Hospital en Dumbría, aquí comienza la larga senda que nos ha de llevar al Fin de la Tierra.
Encrucijada.
El Camino, la vida.
Un cruceiro de cantería emplazado en Marco do Couto, entre Buxantes y Dumbría, marca la bifurcación del Camino a Fisterra, en sus dos direcciones tradicionales; Muxía y Fisterra.
Mojón, estela, petroglifo. Una cruz grabada y las iniciales CR, posible alusión a Camino Real.
En estas tierras boscosas sitúa la tradición, más o menos ficticia, de un lobishome o licántropo, conocido como Vákner, convertido en la actualidad en otro reclamo turístico más.
Capilla da Nosa Señora Das Neves. La Cruz intentó cristianizar el bosque sagrado. Sincretismo como génesis de las religiones.
Ermita de Nosa Señora das Neves, con su fuente santa, del siglo XVIII. Imagino será lugar en el que se celebre una romería.
La Gran Madre transformada en Virgen.
Monte do Lousado, poblado por pinos y eucaliptos.
Los vientos de Océano 🌊
Tres semanas caminando, de los montes al Océano.
Cee.
Concha Blanco.
Villa histórica de Corcubión.
Un bonito sendero, de fuerte pendiente, nos saca de Corcubión y nos devuelve al monte.
Avanzamos.
Jadeamos 😛😛
Estorde.
Sardiñeiro.
Jorge Grissaphan en el siglo XIV, tras pasar varios días en Compostela decidió caminar hasta Fisterra donde encontró un lugar muy solitario, desierto y apartado notablemente de los hombres y de sus viviendas, situado entre montes altísimos que casi nadie frecuenta.
Una habitación con vistas.
Mucha gente piensa que existía una peregrinación anterior al Camino de Santiago, y Fisterra era el destino último. ¿Que sentido tiene detenerse a unos pocos kilómetros del mar?.
Personalmente me producen sensaciones más intensa meter los pies en el Océano que pisar la plaza del Obradoiro.