Die Rheintöchter, las tres doncellas del Rhin, Woglinda, Wellgunda y Flosilda, espíritus de la naturaleza encargadas de custodiar y proteger el oro del río. Su inocencia les llevó a no poder cumplir su cometido.
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jueves, 30 de noviembre de 2023
viernes, 23 de agosto de 2019
EL PRIMER CHOQUE.
Alrededor del 1000 a. C., un grupo de tribus no civilizadas
—formadas por hombres altos, de tez clara y que eran cazadores
salvajes— vivía al norte y al sur de la entrada del marBáltico,
regiones que hoy constituyen Dinamarca, el sur de Suecia, Noruega y
el norte de Alemania. Nadie sabe de dónde provenían.
Su lengua era diferente de las lenguas habladas al este y al sur,
razón por la cual agrupamos juntas a esas tribus.
Muchos siglos más tarde, los romanos encontraron una tribu que
descendía de esas tribus primitivas (y que aún era bastante
primitiva). Los miembros de esa tribu se llamaban a sí mismos con un
nombre que a los romanos les sonaba como germani. Posteriormente, los
romanos aplicaron ese nombre a todas las tribus que hablaban la
lengua de los Germani, por lo cual las llamamos tribus germánicas.
Entre sus descendientes actuales, se cuentan los alemanes. Pero
los alemanes se llaman a sí mismos «Deutsch» (de una antigua
palabra que quizá significaba «gente») y a su nación«Deutschland».
Las tribus germánicas eran algunas de las que los libros de
historia a menudo llaman «bárbaras».
Para los civilizados griegos y romanos del sur, todo el que no
hablase griego o latín era considerado un bárbaro, es decir, les
parecía que emitían sonidos ininteligibles, tales como«barbarbar».
Esa palabra, pues, no tenía necesariamente un carácter insultante.
Después de todo, los habitantes de Siria, Babilonia y Egipto también
eran bárbaros en ese sentido, y eran tan cultos y sabios como los
griegos y los romanos, y lo eran desde hacía más tiempo.
Los germanos eran bárbaros en este sentido, pero también eran
incivilizados. En siglos posteriores, contribuyeron a destruir partes
del Imperio Romano, y su falta de aprecio por la cultura y el saber
dio a la palabra «bárbaro» su significado actual: persona sin
educación e incivilizada.
La única importancia de las tribus germánicas para el resto del
mundo en esa época primitiva residía en el hecho accidental de que
a lo largo de las costas meridionales del mar Báltico, unos sesenta
millones de años antes, habían existido enormes bosques de pinos.
Esos bosques murieron mucho antes de que el hombre apareciese en
la Tierra y esa variedad de pino se ha extinguido, pero mientras los
árboles vivieron produjeron enormes cantidades de resina.
Trozos endurecidos de esa antigua resina pueden encontrarse en el
suelo y son arrojados desde el mar por las tormentas. Es una
sustancia transparente, de colores que van del amarillo al naranja y
el marrón rojizo, de bello aspecto y suficientemente blanda como
para poder darle hermosas formas. Ese material (ahora llamado ámbar)
era muy valorado como ornamento.
El ámbar pasaba de mano en mano, y en la Europa del Sur, gente
mucho más avanzada que los habitantes de los bosques septentrionales
dio con algunas muestras de él y quiso tener más. Surgió una ruta
comercial del ámbar, y los productos de la Europa meridional,
cambiados por ámbar, llegaron al norte.
Probablemente como resultado del comercio del ámbar,en un
principio los germanos tuvieron un oscuro conocimiento de que en
alguna parte del lejano sur había regiones ricas
El conocimiento del norte bárbaro era igualmente oscuro para el
sur civilizado. Hacia el 350 a. C., el explorador griego Piteas de
Massilia (la moderna Marsella) se aventuró por el Atlántico y
exploró las costas noroccidentales de Europa.Llevó de vuelta mucha
información interesante para el público lector de libros, que
entonces, como siempre, sólo era una pequeña parte de la población.
Pero pronto iba a llegar el tiempo en que el conocimiento de los
germanos se impondría al hombre medio de un modo mucho más directo.
En los siglos primitivos, las tribus germánicas no practicaban la
agricultura, sino que vivían de la caza y la cría de ganado. Los
bosques septentrionales no podían sustentar a mucha gente que
viviera de este modo, y hasta cuando la población era muy escasa,
según patrones modernos, esas tierras estaban ya superpobladas.
Las tribus luchaban unas contra otras por la tierra necesaria para
sustentar a la población en crecimiento, y una de las partes,
naturalmente, perdía. Los perdedores vagabundeaban en busca de
mejores pastos y mayor caza, y así hubo un lento desplazamiento de
tribus germánicas fuera de sus hogares originarios.
Gradualmente, los germanos se dirigieron al sur y al este, a lo
largo de la costa del mar Negro. Por el 100 a. C., habían llegado al
río Rin en el oeste y ocupado la mayor parte de lo que es hoy
Alemania.
A su paso, empujaron o absorbieron a un grupo de pueblos que
antaño habían dominado vastos tramos de Europa septentrional y
occidental, y que hablaban un grupo de lenguas emparentadas entre sí
llamadas célticas. Al oeste del Rin, por ejemplo, estaban las tribus
celtas que habitaban una región llamada Gallia por los romanos y
Galia por nosotros.
