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martes, 15 de mayo de 2018

ESCIPIÓN CONTRA EL GIGANTE.



Con frecuencia, un cierto bárbaro salía cabalgando a la zona que mediaba entre ambos contendientes, adornado con espléndida armadura, y retaba a un combate singular a aquel de los romanos que aceptara y, como nadie le hacía caso, burlándose de ellos y ejecutando una danza triunfal se retiraba. Después que hubo ocurrido esto en varias ocasiones, Escipión, que todavía era un hombre joven, se condolió en extremo y adelantándose aceptó el duelo y, gracias a su buena estrella, obtuvo el triunfo sobre un adversario de gran talla, pese a ser él de pequeña estatura.
Apiano. 

lunes, 30 de marzo de 2015

SOBRE IBERIA DE APIANO (XLI)



80 Mancino hace la paz y el senado la rechaza. Emilio Lépido en Iberia.
Mancino sostuvo frecuentes combates con los numantinos y fue derrotado muchas veces; finalmente, habiendo sufrido numerosas bajas se retiró a su campamento. Al propalarse el rumor de que los cántabros y vacceos venían en socorro de los numantinos, pasó toda la noche, lleno de temor, en la oscuridad sin encender fuego y huyó a un descampado que había servido, en cierta ocasión, de campamento a Nobílior. Al llegar el día y verse encerrado con su ejército en este lugar sin preparación ni fortificación, cercado por los numantinos que amenazaban con matar a todos, a menos que hicieran la paz, consintió en firmar un pacto sobre una base de equidad e igualdad para romanos y numantinos. Él se comprometió a este pacto con los numantinos mediante un juramento. Sin embargo, cuando se conoció esto en Roma, lo tomaron muy a mal por considerar el tratado como el más vergonzoso de todos, y enviaron a Iberia al otro cónsul, Emilio Lépido. A Mancino lo llamaron para el juicio, y lo siguieron embajadores de los numantinos. Emilio, entre tanto, cansado de la inactividad mientras aguardaba la respuesta de Roma - puesto que, en efecto, algunos accedían al mando buscando gloria, botín o el honor del triunfo más bien que el provecho de su ciudad -, acusó falsamente a los vacceos de haber suministrado víveres a los numantinos en el transcurso de esta guerra, de modo que llevó a cabo una incursión contra su país y puso cerco a la ciudad de Palantia, que era la más importante de los vacceos y que en nada había faltado al tratado. También convenció a su cuñado Bruto, que había sido enviado a la otra parte de Iberia, según ya dije antes, a tomar parte de esta empresa.

81 Emilio emprende la guerra contra la voluntad del senado. 
Le dieron alcance Cinna y Cecilio, embajadores procedentes de Roma, quienes dijeron que el senado estaba en la duda de si, después de los desastres tan grandes que habían sufrido en Iberia, Emilio iba a provocar otra guerra, y le entregaron un decreto prohibiendo que Emilio hiciera la guerra a los vacceos. Pero él, como había comenzado ya la guerra y creía que el senado desconocía este hecho, así como que le acompañaba Bruto y que los vacceos habían proporcionado trigo, dinero y tropas a los numantinos, y puesto que sospechaba también que la retirada de la guerra sería peligrosa y casi entrañaría la pérdida de toda Iberia, si sus habitantes llegaban a despreciarles por cobardes, despachó a Cinna y a los suyos sin haber conseguido su misión y puso en conocimiento de todos estos hechos al senado por medio de cartas. Él, por su parte, después de haber constuido un fortín, fabricó en su interior máquinas de guerra y almacenó trigo. Flaco, que había salido a recoger forraje, cayó en una emboscada e hizo correr muy hábilmente el rumo de que Emilio se había apoderado de Palantia. El ejército prorrumpió en alaridos para festejar la victoria y los bárbaros, al enterarse y creer que era verdad, se retiraron. De esta forma, salvó Flaco del peligro a las provisiones. 

domingo, 30 de marzo de 2014

MUSEO PROVINCIAL DE SEGOVIA.



Otro museo adscrito a la Red de Museos de Castilla y León, que nos ofrece un recorrido por la historia Natural y Humana de la provincia de Segovia. 


Molde de caballo. En el Cerro de San Isidro afloran bastantes rocas pizarrosas con superficies lisas. En estas paredes existen vestigios de arte de varias épocas y entre estas manifestaciones, se ha podido identificar más de cien figuras de animales grabados. Destacan dos grandes caballos, de uno de los cuales se ha obtenido este molde.

El abrigo de la Peña Estebanvela. Un abrigo rocoso tallado por el río Aguisejo y que en la actualidad se sigue estudiando y excavando. Hasta ahora se han encontrado utensilios y adornos personales, restos óseos (de animales) con huellas de haber sido descarnados para la alimentación. Sobre todo destacan una serie de plaquetas grabadas. 


Molde de hogar paleolítico de La Peña de Estebanvela. En un abrigo de la Peña de Estebanvela se ha encontrado este hogar que constituye el primer vestigio de uso del fuego en la provincia. Datada en el Magdaleniense Final, hacia el 10.000 a.C. es una pequeña área con restos de carbones, rodeada por piedras calcinadas y fragmentadas por el calor. 


Plaqueta grabada del Magdaleniense de la que no se sabe con seguridad su finalidad. Realizada con puntas duras sobre pequeñas piedras. Aparecen grupos de líneas paralelas, al parecer, sin orden aparente.


