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domingo, 10 de febrero de 2013

GAMABRIVOS


Gamabrivos es el nombre de una antigua tribu germana. El geógrafo de Amasia, Estrabón, dice de ellos, que junto a queruscos, catos y catuarios, eran pueblos de menor importancia.

"Otros pueblos germánicos de menor importancia son los queruscos, catos, gamabrivos y catuarios;"
Estrabón VII, 1, 3. 

Puede ser, que en tiempos de Estrabón los gamabrivos eran vasallos, o clientes, de otras naciones germanas más poderosas. 

lunes, 19 de noviembre de 2012

AMPSIVARIOS

LA ESTIRPE ERRANTE.
Los ampsivarios, o angrivarios como aparecen en otras traducciones, fueron una tribu germana, expulsada de sus tierras en el valle del Amisia (actual Ems) por sus hostiles vecinos y obligada a errar penosamente por Germania.
En tiempos del emperador Nerón, los ampsivarios, encabezados por Boyocalo intentaron un acercamiento a Roma, suplicándoles tierras donde poder asentarse y vivir en paz. Los romanos se negaron a entregar tierras y Boyocalo contestó que "puede faltarnos una tierra para vivir, pero no una para morir", tras lo cual levantó en armas a diversas tribus germanas. El legado de Germania Inferior, Avito, penetró en tierras de los tencteros, y el legado de la Superior mostró sus armas en la retaguardia. Tras esta demostración de fuerza y poder, la coalición germana se desgajó.

Los ampsivarios, solos y rodeados de enemigos, continuaron su vagar hasta que finalmente fueron aniquilados y borrados de la faz de la tierra.

"Esas mismas tierras fueron ocupadas por los ampsivarios, que gozaban de más valimiento no sólo por su número, sino por la compasión que despertaban en los pueblos limítrofes, porque, expulsados por los caucos y privados de un asentamiento, suplicaban un lugar de exilio seguro. Tenían de su parte a un hombre ilustre entre aquellas gentes y también fiel a nosotros, llamado Boyocalo; recordaba éste que, durante la rebelión de los queruscos, había sido encadenado por orden de Arminio, que luego había militado bajo el mando de Tiberio y de Germánico, y que a sus cincuenta años de obediencia se sumaba además el mérito de haber puesto a su pueblo bajo nuestra hegemonía. ¿Qué inmensas campiñas se dejaban de baldío para que de vez en cuando cruzaran por ellas las manadas de ganado menor y mayor del ejército?. Bien está - añadía - que reserven refugios para los rebaños en medio de hombres hambrientos, pero no que prefieran la destrucción y la soledad a la amistad de los pueblos. Los camavos habían poseído en otro tiempo aquellas labranzas, luego los tubantes y después los usipos. Lo mismo que el cielo había sido confiadas al género humano, y las que estaban vacías eran propiedad pública. A continuación, mirando al sol e invocando a los demás astros, les preguntaba, como si los tuviera delante de él, si querían contemplar un suelo despoblado; sería preferible que hiciesen desbordarse el mar, anegando a quienes usurpaban las tierras.

Conmovido por estas palabras, Avito declaró que había que soportar el poder de los mejores; esos dioses a los que imploraban habían querido que poseyesen los romanos la libertad de dar y de quitar, sin tolerar otros jueces que ellos mismos. Esto respondió en público a los ampsivarios, pero a Boyocalo, en recuerdo de su amistad, prometió darle tierras, ofrecimiento que rechazó por considerarlo el precio a su traición, agregando: "Puede faltarnos una tierra en que vivir, pero no una en qué morir". De este modo, con ánimo hostil por ambas partes, se separaron. Áquellos llamaron a los bructeros, téncteros e incluso a pueblos más alejados como aliados para la guerra. Avito, después de escribir a Curtilio Mancia, legado del ejército superior, que atravesara el Rin y mostrara sus armas al enemigo por la retaguardia, condujo las legiones al territorio de los téncteros, amenazándoles con el exterminio si no abandonaban aquella causa. Así que, al desistir éstos, con igual advertencia se logró disuadir a los bructeros; y cuando los restantes pueblos también rehuyeron los peligros de una lucha ajena, el pueblo de los ampsivarios, al quedarse solo, se retiró a la región de los úsipos y tubantes. Expulsados de aquellas tierras, tras dirigirse a las de los catos y luego a las de los queruscos, al cabo de largo peregrinaje, convertiros en extranjeros, mendigos, enemigos en tierra ajena, los jóvenes fueron aniquilados y los que por su edad no podían luchar fueron repartidos como botín".
Tácito. Anales, XIII, 55- 56

sábado, 27 de octubre de 2012

GERMANIA DE TÁCITO (XIII)



