Occidente ha caído, Roma se tambalea y Rávena coge el testigo. El rey Teodorico está decidido a embellecer, aún más, la ciudad, y consolidarla como centro de su poder. El ostrogodo tiene personalidad suficiente para mirar a los ojos al emperador de Oriente. En palabras del célebre medievalista Le Goff “es el más logrado, el más seductor de los bárbaros romanizados”.
Su nombre era Teuderico, onomástica habitual entre los godos, helenizado como Theuderijos, pero para la mayoría de las historias modernas, Teodorico. Su figura se transformó en una leyenda dentro del mundo germano. Por ejemplo, su nombre aparece, junto a un elogio escrito en islandés antiguo, en la Piedra de Rök (c. 800), en Suecia, probablemente la patria original del pueblo godo.
Los miembros de una tribu se consideran descendientes de un antepasado dibujado con tintes míticos, un personaje que cabalga entre la historia y la leyenda, y Teodorico formaba parte de la estirpe de Amal, semidios en un país de brumas y aguas violentas. Los escaldos cantaban la genealogía de Amal, un linaje que después de trece generaciones desembocaba en Teodorico. En la cosmovisión goda, los descendientes de Amal, los Amalos, eran reyes por su ascendencia divina. Entre los Francos, Meroveo, y sus descencientes, los merovingios, encarnaban ese mismo concepto.
Cuando Teodorico llegó al mundo, Atila, azote de dios, ya lo había abandonado y los ostrogodos habían recobrado su independencia tras la victoria en el campo de batalla de su tío Valamiro (hermano de su padre) frente a los hunos. Teodorico era hijo del rey ostrogodo Teodomiro y su concubina preferida. Para mantener las buenas relaciones con el Imperio, Teodomiro tuvo que dejar marchar al Teodorico niño como rehén a Constantinopla.
Así que Teodorico es entregado como rehén por los godos y es llevado a la ciudad de Constantinopla ante el emperador León, y como era un niño agradable se ganó el favor imperial. (Jordanes, Gética, LII).
Estaba entre ellos el hijo del rey. Se llamaba Teodorico, que significaba «jefe de pueblos», y tenía siete años; era un hermoso niño rubio con grandes ojos de color azul claro. Su madre, Erelieva, había sido concubina de Teodomiro, que la había conocido en el campamento de Atila. Así, el pequeño Teodorico creció entre guerreros godos. Sabía cabalgar, había aprendido a manejar el arco y era un buen cazador. La espada era su juguete preferido. Dormía, como el padre, bajo la tienda, junto a su caballo. Allí, en las tibias noches de estío, los cantores ambulantes le contaban las antiguas sagas nórdicas y le leían la Biblia traducida por el sabio Ulfilas. El día de la partida hacia Constantinopla, Teodomiro le regaló su puñal y una escolta de godos lo acompañó hasta el Bósforo.
Teodorico siempre había vivido en la pradera, entre carros, rebaños y caballos, y nunca había visto una ciudad. Bizancio era la mayor metrópoli del mundo. Tenía casi un millón de habitantes y su corte era fabulosa. Teodorico quedó deslumbrado por la profusión de oro y mármoles y laabundancia de alfombras y tapices. El emperador León lo recibió en la sala de la corona, sentado en un trono desproporcionado, bajo un baldaquino de damasco, del que pendían dos pájaros mecánicos. (Historia de la Edad Media. Indro Montanelli y Roberto Gervaso).
Teodorico pasó su niñez en Constantinopla como rehén. Una práctica tradicional a lo largo de toda la historia. Su formación tuvo lugar en el seno del Imperio de Oriente. Aprendió griego y latín, y los modales que se requieren para la vida cortesana. Aprendió también como funcionaba la administración romana y la forma en que se preparaba el ejército romano para la guerra. Como joven inteligente que era, Teodorico no tardó en comprender la situación de debilidad de los emperadores en comparación con los líderes militares. Pero también aprendió una lección muy importante, los no romanos, a pesar de su superioridad en el campo de batalla, necesitaban la tecnología, la moneda y su acuñación, la organización militar y el dominio de la ley y el derecho. En la mente del muchacho empezó a fraguar una idea, unificar lo mejor de ambos mundos.
“Este Teodorico había dejado ya atrás su infancia y había entrado en la juventud, pues acababa de cumplir los dieciocho años. Convocó a algunos de los hombres de confianza de su padre y los unió a otros clientes suyos y gentes del pueblo que lo apreciaban mucho hasta juntar casi seis mil hombres. Sin que lo supiera su padre, cruzó con ellos el Danubio y se dispuso a atacar al rey sármata Babai, que reinaba entonces henchido de orgullo por su victoria sobre el general romano Camundo. Teodorico cayó sobre él, lo mató, tomó como botín de guerra a su familia y sus bienes, y volvió victorioso al lado de su padre. Después conquistó la ciudad de Singiduno, que habían invadido los sármatas, y no se la devolvió a los romanos, sino que la colocó bajo su propia autoridad”. (Jordanes, Gética, LV).
