Hasta
Perpignan llegaban los españolitos para ver en pantalla grande, lo
que en la sufrida piel de toro, estaba prohibido proyectar. En
beneficio de la salud pública y moral de la reserva de Occidente.
Esa, y no otra, es la imagen que muchos tenemos de Perpignan. Pero
claro, han pasado cinco décadas y no existen ni fronteras, ni
dictaduras. Al menos por el momento.
Europa
es un mundo de ciudades, y los nacionalismos una prolongación de
estas. Cada barrio europeo presume de identidad y siempre estará
presto a contarle su historia, a todo aquel curioso que se acerque, y
preste oídos. Perpignan puede ser Francia, o puede ser Cataluña.
Pero en el fondo, como todas las ciudades, es mucho más que eso.
Tiene
sabor mediterráneo y aires pirenaicos, Perpignan, el corazón del
viejo Rosellón. Capital del Departamento de los Pirineos Orientales
en la histórica región de Occitania. Hasta la firma del Tratado de
los Pirineos, en 1659, formó parte de España. Una población de
frontera que bebe de múltiples influencias.
Gótico
flamígero y comercial. El edificio que hoy es sede de la oficina de
turismo, y vecino del ayuntamiento, nos transporta, en un maravilloso
viaje, a otro tiempo, cuando esto era la Lonja del Mar. Una
construcción típica del gótico mediterráneo del 1397 que seguía
los modelos arquitectónicos desarrollados en las prósperas ciudades
comerciales de la Corona de Aragón. Bajo sus arcadas los mercaderes
ofrecían sus mercancías y cerraban negocios rentables.
Y
que no se nos olvide nunca el principal legado que ofreció al mundo
el pueblo francés.
Relieve
de San Juan Bautista, en la fachada de la Lonja el Mar, sede del
Consulado del Mar, en la calle de los mercaderes. La burguesía
comercial terminó imponiendo sus valores y su sistema económico a
partir de la Baja Edad Media.
La
carabela, y la coca, dos tipos de embarcación, son símbolos de una
época, del comercio medieval mediterráneo (y también atlántico y
báltico) y de la Era de los Descubrimientos que comenzó poco
después de que el gran cañón de Metmeth II hiciese saltar por los
aires las defensas ciclópeas de Constantinopla. Mientras tanto, en
esta parte del mar Mediterráneo, ya se estaban preparando para el
definitivo asalto al desconocido Océano Atlántico.
Desde
el final de la Edad Media, la plaza de la catedral, se convirtió en
el centro que articula la zona residencial más importante de la
ciudad.
Acabó
el románico y todo se llenó de luz. Y no existe luz como la del mar
Mediterráneo. La catedral de Saint Jean Baptiste es un destacado
ejemplo del gótico meridional, comenzada en 1324. En Francia es
habitual poder visitar libre y gratuitamente iglesias y catedrales.
Monumento
conmemorativo al fundador de la catedral. Sancho I el Pacífico, rey
de Mallorca, conde de Rosellón y Cerdaña, y señor de Montpellier.
Su auténtico sepulcro se encuentra en la catedral de Palma de
Mallorca.
Hubo
un momento en que Perpignan fue capital del reino de Mallorca. Y
claro, los reyes, debían tener su palacio en la ciudad.
Ladrillo
rojo, que recuerda la arquitectura de latitudes más meridionales,
para el conocido Castillet, una de las puertas fortificadas de la
ciudad en el siglo XIV.
Venus
de Arístide Maillol. Erotismo y mitología siempre ( o casi) van de
la mano.
Matemático,
físico y astrónomo. François Arago.
El
centre del mon. Me encantan estos carteles. Otro color, otra época,
quizás otra vida.
Y
más que sus edificios nobles, son sus calles, y las casas de los
vecinos, donde se ubica el espíritu auténtico de cualquier ciudad.
Aún
es de día, no hay nadie en la plaza. Un escenario, unos altavoces y
música de bachata a todo volumen. Siempre me ha sorprendido que la
diversión de unos pocos esté por encima del descanso de la mayoría.
Pensé que estas mierdas solo pasaban en España, pero he comprobado
que estaba errado. No es posible, y parece que tampoco deseable, la
paz social.
Me
siento más yo cuando puedo decidir, y moverme libremente. Podría
vivir de vacaciones permanentes, y en ningún momento echaría de
menos los horarios laborales que nos esclaviza.