En los soportales de esta plaza se instalaron talleres de forja, de ahí su nombre. Este gran espacio se creó para albergar la Feira Franca que en el siglo XV el rey castellano Enrique IV concedió a la ciudad. Más tarde, durante los siglos XVII y XVIII se celebraban en este lugar corridas de toros. Aún se conservan edificios de dos plantas de los siglos XV - XVII que comparten espacio con otras construcciones modernistas de principios del siglo XX.
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miércoles, 8 de mayo de 2019
lunes, 21 de enero de 2019
jueves, 22 de noviembre de 2018
OLMEDO. EL PUEBLO TRANSMITIÓ LA LEYENDA Y LOPE PUSO LAS LETRAS.
Ladrillo mudéjar, espadañas y cigüeñas. Tarde de verano, pleno julio, paseando por la Piel de toro, sin morir abrasado por un Sol inmisericorde. El peculiar sonido de las cigüeñas nos recibe a nuestra llegada a Olmedo, conocida como la Villa de las Siete Puertas, las Siete Iglesias y las Siete Fuentes.
La Villa de las Siete Siete, pues cuentan que tiene siete plazas, siete fuentes, siete conventos, siete iglesias, siete arcos (o puertas), siete casas nobles y siete pueblos en su alfoz.
Ayer fueron olmos lo que hoy son pinos. La Villa de Olmedo, histórica y literaria, se yergue con solera en la comarca de Tierra de Pinares. Debido a su situación estratégica, a medio camino entre varias ciudades importantes, Olmedo jugó un destacado papel en los juegos políticos castellanos.
Olmedo fue una de las villas repobladas por el rey Alfonso VI, y entre idas y venidas acabó formando parte de Aragón. Cuando estalló la guerra con Castilla, Olmedó tomó partido por Juan II que se personó en la ciudad para apoyar a sus vecinos, y provocar, de paso, el abandono de los aragoneses.
Más tarde el infante don Alfonso, enfrentado y levantado en armas contra su hermano Enrique IV instaló aquí su corte. En 1467 en la batalla de Olmedo se enfrentaron los dos, y un año después pasó a poder a la hermana de ambos, la princesa Isabel.
La importancia de Olmedo era tal, que en aquella época circulaba un refrán: Quién señor de Castilla quiere ser a Olmedo de su parte ha de tener.
A pesar de su pequeño tamaño Olmedo atesora un valioso patrimonio monumental.
Monasterio de la Concepción, un antiguo convento de la Orden Franciscana.
Palacio de la Chancillería y Torre del Reloj, situados en un extremo de la Plaza Mayor. En el siglo XVI albergó la Real Chancillería cuando Valladolid sufrió una virulenta epidemia de peste.
La Plaza Mayor era el centro neurálgico y lugar habitual para la celebración del mercado.
La celebración del mercado en la Edad Media era un privilegio concedido por el monarca. Era una forma de atraerse el apoyo de las ciudades frente a la poderosa nobleza castellana.
Casa de la Villa con fachada del siglo XVII abre sus puertas a la Plaza Mayor. Hasta hace muy poco tiempo fue la sede del ayuntamiento.
Convento de Nuestra Señora de la Merced Descalza. La iglesia barroca y el convento se reconstruyeron sobre el edificio original en el siglo XVIII. Actualmente es la sede del ayuntamiento.
Palacio del Caballero de Olmedo. Auténtico símbolo de la tradición local, la literatura, el teatro, Lope de Vega y el celebradísimo Siglo de Oro.
“Que de noche le mataron
al caballero
la gala Medina
la flor de Olmedo”.
Arco de San Miguel y Murallas. La repoblación de la Extremadura duriense se hace a partir de las comunidades de Villa y Tierra. La muralla rodea, protege y delimita las cabeceras de estas comunidades. Aquí surge la denominación de las Siete Villas.
Iglesia de San Miguel y cripta de la Soterraña, patrona de Olmedo. San Miguel es una joya del mudéjar y orgullo local.
El Arco de San Miguel, denominado así por encontrarse junto a la iglesia del mismo título se abre en doble arco de ladrillo.
Plaza del Pozo de la Nieve, otro lugar concurrido y frecuentado por los vecinos.
Santa María del Castillo, iglesia gótica del siglo XVI. Un compendio de arquitectura que aúna la portada románica (siglo XII) con añadidos mudéjares (XV) y góticos (siglo XVI). Grandes volúmenes se alzan sobre un basamento, el atrio porticado se apoya en el muro lateral.
Los edificios modernos, aquellos destinados a las viviendas, imitan al mudéjar, con sus pequeños ladrillos vistos, de forma que se mimetizan con el entramado tradicional e histórico de la villa.
Calle abrazamozas. ¿A que vendrían aquí los jóvenes del pueblo?.
sábado, 27 de octubre de 2018
FERNANDO DE FONSECA.