Con unos 18 años el emperador, León II, lo envió de vuelta a la tierra natal, en la Panonia, la región del lago Balatón, donde su padre lo designó sucesor. Uno de sus primeros golpes de mano fue conquistar Singidinum (la actual Belgrado) durante una campaña que lanzó contra los sármatas. Para irritación de las autoridades de Constantinopla se negó a renunciar a ella. (No obstante, los bizantinos recuperaron la ciudad en el 488). Teodorico estaba decidido a materializar su independencia y a comenzó a contar sus años de reinado a partir de esta conquista, probablemente porque fue proclamado rey por sus tropas después de esa victoria.
En el año 488 se firma un pacto entre Teodorico y el emperador Zenón. La diplomacia oriental consiguió de nuevo desviar el peligro germano hacia Occidente. Zenón tenía a los ostrogodos de Teodorico asentados en los Balcanes, y campando a sus anchas, a pesar de ser aliados (foederati). Saqueaban territorio del imperio y amenazaban Constantinopla. Aunque también es cierto que Teodorico no tenía las fuerzas suficientes para asaltar la ciudad. Los ostrogodos de Teodorico sufrían penalidades y necesitaban tierras para cultivar. A Zenón le molestaba la presencia Odoacro en Italia que reinaba a su bola. El pacto no fue ni más ni menos, que el permiso de invadir Italia. Teodorico tenía vía libre para invadir Italia en nombre del emperador como magister militum. Si lograba vencer reinaría en Italia hasta que el emperador pudiese acudir en persona. Desde sus bases en Mesia (actual Rumanía) emprendió la larga travesía del abrupto territorio de los Balcanes hasta llegar a los Alpes, cruzarlos y penetrar en Italia por el nordeste. Teodorico llegó a Italia no como invasor, sino como representante de la autoridad imperial romana.
Odoacro, dueño de Italia, se conducía de una manera cada vez más independiente. Zenón no lo ignoraba. Pero no le pareció oportuno marchar contra él en persona a la cabeza de sus tropas y decidió castigarle por medio de los ostrogodos. Éstos, a partir de la disgregación del Imperio de Atila, vivían en Panonia, desde donde, conducidos por su rey Teodorico, ejecutaban incursiones devastadoras en la península balcánica, amenazando la misma capital del Imperio. Zenón logró desviar la atención de Teodorico hacia las ricas provincias de Italia. Así daba dos golpes con una piedra, desembarazándose de sus peligrosos enemigos del norte y resolviendo, con ayuda de una fuerza extranjera, las dificultades suscitadas por el indeseable gobernador de Italia. En cualquier caso, Teodorico era menos peligroso en Italia que en los Balcanes.(Historia del Imperio Bizantino. Alexander A. Vasilliev).
Año 489 mientras Odoacro reina en Rávena, un gran contingente de godos, guerreros, mujeres y niños, avanza desde la llanura panónica hasta el Norte de Italia, a través de los Alpes Julianos. Al frente su rey Teodorido. El pueblo errante, el éxodo de los godos. Teodorico conduce a su pueblo a la tierra prometida. Análogo a Moisés.
En la gran migración de los godos de Teodorico participaron 20.000 guerreros, y cerca de 80.000 familiares. Por supuesto estas cifras son únicamente aproximadas. Este enorme contingente debía desplazarse con lentitud por el terreno. Avanzar despacio por los Balcanes siguiendo el curso del río Danubio. Viajaban con el permiso del emperador que veía con tranquilidad como tan formidable ejército se alejaba de Constantinopla. Tras un enfrentamiento con los gépidos Teodorico ordenó levantar un campamento para pasar el invierno. Cuando el tiempo era propicio los ostrogodos continuaron la marcha hacia el norte siguiendo el Sava y posteriormente giraron hacia el oeste, atravesar los Alpes Julianos y penetrar en Italia durante el verano del 489.
Odoacro le salió al encuentro, con un ejército igual de formidable pero menos homogéneo que el de su rival. La batalla tuvo lugar en el río Isonzo, en el límite actual entre Eslovenia e Italia. Esta fue la primera prueba de fuerza entre los dos potentes adversarios. Teodorico cruzó el río por sorpresa para tomar a su enemigo por la espalda, logrando una victoria sangrienta y abrumadora.
