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jueves, 11 de abril de 2019

ERMENGARDA DE TOSCANA.




Amante del rey de Italia Rodolfo II de Borgoña (aquel que derrotó a Berengario), mujer de extraordinaria belleza (según los cánones vigentes en su tiempo) y maestra en el arte de la intriga y la seducción (dos habilidades que suelen ir juntas). Los coetáneos la compararon a Helena y a Cleopatra, y aquellos que la conocieron quedaron prendados (por no decir atrapados) por ella.

Dos papas (hombres santos y célibes) se habían encaprichado de ella y al ser rechazados, la amenazaron con la excomunión. Ermengarda intrigó para desplazar del trono a Rodolfo y sentar en el trono a su hermanastro, Hugo de Provenza (Hugo de Arlés), en él. Al parecer sentía debilidad insana e incestuosa por el tal Hugo. Enloquecido de celos Rodolfo abandonó Italia y el arzobispo Lamberto de Milan coronó a Hugo.


domingo, 25 de noviembre de 2018

LAS REINAS Y LA HISTORIA DE LAS MUJERES.




«Ser reina es un destino extraordinario para una mujer en cualquier época (…). Combinar el hecho de ser mujer y el hecho de ser reina no era fácil, la condición de reina ocultaba y transformaba el hecho de ser mujer; por tanto, el caso de las reinas resulta paradójico: a pesar de ocupar una posición de absoluto privilegio, como mujeres son mujeres ocultas. Detrás de la figura institucional, un icono que trata de reunir y reflejar el conjunto de cualidades y virtudes físicas y morales que se esperan de una reina ideal, existía una mujer real, con sus cualidades, sus defectos. Analizar esa doble dimensión, la personal, íntima, privada, y la institucional, pública, idealizada, proporciona interesante información, tanto para la historia de las mujeres como para la historia política (…)».
María de los Angeles Pérez Sámper,
 «Las reinas», 
en Historia de las Mujeres
 en España y América Latina.


martes, 26 de abril de 2016

SIMONETTA VESPUCCI



Belleza inigualable, hermosa dama nacida en la Liguria, casada con el caballero Marco Vespucci, amante de Giuliano de Médici, modelo y musa del gran Sandro Boticelli, enamoró a toda Florencia. También posó para Piero di Cosimo que la pintó como la reina Cleopatra, desnuda y con el aspid enroscado en el cuello. Simoneta Vespucci fue uno de los más fascinantes e influyentes personajes de la variopinta corte renacentista de Florencia, durante algunos años los corazones más tiernos cayeron rendidos ante la “bella Simonetta”.

martes, 28 de octubre de 2014

EL COCODRILO DE NIMES.



El escudo de armas de Nimes es un cocodrilo y una palmera. Para conocer porqué motivo un animal inexistente en Europa termina formando parte del blasón de una ciudad francesa, debemos remontarnos a la época de Cleopatra.

Poco antes de morir, Cleopatra, junto a su amado Marco Antonio, son derrotados por Octavio en la batalla naval de Actium. Esta victoria concedió a Octavio la posibilidad de convertirse en el primer emperador de Roma.


En Nimes, una ciudad romana en aquellos tiempos, y en conmemoración de la victoria, se acuñó una moneda en la que aparece un cocodrilo encadenado a una palmera coronada por laures, en clara referencia a un Egipto derrotado y sometido.



Pasó el tiempo, cayó Roma, pero sin embargo, las monedas seguían apareciendo por todos lados, y los habitantes de Nimes comenzaron a sentir un gran aprecio por ellas. Finalmente, en 1535, el rey Francisco I autoriza a la ciudad para que el cocodrilo y la palmera luzcan en el escudo de armas de Nimes.  

martes, 22 de abril de 2014

AGUJA DE CLEOPATRA



Una rayo del Sol petrificado, flanqueado por dos esfinges protectoras, reposa en un embarcadero a orillas del Támesis, entre la City de Londres y Westminster. Un obelisco que voló de un Imperio a otro.

Este obelisco, junto al de Central Park de Nueva York, es conocido como "las Agujas de Cleopatra", aunque nada tiene que ver con la famosa reina del Nilo. Ambos fueron ordenados erigir por Tutmosis III y se trasladaron hasta Alejandría por expreso deseo de Cleopatra. En el siglo XIX, Mehmet Alí se lo regaló al Reino Unido para conmemorar la victoria de Nelson en la Batalla del Nilo. 

domingo, 23 de diciembre de 2012

CLEOPATRA



Sus cortesanas la bañan en leche de burra y miel.
Después de ungirla en zumos de jazmines, lirios y madreselvas, depositan
su cuerpo desnudo en almohadones de seda rellenos de plumas.
Sobre sus párpados cerrados, hay finas rodajas de áloe. En la cara y el
cuello, emplastes hechos de bilis de buey, huevos de avestruz y cera de abejas.
Cuando despierta de la siesta, ya hay luna en el cielo.
Las cortesanas impregnan de rosas sus manos y perfuman sus pies con
elixires de almendras y flores de azahar. Sus axilas exhalan fragancias de limón
y de canela, y los dátiles del desierto dan aroma a su cabellera, brillante de
aceite de nuez.
Y llega el turno del maquillaje. Polvo de escarabajos colorea sus
mejillas y sus labios. Polvo de antimonio dibuja sus cejas. El lapislázuli y la
malaquita pintan un antifaz de sombras azules y sombras verdes en torno de
sus ojos.
En su palacio de Alejandría, Cleopatra entra en su última noche.
La última faraona,
la que no fue tan bella como dicen,
la que fue mejor reina de lo que dicen,
la que hablaba varias lenguas y entendía de economía y otros misterios
masculinos,
la que deslumbró a Roma,
la que desafió a Roma,
la que compartió cama y poder con Julio César y Marco Antonio,
viste ahora sus más deslumbrantes ropajes y lentamente se sienta en su
trono, mientras las tropas romanas avanzan contra ella.
Julio César ha muerto, Marco Antonio ha muerto.
Las defensas egipcias caen.
Cleopatra manda abrir la cesta de paja.
Suena el cascabel.
Se desliza la serpiente.
Y la reina del Nilo abre su túnica y le ofrece sus pechos desnudos, brillantes
de polvo de oro.
Eduardo Galeano. Espejos. 
Una historia casi universal.
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