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lunes, 17 de febrero de 2020

ZARINEA, REINA DE LOS ESCITAS.




Entre los valerosos escitas de las estepas era algo común que las mujeres se pusieran al frente de los ejércitos y ejercieran como soberanas. Esto se desprende de la tradición literaria griega. Zarinea es el nombre de una de estas reinas. Zarinea, cuyo nombre parece significar la dorada, era célebre por su belleza y sabiduría, y por protagonizar una historia de amor imposible. La reina escita se enamoró de uno de sus enemigos, el yerno del rey de los medos Ciaxares, llamado Estriangeo. Esta historia de amor era imposible, y según cuenta la tradición, el joven medo, totalmente desesperado, se suicidó al no poder vivir junto a su amada.

domingo, 17 de febrero de 2019

AGATIRSOS.



Los agatirsos, emparentados con los escitas (y probablemente también con los tracios), y de costumbres similares, vivían en el territorio de la actual Transilvania, en la llanura del Mures (Maramuresh), antes de la urbanización de esta región.

“De los agatirsos baja el río Maris y va a confundir sus aguas con el Danubio”. Heródoto.

Heródoto nos ha dejado una escueta descripción de ellos.

“Los agatirsos son unos hombres particularmente amantes del lujo y muy dados a adornarse con objetos de oro; además mantienen relaciones sexuales con las mujeres a discreción, para tener entre todos ellos lazos de parentesco y, merced a este vínculo común, no verse sujetos a la envidia y el odio mutuos. En sus demás costumbres, guardan relación con los tracios”.
Heródoto IV, 104.


Instalados en la orilla izquierda del Danubio, su territorio era rico en minas de oro. Una de las razonas para explicar la campaña de Darío contra los escitas ha sido, precisamente, suponer que deseaba hacerse con el control de dichas minas.

Heródoto menciona además a un rey de los agatirsos, llamado Espargapites. Según él, los griegos consideraban a los agatirsos, los gelonos y los escitas, pueblos hermanos. Niebuhr los asimiló a los getas (o dacios), fueron sometidos en la época de las grandes invasiones por los alanos, por lo cual han sido confundidos con ellos.

Vivían en chozas transportables, montadas sobre ruedas, muy parecidas a las utilizadas por los tracios. El comercio de joyas y del oro con los griegos debió ser una actividad muy lucrativa.

Virgilio los llama pieti, acaso porque tenían la costumbre de pintarse o tatuarse el cuerpo de color azul. Según la leyenda eran descendientes de Agatirso, un hijo de hércules.


Amiano sitúa a este pueblo a las orillas del río Volga, Ptolomeo al Norte de la Sarmacia europea, Heródoto en Transilvania, Plinio en Escitia, e incluso otros autores antiguos mencionan otra pueblo del mismo nombre a orillas del Marsius en Hungría. Incluso no faltan autores que los identifican con los agatciros mencionados por Prisco en su Historia Bizantina. Esta circunstancia parece indicar que o bien se trata de un pueblo de gran movilidad (a lo largo de los siglos) o bien que se trate de grupos diferentes conocidos con el mismo nombre.



jueves, 14 de febrero de 2019

ALIZONES.



Una tribu de escitia citada por Herodoto. Marija Gimbutas también los menciona en sus obras y los situa en la Podolia. Los alizones practicaban una agricultura rudimentaria, por tanto, no tenían gran dependencia de los rebaños como la mayoría de las tribus escitas.

“... y más arriba de estos se halla otra nación llamada los alazones, que, siguiendo como los calípidas todos los usos de los escitas, acostumbran con todo hacer sementeras de trigo, del cual se alimentan, comiendo también cebollas, ajos, lentejas y mijo”
Heródoto IV, 18.

lunes, 13 de noviembre de 2017

LAS CABEZAS CORTADAS Y EL BOTÍN.



Por otra parte, las artes marciales se atienen, entre ellos, a las siguientes normas: cuando un escita abate a su primer enemigo, bebe sangre del vencido; además presenta al rey las cabezas de todos aquellos a quienes mata en el campo de batalla, ya que quien presenta una cabeza participa del botín que se obtiene, mientras que quien no aporta ninguna no tiene parte en el.
Heródoto. Historias IV, 64.

domingo, 27 de diciembre de 2015

SOBRE HUNGRÍA O, COMO QUIEREN OTROS, PANONIA.