A medida que los germanos se desplazaban al oeste y al sur, deben
de haber oído hablar cada vez más de las ricas y maravillosas
tierras del sur. Por el 150 a. C., la gran civilización de los
griegos estaba en decadencia, pero Italia estaba aumentando
rápidamente en poder y riqueza. La ciudad de Roma, en Italia
central, estaba imponiendo afanosamente su dominación sobre toda la
región mediterránea.
El sur debe de haberles parecido incalculablemente rico a los
germanos..., un maravilloso lugar para un posible botín. La
atracción del sur se combinó con tiempos excepcionalmente duros en
el norte, pues en lo que es ahora Dinamarca, la superpoblación
crónica había empeorado a causa de los daños producidos por
tormentas e inundaciones.
Hordas de hombres, mujeres y niños de las tribus empezaron a
marchar hacia el sur en cantidades sin precedentes, en 115 a. C. Los
romanos llamaron luego a esas hordas los cimbrios. (La península
danesa que llamamos Jutlandia todavía lleva el nombre más antiguo
de península Cimbria.)
En el curso de su migración hacia el sur, empezaron a unirse a
los cimbrios otras tribus, llamadas los teutones por los romanos.
Este nombre tribal particular más tarde fue aplicado a todos los
germanos, por lo que podemos llamarlos los teutones o los pueblos
teutónicos. También podemos hablar de las lenguas teutónicas, que
incluyen a todas las habladas por aquellos antiguos germanos: el
inglés es una de ellas.
(Dicho sea de paso, no es en modo alguno seguro que los cimbrios y
los teutones —pese al nombre de éstos— fuesen realmente
germanos. Aunque ésta es la creencia tradicional, muchos
historiadores modernos piensan que eran celtas, en parte o hasta en
su totalidad.)
No es muy probable que los cimbrios migrantes fueran en realidad
una hueste formidable. Entre ellos escaseaba el metal, por lo que no
llevaban armadura y tenían unas pocas espadas cortas. Sus armas eran
muy inferiores a las romanas. Además, carecían de disciplina o de
toda idea de una táctica ordenada.
Su única esperanza de vencer a los romanos era cogerlos por
sorpresa y caer sobre ellos como el rayo con feroces alaridos, a la
espera de que el primer choque los desorganizase y los hiciese echar
a correr.
Esto ocurrió muy a menudo. En primer lugar, las tribus
constituían una hueste numerosa, pues todos luchaban, mujeres y
niños crecidos tanto como los hombres. Además, los germanos tenían
un aspecto temible, con sus largos cabellos desgreñados y sus
vestimentas primitivas. También eran altos, mucho más altos y
fuertes, individualmente, que los hombres de las tierras
mediterráneas.
Las tropas romanas podían haber vencido fácilmente a las hordas
bárbaras, si se hubiesen mantenido firmes y conservado su sangre
fría; pero muy a menudo rompían filas y echaban a correr al primer
ataque. Entonces era fácil para las tribus eliminar uno a uno a los
soldados que corrían y hacer una matanza con ellos.
Los rumores de la marcha hacia el sur de los cimbrios los
precedieron y, como sucede casi siempre con los rumores, fueron
exagerados al propagarse. Se decía que los cimbrios eran medio
millón o más; su altura, su fuerza y su ferocidad eran descritas en
términos superlativos. El ejército romano enviado al norte para
enfrentarse con ellos del otro lado de los Alpes oyó esos cuentos y
quedó aterrorizado y semiderrotado ya antes de tomar contacto con
ellos.
Los cimbrios lucharon con ese ejército el 113 a. C. y lo
destruyeron fácilmente. Ahora tenían ante ellos los Alpes,
indefensos. Pero los hombres simples de las tribus no tenían ideas
claras sobre geografía. ¿Para qué trepar por esos picos elevados,
si podían virar hacia el oeste y bordear la cadena montañosa? Se
dirigieron, entonces, a la Galia.
Tres batallas distintas entre los cimbrios y los romanos tuvieron
lugar en la Galia, y los romanos las perdieron todas. En 105 a. C.,
toda Roma era presa absoluta del pánico. En las heroicas guerras de
los dos siglos anteriores, habían derrotado casi a todas las
naciones importantes que rodeaban al Mediterráneo, pero ante esos
bárbaros mal armados parecían inermes.
Indudablemente, si los cimbrios hubiesen marchado entonces sobre
Italia, hubiesen obtenido un botín que habría superado sus más
alocados sueños y podía haber cambiado la historia del mundo. Pero,
nuevamente, una dirección les parecía lo mismo que otra y,
afortunadamente para los romanos, avanzaron más al oeste y
penetraron en España, donde combatieron con pueblos celtas que no
eran mucho menos primitivos que ellos.
Esto dio tiempo a Roma, y apareció el hombre apropiado para la
ocasión. Era un soldado rudo y prácticamente analfabeto llamado
Cayo Mario. Se convirtió de hecho en dictador de Roma y se puso a
trabajar a fin de forjar un ejército y prepararlo para que
resistiese con firmeza el embate de los bárbaros
En 102 a. C., cuando los bárbaros retornaron de España y
finalmente parecían dispuestos a invadir Italia, Mario estaba
preparado para enfrentarse a ellos. Los bárbaros avanzaron en dos
contingentes, uno de los cuales fue exterminado casi hasta el último
hombre en el sur de la Galia. El otro logró abrirse camino hasta
Italia, pero en el 101 a. C. fue aniquilado en el valle del Po.
