, mediante un pacto con Roma (foedus) en el sur de la Galia, pero en el 507 son expulsados por los francos, y se dirigen entonces a la Península Ibérica. 

Con el apoyo de los ostrogodos de Teodorico, cruzan los Pirineos y se internan en la Península Ibérica. Una vez en territorio peninsular se van a encontrar con diferentes realidades (sociales y) políticas; los suevos instalados en Galicia y Norte de Portugal, los bizantinos que dominaban una franja del litoral mediterráneo a la que llamaron Spania y con la población hispanorromana. 

La comunidad visigoda era reducida en número con respecto a los hispanorromanos y esto provoca que se agrupen en el centro de la península fijando su capital en Toledo. En ese sentido, los monarcas visigodos van a poner en marcha una política encaminada a conseguir la fusión con la población autóctona hispanorromana.

La población hispanorromana se extendía por toda la península, pero la zona más densamente poblada eran las meridionales y mediterráneas, por otro lado, los territorios donde la romanización fue más profunda. De todas formas, será el sur donde se localizan los sectores con mayor poder económico en la península. Y estas aristocracias terratenientes hispanorromanas eran cristianos católicos, mientras que los visigodos eran arrianos. Desde la perspectiva religiosa romana estos visigodos arrianos eran unos herejes. 

Hubo dos intentos para tratar de unir ambas comunidades, uno lo puso en marcha Leovigildo y el otro su hijo Recaredo. Se trata de dos intentos que siguen caminos completamente distintos. 


Leovigildo intentará realizar la fusión desde parámetros arrianos. Proyectará unificar las dos comunidades imponiendo el arrianismo. Va a conseguir el efecto contrario. Ciertos sectores poderosos, en los planos sociales, económicos y políticos, especialmente de la Bética, se oponen con firmeza al rey visigodo. 

El pensamiento dominante en la Bética era el cristianismo católico y la oposición de los grandes magnates del sur va a ser encauzada por el propio hijo de Leovigildo, Hermenegildo. Hermenegildo se dirige a la Bética y se pone al frente de esta protesta, lo que termina provocando una guerra civil. En definitiva, lo que pone en claro este conflicto, es la imposibilidad de fusionar a visigodos e hispanorromanos desde el punto de vista arriano. 


El siguiente intento de unificación si que va a cuajar y lo va realizar Recaredo, hijo y sucesor de Leovigildo. Lo que va a hacer es convertirse a la religión católica en el III Concilio de Toledo del año 589. 

La misma reflexión que hicimos para los francos sirve para el caso de los visigodos; se trataba de una cuestión más política que religiosa. Se buscaba una fórmula que le permitiese contar con el apoyo de esos grandes magnates y propietarios de tierras de la Bética. Este apoyo, resultó fundamental para oponerse a los bizantinos que estaban en la fachada mediterránea. Por cierto, los bizantinos también eran católicos (en ese momento). 


martes, 23 de abril de 2013

REPÚBLICA DE PISA



Situada cerca de la desembocadura del río Arno, a finales del siglo XI, nació la República de Pisa. Tras las campañas navales contra los árabes durante el mismo siglo XI, la aguerrida flota pisana mantuvo su dominio sobre el Mediterráneo Occidental. El comercio con la Península Ibérica y el Norte de África se transformó en ingentes cantidades de riquezas, con las que se acometió la construcción de grandes edificios, como el Duomo, la Catedral y la famosa Torre Pendente. 



La decadencia de Pisa se inicia en 1284, tras la derrota en la batalla de Meloria ante la valiente armada genovesa. A partir de ese momento, la orgullosa ciudad de la Liguria pasó a dominar el Mediterráneo Occidental. En 1406 la ciudad cayó en manos de los florentinos, que se erigieron en absolutos Señores de la Toscana. 

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