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viernes, 28 de noviembre de 2025

TODOS CONTRA EL TURCO

 


 

Todos contra el turco. Siglo XV la Media Luna amenaza con engullir toda Europa. En este contexto surgirán una serie de caudillos guerreros dispuestos a vender cara la derrota.

  


La Media Luna avanza por Europa, las tropas del sultán destrozan a cuántos ejércitos le salen al paso. En 1389 en las llanuras de Kosovo Polje tiene lugar la madre de todas las batallas. Sus ecos aún siguen resonando en los oídos de serbios y albaneses. 

 


Las cruzadas han finalizado y la Cristiandad Occidental ha dejado abandonado a sus hermanos de Oriente. La Guerra de los Cien Años (1337 - 1453) es la prioridad y consume todos los recursos.



Lo que sucede más allá del Danubio no interesa en las cortes de Inglaterra, Francia, Borgoña, Flandes, Aragón y Castilla. 

 


Boudicca, Arminio, Viriato, Decebalo o Vercingétorix, se enfrentaron a las legiones romanas, el imperialismo feroz y militarista acabó imponiéndose y dominando todas las tierras bañadas por el mar Mediterráneo. Catorce siglos después otro imperio trató de hacer lo mismo. 



Hungría intentó organizar la lucha, pero nunca estuvo cerca de detener la imparable tempestad que venía de Oriente.  El comandante transilvano Hunyadi Janos - Iancu de Hunedoara - y su hijo Matías, que llegó a convertirse en rey de Hungría.

 





 

Hungría, Valaquia, Moldavia y caballeros albaneses, Hunyadi, Vlad III, Stefan cel Mare y Skanderbeg, cada uno utilizando una estrategia diferente, fueron duros rivales para el sultán de la Sublime Puerta.

 


Nunca se firmó un frente común frente a los otomanos. Las ciudades estado griegas pudieron rechazar al numeroso, pero poco cohesionado, ejército persa. Los reinos y principados cristianos no tuvieron más remedio que aceptar la presencia otomana en sus tierras.

 


De las mismas tierras rumanas, la antigua Dacia, el rey Decebalo, corazón valeroso de los Carpatos, hizo frente con todo lo que tenía frente a las legiones de Trajano. En el siglo XV la historia se repetía con otros actores.

 



Francis Ford Coppola se inspiró en al voivoda valaco Vlad III para el maravilloso prólogo de su versión de Drácula (1992). 

 





Todo el mundo conoce a Vlad el Empalador, pero hubo generales más capaces y que consiguieron mayores éxitos militares frente a las tropas turcas, el comandante transilvano Janos Hunyadi, el albanés Skanderbeg o el voivoda de Moldavia, Stefan cel Mare.

miércoles, 15 de mayo de 2024

MARINEROS DÁLMATAS EN LA BATALLA DE LEPANTO.


 



En el año 1571 tuvo lugar la batalla naval de Lepanto, en la que la Liga Santa derrotó a la armada otomana. La Liga Santa estaba formaba por el Imperio Español, las Repúblicas marineras de Génova y Venecia, los Estados Pontificios, la Orden de Malta, el Gran Ducado de Toscana y el Ducado de Saboya. En la flota de la República de Venecia se integraba una galera de la ciudad de Trogir, la Donna, comandada por Alvise Cipiko. Larga es la tradición naval de la ciudad croata. Además de la Donna, en el registro de la batalla se contabilizan otras cuatro galeras procedentes de Croacia, la San Nicolás de la isla Cres comandada por Colan Drascio, la Cristo Resucitado de Krka con Lodovico Cicuta al mando, de Rab la Galera San Juan con Ivan Dominis y de la isla de Hvar la San Jerónimo con Dragón Zvir.