La amenaza desapareció totalmente y Roma experimentó una
espasmódica alegría. Por el momento, Mario fue su niño mimado.
Quizá nadie por entonces podía prever que esas batallas entre
romanos y bárbaros sólo fueran el primerepisodio de una guerra que
duraría muchos siglos.
Isaac Asimov. La Alta Edad Media.
miércoles, 5 de diciembre de 2018
VIDUKINDO, EL ÚLTIMO BÁRBARO DE GERMANIA
Carlomagno se dedicó a someter a los sajones, como haría cualquier emperador con ansias expansionistas. El emperador cristiano les destruyó el Irminsul, su ídolo. Los sajones hacían aguas por todos lados, necesitaban un líder fuerte, y lo encontraron en la figura de Vidukindo.
Vidukindo, un caudillo militar, una especie de Vercingétorix, durante tres décadas fue el alma de la resistencia sajona frente a los francos, atacó guarniciones carolingias, incendió iglesias y arrasó monasterios (siempre sufrientes y dolientes).
Pero el triunfo del cristianismo era imparable y la superioridad franca insoportable para los sajones, de forma que en el 785 Vidukindo fue obligado a someterse y aceptar el bautismo, convirtiéndose así en el último bárbaro de Germania.
miércoles, 18 de octubre de 2017
IRA Y FUEGO.
Dentro de tres semanas yo estaré recogiendo mis cosechas. Imaginad donde querréis estar y se hará realidad. Manteneos firmes, no os separéis de mi. Si os veis cabalgando solos por verdes prados, el rostro bañado por el sol, que no os cause temor. Estaréis en el Elíseo y ya habréis muerto. ¡Hermanos! Lo que hacemos en la vida tiene su eco en la eternidad.
jueves, 26 de mayo de 2016
WALHALLA
A orillas del Danubio se
eleva el majestuoso Walhalla, una maravilla de la arquitectura
romántica, un revival de formas y conceptos artísticos de la
Antigüedad, homenaje a la Civilización Clásica y apoteosis de la
cultura germana.
Al contemplar la obra
Wotan debió sentirse orgulloso de su pueblo alemán. En su interior
los elegidos esperan pacientemente la llegada de la batalla decisiva
que acontecerá al final de los tiempos, el Ragnarok. (Esta vez
quizás no toque perder).
Concebido por Luis I de
Baviera y ejecutado por Leo von Klenze, este Olimpo de los dioses
germanos se encuentra situado a unos seis kilómetros de Ratisbona.
Grecia y Germania unidas en una sola idea: la superioridad cultural
de la Vieja Europa.
martes, 28 de octubre de 2014
TRÉVERIS ROMANA.
Trier,
o Tréveris, presume de ser la ciudad más antigua de Alemania.
Quizás no le falte razón ni motivos. Lo que si es incuestionable es
que Tréveris se convirtió en una de las ciudades más importantes
del Imperio Romano, con una influencia creciente a lo largo del Bajo
Imperio, que la llevó a ser conocida como una Segunda Roma.
Sobre
un antigua santuria prerroma de la tribu gala de los tréviros, el
emperador Augusto fundó, en el año 15 a.C., la colonia de "Augusta
Treverorum". En la siguiente centuria se convirtió en un
destacado centro comercial, quizás el más importante del noreste de
la Galia Romana. Su ubicación, junto al puerto fluvial del río
Mosela, desde el que se podría controlar la exportación de sus
famosos vinos, y el encontrase unida por carretera a otros núcleos
urbanos como Meguntiacum (Maguncia) y con Colonia Agrippinensis
(Colonia), hicieron de Tréveris un nudo de comunicaciones de primer
orden dentro del Imperio. Además de todo esto, cumplía una función
militar de defensa y estratégica de control del territorio, al
situarse muy próxima al limes germánico.
También
fue una destacado centro de difusión de cultura grecorromana. Un
aspecto de gran trascendencia al encontrarse tan lejos del centro
espiritual del Imperio y en las inmediaciones de la Germania más
bárbara y salvaje.
La
decadencia de la ciudad de Roma, y su cercanía a algunos de los
focos más problemáticos, convirtieron a Tréveris, en el siglo III,
en una de las capitales del agonizante Imperio Romano. Y
precisamente, el encontrarse en una zona tan conflictiva, obligó a
sus ciudadanos a fortificarla, siendo la Porta Nigra, el resto más
espectacular (de los conservados) de su muralla.
jueves, 16 de octubre de 2014
COLONIA, UNA CIUDAD ROMANA EN LA FRONTERA BÁRBARA.
En la
orilla del Rin, el limes, la frontera que separa la civilización de
la barbarie. ¿Nos atreveremos a cruzarlo?. El río que un día fue
la frontera, se convirtió en la vía mediante la cual se desarrolló
el comercio (y siglos más tarde la industria).
Sobre
un asentamiento de los ubios, los romanos fundaron un asentamiento en
el año 38 a.C. al que llamaron Oppidum Ubiorum. En el siglo I fue
elevada al rango de colonia romana con el nombre Colonia Claudia Ara
Aggripinensium en alusión a Agripina la esposa del emperador Claudio
y madre de Nerón.
