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viernes, 18 de enero de 2019

ÍDOLO DE ORIHUELA.




Un ídolo de la Prehistoria ibérica representado en piedra, el soporte más noble y duradero. La pieza fue hallada por un arqueólogo aficionado en las cercanías de Orihuela y posteriormente cedido al museo de la ciudad alicantina. Se trata de un canto rodado con una figura antropomorfa incisa datado en algún momento de la Edad del Bronce (Tardío o Final).

La interpretación de estas piezas es complicada, especialmente, y como es el caso, cuando se carece de contexto arqueológico. Este Ídolo de Orihuela se ha supuesto representación de la deidad, héroe divinizado, exvoto o imagen de un difunto.

sábado, 19 de marzo de 2016

LOS VERRACOS DEL MAN.



Un toro (procedente de Segovia) y un cerdo (originario de Avila) son los dos representantes de la llamada “Cultura de los Verracos” en el Museo Arqueológico Nacional.


La posición de los verracos en el museo dan la sensación de rebaño, de caminar en busca de pastos y abrevaderos. Apasionante misterio de las piedras.


El cerdo fechado entre los siglos III y I a.C.


El toro datado entre los siglos II y I a.C.


En la Iberia prerromana (y aún en la romana) se tallaron reses con profusión de detalles y esmero. Pero las que han trascendido son las toscas esculturas de la Meseta: verracos, cerdos y toros de granito. Estos verracons pacían en solitario en medio del bosque o en las orillas de los prados.


¿Pudieron estas figuras de piedra ser la representación de un dios? Puestos a lanzar hipótesis difíciles de demostrar, puede ser tan válida como cualquier otra. Es cierto que ahora mismo no recuerdo haber leído nada a este respecto, pero podría servir como punto de partida para una investigación. También podría ser explicada desde una supuesta multifuncionalidad de estas esculturas.


Seguimos elucubrando, e imaginamos una especie de reino o entidad estatal completamente ágrafa. Y los verracos serían el blasón de la estirpe dominante. Una aristocracia guerrera, señores del ganado, se sitúan en la cúspide de una pirámide correspondiente a una sociedad vetona en proceso de compejización, gracias a la propiedad de los rebaños y al control de caminos, pastos y ganados.


Al cabo poco o nada sabemos de la religiosidad, creencia y dioses de estas gentes que habitaban vetonia.




jueves, 18 de junio de 2015

LA DAMA DE ORIHUELA



En una sociedad aristocrática, varonil y guerrera como era la ibérica, los hombres y mujeres seguían manteniendo un estrecho (e irrompible) vínculo con la esencia femenina, con la Madre Tierra. Eso al menos se desprende de la proliferación de esculturas de damas de hermosas facciones. Quizá la Dama de Orihuela no sea de las más conocidas, pero su belleza es innegable. Esculpida en arenisca y conservada en el pequeño museo de la ciudad alicantina, procede del prolífico Cerro de los Santos. Un manto cubre la cabeza de una dama datada en el siglo IV a.C. y que presenta un rostro colmado de serenidad. El yacimiento de procedencia es un santuario donde recibió culto una divinidad, de nombre desconocido, que se relaciona con unos depósitos de agua medicinales. Podemos imaginar un ritual centrado en la ablución o incluso ingestión de estas aguas, y en la ofrenda votiva de figuras como esta.  

domingo, 3 de agosto de 2014

EXVOTOS IBÉRICOS ¿A QUIÉNES REPRESENTAN?



Estas pequeñas estatuillas, fechadas entre los siglos VI y I a.C, durante la Edad del Hierro, halladas en la provincia de Jaen, son exvotos pertenecientes a la cultura ibérica. Se trata de regalos, ofendas y presentes para los dioses, que cumplen la misma función que hoy día siguen cumpliendo las flores, las velas y los cirios en los templos católicos.