Bifaces.


Hendedores.


Punzones de hueso del Neolítico. La industria ósea era alternativa y complemento de la industria lítica a lo largo de toda la Prehistoria. 


Hachas pulimentadas. Tradicionalmente el Neolítico ha sido la Edad de la Piedra Pulimentada. Aquí un par de hermosos ejemplos de esta técnica de trabajar la piedra. 


Triángulos y láminas neolíticos que vienen anunciando las industrias microlíticas del epipaleolítico. 


Pequeñas cuentas de collar del Calcolítico. 


Vaso campaniforme. Su formas y ornamentaciones lo hacen inconfundible.


Esta puntas de sílex confeccionadas durante la Edad del Bronce resultaban muy eficaces en su cometido.


Hacha de talón y anilla característica de la Edad del Bronce. 


Fíbulas. Siempre me ha resultado fascinante el trabajo de arqueólogos que a partir de piezas como estas son capaces de reconstruir las formas de vida de una sociedad. 


Zoomorfos. Jabalí y caballo. Delicadeza para representar un naturaleza fundamental, aunque no determinante, en la formación cultural de estos pueblos de la protohistoria ibérica.


Una preciosa fíbula de bronce en forma de caballo. Este animal es uno de los símbolos de las aristocracias dominantes. El poder poseer una caballo era un elemento definitorio de estos grupos sociales.


Espada de antenas atrofiadas de la Edad del Hierro tan típicas del ámbito céltico - o indoeuropeo - de la Península Ibérica.


Conjunto de pesas de telar.


Una enorme vasija del siglo II a.C. procedente del poblado Caza del Castillo.


Mosaico romano hallado en la calle Isabel la Católica en la capital segoviana. Durante toda la historia romana los suelos se pavimentaban con estos mosaicos confeccionados con pequeñas teselas de colores. Se decoraban con cenefas y motivos geométricos y vegetales. El estado de conservación de este mosaico es bastante lamentable, puesto que había sido arrancado de su ubicación original y arrojado a una especie de vertedero. 


Fuente de vidrio, de finales del siglo I d.C. encontrada en la plaza Guevara en Segovia. Este tipo de fuente eran muy apreciadas debido a su parecido con el cristal de roca y se utilizaba para servir alimentos en las mesas de las familias adineradas romanas. Es muy probable que su procedencia sea un taller itálico o del Mediterráneo Oriental.

Cauca. Las primeras menciones a la ciudad de Cauca (Coca) son del comienzo de las Guerras Celtibéricas. Plinio y Ptolomeo las citan entre las civitates de los vacceos y dicen de ella que era una polis de igual importancia que Numancia o Palantia. En el Bajo Imperio, Zósimo e Hydacio, se refieren a ella como la patria de Teodosio. 


Parrilla de hierro procedente de Cauca. 


Tenazas de hierro procedentes de Cauca.


Hoces de Cauca que nos hablan de la importancia del sector agrícola para los vacceos.


Ara romana de caliza del siglo II d.C. En la inscripción puede leerse:


           Matribus/ Ter(entia)/ Megiste/ 
          v(otum) s(olvit) l(ibens) m(erito)

Traducción: A las madres Terentia Megister cumplió el voto de buen grado y merecidamente. 


Torso del dios Apolo. 


En el Cerro del Castillo (también Cerro de la Virgen) se ubica el único asentamiento fortificado del que tenemos constancia material, de la arquitectura tardoantigua y visigoda en la provincia. La cronología de su ocupación iría desde el siglo V al VIII. En su interior una segunda estructura amurallada puede ser de época islámica.


Detalle de la muralla del Cerro del Castillo.



Enterramiento visigodo de Duratón aprovechando un resto monumental romano.


Dibujo del ajuar funerario de un enterramiento visigodo de Duratón.


Ajuar de la Tumba 202 de la necrópolis de Madrona compuesto por dos pendientes de bronce, un collar de pasta vítrea, un colgante de plata y pasta vítrea, dos fíbulas zoomorfas (águilas), una fíbula discoidal, dos broches de cinturón, un par de anillos de bronce y dos pulseras del mismo material.


Un representante de la cultura de los verracos que identificamos como jabalí. La oreja aparece perfectamente definida. 


Toro de granito. Un ejemplar vinculado a los cultos de la fertilidad, sin duda, uno de los animales totémicos de la Península Ibérica. 


Ménsula con animal del siglo XVI en granito.


Contraventanas de la Muerte y de la Vida. Según una tradición pertenecieron a la ventana desde la que una mujer arrojó una soga para ahorcar a uno de los partidarios del emperador Carlos V durante los alborotos de las Comunidades.


Conversión de San Pablo, óleo sobre lienzo obra de Francisco Camilo (1667). Enemmigo acérrimo y perseguidor de cristianos, fue derribado de su caballo cuando salía de Damasco, al tiempo que oía la voz de Cristo declamar: "Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?"