Colonia
fue la capital de la provincia Germania Inferior y se convirtió en
una de las ciudades romanas más importantes de Septentrión. Un
enclave estratégico para el comercio y para la defensa del limes.
| Antigua puerta Norte de la ciudad romana. |
Y
llegaron los romanos, lucharon contra los germanos, masacrando a
mucho de elllos, y como vieron que vivían en aldeas les ayudaron
(léase obligaron) a construir ciudades. Y los salvajes pensaron, que
buenos son estos romanos que nos traen la Civilización. Pero llegó
el otoño del Imperio; las lluvias, el fría y la humedad lo
embarraron todo, el profundo bosque impedía avanzar, y muchos
germanos seguían prefiriendo la libertad. Y Roma desmontó sus
campamentos y abandonó estas tierras de más allá del Rin. Varios
siglos después, los descendientes de aquellos romanos devolvieron la
visita a Roma, e intentaron (varias veces) conquistar Europa. Pero
esa, es otra historia.
jueves, 1 de mayo de 2014
LA HEPTARQUÍA ANGLOSAJONA
Mientras los romanos embarcaban en los puertos del sur de Britania y dejaban la isla a su suerte, hordas de anglos, jutos y sajones, procedentes de la salvaje Germania, desembarcaban en las costas occidentales.
En poco tiempo los germanos sustituyeron al poder romano y crearon numerosos y efímeros reinos. Hacia el año 700, y siempre siguiendo la tradición, el número de reinos germanos asentados en la isla era de siete. Por tal motivo, el periodo medieval temprano en la Isla se conoce con el nombre de Heptarquía.
Cuatro de estos reinos, Kent (jutos), Anglia Oriental (anglos) y Essex y Sussex (sajones) se apelotonaban en el sudeste de la isla. Eran entidades políticas pequeñas, y durante la mayor parte del tiempo de escasa relevancia. No obstante, en el siglo VI, bajo el mandato del rey Ethelberto, el reino de Kent consiguió cierta supremacía sobre el resto.
El resto de Inglaterra quedaba dividido entre los tres reinos restantes, de Norte a Sur; Northumbria y Mercia (anglos) y Wessex (sajones), eran relativamente grandes y mantuvieron un alto grado militar debido a las constantes guerras contra escotos y galeses.
Todos estos reinos en sucesivos turnos intentaron, y en gran medido consiguieron, imponer su dominio sobre el resto. A principios del siglo IX el rey sajón Egberto de Wessex, educado en la corte de Carlomagno, impuso su soberanía a los reinos sajones.
Desde el 866 comienzan las invasiones de los hombres del norte, y poco a poco, el poder y dominio germano fue desapareciendo, siendo sustituido por los normandos.
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domingo, 9 de junio de 2013
VANGIONES
Los vangiones eran un pueblo germano que habitaban la región de Renania-Palatinado y tenían como capital Borbetomagus, la actual Worms.
Según Tácito, que los considera sin género de dudas germanos, estaban asentados cerca del Rin.
"Pueblos germanos sin duda alguna habitan en la misma orilla del Rin: vangiones, tribocos y nemetes."
Germania 28. Tácito.
Plinio el Viejo también se expresa en términos similares, "Los pueblos de Germania que viven junto al Rin, en la misma provincia, son los németes, los tribocos, los vangiones [...]" Historia Natural IV, 106.
La ciudad de Borbetomagus, con un nombre que nos recuerda a los topónimos celta, se juega con Colonia y Tréveris, el honor de ser la ciudad más antigua de Alemania. En lengua celta Borbetomagus significa "asentamiento cerca del agua". En la mayoría de las ocasiones, no es posible dilucidar si un pueblo es germano o celta, ambas cosas, o ninguna. Ambos términos, son tan amplios, que a veces parece no significar absolutamente nada referirse a tal o cual pueblo, como celta o como germano. Con el tiempo Borbetomagus se latinizó bajo la forma de Vormatia.
El gran ejército de Ariovisto, que fue derrotado por Julio César, contaba entre sus filas con un numeroso grupo de vangiones.
"Sólo entonces, y a la fuerza, sacaron los germanos sus tropas del campamento y formaron por pueblos, a intervalos iguales, los harudes, los marcomanos, los tríbocos, los vangíones, los németes, los eudusios y los suevos, rodeando toda su formación con carromatos"
Julio César.
Guerra de las Galias I, 52.
jueves, 21 de febrero de 2013
IDUNN
Idunn, nunca nació, nunca habrá de morir, fiel esposa del bardo Bragi, poseedora de las manzanas doradas de la inmortalidad. Celadora de la Eterna Juventud, suministra las regeneradoras manzanas, que cultiva en su huerto, a los dioses de Asgard, cuando se vuelven viejos y decrépitos, y recobran, con su ingesta, el vigor y la juventud perdida, en un ciclo que se prolonga periódicamente hasta la llegada del Ragnarok; momento de la destrucción final y definitiva del Mundo.
EL DÍA QUE DIOS SALVÓ A UNOS DEVOTOS LEGIONARIOS CRISTIANOS
Corría el año 174, el emperador Marco Aurelio, al frente de varias legiones, se encontraba en plena campaña en tierras de Germania, intentando contener a sus belicosas tribus; marcomanos, cuados, sármatas . . .
Un vexillatio - destacamento - de la XII Legión, guiada tal vez por un comandante inexperto, se había internado en terreno hostil, alejándose de las líneas de avituallamiento. El suelo embarrado, el abrupto terreno que impedía el avance, la cercanía y acoso del enemigo y especialmente el hambre y la sed, causaban estragos entre los fatigados romanos que comenzaron a sentir seriamente sus vidas amenazadas.
