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domingo, 30 de noviembre de 2025

VENECIA, LOS MONGOLES Y LOS VIAJES DE LOS POLO.

 


 

 Una de las aventuras maravillosas que más me fascinaron durante mi infancia, y que me hizo soñar con países exóticos, travesías por desiertos y viajes inolvidables llenos de peligros, fue la vida de Marco Polo. Todo comenzó con un regalo de cumpleaños, un bonito cómic, lleno de dibujos y colores, donde se narraba su epopeya. Estas historias alimentaron mi mente inquieta e imaginativa. En la actualidad mi niño interior sigue iluminando al adulto que pretender entender los entresijos de la Historia. ¿Qué circunstancias hicieron posible ese maravilloso viaje?.


    La clave fue la creación del Imperio Mongol, que provocó importantes transformaciones en las rutas comerciales medievales. Las conquistas de Gengis Khan y de sus sucesores hicieron posible que hacia 1240, toda Europa Oriental y Asia, desde Wroclaw en Polonia hasta Pekín, capital de la China mongola, gozaran de una situación de estabilidad política conocida como Pax Mongólica. En este contexto los comerciantes occidentales podían transitar por las rutas y caminos que cruzaban este inmenso territorio sin correr ningún peligro. De esta manera, los mercaderes italianos, la vanguardia comercial europea, se vieron liberados de la dependencia de intermediarios, esencialmente persas, bizantinos y árabes, para acceder a los productos orientales, y pudieron empezar a comerciar directamente en los mercados del Lejano Oriente y de la India. 



    Sabemos que hacia 1260 el padre, Nicolo, y el tío Maffeo, de Marco Polo, gracias a esa seguridad de los caminos que mencionábamos, pudieron viajar desde una colonia veneciana que estaba situada en la costa del sudeste de Crimea hasta Saria, a orillas del Volga, y desde allí, a través del mar Caspio y de Bukhara hasta Shang-tu o Pekín. Una década más tarde, en 1269 se hallaban de vuelta en Acre, con un mensaje del emperador Kublai Khan para el Santo Padre de Roma, solicitando que le enviara misioneros cristianos a China. 


    La siguiente expedición, a la que se incorporó el joven Marco, de diecisiete años, partió en 1271, tomando una ruta diferente. Desde Venecia hasta Acre, de Acre a Ayas. A través de Yazd y Kerman, alcanzaron Ormuz, en el Golfo Pérsico. En Ormuz cambiaron de dirección, se dirigieron hacia el norte a través de Persia hasta Galkhi; atravesaron la meseta de Pamir, y continuaron por Kashgar, Yarkand y Khotan hasta un lugar próximo a Lop Nor. Luego cruzaron el temible desierto de Gobi hasta Su – Chow (Kinchüan) y Chang-an (Sian), llegando a Shang-tu en 1275.


    Allí fueron recibidos por Kublai Khan, quien en 1252 había conseguido el control de grandes áreas del Imperio Mongol y que desde 1279 y hasta su muerta en 1294, se convirtió en dueño de toda China, y de un vasto territorio que se extendía desde Corea hasta el desierto de Arabia y Polonia en Europa. El Gran Khan convirtió Pekín en la capital de este gigantesco imperio. Los Polo permanecieron varios años en la corte del emperador mongol que les pedía su consejo y no quería que regresaran a Italia. Durante los diecisiete años que la familia Polo permaneció en Asia se establecieron muchos lazos comerciales que ligaban Europa con el Extremo Oriente. 


    Lo Polo en su viaje de retorno siguieron la tradicional ruta por mar. Partieron de un lugar llamado Zaitun, tal vez Chin-Chian, en Fukien, y en el camino hacia Europa atravesaron Singapur, Malaca, las islas Nicobar, Ceylán y la costa de Malabar, hasta llegar a Ormuz en 1294. Desde Ormuz continuaron hacia el norte, alcanzando Tabriz, donde permanecieron nueve meses, y finalmente regresaron a Venecia a través de Trebisonda. A partir de estos momentos quedaban establecidos contactos más o menos directos con China y de este modo Europa consiguió franquear la barrera que habían establecido los árabes en el siglo VII y que se había mantenido hasta el XIII. Durante esta etapa de dominio mongol, la República de Venecia obtuvo la preponderancia sobre uno de sus principales rivales comerciales, la República de Génova, gracias a que supo, y fue capaz, de explotar mejor la ruta terrestre que terminaba en los establecimientos venecianos del mar Negro. Estas rutas terrestres, arterias por las que fluía un enorme caudal comercial, permanecieron abiertas desde la época de este viaje protagonizado por los Polo hasta la caída de la dinastía Yuan en 1368 (sustituida en China por los Ming) y las conquistas de Timur Lang – Tamerlán – que ocurrieron entre 1370 y 1390. 