Un pequeño, agradable y didáctico museo. Y todo en su justa medida. 

lunes, 20 de mayo de 2013

SOBRE IBERIA DE APIANO (XXX)

58 M. Atilio y Servio Galba en Iberia. 
Le sucedió en el mando Marco Atilio, quien realizó una incursión contra los lusitanos, dio muerte a setecientos de ellos y se apoderó de Oxtraca, su ciudad más importante. Después de sembrar el pánico entre los pueblos vecinos, firmó tratados con todos. Entre éstos había algunos vettones, limítrofes con los lusitanos. Sin embargo, cuando Atilio se retiraba para pasar el invierno, todos cambiaron de parecer de repente y asediaron a algunos pueblos vasallos de Roma. Servio Galba, el sucesor de Atilio, les apremió a que levantaran el cerco. Tras recorrer en un día y una noche una distancia de quinientos estadios, se presentó ante los lusitanos y entabló combate de inmediato con el ejército cansado. Por fortuna logró romper las filas enemigas, pero se puso a perseguir al enemigo con poca experiencia en la guerra. Razón por la cual, al hacerlo de forma débil y desordenada debido a la fatiga, los bárbaros, al verlos diseminados y que se detenían a descansar por turnos, se reagruparon y atacándolos dieron muerte a unos siete mil. Y Galba, con los jinetes que estaban a su lado, huyó a la ciudad de Carmona. Aquí recuperó a los fugitivos y, después de reunir aliados hasta un número de veinte mil, marchó hacia el territorio de los cuneos y pasó el invierno en Conistorgis. 

59 Operación conjunta de Lúculo y Galba en Lusitania. 
Lúculo, que había combatido contra los vacceos sin autorización senatorial y, a la sazón se encontraba invernando en Turditania, al darse cuenta de que los lusitanos hacían incursiones contra las zonas próximas, envió a sus mejores lugartenientes y dio muerte a cuatro mil lusitanos. Mató a mil quinientos cuando atravesaban el estrecho cerca de Gades, y a los demás, que se habían refugiado en una colina, los rodeó de una empalizada y capturó a un número inmenso de ellos. Entonces, tras invadir Lusitania, se puso a devastarla gradualmente. Galba llevaba a cabo la misma operación por el lado opuesto. Cuando algunos de sus embajadores vinieron a él con el deseo de consolidar los pactos que habían hecho con Atilio, el general que le había precedido, y que habían quebrantado, los recibió, firmó una tregua y mostró deseos de entablar relaciones amigables con ellos, ya que entendía que se dedicaban a la rapiña, a hacer la guerra y a quebrantar los tratados por causa de la pobreza: "Pues - les dijo - la pobreza del suelo y la falta de recursos os obligan a esto, pero yo daré una tierra fértil a mis amigos pobres y os estableceré en un país rico distribuyéndoos en tres parte"

lunes, 13 de mayo de 2013

SOBRE IBERIA DE APIANO (XXVIII)

54 Escipión concluye la paz con los habitantes de Intercatia. 
Esta victoria elevó la moral de los romanos, pero durante la noche muchos temores hicieron presa en ellos. Pues todos los jinetes bárbaros que habían salido a forrajear antes de que Lúculo llegara, al no poder entrar en la ciudad por haberla sitiado éste, se pusieron a correr alrededor del campamento dando gritos y provocaron un alboroto. Y los que estaban dentro les coreaban. A ello se añadía el cansancio por falta de sueño a causa de la guardia y la falta de costumbre de la comida del país. No tenían vino, sal, vinagre, ni aceite y, al comer trigo, cebada, gran cantidad de carne de venado y de libre cocida y sin sal, enfermaban del vientre y muchos incluso morían. Finalmente cuando estuvo completado el muro de asalto y, golpeando las murallas de los enemigos, consiguieron echar abajo una parte, penetraron a la carrera en la ciudad. Sin embargo, no mucho después, al ser obligados a retirarse, se precipitaron por ignorancia en una cisterna de agua en donde perecieron la mayoría. Durante la noche los bárbaros volvieron a construir la parte de la muralla que había sido derribada. Y como ambas partes sufrían severamente - pues el hambre los acosaba - , Escipión prometió a los bárbaros que, si pactaban, no se quebrantarían los tratados. Le creyeron en razón de su prestigio y puso fin a la guerra bajo estas condiciones: los de Intercatia entregarían diez mil sagos a Lúculo, una cierta cantidad de ganado y cincuenta hombres como rehenes. En cambio, no obtuvo Lúculo el oro y la plata que había pedido y por la que precisamente hacía la guerra, al creer que toda Iberia era rica ne oro y plata. Y es que, en efecto, no los tenían y ni siquiera aquellos celtíberos daban valor a estos metales. 

55 Intentos frustrado de Lúculo contra Palantia. 
Se dirigió a continuación a la ciudad de Palantia que gozaba de gran fama a causa de su valor y en la que se habían reunido muchos refugiados. Por este motivo le aconsejaron algunos que se retirara antes del intento. Sin embargo, Lúculo no hizo caso, pues se había informado de que era muy rica, pero los palantinos lo acosaban sin cesar con su caballería cada vez que iba a aprovisionarse de comida y le impedían abastecerse de alimento. Así que Lúculo, al estar falto de víveres, se replegó con el ejército formado en cuadro. Los de Palantia le persiguieron también entonces hasta el río Duero, desde donde se retiraron durante la noche, y Lúculo después de atravesar hacia el país de los turditanos se retiró a sus cuarteles de invierno. Este fue el final de la guerra de los vacceos llevada a cabo por Lúculo contra el decreto del pueblo romano. Pero Lúculo nunca fue llamado a juicio por ello.

