jueves, 25 de junio de 2026

ITALIA '90. IRLANDA 0 - RUMANÍA 0.

 


 

25 de Junio, estadio Luigi Ferraris de Génova, después de 120 minutos sin goles, la eliminatoria se decide desde los once metros. La selección de Irlanda que debutaba en la fase final de un mundial, consigue colarse entre los ocho mejores. Pat Bonner el nuevo héroe del trébol. 

 


El capitán McCarthy se adelanta a Balint. Los irlandeses llegan al choque llenos de ilusión y los rumanos con un ojo en su país, pendientes de la agitación política y social que se está viviendo estos meses. 

 


Partido tenso con más emoción que buen fútbol y la épica de los penaltis. La República de Irlanda, en su primera participación mundialista, se cuela en los cuartos de final, eso sí, sin ganar ninguno de los cuatro partidos disputados. 

 


Jackie Charlton con su once de gala, su guardia pretoriana. Rumanía cuenta con la baja por sanción de su delantero Lacatus, pero alinea una vanguardia de muchos kilates, Hagi, Raducioiu y Balint. La férrea defensa irlandesa los mantuvo a raya 120 minutos. 

 


 

La contundencia en defensa y en el centro del campo hacen de Eire un rival muy complicado, no marca muchos goles, pero encaja muy pocos. Paul McGrath es uno de sus futbolistas clave. En Génova jugó como en casa, arropada por miles de compatriotas que llenaron de color Marassi. 

 


Gica Hagi se presenta al mundo. Cuatro años después, en Estados Unidos, maravilló al orbe futbolístico. 

 


Nial Quinn y Silviu Lung un duelo en el espacio aéreo rumano. 

 


Sabau y Mc Grath dos capos en el centro del campo.  

 


La divertida aficion irlandesa llenó de alegría y color las gradas del Luigi Ferraris de Génova. 

 


Marca Hagi, marca Sheedy.

 


Marca Lupu, marca Houghton. 

 


Marca Rotariu, marca Towsend. 

 


Marca Lupescu, marca Cascarino. 

 


Lanza Timofte, para Bonner, marca O'Leary . . . e Irlanda a cuartos de final. 

 


Pat Bonner el héroe del partido. 

 



Tras 120 minutos de partido y una tanda de penaltis, la derrota es muy dolorosa. 

LA MUERTE DE RICHARD WAGNER.

 


 

Richard Wagner, alma pasional y auténticamente alemana, no pudo elegir un lugar mejor para abandonar este mundo e iniciar, en góndola, el postrero viaje a Walhalla. Hasta ese día nunca se había podido ver una Valkiria en Venecia. 

 


El Crepúsculo de los dioses aconteció en la ciuda de los canales. Una góndola fúnebre le acompañó en su último viaje. 

RÁVENA. UNA BISAGRA ENTRE LA ANTIGÜEDAD Y LA EDAD MEDIA.

 


Rávena, corazón de la Cristiandad occidental. Entre el 402 y mediados del siglo VIII el centro de poder más destacado de Italia. La ciudad de Rávena fue una de las pocas ciudades occidentales del Bajo Imperio que no cayó en la decadencia generalizada que sufrieron muchas otras. La transición de la Antigüedad al Medievo se produjo aquí. “En su apogeo, Rávena, era claramente una ciudad bizantina”. (Judith Herrin). 

 



Capital del emperador de Occidente hasta el 455, de los conquistadores ostrogodos y de la corte influyente de Teodorico y del virrey bizantino después de la (re)conquista justinianea.  Además centro del arte paleocristiano. Judith Herrin prefiere utilizar el concepto Cristiandad Primitiva en lugar del de Antigüedad Tardía, que posee un sentido de decadencia y etapa puente o de transición. 

 

La ciudad de Rávena se levantó sobre bancos de arena y pilotes de madera, (construcción palafítica), con canales  que rodean y atraviesan el núcleo de población y puentes que los cruzaban. Un patrón de asentamiento imitado por la vecina Venecia algunas centurias más tarde.  El geógrafo Estrabón nos ofrece una detallada de la ciudad en el siglo I. 

 

“En mitad de las marismas se encuentra la ciudad más importante, Rávena, construida toda ella en madera y atravesada por corrientes de agua que se salvan mediante puentes y barcazas. En la pleamar recibe un aporte importante de aguas marinas, hasta el punto de que, gracias a éstas y a las corrientes fluviales, que arrastran los fangos, toda la villa se purifica de pestilencias. Ciertamente, la salubridad de este lugar es tan reconocida que las autoridades han ubicado allí la instrucción y entrenamiento de gladiadores. No cabe duda de que resulta admirable esta cualidad de aquellos lugares: que los aires sean inocuos en plena marisma, como ocurre en verano en la Alejandría de Egipto, cuando el lago pierde su nocividad gracias a la crecida del Nilo y a la consiguiente desaparición de las aguas estancadas. No obstante, todavía resulta más sorprendente el comportamiento de la viña, pues, plantada en la marisma, ésta la hace crecer con rapidez y dar una abundante cosecha, si bien a los cuatro o cinco años la planta muere”. (Geografía, libro V, I, 7.) 

 

Rodeada por la llanura del Po, fértil y rica en productos agrícolas que se podían almacenar en la ciudad, en caso de asedio, rodeada de traicioneros pantanos. Esos pantanos, las lagunas los, ríos navegables y los canales hacían que la ciudad estuviese completamente rodeada de agua, lo que complicaba los asedios. Una plaza fuerte prácticamente inexpugnable, como Cádiz en la guerra contra Napoleón. Una ciudad cuya importancia se debía a su emplazamiento estratégico, ante todo, un centro de conectividad. La Vía Flaminia cruzaba los Apeninos y unía Rávena con Roma. Una especie de imán que atrajo sucesivamente a todas las fuerzas que dividieron el Mediterráneo, se enfrentaron entre ellas y contribuyeron al nacimiento de una nueva era.  