Hungría, que linda con Austria, la patria de Federico, extendiéndose hacia oriente, nos servirá de punto de partida para nuestra historia. A esta provincia la llaman algunos Panonia, como si los húngaros fueran los sucesores de los panonios. Sin embargo, ni Hungría tiene los mismos límites que Panonia ni Panonia fue antaño tan extensa como lo es hoy Hungría. En efecto, Panonia estaba encerrada entre el Danubio y los Alpes que dan a Italia y al mar Adriático; a poniente tenía Nórico y el río Eno; a levante roza el país de los misios y tribalos y el río Savo. Estos términos abarcan gran parte de Austria, poblada por teutones. También Estiria, llamada en tiempos Valeria, está comprendida en estos límites. En cambio Hungría, aunque abarca la Panonia Inferior desde el río Leitha hasta el Savo, sobrepasa el Danubio, se extiende hasta Polonia y posee los campos que antaño ocuparon los gépidas y los dacos. El imperio de la nación húngara es mucho más extenso que la propia Hungría, toda vez que también los dálmatas, llamados eslavos, los ilirios, llamados bosnienses, los tribalos o misios, llamados ora servios ora rascianos, y los getas, llamados en parte valacos y en parte transilvanos, han quedado sometidos a los húngaros, si bien en esta época nuestra algunos de ellos, derrotados por las armas turcas se han desligado.

Esta provincia, al menos en la parte que se extiende de lado del Istro, la ocuparon por primera vez los romanos en tiempos del César Octaviano, tras someter a Batón, rey de Panonia y aplastar a los amantinos entre el Savo y el Dravo. En cambio a Dacia, que hoy es una parte de Hungría al otro lado del Danubio, la sojuzgó el emperador Trajano, organizando una provincia en suelo bárbaro, si bien se perdió en tiempos de Galieno y fue reconquistada por Aureliano. Después de los romanos ocuparon Panonia ora los hunos, raza escita, ora los godos, pueblo procedente de las islas del mar Báltico, luego los longobardos, oriundos de Germania. Finalmente la nación de los húngaros vino a desbordarse desde los más remotos confines de Escitia y hasta el día de hoy es dueñas del reino, dominando ampliamente a una y otra orilla del Istro.
La Europa de mi tiempo.
Eneas Silvio. Siglo XV.


viernes, 20 de noviembre de 2015

LAS TIERRAS QUE BAÑA EL ISTRO Y SU GENTE.



Más aún, los recónditos parajes bárbaros muestran de repente el Danubio, si bien el curso de sus aguas es cambiante. El monte Abnoba es el progenitor del Istro. Este río se despeña de una hendidura del Abnoba; luego se vuelve hacia las regiones orientales y desemboca en las aguas saladas del Ponto Euxino; cinco son las desembocaduras que arrojan su corriente al mar en la zona en que aparece la lejana isla de Teuce; y este río, hacia donde soplan las ráfagas heladas del aquilón, lo pueblan el sármata, los germanos, el geta, los feroces basternas, y los pueblos de los dacios; lo habita también el salvaje alano y, el escita, que mora en el litoral Taurisco; y después, a partir de aquí, la terrible raza del melancleno va y viene diseminada por estos contornos.

Cercano se encuentra el país de los neuros, los gelones veloces y los agatirsos, cubiertos con sayos siempre de colores. Acto seguido el río Boristenio desemboca con energía en el Ponto Euxino; a continuación se te brindan las llanuras marinas de Panticapeo y de Ardisco, procedentes de la cumbre quebrada de los montes Rifeos; a menudo, allá, bajo las duras condiciones atmosféricas de la Osa, unas nubes espesas desprenden nubarrones de escarcha; allá las ricas venas de la tierra generan el cristal níveo; también allá la tierra comienza a endurecerse merced al resistente diamante entre los montes Rifeos y los agatirsos de elevada estatura. Tales son las etnias que se encuentran hacia el Istro, en la áspera región que se extiende bajo la constelación de Boyero.

Por la zona meridional habitan los gerras, arrastrándose a través de las lomas de montes cubiertos de maleza. Con estos gerras limitan las ciudadelas del extenso Nórico y, luego, la Panonia cultiva sus fértiles tierras de enorme extensión. El mesio eleva muy alto hacia el bóreas sus campos y, prolongando su territorio por detrás de los tracios, los rebasa ampliamente. Vienen después los propios tracios que trabajan su enorme país con el curvo arado; finalmente, desde la amplia franja en que se extiende la Propóntide, abundante en peces, y desde donde se agitan las aguas turbulentas del Helesponto, hasta el lejano mar Egeo, los tracios poseen muchísimas tierras. Aquí Palena cría las llamas de la resplandeciente licnita en cuevas productoras de miel; también aquí el rubio jaspe centellea como las estrellas, con la misma intensidad con que los ígneos astros arden sin cesar en llamas eternas por la bóveda celeste.