lunes, 29 de abril de 2013

SOBRE IBERIA DE APIANO (XXVII)

52 Perfidia de Lúculo.
Al día siguiente, los más ancianos, coronados y portando ramas de olivo de suplicantes, volvieron a preguntar otra vez a Lúculo qué tendrían que hacer para ser amigos. Éste les exigió rehenes y cien talentos de plata y les ordenó que su caballería combatiera a su lado. Cuando todas sus demandas fueron satisfechas, decidió poner una guarnición en el interior de la ciudad. Los de Cauca aceptaron también esto y él introdujo a dos mil hombres cuidadosamente elegidos, a quienes dio la orden de que cuando estuviesen dentro ocuparan las murallas. Una vez que la orden estuvo cumplida, Lúculo hizo penetrar al resto del ejército y, a toque de trompeta, dio la señal de que mataran a todos los de Cauca que estuvieran en edad adulta. Estos últimos perecieron cruelmente invocando las garantías dadas, a los dioses protectores de los juramentos, y maldiciendo a los romanos por su falta de palabra. Sólo unos pocos de los veinte mil consiguieron escapar por unas puertas de la muralla de difícil acceso. Lúculo devastó la ciudad y cubrió de infamia el nombre de Roma. Los demás bárbaros corrieron juntos desde los campos hacia zonas escarpadas o ciudades más poderosas, llevándose todo cuanto podían y prendiendo fuego a lo que dejaban para que Lúculo no pudiera encontrar ya nada.

53 Asedio de Intercatia. 
Este último, después de haber recorrido una gran extensión de tierra desértica, llegó a la ciudad de Intercatia, en la que se habían reunido, en su huída, más de veinte mil soldados de infantería y dos mil jinetes. Lúculo, siguiendo un criterio estúpido, los invitó a firmar un tratado, pero ellos le echaron en cara su actitud vergonzosa en los sucesos de Cauca y le preguntaron si les invitaba con las mismas garantías que les dio a aquellos. Lúculo, al igual que todos los culpables, lleno de ira contra ellos por sus reproches en vez de contra sí mismo, asoló sus campos y estableciendo un asedio, cavó en torno a la ciudad muchas trincheras y, de continuo, ponía a sus tropas en orden de combate provocando a la lucha. Sus adversarios, en cambio, no respondían de igual modo y sólo combatían con proyectiles. Con frecuencia, un cierto bárbaro salía cabalgando a la zona que mediaba entre ambos contendientes, adornado con espléndida armadura, y retaba a un combate singular a aquel de los romanos que aceptara y, como nadie le hacía caso, burlándose de ellos y ejecutando una danza triunfal se retiraba. Después que hubo ocurrido esto en varias ocasiones, Escipión, que todavía era un hombre joven, se condolió en extremo y adelantándose aceptó el duelo y, gracias a su buena estrella, obtuvo el triunfo sobre un adversario de gran talla, pese a ser él de pequeña estatura. 

miércoles, 24 de abril de 2013

SOBRE IBERIA DE APIANO (XXVI)

50 Marcelo firma un tratado de paz antes de la llegada de sus sucesor Lúculo. Fin de la guerra de los belos, titos y arevacos.
Lúculo se puso en camino, y Marcelo anunció públicamente la guerra a los celtíberos y les devolvió sus rehenes como lo habían pedido. Después llamó a su lado al portavoz de los celtíberos en Roma y estuvo conferenciando con él en privado durante largo rato. En razón de esto, se empezó precisamente a sospechar ya entonces, y después fue confirmado en mayor medida por los acontecimientos posteriores, que intentaba convencerles de que pusieran en sus manos su asuntos, buscando con ansiedad dar fin a la guerra antes de la llegada de Lúculo. Después de esta entrevista, cinco mil arevacos ocuparon Nergóbriga, y Marcelo se puso en marcha hacia Numancia y acampó a una distancia de cinco estadios de ésta. Persiguió a los numantinos acorralándolos en la ciudad y, finalmente, el jefe de éstos, Litennón, haciendo un alto, dijo a voces que quería reunirse con Marcelo para negociar. Cuando estuvieron reunidos, afirmó que los belos, titos y arevacos se ponían voluntariamente en manos de Marcelo. Éste, feliz por la noticia, exigió rehenes y dinero a todos ellos y, habiéndolos tomado, los dejó libres. De este modo, terminó la guerra de los belos, titos y arevacos antes de la llegada de Lúculo.

51 Lúculo hace una incursión contra los vacceos. 
Este último, que estaba deseoso de gloria y necesitado de dinero por causa de su penuria, realizó una incursión contra los vacceos, otra tribu celtíbera, que eran vecinos de los arevacos, sin haber recibido ninguna orden de Roma y sin que los vacceos hubieran hecho la guerra a los romanos, ni siquiera hubieran cometido falta alguna contra el mismo Lúculo. Después de cruzar el río Tajo, llegó a la ciudad de Cauca y acampó frente a ella. Sus habitantes le preguntaron con qué pretensión llegaba o por qué motivo buscaba la guerra, y cuando les contestó que venía en ayuda de los carpetanos, que habían sido maltratados por ellos, se retiraron de momento a la ciudad, pero le atacaron cuando estaba buscando madera y forraje. Mataron a muchos de sus hombres y a los demás los persiguieron hasta el campamento. Tuvo lugar también un combate en regla y los de Cauca, semejantes a tropas de infantería ligera, resultaron vencedores durante un cierto tiempo, hasta que se les agotaron los dardos. Entonces huyeron, pues no estaban acostumbrados a resistir a pie firme el combate y, acorralados delante de las puertas, perecieron alrededor de tres mil. 

viernes, 5 de abril de 2013

EL TORO DE TORO.



