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viernes, 24 de mayo de 2019

MESOPOTAMIA, EL ELEMENTO HUMANO; SEMITAS E INDOEUROPEOS.



Dos grandes grupos humanos se van a expandir por el Viejo Mundo durante la Antigüedad, nos referimos a los semitas y a los indoeuropeos. Es necesario aclarar, antes de continuar, que los diferentes componentes de estas dos entidades, únicamente tienen en común, el utilizar lenguas que tienen un mismo origen, de ninguna manera se trata de grupos raciales homogéneos. Junto a ellos vemos otros pueblos como los sumerios o los egipcios, que no pertenecían a ninguna de estas grandes familias lingüísticas.

Los semitas reciben el nombre por considerarse descendientes de Sem, el hijo mayor del patriarca Noe, pueblos nómadas de pastores, que a partir del año 3000 a.C. abandonan su tierra natal, la península arábiga, y en sucesivas oleadas se van a dispersar por todo el Próximo Oriente, desde Mesopotamia hasta Egipto pasando por la costa sirio-palestina, dirigiéndose a áreas de civilizaciones que ya estaban sedentarizadas, que disfrutaban de mejores condiciones de vida, y habían establecido una cultura urbana.

La cantidad de grupos diferentes, acadios, asirios, arameos, fenicios, hebreos y árabes, y su gran difusión espacial, imposibilitó su cohesión política (ni cultural). Las tres grandes religiones monoteístas, Judaísmo, Cristianismo e Islam, se desarrollaron entre los semitas.

Los indoeuropeos son los pueblos descendientes de un tronco lingüístico común que desde su lugar de origen se van a expandir desde la India hasta Irlanda; Asia Occidental, Norte de Mesopotamia, Irán, Europa Occidental, Balcanes, el Egeo, el Báltico y el Atlántico Norte.

La estepas del sur de Rusia parecen ser la patria originaria de los indoeuropeos, a los que únicamente podemos unificar por la lengua: tocarios, hititas, eslavos, celtas, latinos, griegos. Entre el 2000 y el 1500 a.C. se expanden en sucesivas oleadas desde su lugar de origen. En su largo peregrinar por el Viejo Mundo van a recibir diferentes influencias culturales, tantas que en ocasiones es muy complicado vincular a este conjunto de pueblo.

Estamos ante grupos de jinetes guerreros, que usaban carros, se dedicaban a la ganadería nómada y su unían en tribus por medio de lazos de sangre. Para Max Weber, una aristocracia de jinetes. A los indoeuropeos se les atribuye una concepción tripartida de la sociedad , estudiada en su momento por Dumezil, en virtud de la cual, cada grupo se encargaría de una función:

La primera función era la soberanía y el control religioso y estaba en manos de los sacerdotes, la segunda función era la bélica y protectora, y estaba en manos de los guerreros, y la tercer función era la producción, y era desempeñada por pastores, agricultores y artesanos.

sábado, 11 de mayo de 2019

INDOEUROPEOS.



Los indoeuropeos eran un conjunto de pueblos que invadieron el Asia Occidental y el sureste de Europa entre el 2000 y el 1500 a.C; hititas, dorios, etruscos, iranios, medos, persas... Según Max Weber eran una aristocracia de jinetes.

Existen, aún a día de hoy, grandes controversias entre historiadores, arqueólogos, prehistoriadores y lingüistas, en torno al concepto de Indoeuropeo. Según Rafael Ballester “el ser indoeuropeo significa solamente hablar una lengua indoeuropea. Es un concepto lingüístico, y no concreta tanto la procedencia geográfica de un pueblo”.

Otro de los debates gira en torno a su origen. Algunos autores opinan que los indoeuropeos eran un único pueblo asentado en un lugar y que desde allí comenzaron su expansión. La mayoría de los especialistas plantean la posibilidad que el foco original se encontrase en Anatolia-Armenia. Francisco Villar en la obra “Los indoeuropeos y el origen de Europa” defiende que las estepas del sur de Rusia fue el hogar ancestral de todos los indoeuropeos.

Sabemos que se expandieron por Asia Occidental, el Norte de Mesopotamia y la meseta de Irán, y en amplias regiones de Europa Occidental; Balcanes, Egeo, Báltico y Atlántico Norte. En principio eran pueblos de nómadas con una economía basada, fundamentalmente, en la ganadería, que van a recibir influencias culturales muy diversas gracias a su gran expansión territorial.

