En mi mente Eslovenia siempre es verde. 🌲🌱🌿🍀💚.
Jason con sus argonautas y la inestimable colaboración de Ray Harryhausen, remontó el río Sava hasta Liubliana. Y, más ambicioso, o inconsciente tal vez, fuí uno poco más allá. A dormir a la sombra de los Alpes Julianos.
En mi mente, mi imaginario simbólico, Eslovenia siempre es verde, como el bosque, como el agua del Ljublianica a su paso por la capital. La asociación entre el país y el color es inmediata. Mi primera impresión fue esa, cuando atravesé en autobús la parte de Eslovenia entre Croacia e Italia. Todo cubierto de una inmensa masa forestal. En estos momentos me encuentro en el último valle, como aquel que hallaron (y trataron de compartir) Omar Shariff y Michael Caine. Pero sin la lacra de la guerra. Rodeado de montañas por todas partes, un bálsamo para el cuerpo, un refugio para el alma. Cuando cesan las cotidianas actividades agrarias el silencio es absoluto. Los caminos son difíciles y la carretera que conduce hasta este lugar es muy complicada. La tranquilidad y la belleza los compensan todo. Estamos lejos de la masificación del Triglavski narodni park.
El sonido del tractor y la segadora nos acompañan durante la apacible tarde estival. Tiempo para el descanso, la ensoñación y la reflexión. Un buen momento para disfrutar del sabor de un modesto vino de la tierra. Como contraste a mi quietud y amodorramiento, las tareas agrícolas no se detienen, el campo no entiende ni de fines de semana ni de vacaciones. Este es un alojamiento rural en toda regla, donde el anfitrión te recibe con un aguardiente casero, un vasito y un sincero brindis. Cualquier estado del mundo, cualquiera de los poderosos imperios de la Historia, se sostienen sobre los hombros de las campesinas y los campesinos. Es la Tierra (así, en mayúsculas) la que nos da de comer. Yugoslavia, a pesar de la imagen que podría proyectar a nuestros jóvenes e inexpertos ojos, fue un mundo básicamente agrario. ¿Como verían los habitantes de estas aldeas remotas, aferrados a su tradiciones, el socialismo de Tito durante los años '60 y '70?.
Y junto a los campos de cultivo se extiende el bosque, escalando por la montaña y desparramándose por los valles incultos, uno de los ecosistemas más ricos y a la vez atractivos del planeta. Caminar. Nos encontramos en medio de la masa forestal, a una altitud aproximada de mil metros, y después de más de una década caminando por sendas, montañas y veredas, una mañana, por fin, conseguimos ver un pequeño rebaño de rebecos, también conocidos como sarrios o gamuzas. Caminar por estos bosques, alejados de todo, y no asfixiarnos con el calor del verano, pasar unos días al margen de la sociedad. Estas son las motivaciones (algunas) para llegar a este rincón bucólico de la montaña eslovena. Agosto de 2024. Me falta viajar en invierno a esta parte del mundo, tan diferente de mi hogar almeriense, para ampliar mi visión. Nada es perfecto ni completo, y nunca dejaremos de aprender. Ni de aprehender.
Tolmin es el núcleo urbano más cercano de Sela nad Podmelcem. El ambiente en sus tabernas es muy placentero. Larga vida al rock & roll. Esta vez escapamos del campo para refugiarnos en la ciudad.
Una pivo al ritmo de la Credence, Red Hot, Metallica o Led Zeppelin. El rock clásico es la banda sonora de muchos bares, cervecerías y garitos eslovenos.
Desde aquí también podemos hacer una visita a Kanal ob Soci, uno de los pueblecitos más pintorescos de la zona.
No se si son las elevadas temperaturas estivales, el encontrarme rodeado de montañas, pastos y árboles, el ritmo pausado del lugar o el silencio absoluto que solo es interrumpido por el viento, y la actividad frenética de aviones y golondrinas al amanecer, pero el caso es que aquí, en Sela nad Podmelcen, estoy experimentando una placentera tendencia a la inactividad. Solo quiero tirarme en la cama o sentarme en el jardín a la sombra de cualquier árbol, y sentir con todo mi ser, el paso de las horas. He conducido tres mil kilómetros para hallar un lugar ideal para el descanso. Mi curiosidad innata y el afán por conocer, requieren que siempre esté planificando visitas y excursiones, para ver un castillo, descubrir una pequeña iglesia u observar la fauna silvestre. Aquí estoy rodeado de innumerables estímulos, y solo me apetece descansar y desconectar mi cerebro. El bosque y la montaña (la que no se encuentra masificada, por supuesto) actúan como la panacea capaz de curar los males del cuerpo y el espíritu. Aquí el tiempo se detiene y cesa nuestra necesidad de estar pendiente de él.
Eslovenia es un pequeño gran país en el corazón de Europa, que se extiende desde los Alpes al mar Mediterráneo, que conecta Italia con la Gran Llanura Panónica. Germánica y eslava a partes iguales. Puedes degustar un vino paseando entre viñedos, perderte en el ambiente nocturno de Ljubliana, caminar por tranquilos bosques que regalan a la vista mil tonalidades de verde, disfrutar de las playas bañadas por el Adriático o subir a montañas que te pondrán a prueba. Te puedes encontrar a un dragón, un rebeco o a un duende bonachón del bosque. Ganaron una guerra en una semana y apenas sufrieron víctimas. Un país amable que recibe con los brazos abiertos al viajero. Del Adriático a los Alpes ¿cómo no disfrutar de este pequeño desvío?. Hace más de una década vinimos a Eslovenia por primera vez y ya intuimos todo lo que podría ofrecernos. Este verano 2024 es el momento de conocer el país un poco más, y mejor, y llevarlo dentro del corazón.
Un pedacito del paraíso. En lugares así encontramos el sentido pleno de la vida. Rodeado de montañas, el caminante detuvo sus pasos. El bosque fue su cobijo y el silencio su bálsamo.












































































































































