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miércoles, 30 de enero de 2019

PRIMERA VISIÓN DE NUMANCIA.



Los cegadores rayos del sol, de las ultimas horas de la tarde, parecían provocar un incendio en las inhóspitas tierras de la Hispania interior, un océano marrón se extendía ante nosotros, pero en medio de tanta tierra baldía emerge como un oasis en el desierto, la ciudad de Numancia.


Aún tuvimos que seguir caminando un buen rato más, hasta encontrarnos, de pie, quietos pero nerviosos, fatigados por el viaje, pero con la satisfacción de arribar por fin a nuestro destino, ante la poderosa muralla que circunrodea a la ciudad numantina....


No podía imaginar, que en medio de la agreste Celtiberia, pudiese encontrar una ciudad tan grande y perfectamente fortificada como Numancia, (habitada por hombres y mujeres realmente valientes), pues desde que abandonásemos las calidas tierras del sur, donde multitud de ciudades salpicaban no solo la costa, sino también el interior del país, únicamente encontrábamos pequeños poblados y aldeas, amen de alguna que otra ciudad pero muy pequeña, en comparación con esta la capital de los bravos arévacos......


Los muros ciclópeos aparecían imponentes, me sentí empequeñecido al alzar la mirada hacia arriba, y ver la altura de aquella muralla y la dureza y resistencia de aquel paramento defensivo. Contemplando la considerable altura a la que estaban situados los centinelas pensé, realmente Numancia se constituye como una fortaleza inexpugnable.

(De una novela inconclusa que nunca comencé a escribir)

domingo, 4 de noviembre de 2018

LOS VERRACOS DE CAUCA.



Los verracos de la antigua Cauca, la ciudad de los vacceos. El conjunto está formado por tres zoomorfos. Dos de ellos están situados frente a la puerta de Segovia, aunque su estado es de franco deterioro.



El tercero se encuentra empotrado en la muralla interior del Castillo de los Fonseca.



lunes, 25 de abril de 2016

MEDINACELI UNA VILLA EN EL CIELO.



Como un ojo que vigila desde el cielo, el arco romano de Ocilis escudriña el Valle de Arbujuelo que se abre a los pies de la ciudad y que se pierde en el horizonte. Desde el cielo de Soria, Medinaceli, imponente villa medieval que aún conserva parte de su traza romana, se enseñorea de los Campos de Castilla. Tierras de historia y leyendas, el Cid Campeador paseó por aquí pendones antes de dirigirlos a la victoria.


En la villa quedan vestigios de la ocupación humana durante la época celtibérica. Las legiones romanas la utilizaron como campamento en su camino hacia la inexpugnable Numancia y una vez pacificada la región construyeron aquí una pequeña ciudad. Los árabes convirtieron Medinaceli en la plaza más destacada de la línea defensiva del Duero. Se cuenta que por aquí está enterrado el severo caudillo militar Almanzor. Tras la conquista cristiana pasó de Señorío y Condado (1370) hasta que los Reyes Católicos le otorgan el título de Ducado.


Típica plaza castellana porticada, remedo meseteño del ágora griega.


Plaza fuerte en la frontera del Duero, una ciudad en el cielo, asomarse al lugar donde terminan sus calles causa vértigo. Medinaceli vive al borde de un precipicio, un abismo atemporal, una villa donde el tiempo se detuvo (y a no ser por algunos hostales y restaurantes) allá en las alturas, se negó a entrar en el siglo XXI. Centenarios edificios que resisten a hostiles vientos, y una colegiata, que se acerca más que ningún otro templo cristiano, a la morada celestial. Desde una vertiginosa altura vigila las rutas que unen la Meseta Norte con la Meseta Sur. Y además cuenta con la protección de los arcángeles de los cielos.




viernes, 11 de diciembre de 2015

COPA CON ATLETA.