El Toro (léase verraco) de Toro, la ciudad zamorana, es una escultura zoomorfa (otra más), realizada en granito, que nos lleva a pensar que Toro tiene su origen en la época prerromana. No falta quién identifica Toro con la ciudad de los vacceos llamada Arbocala.  


Los vacceos, al parecer desplazaron a los vettones, arrinconándolos en las zonas más agrestes y menos productivas, quedándose ellos con las mejores tierras cerealistas del Valle medio del Duero. 


Cuenta una tradición local que cuando el rey Alfonso III de Asturias "el Magno",  conquistó la ciudad (sería más correcto hablar de repoblación) , la primera figura que vieron las huestes, fue este toro de granito, lo que terminaría dando nombre a la ciudad. 


La exageración de los genitales, símbolo inequívoco de fertilidad (¿y masculinidad trasnochada?) , es más que evidente. 


Se pueden observar dos orificios a ambos lados de la parte superior de la cabeza. Es probable que esos orificios sirviesen para colocar los cuernos al toro.

viernes, 8 de marzo de 2013

TOLETUM, CIUDAD CARPETANA



La mágica ciudad de Toledo, hunde sus raíces temporales, en la protohistoria de Iberia, siendo en origen, un asentamiento de los carpetanos, que incluso llegó a convertirse en su capital. 

"los de Toledo, la ciudad sobre el río Tajo, capital de Carpetania"
Plinio el Viejo III, 25

La capitalidad de Toledo sobre los carpetanos vendría dada, no tanto por su tamaño, como por su posición estratégica.

Cerca de Toledo se produjo una gran batalla que enfrentó a las legiones romanas, a una poderosa coalición formada por vacceos, vettones y celtíberos, junto al rey de Toletum Hilerno; 

"Marco Fulvio dirigió operaciones de más importancia: libró una batalla campal cerca de Toledo contra una fuerza combinada de vaceos, vetones y celtíberos, los derrotó y puso en fuga e hizo prisionero a su rey, Hilerno".
Tito Livio XXXV, 7.

 Años más tarde, los vettones de nuevo deben acudir en ayuda de Toletum 

"El procónsul, Marco Fulvio, libró dos combates victoriosos y asaltó muchas plazas fortificadas, así como dos ciudades, Vescelia y Helo; otras se rindieron voluntariamente. Después marchó contra los oretanos y, tras apoderarse de dos ciudades, Noliba y Cusibi, avanzó hasta el Tajo. Aquí había una pequeña ciudad, pero bien defendida por su posición, Toledo, y mientras la estaba atacando los vetones enviaron un gran ejército para liberarla. Fulvio los derrotó en batalla campal y, tras ponerlos en fuga, asedió y capturó la plaza".
Livio XXXV, 22

Durante la Edad del BronceFinal, Toletum se había convertido en un importante poblado carpetano, que continuó su desarrollo durante la Edad del Hierro, llegando a convertirse en uno de los principales núcleos de población, una auténtica plaza fuerte, de toda la región.

Como le sucedió a muchos oppida  de la península, acabaría convirtiéndose en una ciudad romana. Un vez en poder romano, parece ser que se convirtió en municipio y tuvo que jugar un importante papel en el control y organización del territorio adyacente. 

Durante mucho tiempo, las únicas referencias que teniamos sobre la protohistoria toledana, eran ciertas noticias transmitidas por los autores latinos,como las que acabamos de leer. Gracias al trabajo de los arqueólogos en el interior de la ciudad, se ha podido llegar a comprobar la existencia de esta fase, aunque aún es mucho el trabajo que queda por realizar y el camino que hay que recorrer para conocer las características del asentamiento original carpetano. 

domingo, 13 de enero de 2013

GEOGRAFÍA DE IBERIA ESTRABÓN (XXIII)



13 Tribus y ciudades celtíberas.
Divididos los propios celtíberos en cuatro partes, los más poderosos en general, situados al Este y al Sur, son los aruacos, vecinos de los carpetanos y de las fuentes del Tago. Su ciudad más renombrada es Numancia. Demostraron su valor en la guerra de los celtíberos contra los romanos, que duró veinte años, pues fueron destruidos muchos ejércitos con sus generales, y los numantinos, cercados, se mantuvieron firmes hasta el final a excepción de unos pocos que entregaron la muralla. Al Este se hallan también los lusones, vecinos asimismo de las fuentes del Tago. A los aruacos pertenecen las ciudades de Segeda y Palancia. Numancia dista de Cesaraugusta, que dijimos se alzaba a orillas del Ìber, unos ochocientos estadios. También Segóbriga y Bílbilis sosn ciudades de los celtíberos, junto a las que lucharon Metelo y Sertorio. Polibio, al enumerar las tribus y localidades de vacceos y celtíberos, incluye también, junto a las otras ciudades, Segesama e Intercatia. Por otra parte, Posidonio afirma que Marco Marcelo percibió de Celtiberia un tributo de seiscientos talentos, de lo que puede colegirse que los celtíberos eran numerosos y dueños de abundantes riquezas, a pesar de vivir en una región poco fértil. Pero cuando Polibio dice que Tiberio Graco destruyó trescientas de sus ciudades, Posidonio, burlándose, responde que con esto el hombre trata de halagar a Graco, denominando ciudades a los baluartes, como se hace en los desfiles triunfales. Y no deja quizá de ser cierto lo que dice, pues tanto los generales como los historiadores se dejan arrastrar fácilmente a este tipo de embuste por embellecer los hechos. Es el caso también de los que sostienen que pasan de mil las ciudades de los iberos, los cuales me parece que llegan a este número otrogando el nombre de ciudades a las aldeas grandes. Porque ni la naturaleza del país puede admitir muchas ciudades por su escasez de recursos ni por su aislamiento y primitivismo, ni su modo de vida ni sus acciones, salvo los de la costa del Mar Nuestro, sugieren nada de esto: son salvajes los que viven en aldeas, y como ellos la mayoría de los pueblos iberos; y tampoco dulcifican fácilmente las costumbres las ciudades cuando son multitud los que viven en los bosques para daño de sus vecinos. 