Desesperados por la situación, algunos legionarios, que habían abrazado la fe cristiana, se arrojaron de rodillas al suelo y elevando sus corazones al cielo, pidieron ayuda al Todopoderoso. El ejemplo cundió rápidamente, y en pocos minutos prácticamente todos los miembros del ejército oraron a Dios, y suplicaron por sus vidas.
La bóveda celeste se tornó gris, el cielo se abrió y las nubes descargaron una terrible tromba de agua, acompañada de una miríada de rayos y truenos que desperdigaron al ejército enemigo y permitió a los devotos legionarios cristianos salvar sus vidas.
Autores cristianos como Tertuliano, Eusebio de Cesarea o el hispano Paulo Orosio, fueron los encargados de transmitir tan extraordinario acontecimiento; el poder supremo del Dios Cristiano se mostraba superior a las Deidades Paganas.
"Que esta guerra fue dirigida providencialmente por Dios lo prueba clarisimamente, entre otros argumentos, sobre todo una carta de este prudente y honrado emperador (Marco Aurelio). Efectivamente, al sublevarse estos pueblos de crueldad bárbara y de cantidad imnumerable, esto es, los marcomanos, los cuados, los vándalos, los sármatas, los suevos y casi toda Germania, y al peligrar el ejército, que había avanzado y había sido rodeado en territorio de los cuados, peligro que se debía más a la sed, ya que faltaba el agua, que al enemigo, se produjo, ante la invocación del nombre de Dios, invocación que de pronto hicieron públicamente unos cuantos soldados que se abandonaron a las preces con extraordinaria fe, se produjo, digo, una lluvia tan intensa que los romanos se vieron larga y justamente reconfortados, mientras que los bárbaros, asustados por la constante caída de rayos, y sobre todo porque muchos de ellos perdían la vida, se dieron a la fuga. Los romanos, persiguiendo hasta la aniquilación a los fugitivos, lograron, con un inexperto y pequeño número de soldados, pero con la poderosa ayuda de Cristo, una victoria gloriosísima y digna casi de ser antepuesta a todas las glorias de los antepasados"
Paulo Orosio.
Historias VII, 15, 7-10.
domingo, 10 de febrero de 2013
GAMABRIVOS
Gamabrivos es el nombre de una antigua tribu germana. El geógrafo de Amasia, Estrabón, dice de ellos, que junto a queruscos, catos y catuarios, eran pueblos de menor importancia.
"Otros pueblos germánicos de menor importancia son los queruscos, catos, gamabrivos y catuarios;"
Estrabón VII, 1, 3.
Puede ser, que en tiempos de Estrabón los gamabrivos eran vasallos, o clientes, de otras naciones germanas más poderosas.
MARSIGNOS
Los Marsignos aparecen citados en la Germania de Tácito, situados más allá de Cuados y Marcomanos, junto a otros grupos como los osos o los burios. Algunos autores, como J.M. Requejo, los consideran pueblos celtas.
Hacia atrás, los marsignos, cotinos, osos y buros limitan a los marcomanos y cuados por su parte posterior. De éstos, los marsignos y buros recuerdan a los suevos por su lengua y costumbres; la lengua gala de los cotinos y la canónica de los osos demuestra que no son germanos; también el que estén sometidos a tributos.
Tácito. Germania. 43
Otra posibilidad, teniendo en cuenta su ubicación geográfica en la Europa Centrooriental y su inclusión en una lista junto a osos y burios, es que los marsignos fuesen un grupo protoeslavo. De todas formas, y a pesar de sus costumbres similares a los Suevos, parece claro que no eran germanos.
miércoles, 30 de enero de 2013
MUGILONES
Los mugilones eran un pueblo germano, del que únicamente he encontrado una reseña de su nombre, en Estrabón. Estos mugilones, junto a otras tribus, como los zumos, los gutones o los lugios, se pusieron bajo las órdenes de Marobodo.
"Marobodo [...] volvió para hacerse con el poder, ganándose, además de los que he citado, a los lugios, un pueblo importante, y a zumos, gutones, mugilones, sidones y otro importante pueblo suevo, los semnones"
Estrabón VII 1, 3
El no haber encontrado ninguna otra referencia, será debido, a que a partir de este momento, los mugilones serían absorbidos por la gran tribu marcomana, desapareciendo su nombre sin dejar rastro.