A la profunda Celtiberia, tan lejos de las costas del Mediterránea, llegaban copas áticas de figuras rojas procedentes de Grecia, como esta hallada en Haza del Arca (Uclés, Cuenca). El medallón central está decorada con la figura desnuda de un atleta, que sujeta una disco con su mano izquierda.  

martes, 26 de mayo de 2015

DENARIO DE BOLSKAN



Los denarios acuñados en la ceca de la ciudad de Bolskan (la Osca romana, actual Huesca) pasan por ser las monedas más famosas de la numismática de la Hispania Antigua. Estas piezas proceden de un taller de abundante producción, posiblemente en relación con las campañas militares que Roma llevaba a cabo en la península en esta época, siglo II a.C., sus monedas muestran la iconografía más asociada a la moneda ibérica: una cabeza masculina, el jinete armado con lanza y el nombre de la ciudad en escritura ibérica.  

domingo, 30 de marzo de 2014

JABALÍ DE PLAZA SAN MARTÍN



Enorme jabalí de granito, representante genuino de la cultura material de los verracos de la Meseta. Es de destacar la perfecta definición de la oreja, lo que nos sirve para catalogarlo como suido.


Colmenares, en 1637, da noticias de que el jabalí se encontraba frente al atrio de San Martín. Más recientemente estuvo delante de la Capilla de Viejos, hasta que en 1975 se trasladó al Torreón de Lozoya. Desde aquí se desplazó hasta el Museo Provincial de Segovia.

jueves, 16 de mayo de 2013

SOBRE IBERIA DE APIANO (XXIX)

56 Comienzo de la guerra lusitana.
Por este tiempo otra tribu de los íberos autónomos, los llamados lusitanos, bajo el liderazgo de Púnico, se dedicaron a devastar los pueblos sometidos a Roma, y después de haber puesto en fuga a sus pretores Manilio y Calpurnio Pisón, mataron a seis mil romanos y, entre ellos, al cuestor Terencio Varrón. Púnico, envalentonado por estos hechos, hizo incursiones por toda la zona que se extendía hasta el océano y, uniendo a su ejército a los vettones, puso sitio a una tribu vasalla de Roma, los llamados blastofenicios. Se dice que Aníbal el cartaginés había asentado entre ellos algunos colonos traídos de África y que, a causa de esto, reciben el nombre de blastofenicios. Púnico, golpeado en la cabeza por una piedra, murió y le sucedió en el mando un hombre llamado Césaro. El tal Césaro entabló combate con Mummio que venía desde Roma con otro ejército y, al ser derrotado, huyó. Pero, como Mummio lo persiguió de manera desordenada, giró sobre sí mismo y haciéndole frente dio muerte a nueve mil romanos, volvió a recuperar el botín que le había sido quitado y su propio campamento, al tiempo que también se apoderó del de los romanos y cogió armas y muchas enseñas que los bárbaros pasearon en son de burla por toda Celtiberia. 

57 Hechos de Mummio. 
Mummio se dedicó a hacer ejercicios de entrenamiento dentro del campamento con los cinco mil soldados que les quedaban, temeroso de salir a campo abierto antes de que los soldados hubieran recobrado de nuevo su coraje. Esperó allí a que los bárbaros pasaran con una parte del botín que le habían arrebatado, cayó sobre ellos de improviso y, tras haber dado muerte a muchos, recobró el botín y las enseñas. Los lusitanos del otro lado del río Tajo y aquellos que ya estaban en guerra con los romanos, cuyo jefe era Cauceno, se pusieron a devastar el país de los cuneos que estaban sometidos a los romanos y tomaron Conistorgis, una ciudad importante de ellos. Atravesaron el océano junto a las columnas de Hércules y algunos hicieron incursiones por una parte de África y otros sitiaron a la ciudad de Ocilis. Mummio los siguió  con nueve mil soldados de infantería y quinientos jinetes, mató a unos quince mil de los que estaban entregados al saqueo y a algunos otros, y levantó el asedio de Ocilis. Después se topó, casualmente, con los que llevaban el producto de su rapiña y los mató a todos, de tal manera que ni siquiera logró escapar un mensajero de esta desgracia. Tras haber entregado al ejército el botín que podían llevar consigo, el resto lo quemó como ofrenda a los dioses de la guerra. Y Mummio, una vez que finalizó su campaña, regresó a Roma y fue recompensado con el triunfo. 

martes, 23 de abril de 2013

NUMANCIA

sintiendo la tierra en los pies y el viento en la piel 


Visitar Numancia es cumplir un lejano sueño de la infancia, pisar el emplazamiento original de la heroica ciudad de los arévacos, los más valientes de los celtíberos, que resistió con tenacidad el largo y duro asedio a la que la sometió Escipión. 


En el corazón de Celtiberia se alza Numancia,  símbolo eterno de la defensa a ultranza. 