14 Al sur de Celtiberia.
A continuación de los celtíberos están, hacia el Sur, los que ocupan el macizo de la Oróspeda y la región del Sucron, los sedetanos hasta Carquedón y los bastetanos y oretanos casi hasta Málaca.

jueves, 10 de enero de 2013

GEOGRAFÍA DE IBERIA ESTRABÓN (XXII)


11 Los cerretanos.
Del propio Pirene, la vertiente ibérica es rica en árboles de toda especie y en particular de hoja perenne, pero la céltica está desnuda, y en cuanto a la zona central, configura valles con buenas condiciones de habitabilidad. Los ocupan en su mayor parte los cerretanos, de raza ibérica, entre los cuales se preparan excelentes jamones que rivalizan con los de Cibira y proporcionan no pocos ingresos a sus gentes. 

12 Fronteras y ríos de Celtiberia.
Rebasando la Idúbeda se halla inmediatamente Celtiberia, vasta y heterogénea; la mayor parte de ella es escabrosa y está bañada por ríos, pues a través de ella discurren el Anas, el Tago y otros cuantos ríos que, yendo a parar al mar occidental, tienen su origen en Celtiberia. De éstos, el Durio pasa por Numancia y Serguncia, y el Betis, teniendo sus fuentes en la Oróspeda, fluye a través de Oretania hacia la Bética. Al norte de los celtíberos viven los berones, limítrofes de los cántabros coniscos y surgidos también ellos de la migración celta, a los cuales pertenece la ciudad de Varia, emplazada en el paso de Íber. Son vecinos también de los bardietas, a los que ahora llaman bárdulos. Por Occidente hay algunas tribus de astures, calaicos y vacceos y también de vetones y carpetanos, por el Sur los oretanos y todos los demás bastetanos y edetanos que habitan la Oróspeda, y, al Oriente, la Idúbeda.

jueves, 6 de diciembre de 2012

GEOGRAFÍA DE IBERIA ESTRABÓN (XIV)



3 Fronteras de Lusitania.
Al norte del Tagus la Lusitania es el mayor de los pueblos ibéricos y el combatido por más tiempo por los romanos. Delimitan este país por el lado sur el Tagus, por el Oeste y Norte el Océano y por el Este los carpetanos, vettones, vacceos y galaicos como pueblos más importante, pues los demás no son dignos de mención por su pequeñez y oscuridad; no obstante algunos autores, al contrario que los actuales, llaman lusitanos también a éstos. Los calaicos son, por la parte oriental, vecinos del pueblo de los astures y de los celtíberos, y los demás, sólo de los celtíberos. 

La longitud de Lusitania es de tres mil estadios, pero la anchura, delimitado por el flanco oriental hasta la costa del lado opuesto, es mucho menor. La zona oriental es alta y escarpada, pero la región que se extiende a sus pies es toda llana hasta el mar, si exceptuamos unos cuantos montes de poca altura. Por ello dice Posidonio que Aristóteles achaca incorrectamente a la costa de Iberia y de Maurusia las pleamares y bajamares, pues sostiene que el mar se agita en flujos y reflujos porque los salientes son altos y escarpados, y reciben y vuelven a rechazar el oleaje con dificultad. Mas al contrario, a decir verdad, son por lo general arenosos y poco elevados. 

4. Ríos de Lusitania. 
El país del que hablamos es fértil y está recorrido por ríos grandes y pequeños, que discurren todos desde Levante paralelos al Tagus. Casi todos son también navegables, y son los que más arena aurífera poseen. Los más conocidos después del Tagus son: el Mundas, que permite una corta navegación, lo mismo que el Vacua. A continuación el Durio, que viene de lejos pasando por Numancia y otros muchos asentamientos de celtíberos y vacceos y que es navegable en grandes embarcaciones casi ochocientos estadios. Luego hay otros ríos y tras ellos el del Olvido, que unos llaman Limea y otros Belión; también éste procede de territorio celtíbero y vacceo. El Benis, que sigue después (otros lo llaman Minio), es con mucho el mayor de los ríos de Lusitania, navegable asimismo un tramo de ochocientos estadios. Dice Posidonio que también éste viene desde territorio cántabro. Delante de su desembocadura hay una isla y dos diques con fondeaderos. Además, la naturaleza es allí digna de alabanza, porque los ríos tienen las orillas elevadas y con capacidad para recibir el mar en sus cauces cuando sube la marea, por tanto no se desbordan ni anegan las llanuras. Este río constituye el límite de la expedición de Bruto, pero más allá existen otros cuantos ríos, paralelos a los mencionados.