 

Bato el Panonio, rebelde frente al poder romano, fue derrotado y obligado a desfilar en el triunfo de Tiberio. Fue confinado en Rávena, prácticamente una prisión. También vivió aquí la esposa de Arminio el Querusco, Thusnelda , que crió aquí a su hijo. Un retiro dorado, una jaula con barrotes de oro para los enemigos extranjeros del imperio.  Tumélico, hijo de Arminio y Thusnelda, fue entrenado en la escuela de gladiadores citada por Estrabón. El joven murió en la arena cuando aún no había cumplido los veinte años.  

 

En 286 Diocleciano trasladó la corte imperial de Roma a Milan. Instauró la Tetrarquía, con dos capitales, Nicomedia y Milan, y otras dos, subcapitales, Antioquía y Tréveris.  En 297 Rávena se convirtió en la capital de la provincia Flaminia, región costera del nordeste de Italia.  

 

Cuando Alarico proyectó lanzarse sobre Milán, Estilicón (Magíster militum), y su protegido Honorio trasladaron la capital a Rávena (en torno al año 400). Además de ser prácticamente inexpugnable contaba con el cercano puerto de Classe, comunicado directamente con Constantinopla, la auténtica Nueva Roma, y con los centros de abastecimiento del Mediterráneo.  Estilicón pudo comprobar lo acertado de su decisión. Una ciudad inexpugnable, muchas veces asediada, pero pocas veces conquistada. 

 

Entre los siglos V y VI se suceden en Italia tres períodos históricos; el final del Imperio Romano, el establecimiento del Reino Ostrogodo y la reconquista bizantino. En los tres períodos Rávena desempeñó un papel fundamental. Y de todos ellos quedan en pie edificios significativos. El baptisterio neoniano y el mausoleo de Gala Placidia de época bajo imperial, San Apolinare el Nuevo y el mausoleo de Teodorico de la etapa ostrogoda y San Vitale, celebrado edificio bizantino. San Vitale es un templo bizantino, mientras que San Apolinare sigue el estilo romano de la basílica.  

 

Es posible que los primeros obispos residieran en Classe, pero la sede episcopal se trasladó a Rávena cuando se estableció en ella la corte imperial. Parece ser que Urso era obispo de Rávena cuando Honorio llegó a la ciudad en el 402. Urso murió en el 426. Construyó la antigua catedral de Rávena y fue enterrado en ella, la catedral Ursiana. Tenemos una descripción de dicha catedral en la obra de Agnelo. Honorio elevó el rango del obispo de su nueva capital en detrimento del de Milán.     

 

Gala Placidia , hija del emperador Teodosio, hermanastra de los príncipes Arcadio y Honario, y madre de Valentiniano III, gobernó Rávena como regente durante trece años a partir del año 425. El nombre de Gala Placidia estará siempre asociada al mausoleo de Rávena, uno de los sepulcros más bellos jamás construidos. 

Su vida, desde los días en que estaba encerrada en la Roma sitiada por los visigodos; después como una presa de gran valor, con las marchas a través de Italia; su casamiento con Ataúlfo y su corta viudez en Barcelona; su nueva vida en Ravena y en Roma como regente de Valentiniano III, parece el tema de una novela histórica, y no es otra cosa sino una epopeya femenina única para su época. (Historia del Mundo. Salvat.) 

 

Cuando Valentiniano III abandonó Rávena para instalarse en Roma, el poder de la ciudad quedó en manos de los obispos. La iglesia de Rávena, al igual que sucedía con las de Milán y Roma, poseía tierras de cultivo en varias provincias del Imperio. Las fincas de Sicilia le proporcionaban aceite, trigo y vino (triada mediterránea), así como rentas en metálico (impuestos). Una flotilla se encargaba de su transporte a la ciudad. Estos productos eran clave tanto para la riqueza de la Iglesia como del gobierno municipal. La conquista de Sicilia por parte de los musulmanes en el siglo IX puso fin al envío de mercancías y a la recaudación de impuestos. Las referencias a estas flotas reflejan también las estrechas relaciones que Rávena mantenía con el Adriático, donde tenían posesiones en Dalmacia, Istria y el Véneto. El arzobispo Maximiano era natural de Pola, mantuvo contactos con su ciudad natal construyendo una basílica y una casa para el rector. 
 

Tras la marcha de Valentiniano III, el obispo Neón asumió el papel de mecenas principal de Rávena, y promovió la construcción de nuevos edificios civiles y religiosos para aumentar el prestigio de la ciudad. De estos edificios uno de los más destacados es el conocido como baptisterio de los Ortodoxos, otra de esas joyas arquitectónicas que se conservan en el centro histórico de Rávena.  

 

Junto a la comunidad cristiana católica vivía en Rávena un importante número de godos arrianos. Parte de este contingente eran los godos que acompañaron a Gala Placidia, así como otras fuerzas armadas no romanas acuarteladas en la ciudad.  

 

Ravena era inexpugnable como ciudad. Por este motivo la elegían siempre como sede los emperadores que temían a los ejércitos, los levantamientos y la muerte negra. Una enorme comarca pantanosa rodeaba la ciudad, y hacia el sur se extendían espesos bosques a lo largo de la costa; tampoco por aquí podía avanzar un ejército. Classis, el puerto, era muy apropiado como lugar de reunión de la flota, pues estaba protegido y muy cerca de la capital. Desde el mar soplaba siempre una agradable brisa, y no hacía el calor agobiante de la Urbe. El viajero bizantino que llegaba a Italia, prefería vivir en Ravena. Aquí no se veían jamás las masas de gente que se agolpaban en la Ciudad Eterna para pedir —muchas veces con piedras y palos— juegos y pan. (Rávena fue la tumba de Roma. László Passuth).  

 

Mientras el Imperio Romano de Occidente se hundía, Rávena brillaba y consolidaba su protagonismo. Sidonio Apolinar describe la ciudad tras visitarla hacia el 467 en una carta a su amigo Candidiano. En ella hace referencia al medio físico lacustre y pantanoso en el que se asienta Rávena, a los terrenos húmedos y al calor, y también al dinamismo social y económico. La descripción recuerda en todo a la vecina Venecia, nacida y desarrollada en un entorno muy similar. 