Lo más llamativo, sin duda, son sus rostros. Y enseguida, surge el misterio, ¿a quién representan?. Se trata de formas que rozan el mundo surrealista y de pesadilla, la ensoñación y lo absurdo. Seres con rostros reptilianos que nos retrotraen al cine de ovnis y de extraterrestres que devorábamos en nuestra primera juventud. Una auténtica vanguardia artística de la protohistoria, y otro fascinante misterio (sin resolver) de nuestro pasado más remoto.  

viernes, 24 de mayo de 2013

SOBRE IBERIA DE APIANO (XXXI)

60 Actuación infamante de Galba.
Ellos, confiados en estas promesas, abandonaron sus lugares de residencia habituales y se reunieron en donde les ordenó Galba. Este último los dividió en tres grupos y, mostrándoles a cada uno una llanura, les ordenó que permanecieran en campo abierto hasta que, a su regreso, les edificara sus ciudades. Tan pronto como llegó a la primera sección, les mandó que, como amigos que eran, depusieran sus armas. Y una vez que lo hubieron hecho, los rodeó con una zanja y, después de enviar a algunos soldados con espadas, los mató a todos en medio del lamento general y las invocaciones a los nombres de los dioses y a las garantías dadas. De igual modo también, dándose prisa, dio muerte a la segunda y tercera sección cuando aún estaban ignorantes de la suerte funesta de los anteriores, vengando con ello una traición con otra traición a imitación de los bárbaros, pero de una forma indigna del pueblo romano. Sin embargo unos pocos de ellos lograron escapar, entre los que estaba Viriato, quien poco tiempo después se puso al frente de los lusitanos, dio muerte a muchos romanos y llevó a cabo las más grandes hazañas. Pero estas cosas, que tuvieron lugar después, las referiré más adelante. Entonces Galba, hombre mucho más codicioso que Lúculo, distribuyó una parte pequeña del botín entre el ejército y otra parte pequeña entre sus amigos, y se quedó con el resto, pese a que ya era casi el hombre más rico de Roma. Se dice que ni siquiera en tiempos de paz dejaba de mentir y cometer perjurio a causa de su ansia de riquezas. Y a pesar de que era odiado y de que fue llamado a rendir cuentas bajo acusación, logró escapar debido a su riqueza. 

61 Vetilio en Iberia. Viriato. 
No mucho tiempo después, todos los que consiguieron escapar a la felonía de Lúculo y Galba lograron reunirse en número de diez mil e hicieron una incursión contra Turdetania. Cayo Vetilio vino desde Roma contra ellos con otro ejército y asumió, además, el mando de las tropas que estaban en Iberia, llegando a tener en total diez mil hombres. Éste cayó sobre los que estaban buscando forraje y, después de dar muerte a muchos, obligó a los restantes a replegarse hacia un lugar en el que, en el caso de permanecer, corrían el riesgo seguro de morir de hambre, y en caso de abandonarlo, el de morir a manos de los romanos. Tal era, en efecto, la dificultad del lugar. Por este motivo enviaron emisarios a Vetilio con ramas de suplicantes, pidiéndole tierra para habitarla como colonos y prometiéndole que desde ese momento serían leales a los romanos en todo. Él prometió entregársela y se dispuso a firmar un acuerdo. Pero Viriato, que había escapado a la perfidia de Galba y entonces estaba con ellos, les trajo a la memoria la falta de palabra de los romanos y cuántas veces habían violado los juramentos que les habían dado y cómo todo aquel ejército estaba formado por hombres que habían escapado a tales perjurios de Galba y de Lúculo. Les dijo que no había que desesperar de salvarse en aquel lugar, si estaban dispuestos a obedecerle. 

lunes, 20 de mayo de 2013

UNA HISTORIA DE ESPAÑA (II)

Patente de Corso. Columna de Arturo Pérez Reverte en XL Semanal. Publicada el 20/05/2013.

