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domingo, 16 de noviembre de 2025

PEDRO ABELARDO, EL CABALLERO DE LA DIALÉCTICA.




Pierre Abélard, conocido en España como Pedro Abelardo, figura indiscutible del medio cultural parisino, un goliardo que aportó mucho más que cualquiera de los goliardos. Figura intelectual de primer nivel. Bretón de nacimiento, miembro de la pequeña nobleza devaluada con la aparición de la economía monetaria. Abandona el oficio de las armas de sus hermanos, heredado de los mayores, y se decanta por el conocimiento, entregándose con fervor al estudio. En palabras de Paul Vignaux, el caballero de la dialéctica. Génesis de ideas, Abélard suscita acalorados debates y apasionadas discusiones. En París demuestra su necesidad de derribar ídolos, provocando y atacando al más ilustre maestro de la ciudad, Guillermo de Champeaux. Después de duros combares, agotado y enfermo, Abelardo decide retirarse a su Bretaña. El mar le hará bien.

Recuperadas las energías vuelva a París y derrota definitivamente a Guillermo. A Pedro Abelardo le preocupa que la teología esté por encima de todo conocimiento. Decisión; él también será teólogo. Se dirige a Laón a empaparse con la sabiduría del más ilustre de los teólogos de su época; Anselmo.

Abelardo es un tanto iconoclasta, antitradicionalista convencido. Tiene alma de filósofo, y piensa que el método puede servirle también para la teología. En este tiempo Abelardo ya tiene un numeroso público que le obliga a continuar hablando, disertando, comentando, exhortando . . . Se encontraba en la cúspide de su popularidad y reconocimiento y el amor se cruzó en su camino. En 1118 su gloria queda hecha añicos por su aventura con Eloisa. Su desgracia, incluida la castración, queda recogida en sus memorias Historia Calamitatum. Con 39 años le asalta el amor, un amor de verdad, de carne y hueso, nada que ver con los versos de Ovidio, ni con las canciones que él mismo componía. Eloisa, bonita y culta, 17 años, y el amor prendió en si pecho. El tío de la joven es amigo de Abelardo, y se la entrega como discípula. Abelardo y Eloisa se enamoran, y son descubiertos. Eloisa queda embarazada, al hijo lo van a bautizar Astrolabio. Se casan, Fulberto al sentirse engañado asalta la casa de Abelardo y lo castra. Eloisa ingresa en un convento.

Abelardo se enclaustra en Saint Denis. De monasterio a convento los amantes mantendrán su relación contra viento y marea. Sus seguidores acudirán constantemente a pedirle que reanude sus enseñanzas y él les escribe un tratado de teología.

 

sábado, 29 de junio de 2019

ELOÍSA.



Una chica lista y culta no debe enamorarse, piensan algunos, eso es para las tontas. Bonita e inteligente, una mujer extraordinaria y cuentan, con una belleza fuera de lo común, su delito, enamorarse de Pedro Abelardo.

Eloisa, una joven diferente de las demás, una intelectual de su tiempo (algo extraño para una chica de la Edad Media), con diecisiete añitos enamoró al gran Abelardo, una auténtica eminencia del conocimiento. Un amor prohibido y trágico, su historia la pudo haber escrito (varios siglos más tarde) William Shakespeare. Tras su fracaso amoroso terminó convertida en Abadesa del Paráclito.

domingo, 5 de marzo de 2017

JUAN DE SALISBURY.



Un inglés que salió de su isla para estudiar durante varios años en el continente, siendo alumno entre otros, de Pedro Abelardo. De regreso a Inglaterra entró al servicio del arzobispo de Canterbury Teobaldo, y luego de su sucesor Thomas Beckett.


Luego volvió al continente, viajó por Italia y terminó ocupando la sede episcopal de Chartres. Destacado representante de la Escuela de Chartres, con tendencias humanistas y seguidor  del modelo de Cicerón.  

jueves, 3 de abril de 2014

ABELARDO Y ELOÍSA. LOS INFORTUNIOS DEL AMOR



Pedro Abelardo, considerado uno de los grandes genios de la historia de la lógica, era uno de los más respetados maestros de Teología de la Universidad de París durante la Edad Media, además de ser hombre elegante y altivo. Motivos ambos que despertaban por igual, envidias y admiraciones. 

El canónigo de Notre Dame, Fulgencio, entusiasmado por la fama del enseñante, le elegió para convertirlo en maestro y tutor de su joven sobrina Eloísa. Una chica de diecisiete años, guapa, inteligente y que destacaba por sus amplios conocimientos del latín, el griego y el hebreo.

¿Admiración mutua?, ¿pasión  desbordada?, ¿amor incondicional?. Quizás todo junto prendió la llama del amor entre el maestro y la alumna. Tal fue la devoción que sentían el uno por el otro, que no dudaron en celebrar esponsales en secreto. 

Pero la naturaleza sigue su curso y Eloísa quedó embarazada. La noticia llegó a oídos de Fulgencio, que lleno de ira y de rabia, planeó una horrible venganza. La sobrina fue encerrada en un monasterio donde dio a luz a un niño, que recibió un extraño nombre: Astrolabio. Más doloroso y humillante fue el castigo para Abelardo, pues unos sicarios penetraron en su habitación y castraron al maestro.

Abelardo se retiró de la vida pública y se recluyó en Nogent-sur-Seine y Eloisa se convirtió en la abadesa de Argentuil. A partir de este momento Abelardo y Eloisa tuvieron que seguir su relación mediante cartas. Pero la distancia no pudo disolver este amor.

Cuentan que cuando Eloísa murió, ventiún años después que su amado y su cuerpo era bajado para ser depositado en la sepultura, Abelardo extendió los brazos para dormir a su lado por toda la eternidad.
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