37   Los cimbrios, próximos al Océano, ocupan justamente el saliente de la Germania. Pequeña nación en la actualidad, aunque de pasado glorioso. Subsisten amplios vestigios de su antigua fama: espacios destinados a campamentos en ambas orillas, por cuya extensión se puede calcular aún hoy la magnitud y fortaleza de aquel pueblo y dar credibilidad a un éxodo tan grande. 

Corría el año 640 de nuestra Ciudad cuando por ver primera se oyeron los hechos de armas de los cimbrios, durante el consulado de Cecilio Metelo y Papirio Carbón. Si contamos desde entonces hasta el segundo consulado del emperador Trajano, tenemos un total de casi doscientos años: ¡tanto va tardando Germania en ser sometida!. En un período tan extenso se han producido mutuos y abundantes reveses. Ni el Samnio, ni los cartagineses, ni Hispania o las Galias, ni siquiera los partos, nos han suministrado tantas lecciones. Sin duda, la libertad de los germanos nos cuesta más cara que el despotismo de Arsaces. En efecto, ¿qué otro trastorno, a no ser la muerte de Craso, nos ha causado el Oriente, sometido por Ventidio y que perdió por su parte, a Pacorro?. Los germanos, en cambio, además de derrotar o capturar a Carbón, Casio, Escauro Aurelio, Servilio Cepión y Máximo Manlio, arrebataron al tiempo cinco ejércitos consulares al pueblo romano; incluso lo mismo sucedió al César y a Varo y sus tres legiones. Si bien los derrotó Cayo Mario en Italia, el divino Julio en la Galia y Druso, Nerón y Germánico en su propio territorio, no fue sin sufrir, a su vez, pérdidas. Posteriormente, las grandes amenazas de Cayo César cayeron en el ridículo. Hubo después paz, hasta que, con ocasión de nuestras disenciones y guerras civiles, tras asaltar los cuarteles de invierno de las legiones, trataron también de invadir las Galias y de nuevo fueron rechazados. En los últimos tiempos, más que victorias nos han dado excusas para que celebremos triunfos.

38    Debo hablar ahora sobre los suevos, que no son un solo pueblo, como ocurre con los catos y tencteros. Ocupan la parte más extensa de Germania y se diferencian por sus respectivos nombres nacionales, aunque se les llama comúnmente suevos. Es típico de esta raza peinarse el pelo hacia un lado y sujetárselo por debajo con un moño; de esta manera, los suevos se diferencian de los restantes germanos y los suevos libres de los esclavos. En otros pueblos se da también, aunque raramente y durante la edad juvenil, ya por algún parentesco con los suevos, o, lo que sucede con más frecuencia, por mimetismo. Los suevos, hasta que encanecen, cardan sus hirsutos cabellos y es frecuente que los lleven atados en lo alto de la cabeza. Los próceres llevan el pelo de forma más rebuscada. Tal es su preocupación por la estética; aunque inofensiva, por cuanto no se adornan para amar o ser amados, sino para aparentar una mayor estatura a los ojos de los enemigos e infundir así el terror al entrar en combate. 

GERMANIA DE TÁCITO (XII)



34     Los dulgubnios, los casuarios y otros pueblos menos conocidos cierran por la espalda a los angrivarios y camavos; los frisios los limitan por la parte frontal. La denominación de frisios mayores y menores proviene de su diferente potencial. Ambas naciones se hallan bordeadas por el Rin hasta llegar al Océano y abarcan también inmensos lagos, surcados incluso por flotas romanas. Es más, por esa zona hemos explorado el mismo Océano. La fama ha divulgado que subsisten todavía las columnas de Hércules, bien porque estuvo Hércules allí, bien porque parecemos estar de acuerdo en atribuir a su gloria todo lo que de grandiosos haya en cualquier parte. Y no le faltó audacia a Druso Germánico; sino que el Océano impidió sus indagaciones sobre él y sobre Hércules. Nadie lo intentó con posterioridad; y ha parecido más piadoso y reverente creer en los hechos de los dioses que conocerlos a ciencia cierta. 

