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miércoles, 18 de diciembre de 2019

CANTAVIEJA.




En la comarca del Maestrazgo, Cantavieja es un nido de rapaz, difícil de alcanzar por tierra. Su situación privilegiada la convirtieron en el siglo XIX, en uno de los baluartes más destacados del Carlismo. Por este posicionamiento político y social, la población turolense sufrió varios asedios a lo largo de esta centuria.


Cantavieja se enclava en el corazón del Maestrazgo, una tierra dura y gélida, castigada por las ventiscas y por las heladas invernales. Algunas plantas que hemos visto por el camino serrano, recuerdan a la flora ártica (como en Laponia). Nos encontramos en pleno Sistema Ibérico, junto al río Cantavieja, en la provincia de Teruel, muy cerca de las frontera provincial con Castellón.



Un auténtico nido de rapaz que se eleva sobre las tierras del Maestrazgo, 1200 metros sobre la planicie, capital medieval de la comarca, una plaza fuerte codiciada por el Temple y por el Hospital. En estas regiones serranas, las ciudades, como atalayas y miradores, se establecen en las alturas: Cuenca, Albarracín, Cantavieja, Morella . . . A lo largo de la Edad Media se fue forjando la personalidad cultural (e histórica) del Maestrazgo. Precisamente es durante el Medievo la época en que se configura el urbanismo de estos pueblos (tan atractivos para los viajeros del siglo XXI).


Una leyenda cuenta que la fundó Amílcar Barca, el victorioso general cartaginés, y la llamó Cartago Vetus. En los documentos medievales aparece como Cantavellam. En el blasón aparecer una torre flanqueada por dos leones rampantes. En la cima una anciana ¿cantando?.



Plaza Mayor porticada, sobria y serrana. La plaza de Cristo Rey, a la que abren sus puertas el Ayuntamiento gótico y la Iglesia renacentista. En el centro de la plaza se desarrolla la celebración de las vaquillas y las tranzas, la subasta pública de los despojos del animal durante las fiestas patronales en honor a Santa Vicenta y la Virgen de Loreto (ubicada en el Camino del Cid). Un conjunto de edificios que van del románico al gótico, y al barroco. Y todo deliciosamente concentrado en un reducido espacio.


Esta casa odia la maldad, ama la paz, castiga los crímenes, conserva los derechos y honra a los honestos. Es la declaración de principios que se puede leer (si se conoce la lengua latina) en la fachada del Ayuntamiento, uno de los más antiguos de la comarca, levantado a finales de la Edad Media.


La iglesia gótica de San Miguel, del siglo XV, es una de las joyas arquitectónicas que podemos disfrutar mientras paseamos por Cantavieja. Esta iglesia fue construida en 1411 por Gonzalo de Funes y terminó siendo sepultado en su interior. Gonzalo de Funes llegó a ser Castellán de Amposta de la Orden de San Juan, y fundó una capellanía bien dotada en esta iglesia.


La Orden del Temple – como otras órdenes militares – apoyaron a la Corona de Aragón en la conquista y defensa de la comarca. Cantavieja fue incorporada al reino en época de Alfonso II. En este sentido los templarios pudieron establecer una bailía centrada en Cantavieja, que incluía las aldeas aledañas. Un territorio abrupto, extenso, escasamente poblado y poco fértil para la agricultura; la forma más eficiente de tener controlada esta región era ponerla bajo el dominio de las Órdenes Militares.


Los templarios se atrincheraron entre estos muros y sufrieron un penoso asedio después de la disolución de la orden. Este es nuestro hogar, y de aquí no nos echarán. Ocho largos meses aguantaron el asedio hasta ser completamente derrotados. Lo mismo hizo el general Ramón Cabrera, apodado el Tigre del Maestrazgo, en el siglo XIX. Durante las Guerras Carlistas instaló aquí su cuartel general. La expulsión de los templarios fue ordenada por el rey Jaime II y tras finiquitarlos, los hospitalarios se hicieron con el dominio de Cantavieja. El torreón del castillo se convirtió posteriormente en la ermita del Santo Sepulcro, punto final del recorrido del Calvario.



domingo, 31 de marzo de 2019

PALS, EL RECINTO GÓTICO.