A estas cinco se sumaban una procedente de Capodistrio, actualmente Koper en Eslovenia, el León de Koper y otra de la ciudad montenegrina de Cattaro, ahora Kotor, la San Trifon. Un octava galera de Sibenik, la San Jorge, aguardaba en la reserva, con Kristofor Lucic como capitán. En la flota había otras dos galeras “croatas” una de Zadar y otra de Korcula, que contaba con una larga tradición en la construcción naval. Ninguna de las dos pudo entrar en combate. Todas estas ciudades estaban vinculadas a la República de Venecia y por ese motivo colaboraron en el esfuerzo bélico para derrotar a la poderosa armada otomana. Por otro lado varias naves de la República de Ragusa colaboraron en el auxilio y en el transporte de tropas y armamento. Entre dálmatas, istrianos y oriundos de la boca de Kotor, se calcula que hubo unos diez mil hombres en la batalla, como remeros y también como marineros, gente de mar de gran prestigio, de los que dependía, en buena medida, la poderosa flota veneciana para dominar (por los medios que fuesen necesarios) el lucrativo comercio mediterráneo.


viernes, 23 de febrero de 2024

CASTILLO DE POENARI, EL NIDO DEL DRAGÓN



Todo depredador tiene una guarida, Drácula también. Ni Bran, ni Hunedoara, ni la casa amarilla de Sighisoara. El auténtico hogar lo encontró Vlad en la soledad y la quietud de los altos riscos de los Cárpatos.





Abandonamos Curtea de Argés bien temprano, a eso de las 7.10 de la mañana (temprano desde el punto de vista de un español dormilón, pues hace rato que clarea), y encaramos la carretera que sigue paralela el curso del “rau Argés”, evocador y poético nombre. Una carretera rústica en un estado aceptable. Tras una media hora de plácido trayecto alcanzamos uno de los objetivos místicos de este viaje: las ruinas de Poenari, el auténtico castillo de Drácula. 1480 escalones y 80 metros de desnivel nos separan del Nido del Dragón. Un reto complicado y exigente, sin duda.





Justo en el lugar donde comienzan los primeros tramos de escalera, se ha instalado un camping de nombre típico (y lógico) el Camping Drácula. Unos pocos metros más atrás se levanta un hotel restaurante (con ciertos aires de resort rural), en el que la bienvenida te la da una bizarra escultura metálica del Empalador. Es la hora del desayuno y el hotel está hasta los topes de turistas (rumanos y extranjeros), deseosos de participar en la romería Drácula. Este Hotel La Cetatea (es decir, el Castillo) es un buen lugar para tomar un café expreso antes de comenzar la ascensión.





El pueblo rumano, inteligente como pocos, hace bien en aprovechar el tirón mediático de Vlad III. Aunque como he señalado (y repetiré) Rumanía tiene mucho más que ofrecer. Al final la figura del voivoda-vampiro-empalador queda reducida (y devorada) a una simple anécdota. Curiosamente Vlad III no es, ni mucho menos, el mejor de los gobernantes de la Rumanía medieval. Eso sí, ha sido el único en lograr la inmortalidad.




Cada amanecer el dragón, después de pasar la noche surcando los cielos en busca de alimento, encuentra refugio en su nido, encaramado en lo alto de una inaccesible roca, y protegido por un espeso bosque.





La escalera es cómoda, pero dura. En el primer descanso – 453 escalones, apenas un tercio – las piernas arden, y pesan más de la cuenta. El húmedo bosque, oscuro y vivo, dificulta el ascenso. Un ejercicio intenso para piernas y corazones fuertes, llenos de vitalidad. Rozando el escalón mil, las fuerzas flaquean. Venga un poco más. El tramo final, con las piernas, y toda la musculatura, calientes y el corazón a mil por hora, ha resultado más sencillo. Robé la energía a otro excursionista y experimenté una recuperación vampírica. 



Se acaba el bosque, se hace la luz y se materializa ante nuestros ojos las ruinas del Nido del Dragón. Desde aquí se dominaba perfectamente el valle del Argés, un paso natural que comunica Valaquia y Transilvania.





Sudor, sol y viento. Visitantes por doquier, es la romería Drácula, en su etapa más dura. Pisamos las mismas piedras, que con seguridad, pisó Vlad el Empalador. Este es el único y auténtico castillo de Drácula. El único del que existen registros de la presencia de Vlad III. Dos empalados de rostro inexpresivo nos reciben a la entrada de la cetatea (ciudadela). Son un par de maniquíes bastante feos y mal hechos.




La subida (por estas escaleras) es una experiencia donde se van alternando el cansancio y la lucidez, la fatiga y el vigor. Momentos de desfallecimiento que son seguidos por minutos de explosión física. Cuentan que los boyardos (y familiares) que no fueron asesinados  durante el famoso banquete celebrado en Targoviste fueron obligados a construir esta fortaleza. Sus ropas quedaron hechas harapos, muchos morían despeñados y otros desfallecían mientras acarreaban enormes piedras hasta la cumbre. A pesar de la crueldad, me parece un castigo justo para los traidores. Especialmente para aquellos que tienen las manos teñidas de sangre inocente.