35   Hasta aquí nuestras noticias sobre Germania en su parte occidental. Luego se desvía hacia el Norte formando un gran arco. Lo primero que encontramos es la nación de los caucos, que, aunque comienza a partir de los frisios y ocupa parte de la costa, se extiende a lo largo de los flancos de todos los pueblos que acabo de citar, hasta alcanzar el país de los catos, formando un entrante. Tan inmensa extensión de tierras no sólo la ocupan, sino que la abarrotan los caucos, el más noble pueblo entre los germanos y que prefiere defender su grandeza con la justicia. Sin ambiciones ni violencias, en paz e independientes, no provocan guerra alguna, no saquean ni se dedican a robos ni a rapiñas. La mejor prueba de su valor y fuerza es que no pretenden mantener su superioridad con la injusticia. Sin embargo, todos tienen sus armas dispuestas y, si la situación lo requiere, un ejército de muchos hombres y caballos. Su fama es la misma cuando están en paz.

36      En el costado de los caucos y de los catos, los queruscos, al no ser hostigados, alimentaron una paz excesiva y enervante. Y esto fue más agradable que tranquilizador, porque en medio de ambiciosos y potentes la seguridad que se mantiene es falsa; cuando la violencia aparece, la moderación y la honradez son conceptos que se apropia el vencedor. Así, a quienes antes se llamaba los buenos y justos queruscos, ahora son tachados de indolentes y necios. La fortuna se convirtió en sabiduría para sus vencedores los catos. Arrastrados por la ruina de los queruscos, también los fosos, pueblo vecino, participan de su desgracia, aunque en los tiempos felices habían sido inferiores. 

viernes, 26 de octubre de 2012

GERMANIA DE TÁCITO (XI)




31     Una usanza poco frecuente entre los restantes pueblos germanos y que se debe a la valentía individual se convierte en los catos en algo comúnmente aceptado: cuando llegan a la adolescencia, se dejan crecer el pelo y la barba y sólo tras haber matado a un enemigo se despojan de este adorno facial ofrecido y consagrado al valor. Sobre la sangre y los despojos descubren su frente y sólo entonces creen haber pagado el precio de su nacimiento y ser dignos de su patria y de sus padres. Los cobardes y malos guerreros continúan con su feo aspecto. Los más valientes se colocan, además, un anillo de hierro (cosa ignomiosa para esta gente) y lo llevan como una atadura hasta que se liberan de ella con la muerte de un enemigo. Este hábito gusta a la mayoría de los catos, y al envejecer aún conservan este distintivo, que es objeto de admiración para los enemigos y para los suyos. En ellos está la iniciativa de todos los combates. La suya es siempre la primera línea, de extraño aspecto, y ni siquiera en la paz adoptan maneras más suaves. Ninguno posee casa, campo o alguna ocupación, siempre que llegan a casa de alguien, se les alimenta; pródigos de lo ajeno, menosprecian lo suyo, hasta que la vejez, con su debilidad, los hace incapaces para afrontar tan duras pruebas de valor.

32   Próximos a los catos, los úsipos y tencteros habitan las zonas del Rin donde su cauce ya se ha afianzado y constituye una frontera suficiente. Los tencteros, aparte de la común gloria guerrera, sobresalen por la destreza de su arte ecuestre. No es mayor la fama de los infantes de los catos que la de los jinetes de los tencteros. Así lo establecieron sus antepasados y así lo mantienen sus descendientes. De este tipo son los juegos infantiles y las competiciones juveniles; incluso los ancianos continúan practicándolo. Los caballos se transmiten junto a los esclavos, los penates y los derechos sucesorios; nos los obtiene el hijo primogénito, como los demás, sino el más arriesgado y el más aventajado en la guerra.  

33   Junto a los tencteros se hallaban en otro tiempo los brúcteros. Se cuenta que los camavos y angrivarios emigraron allí, tras ser expulsados los brúcteros y exterminados de raíz por una coalición de las naciones vecinas, bien por odio a su orgullo, bien por el incentivo del botín, o bien por una cierta protección de los dioses para con nosotros, pues ni siquiera nos hurtaron el espectáculo de la batalla. Cayeron más de sesenta mil, y no por las armas romanas, sino para deleite de nuestros ojos, lo que supone un triunfo más brillante. ¡Ojalá permanezca y se mantenga en estas naciones, si no el afecto hacia nosotros, sí, al menos, el odio entre ellas, puesto que a los atormentados destinos del imperio nada mejor puede proporcionar Fortuna que la discordia entre sus enemigos!. 