El paisaje es inmenso, rodeado de pequeños cerros, el viento nos azota, el invierno es gélido, el verano muy seco, los rudos legionarios también tuvieron que pasar penalidades, causadas por un clima muy riguroso, y unos enemigo bravos y fuertes. Pero la tenacidad de Escipión, la compleja organización del ejército romano y el excelente trabajo de los ingenieros construyendo un cerco, que se convirtió en una trampa mortal, borraron de la faz de la tierra la modesta, mas orgullosa, ciudad celtibérica, que desde ese día, escribió con letras de oro y sangre, su nombre en la leyenda . . . sus ecos aún perviven . . . 


. . . el viento trae gritos desesperados de hombres que matan a sus mujeres e hijos, antes que verlos como esclavos romanos, y el crepitar de las hogueras donde desesperados lanzan los guerreros sus cuerpos, antes que rendirse y vivir como esclavos romanos. . . 

El paraje es desolador, los días aquí tuvieron que ser horribles, sed, calor, insectos, frío, lluvia, viento, enemigos hostiles, trabajo, lucha, hambre, órdenes, riñas, miedo, soledad . . . ¿Cómo debía sentirse uno de esos centinelas que hacían guardia durante la noche? ¿o esa avanzadilla que intentaba salir de Numancia para chocar de bruces contra la eficaz ratonera que había tejido Escipión?


Ante los ciclópeos muros de Numancia, los más recios e inexpugnables de toda la Celtiberia, el ejército romano se estrelló, una y otra vez, durante más de veinte años.


Imponentes, e invulnerables parecían las murallas de Numancia a sus vecinos celtibéricos, no así a Escipión, que decidió acabar con la ciudad arévaca. Angustiados, escondidos, parapetados, desesperanzados, observan desde el interior de Numancia el cerco romano, convencidos que nunca más volverán a ser libres. . . al menos en esta vida . . . muchos eligieron la libertad de la vida ultraterrena . . . 


Cada día el ejército invasor aumenta en número, las noches son más ásperas y frías y el silencio es preludio seguro de muerte violenta. Nací celtíbero, por mis venas corre noble sangre arévaca, lucharé contra el enemigo, y mandaré a los Infiernos a todo el que se acerque a esta muralla, pelearé hasta mi propio exterminio, resistiré hasta el fin y cuando todo esté perdido atravesaré mi corazón con la espada y me arrojaré al fuego.


Sobre esta tierra que piso ahora se ha vertido sangre, sudor y muchas lágrimas, además quedaron sepultados sueños y anhelos de libertad, de seguir llevando una forma de vida, que acabó muriendo aquí. 


Numancia, símbolo vital y eterno de la resistencia absoluta y de la lucha hasta el final, y en definitiva, ¿qué es la vida sino una lucha continua con la certeza segura de resultar vencido? 

Sitio arqueológico de Numancia. 
Verano de 2011 y 2012

viernes, 5 de abril de 2013

SOBRE IBERIA DE APIANO (XXIII)

44 Segeda. Levantamiento de los belos y los titos.
No muchos años después, estalló en Iberia otra guerra, difícil a causa del siguiente motivo. Segeda es una ciudad perteneciente a una tribu celtíbera llamada belos, grande y poderosa, y estaba inscrita en los tratados de Sempronio Graco. Esta ciudad forzó a otras más pequeñas a establecerse junto a ella; se rodeó de unos muros de aproximadamente cuarenta estadios de circunferencia y obligó también a unirse a los titos, otra tribu limítrofe. Al enterarse de ello, el senado prohibió que fuera levantada la muralla, les reclamó los tributos estipulados en tiempos de Graco y les ordenó que proporcionaran ciertos contingentes de tropas a los romanos. Esto último, en efecto, también estaba acordado en los tratados. Los habitantes de Segeda, con relación a la muralla, replicaron que Graco había prohibido fundar nuevas ciudades, pero no fortificar las ya existentes. Acerca del tributo y de las tropas mercenarias, manifestaron que habían sido eximidos por los propios romanos después de Graco. La realidad era que estaban exentos, pero el senado concede siempre estos privilegios añadiendo que tendrán vigor en tanto lo decidan el senado y el pueblo romano. 