    En ese pantano las leyes de la naturaleza se invierten continuamente: los muros se hunden y las aguas se estancan; las torres fluyen y los barcos encallan; los enfermos se pasean y los médicos se acuestan; los baños se congelan y las casas arden; los vivos pasan sed y los muertos y enterrados nadan; los ladrones velan y las autoridades duermen; los clérigos practican la usura y los sirios cantan salmos; los mercaderes hacen de soldados y los soldados mercadean; los viejos juegan a la pelota y los jóvenes, a los dados; los eunucos se dedican a las armas y los federados, a las letras. (Sidonio, Ep. I, V III, a Candidiano).
 

En otoño de 475 Orestes, jefe militar, enfrentado a Julio Nepote al que no reconocía como emperador, tomó posesión de Rávena. Julio había decidido quitarse de enmedio, embarcó en Classe y se asentó en Dalmacia, donde gobernó varios años, hasta su asesinato en Salona en el 480. Nepote es considerado el último emperador de iure. 

 


—¡Hacia Salona!
    La vieja ciudad, la vieja residencia. Una ciudad pequeña y una residencia más bien pobre, pero que había sido suya y donde nadie le ofendió. Hasta que llegaron las palabras de Verina. Estas tres naves dálmatas eran las más veloces, y el maestro velero y la tripulación, compatriotas suyos. En el mar, Julio Nepote era aún el amo. Amaneció un nuevo día. Si todo iba bien, a mediodía podían estar en Salona. En los cofres se hallaban los tesoros, los ornamentos de la iglesia, las reliquias. Cien hombres, entre señores, guardias y centinelas, no más, habían querido seguir a Julio Nepote. Para ellos había lugar suficiente en las tres naves.
    Cuando desembarcaron en Salona, se dirigieron a un Tedeum que celebraría el obispo de la ciudad, antiguo emperador, Glicerio.
    Sólo siguieron a Julio Nepote algunas personas del séquito y los señores bizantinos y dálmatas. La corte imperial permaneció en Ravena casi en su totalidad, así como los habitantes, acostumbrados ya a los rápidos cambios del destino. (Rávena fue la tumba de Roma. László Passuth).  

 

    El 31 de octubre de ese mismo año, el joven Rómulo Augusto, hijo de Orestes, es coronado convenientemente emperador en el palacio imperial. Rávena, algunas zonas más al norte, Istria, y partes de Panonia, eran un reducto, prácticamente autónomos, de la tradición imperial romana, rodeados de tribus cristianas no romanas que se iban haciendo con el poder. El Imperio Romano era algo más imaginario que real. 

    Uno de los oficiales de Orestes, Odoacro, se rebeló y prometió tierras a los soldados. Estalló una guerra civil que acabó con la derrota y muerte de Orestes. En el mes de septiembre del 476 Odoacro marchó sobre Rávena y depuso al emperador niño. Tuvo la suerte de evitar la muerte violenta que sufrieron muchos de sus antecesores. Un bárbaro había liquidado toda apariencia de autoridad imperial romana en Italia y se estableció en Rávena. Final de una época y comienzo de otra. 


El patricio de Ravena  (Odoacro) gobernaba Italia con seguridad y sin rivales desde hacía quince años. Los conceptos rey de las tropas auxiliares bárbaras y emperador se habían fundido mucho tiempo atrás. Odoacro había recibido ya a muchas legaciones en calidad de Augusto. El antiguo centurión conseguía continuamente reforzar su campamento con nuevas tropas bárbaras y príncipes aliados. Según las palabras de los historiadores contemporáneos, en el ejército del patricio había casi tantos reyes como guerreros. (Rávena fue la tumba de Roma.  László Passuth).

 

    Odoacro triunfó donde Orestes había fracasado y gobernó desde Rávena catorce años. El nuevo rey y su esposa, Sunigilda, apoyaron a la comunidad arriana y patrocinaron la construcción de nuevas iglesias. El nuevo gobierno tenía su sede en el palacio del Bosque de los Laureles, construido por Valentiniano III. En el siglo V existe una evidente continuidad entre la jefatura del imperio occidental y los reyes bárbaros. 


 El último acto del drama se desarrolló en Italia. Aquí, como en cualquier otra parte en que se encontrasen las tribus germánicas, el ejército se había convertido en un factor autónomo, que apenas si tomaba ya en consideración al último emperador romano y lo que quedaba de su administración. Cuando el gobierno de Rávena negó una concesión de tierras al ejército, semejante a la garantizada a los foederati, las tropas aclamaron como rey a su comandante en jefe Odoacro. Este conquistó Rávena y depuso a Rómulo Augústulo ( 476 ) . E l gobierno romano oriental terminó por reconocer de facto a Odoacro, al otorgarle el título de patricius. Odoacro, haciendo gala de gran tacto político, se mantuvo en el poder durante un decenio, pero después llegó también su fin. El gobierno de Zenón conseguía, en el año 488 , mediante maniobras diplomáticas, desviar hacia Italia a los ostrogodos, que marchaban sobre las fronteras de la Roma Oriental. Estos, al mando de Teodorico, conquistaron el país en el año 493 . Rávena, último foco de resistencia de Odoacro, estuvo sitiada durante dos años. Finalmente, los dos germanos pactaron un reparto de la soberanía, pero, a los pocos días, Teodorico apuñalaba a su colega en el palacio de Rávena. La familia de Odoacro y sus tropas fueron también pasadas a cuchillo. Teodorico se convirtió en dueño y señor de Italia, aunque en principio sólo fuera como patricio, lugarteniente del emperador de Occidente, siguiendo la ficción jurídica de derecho público. En realidad, con Teodorico culminaba el proceso desintegrador del Imperio de Occidente: Italia, su último reducto, se convierte en un reino ostrogodo independiente. (Transformaciones del mundo mediterráneo. Franz Georg Maier).