Las ruinas de castillo sobrecogen, alimentan la sensibilidad humana, un lugar para la fantasía, el cuento y la leyenda, historias de caballeros y princesas, terribles relatos de horror gótico. Este castillo se ha convertido en un centro de peregrinación para rumanos y extranjeros. La historia, la leyenda, la naturaleza, fusionadas en un enclave de gran belleza para todos los sentidos, los físicos y los mentales.



Poenari es una fortaleza de pequeñas dimensiones, defendida por una reducida guarnición formada por entre 5 y 7 soldados. En el castillo podemos distinguir dos partes correspondientes a sendas fases constructivas:


  • El donjón o torre del homenaje, data del siglo XIII, muy probablemente durante el gobierno de Negru Voda.

  • Los muros y las torres semicirculares fueron construidos en el siglo XV, precisamente durante el gobierno de Vlad III.






Desde un punto de vista arquitectónico, la Torre Central presenta influencias transilvanas y los muros un estilo claramente bizantino. La fortaleza original y la primera mitad de los muros están fabricados con piedra, por su resistencia y durabilidad, mientras que la parte superior se reconstruyó con ladrillos, con el objetivo de configurar los huecos necesarios para la artillería. El único asedio conocido que sufrió la fortaleza fue obra de los turcos en el verano de 1462, y se puede fechar durante el gobierno de Radu cel Frumos (hermanastro de Vlad).




Una leyenda que leí una vez en el laberinto de Buda, que coincide (en parte) con la maravillosa introducción rodada por Francis Ford Coppola para su versión de Drácula (de 1992), cuenta que la esposa de Vlad se encontraba en esta fortaleza cuando fue atacada por los otomanos. Para evitar ser capturada por los invasores la princesa decidió quitarse la vida lanzándose a las aguas del río.




Con el tiempo esta fortaleza perdió protagonismo en las guerras contra los otomanos, y después de 1550 fue abandonado. Un terremoto destruyó la parte norte en el año 1915. La restauración actual data del año 1972, durante la época de Ceaucescu.




Otro reto superado con éxito. El sudor y el esfuerzo son la clave del éxito. Ahora descender y dejar aquí un pedacito de nosotros para la posteridad. Otros vendrán a pisar mis huellas impresas. No es el más hermoso (su estado es totalmente ruinoso) pero si el más sugerente de todo el arco carpático, la herradura montañosa, donde historia, leyenda y literatura se funden en un todo indivisible. Alzo la vista y sobre un lejano bosque, serpentea un río de argénteo caudal.



jueves, 25 de mayo de 2023

CORFÚ, EL CERROJO DEL ADRIÁTICO

 


La República de Venecia aunando esfuerzos militares, experiencia diplomática y habilidades comerciales, consiguió convertir el Adriático en un mar veneciano. El mar Adriático, más largo que ancho, se extiende aproximadamente desde la desembocadura del Po en el Norte, al canal de Otranto, que lo conecta con el mar Jónico, en el Sur. En palabras de Fernand Braudel Dominar este angosto mar equivale a dominar el Adriático (El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II. Tomo I). La posición clave para dominar la angosta entrada el mar Adriático es Corfú. Enclave controlado por Venecia desde 1386.


En 1386 se apropió de Corfú. Aprovechándose hábilmente de las dificultades internas del Reino de Nápoles, al que la isla en principio pertenecía, sugirió a sus habitantes la necesidad de contar con una mayor protección frente a posibles agresores, y estos – que a su vez sabían que cualquier lista de tales agresores vendría encabezada por la propia Venecia – no tuvieron otra elección que aceptar.

Historia de Venecia.