Teodorico había cruzado el Soncino. Ahora ya no interceptaba su camino ningún otro río de nacimiento tempestuoso entre montañas y de curso tortuoso a lo ancho de comarcas inundadas, sino algunas ciudades fortificadas, las primeras de las cuales eran Verona, Ticino y Mediolánum... y finalmente, Ravena. Teodorico tenía que contar con guarniciones fuertes, grandes unidades de tropas y un sistema avanzado de defensa. Pero había ganado la primera batalla... y el abandonado campamento de Odoacro fue el primer importante botín de guerra en Italia, que sirvió de compensación de muchas penalidades. (Rávena fue la tumba de Roma. László Passuth).
Tras las derrota del Isonzo. Odoacro se replegó hacia Verona, y hasta allí lo persiguió Teodorico, obligándolo a huir de nuevo. El dominio de Odoacro sobre el Véneto había finalizado. Odoacro se dirigió a Rávena mientras Teodorico continuaba sometiendo el Norte de Italia, incluyendo la ciudad de Mediolanum. El duelo se debía resolver en Rávena.
Ravena estaba protegida por el mar, los pantanos y los bosques de pinos. Una única y estrecha calzada la comunicaba con la tierra firme propiamente dicha, que en la época de la crecida era el único camino transitable. Odoacro tenía aún los guerreros suficientes para defender este camino en cualquier momento. Desde cualquier otro sitio, Ravena era inexpugnable. En Classis, el puerto militar, estaban anclados los barcos suficientes para impedir un desembarco. Dos gigantes que se amenazaban mutuamente, eran víctimas del hambre. El asedio había entrado en su tercer año, y de haber contado Odoacro con víveres abundantes, el fin aún no hubiera podido preverse.(Rávena fue la tumba de Roma. László Passuth).
Teodorico la sometió a un largo asedio, las defensas repelían los asaltos, y la ciudad era abastecida por mar, mientras que Odoacro realizaba continuas incursiones de castigo sobre el campamento de los ostrogodos. Teodorico recibió barcos de los vándalos y pasó a dominar el Adriático, cortando los suministros que llegaban a Ravena. Situación de bloqueo.
Cuando lo ve Odoacro, se atrinchera en el interior de la ciudad y desde allí acosa al ejército godo con frecuentes salidas por sorpresa durante la noche. Y esto no lo hizo una vez ni dos, sino muy regularmente por espacio de tres años. Pero sus esfuerzos eran en vano, porque toda Italia reconocía como señor a Teodorico y todo aquel Estado obedecía a su voluntad. Tan sólo él, con unos pocos adláteres y algunos romanos que lo acompañaban, sufría a diario refugiado en Ravena por causa del hambre y de la guerra. Y como vio que no conseguía nada envió una embajada pidiendo perdón.
Teodorico se lo concedió en un primer momento, pero después le quitó la vida. Y así fue como al tercer año de su entrada en Italia con el consentimiento del emperador Zenón, Teodorico se quitó la vestimenta de hombre particular y miembro del pueblo y recibió el ilustre manto real que lo acreditaba como rey de godos y romanos. (Jordanes, Gética).
En febrero de 493 el obispo Juan de Rávena conseguía un solución diplomática, Teodorico y Odoacro ocuparían la ciudad y reinarían juntos sobre Italia. Unos días después Teodorico asesinaba con sus propias manos a Odoacro, tal vez ordenó a alguno de sus esbirros que lo hiciera. Nuevamente Teodorico se adelantaba a su rival.
Teodorico marchó sobre Italia, batió a Odoacro, se apoderó de Ravena, principal plaza fuerte del vencido, y, a la muerte de Zenón, fundó en la península itálica un reino ostrogodo con capital en la misma Ravena. La península balcánica se había desembarazado definitivamente de los ostrogodos. (Historia del Imperio Bizantino. Alexander A. Vasilliev).
Desde Rávena, Teodorico se dedicó a reconstruir el Imperio Romano de Occidente, siempre bajo la autoridad (al menos teórica) de Constantinopla. Se rodeó de consejeros romanos, Liberio, Casiodoro, Símaco y Boecio, que le auxiliaban en las tareas de gobierno, consiguiendo que Italia conociera una nueva edad de oro. Con cuarenta años, Teodorico, sentado en el trono de Rávena, gobernaba sobre un extenso territorio: dueño de Italia, teórico soberano de Roma, señor del sur de Italia y de la isla de Sicilia, además de partes de Istria, el sur de la Galia y Dalmacia. Teodorico hizo ostentación de todos los elementos simbólicos de autoridad regia; autodenominándose Rex y Princeps, acuñando moneda y utilizando en ellas dichos títulos.
El único retrato que existe de Teodorico es un sólido triple conmemoratico acuñado en Roma. El rey aparece con ropajes y pose imperiales y el peinado típido godo. Figuran sus títulos; Príncipe piadoso y siempre invencible de un lado, y vencedor de los bárbaros en el otro. En las monedas también puede leerse el lema Feliz Ravenna.