Como íbamos diciendo, griegos y fenicios se asomaron a las costas de Hispania, echaron un vistazo al personal del interior -si nos vemos ahora, imagínennos entonces en Villailergete del Arévaco, con nuestras boinas, garrotas, falcatas y demás- y dijeron: pues va a ser que no, gracias, nos quedamos aquí en la playa, turisteando con las minas y las factorías comerciales, y lo de dentro que lo colonice mi prima, si tiene huevos. Y los huevos, o parte, los tuvieron unos fulanos que, en efecto, eran primos de los fenicios -«Venid, que lo tenéis fácil», dijeron éstos aguantándose la risa- y se llamaban cartagineses porque vivían a dos pasos, en Cartago, hoy Túnez o por allí. Y bueno. Llegaron los cartagineses muy sobrados a fundar ciudades: Ibiza, Cartagena y Barcelona -esta última lo fue por Amílcar Barça, creador también del equipo de fútbol que lleva su apellido y de la famosa frase Cartago is not Roma-. Hubo, de entrada, un poquito de bronca con algunos caudillos celtíberos (socios del Madrid según Estrabón, lo que puede explicarlo todo) llamados Istolacio, Indortes y Orisón, entre otros, que fueron debidamente masacrados y crucificados; entre otras cosas, porque allí cada uno iba a su aire, o se aliaba con los cartagineses el tiempo necesario para reventar a la tribu vecina, y luego si te he visto no me acuerdo (me parece que eso es Polibio quien lo dice). Así que los de Cartago destruyeron unas cuantas ciudades: Belchite -que se llamaba Hélice- y Sagunto, que era próspera que te rilas. La pega estuvo en que Sagunto, antigua colonia griega, también era aliada de los romanos: unos pavos que por aquel entonces (siglo III antes de Cristo, echen cuentas) empezaban a montárselo de gallitos en el Mediterráneo. Y claro. Se lió una pajarraca notable, con guerra y tal. Encima, para agravar la cosa, el nieto de Amílcar, que se llamaba Aníbal y era tuerto, no podía ver a Roma ni por el ojo sano, o sea, ni en fotos, porque de pequeño lo habían obligado a zamparse Quo Vadis en la tele cada Semana Santa, y acabó, la criatura, jurando odio eterno a los romanos. Así que tras desparramar Sagunto, reunió un ejército que daba miedo verlo, con númidas, elefantes y crueles catapultas que arrojaban películas de Pajares y Esteso. Además, bajo el lema Vente con Aníbal, Pepe, alistó a 30.000 mercenarios celtíberos, cruzó los Alpes -ésa fue la primera mano de obra española cualificada que salió al extranjero- y se paseó por Italia dando estiba a diestro y siniestro. El punto chulo de la cosa es que, gracias al tuerto, nuestros honderos baleares, jinetes y acuchilladores varios, precursores de los tercios de Flandes y de la selección española, participaron en todas las sobas que Aníbal dio a los de Roma en su propia casa, que fueron unas cuantas: Tesino, Trebia, Trasimeno y la final de copa en Cannas, la más vistosa de todas, donde palmaron 50.000 enemigos, romano más, romano menos. La faena fue que luego, en vez de seguir todo derecho hasta Roma por la vía Apia y rematar la faena, Aníbal y sus huestes, hispanos incluidos, se quedaron por allí dedicados al vicio, la molicie, las romanas caprichosas, las costumbres licenciosas y otras rimas procelosas. Y mientras ellos se tiraban a la bartola, o a la Bartola, según, un general enemigo llamado Escipión desembarcó astutamente en España a la hora de la siesta, pillándolos por la retaguardia. Luego conquistó Cartagena y acabó poniéndole al tuerto los pavos a la sombra; hasta que éste, retirado al norte de África, fue derrotado en la batalla de Zama, donde se suicidó para no caer en manos enemigas, por vergüenza torera, ahorrándose así salir en el telediario con los carpetanos, los cántabros y los mastienos que antes lo aplaudían como locos cuando ganaba batallas, amontonados ahora ante el juzgado -actitudes ambas típicamente celtíberas- llamándolo cobarde y chorizo. El caso es que Cartago quedó hecho una piltrafa, y Roma se calzó Hispania entera. Sin saber, claro, dónde se metía. Porque si la Galia, con toda su vitola irreductible de Astérix, Obélix y demás, Julio César la conquistó en nueve años, para España los romanos necesitaron doscientos. Calculen la risa. Y el arte. Pero es normal. Aquí nunca hubo patria, sino jefes (lo dice Plutarco en la biografía de Sertorio). Uno en cada puto pueblo: Indíbil, Mandonio, Viriato. Y claro. A semejante peña había que ir dándole matarile uno por uno. Y eso, incluso para gente organizada como los romanos, lleva su tiempo.

