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domingo, 9 de junio de 2013

VANGIONES



Los vangiones eran un pueblo germano que habitaban la región de Renania-Palatinado y tenían como capital Borbetomagus, la actual Worms. 

Según Tácito, que los considera sin género de dudas germanos, estaban asentados cerca del Rin.

"Pueblos germanos sin duda alguna habitan en la misma orilla del Rin: vangiones, tribocos y nemetes."

Germania 28. Tácito.

Plinio el Viejo también se expresa en términos similares, "Los pueblos de Germania que viven junto al Rin, en la misma provincia, son los németes, los tribocos, los vangiones [...]" Historia Natural IV, 106.

La ciudad de Borbetomagus, con un nombre que nos recuerda a los topónimos celta, se juega con Colonia y Tréveris, el honor de ser la ciudad más antigua de Alemania. En lengua celta Borbetomagus significa "asentamiento cerca del agua". En la mayoría de las ocasiones, no es posible dilucidar si un pueblo es germano o celta, ambas cosas, o ninguna. Ambos términos, son tan amplios, que a veces parece no significar absolutamente nada referirse a tal o cual pueblo, como celta o como germano. Con el tiempo Borbetomagus se latinizó bajo la forma de Vormatia. 

El gran ejército de Ariovisto, que fue derrotado por Julio César, contaba entre sus filas con un numeroso grupo de vangiones. 

"Sólo entonces, y a la fuerza, sacaron los germanos sus tropas del campamento y formaron por pueblos, a intervalos iguales, los harudes, los marcomanos, los tríbocos, los vangíones, los németes, los eudusios y los suevos, rodeando toda su formación con carromatos"
Julio César.
Guerra de las Galias I, 52. 


jueves, 25 de octubre de 2012

GERMANIA DE TÁCITO (IX)



27    Ninguna pompa en sus funerales: procuran sólo que los cuerpos de los hombres ilustres se quemen con leña de una determinada clases. No hacinan vestidos ni perfumes sobre el montón de la pira; cada cadáver conserva sus armas; a las llamas de algunos se le añade también su caballo. Un cúmulo de césped forma el sepulcro. Rechazan el adorno laboriosamente trabajado de los monumentos, por considerarlo una carga pesada para el difunto. Abandonan pronto los lamentos y las lágrimas no así el dolor y la tristeza. Para las mujeres es decoroso llorar, para los hombres, mantener el recuerdo.

Éstos son los datos de tipo general que hemos recogido sobre el origen y las costumbres del conjunto de los germanos. A continuación trataré de referir las instituciones y los usos de cada nación, en la medida en que difieran unos de otros, y qué pueblos, procedentes de Germania, han emigrado a las Galias. 

28     El divino Julio, la máxima autoridad, nos transmite que los galos fueron más fuertes en otra época, y por ello se puede creer que penetraron incluso en Germania, pues ¡cuán poco era un río para impedir que cualquier nación, si se encontraba con fuerzas, ocupase y cambiase de unos asentamientos hasta entonces comunes y sin separar por ningún poder soberano¡.

Así pues, los helvecios ocuparon el territorio que hay entre la selva Hercinia y los ríos Rin y Meno, y el de más allá, los boios, pueblos ambos de la Galia. El nombre de bohemios subsiste y atestigua la vieja tradición del lugar, aunque los habitantes sean otros. 

Pero si los araviscos emigraron a Panonia desde el territorio de los osos, nación germana, o los osos desde el de los araviscos a Germania, si tenemos en cuenta que poseen aún la misma lengua, instituciones y costumbres, no puede saberse a ciencia cierta, puesto que antiguamente lo bueno y lo malo de ambas orillas era común a causa de una pobreza y libertad similares.

Los tréveros y los nervios son excesivamente vanidosos en su pretensiones de un origen germano, como si intentaran evadirse de su semejanza con los indolentes galos mediante esta gloria genealógica. Pueblos germanos sin duda alguna habitan en la misma orilla del Rin: vangiones, tribocos y nemetes.  

Ni siquiera los ubios, aunque alcanzaron la dignidad de ser colonia romana y prefieren que se les llame agripinenses, del nombre de su fundador, se avergüenzan de su origen, habiendo pasado el río en otro tiempo y siendo instalados sobre la misma orilla del Rin para poner a prueba su fidelidad y con el fin de defender aquella, no para ser vigilado.  
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