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viernes, 30 de enero de 2026

LA CONDESA BATHORY EN EL CINE.

 


 

Los crímes cometidos por la condesa húngara Erzebeth Bathory han alimentado notablemente, tanto la literatura como el cine de vampiros y brujas, con una carga erótica, más o menos explícita.  

 


 

Ingrid Pit en Countess Dracula (1971). La actriz polaca Ingrid Pitt fue una de las grandes estrellas femeninas de la productora británica Hammer Film. La condesa se bañará en la sangre de jóvenes doncellas para mantenerse bella y joven.

 



Lucía Bosé en Ceremonia sangrienta (1973). Una interesante revisión de la leyenda y una de las mejores películas, a pesar de no ser muy conocida, del fantaterror español. 

 



Paloma Picasso en Cuentos Inmorales (1973). La hija del celebérrimo pintor español trabajó con el director transgresor Walerian Borowczyk en esta erótica versión de los crímenes de la Condesa Sangrienta. 

 


 

Julia Saly en El Retorno del Hombre Lobo (1981).  Una estudiante de antropología mediante un ritual de sangre consigue devolver a la vida a la condesa Bathory, antagonista del licántropo Waldemar Daninsky, alter ego de Paul Naschy.

 


 


Julie Delpy en La Condesa (2009). Julie Delpy escribe, dirige, compone la música y protagoniza esta versión que se mueve entre el drama y la crueldad de una condesa que aterroriza más por su frialdad que por sus crímenes. 

 



Anna Friel en Bathory. La condesa de la sangre. (2008). Anna Friel da vida a la condesa en una película eslovaca más próxima a la hagiografía que a una historia de terror. Versión alternativa a la leyenda. 

 



 Lina Romay en Mujer Vampiro (1973). Aunque la compañera de Jesús Franco no interpreta a la condesa, su baño de sangre recuerda claramente a los crímenes cometidos por Erzsébet Bathory. "...el cuerpo de Romay opera como un eje narrativo que desafía las convenciones del cine erótico tradicional y del destape español. Al despojarse de idealizaciones y rechazar la clásica mirada masculina fetichista, Romay supone un cambio en la representación cinematográfica del deseo y la sexualidad que sintoniza con el escenario sociopolítico de la Transición" (Alex Mendíbil Blanco. Lina Romay y el cuerpo desplegado).

 


María Silva en El retorno de Walpurgis (1973). La condesa lanza una maldición al inquisidor Ireneus y a toda su descendencia. Película  dirigida por Carlos Aured , incluida en la saga del licántropo Waldemar Daninski.

 

 

domingo, 8 de junio de 2025

LAS PLANTAS DE LAS BRUJAS.



 


El reino vegetal es una inagotable farmacia utilizada por mujeres y hombres desde el alba de los tiempos. Para Mircea Eliade la mano de la mujer fue esencial para la domesticación de las plantas y por tanto del origen de la agricultura. En ese sentido, y en muchos otros, la mujer siempre se ha vinculado estrechamente con la Tierra y con la vegetación; la Naturaleza sagrada.



Sus conocimientos sobre el mundo vegetal, utilizaron plantas como la belladona, el beleño, el estramonio o la mandrágora, para elaborar pócimas mágicas, filtros de amor, bebedizos y ungüentos, las convirtieron en curanderas, santeras y brujas.



La gente más humilde acudía a ellas para curar sus males, los del cuerpo y los del espíritu. La diferencia entre la medicina y el veneno es únicamente la dosis.



Afrodisíacos, alucinógenos y venenos. Las plantas preferidas de las brujas pertenecen a la familia de las solanáceas, curiosamente igual que algunas de las hortalizas más comunes en nuestras cocinas , los tomates y los pimientos.



El beleño negro (Hyoscyamus niger), muy popular en Europa desde la Antigüedad, su nombre proviene de Belenus, dios celta de la luz, el Sol y el fuego. Conocido desde la Edad Media como "la hierba de las brujas".



El beleño se utilizó en la preparación de filtros de amor, y aprovechando sus efectos alucinógenos, las brujas se lanzaban a los cielos a volar, a horcajadas, sobre sus escobas.



El estramonio, la trompeta del Diablo, es la planta más venenosa de todas las solanáceas. A partir de ella se aisló por primera vez la escopolamina, la famosa burundanga. Un poderoso psicoactivo idóneo para provocar el trance o iniciar un viaje cósmico.



La belladona ya era utilizada en el Antiguo Egipto como un elixir de belleza y también en el Renacimiento por las mujeres para dilatar las pupilas y blanquear la piel. Un veneno para estar guapa.





La belladona contiene un alcaloide llamado atropina. Una pequeña dosis provoca delirios y alucinaciones. En exceso, la muerte. La delgada línea que separa ambos mundos; la consciencia y el cuerpo físico.




La mandrágora, la planta humana, magia y fantasía. Pocas especies vegetales reúnen tantas creencias y leyendas como ella.



Su misterio comienza con su propio origen, en terrenos húmedos y cenagosos, situados en oscuros y profundos bosques, cerca de un arroyo o manantial oculto. Suelos donde apenas llegan los rayos del Sol, imposible distinguir el día de la noche.