domingo, 2 de diciembre de 2012

GEOGRAFÍA DE IBERIA
ESTRABÓN (XIII)

3. LAS COSTAS ESTE Y NORTE. ETNIAS QUE LAS OCUPAN.

1 Del Promontorio Sagrado a la boca del Tago.
Según se comienza de nuevo desde el Promontorio Sagrado hacia el otro lado de la costa, el que llega hasta el Tago, hay primero un golfo; a continuación un cabo, el Barbario, y allí cerca se halla la desembocadura del Tago, hasta la cual hay, navegando en línea recta, . . . mil estadios. Hay también esteros en el lugar, de los cuales uno avanza más de cuatrocientos estadios a partir de la mencionada torre, y en sus orillas se reposta agua . . . Salacia. El Tagus tiene de boca una anchura de unos veinte estadios y una profundidad tan grande que puede ser remontado por embarcaciones con capacidad para diez mil ánforas. En las llanuras del interior forma el río dos esteros cada vez que sube la marea, de modo que puede surcarse como un mar en ciento cincuenta estadios y hace navegable la llanura, configurando en el estero superior una islita de unos treinta estadios de longitud y de anchura algo menos que de longitud, con hermosos bosques y viñedos. Se halla la isla a la altura de Moron, ciudad bien emplazada sobre un monte cercano al río, distante del mar unos quinientos estadios, también con suelo fértil en los alrededores y una navegación sin obstáculos en un gran trecho incluso para grandes barcos, y el resto, para lanchas fluviales. Más allá de Moron puede remontarse un tramo aún mayor. Sirviéndose de esta ciudad como base de operaciones sostuvo Bruto, el conocido por Galaico, la guerra contra los lusitanos y los sometió. Junto a la corriente del río fortificó Olisipon para tener expedita la navegación río arriba y el transporte de víveres, de tal modo que, de las ciudades del Tago, son éstas las más poderosas. El río, por otra parte, es abundante en peces y está lleno de moluscos. Discurre, teniendo sus fuentes entre los celtíberos, a través de vetones, carpetanos y lusitanos hacia el Poniente equinoccial, siendo paralelo en parte de su trayecto al Anas y al Betis y alejándose luego de ellos cuando se desvían hacia la costa meridional.

2 Tribus del interior.
Los pueblos que se encuentran al interior de las regiones mencionadas son los oretanos, que son los más meridionales y se extienden hasta el litoral del lado de acá de las Columnas, más allá hacia el Norte los carpetanos, a continuación vettones y vacceos, por cuyo territorio pasa el Durio, que tiene travesía en la ciudad de Acontia, perteneciente a los vacceos, y en último lugar los galaicos, que ocupan gran parte de la zona montañosa. Por eso y por ser los más difíciles de vencer, al que sometió a los lusitanos le proporcionaron ellos mismos el sobrenombre e hicieron que a la mayoría de los lusitanos se les denomine hoy galaicos. Las ciudades más poderosas de Oretania son Castalon y Oria.

sábado, 20 de octubre de 2012

LA DESTRUCCIÓN DE NUMANCIA

EN LAS HISTORIAS DE OROSIO.

De la opresión y destrucción final de la belicosísima ciudad de Numancia, de la Hispania Citerior, a manos del ya Cónsul Escipión Africano, operación que llevó a cabo, sin embargo, con gran esfuerzo y perjuicio para el Estado.




En el año 620 de la fundación de la ciudad, cuando, a raíz del tratado firmado en Numancia, una infamia casi mayor que la sufrida en otro tiempo en las Horcas Caudinas aumentó la vergüenza en el rostro de los romanos; fue nombrado cónsul Escipión Africano con el acuerdo de todas las tribus; y fue enviado con el ejército para tomar Numancia al asalto.

Numancia, por su parte, ciudad de la Hispania Citerior, situada no lejos de los vacceos y cántabros en la frontera con Galicia, fue la última ciudad de los celtíberos. Ella, con cuatro mil soldados, no sólo contuvo durante catorce años a cuarenta mil romanos, sino que incluso los venció y obligó a vergonzosas alianzas.

Pues bien, Escipión Africano, entrando en Hispania, no se lanzó inmediatamente contra el enemigo para cogerlo, por así decir, desprevenido, por cuanto sabía que este tipo de gente no se entregaba ni corporal ni anímicamente al ocio hasta que no superaban con su forma física habitual el momento óptimo de los demás; Escipión lo que hizo fue ejercitar a sus soldados en los campamentos como se de escuelas se tratase. Y a pesar de que pasó parte del verano y todo el invierno sin ni siquiera intentar la lucha, aun con esta táctica, muy poco consiguió. Efectivamente, cuando llegó el momento de la batalla, el ejército romano, oprimido por el empuje de los numantinos, se dio a la fuga; sin embargo, ante las voces y amenazas del cónsul que se puso en medio y los sujetaba con las manos, el ejército volvió por fin, aunque de mala gana, contra el enemigo, y obligó a huir a quien les había puesto a ellos en fuga. Es difícil creer lo que se cuenta: los romanos pusieron en fuga a los numantinos y los vieron huir. 