John Julius Norwich


Entrar o salir del Adriático obliga forzosamente a pasar delante de Corfú. Esta isla situada estratégicamente era considerada el Corazón del estado veneciano. Su control era clave para controlar las rutas comerciales y señorearse de las aguas del Adriático, donde durante varias centurias las naves venecianas prácticamente no tuvieron rivales. Conocedores de la importancia de la isla, las autoridades de la Serenissima no escatimaron recursos para fortificarla. Los ingenieros venecianos se encargaron de proteger tan valiosa plaza, siendo nombrada como Kastrópolis. El arquitecto veronés Michele Sanmicheli diseñó un sistema de fortificación triple, en el que además la ciudad amurallada es complementada por un fuerte a cada lado. Aunque el control y gobiernos eran venecianos, Corfú y sus vecinas fueron un reducto de cultura bizantina a nivel étnico, lingüístico y religioso. Los venecianos colocaron un cerrojo al sur del Adriático, de manera que eran sus galeras las auténticas dueñas de sus aguas y las únicas que podían moverse libremente por el mar. Además sus galeras podían asaltar y detener a cualquier embarcación que navegase por su mar.


De hecho, con Corfú y con su flota, Venecia tenía en sus manos la entrada del Adriático; mejor dicho, el Adriático entero, pues al otro extremo del mar, hacia el norte, la propia ciudad detenta la posición clave, el punto de confluencia de los caminos marítimos y de los caminos continentales, que, a pesar de los Alpes, unían a la Europa Central con el Adriático y el Levante. La misión de Venecia consiste en establecer la ligazón.

Fernand Braudel.

El Mediterráneo y el mundo mediterráneo

en la época de Felipe II.


Los otomanos, conocedores de su importancia, intentaron su conquista en varias ocasiones durante los siglos XV, XVI y XVIII, pero nunca lo consiguieron, de manera que Corfú veneciana fue veneciana hasta prácticamente la extinción de la República en tiempos de Napoleón.


miércoles, 8 de marzo de 2023

ALEGORÍA DE LA BATALLA DE LEPANTO DEL VERONÉS.

 


El arte siempre ha estado al servicio de los poderes fácticos (al fin y al cabo el artista tiene que comer, y por tanto, cobrar por su trabajo). En 1578, apenas siete años después de la batalla, Paolo Cagliari “el Veronés” pintó esta magnífica alegoría sobre la batalla de Lepanto, en la que la Liga Santa derrotaba a la temible armada otomana. La obra estuvo expuesta en la iglesia dominica de San Pietro en Murano. En la actualidad podemos disfrutar de ella en la Galería de la Academia.




En el lienzo apreciamos dos escenas bien diferenciadas, la inferior y terrenal representa el choque de galeras y el encarnizado combate entre soldados cristianos y musulmanes. La superior y celestial, un conjunto de santos protectores que se postran ante la Gran Madre, la Virgen María, iluminada por un haz de luz que atraviesa la oscuridad de un cielo nuboso y tormentoso. A sus pies, la Serenissima, personificada como al Fe, completamente vestida de blanco, con el rostro cubierto. A su derecha, Marco el Evangelista acompañado del omnipresente León, símbolo, patrón y protector de Venecia. A su izquierda, Santa Justina portando la espada con la que sufrió martirio (atributo que la identifica) cuya fiesta se celebra el 7 de octubre, día en que tuvo lugar la batalla. Al otro lado de la Virgen se situan San Pedro y Santiago Apóstol, patrones respectivos del Papado y de España, miembros de la Liga Santa, y en estos momentos, aliados de la República de Venecia. La república de Génova, que también participó en la batalla, no tiene representación en el cuadro (cosas de la propaganda), no podemos olvidar la secular rivalidad entre venecianos y genoveses.



En el extremo derecho, parapetado detrás de una oscura nube, un arcángel vestido de rostro, con unas poderosas alas desplegadas, lanza flechas incendiarias sobre las naves turcas. Una imagen que simboliza la intervención divina en el resultado final de la batalla. Una orquesta y coro angelical, que tocas instrumentos y entonan cánticos celestiales e himnos de victoria completan las escenas.


sábado, 9 de mayo de 2020

1448. SEGUNDA BATALLA DE KOSOVO.




El comandante transilvano Iancu de Hunedoara (Janos Hunyaid en lengua magiar), voivoda de Transilvania, regente del Reino de Hungría (por la minoría de edad de Ladislao el Póstumo) y auténtico señor de la guerra, estaba convencido de poder derrotar a los turcos, y si no expulsarlos de Europa, al menos detener su avance (que parecía imparable). Y no cejó en el empeño, aunque nunca se acercó a ese ambicioso objetivo. Eso sí, guerreando en territorio enemigo, conseguía (a duras penas) mantenerlo alejado de las tierras húngaras. Al éxito en su campaña larga (1443) sucedió el desastre de la cruzada de Varna (1444). Cuatro años depués levantó un nuevo ejército y marchó al encuentro del turco. 


