Mujer de la nobleza
francesa que casada con Eduardo III, se convirtió en reina consorte
de Inglaterra. A pesar de su origen no llenó la corte inglesa de
extranjeros, aunque casi todo lo que conocemos de ella lo debemos a
la pluma del cronista Jean Froissart. Famosa por su bondad y buen
corazón, acompañó a su esposo en sus campañas en Escocia y
Flandes, y no dudó en suplicar a su esposo que perdonase la vida a
los “burgueses de Calais”.El rey emocionado ante el gesto de su
reina decide no ejecutar a aquellos hombres. Felipa dio la vida a
catorce hijos, entre ellos el malogrado Eduardo “el Príncipe
Negro”.
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miércoles, 8 de junio de 2016
domingo, 24 de mayo de 2015
PALAIS DES PAPES. EL PALACIO DE LOS PAPAS DE AVIGNON.
Un palacio que nada tiene que envidiar a ningún castillo. Sus altas murallas y recios torreones hacían de ésta, una plaza inexpugnable. Aunque el "pobre" Papa Luna , no pudo resistir y tuvo que huir de aquí.
He leído en algún
sitio que es la edificación medieval más grande de Europa. No sé
si es cierta tal afirmación, pero sus dimensiones son colosales.
Como escribió Jean
Froissart, "la más bella y fuerte casa del mundo". La
residencia pontificia es a la vez una palacio urbano y una fortaleza
cuya arquitectura expresa ante todo el poder, casi omnímodo, de la
Iglesia. Ofrece, como fortaleza, los elementos característicos de la
defensa, como torres, gruesas murallas, adarve, almenas y castilletes
donde se sitúan los centinelas.
Por otro lado existen
numerosos elementos que revelan el afán de los papas de Avignon para
dar forma a un palacio cómodo, agradable y suntuoso, sin menoscabo
del aspecto y la capacidad defensiva. En edificios como este, los
papas se adelantaron cien años, a los príncipes del Renacimientos.
Clemente V, que había
sido Arzobispo de Burdeos, con el apoyo del rey de Francia, Felipe el
Hermoso, decidió trasladar a Avignon la sede pontificia, iniciando
un periodo de ruptura religiosa en Occidente.
La construcción del
Palacio de los Papas constituye la obra más vasta del Occidente
Cristiano durante el siglo XIV. La parte esencia fue levantada en
menos de dos décadas, entre 1335 y 1352, bajo los pontificados de
Benedicto XII y Clemente VII.
La obra representó la
cuarta parte de los gastos anuales del tesoro pontificio y precisó
del trabajo de 850 trabajadores mensuales que eran contratados con
sus propias herramientas. La piedra caliza procedía de canteras
locales y el hierro, menos visible, fue el otro material más
empleado. Se utilizaron docenas de toneladas y se embutieron en las
mamposterías siguiendo la técnica de la piedra armada, raramente
empleada en la época.
Benedicto XIII, conocido
como Papa Luna, estuvo a la cabeza de una Iglesia dividida, y a pesar
de ser depuesto en dos ocasiones, se empeñó en seguir portando la
tiara. Encerrado entre estos muros fue capaz de resistir dos asedios,
hasta que en marzo de 1403 logra huir de la ciudad francesa, y tras
un periplo de itinerante, encontró refugio junto al mar, en el
Castillo de Peñíscola.
Estatuaria conservada en
una de las salas del complejo palaciego.
Los constructores del
Palacio de los Papas; Juan XXII, Benedicto XII y Clemente VI.
En este rellano, el
Papa, tras celebrar la misa en la Capilla Mayor, recibía la Tiara de
su Coronación.
A través de la Ventana
de la Indulgencia, situada frente a la Capilla Mayor, el Papa era
presentado a sus feligreses, que se concentraban en el Patio del
Honor.
La Catedral de la ciudad
se encuentra situada a escasos metros de la residencia fortaleza
pontificia.
Maqueta del conjunto
palaciego medieval.
El Conjunto Pontificio
sobresale del resto del entramado urbano y le otorga sobriedad y
belleza, además de articular la vida, a la ciudad de Avignon.
lunes, 21 de abril de 2014
JEAN FROISSART.
Mitad poeta, mitad historiador. Fascinado por el mundo cortesano y la vida caballeresca, gran parte de lo que conocemos de la Guerra de los Ciena años, se lo debemos a este cronista francés.
Sus escritos se centran en las Cortes Reales y en los hechos de armas, resaltando el valor en batalla, el elogio a nobles y reyes y describiendo las ceremonias. Por sus páginas desfilan todos los personajes destacados de la época, constituyendo un auténtico "quién es quién".
Jean Froissart era hijo de un artesano que pintaba escudos de armas y estandartes de las familias nobles, decidió ser clérigo y en 1361 se trasladó a la Corte Inglesa como secretaria de la reina Felipa de Henao, esposa de Eduardo III. Tras la muerte de su señora abandonó Inglaterra y regresó a su Francia natal.
A lo largo de su vida recorrió Escocia, Inglaterra, Gales, Francia, Italia, Flandes y la Península Ibérica, y es que no hay nada mejor como viajar para conocer y escribir. Froissart, que no pertenecía a la nobleza, nunca trabajó para nadie, y se dedicó a escribir lo que veía o lo que le habían contado, situándose como espectador de lujo de los acontecimientos de su época.
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