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lunes, 21 de enero de 2019

MOSAICO DE ORFEO.



El trágico Orfeo, acompañado de su inseparable lira, era capaz de encandilar a los animales con su dulce voz. 


El mosaico, descubierto en la década de los '80 en la ciudad de Mérida, presenta múltiples y variados temas: vendimia, lucha, un cuadro de carácter báquico, caza del ciervo, disputa de los pigemos y las grullas y como motivo central (y principal) la representación de Orfeo, el legendario cantor tracio rodeado de animales.


martes, 4 de julio de 2017

REQUILA, REY DE LOS SUEVOS.



Ambicioso rey de los suevos de Galicia, seguidor de la ancestral religión pagana nórdica. Requila dirigió campañas militares con el objetivo de expandir los límites de su reino, intervino en Lusitania y en la Bética, conquistó Mérida y Sevilla, y bajo su férreo puño el poder suevo alcanzó su cénit en Hispania. Derrotó a las topas romanas de Vito que habían llegado a Hispania a poner las cosas en orden.


Contrario a los católicos y muy agresivo contra los hispanorromanos se asoció con los bandoleros bagaudas, a los que utilizó como si fuesen corsarios. Al parecer sentía cierta simpatía por ciertas tendencias heréticas que intentaron revivir el priscilianismo en los alrededores de Astorga. Murió en 448.  

miércoles, 17 de febrero de 2016

ZAFRA, CAPITAL DE LA BAJA EXTREMADURA.



Zafra, entre Andalucia y los límites de la Meseta, lleva siglos ejerciendo funciones de auténtica capital de la Baja Extremadura. Desde aquí, los Señores de Feria (condes y duques) controlaron un próspero dominio y convirtieron Zafra en un destacado punto de referencia comercial, con la celebración de ferias y mercados. A escasos kilómetros de las comarcas serranas, Zafra reina sobre la verde llanura pacense.


El Palacio de los Duques de Feria (antes alcázar), la Colegiata y las dos plazas porticadas son los hitos arquitectónicos de esta ciudad.


Zafra actual es la superposición termporal de tres ciudades. Una romana (Restituta Iulia Imperial) colocada estratégicamente en la vía que unía dos capitales (provincial/conventual), Emerita Augusta e Híspalis. Una árabe, Safra (o Cafra) de la que procede el nombre actual, y que fue tomada por el leonés Alfonso IX e incorporada definitivamente en 1241 por San Fernando. Una villa bajomedieval, fronteriza, ganadera y dedicada al comercio, famosa en toda la región por sus ferias.

Reyes y reinas Trastámara, mediante nobles y caballeros afines, concedieron a Zafra un papel protagonista en la historia del espacio geográfico donde se ubica. A finales del siglo XIV (1394) Zafra se convierte en el núcleo principal del Señorío de Feria (condado con Enrique IV y ducado por deseo expreso de Felipe II), que pertenecía a la Casa de los Suárez Figueroa, tras cesión de Juan II a Gómez I Suárez de Figueroa. Precisamente los miembros de esta familia acometieron el engrandecimiento y embellecimiento de Zafra, la hicieron prosperar, patrocinaron sus célebres ferias de ganado y la amurallaron.

En la Guerra de Sucesión Castellana, un conflicto que golpeó a todos los territorios de la corona castellana, y en el que cada cual tuvo que tomar partido por uno de los bandos enfrentados, los señores de Zafra apoyaron sin titubeos a Isabel la Católica, a la postre vencedora y reina. Agradecida, la reina Isabel concedió gracias mil y ratificó los derechos de comercio y de celebración de la Feria de Ganado. Un ilustre personaje nacido aquí, Hernando de Zafra, fue consejero de Isabel y secretario de los Reyes Católicos durante la Guerra de Granada.


El desarrollo urbanístico (y arquitectónico) de Zafra debe mucho (como hemos señalado) a los Señores de Feria. En 1437 Lorenzo II Suárez de Figueroa inició la construcción del alcázar, convertido con el tiempo, en el edificio civil más emblemático de la población. Poco a poco y en sus inmediaciones se irían trazando calles y callejuelas, plazas y caseríos. También acometió el amurallamiento de la ciudad, decisivo (e imprescindible) debido a la situación de Zafra en una llanura y la inexistencia de defensas naturales.




