Cuando la palabra (y/o el
dinero) derrotan a la espada. Atila y sus hunos campaban a sus anchar
por Europa Occidental y tras haber sumido en el caos las tierras del
Imperio su siguiente objetivo era Roma. Enterado de la tormenta que
se avecinaba el papa León I salió al encuentro del Azote de Dios
escoltado por San Pedro y San Pablo (el gran Rafael Sanzio pintó la
escena en las estancias vaticanas). Utilizando buenas palabras, y tal
vez algo de oro, el Sumo Pontífice consiguió que el jefe bárbaro
retirase sus tropas. Años más tarde, el mismo papa León no pudo
impedir que el caudillo vándalo Genserico saquease Roma.
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lunes, 20 de febrero de 2017
sábado, 26 de noviembre de 2016
JULIO II
Giuliano della Rovere, o
lo que es lo mismo Julio II, fue el prototipo de pontífice del
Renacimiento, lo mismo disfrutaba de participar en una cacería, de
contemplar una bella obra de arte o acudir montado a caballo al campo
de batalla. Siempre optó por ser martillo en lugar de yunque. Para
mucho – Jacob Burckhardt entre ellos – el auténtico salvador del
papado.
Guerrero, mecenas,
aficionado a las artes, amigo (y protector) de Miguel Ángel y
Rafael, inició la construcción de la basílica de San Pedro, e
incluso hizo incursiones en la arqueología. Gracias a sus
iniciativas se pudieron rescatar, entre otras obras clásicas, el
Laocoonte.
Para sufragar los gastos
de la magna obra Vaticana puso a la venta las famosas indulgencias
que fueron atacadas justamente y con dureza por Martín Lutero.
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