Pals es otro bello ejemplo de villa medieval catalana y su recinto gótico fue uno de los primeros que se restauró en la comarca del Bajo Ampurdán.


A finales de los años cuarenta, el recinto gótico se encontraba en un estado ruinoso y prácticamente abandonado. Sus habitantes se habían trasladado al barrio de Samaria y, en aquella época, carecía de valor histórico o patrimonial hasta que por iniciativa propia, el Dr. Pi Figueras, junto con el alcalde de la villa Sr. Pere Serviá Cantó y las subvenciones recibidas por parte de la Diputación de Girona, hicieron posible la restauración del conjunto medieval que se inició en el año 1948 y finalizó treinta años más tarde. De este modo, el mencionado conjunto se convirtió en uno de los más visitados y mejor conservados de la comarca. (Del folleto turístico Pals, el recinto gótico).



A inicios del siglo XIII Pals era una modesta villa asentada sobre una colina dominada por un castillo y una iglesia. Por aquel entonces el conflicto generado con el conde de Ampurias por el mercado concedido por el rey Jaime II obligaron a mejorar las defensas del casco urbano que comenzaba a crecer alrededor del castillo.


Plaza Mayor y Pórtico de la Villa. El auténtico corazón de la villa de Pals, la plaza se abre frente a la puerta principal de la muralla, en el llano donde tradicionalmente se celebraba el mercado concedido por el monarca Jaime II.



Eglise San Pere. Su interior silencioso, y un tanto lúgubre, nos traslada a otro momento de la historia de Occidente, cuando los cristianos eran obligados al recogimiento y a la penitencia.


Esta iglesia de San Pere, o San Pedro, ya existía en el año 994. Parte de la piedra con la que se construyó, procedía del antiguo castillo. En el edificio se pueden apreciar las diversas tendencias arquitectónicas que la configuran: base románica (s. X-XI), ábside y nave de estilo gótico (s. XV) portada frontal barroca (s XVII) y el campanario (s. XVIII).


Murallas. Las murallas son la razón de ser de una ciudad medieval. En el siglo XIV muchas villas costeras se fortificaron para repeler los ataques piratas lanzados desde el Norte de África. En 1401 el rey Martín I autorizó a los habitantes de Pals a contraer una enorme deuda (400.000 sueldos) para poder financiar la rehabilitación y ampliación de murallas y fosos.



En la actualidad se conservan cuatro torres del mismo tipo y con nombre propio; Torre de Ramonet, Torre de Rom, Torre de Xinel-lo y Torre del Hospital. Las cuatro presentan la misma estructura; planta rectangular y abiertas de arriba a abajo, por la cara que da al interior del recinto, cubiertas con bóveda de cañón.


Con el tiempo el casco urbano de la villa se extendió por las laderas este, sur y oeste, y esta es la razón que explica que el tramo de muralla mejor conservado es el de la vertiente norte.


Ca La Pruna. Es la denominación actual del manso Illa, una de las casas más importantes de la historia medieval y moderna de Pals. La familia Illa aparece documentada ya en los albores del siglo XV, vinculados al cultivo y a la comercializacíon de los cereales, en especial del arroz.


Ca La Pruna es una casa fortificada levantada entre los siglos XV – XVI y destinada en la actualidad a casa de la cultura.


Torre de Ramonet. La mayoría de las torres de las murallas funcionaban como baluartes, es decir, torres cuadradas con la cara interior abierta. La torre de Ramonet mide unos 8 metros de altura y su muro se de un metro de grosor.


Cuando se producía un ataque o sitio, los defensores se distribuían por la planta baja y el primer piso, frente a las saeteras, para poder disparar con arcos y ballestas. En el tejado, los soldados se protegían tras las almenas, desde donde podían lanzar cualquier tipo de proyectil.


Castillo. El castillo de Pals fue construido en el siglo IX y desmantelado en el siglo XV en época de Juan II debido a su estado ruinoso.



lunes, 3 de septiembre de 2018

CASTILLO DE SANTA BÁRBARA EN ALICANTE.