Muy cerca del palacio-alcázar se encuentra el convento de Santa Clara, antiguamente monasterio de Santa María del Valle de la Orden de Santa Clara, fundado en 1428 por Gómez I y su esposa Elvira Laso de Mendoza (padres del citado Lorenzo II) con la intención de utilizarlo como panteón familiar.


Lorenzo II, auténtico mecenas de Zafra, ordenó en 1442 la construcción del Hospital de Santiago, que luce una fachada de estilo gótico florido para atender a los más necesitados.


La iglesia parroquial de la Candelaria, de mediados del siglo XVI, y convertida en Colegiata a principios del siglo XVII pasa por ser el edificio religioso más importante de Zafra.


Las murallas de la ciudad contaban con ochos puertas, algunas de ellas con una suave tendencia a la monumentalidad (no es el caso de la fotografiada).



La sede del ayuntamiento es un edificio clásico situado en la plaza del Pilar Redondo, que fue desde el siglo XVI y hasta el año 1824 Convento de la Cruz.


Lo más sobresaliente del edificio es el claustro conventual de dos niveles.


La Plaza Chica es, probablemente, el rincón más bonito y sugerente de todo el casco antiguo de Zafra. Un espacio porticado, rodeado de centenarias casas de dos y tres plantas, funcionó durante siglos como un pequeño centro comercial, donde abrían sus puertas comercios, fondas y posadas.

Desde el siglo XIV la Plaza Chica funcionó como centro de la villa medieval, sede del concejo municipal y plaza del mercado.


Terminó la Edad Media y Zafra continuó su inevitable crecimiento, y es en esos momentos, siglo XVI, cuando se construye la plaza mayor, sobre los restos del atrio y cementerio de la antigua iglesia de la Candelaria. Cuando se derribe la iglesia la Plaza Grande surge como nuevo espacio social y económico de la ciudad. Con el paso de los años, el centro neurálgico de Zafra basculó de la Plaza Chica a la Plaza Grande, que pasó a ser punto de encuentro y reunión de vecinos y mercaderes. Durante un tiempo incluso albergaba los festejos taurinos. 


A partir de la Edad Media podemos considerar a Zafra el centro urbano más destacado e influyente de la Baja Extremadura, una época en que comenzó a despuntar por su actividad artesanal y el prestigio de sus mercados (dos actividades esencialmente burguesas). De esta forma, y al menos desde finales del siglo XV, se celebra la afamada feria de ganado coincidiendo con la festividad de San Miguel. Como recuerdo de aquellas ferias medievales se celebra la Feria Regional del Campo Extremeño y Feria Internacional Ganadera.



Tras pasear por la historia de Zafra, admirando su arquitectura y legado histórico, no podemos dejar pasar la oportunidad de disfrutar de su gastronomía; vinos, quesos y jamones. Una sugerencia, La Tarama, su dueño Manuel Bellido, enamorado y conocedor de las riquezas gastronómicas de su tierra, es un auténtico crack en todos los sentidos....  


lunes, 15 de febrero de 2016

RELIEVE DEL LAUREL.



Relieve procedente de Emerita Augusta con representación de un árbol que parece ser un laurel, con pajarillos que intentan revolotear entre sus ramas. Bajo su tronco repta una serpiente. Si fuese de otra época y lugar podríamos pensar en el Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal y el maligno metamorfoseado en serpiente.  

sábado, 6 de febrero de 2016

ESCULTURA DE SERAPIS.



La escultura del dios Serapis, interpretado como Plutón, señor del inframundo, fue tallada en el siglo I d.C. y adornaba el frente escénico del teatro romano de Emérita Augusta. A Serapis, cuyo culto se extendió por Grecia, Egipto y Roma, se le relacionaba con la salud y se le atribuían curaciones milagrosas.  

martes, 15 de diciembre de 2015

MÉNSULA TAURINA.



El Toro es el animal simbólico del Mediterráneo por excelencia, por tanto no es de extrañar que los ciudadanos de Emerita Augusta decidieran esculpir esta ciclópea ménsula que formaba parte del foro municipal.  


jueves, 13 de agosto de 2015

CABEZA DE SERAPIS.



Divinidad sincrética de origen egipcio, que extendió su poder a otras zonas del Mediteráneo, al tiempo que iba adquiriendo nuevas atribuciones. Esta cabeza, del siglo I d.C., se expone en el Museo Nacional de Arte Romano de Mérida.  

viernes, 7 de agosto de 2015

GENIO DE LA COLONIA.