Rufo Festo Avieno “Descripción del Orbe Terrestre”

viernes, 14 de agosto de 2015

MARGIANOS.



Margiana es el nombre de una región histórica que se corresponde con el Valle del Murghab en Afganistán, vecina de Escitia, Bactriana e Hircania. Sus moradores margianos son citados por Estrabón de Amasia. Fue satrapía persa, seleúcida y dominado por los árabes pasó a conocerse como Jorasán.

"Parecida a Aria es la Margiane, aunque su llanura está rodeada de desiertos. Deslumbrado por su fertilidad, Antíoco Soter la rodeó en círculo con una muralla de mil quinientos estadios, y fundó la ciudad de Antioquía (Alejandría de Margiana). También esta tierra es rica en viñas, pues se dice que muchas veces se encuentra una raíz tan grande que son necesarios dos hombres para abrazarla, y que los racimos son de dos codos"
Estrabón XI, 10, 2.

Vecinos de los margianos eran derbices, daas, maságetas, amardos y tápuros.

"[...] a continuación están el pueblo de los partos, el de los margianos y el de los arios."
Estrabón XI, 8, 1.


miércoles, 11 de marzo de 2015

ATASIOS



En las lejanas regiones de Asia Central, estepas inabarcables y montañas imposibles, en las tierras de maságetas y corasmios, la legendaria Escitia, habitaban los atasios, de costumbres nómadas. 

"Al país de los maságetas y los sacas pertenecen también los atasios y los corasmios".
Estrabón XI, 8.8.

domingo, 6 de abril de 2014

COSTOBOCOS



Los costobocos eran primos hermanos de los dacios y de los sármatas, pueblos curtidos en mil batallas, y protagonizaron audaces expediciones hacia el interior del Imperio Romano.

En el siglo II d.C., durante el reinado de Marco Aurelio, los romanos esperaban ataques desde Germania, pero la invasión sobrevino desde las llanuras rusas. Los costobocos atacaron y saquearon la ciudad de Eleusis, en Grecia (año 170).

Como sus parientes sármatas y escitas, la mayoría de los costobocos llevaban una vida nómada y llena de peligros.

"En la mitad del arco que, como hemos indicado, tiene una amplia superficie circular (lo que para un viajero dispuesto supone quince días de viaje), están los alanos europeos y los costobocas, además de innumerables tribus escíticas, que se extienden hasta unas tierras sin final conocido. 
De estos pueblos, una pequeña parte vive de los cultivos y todas las demás vagan por inmensos desiertos, que nunca han experimentado ni la simiente, ni la esteva, ya que no áridos y están cubiertos de escarcha, por lo cual estas gentes se alimentan como fieras abominables. Tienen sus objetos queridos, sus moradas y sus viles utensilios en carros cubiertos con corcho, de manera que, cuando así lo quieren, emigran sin obstáculo alguno llevando sus carros adonde les place".
Amiano Marcelino  22, 8, 42.

Para saber más sobre la expedición de los costobocos  http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=58030 

domingo, 10 de febrero de 2013

IAXARTAS



Iaxartas, habitantes de las inhóspitas estepas, adaptados a la dureza de estériles tierras azotadas por gélidos vientos, quizás, emparentados con los aguerridos escitas. Símbolos, a la vez, de la barberie y la benevolencia de la naturaleza, en contraposición con el decadente mundo urbano. 

"Hay también otros pueblos que habitan estas tierras, pero no creo necesario mencionarlos ahora, porque debo tratar otros temas. Sin embargo, merece la pena saber que, entre estas gentes, casi aisladas por la excesiva dureza del terreno, hay algunas de carácter amable y piadoso, como los iaxartas y los galactófagos. . . "
Amiano Marcelino 23, 6, 62

El río Sir Daria recibía en la Antigüedad el nombre de Jaxartes o Iaxartes; ¿dieron los iaxartas su nombre al río? ¿ o fue al revés?

"Entre los numerosos ríos que la naturaleza hace fluir por estas tierras ya sea para que se unan a otros mayores o para que, por sí mismos, desemboquen en el mar, son célebres el Rimmo, el Iaxartes y el Daico. En cambio se sabe que tienen tan sólo tres ciudades: Aspabota, Chauriana y Saga"
Amiano Marcelino 23, 6, 63. 

martes, 15 de enero de 2013

GEOGRAFÍA DE IBERIA ESTRABÓN (XXV)



17 Tocados. Dureza de los iberos
También podría considerarse de índole bárbara el tocado de algunas mujeres que ha descrito Artemidoro: pues dice que en algunos lugares llevan collares de hierro que tienen unos ganchos doblados sobre la cabeza que avanzan mucho por delante de la frente, y que cuando quieren cuelgan el velo en estos ganchos de modo que al ser corrido da sombra al rostro, y que esto lo consideran un adorno. En otros lugares se colocan alrededor un disco redondeado hacia la nuca, que ciñe la cabeza hasta los lóbulos de las orejas y que va poco a poco desplegándose a lo alto y a lo ancho. Otras se rapan tanto la parte delantera del cráneo que brilla más que la frente. Otras mujeres, colocándose sobre la cabeza una columnilla de un pie más o menos de alto, trenzan en torno el cabello y luego lo cubren con un velo negro.