Su estructura social se basaba en los vínculos de sangre y en la división tripartita entre guerreros, sacerdotes y productores, que estudió en su día George Dumézil. Además de la lengua, parece existir una mentadalidad guerrera y del héroe, muy extendida entre estos pueblos. Como sociedad guerrera van a desarrollar el uso de la caballería (tanto en el campo de batalla como símbolo de la élite), el carro de guerra y la construcción de ciudades elevadas sobre el terreno.



domingo, 18 de noviembre de 2018

LOS HICSOS EN EGIPTO. UN TEXTO.




Finalmente ellos (los hicsos) nombraron rey a uno de los suyos, cuyo nombre era Salitis. Tenía su sede en Menfis y percibía tributo del Alto y del Bajo Egipto. Dejaba siempre guarniciones detrás de él en las posiciones más ventajosas. Por encima de todo fortificó la región oriental, previendo que los asirios, siendo cada vez más fuertes, le desearían un día y atacarían este reino. En el nomo saita fundó una ciudad muy bien situada al Este de la rama bubastita del Nilo y la llamó Avaris, de acuerdo con una antigua tradición. Reconstruyó y fortificó esta ciudad con muros macizos, colocando allí una fuerte guarnición de 240.000 hombres armados poderosamente para guardar su fronteras. Acudía allí en verano, en parte para distribuir las raciones y pagaran a sus tropas y en parte para entrenarlas cuidadosamente por medio de maniobras y así extender el terror entre las tribus extranjeras. Después de haber reinado durante 19 años, Salitis murió y le sucedió un segundo rey llamado Bnon, que reinó 44 años.
Texto de Manetón en Flavio Josefo (historiador hebreo del siglo I d.C) Contra Apionem.

Los hicsos fueron un pueblo que se dirigió hacia Egipto, entró en el país del Nilo e incluso llegó a fundar Dinastías. Flavio Josefo recoge un texto de Manetón, un sacerdote egipcio del siglo III a.C., que por orden de un rey egipcio, Ptolomeo III, compuso una historia de Egipto escrita en Griego.

El texto en cuestión hace referencia a la ocupación asiática del Delta del Nilo por parte de los hicsos, un pueblo nómada, que al parecer tienen un nombre que significa “los reyes pastores”. Contemporáneos a otros pueblos que protagonizan movimientos por todo el Próximo Oriente como son los hititas, los hurritas y los amorreos. Prueba material de estas agresiones, es el levantamiento de sendos muros, en Egipto y Mesopotamia, para intentar defenderse de estos pueblos.

Los hicsos actuaron contra el Imperio Medio, durante el Segundo Período Intermedio. En este período distinguimos tres etapas y en una de ellas incluimos el dominio Hicso de Egipto.

Dinastía XIII – XIV                      Caos político tras la caída del Imperio Medio-Asirio

Dinastía XV – XVI                       Monarcas hicsos

Dinastía XVII                               Gobierno desde Tebas del Alto Egipto. 

La dinastía XV es la época de los grandes hicsos que dominaron desde el Delta a la primera catarata. Al sur de esta catarata estaban situados los Nubios. La dinastía XVI es conocida como época de los pequeños hicsos, que dominan tan sólo el Delta.



jueves, 6 de septiembre de 2018

HITITAS, UN IMPERIO COMERCIAL.



Estamos ante una de las civilizaciones de la antigüedad que más tarde ha entrado en la historia, pues durante siglos se ignoraba no solo su grandeza, sino incluso su propia existencia.

Su origen hay que relacionarlo con grupos indoeuropeos que llegaron hasta Anatolia. Más que ningún otro estado de la región próximo oriental, el Hitita fue una gran organización económica, favorecida por su situación de puente entre Asia y Europa, la riqueza minera del territorio donde se asentaba.


El reino antiguo (1750 – 1500 a.C.) fue fundado por Labarna, que ubicó su capital en Hattusas. Sus sucesores Hattusil y Mursil, extienden su poder e influencia, siendo Telepinu quien cierra este primer periodo de grandeza.