Divinidad tutelar de la colonia Emerita Augusta que estaba situada en el Foro Municipal. Está datada entre finales del siglo I d.C. y comienzos del siglo II d.C.

jueves, 4 de junio de 2015

ANFITEATRO ROMANO DE EMERITA AUGUSTA.



Hace dos mil años rugían los estadios jaleando a sus ídolos. En esos campos de la muerte no había ni balones, ni porterías, ni césped, solo acero, dolor y sangre. No obstante, imagino que el fanatismo y la función pública poco debían diferir de los deportes de masas actuales. Al fin y al cabo, fueron los romanos los que inventaron aquello de Pan y Circo.

La construcción del coliseo emeritense se planificó de manera conjunta al teatro, iniciándose las obras pocos años después. A partir de unas inscripciones halladas en su interior, sabemos que el edificio se inauguró en el año 8 a.C. Emérita Augusta comenzaba a ser una gran ciudad, aunque en estos momentos ya era la capital administrativa de la provincia Lusitania, antigua patria del famoso bandolero Viriato.


En la arena del anfiteatro, al igual que sucede en la actualidad en las Plazas de Toros, se celebraban combates a muerte; juegos de gladiadores o combates entre hombres (normalmente vencedores) y animales, conocidos como venetiones. Sin lugar a dudas, pasaban por ser los espectáculos preferidos por el público.


Con el triunfo del Cristianismo, el anfiteatro fue abandonado, y parte de la estructura arquitectónica fue quedando oculta bajo tierra, mientras que las zonas que no fueron sepultadas, se utilizaron como cantera para realizar otras obras.

Durante mucho tiempo el edificio se denominaba Naumaquia, en la suposición que en el recinto se celebraban batallas navales (naumaquias), pero las campañas arqueológicas iniciadas en la década de los '20 del siglo XX, subsanaron el error.




El anfiteatro estuvo rodeado por una calle que se adaptaba a la forma curva del edificio, en uno de cuyos laterales se levantaba una acera porticada.


Los albañiles romanos utilizaron opus caementicium (hormigón) a base de cal, cantos y arena del río, para construir el núcleo sólido del anfiteatro. Poco podían imaginar esos esforzados trabajadores que dos milenios después su obra permanecerían en pie, siendo además, admirada por la gente del futuro.



El graderío - cavea - se construyó en parte sobre la misma colina que el teatro. El acceso a esta zona se podía realizar a través de alguna de las dieciséis puertas abiertas a lo largo del perímetro de la fachada. La más importante se situaba en el extremo del eje occidental. El graderío se divide en tres sectores, ima, media y summa cavea, inferior, media y superior.

En los extremos del eje menor del edificio, sobre las mismas gradas, se construyeron dos tribunas, lo que vienen a ser palcos de honor, enfrentados, una reservada a las autoridades y la otra para la persona que financiaba el espectáculo.



La Tribuna de Editores, era el lugar que ocupaba el magistrado o particular que sufragaba los gastos del espectáculo. La inscripción en latín y grabada en el dintel de granito hace referencia a la conmemoración de la construcción del teatro.

Algunos restos hacen suponer la existencia de otros dos palcos de honor situados sobre cada una de las dos puertas de acceso a la arena, que se abren en ambos extremos del eje mayor.




A través de este pasillo, mediante escaleras, se accedía a las gradas media y superior. El uso del ladrillo facilitó su forma abocinada hacia el interior.

Este anfiteatro se construyó bajo el mandato de Augusto, que asignó las gradas más altas (el gallinero) a los esclavos y los pobres, el escalón más bajo de una opulenta y decadente sociedad romana. A diferencia del teatro, aquí, en el anfiteatro, damas y caballeros podían sentarse juntos para disfrutar del espectáculo.

La arena, que tiene forma de elipse (64'5 metros en su eje mayor y 41'2 en el eje menor) , era la zona donde se desarrollaba el espectáculo. Un alto y robusto podio, que servía para proteger al público, separa la arena del graderío. Este muro estaba recubierto de mármol y rematado por una cornisa.



En esta zona estaban situadas las pinturas murales referentes a los espectáculos circenses y que se conservan en el Museo Nacional de Arte Romano.



La gran fosa en forma de cruz que se abre en medio de la arena, estaba cubierta por un entarimado de madera, y su interior debía utilizarse para almacenar las jaulas de las fieras y el atrezzo escénico.


