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sábado, 30 de noviembre de 2019

MONTERIGGIONI.




Murallas, torres, caminos de ronda, pasadizos secretos, ermitas, viento, olivos, viñedos, tierra seca, silencio . . . sensaciones de otro tiempo, recuerdos de otra vida, de aquella que no he vivido, pero en lugares como este, soy capaz de recordar . . .


Monteriggioni, situada en la Toscana (concretamente en la provincia de Siena), conserva su aroma medieval (mucho mejor que la cercana y archiconocida San Gimignano), pues aquí los efectos de las invasiones de turistas armados con cámaras de fotos, no han sido tan dramáticos. La pequeña localidad se encuentra en la Vía Francigena, un camino de peregrinación que comienza en Canterbury y finaliza en la plaza de San Pedro.


Las iglesias están perfectamente diseñadas y orientadas de tal manera que la luz del Sol, símbolo divino ilumine con mayor intensidad la zona del altar, de esta manera ilumina al creyente, que traspasando el umbral del templo, ha podido llegar a la zona más profunda, más alejada del mundo, mas sacra . . .



sábado, 31 de agosto de 2019

JARANA.




Para muchos peregrinos el Camino de Santiago (o cualquier otra peregrinación, como la literaria, y cinematográfica, a Canterbury) es comadreo, jolgorio y jarana. Peregrinos y peregrinas ríen a carcajadas y vociferan sentados alrededor de la mesa de cualquier bar, cafetería o chiringuito. Algunos inician escarceos que tendrán su culminación bajo las sabanas o revolcados en cualquier granero. Todo se inunda de alegría como relató Geoffrey Chaucer, autor de Cuentos de Canterbury, inspirado en el Decamerón de Bocaccio. Esta comunión también forma parte de la milenaria Ruta Xacobea, de cualquier romería y peregrinación de todo tiempo y lugar.

viernes, 2 de mayo de 2014

THOMAS BECKET.



El conflicto Monarquía versus Iglesia vivió momentos de gran pasión en la relación establecida entre Thomas Becket y Enrique II. Becket no era poseedor de una gran intelecto ni erudición, pero tenía el don de hacerse querer, por este motivo, siendo joven aún, el arzobispo de Canterbury, Teobaldo, lo tomó bajo su protección y servició en 1142, pensando que sería un excelente peón en la enconada disputa con la monarquía. Teobaldo envió al joven Thomas a Roma, donde también se ganó rápidamente el afecto del Papa. El siguiente paso que dio Teobaldo fue aconsejar al rey Enrique II que nombrase a Becket canciller (algo así como el Primer Ministro). Si Enrique aceptaba, Teobaldo estaba seguro de que Becket sabría manejar las negociaciones con la iglesia de forma ventajosa para la Cruz. Y efectivamente Enrique hizo oficial el nombramiento. Pero lejos de lo que esperaba Teobaldo, entre Thomas y Enrique surgió pronto una amistad y confidencialidad. Becket se unió a los lujos y juergas en que vivía Enrique y para horror de Teobaldo se puso de parte del rey en la cuestiones relativas a la disputa corona-iglesia. Todo esto cambió en 1161 con la muerte de Teobaldo. 


Había muerto el principal rival de Enrique II en materia de política religiosa y el rey creía tener la solución para terminar con el conflicto; Becket sería nombrado nuevo arzobispo de Canterbury. Pero al rey le salió el tiro por la culata. Becket era un tipo al que gustaba hacer bien su trabajo. Y si como canciller había defendido los intereses de la corona, una vez en la sede de Canterbury haría lo propio con la iglesia. Ahora se dedicaría a proteger los intereses de la Iglesia. Esta nueva posición y su repentino cambio de actitud rompió para siempre su amistad con Enrique II. De amigos fieles pasaron a enemigos irreconciliables. Todo se precipitó la navidad de 1170. Thomas Becket decidió excomulgar a los obispos de York que habían participado en la coronación del hijo mayor de Enrique y para hacerlo sucesor. Esta tarea era función de Canterbury y el arzobispo actuó excomulgando a los participantes. La ira se apoderó de Enrique que llevado por la locura exclamó: “¡Y ni uno de los cobardes que alimento en mi mesa, ni uno sólo de ellos, es capaz de librarme de este sacerdote turbulento!”. 


Cuatro caballeros se retiraron y partieron a Canterbury, al parecer sin tener órdenes claras por parte del rey que como actuar. El 39 de dieciembre de 1170 los cuatro caballeros irrumpieron en la catedral de Canterbury y en el mismo altar dieron muerte a Becket. La noticia cayó como un helado jarro de agua fría sobre Enrique, que se dio cuenta de que este acontecimiento podría acarrearle numerosos problemas. Su enemigo Luis VII corrió enseguida a la Santa Sede a exigir que Enrique II fuese excomulgado y muchos de sus súbditos empezaron a verlo como una auténtica bestia. El caballero Plantagenet tuvo que realizar grandes esfuerzos para volver a ser admitido en el seno de la Iglesia.

miércoles, 30 de abril de 2014

WESTMINSTER ABBEY



Fundada en los tiempos de Eduardo el Confesor, desde Guillermo el Conquistador, la Abadía de Westminster o Iglesia Colegiata de San Pedro de Westminster, ha sido el lugar de coronación de los monarcas ingleses (y británicos). Uno de los centros religiosos más importantes del Reino Unido, en competencia con Canterbury.

En el 960 monjes benedictinos se establecen en la Isla de Thorney, que posteriormente se denominaría Westminster. Algunos años más tarde, concretamente el 28 de diciembre de 1065, se consagra la abadía a Eduardo el Confesor. 


The Pix Chamber, fue construida en los años inmediatamente posteriores a la llegada de los normandos y es una de las partes más antiguas de la abadía. 


El día de Navidad de 1066 se celebró la coronación de Guillermo el Conquistador, la primera de la que se tiene constancia, y que inició una sacra tradición que ha sobrevivido hasta nuestros días. 


A partir de 1245 durante el reinado de Enrique III se inicia la construcción de la iglesia actual, en estilo gótico. La reconstrucción auspiciada por este rey fue organizada como un santuario en honor al rey Eduadro el Confesor, cuyo sepulcro ocupa un destacado lugar en el altar mayor de la iglesia. 


Su interior es un enorme mausoleo donde descansan, entre reyes, nobles y reinas, algunos de los británicos más destacados de la historia en diferentes campos, como Newton, Darwin o Livingstone


La Silla de la Coronación es uno de esos objetos cargados de secular tradición, tan del gusto británico. En madera, ordenada fabricar por el rey Eduardo I hacia 1300, concebida para que contuviese la Piedra del Destino, que el propio Eduardo había robado a los escoceses en 1296. 


La Abadía se fundó en el siglo X, una época en que toda la Cristiandad reconocía la supremacía del papado de Roma. Pero en el siglo XVI todo esto cambió, Enrique VIII rompió con el Catolicismo, la Iglesia Anglicana se independizó y Westminster se convirtió en uno de sus baluartes. 
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