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domingo, 14 de febrero de 2016

CANUTO EL SANTO.



Canuto IV, conocido también como San Canuto, fue rey de Dinamarca de 1080 a 1086, un corto reinado que aprovechó para aumentar el poder real y los privilegios del clero. Empeñado en proclamarse rey de Inglaterra, era bisnieto de Canuto el Grande, intentó convencer al campesinado y a la nobleza de Jutlandia para que lo acompañase en una campaña en suelo británico. Los deseos del monarca provocaron la turbación en el pueblo que acabó rebelándose (instigados tal vez por su hermano y sucesor) y lo asesinaron atravesándolo con una lanza en el interior de una iglesia de madera en Odense cuando estaba arrodillado rezando. Dos décadas después de su muerte fue proclamado santo. Canuto se casó con Adela de Flandes, la hija de Roberto el Frisón , y el hijo de ambos fue el conde de Flandes, Carlos el Bueno

sábado, 24 de octubre de 2015

ROBERTO EL FRISÓN.



Los ayuntamientos de Flandes son un árbol genealógico en piedra, reyes, emperadores, condes y duquesas aparecen esculpidos con esmero en sus magníficas fachadas góticas. Roberto I Conde de Flandes - Robrecht I (de Fries) van Vlaanderen – observa con atención a los transeuentes desde una hornacina del ayuntamiento de Gante.

Roberto I, apodado “el Frisón” por su matrimonio con Gertrudis de Sajonia (viuda del conde de Frisia) era el hijo menor de Balduino V, Conde de Flandes, por tanto su hermano, también llamado Balduino – gobernó como Balduino VI – le antecedía en la línea sucesoria. 

Murió su padre, murió su hermano, y quedó como legítimo conde su sobrino Arnulfo III, bajo la protección (y regencia) de su madre, Richilda. El ambicioso Roberto no dudó en reclamar para sí mismo los derechos de sucesión y la regencia. Protagonista en su juventud de campañas militares, Roberto aprovechó la ocasión para hacerse con el condado.

Richilda se apoyó en un noble normaando, que le proporcionó un pequeño ejército, y en el rey de Francia, Felipe I. Roberto aprovechó el descontento de los flamencos con el gobierno tiránico de Richilda. Arnulfo III y Roberto dirimieron sus diferencias en la batalla de Cassel. Arnulfo murió en combate y Roberto se convirtió en Conde de Flandes. 

Richilda levantó tropas para vengar la muerte de su vástago, pero Roberto la volvió a derrotar. Para expiar los pecados de esta victoria, y de la usurpación del condado, peregrino a Jerusalén. Cosas buenas de la fe católica, no importa cuanto mal puedas hacer, Dios siempre está dispuesto a perdonar (si el arrepentimiento es sincero). 

Con el tiempo las rencillas con el rey de Francia dieron paso a cierta colaboración. Felipe I reconoció a Roberto legítimo Conde de Flandes, y éste entregó a su hijastra Berta (hija de Gertrudis en su anterior matrimonio) como flamante esposa.

Nunca olvidó Roberto Oriente y partió a Tierra Santa a luchar en las cruzadas, y aunque obtuvo algunas victorias, no pudo culminar ningún gran éxito. En otra ocasión envió quinientos caballeros a petición del emperador Alejo I Comneno para defender territorio bizantino. 

Roberto y Gertrudis tuvieron cinco hijos que engendraron a varios futuros titulares del condado. Adela se casó con el rey de Dinamarca Canuto IV y de este matrimonio nació Carlos el Bueno . Roberto II sucedió a su padre al frente del condado (ya le había dado esta responsabilidad cuando partió para Tierra Santa), y Gertrudis de Flandes, casada en segundas nupcias con Teodorico II de Lorena, fue la madre del legendario Teodorico de Alsacia.

Un hombre es hijo de su época y hace lo que de él se espera. La guerra y la piedad (vaya contradicción) eran los faros que guiaban a los nobles cristianos al inicio del segundo milenio. Roberto el Frisón no quiso ser menos que nadie, dedicó su vida al combate y a la peregrinación.

miércoles, 1 de abril de 2015

CARLOS EL BUENO



Carlos el Bueno (Karol de Goede) , Conde de Flandes, pagó con bondad los sinsabores de la existencia. Hijo de un rey danés, Canuto IV, tuvo que huir de su país tras el asesinato de su padre, y junto con su madre Adela de Flandes, encontró refugio en la corte de su abuelo Roberto I el Frisón. Cuando su primo Balduino VII fue nombrado Conde, Carlos se convirtió en su más cercano y preciado consejero, hasta el punto de ser nombrado sucesor.

Siendo conde, Carlos destacó por su bondad, pues se cuenta, que en ocasión de una hambruna abrió sus graneros y repartió pan entre los más desfavorecidos. Se dedicó tanto a su gente, que ante los rumores de su posible candidatura al trono Imperial y a la corona del Reino de Jerusalén, no dudó en rechazarlas, por amor a su gente. 


