sábado, 3 de octubre de 2026

MERCURIO, EL MENSAJERO ALADO.

 


 

Al pequeño cuerpo que se movía rápidamente alrededor del Sol, pusieron por nombre Mercurio, el dios del comercio, protector de los caminos, de los caminantes y de los negocios, y veloz mensajero alado de los dioses. En Grecia lo llamaron Hermes. 

 

 


 

El planeta Mercurio bautizado así en honor al heraldo de los olímpicos, debido a su aparente velocidad al trazar su órbita alrededor del Sol, es un planeta pequeño abrasado por los rayos del astro rey. Carece de satélites y presenta un período de rotación muy, muy lento, 59 días. Es tan lento que un giro recorre dos tercios de su órbita alrededor del Sol, mostrándole mientras tanto la misma cara durante mucho tiempo. Mercurio tarda únicamente 88 días en completar una vuelta completa al Sol. 
 


 

Mercurio es el planeta más cercano al Sol y el aspecto de su superficie, sembrado de cráteres por el impacto de numerosos meteoritos, es muy similar a nuestra Luna. Si nos situásemos en su superficie el Sol nos parecería dos veces y media más grande que observado desde nuestro planeta. Un mundo extraño y apasionante. El desierto eterno, la desolación absoluta. 

 


Un planeta del tamaño de Mercurio posee una gravedad muy débil, muy inferior a la de la Tierra, incapaz de retener gases en su entorno y formar una atmósfera consistente. Esta debilidad atmosférica (prácticamente inexistente) provoca dos efectos que caracterizan a Mercurio; al no existir ni gases, ni fenómenos que alteren el paisaje, las huellas de los impactos no se borran, y tampoco se produce el efecto invernadero que suaviza las temperaturas, de ahí que existan marcados contrastes entre la parte oscura y la iluminada por el Sol. En ese sentido Mercurio es el planeta del Sistema Solar con mayor diferente entre las temperaturas máximas y las mínimas, entre el día (450ºC) y la noche (- 180ºC). Aunque no tiene atmósfera, está rodeado por una tenue exosfera compuesta por hidrógeno, helio y oxígeno, entre otros gases.  Además carece de satélites. Esa falta de atmósfera es la responsable de que el cielo de Mercurio aparezca oscuro incluso durante el día. 
 


 

Por otro lado, la densidad de Mercurio es muy elevada, el segundo planeta más denso del Sistema Solar después de la Tierra, lo que ha llevado a pensar que posee un núcleo muy extenso en relación con el tamaño del planeta, compuesto por metales pesados. Las capas más externas, corteza y manto, en las que predominan los silicatos, serían muy similares a las terrestres. Esta composición química con predominio de los metales explica la existencia de un campo gravitatorio global (aunque más débil que el terrestre). 

 



Por su proximidad al Sol, siempre ha sido un planeta difícil de observar. Para observar Mercurio desde la Tierra el mejor momento es durante el Crepúsculo (o al amanecer) y únicamente es visible cerca del horizonte. Se puede ver un diminuto punto que aparece intermitente antes que el Sol o se oculta justo después de él. 





Mercurio es el planeta más cercano al Sol y se encuentra a unos 80 millones de kilómetros de la Tierra en su punto más próximo a nuestro planeta. En un hipotético viaje espacial los cosmonautas, después de una larga travesía de unos ocho años, podrían descender sobre la superficie de Mercurio en el lado nocturno y podrían explorar su superficie durante varias semanas, antes de la llegada del alba, que obligaría a los viajeros a abandonar el planeta. 
 


 

Mercurio es una extraña y pesada bola de hierro muy caliente, con una muy fina piel de roca, y un interior muy similar al de la Tierra. Para los astrofísicos el pequeño planeta es uno de los grandes desconocidos del Sistema Solar. Cuanto más leo sobre Mercurio, más me intriga este planeta. 


viernes, 2 de octubre de 2026

EUROPA. LAS RAÍCES.