La Tierra le otorga sus propiedades mágicas. Por otro lado, su extraña forma antropomorfa, esas características humanas, la han convertido en un símbolo de rituales, hechicerías y experiencias sobrenaturales.



Su uso se remonta a época asiria y también aparece, como afrodisíaco, en el Génesis. En la Edad Media se pensaba que gritaba tan fuerte cuando la arrancaban del sustrato, que hacía enloquecer a todo incauto que tuviese la desgracia de oírla.



Las brujas la trituraban en un mortero de metal, y preparaban un ungüento con el que embadurnan su cuerpo para tener sueños y vivir experiencias fantásticas.




jueves, 23 de enero de 2025

BRUJAS EN DAIMIEL.

 



Magia natural y satanismo, humedales y akelarres. Cristianismo y patriarcado coaligados para someter a la mujer libre y salvaje, aquella capaz de crear su propia moral. Mientras escribo este me viene a la cabeza Ellen, uno de los personajes más fascinantes de los Pilares de la Tierra.


En otoño la noche llega pronto y las lluvias inundan tablas y turberas, el frío aún no ha llegado, es el momento propicio para preparar filtros y pócimas, comunicarse con los muertos y celebrar escandalosos akelarres. La brujería llama a nuestros ancestros. Las historias de brujas, como las de vampiros y licántropos me fascinan desde la infancia. Daimiel cuenta con su propia tradición brujeril. Unas historias que comienzan muchas décadas después de finalizada la oscura Edad Media.




Daimiel, una especie de oasis en medio de la Mancha, de tierras bajas y llanas, lagunas inundadas y ruidosas aves migratorias, entre tarays y la bruma encuentra su refugio la hechicera. Malpensados vecinos y cotillas de barrio, contaban que en los primeros años del siglo XVI, Juan Ruiz rondaba el cementerio con insanas intenciones, desnuda y con un candil en la mano, robaba huesos del osario de la iglesia San María. La estampa brujeril es perfecta, pero la Inquisición no fue capaz de encontrarla culpable. Pero Juana tuvo sucesoras.


La propia geografía de Daimiel y los alrededores da pie a la superstición y las especulaciones mágicas. La tierra húmeda y las aves son factores cruciales. Lejos de sectas satánicas y adoradores de Lucifer, las brujas manchegas que pululaban por estas tierras, de pueblo en pueblo, entre los siglos XVI y XVII (la cara B de la Contrarreforma) practicaban la hechicería amorosa, el curanderismo y la astrología. Magia, charlatanería, sugestión y engaño para el pueblo. Tan necesarias, como despreciadas y temidas por el vulgo. Los sapos, las culebras, las ortigas el romero, los amuletos y talismanes no faltaban en sus morrales. Un refrán manchego dice: “Ni pueblo sin brujas, ni hervor sin burbujas, ni cesta de brevas sin papandujas”. La Inquisición las mandó a la hoguera, el Romanticismo las sacó de las llamas y la modernidad las convirtió en heroínas feministas y antisistemas.


Don Quijote no era un antisistema, era un idealista y un nostálgico de un tiempo que nunca existió en la realidad.


miércoles, 28 de febrero de 2024

ERMITA DE LA CUEVA Y EMBALSE DE LAS CAÑAS.

 


Caminando entre Viana y Logroño, por caminos rurales y humedales, viviendo la vida con plenitud, haciendo eso para lo que estamos biológicamente diseñados, caminar.








La Virgen de la Cueva goza de gran devoción en la cercana Viana y Las Cañas es un humedal de gran importancia para las migraciones. En esa ocasión no pudimos acercarnos a sus aguas.















En la explanada que se abre ante la Ermita (donde supongo que se celebrará una multitudinaria romería) nos encontramos con un maravilloso mural dedicado a diferentes temas jacobeos, interpretados de una manera original y divertida: el Apóstol a caballo, la ermita de Eunate, el Puente de la Reina, la silueta de Viana, las ocas, los romeros, los músicos . . .




Este embalse de las Cañas es el resultado de una serie de recrecimientos, a base de diques, desarrollados sobre una antigua balsa natural. El régimen de lluvias y el tradicional uso intensivo del agua para el riego, ha contribuido a la naturalización de este espacio, mediante la formación de distintas masas vegetales en los alrededores.







A pesar de no ver la laguna de cerca, hemos podido encontrar pájaros en nuestro caminar: golondrinas, jilgueros, carboneros, abejarucos, la eterna rapaz en los cielos. Solamente es necesario pararse y mirar a nuestro alrededor.



Al igual que pasa en otras regiones húmedas del país, como las famosas Tablas de Daimiel, también parece existir cierta relación de la brujería con esta laguna de las Cañas. Viana y alrededores fueron una zona de actividad brujeril. Se cuenta que durante el siglo XVI (finalizada la Edad Media y comenzada la edad de la razón, el Renacimiento) brujos y brujas de toda la comarca acudían a estas tierras húmedas para celebrar sus akellares. No faltaban por supuesto, el famoso brujo de Bargota y la reina del akelarre, una muchacha ciega de Viana apodada Endregoto.


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