45 Derrota de Nobílior y muerte de Caro.
Así pues, Nobilior fue enviado contra ellos con un ejército de casi treinta mil hombres. Los sedeganos, cuando supieron de su próxima llegada, sin dar remate ya a la construcción de la muralla, huyeron hacia los arevacos con sus hijos y sus mujeres y les suplicaron que los acogieran. Éstos lo hicieron así y eligieron como general a un sedegano llamado Caro, que era tenido por hombre belicoso. A los tres días de su elección, apostando en una espesura a veinte mil soldados de infantería y cinco mil jinetes, atacó a los romanos mientras pasaban. Aunque el combate resultó incierto durante mucho tiempo, logró dar muerte a seis mil romanos y obtuvo un brillante triunfo. Tan grande fue el desastre que sufrió Roma. Sin embargo, al entregarse a una persecución desordenada después de la victoria, los jinetes romanos que custodiaban la impedimenta cayeron sobre él y mataron al propio Caro, que destacó por su valor, y a sus acompañantes, en número éstos no inferior a seis mil, hasta que la llegada de la noche puso fin a la batalla. Estos sucesos tuvieron lugar el día en el que los romanos acostumbraban a celebrar una procesión en honor de Vulcano. Por este motivo, desde aquel tiempo, ningún general romano quiso comenzar un combate voluntariamente en este día. 

domingo, 13 de enero de 2013

GEOGRAFÍA DE IBERIA ESTRABÓN (XXIII)



13 Tribus y ciudades celtíberas.
Divididos los propios celtíberos en cuatro partes, los más poderosos en general, situados al Este y al Sur, son los aruacos, vecinos de los carpetanos y de las fuentes del Tago. Su ciudad más renombrada es Numancia. Demostraron su valor en la guerra de los celtíberos contra los romanos, que duró veinte años, pues fueron destruidos muchos ejércitos con sus generales, y los numantinos, cercados, se mantuvieron firmes hasta el final a excepción de unos pocos que entregaron la muralla. Al Este se hallan también los lusones, vecinos asimismo de las fuentes del Tago. A los aruacos pertenecen las ciudades de Segeda y Palancia. Numancia dista de Cesaraugusta, que dijimos se alzaba a orillas del Ìber, unos ochocientos estadios. También Segóbriga y Bílbilis sosn ciudades de los celtíberos, junto a las que lucharon Metelo y Sertorio. Polibio, al enumerar las tribus y localidades de vacceos y celtíberos, incluye también, junto a las otras ciudades, Segesama e Intercatia. Por otra parte, Posidonio afirma que Marco Marcelo percibió de Celtiberia un tributo de seiscientos talentos, de lo que puede colegirse que los celtíberos eran numerosos y dueños de abundantes riquezas, a pesar de vivir en una región poco fértil. Pero cuando Polibio dice que Tiberio Graco destruyó trescientas de sus ciudades, Posidonio, burlándose, responde que con esto el hombre trata de halagar a Graco, denominando ciudades a los baluartes, como se hace en los desfiles triunfales. Y no deja quizá de ser cierto lo que dice, pues tanto los generales como los historiadores se dejan arrastrar fácilmente a este tipo de embuste por embellecer los hechos. Es el caso también de los que sostienen que pasan de mil las ciudades de los iberos, los cuales me parece que llegan a este número otrogando el nombre de ciudades a las aldeas grandes. Porque ni la naturaleza del país puede admitir muchas ciudades por su escasez de recursos ni por su aislamiento y primitivismo, ni su modo de vida ni sus acciones, salvo los de la costa del Mar Nuestro, sugieren nada de esto: son salvajes los que viven en aldeas, y como ellos la mayoría de los pueblos iberos; y tampoco dulcifican fácilmente las costumbres las ciudades cuando son multitud los que viven en los bosques para daño de sus vecinos. 

14 Al sur de Celtiberia.
A continuación de los celtíberos están, hacia el Sur, los que ocupan el macizo de la Oróspeda y la región del Sucron, los sedetanos hasta Carquedón y los bastetanos y oretanos casi hasta Málaca.

jueves, 10 de enero de 2013

GEOGRAFÍA DE IBERIA ESTRABÓN (XXII)


11 Los cerretanos.
Del propio Pirene, la vertiente ibérica es rica en árboles de toda especie y en particular de hoja perenne, pero la céltica está desnuda, y en cuanto a la zona central, configura valles con buenas condiciones de habitabilidad. Los ocupan en su mayor parte los cerretanos, de raza ibérica, entre los cuales se preparan excelentes jamones que rivalizan con los de Cibira y proporcionan no pocos ingresos a sus gentes. 