El imperio hitita fue obra de Suppiluliuma, seguido por Muwatali que se enfrenta al faraón Ramsés II en la célebre batalla de Kadesh (de incierto resultado), y consigue estrangular las relaciones entre Mesopotamia y Egipto. Todo ese poder se desintegra con la llegada de los misteriosos pueblos del mar.


Más tarde las ciudades neo-hititas, fundadas en el norte de Siria, aisladas entre sí, no pudieron unirse nunca.

Al frente del imperio se encontraba el rey, elegido por el dios (¿estamos ante una teocracia?), y con atribuciones judiciales, religiosas y militares, y una serie de estados aliados o vasallos que formaban una federación. La reina ocupaba un lugar preeminente, ni a la muerte del rey ella dejaba de reinar. Además ejercía funciones religiosas y diplomáticas.


La base de la sociedad era la familia monógama. En la cúspide estaba la familia real, le seguía la nobleza, a veces eran los gobernadores de las provincias con competencias civiles, religiosas y militares. La mayoría de la población eran campesinos libres. Pastores y artesanos no estaban muy bien considerados.

La agricultura estaba supeditada al medio físico, mientras que la ganadería, caprina, ovina y bovina disponían de buenos pastos. Entre los hititas destaca la ganadería caballar debido a su utilidad militar. En el terreno marcial jugaban un destacado rol los carros de combate y armas de hierro. Precisamente la metalurgia del hierro era la actividad artesanal más dinámica.

Los hititas se convirtieron en una auténtica potencia comercial, gracias al control de los metales de la zona, el comercio era la base del poder hitita y para mantenerlo era necesario un poderoso y preparado ejército.


Los arquitectos hititas destacaron en las construcciones defensivas, como la fortificación de Hattusas y religiosas como el Santuario de Yazilikaya. También desarrollaron una novedosa legislación, en la que van sustituyendo la pena de muerte y los castigos físicos por la restitución o multas económicas.

El Pueblo de los Mil Dioses; veneraban a multitud de deidades de las más variadas procedencias: Sumer, Babilonia, Asiria, Hurritas... la diosa del Sol Wurusemy, y su esposo el dios de la tempestad Taru O Teshub, eran los más destacados del Panteón.


viernes, 10 de agosto de 2018

EBLA, UN REINO EN SIRIA.



Situada en un lugar privilegiado y estratégico, junto a Alepo, en territorio Sirio, florece Ebla a mediados del III milenio a.C., alcanzando tal poder, que llegó a rivalizar (por momentos) con la civilización mesopotámica y la egipcia.


El rey, En-Malik, era elegido por un consejo de ancianos denominado Abbu, algo insólito para la época. La mujer eblaíta tenía una papel destacado en la sociedad y la política, la reina, Maliktum, era la que transmitía el trono. Se heredaba por línea femenina.


De la lengua eblaíta se han encontrado más de 15.000 tablillas. Este estado fue destruído por los hititas hacia el 1600 a.C.

domingo, 6 de abril de 2014

CÁLIBES



Los cálibes, también escrito chalibes, eran un pueblo que habitaba la zona del Ponto, muy famosos por trabajar el hierro. Y de todos es conocida la gran utilidad de este metal, que permitió al ser humano comenzar su dominio sobre la naturaleza, y al poseedor de armas de este material, someter a sus vecinos. 

De raza escita se especializaron en trabajar el hierro y el acero. A este último metal los griegos llamaban calibs. Por tanto el nombre de la tribu sería "acero". Según el lingüista Archibald Sayce el nombre girego, Chalybe, procedería del hitita, otro pueblo muy vinculado a la metalurgia del hierro. 

Según Plinio (VII, 197) se les considera los inventores del trabajo del bronce. 

Probablemente la tradición griega los relacione con el hierro, y no con otros metales, a pesar de la riqueza minera de su territorio, basándose en la importancia del hierro cultural y socialmente. 

La mayoría de los autores antiguos los ubica en una zona al este del río Halis, entre Paflagonia y la Cólquide. Más o menos en la Armenia histórica. 

Un pueblo con esta habilidad para trabajar el metal era un bocado apetecible para reinos y pueblos más poderosos. Tal fue el caso de Creso, el rey de Lidia, que los sometió junto a otros en su intento de crear un gran imperio.