jueves, 25 de octubre de 2012

GERMANIA DE TÁCITO (X)




29  Los bátavos, que se distinguen por su valor entre todos estos pueblos, no ocupan una gran zona de la orilla, aunque habitan también una isla del Rin. Eran antaño una tribu de los catos que emigró, por culpa de una revuelta interna, a las sedes en las que pasarían a formar parte del imperio romano. Conservan la distinción y la señal de la antigua alianza, pues no son humillados con tributos, ni los arruina el publicano: exentos de cargas y contribuciones, quedan reservados para utilizarlos en combate, como si fueran lanzas y armaduras. 

En la misma situación de obediencia están los matiacos, pues la grandeza del pueblo romano ha extendido el respeto a su imperio más allá del Rin y de sus antiguos confines. Y aunque viven en su orilla en lo tocante a su asentamiento y fronteras, están con nosotros en espíritu y pensamiento, semejantes en el resto a los batavos, salvo que son más temperamentales por el suelo y el clima de su país.

Aunque se hayan asentado al otro lado del Rin y del Danubio, no veo razón para incluir entre los pueblos de Germania los que trabajan los campos Decumates: deshecho de toda la Galia y audaces en su pobreza, ocuparon un suelo, de propiedad incierta; más tarde, trasladada la frontera y adelantadas las guarniciones, se convierten en avanzada del imperio y en parte de una provincia.

30    Más allá de éstos, tienen los catos sus primeros asentamientos a partir de la selva Hercinia, en una zona no tan llana y pantanosa como la de los demás pueblos por los que se extiende la Germania; a lo largo de una formación de colinas, que luego se van haciendo más escasas, la selva Hercinia acompaña a los catos como algo propio, pues acaba donde ellos acaban. Pueblo de cuerpo más robusto, miembros enjutos, de semblante amenazador y con mayor fuerza de ánimo. Para lo que son los germanos, tienen mucha capacidad de raciocinio y habilidad. Invisten como jefes a gente escogida, saben escuchar a tales jefes, guarda cada uno su puesto, reconocen las oportunidades, refrenan sus impulsos, distribuyen las tareas diurnas, se atrincheran durante las noches; incluyen la fortuna entre las cosas dudosas, el valor entre las seguras y - cosa muy rara y que sólo puede lograrse con la disciplina romana - esperan más del jefe que del ejército. Toda su fuerza está en la infantería, a la que cargan, aparte de sus armas, con herramientas y provisiones. Otros pueblos parece que van al combate; los catos van a la guerra. Son raros los golpes de mano y la lucha improvisada. Corresponde a las fuerzas de a caballo obtener una victoria rápida y retirarse con la misma rapidez. La velocidad guarda relación con el miedo; la lentitud es más propia de la firmeza.   

sábado, 30 de enero de 2010

BÁTAVOS GERMANOS EN LOS PAÍSES BAJOS



Tácito nos cuenta lo siguiente, de ese pueblo germano, asentado en territorios de los actuales Países Bajos: “Los batavos, que se distinguen por su valor entre todos estos pueblos, no ocupan una gran zona de la orilla, aunque habitan también una isla del Rhin. Eran antaño una tribu de los catos que emigró, por culpa de una revuelta interna, a las sedes en las que pasarían a formar parte del Imperio Romano. Conservan la distinción y la señal de la antigua alianza, pues no son humillados con tributos, ni los arruina el publicano; exentos de cargas y contribuciones, quedan reservados para utilizarlos en combate, como si fueran lanzas y armaduras”.

Los batavos, posiblemente descendientes de los catos y fuertemente celtizados, tenían como capital Niviomagus (Nimega) y otras ciudades como Batavarum Oppidum (Batenburgo) y Batavodurum (Wyck-Durstel), fueron sometidos por Druso en el 12 a.C. Los romanos se aprovecharon de las destrezas militares de los bátavos, llegando Augusto a formar una guardia imperial con ellos. Hacia el 69 d.C. se sublevaron junto a los belgas, acaudillados por Claudio Civilis, aunque fueron derrotados por Cerealis , y siguieron actuando como tropas auxiliares de los ejércitos romanos.Ya en la Antigüedad Tardía, los francos invadieron su territorio a principios del siglo V, produciéndose una fusión entre ambas entidades, y dejó de hablarse por siempre de los batavos.
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