A los lados de las galerías que atraviesan las gradas por el eje mayor, se abren dos habitaciones, el lugar donde los gladiadores se preparaban para el combate. De escasa altura, el gladiador debía agacharse antes de saltar a la arena.



Una de estas habitaciones, situada en la galería norte, estaba dedicada al culto de la diosa Némesis. Los gladiadores se encomendaban a este deidad de origen griego de la venganza, pero también de la justicia y la fortuna. Antes de saltar a la arena le dedicaban un oración, "A Némesis para que salga con los mismos pies con los que he entrado".



La inscripción reza lo siguiente: "Dedicado a la invicta diosa Némesis Celeste por Marcus Aurelius Felicius romano que cumplió su promesa de buen grado".



En el anfiteatro de Mérida, a través de una de las grandes puertas monumentales se iniciaba el desfile que inauguraba los juegos, mientras que los gladiadores triunfadores, los que cortaban orejas y rabo, salían en volandas por una especie de Puerta Grande, situada justo enfrente de la puerta de entrada. La tercera de las entradas monumentales era utilizada por las autoridades.



Los combates en pareja, o en grupo, solían celebrarse por la tarde, como el fútbol y los toros. Un árbitro, ayudado por un auxiliar, hacía cumplir las reglas de la lucha y si era necesario, empleaba una vara para poner orden.

La música era un elemento fundamental para marcar las fases del espectáculo, que solía comenzar con un duelo entre dos jinetes a caballo, para que después pasasen a combatir el resto de gladiadores, según las armas y la experiencia.

Se conocen más de quince tipos diferentes de gladiadores caracterizados por su armamento y su forma de lucha. Generalizando es posible distinguir dos grandes grupos de gladiadores, aquellos fuertemente armados con un equipo pesado, y los que armados a la ligera, sacrificaban los aspectos defensivos en favor de una mayor movilidad. Entre los tipos más frecuentes y populares en la Hispania romana, tenemos a los que siguen.


El retiarius intentará inmovilizar a su contrincante, un secutor, lanzándole una red de tres metros que llevaba atada a la muñeca, para después trincharlo con un tridente, y si es necesario rematarlo con una daga. Esta misma daga le servía para cortar la red de su muñeca en caso de necesidad. Un largo brazalete que se prolongaba sobre el hombro le protegía uno de los brazos.


El secutor, o perseguidor, iba bien pertrechado, protegido con casto y gran escudo para soportar las embestidas del tridente. El caso carecía de viseras y adornos para evitar que la red del retiarius se enganche. Su arma de ataque era una espada muy similar a la que utilizaban los soldados de la legión. Buscaba la lucha cuerpo a cuerpo, donde podía sacar ventaja de su superioridad armamentística, aunque el pesado armamento dificultaba sus movimientos. Unos movimientos que irían siendo torpes conforme el cansancio y la fatiga atacasen el cuerpo del secutor.


El venator, aunque no era propiamente un gladiador, participaba también en los juegos. Su especialidad, la cacería de animales salvajes. Su entrenamiento incluía diferentes artes cinegéticas: el tiro con arco, la jabalina y el venablo. En la arena de Mérida las piezas más frecuentes eran jabalíes, ciervos y toros.


El nombre "dimachaerus" significa en griego, el que utiliza dos cuchillos. Su cabeza estaba cubierta por un casco, las piernas con espinilleras y el torso por una cota de malla metálica. Armado con daga o espada corta, su especialidad era la lucha cuerpo a cuerpo.


El tracio presenta un casco adornado con un grifo, se protege con un pequeño escudo o rodela, y se arma con una espada corta de hoja curvada. Sus rivales más habituales eran el myrmillo y el hoplomachus.


La cresta sobre su casco es el identificativo del myrmillo, un luchador que cubría su brazo derecho con un brazalete y la pierna izquierda con un espinillera corta. Se protegía desde las rodillas hasta la barbilla con un gran escudo rectangular que utilizaba para empujar a su oponente y atacarlo con una espada corta.


Hoplomachus deriva del griego y significa "el que lucha con armas". Su armamento y su forma de combatir imitaba al hoplita griego. Portaba lanza, espada corta y utilizaba varios elementos de protección; casco, espinillera y escudo (hoplón). Su adversario solía ser el mirmillo, aunque también se han conservado escenas en que aparece combatiendo a un tracio.




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