miércoles, 7 de agosto de 2019

PEREGRINO ENFRENTADO A SÍ MISMO.




Desde el comienzo, como una metáfora de la vida, el Camino de pone a prueba. Siento que puedo conectar, de alguna manera, con los hombres y con las mujeres de antaño, aquellos que realizaban todos sus desplazamientos a pie. Legionarios romanos, herreros ambulantes, frailes mendicantes, arrieros, goliardos, peregrinos, anacoretas, los discípulos de Jesús, Marco Polo, los tuaregs a través del Sahara, mensajeros, caballeros andantes, miembros de la Santa Hermandad, estudiantes camino de la Universidad, reyes con su séquito, guardabosques, aguadores, pintores y escritores, emigrantes de toda condición, nuncios papales, obispos y prelados, actores, juglares y titiriteros, buhoneros, recaudadores de impuestos, inqusidores, hombres de fortuna, feriantes, cruzados, colonos, domadores de fieras, chalanes de caballos . . . todo el mundo se mueve, y todo el mundo mueve sus pies.

Veinte kilómetros de marcha dan para mucho; para estar bien, sufrir, desear llegar al destino, llorar y reir, ayudar y ser ayudado, soñar, pensar, padecer hambre y sed, desanimarse, disfrutar . . . todo a ratos, pensamientos y sensaciones que van y vienen, se suceden unas a otras, y en determinados momentos (sublimes) se solapan, se hacen una. Tiempo para encontrarse físicamente bien y tragar kilómetros. Tiempo de sozobra y tiempos de esperanza. Tiempos de ¿qué hago yo aquí? Y tiempos de lo conseguiré cueste lo que cueste. El camino exige un tributo, y tú lo pagas con esfuerzo y sudor, alguna ampolla y una eventual torcedura. La mayor parte del tiempo es mucho más físico que mental (la mente suele desconectar en los momentos más duros, los de mayor esfuerzo y fatiga física).


miércoles, 5 de junio de 2019

DON QUIJOTE POR EDUARDO GALEANO.




Marco Polo había dictado su libro de las maravillas en la cárcel de Génova.
Exactamente tres siglos después, Miguel de Cervantes, preso por deudas, engendró a don Quijote de La Mancha en la cárcel de Sevilla.
Y ésa fue otra aventura de la libertad, nacida en prisión.
Metido en su armadura de latón, montado en su rocín hambriento, don Quijote parecía destinado al perpetuo ridículo. Este loquito se creía personaje de novela de caballería y creía que las novelas de caballería eran libros de historia.
Pero los lectores, que desde hace siglos nos reímos de él, nos reímos con él.
Una escoba es un caballo para el niño que juega, mientras el juego dura, y mientras dura la lectura compartimos las estrafalarias desventuras de don Quijote y las hacemos nuestras. Tan nuestras las hacemos que convertimos en héroe al antihéroe, y hasta le atribuimos lo que no es suyo. Ladran, Sancho, señal que cabalgamos es la frase que los políticos citan con más frecuencia. Don Quijote jamás la dijo.
El caballero de la triste figura llevaba más de tres siglos y medio de malandanzas por los caminos del mundo, cuando el Che Guevara escribió la última carta a sus padres. Para decir adiós, no eligió una cita de Marx. Escribió: Otra vez siento bajo mis talones el costillar de Rocinante. Vuelvo al camino con mi adarga al brazo.
Navega el navegante, aunque sepa que jamás tocará las estrellas que lo guían.

Eduardo Galeano Espejos.
Una historia casi universal


viernes, 1 de septiembre de 2017

PEKÍN, CAPITAL IMPERIAL.