12 Fronteras y ríos de Celtiberia.
Rebasando la Idúbeda se halla inmediatamente Celtiberia, vasta y heterogénea; la mayor parte de ella es escabrosa y está bañada por ríos, pues a través de ella discurren el Anas, el Tago y otros cuantos ríos que, yendo a parar al mar occidental, tienen su origen en Celtiberia. De éstos, el Durio pasa por Numancia y Serguncia, y el Betis, teniendo sus fuentes en la Oróspeda, fluye a través de Oretania hacia la Bética. Al norte de los celtíberos viven los berones, limítrofes de los cántabros coniscos y surgidos también ellos de la migración celta, a los cuales pertenece la ciudad de Varia, emplazada en el paso de Íber. Son vecinos también de los bardietas, a los que ahora llaman bárdulos. Por Occidente hay algunas tribus de astures, calaicos y vacceos y también de vetones y carpetanos, por el Sur los oretanos y todos los demás bastetanos y edetanos que habitan la Oróspeda, y, al Oriente, la Idúbeda.

jueves, 6 de diciembre de 2012

GEOGRAFÍA DE IBERIA ESTRABÓN (XIV)



3 Fronteras de Lusitania.
Al norte del Tagus la Lusitania es el mayor de los pueblos ibéricos y el combatido por más tiempo por los romanos. Delimitan este país por el lado sur el Tagus, por el Oeste y Norte el Océano y por el Este los carpetanos, vettones, vacceos y galaicos como pueblos más importante, pues los demás no son dignos de mención por su pequeñez y oscuridad; no obstante algunos autores, al contrario que los actuales, llaman lusitanos también a éstos. Los calaicos son, por la parte oriental, vecinos del pueblo de los astures y de los celtíberos, y los demás, sólo de los celtíberos. 

La longitud de Lusitania es de tres mil estadios, pero la anchura, delimitado por el flanco oriental hasta la costa del lado opuesto, es mucho menor. La zona oriental es alta y escarpada, pero la región que se extiende a sus pies es toda llana hasta el mar, si exceptuamos unos cuantos montes de poca altura. Por ello dice Posidonio que Aristóteles achaca incorrectamente a la costa de Iberia y de Maurusia las pleamares y bajamares, pues sostiene que el mar se agita en flujos y reflujos porque los salientes son altos y escarpados, y reciben y vuelven a rechazar el oleaje con dificultad. Mas al contrario, a decir verdad, son por lo general arenosos y poco elevados. 

4. Ríos de Lusitania. 
El país del que hablamos es fértil y está recorrido por ríos grandes y pequeños, que discurren todos desde Levante paralelos al Tagus. Casi todos son también navegables, y son los que más arena aurífera poseen. Los más conocidos después del Tagus son: el Mundas, que permite una corta navegación, lo mismo que el Vacua. A continuación el Durio, que viene de lejos pasando por Numancia y otros muchos asentamientos de celtíberos y vacceos y que es navegable en grandes embarcaciones casi ochocientos estadios. Luego hay otros ríos y tras ellos el del Olvido, que unos llaman Limea y otros Belión; también éste procede de territorio celtíbero y vacceo. El Benis, que sigue después (otros lo llaman Minio), es con mucho el mayor de los ríos de Lusitania, navegable asimismo un tramo de ochocientos estadios. Dice Posidonio que también éste viene desde territorio cántabro. Delante de su desembocadura hay una isla y dos diques con fondeaderos. Además, la naturaleza es allí digna de alabanza, porque los ríos tienen las orillas elevadas y con capacidad para recibir el mar en sus cauces cuando sube la marea, por tanto no se desbordan ni anegan las llanuras. Este río constituye el límite de la expedición de Bruto, pero más allá existen otros cuantos ríos, paralelos a los mencionados.

lunes, 19 de noviembre de 2012

GEOGRAFÍA DE IBERIA ESTRABÓN (VI)




3 El Betis y el Anas, navegables.
     El Betis, a lo largo de sus orillas, está densamente poblado y es navegable corriente arriba casi mil doscientos estadios desde el mar hasta Córduba y lugares situados un poco más al interior. Y la verdad es que están cultivados con esmero tanto la zona ribereña como los islotes del río. Además ofrecen una agradable vista, porque sus tierras están hermoseadas con bosques y otros cultivos. Así pues, hasta Híspalis la navegación se efectúa en embarcaciones de tamaño considerable, a lo largo de un trecho no muy inferior a quinientos estadios; hasta las ciudades de más arriba hasta Ilipa en barcos más pequeños, y hasta Córduba en lanchas fluviales hechas hoy día con maderas ensamblados, pero que antiguamente se confeccionaban a partir de un solo tronco. El tramo superior hasta Castalón no es ya navegable.

