viernes, 19 de junio de 2026

ITALIA 90. AUSTRIA 2 - ESTADOS UNIDOS 1.

 

  

19 de junio de 1990. Grupo A. Austria 2 - Estados Unidos 1.  En el último partido de la primera fase aparecieron los goles de Ogris y Rodax. En esta ocasión el goleador Anton Polster marchó de vacío a casa. 

 


La afición austríaca llenó de color las gradas del Artemio Franchi de Florencia. 

 


Los austríacos se agarraban a una victoria con goleada para apurar las opciones de clasificarse como uno de los mejores terceros. Por su lado Estados Unidos pretendía terminar su participación dando una buena imagen. La próxima cita sería en su propia casa. 

 


Rodax, Polster y Ogris, más la aportación de Herzog, toda la pólvora austríaca para tratar de golear a la selección norteamericana. Estados Unidos, por el contrario, construye su equipo desde atrás, con el carismático Tony Meola y el capitán Michael Windischmann. Los goles de los centroeuropeos llegaron tras dos contragolpes. 

  

 

Los dos equipos se despiden del mundial con más pena que gloria.  

 


Zsak y Harkess, los dos mediocentros frente a frente.  

 


Armstrong vuela más alto que Pfeffer.  

 


Roja directa y expulsión de Peter Artner. 

 


La contundencia de Marcelo Balboa.  

 


Ogris. 1 - 0. 



Ródax. 2 - 0. 

 


Murray. 2 - 1.  

 

"Austria y América, ¡ay de mí! Polster, modelo de cómo no se juega al fútbol. El jovencito del siniestro imponente ha sido la desilusión del equipo de Hickersberger. Lo he vuelto a encontrar peor de como lo había dejado en el Torino. Desperdicia el contraataque y avanza sin saber a dónde. Privado de sentido táctico, solamente y exclusivamente zurdo. Pero todo el fútbol austriaco es desolador bajo el aspecto de la universalidad. Futbolistas como Andreas Ogris o Gerhard Rodax saben, en la mejor de las hipótesis, hacer una sola cosa: el gol. Robert Pecl o Pfeffer, a lo sumo, el defensor. Así, el partido con los EE.UU. fue una serie de trompicones y rebotes, con poquísimas frases tácticas. Y me pregunto cuándo aprenderán los americanos a jugar al viejo football que, como amonestaba Pozzo, enseña sobre todo a ser altruista. Tantos y brillantes, los futbolistas de EE.UU. rebotan contra el adversario, corren como cohetes sin lograr nunca encuadrar la portería. Pobre balón, ¡en qué pies ha terminado!" (Vladimiro Caminiti. Guerin Sportivo). 

ITALIA 90. ITALIA 2 - CHECOSLOVAQUIA 0.

 


 

19 de Junio de 1990. Olímpico de Roma. Italia 2 - Checoslovaquia 0. Grupo A. Tres de tres. La selección anfitriona, sin terminar de convencer, termina la primera fase con tres victorias, cuatro goles a favor y cero en contra. 

 


Italia estrena delantera. Schillaci que ya había disputado minutos en los dos encuentros anteriores, marcando un gol providencial frente a Austria, y Roberto Baggio, que se estrenaba por la puerta grande en un mundial. 

 


Carnevale desapareció del once y no volvió a disputar ningún minuto. Vialli regresó al once en la semifinal frente a Argentina. La dupla Carnevale-Vialli no llegó a funcionar en ningún momento. 



Vialli, la gran esperanza de Italia, no fue capaz de seducir a la diosa Fortuna. Su falta de puntería frente a Austria y ese penalti estrellado contra el poste de Meola, lastraron a Luca. Campeón de todo a nivel de clubes, no pudo levantar ningún título con la Azzurra. Su errática actuación en Italia '90 y la no clasificación para la Euro'92 le cerraron definitivamente las puertas de la selección. Y eso que prolongó su carrera brillantemente durante casi una década más.

