La
media luna y las llaves de San Pedro, y los tres cardos. Don Pedro de
Luna y Fray Berenguer de Cardona. El Papa y el Maestre. El Cisma y el
Temple. ¿Por qué hay enclaves que se empeñan en atraer misterios?.
Tanto el castillo templario como la sede papal fueron efímeras.
Aunque sus ecos resuenan con fuerza en el siglo XXI. Peñíscola fue
donde los templarios vieron desaparecer su orden. Los mismos muros
sintieron languidecer al último papa de Avignon. El mar arrastra
desde oriente lágrimas derramadas por la pérdida de Tierra Santa.
El mar devuelve a Roma, a Francia, y a quien quiera oirlo, que el
auténtico sucesor de San Pedro mora en esta costa. Una vez perdida
Tierra Santa, el Temple perdió su razón de ser. Cuando Roma se
reconcilió con la Cristiandad, el Papa Luna sufrió su propio
eclipse. Templarios y antipapas, dos rebeliones vaticanas que
tuvieron su epílogo en la costa mediterránea.
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viernes, 24 de octubre de 2014
martes, 30 de septiembre de 2014
TEMPLARIOS EN PEÑÍSCOLA
En
1294 la Orden del Temple se asienta en Peñíscola. Cuentan, que
edificaron este castillo siguiendo los modelos de las fortificaciones
de Tierra Santa. Desde aquí podían controlar las tierras
circundantes, y hasta aquí llegaron, arrastrados por el mar
Mediterráneo, los lamentos de los cristianos cuando perdieron la
Ciudad Santa de Jerusalén. Los tres cardos son omnipresentes desde
el mismo momento en que se cruza el umbral del castillo. Se trata del
blasón de Fray Berenguer de Cardona, maestre del temple a finales
del siglo XIII.
Jaime
II quería recobrar el dominio de Tarragona y del Norte de Valencia,
territorios por los que se había extendido el Temple. El monarca
deseaba recobrar para si estas ciudades y sus arrabales, en un
proceso de fortalecimiento de su posición de poder en Aragón. A tal
fin, cambió los derechos templarios sobre estos lugares por
Peñíscola, la ciudad y el castillo, que incluía también los
términos de Vinaroz y Benicarló; además de otras tenencias,
castillos y ciudades. Estas mercedes concedidas a la Orden del
Temple, eran parte del pago, por su colaboración en la conquista de
Valencia.
En la actualidad los visitantes del castillo pueden disfrutar de una magnífica exposición sobre la Orden del Temple.
Una
vez instalados en Peñíscola, los templarios procedieron a construir
una fortaleza, sobre una antigua edificación árabe, inspirándose
para ello, en los castillos de Tierra Santa. Si hacemos casos de los
¿documentos? la construcción fue rápida, poco más de una década.
El
maestre del temple por esta época, al menos para esta región del
mundo templario, era Fray Berenguer de Cardona, cuyo escudo heráldico
estaba representado por la flor del Cardo.
El
papa y el rey de Francia se empeñaron en disolver la Orden del
Temple, y en lo que respecta a Peñíscola, una vez decretada la
eliminación de los templarios, el castillo pasó a ser la sede de la
Orden de Montesa de Aragón.
Templarios
en el Mediterráneo ¿marineros o piratas? Las dos cosas. La línea
que separa ambos mundos ha sido prácticamente inexistente.
miércoles, 10 de septiembre de 2014
CASTILLO DE PEÑÍSCOLA.
El
castillo de Peñíscola fue sede de los Caballeros Templarios y
refugio del desafortunado Papa Luna. Por este último motivo es
conocido como el Castillo del Papa Luna.
La
fortaleza se ubica en la zona más elevada del peñón donde se
asienta la antigua ciudad de Peñíscola, y comparte con el Vaticano
y Avignon haber sido Sede Papal. Alcanza los 64 metros sobre el nivel
del mar, tiene una altura media de 20 metros y un perímetro total de
230 metros. El castillo se encuentra unido al continente por una
estrecha lengua de tierra, y por tanto, en ocasiones, se convierte en
una auténtica isla invulnerable.
La
fortaleza en cuestión comenzó a construirse en 1294, sobre una
antigua construcción árabe y se finalizó en 1307. Se cuenta que
los templarios la edificaron a imagen y semejanza de los castillos de
Tierra Santa. En cuanto a la alcazaba árabe, y a pesar de las
alusiones en documentos de la época, es muy poco lo que se sabe de
ella y menos todavía, los restos que se han encontrado.
Antes
de a los templarios, la plaza perteneció a Jaime I, conquistador de
la ciudad, y a Guillem de Montcada.
En
1319, motivada por la disolución del Temple, el castillo pasó a
manos de la Orden de Montesa de Aragón, que procedió a su
ampliación. El maestre de dicha orden estableció aquí su residencia.
Pero
quizás el personaje que más ha contribuido a la fama del castillo
fue el Papa Luna. Último representante del Cisma de Avignon, y
natural de la Corona de Aragón, don Pedro Martínez de Luna, papa
con el nombre de Benedicto XIII, tuvo que refugiarse en Peñíscola,
donde después de haber sido declarado antipapa, vivió los últimos
años de su vida, en una reclusión total.
Benedicto XIII y su sucesor Clemente VIII utilizaron Peñíscola como Basílica Pontificia. De esta manera se convirtió en tercera sede papal junto con Roma y Avignon.
| Ventana construida por el Papa Luna orientada a Roma. |
El
castillo quedó incorporado a la corona por obra de Alfonso V, el
protector del Papa Luna, y definitivamente por el rey católico,
Fernando.
La
fachada principal ofrece la única puerta de acceso al interior del
castillo. El potón con su arco de medio punto estaba flanqueado por
dos torres cuadradas, una de las cuales fue derribada en el siglo XIX
durante la Guerra de la Independencia.
Sobre
la misma puerta una serie de sillares esculpidos muestran algunos
emblemas heráldicos: la cruz negra de la Orden del Temple, la flor
del Cardo, de Fray Berenguer de Cardona, Maestre del Temple y las
fajas de Arnaldo de Banyuls, comendador de Peñíscola.
Esta sala rectangular de cubierta abovedada fue el antiguo establo de la fortificación.
Salón gótico de planta rectangular.
Los tres cardos, blasón de Fray Berenguer de Cardona, maestre del Temple cuando la Orden tomó posesión del castillo.
Sala de la cisterna. Aquí se encontraba el pozo desde el que se accedía al agua del aljibe. La sala estaba comunicada con el salón gótico y con una torre que ya no existe.
Salón del cónclave. Un amplio salón, de bóveda de sillería e iluminado por una claraboya. La tradición sitúa aquí el cónclave celebrado a la muerte de Benedicto XIII por los cardenales de su obediencia.
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