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sábado, 10 de agosto de 2019

SIGLO DE ORO.




Al tiempo que los puertos valencianos y alicantinos despedían a los herederos españoles del Islam, una estirpe de escritores iluminaba España con el oro de las letras. La permanente búsqueda de la belleza, la combinación de los antiguo y lo moderno, lo foráneo y lo nacional, la defensa de unas tradiciones que iban perdiendo su sitio en Europa o la reflexión minuciosa sobre la decadencia española impregnaron la tinta de los mejores escritores de todos los tiempos. Cervantes descubre el doloroso conflicto entre la realidad y la bambolla en la triste odisea de don Quijote de la Mancha; Lope de Vega revoluciona la escena y se convierte en el más acérrimo defensor de la ideología tradicional y los valores casticistas; Góngora busca el refugio de la belleza en una travesía poética que sigue la ruta trazada por el fluir melancólico de Garcilaso de la Vega; Baltasar Gracián asombra con su dominio del concepto y el lenguaje; Calderón pregona el espíritu religioso de la Contrarreforma mientras Quevedo, puro de sangre y con espada y pluma de mucho filo, desentraña las contradicciones del barroco y entrega a la imprenta algunos de los versos de amor más hermosos y conmovedores de las letras españolas,

serán ceniza, mas trendrá sentido;
polvo seán, mas polvo enamorado.

La literatura del Siglo de Oro fascinó a Europa y paseó el prestigio del idioma español por medio mundo en un momento en que los tercios empezaban a renquear en las tierras del Imperio.
Fernando García de Cortázar.
Historia de España. De Atapuerca al Estatut.


martes, 9 de abril de 2013

DAFNE Y EL SIGLO DE ORO


Apolo y Dafne. Pintura de Théodore Chasseriau 
Los mitos griegos, siempre han gozado de buena salud y han servido de inspiración para artistas y poetas de todos los tiempos. El Siglo de Oro de las letras hispánicas es un buen ejemplo de ello, como muestra, dos hermosos Sonetos. 

"A Dafne ya los brazos le crecían
y en luengos ramos vueltos se mostraban;
en verdes hojas vi que se tornaban
los cabellos que el oro escurecían:

de áspera corteza se cubrian
los tiernos miembros que aun bullendo estaban;
los blancos pies en tierra se hincaban
y en torcidas raíces se volvían.

Aquel que fue la causa de tal daño,
a fuerza de llorar, crecer hacia
este árbol, que con lágrimas regaba.

¡Oh miserable estado, oh mal tamaño,
que con llorarla crezca cada día
la causa y la razón por que lloraba!"
Garcilaso de la Vega

A. Mingote: Apolo y Dafne. 
Tras vos, un alquimista va corriendo,
Dafne, que llaman Sol, ¿y vos, tan cruda?
Vos os volvéis murciélago sin duda,
pues vais del Sol y de la luz huyendo.

Él os quiere gozar, a lo que entiendo,
si os coge en esta selva tosca y ruda:
su aljaba suena, está su bolsa muda; 
el perro, pues no ladra, está muriendo.

Buhonero de signos y planetas,
viene haciendo ademanes y figuras,
cargado de bochronos y cometas.

Esto la dije; y en cortezas duras
de laurel se ingirió contra sus tretas,
y, en escabeche, el Sol se quedó a oscuras.
Francisco de Quevedo.
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