lunes, 29 de abril de 2013

SOBRE IBERIA DE APIANO (XXVII)

52 Perfidia de Lúculo.
Al día siguiente, los más ancianos, coronados y portando ramas de olivo de suplicantes, volvieron a preguntar otra vez a Lúculo qué tendrían que hacer para ser amigos. Éste les exigió rehenes y cien talentos de plata y les ordenó que su caballería combatiera a su lado. Cuando todas sus demandas fueron satisfechas, decidió poner una guarnición en el interior de la ciudad. Los de Cauca aceptaron también esto y él introdujo a dos mil hombres cuidadosamente elegidos, a quienes dio la orden de que cuando estuviesen dentro ocuparan las murallas. Una vez que la orden estuvo cumplida, Lúculo hizo penetrar al resto del ejército y, a toque de trompeta, dio la señal de que mataran a todos los de Cauca que estuvieran en edad adulta. Estos últimos perecieron cruelmente invocando las garantías dadas, a los dioses protectores de los juramentos, y maldiciendo a los romanos por su falta de palabra. Sólo unos pocos de los veinte mil consiguieron escapar por unas puertas de la muralla de difícil acceso. Lúculo devastó la ciudad y cubrió de infamia el nombre de Roma. Los demás bárbaros corrieron juntos desde los campos hacia zonas escarpadas o ciudades más poderosas, llevándose todo cuanto podían y prendiendo fuego a lo que dejaban para que Lúculo no pudiera encontrar ya nada.

53 Asedio de Intercatia. 
Este último, después de haber recorrido una gran extensión de tierra desértica, llegó a la ciudad de Intercatia, en la que se habían reunido, en su huída, más de veinte mil soldados de infantería y dos mil jinetes. Lúculo, siguiendo un criterio estúpido, los invitó a firmar un tratado, pero ellos le echaron en cara su actitud vergonzosa en los sucesos de Cauca y le preguntaron si les invitaba con las mismas garantías que les dio a aquellos. Lúculo, al igual que todos los culpables, lleno de ira contra ellos por sus reproches en vez de contra sí mismo, asoló sus campos y estableciendo un asedio, cavó en torno a la ciudad muchas trincheras y, de continuo, ponía a sus tropas en orden de combate provocando a la lucha. Sus adversarios, en cambio, no respondían de igual modo y sólo combatían con proyectiles. Con frecuencia, un cierto bárbaro salía cabalgando a la zona que mediaba entre ambos contendientes, adornado con espléndida armadura, y retaba a un combate singular a aquel de los romanos que aceptara y, como nadie le hacía caso, burlándose de ellos y ejecutando una danza triunfal se retiraba. Después que hubo ocurrido esto en varias ocasiones, Escipión, que todavía era un hombre joven, se condolió en extremo y adelantándose aceptó el duelo y, gracias a su buena estrella, obtuvo el triunfo sobre un adversario de gran talla, pese a ser él de pequeña estatura. 

miércoles, 13 de marzo de 2013

SOBRE IBERIA DE APIANO (XIX)