Janos Hunyadi estuvo un par de años planeando esta batalla, en virtud de lo aprendido en otros enfrentamientos contra los otomanos, los preparativos fueron meticulosos. Murad II, que se encontraba combatiendo en Albania, sabiendo de las intenciones del húngaro, se replegó hacia Sofía y comenzó a reorganizar sus fuerzas, muy superiores a las que podría juntar el paladín transilvano. 

Hunyadi fue secundado por dos hábiles comandantes, sus cuñados Johan von Székely y Michael von Szilágyi. Janos estaba casado con Isabel, la hermana de Michael. Hunyadi se había empapado del arte de la guerra, aprendió en Milán, a las órdenes de Filippo Visconti, la forma de combatir de los condotieros y adoptó algunas tácticas utilizadas por los husitoas, que observó cuando los combatía. En definitiva, un auténtico compendio de las innovaciones bélicas introducidas en Europa durante la Baja Edad Media. De sus encuentros anteriores con los otomanos aprendió que es mejor no atacar alocadamente, y que romper el frente que formaban los jenízaros era una tarea muy, muy complicada. 


El ejército de Hunyadi. El ejército reunido por Hunyadi combinaba la tradición feudal de las levas nobiliarias con la contratación de mercenarios especialistas en el oficio de la guerra (mientras escribo esto no puedo dejar de pensar en la película los Señores del Acero – Flesh and Blood, del maestro Paul Verhoven): 

♠ 10.000 hombres reclutado de los territorios de Michael von Szilágyi y Johan von Székely. 

♠ 8.000 valacos que eran comandados por su voivoda Vladislav II. Janos Hunyadi le ayudó a sentarse en el trono de Valaquia, asesinando para ello a su anterior ocupante, Vlad II, y a su hijo Mircea. 

♠ Mercenarios alemanes e italianos, veteranos de mil batallas, experimentados arcabuceros para tratar de debilitar la defensa jenízara y carros de combate bohemios, como los utilizados por los husitas. Hablamos de una cifra que rondaría los 10.000 infantes, dispuestos a batirse el cobre con los temibles jenízaros turcos. 

♠ Finalmente otros 4.000 hombres de la facción noble de Hunyadi. 

Total: 32. 000 soldados dispuestos a todo, preparados para cruzar media Europa y enfrentarse, en su propio terreno, a la máquina militar mejor engrasada el momento. 

Ni el recién nombrado papa Nicolás V, ni los (supuestos) aliados occidentales, mostraron interés alguno. De nuevo Hungría se encontraba sola ante el peligro. ¿Sola?. No, en la montañosa Albania, Skanderbeg mantenía a raya a todos los ejércitos otomanos que ponían pie en su país. Si fuera posible unir fuerzas y presentar un frente sólido de batalla, se podría romper el equilibrio de poder en favor de Hungría. 

Septiembre. 
Hunyadi, acompañado de sus cuñados, del príncipe valaco Vladislao II y de sus propias tropas, cruzó el río Danubio en el mes de Septiembre, a la altura de Cuvin (Keve) frente a Smederevo, y ya en tierras de Serbia se dirigió a Durad Brankovic para que tomase parte de la campaña militar. El déspota serbio, antiguo aliado del húngaro, había decidido orientar su política hacia Oriente, entregando incluso a su hija Mara, cmmo esposa del sultán Murad II , contentestó negativamente a Hunyadi, argumentando que: “un ejército tan débil no podía medirse con los turcos, y él temía más a Murad que a los húngaros”. La negativa de Brankovic transformó a un posible aliado en un enemigo, que además quedaría a la espalda del ejército húngaro una vez que reemprendiese la marcha. Nunca es aconsejable dejar a un enemigo vigilando tu retaguardia. 

Oportunidad. 
Mientras el ejército húngaro se dirigía a Levante, un joven Vlad (hijo del difunto Vlad II, príncipe de Valaquia) cabalga en sentido contrario, hacia Valaquia, acompañado por un pequeño destacamento de caballería ligera otomana (los certeros akindchis) proporcionada por Murad II, y aprovechará la ausencia del príncipe titular (Vladislao II) para ocupar el trono del Principado de Valaquia. Esta fue la primera ocasión en que el famoso Vlad III el Empalador, fue voivoda de Valaquia, aunque este primer reinado duró apenas un mes. De regreso a Valaquia, Vladislao II no tuvo excesivos problemas en recuperar el poder. No sería la última vez que se verían las caras. 