martes, 8 de enero de 2013
CORAZON DE GUERRERO
Curtido en mil peligros, adaptados sus cuerpos a los húmedos y espesos bosques, prácticamente selvas, del lejano septentrión, los germanos pasan por ser los más temerarios guerreros. Se lanzan aullando a la carrera contra un muro de escudos, enfrentan el metal con el hueso. Su pecho es su armadura, sus largos y enmarañados cabellos, el casco. Hachas, espadas, dardos, lanzas, martillos, venablos y flechas, sus armas son terribles, e infalibles en su cometido, pinchan, cortan, desgarran, destrozan huesos, abren los vientres, destripan, hunden cráneos, cercenan miembros, el metal se tornó homicida en sus eficaces manos. Atacan en tropel, sin orden ni concierto, no existen jefes, una masa informe, cada hombre lucha por su propia vida y para demostrar a los demás, que él, es el más valiente de la tribu, y hacerse merecedor de los honores que el clan le rendirá en su funeral. Es preferible morir en combate que huir cobardemente y salvar la vida; los dioses jamás aceptarán en Walhalla a un hombre que falleció en la cama, ni a los que alcanzan una plácida vejez. Nunca Walkyria alguna se hizo visible ante un guerrero que dudara en el campo de batalla. El corazón del guerrero late a mil por hora; piel fría, pies húmedos, brazos tensos, mente embriagada, corazón caliente. Wotan y Thor los guían al campo de batalla, lugar para alcanzar la gloria, ninguno tan valiente como ellos; la muerte es el premio final. Lanzan terribles alaridos que acongojan a los acomodados legionarios, que viven en ciudades y lavan sus cuerpos en cálidas termas. El germano mora en el bosque, sumerge su cuerpo en tumultusoso ríos de gélidas aguas, su hogar está en una ciénaga, aborrecen el reposado vino, prefiriendo la cerveza que amarga la garganta y enaltece el espíritu. Auténticas bestias de combate, capaces de cambiar su forma y transformarse en lobo o en oso; son los terribles bersekers, humanos poseídos por los espíritus de animales salvajes, no hay dolor. Se beben la sangre de sus enemigos avatidos, devoran el corazón de sus rivales más valerosos. La valentía no es una virtud, no se trata de una opción, es una exigencia. Curan sus heridas con emplastos y lodos, y vuelven otra vez a la carga. Sus mujeres, más valientes aún que ellos, prefiriendo el suicidio a la esclavitud, los lanzan a la batalla, los devuelven al combate. Muestran sus pechos desnudos, como una pasional promesa de futuras recompensas. Germanos indomables, imposibles de domeñar, no existe en toda la faz de la tierra, unos pueblos tan valientes y aguerridos como estos. (Tácito me inspiró).
lunes, 19 de noviembre de 2012
AMPSIVARIOS
LA ESTIRPE ERRANTE.
Los ampsivarios, o angrivarios como aparecen en otras traducciones, fueron una tribu germana, expulsada de sus tierras en el valle del Amisia (actual Ems) por sus hostiles vecinos y obligada a errar penosamente por Germania.
En tiempos del emperador Nerón, los ampsivarios, encabezados por Boyocalo intentaron un acercamiento a Roma, suplicándoles tierras donde poder asentarse y vivir en paz. Los romanos se negaron a entregar tierras y Boyocalo contestó que "puede faltarnos una tierra para vivir, pero no una para morir", tras lo cual levantó en armas a diversas tribus germanas. El legado de Germania Inferior, Avito, penetró en tierras de los tencteros, y el legado de la Superior mostró sus armas en la retaguardia. Tras esta demostración de fuerza y poder, la coalición germana se desgajó.
Los ampsivarios, solos y rodeados de enemigos, continuaron su vagar hasta que finalmente fueron aniquilados y borrados de la faz de la tierra.
"Esas mismas tierras fueron ocupadas por los ampsivarios, que gozaban de más valimiento no sólo por su número, sino por la compasión que despertaban en los pueblos limítrofes, porque, expulsados por los caucos y privados de un asentamiento, suplicaban un lugar de exilio seguro. Tenían de su parte a un hombre ilustre entre aquellas gentes y también fiel a nosotros, llamado Boyocalo; recordaba éste que, durante la rebelión de los queruscos, había sido encadenado por orden de Arminio, que luego había militado bajo el mando de Tiberio y de Germánico, y que a sus cincuenta años de obediencia se sumaba además el mérito de haber puesto a su pueblo bajo nuestra hegemonía. ¿Qué inmensas campiñas se dejaban de baldío para que de vez en cuando cruzaran por ellas las manadas de ganado menor y mayor del ejército?. Bien está - añadía - que reserven refugios para los rebaños en medio de hombres hambrientos, pero no que prefieran la destrucción y la soledad a la amistad de los pueblos. Los camavos habían poseído en otro tiempo aquellas labranzas, luego los tubantes y después los usipos. Lo mismo que el cielo había sido confiadas al género humano, y las que estaban vacías eran propiedad pública. A continuación, mirando al sol e invocando a los demás astros, les preguntaba, como si los tuviera delante de él, si querían contemplar un suelo despoblado; sería preferible que hiciesen desbordarse el mar, anegando a quienes usurpaban las tierras.
Conmovido por estas palabras, Avito declaró que había que soportar el poder de los mejores; esos dioses a los que imploraban habían querido que poseyesen los romanos la libertad de dar y de quitar, sin tolerar otros jueces que ellos mismos. Esto respondió en público a los ampsivarios, pero a Boyocalo, en recuerdo de su amistad, prometió darle tierras, ofrecimiento que rechazó por considerarlo el precio a su traición, agregando: "Puede faltarnos una tierra en que vivir, pero no una en qué morir". De este modo, con ánimo hostil por ambas partes, se separaron. Áquellos llamaron a los bructeros, téncteros e incluso a pueblos más alejados como aliados para la guerra. Avito, después de escribir a Curtilio Mancia, legado del ejército superior, que atravesara el Rin y mostrara sus armas al enemigo por la retaguardia, condujo las legiones al territorio de los téncteros, amenazándoles con el exterminio si no abandonaban aquella causa. Así que, al desistir éstos, con igual advertencia se logró disuadir a los bructeros; y cuando los restantes pueblos también rehuyeron los peligros de una lucha ajena, el pueblo de los ampsivarios, al quedarse solo, se retiró a la región de los úsipos y tubantes. Expulsados de aquellas tierras, tras dirigirse a las de los catos y luego a las de los queruscos, al cabo de largo peregrinaje, convertiros en extranjeros, mendigos, enemigos en tierra ajena, los jóvenes fueron aniquilados y los que por su edad no podían luchar fueron repartidos como botín".