Don Fernando de Fonseca, que yace junto a su esposa doña Teresa de Ayala, fue un reputado caballero castellano y maestre sala del rey Enrique IV de Castilla. Segundo señor de Coca, hermano del influyente arzobispo de Sevilla, Alonso I de Fonseca, destacó en las luchas entre Enrique IV y su hermano el infante Alfonso.
En la batalla de Olmedo acudió Fernando de Fonseca con ciento cincuenta hombres a caballo en apoyo del infante Alfonso que había establecido su corte en la villa de Olmedo. Es en esa refriega donde el Señor de Coca recibe una desafortunada lanzada del duque de Alburquerque. A los pocos días, y a causa de la fatal herida, fallece, siendo sepultado en la Iglesia Mayor de Coca.
En el sepulcro, magnífica obra renacentista, el caballero viste armadura y porta espada y yelmo.
viernes, 19 de octubre de 2018
PALACIO DE LOS VIVERO.
El 19 de octubre del año 1469 los muros de este palacio vallisoletano fueron testigos del enlace matrimonial entre Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, que habían acordado reunirse aquí, lejos de los espías del rey Enrique IV. Con este matrimonio la historia de España tomaba un nuevo rumbo.
Este palacio fue mandado edificar hacia el año 1440 por Alonso Pérez de Vivero, un hidalgo de origen gallego enriquecido gracias a su matrimonio y un puesto en la corte de Juan II de Castilla, y en principio era una casa fuerte con torres en sus esquinas.
El hijo de Alonso, Juan de Vivero, heredó el edificio, y el cargo en la Corte, aunque no tardó en rebelarse contra el rey Enrique IV, el cual contaba con el apoyo de los vecinos de la villa. Esta posición de rebeldía explica el apoyo a Isabel, a la que escondió en su casa.
Después del traslado de la Real Audiencia y Chancillería, sus Católicas Majestades, le dieron otro uso, transformando los salones palaciegos en salas de audiencia.
domingo, 15 de enero de 2017
VILLA DE ESCALONA.
Un castillo sobre un puente, y
sobre el puente una escalera. Sobre el río Alberche, un modesto
afluente del inconmensurable río Tajo, en la provincia de Toledo, la
villa de Escalona lleva siglos observando el acontecer histórico de
estas tierras. Los historiadores (los que verdaderamente entienden de
todo esto) echan la vista atrás y no consiguen vislumbrar los
verdaderos orígenes de la población. Los más atrevidos suponen que
fue fundada por un grupo de judíos errantes que huían del rey
babilonio Nabucodonosor II.
En los alrededores se han
hallado restos romanos y visigodos, e incluso se relaciona la actual
Escalona con una desaparecida ciudad andalusí islámica. Lo cierto
es, que la partida de nacimiento se firmó en el año 1083, cuando
fue tomada militarmente por el rey Alfonso VI de León y Castilla,
poco antes de lanzarse conquistar la imperial Toledo.
En 1086 este mismo rey
convierte el castillo de Escalona en fortaleza defensiva, procediendo
además a levantar un recinto amurallado. Diego y Domingo Álvares,
que recibieron la carta de repoblación de Escalona, son los
responsables de este obra arquitectónica.
La villa de Escalona se sitúa
en un enclave estratégico, ideal para defender la importante ciudad
de Toledo frente a los musulmanes de Al Andalus. Esa posición
fronteriza motivó que la gente del lugar soportase las duras
condiciones de vida impuestas por el contexto bélico. Para
consolidar la posición, el monarca Alfonso VI concedió fuero a la
población, de tal forma que Escalona se constituye como villa, con
consejo propio, además de alfoz, que le suministra recursos
económicos, haciendo posible el mantener una sólida estructura
militar.
Más tarde, cuando la frontera
con el Islam se había desplazado hacia el sur, el rey sabio, Alfonso
X, concede Escalona a su hermano Manuel de Castilla, y de esta forma,
la villa de realengo se convierte en villa señorial. Aquí nació el
hijo de Manuel, el infante don Juan Manuel, autor de El Conde
Lucanor. A partir de este momento el nombre de Escalona quedaba unido
irremediablemente a la literatura en lengua castellana. En el siglo
XVI, además, se convirtió en escenario de un episodio de el
Lazarillo de Tormes.
A lo largo del siglo XV la
villa de Escalona quedó asociada a los grandes nobles castellanos,
como el condestable Álvaro de Luna que construyó un magnífico
palacio en el interior del castillo, o el poderoso Juan Pacheco,
convertido, por obra de Enrique IV de Castilla, en I Duque de
Escalona. Debido a esta relación con los grandeshombres de Castilla,
Escalona vivió muy de cerca los conflictos, que a lo largo del siglo
XV, enfrentaron a nobleza y monarquía.
La plaza de Escalona, situada
en el centro del recinto amurallado, responde al tipo de las
genuinamente castellanas. Una plaza de las de antes, con tierra y
chiquillos jugando al fútbol.
Devoción popular medieval, el
Cristo de la Ventana.
Nunca nos cansamos de andar de plaza en plaza.
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