 

Durante los años que gobernaron los ostrogodos, hubo cierta tolerancia entre las dos visiones del cristianismo, arrianismo y ortodoxia. Cada una de ellas defendida por un grupo de poder, el soberano ostrogodo de un lado y los obispos católicos de otro. La prueba es el uso de los monumentos por parte de ambas comunidades y que no se realizaran modificaciones sobre ellos. El rey Teodorico puso en marcha una política de tolerancia con respecto a los romanos. Esta tolerancia parte de una necesidad: los romanos conforman la estructura organizativa del nuevo estado ostrogodo. Los ostrogodos eran un pueblo organizado mediante tribus que no poseían un concepto de estado tan desarrollado como los romanos. 

      

La intolerancia hacia los arrianos vino después de la conquista de Rávena por los bizantinos. Esta intolerancia se puede explicar por la manera en que en Bizancio entendían la Iglesia y el estado, y la difícil separación entre ambas. De tal manera, que una herejía podía actuar como elemento desestabilizador del estado. Los hechos políticos y sociales de cada época quedan reflejados en las obras de arte.  (Ideas desarrolladas con más profundidad en La didáctica religiosa y política en Rávena. Ricardo Palacios Salazar. Trabajo final de carrera).  

 


Tras la muerte de Teodorico, su hija, Amalasunta, se hizo cargo del gobierno como regente de su hijo Atalarico. Ocho años duró su gobierno. La muerte de Atalarico en el 534 privó a Amalasunta del papel de regente y debilitó su posición en la corte. 

    Teodorico dejó un vástago inteligente y capaz, mas, para infortunio de los ostrogodos, era del sexo inadecuado: era una hija, Amalasunta. El hijo de ésta, Atalarico, de nueve años de edad, subió al trono y ella fue la regente. Amalasunta comprendió que su posición no era segura en medio de una turbulenta aristocracia goda a la que fastidiaba recibir órdenes de una mujer. Buscó métodos para fortalecerse, y uno de sus recursos fue favorecer ala población romana. Esto, por supuesto, le enajenó aún más las simpatías de la aristocracia.Por ello, Amalasunta hizo todo lo que pudo para establecer buenas relaciones con el Imperio Oriental. Hasta llegó a un acuerdo secreto con Justiniano que le permitía huir a Constantinopla si su posición en Italia se veía seriamente amenazada. Permaneció segura mientras su hijo fue rey. Pero la vida era corta e incierta en aquellos días, y Atalarico murió de una enfermedad en el 534, cuando sólo tenía dieciséis años. Amalasunta no podía reinar sola y, por eso, hizo que Teodato, primo carnal de ella, subiese al trono como cogobernante. El único mérito de Teodato era ser un varón de la familia real. Tan pronto como logró el rango de cogobernante, hizo algo sorprendentemente estúpido. Envió a prisión a Amalasunta y luego la hizo asesinar. (Isaac Asimov).

 

    Entre el 480 hasta la conquista bizantina de la región en el 539, Istria, bañada por el Adriático, era el almacén de la ciudad. En Istria, la verde Istria, se producía vino, aceite, trigo y garum (como en la entrañable Baelo Claudia gaditana), ostras, pescados y otros mariscos. La iglesia de Rávena poseía en la península de Istria extensos bosques de los que se aprovisionaba de madera. Los ravaneses con recursos económicos, poseían villas de recreo a las que acudían para relajarse y disfrutar de un clima más fresco. De esta manera aparecieron pequeñas poblaciones de veraneo a un solo día de navegación desde Rávena. Podemos imaginar a la reina Amalasunta desplazándose a las embaucadoras Rovinj o Pula para evitar el calor del verano. Estos contactos por vía marítima están documentados en varias cartas de Casiodoro. 

 

La muerte de Teodorico fue la antesala de la caída del poder ostrogodo y el advenimiento, desde Oriente, de una nueva fuerza, Bizancio. Procopio escribió una Historia de las Guerras, y gracias a él tenemos un extenso relato de las campañas militares que propiciaron la reconstrucción (parcial) del Imperio por parte de Justiniano. 

    Belisario fue elegido por Justiniano para lanzar una ambiciosa campaña sobre Occidente. Diez mil infantes, cinco mil soldados de caballería, más la propia milicia (bucellarii). Una flota para transportarlos a todos, además de agua y forraje. Quinientos barcos escoltados por noventa y dos navíos de guerra zarparon de Constantinopla. 

    Los ostrogodos eligieron a un militar con gran experiencia, Vitiges, para preparar la defensa. De inmediato Vitiges contrajo matrimonio con Matasunta, hija de Amalasunta. El nuevo rey ostrogodo creyó poder negociar con Justiniano , pero las negociaciones de paz no llegaron a buen puerto. Los bizantinos ocuparon la cercana Rímini, pero las exiguas tropas parecían insuficientes para asaltar la capital. Justiniano entonces decidió enviar refuerzos, con un eunuco, algo mayor para la guerra, al frente, Narsés. Tras algunos desacuerdos entre los dos comandantes, consiguieron rendir las guarniciones clave para la defensa de la inexpugnable Rávena. Finales de 539 o princpios de 540 Belisario se plantó delante de los muros de la ciudad dispuesto a forzar la capitulación cortando todas las vías de suministros. Tras varios meses de negociaciones multilaterales (Vitiges y Justiniano, Justiniano y Belisario, Belisario y algunos comandantes godos) el general Belisario entró triunfante en la ciudad en mayo del 540. Algunos militares godos se reagruparon y eligieron rey a Hildibaldo, jefe de la guarnición de Verona. Fue sucedido por su sobrino Totila, último defensor de la independencia de los ostrogodos. Acantonados en esta ciudad aguantaron doce años, lanzaron ataques contra las fuerzas imperiales, mas nunca consiguieron recuperar Rávena. La ciudad pasó a estar bajo el dominio directo de Constantinopla, y se convirtió en el centro administrativo del Imperio en Italia durante las dos centurias siguientes. 