"Transcurrió el tiempo, y quedaron sometidos casi todos los que viven al oeste del río Halis, pues descontando a los cilicios y a los licios, Creso tenía sometidos a todos los restantes, a saber, a los lidios, frigios, misios, mariandinos, cálibes, paflagonios, tracios, tinos y bitinios, carios, jonios, dorios, eolios y pánfilos"
Heródoto I, 28 

La famosa expedición de los Diez Mil, cuya maravillosa crónica escrita por Jenofonte sigue siendo una de las obras maestras de la literatura universal, también atravesó el territorio donde habitaban los cálibes.

"Los griegos fueron avanzando a través de este país, a veces amigo, a veces enemigo, durante ocho etapas, hasta que llegaron al territorio de los cálibes. Éstos eran pocos y estaban sometidos a los mosinecos, y su medio de vida, para la mayoría de ellos, procedía de la siderurgia.
Jenofonte. Anábasis. V 5,1.

Como ocurre con muchos pueblos de la Antigüedad es Estrabón el que más detallada información nos transmite de ellos. 

Da noticia de que los armenios Artaxias y Zariadris, en la expansión que protagonizaron arrebataron territorios a los cálibes que vivían en vecindad con la Armenia histórica (XI, 14, 5).

En la descripción de las tierras del Ponto, Estrabón se detiene para escribir sobre los cálibes, que basaban su economía en dos actividades: las minas de hierro y plata, y la pesca de pelamydes, que son atunes de un año y de delfines. 

"Los que hoy día se llaman caldeos eran llamados cálibes en la antigüedad. Justo a la altura de su territorio se encuentra Farnacia, que tiene las ventajas naturales de la pesca de pelamídes en el mar, pues ocupa el primer lugar en la captura de este pez, y de la explotación de minas en la tierra, actualmente sólo de hierro pero antiguamente también de plata. La costa es toda ella muy estrecha en estos lugares, pues muy cerca se elevan las montañas llenas de minas y bosques, pero poco cultivadas. Como forma de ganarse la vida les queda por tanto a los mineros las minas y a los marineros la pesca, especialmente de pelamydes y delfines, pues estos últimos se ponen gordos persiguiendo a los bancos de peces, tanto de jóvenes atunes y atunes hembras como de los propios pelamydes, y se vuelven fáciles de capturar porque se acercan muy imprudentemente a la tierra, poniéndose ellos solos el cebo. Así matan estas gentes a los delfines y usan su gran cantidad de grasa para todo". 

Estrabón. XII, 3, 19.

Conocidos, y muy bien, por los griegos, los romanos también tuvieron el placer de saber de su existencia. Los cálibes apoyaron a Mitrídates del Ponto, un auténtico grano en el culo de Roma, en sus enconadas luchas contras las Águilas del Lazio. 

"Aparte de sus fuerzas anteriores, se le unieron como aliados los cálibes,..."
Apiano. Sobre Mitrídates 69.

martes, 15 de enero de 2013

LOS HITITAS


VIDA Y COLOR 2
(Colección de Cromos de 1968)


A medida que las investigaciones arqueológicas se han ido desarrollando en el Próximo Oriente, nuestros conocimientos acerca de la historia de aquellas tierras se han hecho mucho más precisos.  Fruto de los trabajos de excavación realizados a partir de 1907 es el descubrimiento de un pueblo nuevo, cuya existencia ya estaba señalada en la Biblia: los hatti o hititas. 



La capital de su imperio la antigua Hattusas, situada junto a la actual aldea turca de Boghazköi, es un inmenso conjunto de ruinas de las que se han extraido millares de objetos artísticos y de tabletas inscritas, gracias a las cuales se ha podido reconstruir la historia de la ciudad. 



El panteón teológico estaba presidido por Teshub, dios de la tempestad que se manifestaba en el trueno, y su compañera Hepat, a los cuales se superponía la gran divinidad solar venerada en el santuario de Arinna. 



En razón de la heterogeneidad de los pueblos amalgamados en la denominación de hititas, no puede hablarse de la existencia de una raza de tal nombre. Nuestra lámina trata de imaginar cual sería el aspecto de un guerrero. 



Sus mujeres, como la que vemos en esta lámina, iban sencillamente vestidas y no usaban joyas ni productos de belleza, estaban habituadas a la vida al aire libre y a los trabajos de la casa. 