Pekín geográficamente está situada en la periferia (al norte) de la antigua civilización china. De hecho, la actual capital, surge como baluarte de los pueblos extranjeros que ocuparon el país entre los siglos X y XII (más o menos nuestra Edad Media). La dinastía Liao de los Kitan (907 – 1125) estableció aquí su capital meridional, una de las cinco que tenía el reino (como en la Europa feudal, una corte itinerante). Los miembros de la casa Jin, otra dinastía bárbara, intentó imitar el proyecto urbanístico de la capital de los Song septentrionales, Kaifeng.



Los mongoles conquistaron el norte de China y arrasaron Pekín. Cinco décadas más tarde Kublai Khan reconstruyó con esmero la ciudad para convertirla en su flamante capital (desde este momento ha sido capital prácticamente de modo continuo hasta el día de hoy). En este tiempo la Pax Mongólica era una realidad y a la suntuosa corte del Gran Kan llegó el intrépido mercader veneciano (¿tal vez croata?) Marco Polo.



Marco Polo llamó Cambaluc (para los mongoles Dadu) a la capital que estaba construyendo el Kan, más o menos en el centro de la actual Beijing. El inquieto mercader escribió lo siguiente sobre Cambaluc: Hay una multitud de casas entre el centro, la villa y los arrabales de esta ciudad; hay tantos arrabales como puertas, y en éstos vive tanta gente como en la ciudad. En ellos se hospedan los mercaderes que vienen a sus negocios, y acuden en gran número a causa del Gran Khan, que hace que la ciudad sea un espléndido mercado. Los palacios en los arrabales y en la ciudad son también muy hermosos, pero no llegan al del Gran Khan. En la ciudad no se entierra a ningún hombre. Y a los idólatras los van a incinerar más allá de los arrabales; allí también dan enterramiento a los demás muertos. En el recinto de la ciudad no puede vivir ninguna pecadora o mujer de malas costumbres; son las damas del gran mundo quienes sirven a los hombres por dinero, y aun éstas viven en los arrabales. Eso sí, allí las hallaréis en gran número: hay 20.000 cortesanas que mercan sus favores. Y son muy necesarias por el tráfico inmenso de la ciudad. Podréis daros cuenta de la cantidad de gente que reside en Cambaluc y pasa por ella, por el número crecido de sus meretrices. En Cambaluc se mercan los objetos más raros y de más valor. Primeramente, de las Indias vienen cargamentos de alhaites, piedras preciosas, perlas finas, joyas y preseas; son traídas a esta ciudad. De la provincia de Catai y de los demás reinos afluyen todas las mercaderías. Naturalmente que esto sucede por la gran cantidad de compradores y de gente allí reunida en la corte del Gran Khan, por los huéspedes ilustres, las damas, sus barones y dignatarios y por lo que compra el gran señor. Cada día entran más de 1.000 carretas de sederías o de ingredientes para fabricarlas, porque en Cambaluc se teje el paño de oro, las bayetas de seda, los grodetures y tafetanes. En los alrededores de la ciudad hay otras pequeñas villas que viven todas de lo que compra la capital.



Los soberanos Ming, en especial del emperador Yongle, embellecieron la ciudad y reforzaron su papel de capital del Reino.



Entre la bruma y la contaminación, el cielo pekinés aparece siempre cubierto por una densa nube que provoca en la ciudad un aspecto plomizo. Los rascacielos esconden sus vergüenzas detrás de este telón gaseoso.


La Plaza Tianamen, o Plaza de la Paz Perpetua, es el epicentro neurálgico de Pekín.




El mastodóntico mausoleo de Mao Tse Tung.


El monumento a los héroes del pueblo se alza en el centro de la inmensa plaza. 


China enfrentada a sí misma; un socialismo que nadie se cree y un capitalismo agresivo. Enorme, descomunal, gigantesca. Frente a frente, Ciudad Prohibida y Mausoleo de Mao, tercer fundador de China tras Huang Ti y el doctor Sun Yan Set.


La ciudad prohibida, una ciudad dentro de la ciudad, era un inmenso conjunto palaciego donde transcurría la vida del emperador, acompañado de su familia, su corte, las concubinas y los numerosos funcionarios. Durante siglos ningún ciudadano pekinés pudo entrar aquí.