Un carta. 
Hunyadi marchó hacia Nis, tal como hiciera en 1443 durante la Campaña Larga, pero en lugar de dirigirse hacia Sofía (donde aguardaba el sultán) se encaminó al sudoeste, hacia Albania, para unir sus fuerzas con las de Skanderbeg. Juntos podrían derrotar al ejército otomano. El bien informado Murad II ordenó el avance a marchas forzadas, y a mediados del mes de octubre, se posicionó a espaldas de los húngaros en el Campo de los Mirlos (Kosovo Polje) el escenario de la legendaria Batalla de Kosovo de 1389. El plan de Hunyadi habría fracaso, en un movimiento inteligente, Murad había conseguido interceptar al ejército húngaro antes de que pusiese entrar en contacto con los albaneses de Skanderbeg. Muchos historiadores húngaros siguen culpando a Durad Brankovic de desvelar al sultán los planes de Janos. Pero Janos Hunyadi no había llegado hasta aquí para marcharse sin luchar, así que decidió jugar las cartas que tenía en su mazo. 

El gobernador [Hunyadi] se estableció con su fuerza de choque en el Campo de Kosovo y, advirtiendo que el poder y la fuerza del sultán eran mayores, les escribió la siguiente carta: Sultán, no tengo tantos hombres como tú, pero, a pesar de tener pocos, sé que son buenos, rectos, leales y valientes. El sultán respondió a Janko: Janko, prefiero una aljaba llena de flechas ordinarias que seis o siete de oro. 
Memorien eines Janitscharen 
(Memorias de un jenízaro) 

Disposición. 
Ambos ejércitos se desplegaron de forma similar. En el año 1448 Janos Hunyadi era un militar experimentado que había combatido en varios frentes y contra enemigos muy diferentes. De los husitas adoptó sus carros o vagones de guerra, y de choques anteriores contra los turcos había aprendido la importancia de mantener la posición, de contar con un mando centralizado y de no lanzar ataques a lo loco. En una colina que dominaba el terreno colocó sus carros de combate (configurando una pequeña fortaleza), y a sus pies apostó el grueso de sus tropas, con la caballería cubriendo los flancos. Parte de la caballería pesada (germen de los húsares que se hicieron famosos en los campos de batalla europeos de la Edad Moderna) formó como reserva de ataque. El ejército otomano, que duplicaba las tropas húngaras, mantuvo su habitual despliegue, con los jenízaros (infantería) en el centro y los sipahis (caballería) en los flancos. Los turcos también habían aprendido mucho de la forma de combatir de los húngaros, y a los vagones husitas opusieron un tinglado a base de planchas de madera y carros, defendidos por los jenízaros. Encastillados en sus barricas eran invencibles.

La Segunda Batalla de Kosovo duró tres días en los que ningún ejército quiso arriesgarse a perder sus posiciones. Tres largos días manteniendo las posiciones. Un intento de estabilizar un frente compacto y consolidado de combate. La misma táctica que sembró de muertos Europa durante la Primera Guerra Mundial. 

Día 1. Los disciplinados, y bien entrenados, jenízaros, rechazaron todos los ataques enviados por Hunyadi, y no se dejaron atraer fuera de la sólida formación defensiva que habían preparado. Durante la noche los húngaros lanzaron un ataque contra el campamento turco que acabó en fracaso. Posiciones defensivas, equilibrio de proyectiles y flechas de uno y otro bando. No obstante, el bando húngaro parecía comenzar a desangrarse. 

Día 2. Lucha de posiciones. Empate técnico a primeras horas de la mañana, pero Hunyadi debía tomar una decisión para romper ese empate táctico. Además los akindchis (caballería ligera) había cortado las líneas de abastecimiento y los soldados húngaros comenzaban a sufrir las consecuencias en sus propias carnes. Un certero y masivo ataque desbarató el ala derecha otomana, y acto seguido lanzó a la caballería pesada contra los jenízaros. Ni por esas. Nuevamente se estrelló contra un sólido muro. Al caer la tarde, los apesadumbrados húngaros se retiraron a los carros. Habían caído 15.000 soldados, el desánimo se apoderó de los supervivientes. 

