12 de Junio de 1990. Stadio della Favorita de Palermo. Grupo F. Otra sorpresa africana. La Naranja Mecánica, la de las grandes estrellas, la vigente campeona de Europa no puede doblegar a un combativo equipo egipcio.
El mediocampista Madgi Abdelghani batió desde los once metros a Hans Van Breukelen, culminando la proeza de los faraones de conseguir empatar a la selección holandesa. 50 veces internacional integró el equipo egipcio que conquistó la Copa de África de Naciones de 1984.
Excelente resultado para el combinado egipcio.
Ruud Gullit, balón de oro, campeón de Europa de clubes y de selecciones, uno de los mejores de la historia de su país, no consiguió brillar en el mundial de Italia 90.
Hombre por hombre la selección europea parecía netamente superior a la africana. Y por esto el fútbol lleva más de cien años levantando pasiones.
Veintidós futbolistas, dos países, dos continentes, dos formas muy diferentes de jugar al fútbol.
Leo Beenhaker alineó en este primer partido prácticamente el mismo once que dos años antes, en Alemania, conseguía la victoria en la Eurocopa. Rutjes fue la única incorporación, en lugar del ya retirado Arnold Mühren. El seleccionador egipcio, El Gohary, utilizó el mismo once (con pocas variaciones) a lo largo de todo el campeonato. Los Faraones se mostraron competitivos en los tres partidos disputados.
La selección holandesa no tiene su día, no consigue desplegar su juego vistoso y ofensivo, y Egipto consigue empatar el partido. Los egipcios cuando defienden lo hacen marcando al hombre y cuando atacan operan en zona en el medio del campo. Su presión es asfixiante, especialmente sobre las estrellas del Milan. La entrada de Kief cambia el ritmo del partido y además consigue marcar. Mahmoud El Gohary responde sacando al campo a Tolba y Rahman, consigue un penalti inexistente (que se sacó de las chistera el español Soriano Aladrén) y alcanza el empate.
Wim Kieft, el delantero del PSV Eindhoven, saltó del banquillo sustituyendo a Vanenburg, para adelantar a su equipo en el marcador.
El empate de Egipto vino después de un controvertido penalti. Abdel Ghani acabó el partido convertido en un héroe para su nación.
El capitán del equipo Orange, Ruud Gullit, vigilado de cerca por sus rivales egipcios.
El vuelo de Marco Van Basten.
Duelo Hassan - Van Tiggelen.
Concluida la primera jornada, Guerin Sportivo presenta el once ideal siendo el egipcio Abdel Ghani la sorpresa.
¿Qué han dado al fútbol los cameruneses y los egipcios, que todos nosotros esperábamos que el fútbol pudiese darnos algo más, acostumbrados como estamos a que todo sea dinero y basta? ¿Por qué las victorias africanas en aquel paraíso verde del Meazza y luego en Bari suenan, para todos los deportistas de verdad, melodiosas? ¿Y por qué el empate de penalti de los "ratoncitos" egipcios contra los "gatos" de Holanda nos convenció pero, sobre todo, nos conmovió? La verdad es que el fútbol de las diversas tácticas aplicadas no es el verdadero fútbol. Para ganar los partidos que cuentan, hace falta también ser un poco «pobres». Hay que creer en ello. Hay que estar desesperados. Hay que sudar, como se sudaba de niños en el campo del oratorio, como hicieron los egipcios cuando remontaron el despiadado gol de Kieft (el rubio, el bellísimo y fúlgido Kieft). Era como escalar un rascacielos con las manos. (Vladimiro Caminiti)


















