    Mayo 540 cuando las tropas imperiales bizantinas entraban en la ciudad, Víctor, el obispo católico, les dispensó una bienvenida especialmente calurosa. La expulsión del rey godo significaba que el clero arriano había perdido a su protector. No se tomaron medidas inmediatas contra ellos, pero la presión de la comunidad católica no tardó en hacerse notar. 

    A pesar de la victoriosa campaña de Belisario, la consolidación del poder bizantino en Italia chocaba constantemente contra la resistencia ostrogoda. Desde la muerte de Hildibaldo reinaba su sobrino Totila que amenazaba la presencia imperial en Italia. Justiniano envió entonces a Narsés al frente de un ejército. En esta ocasión evitaron la ruta que a través de los Alpes entraba en Italia por el Norte y siguieron la ruta del Adriático. Para ello pidieron ayudo a los vénetos, que construyeron puentes de pontones que atravesaban los numerosos cursos de agua que solían hacer esta ruta impracticable. De esta manera Narsés llegó de improviso a Rávena. En el 552 Narsés derrotó a los godos en la batalla de Tagina, en la que el rey godo resultó herido de muerte. Narsés entró victorioso en Rávena donde fue recibido por Maximiano. 


Como brazo del Imperio Bizantino en Italia, Rávena desempeñó la función de bisagra entre Oriente y Occidente. Transmitía su influencia en ambos sentidos. Su puerto era el enlace entre el norte de Italia, la capital bizantina, y la Europa transalpina.  

 

    Primavera del 568, una nueva horda de guerreros germanos, los de largas barbas (longobardos) atravesó los Alpes Julianos y penetró en el Norte de Italia. Al frente su rey Alboíno. Estos lombardos dejaron su huella en la región de Lombardía. 

    Al igual que Teodorico, Alboíno guió a su pueblo, guerreros, mujeres y niños, e invernaron en Friuli. Al año siguiente atacaron Milán y saqueron la ciudad. El patriarca de Aquilea escapó y busco refugio en la cercana isla de Grado. Los lombardos ampliaban su dominio por el interior del Norte de Italia, y mientras Rávena permanecía a salvo tras sus fortificaciones en el pantanoso delta del Po y su acceso directo al Adriático. Longino había sustituido a Narsés y había sido nombrado Prefecto del Pretorio en Italia por mandato del emperador Justino II. El general desembarcó en Classe y fue recibido en Rávena con todos los honores por las fuerzas vivas de la ciudad, probablemente en el verano de 568. 

    Longino se instaló en el palacio de Teodorico y ejerció su gobierno sobre lo que más tarde se conocería como Exarcado de Rávena y la Pentápolis; cinco ciudades situadas a lo largo de la costa oriental italiana, Rímini, Pésaro, Fano, Senigallia y Ancona. Todas ellas al sur de Rávena (tengo que visitarlas). 

    Pablo Diácono escribió doscientos años después Historia de los Longobardos. Él es el que narra el asesinato y venganza que sufrió Alboino por parte de Rosamunda.  

 

    Hacia el 750 los lombardos ya habían ocupado el Véneto y capturado Pavía, fundado los ducados de Espoleto y de Benevento. De esta manera suponían un desafío constante para las fuerzas militares imperiales. Rávena seguía siendo una plaza inexpugnable gracias a su situación entre los pantanosos afluentes del Po. Una dinámica fortaleza que el Imperio eligió para convertirse en la sede de una nueva forma de gobierno, el exarcado de Rávena. El exarca aunaba en su persona los poderes administrativos y militares. 

 

En el siglo VI, bajo el emperador Justiniano, Bizancio recuperó Italia y para gobernarla estableció el Exarcado de Ravena. Este es un hecho trascendental porque puso una región muy importante del Occidente bajo la dependencia directa de Bizancio entre 568 y 751. Fue propiamente lo que se llamó la “Italia griega” (Diehl, 1972: 11). El Exarcado –que incluía a la ciudad de Roma– permaneció en manos bizantinas por casi 200 años, cuando Ravena fue capturada por los lombardos. Antes de su colapso, la ciudad se había convertido en el centro de irradiación de la influencia cultural bizantina, especialmente en el arte y la difusión de una de sus grandes obras: el derecho romano (Geanakoplos, 1966: 13). (Omar Guerrero. El Imperio Bizantino. Biografía de un estado administrativo). 


    Durante los primeros años de existencia uno de los principales objetivos del exarca fue convencer a los francos de que lucharan contra los longobardos. Para convencerlos les ofrecieron ingentes cantidades de oro. Prestaran auxilio para expulsarlos de Italia. Faroaldo, el duque lombardo de Espoleto, cuyo territorio se extendía al sur de Rávena, se lanzó al saqueo y la conquista del estratégico puerto de Classe. Mantuvo su control durante parte del año 580. Todas las negociaciones con los francos acabaron en fracaso, por diversos motivos, y Bizancio no tuvo más remedio que aceptar, con resignación, la presencia permanente de los lombardos en suelo italiano. 


 



El Cosmógrafo de Rávena. En el último tercio del siglo VII la ciudad de Rávena acogía a un autor desconocido que escribió una descripción del universo en cinco libros, Cosmographia (Ravennatis Anonymi Cosmographia). No era ni un explorador, ni un viajero, sino que escribió su obra a partir de la lectura de los libros que tenía disponible en Rávena. Situó Rávena en el centro mismo del mundo, en medio del Mediterráneo. Aunque Roma es aún más noble. En su primer libro describe todo el Universo desde el momento en que Dios lo creó. Los libros segundo, tercero y cuarto detallan más de cinco mil ciudades de tres regiones; Asia, África y Europa, tal y como Noé concedió a sus hijos, Sem, Cam y Jafet. En el quinto volumen narra una circunnavegación del Mediterráneo. La inspiración bíblica es es fundamental en toda la obra. En el periplo mediterráneo toma Rávena como punto de partida y como destino de su viaje. Viaja hacia el oeste hasta los Pirineos e Hispania, pasa al Norte de África, Alejandŕía, la costa siriopalestina, Constantinopla, Grecia y sube por el Adriático Oriental, pasando por Salona, Pola, Palentium, Tergeste y Aquilea, antes de retornar a Rávena. 
 