 


Los veintidós gladiadores prestos para el combate. Las gradas enfervorecidas vibran con cada acción. En la capital del Mundo Antiguo el fútbol ocupa el lugar de los combates de gladiadores. Del Coliseo al Olímpico de Roma. 

 


Un apasionante encuentro con el primera plaza del grupo A en juego. El poderoso centro del campo checoslovaco contra el poder ofensivo del triángulo Donadoni-Baggio-Schillaci. Vicini lanza su caballería ligera al asalto de la fortaleza checoslovaca. 

 


Ambos equipos disponían de un contundente entramado defensivo. Miroslav Kadlec y Franco Baresi ejercían de comandantes supremos desde la línea de fondo. Y en la punta de ataque duelo de goleadores, Schillaci vs Skuhravy. 

 


Walter Zenga se emplea a fondo. El arquero interista mantuvo un gran nivel a lo largo de todo el campeonato. 

 


Zenga, Maldini, De Napoli, Berti, Ferri y Bérgomi. 
Agachados Schillaci, Roberto Baggio, Gianini, Donadoni y Franco Baresi. 

 

 

Nicola Berti, el armador de juego italiano.  

 




1 - 0. Salvatore Schillaci. 



La cabeza de Schillaci es un poderoso martillo percutor, especialista en perforar redes contrarias. 

 


Roberto Baggio, un espectador de lujo. 

 



Contratiempo. Roberto Donadoni se retira lesionado tras un encontronazo con el portero checoslovaco. Salta al campo Luigi de Agostini. 

 


Baggio, Schillaci, De Agostini, conexión juventina. 

 





2 - 0. Roberto Baggio. Un slalom eterno, fue la carta de presentación de Baggio ante el mundo fútbol. Gianini cede al mago . . . . 

 




. . . sortea adversarios y corre hacia la gloria. 

 


Una definición que forma parte de la leyenda de la Copa del Mundo. 

 


"Pero a este punto, como en las novelas por entregas, será oportuno dar un paso atrás. Habíamos dejado a Italia entre los primeros silbidos del Olímpico, al término de la no muy emocionante victoria sobre los Estados Unidos, con la perspectiva concreta de perder el liderato del grupo y verse obligada a un arduo peregrinaje por las sedes periféricas. En aquel clima de incipiente protesta había madurado la revolución silenciosa de Azeglio Vicini: el estreno de la pareja Baggio-Schillaci, la arrolladora cabalgada sobre Checoslovaquia, azotada por la velocidad de los "fantasistas" azzurri. Un partido de intensa y conmovedora belleza, capaz de hacer florecer de nuevo los entusiasmos apenas adormecidos. Italia se proyectó a una clasificación con puntuación completa, igualada en esto solo por Brasil; totalmente exclusivo, en cambio, el récord de imbatibilidad conservado por Zenga tras tres partidos". Adalberto Bortolotti en Guerin Sportivo. 

 


Totó me caes mal. La opinión de Gianni de Felice. 