 

  

Nos pensamos centro del mundo, estamos convencidos de ello. Al menos el centro de nuestro mundo, el eje alrededor del cual gira todo. Una península, un simple apéndice, centrado y agrandado en mapas mundi, globos terráqueos y planisferios, de un macrocontinente llamado Eurasia.

 


 

Adoptamos la Estrella Polar, nos convertimos en el centro neurálgico de la Rosa de los Vientos y a la vez en el Norte al que señalan las agujas de la brújula.

 



La corteza terrestre se enfrió, las profundas cuencas se llenaron de agua, y emergieron los Océanos, la cuna de la vida. Zeus, Poseidón y Hades, completaron el reparto, las áreas de influencia y las competencias de cada uno.

 


 

El mar de Tetis desapareció, el Mediterráneo se secó, y luego volvió a llenarse para transformarse en el Mare Nostrum. El sur se llenó de cordilleras - Pirineos, Alpes, Balcanes - y los grandes ríos se encajaron entre ellas. 

 



Un mundo heterogéneo de reducidas dimensiones, que se extiende desde el cálido desierto de Tabernas a la inhóspita tundra finlandesa, de las bravías playas de Normandía a las tranquilas aguas del Ponto Euxino, donde el poeta Ovidio lloró lágrimas de tinta. 


 



Caminando llegamos - o llegaron - desde África, todos somos inmigrantes y aprendimos a cazar lo que la tierra nos daba. Nuestro hogar venía con nosotros a todas partes, nunca lo dejábamos atrás. Cuando el continente quedó cubierto de hielo, encontramos refugio (calor y consuelo) en profundas grutas enclavadas en las  zonas más elevadas. Allí dejamos nuestras huellas en techos y paredes. En el Magdaleniense ¿ya éramos nosotros?.

 


Con su presencia, el chamán llenó la caverna, se fusionó con el eco que reverbera en sus paredes. El sonido ronco y monótono de su tambor, es la banda sonora del Génesis.

 



Adoramos a la mujer, a la Gran Madre, en Willendorf dimos forma humana al Eterno Femenino. Pero la mujer descubrió la agricultura y de forma trágica se convirtió en su primera víctima, recluida entre las cuatro paredes del hogar.

 


 

Se retiraron los hielos y volvimos a ver el Sol. Nunca olvidamos nuestro origen en los trópicos. Cultivamos la tierra, construimos dólmenes y enterramos a los difuntos. Y desde que tenemos a nuestros muertos bajo tierra, este mundo se transformó en un hogar perenne.

 


Europa, crisol de culturas y punto de encuentro, donde el alquimista universal consiguió la formula de la Piedra Filosofal. Un continente que nació muchas veces, y otras tantas fue destruido. Un escorpión que se autoinmola en el ocaso para renacer al alba.

 



Nació en Creta, una isla soleada, a la que Zeus llevó a la joven Europa después de secuestrarla metamorfoseado en toro. Luego el toro fue encerrado en un laberinto y se convirtió en el terrible Minotauro. Desde entonces animal venerado en todo el Mediterráneo. En Creta surgió el culto al toro ( y por extensión a las tauromaquias) y el nombre mismo del continente.

 


 

En las profundas minas de sal de Hallstatt también nació Europa. Otra Europa, la celta, la de los señores del hierro y los sabios druidas, la que recogió la herencia de los constructores de megalitos atlánticos. Y en el inhóspito y lejano Septentrión, Ragnar Lodbrok dio muerte a la serpiente, fornicó mucho y esparció su simiente por todo el continente. 

 


 

Fuimos (somos) eolios, jonios, dorios, iberos, celtas, etruscos, latinos, germanos, ilirios, dacios, tracios, escitas, eslavos, magiares, turcos, baltos, escandinavos (y un largo etcétera).