36 La rebelión de las tropas es sofocada
Escipión tenía en torno a él una guardia que no era visible. En primer lugar les censuró por lo sucedido, después les dijo que sólo haría recaer la culpa sobre los que comenzaron la revuelta, "a los que yo castigaré con vuestra ayuda". Y mientrar decía esto, ordenó a los lictores que dividieran en dos partes a la multitud. Así lo hicieron y los senadores llevaron a los culpables al centro de la asamblea. Cuando prorrumpieron en gritos y llamaron a sus compañeros de armas para que les socorrieran, los tribunos dieron muerte al instante a los que se hicieron eco de sus palabras. La multitud, una vez que supo que la asamblea estaba custodiada, se sumió en un silencio sombrío. Escipión, después de ultrajar a los que habían sido conducidos al centro, y en especial, a los que de entre ellos habían gritado en demanda de ayuda, ordenó que se les cortara el cuello a todos tras sujetarlos con clavos al suelo y, para el resto, proclamó por medio del heraldo el perdón. De este modo, Escipión restableció la situación en el campamento. 

37 Indíbil. Masinissa se alía con Escipión. 
Indíbil, uno de los reyes que había llegado a un acuerdo con él, realizó una incursión en una parte del territorio sometido a Escipión mientras estaba amotinado el ejército romano. Y cuando Escipión marchó contra él, sostuvo el combate con bravura y mató a mil doscientos romanos, pero al haber perdido a veinte mil de los suyos, se vio obligado a pedir la paz. Y Escipión le impuso una multa y llegó a un acuerdo con él. Massinissa, sin que Asdrúbal se percataase, cruzó el estrecho, y entablando relaciones de amistad con Escipión, juró combatir como su aliado, si llevaba la guerra contra África. Este hombre se mantuvo fiel en todas las circunstancias a causas del siguiente motivo. La hija de Asdrúbal, el general que entonces combatía a su lado, le había sido prometida en matrimonio a Massinissa. Pero el rey Sifax se enamoró de la joven y los cartagineses, considerando de gran importancia asegurarse a Sifax contra los romanos, le concedieron a la joven sin consultarle nada a Asdrúbal .Llevada a cabo esta acción, Asdrúbal la mantuvo oculta, por respeto a Masinissa, pero al enterarse éste hizo una alianza con Escipión. Y Magón, el almirante, habiendo perdido la esperanza en los asuntos de Iberia a juzgar por la situación presente, se hizo a la mar rumbo al país de los ligures y los celtas, y se dedicó a reclutar mercenarios. Mientras andaba ocupado en estos asuntos, los romanos se apoderaron de Gades, que había sido abandonada por Magón. 

viernes, 8 de marzo de 2013

SOBRE IBERIA DE APIANO (XVIII)


34 Sedición en el ejército de Escipión. 
Después de estos sucesos, Escipión cayó enfermo y Marcio asumió el mando del ejército. Pero todos aquellos soldados que habían gastado sus ganancias a causa de su vida disipada, juzgando que, por no tener nada, nada digno de sus fatigas habían conseguido y que Escipión los despojaba de su fama y sus hechos gloriosos de armas, hicieron defección de Marcio y acamparon por su cuenta. Se unieron a ellos muchos otros procedentes de las guarniciones, y algunos, llevando dinero de parte de Magón, intentaban persuadirlos para que se pasaran a su lado. Los amotinados tomaron el dinero, eligieron generales y centuriones entre ellos, dispusieron a su manera los demás asuntos y se pusieron a sí mismos bajo disciplina militar tomándose mutuos juramentos. Cuando Escipión se enteró, mandó decir a los sublevados que, debido a su enfermedad, no les había podido recompensar y, de otro lado, a los demás les apremió a que hicieran deponer su actitud a sus compañeros amotinados, y en común a todos les envió otra carta, como si ya estuvieran reconciliados, diciéndoles que les iba a recompensar de inmediato. Y les dio la orden de que marcharan, al punto, a Cartago Nova en busca de provisiones.