Aunque la fuerza del ejército hitita estaba basada en la facilidad de maniobra y la rapidez de sus unidades de caballería, las circunstancias geográficas obligaron también al empleo de cuerpos de infantes. Sus acciones eran especialmente efectivas en los lugares cubiertos por densa vegetación, sobre todo en los terrenos pantanosos o en los tupidos bosques de las cuencas fluviales, impenetrables para los jinetes. 



El esplendor político del estado hitita dependió en gran manera de la utilización de un arma mortífera: el carro de guerra. Las asombrosa campañas de Suppiluliuma y sus resonantes éxitos estuvieron basado en la movilidad de los escuadrones de carros que componían el grueso de su ejército. 



El cultivo de los campos y el pastoreo de los ganados se encomendó casi siempre a los antiguos pobladores del país que, al término de la conquista hitita, habían pasado a la condición de vasallos. 

La meseta de Anatolia, tierra esteparia, quebrada, hendida por agrestes barrancos, dio cobijo a numerosas especies de animales salvajes. 

En la época de los reinos neohititas, es decir, después del siglo XII a.C., la parte de Anatolia situada entre el mar Egeo y  la cadena montañosa del Tauro fue ocupada por los frigios.



En lo alto de los despeñaperros, oteando las barrancadas y la llanura anatolia, anidaban diversas especies de aves comedoras de carroña. 

domingo, 13 de enero de 2013

HISTORIA DE LA DINASTIA CASITA

Reyes de Babilonia

Año 1595 a.C., los hititas penetran en Babilonia y destruyen la dinastía amorrita del glorioso Hammurabi; los casitas, un grupo recién llegado a la región, procedentes de dios sabe donde, se convirtieron en el linaje sucesor del poder babilonio. Los casitas reinaron en Babilonia aproximadamente cuatro siglos (1595 – 1157 a.C.) y a lo largo de este periodo mantendrán una enconada rivalidad con el Imperio Asirio. Por una parte hubo episodios de dominación asiria sobre Babilonia, pero por otra parte se produjo una considerable influencia cultural de Babilonia sobre Asiria.

De enigmático origen, tal vez procedían de alguna zona del Zagros, el pueblo casita hablaba una lengua que no podemos emparentar ni con las semitas ni con las indoeuropeas. Se trata de uno de los pueblos “más extraños” (en cuanto a su origen) de la historia antigua de Mesopotamia. Los casitas se daban a sí mismo el nombre de kashshú y a Babilonia otorgaron el topónimo Karduniash.

Algunos investigadores han creido identificar a los cassitas, con los coseos citados por Polibio, Estrabón y otros autores antiguos, aunque no podemos asegurarlo categóricamente. Una identificación mucho más problemática es la defendida por W. Foster, que los emparenta con los actuales kurdos. 
 
Los principales dioses casitas eran Harbe, dios supremo, Suqamuna y Sumalia, dios y diosa de la montaña y protectores de la dinastía, lo que nos podía dar alguna pista sobre su montañés origen y Sipak, el dios lunar.

Grupos de casitas fueron penetrando en la sociedad mesopotámica, desempeñando actividades agrícolas o actuando como mercenarios en el ejército babilonio. Pero pronto comenzaron a actuar de forma totalmente independiente y ajenas al control de Babilonia.

Ya en época de Hammurabi tenemos noticias sobre operaciones militares llevadas a cabo contra fuerzas casitas en Mesopotamia meridional. Las listas reales babilonias dejan entrever que altos potentados de nombre casita, como Kastilias, se pusieron al frente de pequeños estados en el curso medio del Éufrates. Anteriormente (1740) Gandash fundó en estado en la región de Khana y se convirtió en su rey. Por tanto los casitas llevaban un tiempo merodeando por tierras babilonias y la incursión hitita del año 1595 a.C. fue aprovechada para usurparle el poder a la dinastía amorrea, siendo Agum II el primer rey casita en el trono de Babilonia, que además había recuperado la estatua del dios Marduk robada por los hititas.