    Hacia el año 710 estalló en Rávena una rebelión contra el autoritarismo desmedido del emperador bizantino Justiniano II. Los ravaneses eligieron a un tal Jorge como líder, una rebelión destinada a reafirmar la independencia de Rávena. Jorge organizó la defensa de la ciudad y creó doce unidades militares cada una de ellas destinada a un sector, con su población correspondiente. Es posible que para ello tomase como base la división ya existente en barrios, algunos de los cuales estaban relacionados con puertas concretas de la ciudad. Además identificó cada unidad con una bandera. De esta manera los ravaneses quedaron encuadrados bajo una bandera específica que representaba a un barrio de la ciudad. Con la creación de estas milicias urbanas Jorge puso en pie un novedoso sistema defensivo. 

    La creación de una organización civil tan independiente, sin ninguna deferencia hacia Constantinopla, convierte a Rávena en el prototipo de las ciudades-Estado italianas, un modelo que más tarde seguirían Venecia y otras repúblicas del norte de Italia.(Judith Herrin). 

    El emperador tenía claro que era necesario someter a la ciudad de Rávena para poder rechazar los ataques lombardos. En el 711 Justiniano II fue derrocado y muerto por un golpe militar. En Rávena celebraron su muerte. 

Durante la turbulenta etapa que siguió al derrocamiento de Justiniano II y las convulsiones subsiguientes del Gobierno imperial, el arzobispo Damián se convirtió en el líder espiritual y temporal de la ciudad, en sus esfuerzos por mantener el orden y reforzar la unidad y la identidad de los raveneses. Su familia procedía de Dalmacia, donde sus padres lo consagraron a la Iglesia y lo enviaron al otro lado del Adriático, a Rávena, para que se educara allí. Ascendió en la jerarquía eclesiástica hasta que fue elegido arzobispo en el año 692, y luego se dirigió a Roma para ser ordenado por el papa Sergio, una confirmación que en aquel entonces correspondía a los dirigentes de la Iglesia de Rávena. (Judith Herrin).
 

 

El exarca Pablo fue asesinado en el contexto de una lucha civil en Rávena, en el 726. Dos bandos, uno partidario del imperio, el otro del papa. El asesinato del exarca marcó un punto de inflexión. Rávena había dejado de ser un baluarte del poder imperial en Italia. 

    Los longobardos fueron los siguientes en conquistar la ciudad. Desde su llegada a Italia a finales del siglo VI, habían adoptado el latín y establecido su propia forma de gobierno. En julio del 751 el rey Astolfo entró en Rávena y promulgó su primer decreto in palatio (desde el palacio). De esta manera concluyó el papel de Rávena como capital imperial en Italia. El arzobispo de la ciudad, Sergio, negoció un equilibrio entre su autoridad y la del recién llegado rey lombardo. El arzobispo estaba dispuesto a dominar la ciudad a través de su papel espiritual y su presencia física. Un papel similar al que desempeñaron muchos prelados durante la transición de la dominación romana tardía a la cristiandad temprana en las ciudades occidentales. 

    El proyecto del rey Astolfo consistía en unir sus reinos del norte con los ducados lombardos del centro de Italia para formar un Estado único y poderoso. Ese fue el motivo principal de la conquista de Rávena. 




    El papa, mientras tanto, envió un mensaje a Pipino, mayordomo de palacio y hombre fuerte en el reino de los francos, solicitando auxilio. Convertido en rey de los francos Pipino inició sus campañas en Italia. Tras su segunda campaña, en 756, el monarca franco se aseguró que el exarcado se convirtiera en dominio pontificio en toda regla, inscribiendo sus ciudades en un documento hoy conocido como Donación de Pipino. Encabeza la lista Rávena, seguida de ciudades como Rímini, Pésaro, Cesena, Montefeltro, el castillo de San Marino, Urbino, Comacchio . . . De este modo Rávena, pasó, al menos oficial y teóricamente, a estar bajo la autoridad de papa. 
 

A pesar de la Donación de Pipino, los lombardos dominaron Rávena durante veintitrés años, hasta 774, pero nunca intentaron desplazar al arzobispo designado desde Roma. Sin embargo, la conquista lombarda de la ciudad, marcó un momento crucial en el distanciamiento con Constantinopla. 


Los sucesivos pontífices se toparon con un hueso duro de roer, el nuevo rey de los lombardos, Desiderio, que gobernó durante veinte largos años. Y como años antes había hecho su padre Pipino, Carlomagno envió a sus tropas en auxilio de la Santa Sede. El futuro emperador derrotó a Desiderio, conquistó la ciudad de Pavía y ciñó la corona de hierro de los lombardos. Con el antiguo reino lombardo integrado en los vastos dominios de Carlomagno, el arzobispo León de Rávena estrechó relaciones con el rey de los francos, actuando de forma independiente, y de espaldas al Papado, movido únicamente por intereses personales. Las autoridades de Rávena consideraban al monarca franco, y no al Pontífice, como su señor, a pesar de los acuerdos que se remontaban a la época de Pipino el Breve. 

    Los clérigos del Palacio de Letrán decidieron ganar con la pluma aquello que no eran capaces de conquistar con la espada, redactando la conocida como Donación de Constantino. Una ingeniosa falsificación en la atribuyeron un decreto imperial a Constantino que otorgaba al papa Silvestre I el dominio sobre las regiones occidentales del Imperio Romano. En una hábil maniobra el papa Adriano aludió a la supuesta donación en una misiva dirigida a Carlomagno en el año 778. Tres años después, durante una visita a Roma, en compañía de su esposa Hildegarda y sus hijos, el monarca de los francos aceptó que los territorios que formaban parte del Exarcado de Rávena fueran devueltos a los apóstoles Pedro y Pablo. 