Paralelas al río se extienden algunas cadenas de montañas que se le acercan más o menos por el Norte, llenas de minerales. Donde abunda más la plata es en las proximidades de Ilipa y Sisapon, tanto de la llamada antigua como de la moderna, y en la zona de la llamada Cotinas se produce el cobre junto con el oro. Por tanto, a mano izquierda según se remonta el río se encuentran estas montañas, mientras que a la derecha se extiende una gran llanura, ubérrima, con grandes árboles y excelente para los rebaños.

También el Anas es remontable, pero no con barcos de tanta envergadura ni durante tan largo trecho. En su orilla norte hay también montañas con minas, que llegan hasta el Tago. Naturalmente, las regiones que tienen minas son por fuerza escabrosas y poco fértiles, como es el caso de las que bordean Carpetania y, en mayor medida aún, Celtiberia. De la misma naturaleza es también la Beturia, que posee áridas llanuras que bordean el Anas.

4  Los esteros.
     Pero la propia Turdetania goza de unas asombrosas condiciones. Además de ser ella misma productora de todo y en abundancia, duplica sus beneficios con la exportación, pues el excedente de sus productos es fácilmente vendido por sus numerosos barcos mercantes. Hacen posible esto los ríos y los esteros que, como dije, son comparables a los ríos e igualmente remontables desde el mar hacia las ciudades del interior, no sólo por naves pequeñas, sino también por las grandes. Pues la tierra que se halla al interior del extenso litorial comprendido entre el Promontorio Sagrado y las Columnas constituye toda ella una llanura. Allí, en distintos puntos, avanzan hacia el interior desde el mar unas depresiones semejantes a cañones de mediana profundidad o a lechos de ríos que se prolongan muchos estadios. Las subidas de nivel del mar durante las pleamares las anegan, de forma que no son menos remontables que los ríos, sino incluso mejor. Pues la navegación se parece aquí a la que se practica en los descensos fluviales, al no haber ningún obstáculo de frente y empujar además de popa el mar, por la subida de la marea, igual que la corriente de un río. Allí tienen más amplitud las mareas que en otros lugares, porque el mar, costreñido desde un gran océano hacia el breve estrecho que forma Maurusia con Iberia, se regolfa y se precipita sobre las partes de la tierra que ceden fácilmente ante él. Algunas de estas depresiones se vacían durante las bajamares, a otras no las abandona del todo el agua y otras, en fin, configuran islas en su seno. Tales son, pues, los esteros entre el Promontorio Sagrado y las Columnas, que tienen una subida de nivel más pronunciada que la de otros sitios. Una crecida semejante ofrece también una ventaja para las necesidades de los navegantes, y es que hace a los esteros mayores y más numerosos, navegables muchas veces incluso cuatrocientos estadios, de manera que, en cierto modo, deja toda la tierra navegable y expedita para las exportaciones e importaciones de mercancías. Pero tiene también un inconveniente, porque la navegación fluvial, a causa del ímpetu de la pleamar, que empuja muy fuertemente en sentido contrario a la corriente de los ríos, comporta un riesgo no pequeño para las embarcaciones, tanto si van en dirección al mar como si van tierra adentro. Por otra parte, los reflujos en los esteros son peligrosos, porque también ellos se acentúan proporcionalmente a las subidas de la marea y, debido a su rapidez, han varado en seco muchas veces una nave. Y los rebaños que cruzaban en dirección a las islas de frente a la desembocadura de los ríos o de los esteros, unas veces fueron tragados por el agua y otras quedaron aislados y, obligados a regresar, no fueron capaces y perecieron. Y se dice que las vacas, que tienen observada esta circunstancia, esperan la retirada del mar y entonces regresan a tierra firme.
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