El castillo de Santa Bárbara sobre el monte Benacantil lleva siglos protegiendo la ciudad de Alicante. Desde la prehistoria y pasando por las épocas iberas y romanas ha estado habitado este lugar. Sin embargo la fortaleza no se construye hasta época islámica, probablemente después de la firma del tratado de Tudmir entre visigodos y musulmanes.


La fortificación mantiene la estructura de alcazaba árabe durante gran parte de su vida, incluidos los primeros tiempos de dominación cristiana.


En el año 1296 la ciudad castellana fue conquistada por los ejércitos aragoneses de Jaime II. El castillo fue el último reducto que resistió y su alcaide Nicolás Peris defendió la plaza hasta el último suspiro. Cuenta la leyenda que murió con las llaves del castillo en una mano y la espada en la otra.


En el siglo XIV se amplia con nuevas dependencias. Dos siglos más tarde, en el XVI, el temor a la pirateria berberisca se traduce a una intensa fortificación, a cargo de dos de los más destacados arquitectos de su tiempo, Juan Bautista Antonelli y Jorge Palearo “el Fratín”.


Es durante la Guerra de Sucesión Española cuando el castillo de Santa Bárbara se transforma en una fortaleza moderna adquiriendo su fisonomía actual.




jueves, 21 de julio de 2016

ORDEN DE MONTESA.



En 1317, poco después de la trágica disolución de la Orden del Temple, el rey aragonés Jaime II consideró la necesidad de crear una orden militar de raíces valencianas, preparada y dispuesta para defender el litoral levantino; de esta forma nace la Orden de Santa María de Montesa. El papa Juan XXII ratificó la existencia y legalidad de la nueva organización. El propio Jaime II decidió que todas las antiguas posesiones del Temple y las del Hospital integrasen el patrimonio de la nueva orden. En 1400 se fusionó con la Orden de San Jorge de Alfama, y juntas caminaron hasta que fueron absorbidas por la corona durante el reinado de Felipe II.  

martes, 30 de septiembre de 2014

TEMPLARIOS EN PEÑÍSCOLA



En 1294 la Orden del Temple se asienta en Peñíscola. Cuentan, que edificaron este castillo siguiendo los modelos de las fortificaciones de Tierra Santa. Desde aquí podían controlar las tierras circundantes, y hasta aquí llegaron, arrastrados por el mar Mediterráneo, los lamentos de los cristianos cuando perdieron la Ciudad Santa de Jerusalén. Los tres cardos son omnipresentes desde el mismo momento en que se cruza el umbral del castillo. Se trata del blasón de Fray Berenguer de Cardona, maestre del temple a finales del siglo XIII.


Jaime II quería recobrar el dominio de Tarragona y del Norte de Valencia, territorios por los que se había extendido el Temple. El monarca deseaba recobrar para si estas ciudades y sus arrabales, en un proceso de fortalecimiento de su posición de poder en Aragón. A tal fin, cambió los derechos templarios sobre estos lugares por Peñíscola, la ciudad y el castillo, que incluía también los términos de Vinaroz y Benicarló; además de otras tenencias, castillos y ciudades. Estas mercedes concedidas a la Orden del Temple, eran parte del pago, por su colaboración en la conquista de Valencia.


En la actualidad los visitantes del castillo pueden disfrutar de una magnífica exposición sobre la Orden del Temple.

Una vez instalados en Peñíscola, los templarios procedieron a construir una fortaleza, sobre una antigua edificación árabe, inspirándose para ello, en los castillos de Tierra Santa. Si hacemos casos de los ¿documentos? la construcción fue rápida, poco más de una década.


El maestre del temple por esta época, al menos para esta región del mundo templario, era Fray Berenguer de Cardona, cuyo escudo heráldico estaba representado por la flor del Cardo.

El papa y el rey de Francia se empeñaron en disolver la Orden del Temple, y en lo que respecta a Peñíscola, una vez decretada la eliminación de los templarios, el castillo pasó a ser la sede de la Orden de Montesa de Aragón.

Templarios en el Mediterráneo ¿marineros o piratas? Las dos cosas. La línea que separa ambos mundos ha sido prácticamente inexistente.  





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