    En la práctica, la cesión tardó mucho más en hacerse efectiva, en parte porque los arzobispos de Rávena se negaron a ratificarla. Pese a todo, el fraude de la Donación de Constantino dio sus frutos al garantizar la presencia permanente de los francos en el norte y el centro de Italia en alianza con la autoridad espiritual del obispo de Roma. Ello representó un cambio fundamental en la identidad religiosa y política de la Italia altomedieval, que pasó de estar asociada a la mitad oriental de la cristiandad liderada por Constantinopla a afirmar un poder independiente y superior occidental en lo que se conocería como «Europa». De este modo, la disputa por Rávena contribuyó a forjar la cristiandad occidental, a pesar de la posición cada vez más marginal de la ciudad. (Judith Herrin). 

    Los tiempos brillantes, al menos desde la perspectiva de la historia terrenal, se sitúan ciertamente en la Edad Media. Fue la época en que se produjo una identificación entre Europa y la cristiandad. La aproximación de los obispos de Roma a los reyes francos y la restauración del Imperio en la persona de Carlomagno, marcaron el inicio de una colaboración entre las dos espadas, la terrenal (el emperador) y la espiritual (el pontífice). No faltaron las disputas entre ambos poderes, pero en todo momento fueron debates internos a la propia comunidad de los creyentes. En la llamada lucha de las investiduras, tanto papas como emperadores empleaban argumentos tomados de la Biblia o de los Santos Padres. (Julio Valdeón en El Poder de los Papas. Los grandes imperios y civilizaciones. SARPE). 


    El papado, que se puso en marcha en tiempos del Imperio Romano, no solo sobrevivió a su colapso, sino que resurgió completamente reforzado, convirtiéndose además en su legítimo heredero. Una teocracia que ha sido capaz de sobrevivir a imperios, guerras y revoluciones de toda índole, y en pleno siglo XXI está más viva que nunca, con el Sumo Pontífice dándose baños de masas allá adonde va. 


    En el año 787 después de guerrear en el sur de Italia, Carlos, en su viaje de regreso a Francia, se detuvo en Rávena. Durante su estancia el monarca visitó las magníficas iglesias de la ciudad y quedó impresionado frente a los mosaicos imperiales de San Vital. Carlomagno pudo contemplar las imágenes que servían para definir la gloria imperial. Todo el conjunto inspiró al monarca franco la construcción de la capilla palatina de Aquisgrán. Podemos supones que en los trabajos constructivos contase con la ayuda de los expertos artesanos de Rávena. El edificio central de la que había sido capital imperial de Occidente fue reelaborado en la nueva sede del Imperio en Aquisgrán, concebida por Carlomagno como Segunda Roma. 

    Carlomagno encontró en Rávena otra poderosa inspiración, el rey ostrogodo Teodorico, un bárbaro igual que él, que había conseguido auparse a la cima del poder, mirando cara a cara tanto a Roma como a Constantinopla. La fusión del espíritu germano y la administración bizantina del gobierno de Teodorico sirvieron como modelo para el rey franco. El monarca ostrogodo encarnaba la adaptación de los elementos más destacados de la cultura romana sin renunciar a la esencia germana, la antigua tradición mediterránea y las vigorosas costumbres continentales,  que Carlomagno deseaba imponer en su renovatio imperii; el ejército germano, el derecho romano, la religión cristiana y un alto nivel de educación. Rávena perdía su importancia estratégica al tiempo que se convertía en fuente de simbolismo imperial.

    A partir del siglo IX Rávena ya no podía participar activamente en los circuitos comerciales del Adriático. El puerto de Classe se fue deteriorando, los sedimentos arrastrados desde la desembocadura del Po fueron obstruyendo los canales que comunicaban la ciudad con el mar, y los mercaderes de Comacchio, y especialmente los venecianos establecieron nuevos vínculos con los puertos situados desde Istria hasta Dalmacia, y luego en dirección sur hasta Alejandría y Constantinopla. 

En sustitución de Rávena, Venecia asumió el papel de bisagra de las relaciones entre Oriente y Occidente. A partir del siglo IX la Serenísima República desarrolló su singular archipiélago de factorías comerciales, que estaban protegidas de los ataques por tierra y tenían acceso directo al mar. La exclusión de Rávena de las nuevas redes de comercio y comunicación permitió que su centro, pequeño y compacto, se conservara y que sus iglesias, con sus excepcionales mosaicos, permanecieran bajo la tutela de clérigos que tenían los medios y la determinación de conservarlas sin necesidad de modernizarlas. Mientras Venecia se convertía en el principal punto de entrada en Europa occidental de los objetos, las ideas políticas y la cultura procedentes de Bizancio a partir del año 800, el papel fundacional de las creaciones artísticas de los primeros cristianos quedó plasmado para siempre en Rávena. Allí, la confianza y las esperanzas expresadas en los mosaicos que adornan sus iglesias, las inscripciones y los monumentos que dejan constancia de su protagonismo en tiempos de los emperadores romanos, los reyes godos y los exarcas bizantinos, siguieron inspirando a generaciones de visitantes, aunque no alcanzaran a entender su cada vez más olvidado papel en la historia de Europa. (Judith Herrin).

 


El espacio que comparten vecinos y visitantes, el corazón que siente y palpita en la bellísima Rávena. Cuando paseas por el centro, sin rumbo fijo, dejando que sean las calles quienes dirijan tus pasos, atraviesa la Piazza del Popolo, en todos los sentidos posibles (incluso los imposibles e improbables) una,  y otra, y otra vez. Una plaza, un espacio público que actúa como un gigantesco imán que posee vida propia.

 


Desde hace unos 700 años es también centro político, alberga los principales edificios vinculados con el poder; el del Municipio, la Prefectura y la antigua Legación Papal. 