Además de estas insólitas costumbres se han visto y se han contado muchas otras cosas de todos los pueblos de Iberia en general, pero especialmente de los del Norte, relativas no sólo a su valor, sino también a una crueldad y falta de cordura bestiales. Por ejemplo, en la guerra de los cántabros, unas madres mataron a sus hijos antes de ser hechas prisioneras, y un niño, estando encadenados como cautivos sus padres y hermanos, se apoderó, por orden de su padre, de un acero y los mató a todos, y una mujer a sus compañeros de cautiverio lo mismo. Y uno, al ser llamado a presencia de unos soldados borrachos, se arrojó a una hoguera. Estos rasgos son comunes también a las tribus célticas, tracias y escitas, y es común también la valentía de sus hombres y mujeres; pues éstas trabajan la tierra, y cuando dan a luz sirven a sus maridos acostándolos a ellos en vez de acostarse ellas mismas en sus lechos. Frecuentemente incluso dan a luz en las tierras de labor, y lavan al niño y lo envuelven en pañales agachándose junto a un arroyo. En Ligústica, dice Posidonio que le refirió su huésped Carmoleon, una masaliota, que había contratado hombres junto con mujeres para cavar una fosa, y que, al llegarle los dolores, una de las mujeres se apartó no lejos del trabajo y regresó inmediatamente al mismo, después de dar a luz, para no perder su salario. Y él, que la veía realizar las faenas con fatiga sin conocer al principio la causa, lo supo ya tarde y la dejó ir, luego de darle el salario; y ella, llevando al niño a una fuente, lo lavó y lo envolvió en lo que tenía y lo llevó sano y salvo a su casa.

18. Plagas. Matriarcado. Devotio. 
No es exclusivo de los iberos el ir de dos en dos a caballo y que en las batallas uno de ellos lucha a pie, ni tampoco es exclusiva la cantidad de ratas, a las que muchas veces han seguido epidemias. Esto es lo que les sucedió en Cantabria a los romanos, hasta el punto de que los cazadores de ratas percibían unas primas según un baremo hecho público gracias a lo cual consiguieron a duras penas salvarse; les sobrevino junto con esto la escasez de trigo y de otras vituallas, y recibían víveres de Aquitania no sin dificultad por lo accidentado del terreno. De la insensatez de los cántabros se cuenta también lo siguiente: que unos que habían sido hechos prisioneros y clavados en cruces entonaban cantos de victoria. Cosas como ésta podrían, pues, servir como ejemplos de cierta rudeza en las costumbres; pero otras, quizá poco civilizadas, no son sin embargo salvajes, como el hecho de que entre los cántabros los maridos entreguen dotes a sus mujeres, que sean las hijas las que queden como herederas y que los hermanos sean entregados por ellas a sus esposas; porque poseen una especie de ginecocracia, y esto no es del todo civilizado. Es ibérica también la costumbre de llevar encima un veneno, que obtienen de una planta parecida al apio, indoloro, para tenerlo a su disposición en situaciones indeseables, así como el consagrarse a aquellos a quienes se vinculan hasta el punto de morir voluntariamente por ellos.

viernes, 22 de junio de 2012

SINDOS

  Pequeño reino de comerciantes asentados en la Península de Tamán




Los sindos eran uno de los numerosos pueblos emparentados culturalmente con los escitas del Ponto Euxino (mar Negro). Concretamente formaron un pequeño estado en la Península de Tamán, en las tierras irrigadas por el Hípanis, actual Kubán, y la Meótide, el mar de Azov. Plinio da el nombre de Síndica a una de las regiones de Escitia.

Según Heródoto, cuando los escitas regresaron a sus tierras, después de largo tiempo guerreando por Asia, encontraron que sus mujeres se habían unido a sus esclavos.

"En efecto, durante la larga ausencia de sus maridos las mujeres escitas habían recurrido a sus esclavos".
Heródoto 4,1.

En el siguiente texto, vemos como para Amiano Marcelino, esos esclavos eran los sindos.