35 Escipión toma medidas para sofocar la sedición. 
Cuando fuero leídas estas cartas, algunos sospechaban, otros, en cambio, les daban crédito, de modo que llegaron a un acuerdo y todos a la vez se pusieron en camino hacia Cartago Nova. Al aproximarse éstos, Escipión dio la orden a los senadores que le acompañaban de que cada uno de ellos tomase como compañero a uno de los cabecillas de la sedición, cuando se acercaran, y lo recibiese como huésped, como si fuera a aconsejarle en tono amigable, y lo retuviera a ocultas prisionero. Ordenó también a los tribunos militares que cada uno tuviera dispuestos con sus armas a los hombres más fieles al rayar el alba sin ser vistos y que, ocupando los lugares estratégicos de la asamblea a intervalos, en el caso de que alguien se pusiera de pie con idea de causar algún disturbio, lo asaetearan y mataran inmediatamente sin orden previa. Él en persona, poco después de despuntar el día, se hizo llevar a la tribuna y envió por los alrededores a los heraldos para convocar a la asamblea. La proclama los cogió de improviso y, sintiendo vergüenza de que su general, todavía enfermo, estuviera aguardándoles y creyendo que eran convocados para el asunto de las recompensas, se precipitaron corriendo en tropel desde todos los lugares, unos sin ceñirse las espadas, otros vestidos sólo con la túnica, sin haber tenido lugar de ponerse toda su indumentaria. 

miércoles, 30 de enero de 2013

SOBRE IBERIA
APIANO (III)

4-5 Amílcar en Iberia. Su muerte. 
La primera guerra entre romanos y cartagineses fue una guerra extranjera por la posesión de Sicilia, librada en la propia Sicilia, y la segunda fue ésta de Iberia y en la propia Iberia. En el transcurso de ella, también ambos contendientes, navegando con grandes ejércitos, saquearon mutuamente sus territorios, unos Italia y otros África. La comenzaron alrededor de la ciento cuarenta olimpíada más o menos, cuando disolvieron los tratados que había concertado al final de la guerra de Sicilia. El motivo de la ruptura fue el siguiente. Amílcar, de sobrenombre Barca, cuando precisamente en Sicilia mandaba las fuerzas cartaginesas, prometió dar abundantes recompensas a sus mercenarios celtas y a los aliados africanos. Al serle reclamadas éstas por aquéllos, una vez que retornó a África, los cartagineses se vieron envueltos en la guerra de África, en el curso de la cual sufrieron numerosos reveses a manos de los propios africanos y entregaron Cerdeña a los romanos en compensación por las afrentas causadas a sus mercaderes en esta guerra de África. Por consiguiente, cuando sus enemigos lo hicieron comparecer a juicio por considerarlo, por estos motivos, el responsable de tantas calamidades para su patria, Amílcar, tras asegurarse el favor de todos los hombres de Estado - de entre los que era el más popular Asdrúbal, que estaba casado con una hija del propio Amílcar -, eludió el juicio e, incluso, cuanto tuvo lugar una sublevación de los númidas, consiguió ser elegido general contra ellos en compañía de Annón, llamado el Grande, sin haber rendido cuentas todavía de su anterior generalato. 

Una vez que acabó la guerra y se hizo regresar a Annón a Cartago para responder de ciertos rasgos, Aníbal, que se hallaba él solo al frente del ejército y tenía a su cuñado Asdrúbal como asociado suyo, se dirigió hacia Gades y, tras cruzar el estrecho hasta Iberia, se dedicó a devastar el territorio de los iberos, que no le habían causado daño alguno. Hacía de ello una ocasión para estar fuera de su patria, para realizar empresas y adquirir popularidad; en efecto, todo lo que apresaba, lo dividía, y daba una parte al ejército con el fin de tenerlo más presto a cometer desafueros en su compañía, otra parte la enviaba a Cartago y una tercera parte la repartía entre los políticos de su propio partido. Finalmente, los reyes iberos y todos los otros hombres poderosos, que fueron coaligándose gradualmente, lo mataron de la siguiente forma: llevaron carros cargados de troncos a los que uncieron bueyes y los siguieron provistos de armas. Los africanos al verlos se echaron a reír, al no comprender la estratagema, pero cuando estaban muy próximos, los iberos prendieron fuego a los carros tirados aún por los bueyes y los arrearon contra el enemigo. El fuego, expandido por todas partes al diseminarse los bueyes, provocó el desconcierto de los africanos. Y al romperse la formación, los iberos, cargando a la carrera contra ellos, dieron muerte a Amílcar en persona y a un gran número de los que estaban defendiéndolo. 

