Tenía bien ganada fama
de ciudad mas hermosa de Alemania y por eso sufrió la ira vengativa
de Churchill. Los aviones de la RAF la redujeron a cenizas. Nadie es
inocente. Muchos honrados ciudadanos alemanes apoyaron y alentaron al
monstruo. Ya se sabe, quien siembra vientos recoge tempestades. Lo
peor del asunto es que seguimos sin querer aprender las lecciones que
nos brinda la historia.
Una ciudad hermosa en su
grandiosidad y monumentalidad. Sus exageradas formas barrocas se
reflejan, sin pudor, sobre las límpidas aguas del río Elba. Su
belleza la convirtieron en la Florencia del Elba.
Friedrich D. Streitbare
(Federico I de Sajonia el Pendenciero) que aparece representado en el
espectacular desfile de los príncipes electores, fue conde palatino
de sajonia y militar. Participó con la Orden Teutónica en las
campañas bálticas y se unió al emperador Segismundo de Luxemburgo
en las Guerras Husitas. Preocupado también por la cultura, fundó la
Universidad de Leipzig en 1409.
Friedrich August I,
aprovechó el descalabro que sufrió el Sacro Imperio Romano y sus
buenas relaciones con Napoleón, para convertirse en el primer
soberano del Reino de Sajonia (que existió entre 1806 y 1918).
Capital de Sajonia,
Dresden ha sido residencia principal de sus gobernantes. Por encima
de todos ellos se erige Johann I von Sachsen, rey de Sajonia entre
1854 y 1873. Ciudades principescas alemanas, pequeñas capitales de
estado. Estados aglutinados por el emperador, hasta que Guillermo de
Prusia y Otto von Bismarck diseñaron la Alemania moderna en los
albores de la Segunda Revolución Industrial.
Friedrich August II es
otro de los monarcas sajones que podemos conocer mientras paseamos,
con sol o con lluvia, por las callas de Dresden.
El desfile de los
príncipes y electores de Sajonia, el palacio y el patio de armas y
cabellerizas. Poderoso edificios que recuerda que esta ciudad fue
sede del poder y en la actualidad es la capital del Estado Libre de
Sajonia.
Estatuas y relieves
narran la historia política de la ciudad de Dresden, de los
electores imperiales y de los reyes que aquí residieron. En una puerta monumental, cuya fachada recuerda a las casas gremiales típicas de las
ciudades hanseáticas, destaca la efigie del herzog Georg der Bärtige
(Jorge el Barbudo). Duque de Sajonia, de principios del siglo XVI,
que se casó con Bárbara Jagellón, una de las hijas del rey de
Polonia Casimiro IV Jagellón. Cuando murió Bárbara, se dejó
crecer la barba en señal de duelo, y de ahí su sobrenombre de “el
Barbudo”. Católico convencido fue enemigo acérrimo de Jan Hus y
de Martin Lutero. Además participó en las campañas militares que
consiguieron derrotar al también reformista Thomas Müntzer.
Zwinger, una delicia barroca en el corazón de Dresden.
Mucho más bonita y
acogedora de lo que esperaba. El Dynamo de Dresden, club
representativo de la ciudad, fue uno de los últimos campeones de la
Liga de fútbol de la RDA. Esta ciudad fue parte de un país que ya
no existe. Cuando yo era pequeño existían dos Alemanias y un enorme
país llamado Unión Soviética. Nada permanece, todo está en
continuo fluir, y eso es algo que hace que la vida sea maravillosa.
Martín Lutero, hace 500
años este monje alemán dinamitó los cimientos de la Iglesia.
La ópera Semper es uno
de los maravillosos edificios de la ciudad, rematado por una
espectacular cuádriga tirada por panteras y que transporta a Baco y
a Ariadna. En este edificio estrenaron, entre otros, Strauss y
Wagner.
En Rusia sigue
existiendo un sentimiento soviético, al parecer en Alemania
Oriental, aún recuerdan a la RDA.
Las mujeres de los escombros, trümmerfrau, trabajaron duramente retirando escombros y recuperando ladrillos para su reutilización, en las ciudades alemanas después de la Segunda Guerra Mundial.
Los porteros de Dresden.
Una enorme puerta custodiada por dos gigantes atlantes que recuerdan
a los fieros guerreros sajones, aquellos combatientes que surgieron
de la profundidad del bosque para aniquilar a las desgraciadas
legiones de Varo. A dos mil kilómetros de aquí el enfebrecido
Octavio perdía su frialdad y cordura que le caracterizaban.
Cholerabrunnen, la fuente del cólera, en Dresden. Levantada en estilo neogótico en 1846 para agradecer que la ciudad de Sajonia se hubiese salvado de una epidemia de cólera.
Santa Isabel de Hungría esposa del landgrave de Turingia Luis IV. Ella santa, él beato.
Maravilloso relieve de inspiración medieval.
San Juan Bautista.
Vidukind o Wittwkind, caudillo de los sajones derrotado por Carlomagno y posteriormente bautizado como cristiano. En el siglo XIX se convirtió en un símbolo para el germanismo.
Winfrid, Bonifacio de Maguncia, el apóstol de los alemanes.
Estos monumentos neogóticos se asemejan a catedrales en miniatura.
Lagartos.
El Elba y la
arquitectura de Dresden configuran una maravillosa simbiosis barroca.