A raíz de ello Escipión, aunque se alegró y se glorió porque los resultados fueron más allá de lo que se esperaba, confesó, sin embargo, que nunca más se debería intentar hacer la guerra a éstos. Por ello, consideró que se debía buscar el éxito en sucesos inesperados, asedió la propia ciudad y la rodeó incluso con una fosa: la anchura de la fosa fue de diez pies y su profundidad de veinte. Fortificó después con torres, cercanas unas a otras, la empalizada que construyó con estacas para, de esta forma, si el enemigo intentaba un ataque contra él saliendo de la ciudad, luchar no como un sitiador con un sitiado, sino cambiando los papeles, como un sitiado con un sitiador.

En lo que se refiere a Numancia, situada en un montículo no lejos del río Duero, estaba ceñida por un muro que la rodeaba en una extensión de tres mil pasos, aunque algunos afirman que ocupaba un pequeño trozo de terreno y sin muros. Por ello, lo más razonable es pensar que habían cercado el espacio de terreno citado con el fin de alimentar y cuidar su ganado y para comodidad en el cultivo del campo cuando fuesen atacados militarmente, mientras que ellos mismos ocuparían sólo una pequeña fortaleza naturalmente fortificada. Por otro lado, parece lógico pensar que tan pequeño número de hombres debería dejar más bien abierto, y no fortificar, tan gran espacio urbano. Lo cierto es que los numantinos, largo tiempo cercados y deshechos por el hambre, ofrecieron su rendición con tal de que se les ordenasen cosas que se pudiesen aguantar, pidiendo también con insistencia que se les concediera la oportunidad de luchar en igualdad de condiciones para poder así morir como hombre. Finalmente, salieron todos de pronto por dos puertas tras haber bebido antes gran cantidad no de vino, por cuanto aquel lugar no lo produce, sino de un jugo de trigo de confección artesana, al que llaman "celia" porque se produce por calentamiento; en efecto, con fuego engordan el tamaño del grano de trigo húmedo, después lo secan y luego, convertido en harina, lo mezclan con un jugo dulce; la fermentación consigue un producto de sabor áspero y que produce el calor de la embriaguez. Pues bien, reanimados tras el largo tiempo de hambre por esta bebida, se entregaron a la lucha. El enfrentamiento fue atroz durante largo tiempo e incluso peligroso para los romanos, y de nuevo éstos hubieran probado que su forma de lucha con los numantinos era la huida, si no hubiesen estado bajo el mando de Escipión. Los numantinos, tras morir los más valientes de los suyos, se retiran de la lucha, aunque vuelven a la ciudad con sus filas en orden y no como si huyeran; y no quisieron aceptar los cadáveres de los muertos que les fueron ofrecidos para sepultarlos. Abocados ya todos a la muerte, con la última esperanza de los desesperados, prenden fuego ellos mismos por dentro a la ciudad cerrada y todos juntos perecieron bajo las armas, el veneno y el fuego. Los romanos no consiguieron con la derrota de los numantinos absolutamente nada, salvo su propia seguridad; en efecto, una vez destruida Numancia, ni siquiera consideraron que fueron ellos los vencedores, sino más bien que fueron los numantinos los que se escaparon. La cadena del vencedor no ató a un solo numantino; Roma no vio razón para conceder el triunfo; oro y plata, que podría haber escapado al fuego, no había en este pueblo que era pobre; las armas y los vestidos los consumió el fuego.
Orosio V, 8

viernes, 17 de agosto de 2012

EL RITUAL FUNERARIO ENTRE LOS CELTÍBEROS


Museo numantino de Soria.
El guerrero celtíbero, acompañado de toda su panoplia de armas, se colocaba en una enorme pira de madera, a la que luego se le prendía fuego. Las cenizas y los restos se depositaban en una urna de cerámica que posteriormente se enterraba bajo tierra. 
Junto a la urna, que guarda las cenizas, se deposita el ajuar en la tumba, compuesto de utensilios, adornos y armas. Las armas suelen aparecer dobladas e inutilizadas para evitar la separación del hombre y sus objetos personales. La tumba podía estar señalizada en el exterior por una estela de piedra o un túmulo.

Distinta suerte corrían los guerreros caídos en combate, cuyos cuerpos quedaban expuestos en determinados lugares a merced de aves carroñeras. Los buitres, considerados psicopompos, intermediarios entre dioses y hombres, al descarnar el cuerpo yacente, trasportaban el espíritu del celtíbero directamente a la morada celestial de los dioses.

"Los celtíberos consideran un honor morir en el combate y un crimen quemar el cadáver del guerrero así muerto; pues creen que su alma remonta a los dioses del cielo al devorar el cuerpo yacente el buitre"
Silo Itálico (3, 340-343)

Según Eliano (10,22) refiriéndose a los vacceos: ". . . dan sepultura en el fuego a los que mueren de enfermedad . . . mas a los que pierden la vida en la guerra. . . los arrojan a los buitres, que estiman como animales sagrados".

Podemos hacer una comparación con los antiguos germanos, que también tenían un paraíso para los guerreros más valientes, el famoso Walhalla. En este caso, el buitre cumple idéntica función que la Valkyrya.

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