martes, 29 de enero de 2013

SOBRE IBERIA
APIANO (II) 

3 Argumento del libro Sobre Iberia.

A este país afortunado y lleno de grandes riquezas comenzaron a explotarlo los cartagineses antes que los romanos. Una parte de él la poseían ya y la otra la saqueaban, hasta que los romanos, tras haberlos expulsado, ocuparon de inmediato las regiones de Iberia que tenían los cartagineses. Y llegando a dominar el resto del país después de mucho tiempo y esfuerzo, y pese a las numerosas defecciones de los territorios ya ocupados, la dividieron en tres partes y enviaron a tres pretores. De qué modo llegaron ellos a someter a cada una y cómo lucharon con los cartagineses por su posesión y, después de éstos, con los iberos y celtíberos, lo mostrará este libro, que contiene una primera parte relativa a los cartagineses. Y puesto que este asunto era concerniente a Iberia, me fue necesario introducirlo en la historia de Iberia, por la misma razón por la que también los sucesos acaecidos entre los romanos y los cartagineses en relación con Sicilia, desde el comienzo de su invasión y su poder en la isla, se encuentran insertos en mi historia siciliana. 

martes, 22 de enero de 2013

GEOGRAFÍA DE IBERIA ESTRABÓN (XXX)



6 Razonamiento sobre toponimia.
Pero también es natural que los lugares adopten esa misma denominación, sobre todo después de que el tiempo ha destruido los hitos establecidos; porque hoy día no subsisten los altares de los Filenos, pero el lugar ha adoptado su nombre; y dicen que tampoco se vieron en la India columnas de Heracles ni de Dioniso, y sin embargo, al ser denominados así y mostrados como tales ciertos lugares, los macedonios creían que eran columnas aquellos en los que encontraban algún indicio de lo que se contaba sobre Dioniso o Heracles. Así pues, no hay porqué dudar de que los primeros en llegar aquí utilizaran como hitos, en los lugares más alejados y visibles a los que llegaron, altares, torres o pequeñas columnas hechas con sus propias manos - y los más visibles para indicar límites y comienzos de lugares son los estrechos, las montañas que se ciernen sobre ellos y las islitas - ni de que, al desaparecer los monumentos construidos por los hombres, se transfiera su nombre a los lugares, bien a las islitas, bien a los promontorios que forman el Estrecho; pues es difícil determinar ya a cuál de los dos accidentes hay que atribuir esa denominación, puesto que las Columnas se asemejan a ambos. Y digo que se asemejan porque se alzan en lugares tales que hacen pensar claramente en confines, por lo cual se llama también "boca" este Estrecho, y como éste otros muchos: la boca es comienzo si se entra y confín si se sale navegando. Por consiguiente, como las islitas situadas en la boca tienen un contorno definido y están en situación señalada, se podría, no sin razón, compararlas con columnas. Lo mismo pasa con las montañas que se ciernen sobre el Estrecho y que presentan un aspecto prominente, como las columnitas o las columnas. En este sentido tendría razón Píndaro al hablar de las "Puertas de Gádira", si se supusieran las Columnas en la boca; pues las bocas parecen puertas.

En cambio Gádira no se alza en lugares tales que puedan indicar un término, sino que está más o menos a la mitad de un extenso litoral que forma un golfo. Pero relacionar con las Columnas las del templo de Heracles  que se encuentra allí es a mi parecer aún menos razonable, porque lo verosímil es que prevaleciera la fama de este nombre si se lo hubieran dado primero generales, no comerciantes, como en el caso de las columnas de la India; y argumento en contra de esta interpretación es sobre todo la inscripción, que dicen que muestra no una imagen sagrada sino una relación de gastos; pues las Columnas de Heracles deberían ser un recordatorio de su gran empresa, no de los gastos de los fenicios. 