"A gran distancia de allí hay una península habitada por los serviles sindos, quienes, después del desastre de sus señores en Asia, se apoderaron de las esposas y de las posesiones de sus dueños".
Amiano Marcelino 22, 8, 41.

Los sindos, en oposición a los escitas, eran poblaciones sedentarias, que en algunas ocasiones, es posible que se vieran subyugados por los primeros, y es muy posible que llegaran a convertirse, en algunos momentos en auténticos súbditos de los escitas. Sea así o no, lo seguro es que los escitas hacían incursiones de pillaje en tierras de los sindos.

" . . . los escitas [...] arremeten con sus tropas sobre el hielo y lanzan sus carros a la otra orilla, contra el país de los sindos".
Heródoto, 4, 28.

Para Estrabón los sindos eran una de las tribus de los meotas, y parece también que desde el siglo IV a.C.  fueron súbditos del reino del Bósforo. 

La cultura sindo-meótica estaba emparentada materialmente con los escitas y otros pueblos del Ponto Euxino, con los que comparten buena parte de su cultura material.

Debido a su buena situación estratégica, en la Península de Tamán, y la costa vecina del mar Negro y la costa caucásica, los sindos se dedicaron activamente al comercio. 

Este pueblo de comerciantes vivía en estrecho contacto con las colonias griegas de la zona.

La ciudad de Sinde, actual Anapa era su capital, aunque según Estrabón "... Gorpigia, la sede del reino de los sindos . . . "

lunes, 18 de junio de 2012

AGAROS


Una tribu escita, según Apiano. Tolomeo da el nombre de Agarus a un río, posiblemente se trataba de un afluente del Istro (Danubio).
Eran especialistas en venenos de serpiente y en sus antídotos, y por ello se dedicaban a asistir a los Reyes. Ponían al servicio de reyes extranjeros, como a Mitrídates del Ponto, sus conocimientos como curanderos y los inmunizaban contra los venenos.

"A Mitrídates lo curaban los agaros, una tribu escita, que usaban del veneno de las serpientes como medicina y, por esta razón, siempre acompañaban al rey".
Apiano. Sobre Mitrídates 88.

La relación entre la serpiente y la medicina, aparece claramente reflejada en el texto de Apiano, un simbolismo que llega hasta nuestros días, pues la serpiente sigue siendo un icono presente en las Farmacias.  

lunes, 21 de mayo de 2012

ENAREOS

 Tribu de escitas muy dados a la homosexualidad.

Las fuentes clásicas los hacen "muy dados a la homosexualidad"; la explicación, una maldición de la diosa Venus/Afrodita recayó sobre ellos. 

Los que llaman Enareos, que son los hermafroditas o afeminados.
Heródoto IV, 67.

Unos escitas enareos saquearon un templo consagrado a Venus Urania en la ciudad siria de Ascalona, y la diosa les mandó una maldición en forma de enfermedad mujeril, de ahí su fama de homosexuales.

"La diosa se vengó de los profanadores de su templo enviando a ellos y a sus descendientes cierta enfermedad mujeril"
Heródoto I, 105. 

Resulta cuanto menos curioso, que una sociedad, como la griega, que aceptaba la homosexualidad como algo normal, haga de esta orientación sexual un rasgo típico de los escitas, siendo el escita el más arquetípico ejemplo de pueblo bárbaro. 

De todas formas esta noticia es una excepción en la obra herodotea y si analizamos con detenimiento el siguiente texto podemos encontrar una explicación.   

Los enareos, o sea, los afeminados (andróginos en otras versiones), dicen que Afrodita les concedió el don de la profecía. En todo caso profetizan con cortezas de tilo; cortan la corteza en tres tiras que entrelazan en sus manos; dan el oráculo según como la corteza se desnvuelva en sus manos.
Heródoto IV, 67.

Y ahora viene la explicación; posiblemente se trataría de algún tipo de ritual en el que hombres ataviados como mujer, o más probablemente hombres castrados,  (la castración es el castigo por saquear el templo), serían los encargados de emitir los oráculos. De esta forma, entre los enareos, los hombres castrados, elegidos por la femenina divinidad, eran los que se dedicaban a las funciones religiosas. 

Debemos contemplar la posibilidad que algunos enareos se someterían a una castración voluntaria con el objetivo de obtener el poder del vaticinio y así conseguir una cierta preeminencia social. Debemos tener presente la gran importancia que se le concedía (y aún se le concede) a los oráculos durante la Antigüedad (y en nuestros días), por tanto los que contaban con "ese poder" gozarían de ciertos privilegios entre su pueblo.    


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