 


Los orígenes de este espacio público se sitúan en la segunda mitad del siglo XIII, época en que la familia Da Polenta, ejercía el control de Rávena. No obstante fueron los venecianos los que estructuraron la plaza entre 1470 y 1480. Con la llegada del primer alcalde veneciano, Vittore Delfino, el ayuntamiento de Bernardino Da Polenta sufrió una profunda remodelación, adornado con escudos y un pequeño balcón de piedra.

 


Siguiendo el ejemplo de San Marco, la única Piazza de Venecia, en el año 1483 se erigieron dos columnas: una rematada por la estatua del patrón San Apolinar, la otra, como no podía ser de otra forma, con el insigne león alado de San Marco. En 1509 las tropas de la Liga de Cambrai, organizada por el Papa Julio II, derrotaron a los venecianos en la batalla de Agnadello, recuperando el papado el control de Rávena.

 



A partir de ese momento la efigie de San Vitale, sustituyó al león veneciano. Rávena había cambiado de dueño, los Estados Pontificios sustituyeron a la Republica de San Marco. 

 


A lo largo de su historia la plaza ha recibido diferentes denominaciones; Piazza del Comune y Piazza Maggiore en la documentación de la Edad Moderna, y Piazza Vitorio Emmanuel II tras la proclamación del Reino de Italia. El nombre Piazza del Popolo se adoptó tras el referéndum institucional de 1946, cuando el 88% de la población de Rávena prefirió la República a la Monarquía. 

 




Gusto Romagnolo. 

 


Torre Comunale, vestigio medieval en el corazón de Rávena. Desde el año 1000 las ciudades comenzaron a llenarse de altas torres, convertidas en orgullo y prestigio de las familias que formaban el patriciado urbano. A partir del siglo XIII todas las torres de Rávena fueron desmochadas por el rector papal para restablecer el control de la ciudad por parte del Santo Padre. La única que sobrevivió a la demolición fue esta, pues en 1320 pasó a ser propiedad municipal. Durante centurias fue utilizada como torre de vigilancia y sus campanas avisaban a los ciudadanos en casos de peligro o como recordatorio de las ceremonias civiles o religiosas. 

 



Muchas personas piensan que Dante Alighieri está enterrado en la Santa Croce de Florencia. En realidad su mausoleo es este y se ubica en la ciudad de Rávena. Eterno exiliado.    

 



Poeta errante.  

 


Combate por el Oro Olímpico; Dante Alighieri VS Lord Byron. Hagan sus apuestas. 

  


Súper Marlene.  No solo de Dante vive el hombre. 

 



La sangre de la tierra.  

 

  

La catedral de Rávena se levantó en 1734 para reemplazar a la antigua basílica.  

 


Los fósiles de la Revolución Industrial. ¿Veremos en el futuro a móviles, tablets y ordenadores de esta manera?.

 


Alfredo Oriani, escritor, historiador y ensayista nacido en Faenza, una pequeña población de la provincia de Rávena, nació en 1852 y vivió en primera persona la transición del siglo XIX al XX. Su obra conjuga el romanticismo con el nacionalismo y en algunos círculos está considerado uno de los precedentes teóricos del fascismo. Su obra está teñida por un sentimiento de frustración por la gloria perdida y la esperanza de recuperarla.  

 



¿Qué sería de las patrias sin sus caídos?. ¿A quién entregarían su vida los idealistas sin sus patrias?.

 

 En el año 1877 como parte de su periplo por Italia el escritor irlandés Óscar Wilde llegó a Rávena. Un año después publicó un extenso poema que llevaba por título el nombre de la ciudad con el que ganó el premio Newdigate concedido por la Universidad de Oxford. 

“O lone Ravenna! many a tale is told
Of thy great glories in the days of old:
Two thousand years have passed since thou didst see
Cæsar ride forth to royal victory.
Mighty thy name when Rome's lean eagles flew
From Britain's isles to far Euphrates blue;
And of the peoples thou wast noble queen,
Till in thy streets the Goth and Hun were seen.
Discrowned by man, deserted by the sea,
Thou sleepest, rocked in lonely misery!
No longer now upon thy swelling tide,
Pine-forest-like, thy myriad galleys ride!
For where the brass-beaked ships were wont to float,
The weary shepherd pipes his mournful note;
And the white sheep are free to come and go
Where Adria's purple waters used to flow.
O fair! O sad! O Queen uncomforted!
In ruined loveliness thou liest dead
Alone of all thy sisters; for at last
Italia's royal warrior hath passed
Rome's lordliest entrance, and hath worn his crown
In the high temples of the Eternal Town! “


  

    La Dársena della Cittá es el espacio de crecimiento de la Rávena moderna contrapunto al centro monumental e histórico. El pasado mirando al futuro a través del presente. 



La zona, siempre vinculada a las actividades relacionadas con el transporte fluvial se ha venido desarrollando alrededor del canal de Candiano (conocido también como canal de Corsini). La infrastructura se construyó entre 1730 y 1740 durante el pontificado de Clemente XII (Lorenzo Corsini) con el objetivo de conectar el centro de Rávena con el mar Adriático. Desde esos momentos la dársena se convirtió en un foco productivo y se construyeron hornos de fundición, fábricas de cemento, molinos y fábricas para la producción de fertilizantes y el tratamiento de cereales. Entre finales del siglo XIX y principios del XX este fue el auténtico puerto de la ciudad, acometiéndose una profunda renovación industrial. 





    A partir de los años ‘70, y en el contexto de los nuevos modelos urbanos, la zona dejó de considerarse apta para el desarrollo industrial, el puerto comenzó su traslado y quedaron así numerosas fábricas abandonadas que conforman en la actualidad una interesante muestra de arqueología industrial y un espacio donde los artistas callejeros pueden realizar sus obras. 

 


 

En este tercer milenio la zona que rodea al canal se ha convertido en una zona para el ocio y el esparcimiento, muchos de los antiguos almacenes se han sido rehabilitados y convertidos en bares y restaurantes. Un espacio ideal para pasear, montar en bicicleta o hacer algo de deporte; nada como comenzar el día con una carrerita. 

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