Caro Totò, o mejor dicho, señor Schillaci, si se va mejor, quisiera decirle de inmediato, al abrir la columna, dos palabras. De elogio y de estima, naturalmente. Oh, no sonría con irónica y quizás irritada conmiseración, pensando que me estoy subiendo al carro del vencedor en el último momento. Quizás lo piensen, al comenzar a leer estas líneas, incluso mis veinticuatro lectores: por modestia me atribuyo al menos uno menos que Manzoni y seguramente un par más que Aldo Busi. Me gusta decepcionarlos. No estoy aquí para decirle —por último, a la llegada al andén diecinueve con el vagón de carga— que usted es un fenómeno, que ha salvado a Italia, que sin sus dos goles quién sabe dónde estaríamos, y que yo se lo había dicho a Vicini. No, huraño y anguloso joven de la Vucciria, "caruso" de mirada baja por astucia y orgullo. Confesando haberlas ya hecho —como todos— en tiempos, ¡ay!, no tan recientes, dejo estas desenvueltas marchas atrás a mis hermanos de la tribuna de prensa más jóvenes. Empiecen ellos a retorcerse en sus patéticas acrobacias dialécticas para demostrar, "disemmin insci", que donde habían escrito Negro querían decir Blanco. El de arriba, querido Totò, ya ha consumido tantos bancos de tribuna de prensa en cada rincón perdido y conocido del mundo, que ya puede permitirse decirle, con una franqueza que precisamente usted apreciará, que me caía mal antes y me sigue cayendo mal ahora que se ha vuelto grande, famoso, heroico, intercontinental. Un hombre de una sola pieza como usted, serio como usted, me concederá al menos el respeto que se le debe a quien no cambia de chaqueta. A cambio, le ofreceré una explicación sencilla. Al no tener el placer de conocerle personalmente, usted me cae mal solo por el hecho de que ha dado y sigue dando la tabarra con esa historia del hijo del Sur, de la sicilianidad respetada y ofendida, del meridional olvidado y oprimido. Y puesto que yo también soy hijo del Sur emigrado, pero no por ello me he sentido nunca ofendido, humillado, olvidado u oprimido, he sentido el deber de advertirle contra este lamento de retaguardia. De recordarle que en la ciudad que le acoge han jugado y dejado raíces ilustres hijos del Sur: le recomiendo, como ejemplo, a Beppe Furino, a quien he adorado como ejemplo de atleta y de profesional y a quien siempre vuelvo a ver con entusiasmo. En resumen, bendito muchacho, de Palermo a Turín se llega ya en una hora y veinte minutos de avión: ¿por qué quiere seguir imaginándose como el calabresito con el fardel enviado lacrimosamente por Edmondo De Amicis desde los Apeninos a los Andes?

Más allá de esto, querido Totò, no queda más que las dos palabras de elogio y estima. Me he declarado de acuerdo con Francesco Scoglio, quien le definía no como "un futbolista, sino un jugador de fútbol". No cambio de idea mientras no cambie de juego. Pero mientras tanto, me complace reconocerle que, mientras los "futbolistas" cuidaban con tanta atención el desarrollo racional de la maniobra hasta olvidar dónde está la portería y considerarse exentos de cualquier deber de gol, usted, de simple "jugador de fútbol", no ha deshojado tantas berzas y no se ha andado con rodeos, sino que se ha situado en el lugar adecuado en el momento adecuado y ha marcado goles decisivos para la historia azul. Bravo por esto. Usted, querido Totò, no es solo un jugador de fútbol: sino —y perdóneme la brutalidad de la expresión— un jugador con pelotas, en el sentido —¡cómo decir!— hormonal de la locución. (Aldo Busi que se tranquilice, no quiero hacerle la competencia. A estas alturas la lengua cotidiana ha llegado incluso a los diccionarios. La Editorial Le Monnier de Florencia me envía el nuevo diccionario Devoto-Oli, espléndido e indispensable para estar al día con el italiano moderno, y dentro encuentras pacíficamente catalogada la palabra "casino", que hace treinta años causaba algún embarazo incluso a los suboficiales mayores). He aquí que, Totò Schillaci, usted ha dado una lección admirable de concisión y concreción. En dos palabras ha dicho lo que ciertos finos oradores azules no conseguían decir en no sé cuántos partidos. Después de lo cual —otro mérito que le acredito con sincera admiración— usted no se ha ensañado y no ha transformado el éxito en venganza: al contrario, ha gestionado con insólita sobriedad las toneladas de gloria que le han caído encima. En definitiva, querido Totò, en estas semanas he comprendido que usted no es el quejumbroso que parecía, sino un verdadero hombre con redaños. Y esto, créame, ya le hace a mis ojos un tanto menos antipático.
 

ITALIA'90. ALEMANIA 1 - COLOMBIA 1.

 


 19 de Junio de 1990. Grupo D. Alemania 1 - Colombia 1. Todo pasó en los últimos cinco minutos. Gol de Littbarski en el minuto 89 y épico empate de Rincón en el descuento. Colombia hace buenos los pronósticos y pasa a los octavos de final.