7 Régimen de las fuentes y pozos del Heraclion
Dice Polibio que hay una fuente en el Heraclion de Gádira que tiene una bajada de unos cuantos escalones hasta llegar al agua, que es potable, a la cual le sucede en las mareas lo contrario que al mar, que se seca en los flujos y se llena en los reflujos. Aduce como causa el hecho de que el aire que se escapa del fondo hacia la superficie de la tierra, al ser ésta cubierta por el oleaje durante las crecidas del mar, no puede salir por sus vías habituales, y regresando al interior obstruye los conductos de la fuente y provoca la falta de agua; y al quedar de nuevo la tierra al descubierto, yendo directo al exterior, deja libres las venas de la fuente de forma que puede manar con facilidad. Artemidoro, por otro lado, contradice a Polibio y da al mismo tiempo su propia explicación, citando además la opinión del historiador Sileno, pero creo que no dicen cosa digna de mención porque tanto él como Sileno son profanos en la materia. En cuanto a Posidonio, que asegura que es falsa esta historia, dice que hay dos pozos en el Heraclion y un tercero en la ciudad; de los del Heraclion, el más pequeño se agora de inmediato si se le saca agua sin interrupción y si se deja de sacar agua se llena de nuevo, y el mayor, que da agua abasto durante todo el día,  aunque baja de nivel como todos los demás pozos, de noche se vuelve a llenar cuando cesa la extracción. Pero puesto que la bajamar tiene lugar muchas veces con ocasión de la subida del agua del pozo, los lugareños han creído sin fundamento en lo inverso del fenómeno; así pues, que se ha dado crédito a la historia no sólo lo ha dicho Posidonio, sino que nosotros la hemos encontrado también recogida minuciosamente en las Paradojas. 

Hemos oído decir también que existen otros pozos, unos delante de la ciudad en los huertos y otros dentro de ella, pero que a causa de la mala calidad del agua proliferan en la ciudad los aljibes para el agua de lluvia. No obstante, si alguno de estos pozos avala la suposición de lo inverso del fenómeno, eso no lo sabemos; las causas, si es que realmente la cosa sucede así, habría que situarlas entre los problemas de difícil solución; porque es verosímil que sea tal como dice Polibio, pero es verosímil también que algunas de las venas de las fuentes, al ser mojadas por la marea por su parte externa, cedan y permitan a las aguas derramarse hacia los lados en vez de empujarlas a brotar siguiendo su cauce primitivo hasta llegar a la fuente; y se mojan, por fuerza, cuando el oleaje inunda la tierra. Pero sí, como dice Atenodoro, lo que sucede en las pleamares y bajamares se asemeja a la espiración e inspiración, podría haber algunas corrientes de agua que tuvieran su desagüe natural en la superficie por unas salidas cuyas bocas llamamos fuentes y manantiales, mientras que por otras salidas fueran atraídas al fondo del mar, y subiendo con él al subir la marea, cuando se produce una especie de espiración, abandonaran su cauce habitual y regresaran a él de nuevo cuando también el mar comenzara a retroceder.

sábado, 19 de enero de 2013

CAMARA FUNERARIA DE TOYA

(reconstrucción en el Museo Arqueológico de Jaén)




La cámara funeraria de Toya, hallada en Peal de Becerro, provincia de Jaén, es un enterramiento de época ibérica. Toya, es la antigua Tugi, mencionada por Plinio como ciudad perteneciente a Oretania.


Se trata de un hipogeo o tumba excavada en el subsuelo, monumental y con función de enterramiento colectivo. Posiblemente se trate de un mausoleo familiar. 



Esta cámara de Toya está construida en sillería y dividida en varias habitaciones y su arquitectura y ajuar funerario muestra contactos con otros puntos del Mediterráneo. 



La tumba está formada por tres dependencias o habitaciones, cada una de ellas compuesta por antecámara y cámara. 



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