Tácito. Anales, XIII, 55- 56
martes, 6 de noviembre de 2012
GERMANIA DE TÁCITO (y XVII)
46 Ésta es el confín de Suevia. No sé si incluir entre los germanos o los sármatas a los pueblos de los peucinos, vénedos y fenos; aunque los peucinos, a los que algunos llaman bastarnas, actúan como los germanos en lengua, costumbres, asentamientos y modo de construir sus casas; la suciedad es patrimonio de todos, y la indolencia lo es de los notables; a causa de enlaces matrimoniales con los sármatas acaban por adquirir un aspecto desagradable, parecido al de éstos.
Los vénedos han tomado mucho de sus costumbres, pues recorren saqueando todo el territorio de bosques y montes que se levanta entre peucinos y fenos. A éstos, en cambio, se los cuenta más bien entre los germanos, porque fijan sus domicilios, llevan escudos y les gusta utilizar las piernas con rapidez, todo lo cual es diferente de los sármatas, que viven en carros y caballos. Hay en los fenos un salvajismo asombroso y una pobreza detestable: ni armas, ni caballos, ni hogares; hierba para alimentarse, pieles para vestirse, el suelo para dormir: toda su esperanza en las flechas, que, a falta de hierro, llevan un hueso afilado en la punta. La caza proporciona alimento lo mismo a hombres que a mujeres, pues éstas les acompañan a todos los sitios y reclaman su parte en el botín. Los niños no tienen otro refugio frente a las fieras y lluvias que la cubierta de ramas entrelazadas; allí acuden también los jóvenes y es protección para los ancianos. Pero piensan que así y todo es mejor que sufrir en los campos, trabajar en las casas y mantener siempre expuestas sus propias fortunas y las ajenas entre la esperanza y el miedo. Tranquilos de cara a los hombres y los dioses, han conseguido algo muy difícil: no echar en falta ni siquiera el deseo.
Lo demás es ya legendario: que los helusios y oxiones tienen rostro y rasgos humanos y miembros de animales. Lo dejamos en el aire, como algo no comprobado.
lunes, 5 de noviembre de 2012
GERMANIA DE TÁCITO (XVI)
44 A partir de aquí comienzan los estados de los suyones, en el mismo Océano, que basan su poderío en su flota, aparte de hombres y armas. La forma de sus naves se distingue por tener proa en los dos extremos, con lo que disponen siempre de un frente apto para el abordaje. No maniobran con velas ni incorporan a sus costados filas de remos; el aparejo va suelto, como en algunos ríos, y se puede enfilar en una dirección u otra, según la circunstancia lo requiera.
Tienen en gran consideración la riqueza y por eso manda uno solo, sin ninguna traba, y están obligados a obedecerle sin reservas. No tienen sus armas a la disposición de todos, como el resto de los germanos, sino guardadas y con vigilante, precisamente un esclavo, porque el Océano impide las incursiones repentidas de enemigos y, en cambio, una tropa de hombres armados puede provocar fácilmente desórdenes; en realidad, el no poner al cuidado de las armas a un noble, un libre o siquiera un liberto redunda en interés del rey.
45 Tras los suyones hay otro mar: en calma, casi inmóvil; se cree que rodea y clausura el orbe de las tierras, porque el último resplandor del sol al ponerse dura hasta el amanecer, y tan brillante que difumina las estrellas. La credulidad añade que se puede escuchar su sonido al emerger y que se ven las figuras de sus caballos y los rayos de su cabeza. Hasta aquí, y sólo en eso son ciertos los rumores, llega el mundo.
Y bien, la costa derecha del mar suevo baña a los pueblos estíos, que tienen los ritos y costumbres de los suevos; la lengua está más próxima a la británica. Veneran a la madre de los dioses. Como distintivo de su religión, portan amuletos en forma de jabalíes. Esto asume el papel de las armas y de la protección de los hombres, y proporciona seguridad al devoto de la diosa, aún en medio de los enemigos. Es raro el uso del hierro, frecuente al de palos. Cultivan el trigo y otros productos con una paciencia inhabitual en la desidia característica de los germanos. Pero exploran también el mar y son los únicos que buscan el ámbar, al que llaman "gleso" y que recogen en las zonas de bajura y en la misma orilla. Pero no han investigado ni averiguado, como bárbaros que son, cual es su naturaleza y su proceso de formación; es más, durante largo tiempo yacía entre los demás residuos arrojados por el mar, hasta qué nuestra afición al lujo le dio fama. Ellos no lo utilizan para nada: se recoge en bruto, se transporta sin refinar y se extrañan cuando reciben dinero a cambio. Podría pensarse, no obstante, que es un exudado de los árboles, pues muchas veces dejan transparentar ciertos animales terrestres y también volátiles, que, engullidos en una sustancia líquida, quedaron aprisionados al solidificarse ésta. Tal como sucede en regiones apartadas de Oriente, donde los árboles destilan incienso y bálsamo, podría creerse que hay bosques y arboledas muy productivas en las islas y tierras del Occidente, con sustancias que, exudadas y licuadas por los cercanos rayos del sol, van a parar al mar próximo y, por la fuerza de las tempestades, terminan depositándose en las costas de enfrente. Si se intenta averiguar la naturaleza del ámbar aplicándole fuego, arde como una tea produciendo una llama grasienta y olorosa; acto seguido se reblandece, como la pez o la resina.
