jueves, 12 de marzo de 2026

LA FERME D'ESPIAU.

 



 

La Ferme d'Espiau, uno de mis restaurantes favoritos de toda Europa. Es una ilusión siempre que puedo volver.

 



Ubicado en Billiere, un recóndito pueblo de apenas 25 habitantes situado por encima de los mil metros de altitud. 

 


Billiere está enclavado en un pequeño valle en la vertiente francesa de los Pirineos. Las vistas, el entorno, la panorámica, sencillamente, sobrecogedoras, especialmente ahora, con los altos picos pirenaicos nevados. 

 




Una granja de montaña, ambiente pastoril y olor a leña, el calor de la chimenea y la belleza inmemorial de la madera. Un acogedor salón comedor, asimétrico, de aires retro y rincones íntimos. 

 



Todo preparado para recibir a los comensales. Rebanaditas de pan y una suave crema de queso para untar, el apéritif maison (aperitivo de la casa) y una botella de agua. En Francia es habitual y cortesía servir agua del grifo para acompañar la comida. Así de gusto leer la carta.

 


Un pichet de vino de la casa para acompañar las viandas. 

 




Soupe de légumes, es invierno y estamos en los Pirineos, un plato ideal, algo calentito para enlazar el aperitivo con el menú.

 





Productos de la tierra, de proximidad. Ensalada con trucha marinada de los Pirineos y un clásico de la mesa francesa, surtido de foie grass y un poco de mermelada de higos. 

 



El pato es una carne muy apreciada por su sabor, intenso y aromático. Más jugoso el confit, más intenso el margret. 

 


En Francia es habitual sacar los quesos a la mesa después de cada comida. Imprescindibles. 

 



El postre especial de la casa, figues pochées au bouillon d'Armagnac. 

miércoles, 11 de marzo de 2026

DE LUGO A PONTEFERREIRA.

 

  

Silencio antes del alba. La ciudad duerme, el caminante lleva largo rato despierto, preparando todo su equipo, antes de lanzarse, de nuevo, a la senda. 

 



El Apóstol nos marca al camino que debemos seguir.  

 



Descendemos al encuentro con las aguas del río. 

 


El centinela del puente nos permite pasar. 

 


Cruzamos el Miño. Dejamos Lugo atrás. Volveremos. 

 


De Lugo a Ponte Ferreira. Jornada de tragar kilómetros siguiendo el trazado de la carretera.

 





Bajo la cubierta del atrio se reúnen los vecinos de la parroquia. Los mismos bancos de piedra que utiliza el caminante para descansar e intentar aprehender el paisaje. Parroquia de San Xoan do Alto, Seoane.

 


Senderos entre árboles y camino por el asfalto. La etapa Lugo - Ferreira alterna uno y otro. 

 



Una pequeña ranita prácticamente invisible al ojo humano. 

 


La vegetación, verde, húmeda y viva, muy viva, parece querer engullir la piedra, tragarse la obra humana. Tarde o temprano, la Naturaleza siempre sale victoriosa. 

 


Igrexa parroquial de San Miguel de Bacurín, bonito ejemplo y bien conservado, de románico rural gallego. Construida, probablemente, a principios del siglo XIII.

 


Caminar es la mejor manera de ver el mundo. 

 


Iglesia granítica, con el camposanto a sus pies. Cuenta con una única nave de planta rectangular, ábside semicircular y cubierta de pizarra a dos aguas. Al frente, coronando el edificio, la espadaña barroca. 

 



Puerta lateral, cerrada a cal y canto, doble arquivolta, tímpano bilobulado y una columna a cada lado, rematadas ambas con capiteles esculpidos con motivos vegetales.

 




Un ábside abovedado , con una preciosa ventana encajada entre dos columnas acodilladas. 

 


Tal vez, lo más llamativo, por su belleza y por el buen estado de conservación, sean los canecillos sobre los que se sustenta la cornisa del ábside. Aparecen esculpidos motivos geométricos junto a zoomorfos y antropomorfos. 

 



El carnero es uno de los zoomorfos más fáciles de identificar. Vemos también un animal de aspecto feroz, de afilados colmillos y orejas puntiagudas. Sin duda un depredador ¿lobo o león?. 

 


Y que puedan los muertos disfrutar el reposo eterno. Sus cuerpos se unirán al todo universal. 

 



Frente a la iglesia, en la otra orilla de la carretera, el pazo de Bacurín. Arquitectura simple como corresponde a la mayoría de las viviendas hidalgas de los alrededores de Lugo.  De su vieja hidalguía tan solo conserva un blasón en la puerta de acceso.  Nobleza obliga. 

 


Caminar para conocer, caminar para sentirse vivo. Cuervos y palomas. El caminante destruye el cuerpo. Largas horas caminando con todo el peso de la mochila sobre hombros y espalda. El camino nunca es sencillo. Una etapa más bonita de lo que recordaba. 



Hospital, entre Bacurín y San Román da Retorta. Etapa sencilla, siguiendo el arcén, y sin mucha historia. Disfrutar y caminar. La vida puede ser maravillosa.

 


Flechas, albergues, tiendas y tabernas. Imposible perderse del Camino. 

 


 

Hiedra trepadora, muros, crucifijos, iglesias y camposantos. La arquitectura de la muerte, al borde de la senda para saludar al caminante. Metáfora de la vida, un largo camino que conduce inexorablemente a la Muerte. Cada cual debe encontrar su sentido. 

 




 

Románico rural gallego, con muchas transformaciones y reformas. Iglesia de San Romao da Retorta. El topónimo, tal vez, se refiera a una curva o alguna vuelta que haría alguno de los caminos que por aquí discurren. 

 


Y de calzadas y caminos entendían mucho los romanos. Por aquí pasaba la calzada XIX Lucus ab Iría Flavia. 

 


 

Y después de unos 27 kilómetros de caminata, parada, fonda y pernocta en A Ponte Ferreira. 

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