Fosos, torres y murallas separaban a los emperadores (y su corte) del molesto populacho


El pueblo chino derrocó al imperio de los dos milenios. Nacionalistas y comunistas expulsaron a los japoneses de su territorio patrio y tras el final de la Segunda Guerra Mundial se enfrentaron en una cruenta guerra civil. En 1949 nace la República Popular China. La Ciudad Prohibida, residencia y símbolo de los emperadores, sin embargo, sigue intacta. Eso sí, bendecida por el propio Mao Tse Tung.



Hutongs es el nombre que reciben los tradicionales barrios del centro histórico de la ciudad.


Junto al lago Houhai se encuentra uno de esos Hutongs alrededor de la pintoresca Yandai, la calle de los fumadores. 


La torre de la campana anunciaba la llegada de un nuevo día, y por tanto, del comienzo de la jornada laboral.



La torre del tambor señalaba el toque de queda al caer la noche. Inmediatamente después se cerraban las puertas de la ciudad.


Una mañana cualquiera en Pekín: contaminación, tráfico y gente, mucha gente por todos lados.


Los soberanos chinos mandaron construir el palacio de verano donde poder relajarse y alejarse de los mundanos asuntos de palacio. Esta residencia se sitúa al noroeste de Pekín.


Si los Borbones levantaron Versalles, los orgullosos emperadores Ming no se iban a quedar atrás y se regalaron un maravilloso lugar de recreo y descanso alrededor del plácido lago de Kunming, el Palacio de Verano.



El emperador Yongle, que también construyó la Ciudad Prohibida, levantó el templo del Cielo, el espacio religioso más destacado, visitado y mejor conservado de Pekín.



Al final nos hemos acostumbrado a llamarla Beijing, aunque en el fondo, siempre me resultará más bonito Pekín. Me ha sorprendido (gratamente) su modernidad y organización. Una metrópoli inmensa que se ha abierto a codazos un lugar entre las capitales mundiales más influyentes, en los ámbitos económico, diplomático y militar. Y en el futuro tendrá mucho que decir.


Beijing nocturno, nada que ver con un paraíso socialista, aquí están en venta hasta las siglas del partido.


La noche depara muchas sorpresas y abre sus puertas el mercado de lo exótico, donde se pueden degustar manjares como larvas de insecto, fetos de pájaros, estrellas de mar o los crujientes y sabrosos escorpiones fritos. Toda una experiencia.



Veinte millones de habitantes y varios siglos de historia. Bicicletas (con y sin motor), triciclos viejos que te llevan y te traen por las callejuelas del casco histórico. Pequeños bazares y tiendas de barrio donde puedes comprar (y regatear) casi cualquier cosa. Pekín es una ciudad mastodóntica, moderna, pero nada cosmopolita. No es habitual encontrar extranjeros, salvo los eventuales turistas y algunos hombres de negocio. Y ese es uno de sus grandes atractivos.




martes, 11 de febrero de 2014

BASCARSIJA, EL BAZAR DE SARAJEVO.



Bascarsija es el nombre del bazar turco otomano musulmán de Sarajevo la capital de Bosnia, uno de los lugares más encantadores y pintorescos de la ciudad situado al norte del río Miljacka. Bascarsija data del siglo XV, cuando Isa Beg Isakovic fundó Sarajevo en 1461. Desde el mismo momento de su fundación Sarajevo comenzó un espectacular y florecimiento que le llevo a convertirse en la ciudad más importante de los Balcanes, y la segunda del Imperio Otomano tras su capital Constantinopla.


La capital de Bosnia es conocida como la "Jerusalén de Europa" debido a su tradicional diversidad religiosa: musulmanes, católicos, judíos y ortodoxos llevan conviviendo durante siglos en esta población. 


En Sarajevo el Centro de Europa se abraza al Mediterráneo y el Oriente Islámico se da la mano con el Occidente Cristiano.


De Occidente a Oriente, jugando a ser Marco Polo, seguir los pasos de los exploradores que abrieron estos caminos, mercaderes que crearon estas rutas, pioneros que fueron los primeros en ver estos lugares con sus propios ojos. No me preocupa no ser el primero, me importa poder viajar, poder llegar a todos los sitios, y volver a llegar una, y otra, y otra vez y recorrer la mundo con una mochila a la espalda. Conocer, andar, escribir y vivir . . . 
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