Un líder no romano novedoso, completamente diferente de todos los líderes que habían gobernado Italia desde principios del siglo V. Dominaba el latín y el griego lo suficiente para poder entender lo que decían y escribían los senadores y romanos cultos, pero seguía siendo un líder germano que se dirigía a su pueblo utilizando su misma lengua. Comprensivo y tolerante, a pesar de su fe arriana, nunca intentó nada contra la comunidad católica ravanesa. Soldados godos en particular, y germanos en general, formaban la guarnición militar de la ciudad, mientras que encontró un importante apoyo entre los sacerdotes arrianos. Sin embargo los puestos de la administración quedaron en manos de los romanos. Bajo su reinado Rávena se convirtió en un destacado centro cultural.
La corte de Teodorico en Rávena se convirtió en un centro de mecenazgo que atrajo a intelectuales sabios, artistas y constructores. Incorporó a varios funcionarios y diplomáticos cualificados que ya había colaborado con Odoacro. El médico era el diácono Elpidio, Liberio fue un comandante romano de gran experiencia que entre otras acciones, gestionó el establecimiento de los godos en Italia, Casiodoro el Viejo y su hijo Casiodoro el Joven, principal portavoz del rey Teodorico. La figura más relevante, desde el punto de vista cultural, fue Boecio, traductor de Platón, Pitágoras, Aristóteles, Ptolomeo, Nicómaco, Euclides y Arquímedes del griego al latín. La presencia de estos sabios que rodeaban a Teodorico, distinguieron a Rávena de otros centros de poder germánico.
La corte de Teodorico era también el centro de una intrincada red de conexiones diplomáticas que se extendían por toda la mitad occidental del mundo romanogermánico. Utilizó los enlaces matrimoniales como medio para reforzar alianzas, compromisos y evitar la guerra. Teodorico se casó con la hija o la hermana del rey franco Clodoveo, y casó a sus hijas y hermanas con nobles de otros pueblos germanos. La red familiar de Teodorico mejoró su estatus y le ayudó a evitar algunas guerras, pero no era infalible. No pudo frenar a su cuñado Clodoveo sus ansias expansivas sobre visigodos y alamanes.
El poder de Teodorico era tal que llegó a nombrar a un papa, Félix IV. Había accedido al solio ponfificio gracias a la mediación de Teodorico que intervino en una disputa por la elección.
Impresionado por los retratos imperiales de la iglesia de San Juan Evangelista, colocados allí por expreso deseo de la emperatriz Gala Placidia, Teodorico ordenó levantar una basílica aún más grande, en las proximidades de su palacio. Hablamos de San Apolinar Nuevo.
Pero como Teodorico había llegado ya a la vejez y se daba cuenta de que dejaría pronto este mundo, convocó a los condes godos y a los más notables de su reino y proclamó rey a Atalarico, que era todavía un niño que no había cumplido los diez años, hijo de su hija Amalasunta y huérfano de su padre Eutarico. (Jordanes. Gética).
A su muerte fue sucedido por su hija Amalasunta que gobernó en calidad de regente.
Teodorico, rey políglota, un germano educado en la corte bizantina, mitad guerrero, mitad erudito, su largo reinado permitió integrar los elementos bárbaro y romano en un crisol llamado Rávena. Las tres claves de su éxito se basaron en su eficacia como comandante, su clarividencia política y la su profunda comprensión de los ideales romanos.
Teodorico, una vez consolidada su posición en Rávena, hizo gala de su capacidad diplomática y se convirtió en mediador y referente del nuevo mundo germánico. Los bárbaros de Occidente se habían alarmado con la victoria de Teodorico; pero cuando vieron que estaba satisfecho con su conquista y ansiaba la paz, el temor se transformó en respeto, y se sometieron a su poderosa mediación, encaminada al elevado propósito de zanjar sus reyertas y civilizar sus costumbres. Los embajadores que llegaban a Ravena desde las regiones más distantes de Europa se admiraban de su sabiduría, magnificencia y cortesía; y si a veces aceptaba esclavos, armas, caballos blancos o animales extraños, sus regalos —un reloj de sol o de agua, un músico— mostraban a los príncipes de Galia la maestría de sus súbditos italianos. Las alianzas familiares —su mujer, dos hijas, una hermana y una sobrina — emparentaron a su familia con los reyes de los francos, los borgoñones, los visigodos, los vándalos y los turingios, y contribuyeron a conservar la armonía o, por lo menos, el equilibrio de la gran república de Occidente. (Edward Gibbon. Historia de la Decadencia y Caída del Imperio Romano. Tomo III).

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