Los pueblos de los sitones siguen a los suyones; semejantes en todo, se diferencian sólo en que reina una mujer: en tan gran medida degeneran no sólo respecto de su libertad, sino hasta de la misma esclavitud.
lunes, 29 de octubre de 2012
GERMANIA DE TÁCITO (XIV)
39 A los semnones los tienen por los más antiguos y nobles de los suevos, y la creencia en tal antigüedad queda confirmada por su religión. En una epoca fija se reúnen a través de embajadas las tribus de igual denominación y de la misma sangre en una selva consagrada por los augurios de los antepasados y por un miedo arraigado, e, inmolando oficialmente a un hombre, celebran los horribles preámbulos de su bárbaro rito. Existe otra manifestación de temor hacia el bosque sagrado: nadie entra en él a no ser atado, para demostrar su inferioridad y subordinación al poder de la divinidad; si por un azar llega a caer, no se permite levantarlo ni que se incorpore; tiene que salir revolcándose. Todas estas supersticiones se dirigen a lo mismo, afirmar que allí está el origen de la nación, allí el dios señor de todo, y que lo demás está sometido y le obedece.
La riqueza de los semnones aumenta su prestigio; habitan en cien poblados, y este potencial humano hace que se crean la cabeza de los suevos.
40 Lo exiguo de su población, por el contrario, es lo que ennoblece a los longobardos: rodeados por numerosas y potentes naciones, se mantienen incólumes combatiendo y arrostrando peligros, no por pactos de obediencia. A continuación, protegidos por ríos o selvas, están los reudignos, los aviones, los anglios, los varinos, los eudoses, los suarines y los nuitones. Nada notable hay en cada uno de éstos, excepto que rinden culto común a Nertho, es decir, a la Madre Tierra, y piensan que interviene en los asuntos humanos y que se traslada de pueblo en pueblo. En una isla del Océano hay un bosque santo y en él un carro consagrado cubierto con un velo. Sólo se permite tocarlo a un sacerdote. Éste siente la presencia de la diosa en el santuario y, con gran veneración, acompaña a aquélla, que va conducida por un tiro de vacas. Los días son alegres entonces, y festivos los lugares a los que se digna acudir y alojarse.
No emprende guerras, no toman las armas, que permanecen todas clausuradas. Sólo entonces se conoce la paz y el sosiego, y se les aprecia, hasta que el mismo sacerdote devuelve al templo a la diosa, saciada ya de su contacto con los mortales. Instantes después se lavan en un lago retirado el vehículo, el velo y, si se quiere creer, la misma divinidad. Cooperan unos esclavos, a los que engulle inmediatamente el mismo lago. De aquí el antiguo terror y la santa ignorancia respecto de aquello que sólo ven los que al punto han de morir.
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sábado, 27 de octubre de 2012
GERMANIA DE TÁCITO (XII)
34 Los dulgubnios, los casuarios y otros pueblos menos conocidos cierran por la espalda a los angrivarios y camavos; los frisios los limitan por la parte frontal. La denominación de frisios mayores y menores proviene de su diferente potencial. Ambas naciones se hallan bordeadas por el Rin hasta llegar al Océano y abarcan también inmensos lagos, surcados incluso por flotas romanas. Es más, por esa zona hemos explorado el mismo Océano. La fama ha divulgado que subsisten todavía las columnas de Hércules, bien porque estuvo Hércules allí, bien porque parecemos estar de acuerdo en atribuir a su gloria todo lo que de grandiosos haya en cualquier parte. Y no le faltó audacia a Druso Germánico; sino que el Océano impidió sus indagaciones sobre él y sobre Hércules. Nadie lo intentó con posterioridad; y ha parecido más piadoso y reverente creer en los hechos de los dioses que conocerlos a ciencia cierta.
35 Hasta aquí nuestras noticias sobre Germania en su parte occidental. Luego se desvía hacia el Norte formando un gran arco. Lo primero que encontramos es la nación de los caucos, que, aunque comienza a partir de los frisios y ocupa parte de la costa, se extiende a lo largo de los flancos de todos los pueblos que acabo de citar, hasta alcanzar el país de los catos, formando un entrante. Tan inmensa extensión de tierras no sólo la ocupan, sino que la abarrotan los caucos, el más noble pueblo entre los germanos y que prefiere defender su grandeza con la justicia. Sin ambiciones ni violencias, en paz e independientes, no provocan guerra alguna, no saquean ni se dedican a robos ni a rapiñas. La mejor prueba de su valor y fuerza es que no pretenden mantener su superioridad con la injusticia. Sin embargo, todos tienen sus armas dispuestas y, si la situación lo requiere, un ejército de muchos hombres y caballos. Su fama es la misma cuando están en paz.
36 En el costado de los caucos y de los catos, los queruscos, al no ser hostigados, alimentaron una paz excesiva y enervante. Y esto fue más agradable que tranquilizador, porque en medio de ambiciosos y potentes la seguridad que se mantiene es falsa; cuando la violencia aparece, la moderación y la honradez son conceptos que se apropia el vencedor. Así, a quienes antes se llamaba los buenos y justos queruscos, ahora son tachados de indolentes y necios. La fortuna se convirtió en sabiduría para sus vencedores los catos. Arrastrados por la ruina de los queruscos, también los fosos, pueblo vecino, participan de su desgracia, aunque en los tiempos felices habían sido inferiores.
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