Los comienzos políticos de la dinastía casita fueron muy complicados, pues tardaron prácticamente un siglo en hacerse con el control total de la región, hasta que en 1460 a.C. una importante operación militar casita logró expulsar a sus principales rivales procedentes de “el País del Mar”. A partir de ahora y hasta su caida, acaecida en 1157 a.C., los casitas lograron mantener la unidad política más firme y duradera de Mesopotamia meridional. En los siglos siguientes el Reino Casita tuvo que soportar la presión ejercida por los asirios en sus fronteras del norte y los elamitas por el sur. El rey elamita Shutruk-Nahhunte, en el año 1158 a.C. invadió Babilonia y destronó al último de los reyes casitas, Zabada-shumaiddina.

El Reino Casita no participó, al menos directamente, en las encarnizadas luchas por el control de la costa Sirio-Palestina, cuyos principales protagonistas fueron hititas, egipcio y mitannios. En este sentido los reyes casitas se dedicaron a mantener relaciones diplomáticos con todos, interviniendo de manera que ninguno de ellos se impusiera sobre los otros. Los reyes casitas, Karaindash, Kadasman-Enlil y BurnaBurias establecieron servicios de mensajería con los faraones egipcios, como Tutmosis III y Amenhotep II. Dentro de esta política de acercamiento y diplomacia, podemos incluir el acuerdo matrinonial entre la hermana y la hija de Kadasman-Enlil con el faraón Amenhotep III.

Mas las relaciones con las potencias de la zona no fueron únicamente políticas, sino que además tejieron una importante red de intercambios comerciales. Los casitas ofrecían caballos, carrozas, lapislázuli, aceites, bronce y plata a los egipcios, recibiendo a cambio oro, marfil, maderas nobles y vestidos. Gracias a este comercio, Babilonia acumuló tanto oro egipcio, que acabó convirtiéndolo en su patrón de valor.
Aunque los casitas tenían una organización tribal basada en los lazos sanguineos, no tardaron en adoptar la lengua, costumbres, religión e instituciones locales. El rey contaba con el apoyo de la burocracia y de altos funcionarios para gobernar. Una élite aristocrática formaba un ejército de guerreros montados en carros. Por otro lado administración seguía recayendo en los babilonios.


Las tierras de cultivo se dividían entre pequeñas propiedades privadas y los grandes latifundios de la corona, los templos y los altos dignatarios. Para señalar las propiedades de la tierra se utilizaban unos mojones llamados kudurru.
Detalle de la fachada del templo de Inanna erigido por Karaindash I, museo de Berlín.
Los soberanos casitas continuaron cumpliendo con las tradicionales obligaciones de la monarquía mesopotámica, como era la construcción y reparación de los lugares de culto. En ese sentido Karaindash construyó un original templo consagrado a Inanna/Isthar en la ciudad de Uruk. Los casitas introdujeron el uso del ladrillo esmaltado que fue básico en los posteriores estilos elamita medio, neobabilónico y aqueménida.

El monarca Kurigalzu I fue el primero en construir una residencia real que llevaría su nombre, sufragándola con el oro egipcio. La capital de Kurigalzu I fue bautizada como Dur-Kurigalzu, un ejemplo que posteriormente imitaron los soberanos asirios.
Dur-Kurigalzu, la moderna Aqarquf se encuentra a 30 Km de Bagdad, contando con un enorme zigurat, a cuyos pies se disponen tres templos y un palacio, en cuyo interior se hallaron los restos de una colosal estatua del monarca.


Los kudurru, junto con los sellos son las principales manifestaciones de la escultura casita. Los kudurru, de piedra dura, muestran largas enumeraciones de dones reales, representaciones divinas o símbolos de éstas. Mientras que los sellos aparecen profusamente decorados con motivos geométricos, plantas, abejas, saltamontes o monos.

La literatura casita, además de textos científicos relacionados fundamentalmente con la astronomía, los didácticos y los religiosos, también se preocupó por las cuestiones trascendentales de la vida del hombre. Obras como El sufrimiento del justo, el Diálogo del pesimismo y la leyenda de Adapa, se interesan por las relaciones entre dioses y hombres, y especialmente el eterno problema del mal. Durante la época casita, el babilonio se convirtió en lengua internacional y su legado literario se extendió por Asia Occidental, (Diluvio Universal) y llegó a impregnar la mitología griega clasíca (Historias de Ganímedes y de Ícaro).
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