 


Preciosa imagen. Las selecciones de Colombia y Alemania, con los dos dieces, los dos capitanes al frente, saltan al césped de un Giusseppe Meazza, embellecido para la cita mundialista. 

 



Un partido jugado de poder a poder. Dos seleccionadores, dos ideas y dos formas de entender el fútbol, un deporte, que a veces, es justo. Y eso es lo que fue ese empate, justicia deportiva. Alemania pasaba de ronda y Colombia tocaba el cielo. 

 


Alemania, después de dos goleadas dio por bueno el empate. El equipo teutón echó en falta a su lateral izquierdo Andreas Brehme (Pfluger ocupó su lugar) y en general no fue el martillo pilón de los anteriores partidos. Colombia, bien asentada en el campo se gustó y disfrutó, obteniendo un más que merecido premio.  

 


La defensa en línea colombiana frente a la clásica disposición alemana con líbero. Y en el corazón del terreno de juego, un duelo de dieces, de cerebros, de conceptos de fútbol, Lothar Matthaus frente a Carlos Valderrama, el juego directo contra la pausa y el control. 

 


Hubo un tiempo, algo lejano, en el que los equipos de fútbol jugaban guiados por un director de orquesta, un futbolista con técnica , inteligencia táctica , liderazgo, y por encima de todo, una forma exquisita de tratar el balón. Muchos de esos jugadores lucían el mismo número. 

 


Dos líderes, dos capitanes, dos leyendas. 

 


Un partido jugado de poder a poder. Se peleaba, se disputaba la posesión de cada balón. Guido Buchwald por los suelos. 

 


El carisma de René Higuita. 

 


El vuelo de Jurgen Klinsman. Uno de los delanteros más eficaces y brillantes del campeonato. Nunca se arrugaba ante nadie y disponía de un variado repertorio de remates. El señor del gol. 

 



Alegría desbordada. Rincón celebra un gol histórico. Un gol gritado con el alma por el pueblo colombiano. 


ITALIA'90. YUGOSLAVIA 4 - EMIRATOS ÁRABES UNIDOS 1.

 


 

19 de Junio de 1990. Yugoslavia 4 - Emiratos Árabes Unidos 1. La selección yugoslava comenzaba a carburar y se plantaba en los octavos de final cargada de buenas sensaciones. El equipo árabe se volvía para casa. 

 


Los yugoslavos no tuvieron ni miramiento ni piedad con el equipo árabe, que al menos tuvo la oportunidad de marcar dos goles. Eso sí, uno en propia puerta. 

 


Los balcánicos poseían un equipo muy equilibrado en todas sus líneas y además contaban con interesantes recambios esperando su oportunidad desde el banquillo. El pasado, el presente y también el futuro del fútbol europeo en las botas de once futbolistas. 

 

En las alineaciones, los árabes se mantienen fieles a su 4-4-2, mientras que los eslavos, por delante del líbero y de un marcador central, disponen casi en línea a 5 centrocampistas para respaldar a los delanteros. El partido parece sentenciado después de solo 8 minutos: Sušić y Pančev perforan la débil defensa de los Emiratos: 2-0. También es débil la defensa eslava, que en el minuto 21 se deja sorprender por una incursión de Juma'a. El resto del partido no tiene mayor historia. Una gran combinación entre Stojković, Vujović y Pančev pone el 3-1. En el último suspiro, Prosinečki suelta un latigazo a portería, pero el desvío de E. Meer le quita el placer del gol.

 


El eficiente goleador Darko Pancev anotó en dos ocasiones.  

 


Juma'a puso un esperanzador 2 - 1 en el marcador. Tan solo fue un espejismo.  

 


Al Taliyani, la figura del equipo árabe y gran esperanza. No tuvo la suerte de cara.  

  


Stanojkovic se anticipa a I. Meer en el duelo de laterales.  

 

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...