Día 3. Durante la noche las tropas valacas, con su voivoda al frente, decidan abandonar el campo de batalla. ¿Fué esta la clave de la derrota?. Lo dudamos, el ejército se encontraba aislado de su lineas de suministros y había sufrido muchas bajas. Nuevamente el sultán había ganado la partida al transilvano. Lo que quedaba del ejército huyó (a duras penas) hacia la frontera, aunque únicamente unos pocos consiguieron salvar la vida. 

Esta derrota marca el final de la política húngara en los Balcanes. Los otomanos tenían el camino libre hacia el Corazón de Europa, aunque aún les quedaba un importante escollo que superar, la conquista de Constantinopla, que se defendía como gato panza arriba. El comandante Janos Hunyadi también sufrió en sus propias carnes la consecuencias de la derrota, buena parte de sus aliados entre la nobleza, habían caído en Kosovo. De regreso a casa Hunyadi fue retenido por Durad Brankovic, que sólo consintió devolverle la libertad después de cobrar un cuantioso rescate y al año siguiente – 1449 – se le retiró el cargo de voivoda de Transilvania, aunque siguió siendo regente del reino. Kosovo fue la última gran victoria del sultán Murad II que fallecía en 1451 (sin poder conquistar Albania).

lunes, 6 de abril de 2020

KARADORDE PETROVIC.




Karadorde Petrovic - Карађорђе Петровић – el héroe serbio que inició la rebelión contra el turco, fundador de la Serbia moderna, sus descendientes se convirtieron en reyes de Serbia, y de todos los pueblos eslavos del sur.



lunes, 30 de marzo de 2020

BELGRADO, LA CIUDAD BLANCA.




Belgrado – Beograd – la Ciudad Blanca, capital de la República de Serbia y una de las más grandes e influyentes ciudades de todo el sureste de Europa. Es también una de las ciudades más antiguas del continente, con rastros de poblamiento humano con más de 7.000 años de antigüedad (Cultura de Vincha) y protagonista (a veces involuntaria) de una historia convulsa, al ser el tablero donde las potencias que dominaron la región intentaron dirimir sus diferencias. Zona histórica de paso, de pueblos e imperios diferentes y a menudo, enfrentados entre sí. Si hacemos caso de la Enciclopedia Británica, Belgrado es la ciudad que más veces ha sido destruida y reconstruida a lo largo de la historia.



Belgrado, la antigua y arqueológica, y la moderna e histórica se asienta sobre un promontorio, justo en el lugar donde el Sava une sus aguas al Danubio Eterno. La tribu de los escordiscos estableció en este lugar un asentamiento estable aprovechando su situación estatégica. Este es el origen remoto de la ciudad Singidunum.


Narodna skupstina, el edificio de la Asamblea Nacional, con enormes cúpulas de color verde claro.


Hram Svetog Save, templo ortodoxo de San Sava, destacan sus cúpulas verdes esféricas. El interior del templo aún se encuentra en construcción.


Kalemagdan, la fortaleza inmemorial de Belgrado, en serbio Beogradska tvdarva, su nombre procede del turco y significa algo así como la fortaleza del campo de batalla. Uno de los recintos fortificados más extensos que recuerdo, con fosos, varias líneas de murallas e incluso el parque zoológico de la ciudad.


Belgrado, inabarcable, grandiosa, cosmopolita, es como Madrid, pero a la yugoslava. Bullicio, ajetreo y ruido en sus calles nocturnas, tenía grandes expectativas con esta ciudad, y no me ha decepcionado.


Sede del Estrella Roja, la gran sensación del fútbol europeo a principios de los años '90 y capital de la República Socialista Yugoslava del mariscal Tito, Belgrado era para mí, un destino lejano e inaccesible. Pero cayó el Telón de Acero, y más mal que bien pasaron los duros años '90 y en los albores del siglo XXI por fin cumplí un sueño de la niñez, conocer Yugoslavia. Aunque sea por partes.


Cuando uno viaja tiende a comparar ciudades que ya conoce con lo que está viendo, a veces de forma incosciente, para mí Belgrado tiene algo de Budapest, por lo centroeuropeo, y algo de Madrid por capitalidad, cosmopolitismo y alegría urbana . . . una de esas maravillosas urbes de la Vieja Europa. (Verano 2013).




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