Pero claro, el que se pone del lado de los humildes encuentra siempre enemigos entre los poderosos. El Conde de Flandes se enfrentó al clan Erembald. El uno empeñado en hacer la vida más fácil al pueblo. Los otros empecinados en endurecer las condiciones de servidumbre. La suerte estaba echada y los Erembald pretendían cortar por lo sano. 

Carlos fue víctima de un brutal asesinado. La mañana del 2 de marzo del año 1127, en plena Cuaresma, el buen conde arrodillado rezaba sus oraciones diarias en la capilla de su castillo de Brujas, cuando irrumpieron en el templo un grupo armado del clan Erembald y a sangre fría lo decapitaron. Los culpables fueron detenidos y torturados hasta la muerte, y la buena gente de Brujas, Gante y otras ciudades flamencas, elevaron a Carlos el Bueno a la categoría de mártir. En el siglo XIX fue beatificado. 

Las crónicas de la época no ahorran elogios al hablar de su lealtad, sentido de la justicia y habilidades guerreras. Además de su piedad cristiana, que le llevó a peregrinar a los Santos Lugares. 

miércoles, 25 de marzo de 2015

TEODORICO DE ALSACIA.



Un hombre de su época, un caballero de su tiempo, conde militar y cruzado. Protagonista de gestas en vida y de leyendas tras su muerte. Su efigie dorada, con la espada armada, custodia perpetuamente la Santa Sangre de Cristo en Brujas. 

Teodorico de Alsacia (Diederik van de Elzas), era hijo de Teodorico II, Duque de Lorena y Gertrudis de Flandes, hija a su vez de Roberto I el Frisón. Teodorico sentía correr la nobleza por sus venas, y desde siempre se supo con legitimidad para optar al Condado de Flandes . Cuando el conde Carlos el Bueno fue asesinado, hizo valer esos derechos sanguineos. Aunque tuvo que luchar por conseguirlo.

A pesar de reclamar el condado para sí, como nieto de Roberto el Frisón, el rey de Francia, Luis VI, consigue imponer a su propio candidato, Guillermo Clito. Descontentos con este nombramiento, Gante, Brujas, Lille y otras destacadas ciudades prestan su apoyo a Teodorico y lo proclaman conde, estallando una dura contienda. Tras algunos reveses y varias victorias para cada uno de los bandos, murió Guillermo Clito, quedando Teodorico como único candidato. 

Antes que surgiera otro posible rival, inauguró su gobierno en Gante, y después en otras ciudades. Además contrajo matrimonio con la viuda de Carlos el Bueno, Margarita de Clermont, que falleció pocos años después. 


Teodorico fue un dinámico cruzado que realizó cuatro viajes a Tierra Santa. La primera en 1139, y además de gloria encontró una nueva esposa. Su carisma y liderazgo en las victorias le proporcionaron la admiración y la gracia del rey de Jerusalén, Fulco I . El monarca hierosolimitano entregó la mano de su hija, Sibila, al flamante conde flamenco. Curiosamente Sibila había estado casada con Guillermo Clito, el rival de Teodorico por el condado. En otra ocasión protagonizó una acalorada discusión con Reinaldo de Chatillón, lo que ocasionó un sonoro fracaso en el asedio de la fortaleza de Shaizar. 

Eso sí, cada vez que marchaba a Tierra Santa, sus enemigos aprovechaban para atacar sus posesiones, mas cuando regresaba a casa volvía a poner las cosas en su sitio, reafirmando su autoridad. En alguna ocasión fue su propia esposa Sibila, la que se hizo de la situación, sometiendo a los señores levantiscos.

En una de sus expediciones a Tierra Santa, y nos movemos ahora en el terreno de la leyenda, Teodorico consiguió hacerse, alguien habla de un regalo, con la más preciada de las reliquias, una ampolla que contiene la sangre de Jesucristo. Cuando retornó a Flandes, la depositó en una pequeña iglesia de Brujas, la Basílica de la Santa Sangre, donde es venerada desde hace ocho siglos. Teodorico recuperó la Santa Sangre, a su hijo Felipe le fue dedicado el Cuento del Graal de Chretién de Troyes, indudablemente un linaje estrechamente vinculado con la mayor de las leyendas medievales, el Santo Grial. La historia de Europa no tendría sentido sin sus leyendas. Es imposible captar en su totalidad el alma humana si no somos capaces de mirar más allá de lo tangible. Los mitos y las leyendas son la amalgama que ha permitido a lo largo del tiempo, que las sociedades humanas (tribales o estatales) permanezcan unidas. 

Teodorico siempre es representado con los atributos de caballero, yelmo, escudo y espada, con la lanza en ristre en la fachada del ayuntamiento de Brujas, cubierto de oro sobre la puerta de la Basílica de la Santa Sangre, la posteridad no puede (ni quiera) olvidar sus dotes como guerrero. 
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