 



Más allá de las Columnas de Hércules, el imponente Atlas y el peñón de Gibraltar, vivió un rey que gobernó más de cien años, Argantonio. La plata fluía por sus ríos, los árboles daban frutos de oro y tenían antigua tradición literaria. Griegos y fenicios guardaban el secreto. 

 



Europa, una pequeña gran península, abocada al mar. Mediterráneo (y todos sus apéndices), Norte, Báltico, Negro y el Océano Tenebroso al que nos asomamos con el corazón henchido de felicidad en el Finisterre gallego. 

 


 

El mar Nuestro, el Mediterráneo, y los largos ríos que fluyen tierra adentro, como Internet en este Tercer Milenio, conectaba a las personas y las mantenía unidas. Odiseo, el aqueo, naufragó en todas sus islas y costas. Orfeo, el tracio, descendió a lo más profundo de los Infiernos. 

 


Jasón, en compañía de los Argonautas y de Ray Harryhausen, llegó a los confines de la Ecúmene por Oriente, la Cólquida. Heracles alcanzó el limite por Occidente, las famosas Columnas. Piteas tuvo la osadía de ir más allá, hasta las Casitérides. Los cosmógrafos griegos llamaron Iberia a ambos confines, la Iberia del Cáucaso y la Iberia tartésica. Iberia en los dos extremos del mundo (conocido). Samos, Mileto, Ampurias, Messina,  Masilia, Corintio, Elea, Atenas, Esparta... durante un tiempo todos fuimos griegos. Y los que no lo eran no tenían la consideración de persona civilizada.

 



Guerra y poder. Atenas inventó la democracia y aún queremos creer en ella. Alejandro Magno, el hijo del tuerto, estiró la frontera de la Hélade hasta el río Indo. También se bañó en las aguas del Nilo. 

 


La Atenas griega tuvo su Némesis en la Gadir fenicia, Tácita de Plata trimilenaria y faro de Occidente. Una ciudad donde se confunden sueño y vigilia. El trotamundos, con alma de poeta al que las musas le son esquivas, nunca olvida sus raíces ni los sueños que soñó siendo niño.

 


 

Eneas escapó de la destrucción de Troya y navegó al Poniente. Enamoró a Dido, derrotó a Turno, desposó a Lavinia y entrelazó para siempre los destinos de Grecia y Roma. 

 



Spalatum, Londonium, Mediolanum, Tarraco y Buedogalia. Anfiteatros, togas y termas. La Pax Romana fue la primera globalización y el sestercio el lejano ancestro del Euro. 

 


Todas las invasiones (por llamarlas de alguna manera) llegaron desde Oriente. De Occidente no podía venir nadie. Bueno sí, Aztecas, Mayas e Incas. Pero no llegaron. Tampoco sabemos si lo intentaron. 

 


 

Y entre esos mundos que se ignoraban mutuamente , acaso existió la fabulosa Atlántida. Hoy sus jardines los habitan delfines.

 


 

De Levante vinieron Abraham, Cristo Mahoma, con sus religiones monoteístas bajo el brazo. En tiempos más recientes Buda, Krishna, Bahá'u'alláh y el Dalai Lama. De allende los Pirineos los cristianos venían caminando en busca de la tumba del apóstol que murió, y fue enterrado en el extremo occidental. Durante centurias nos visitaron Cibeles, Isis y Mitra. Llegaron para enseñarnos sus misterios. Aún continúan entre nosotros. 

 


 

Los trabajos y los días, la Iliada, la Odisea, las Metamorfosis y la República son los evangelios de la Europa ancestral. El cantar del Nibelungo, el cuento del Grial, los Eddas, el Kalevala, el Príncipe y el Quijote son el Nuevo Testamento. 

 


 

Constantinopla sustituyó a Roma y Moscú tomó el relevo de Bizancio. Fuimos (y seremos) musulmanes. Pero nunca persas (al menos directamente). Marco Polo nos abrió los ojos a otros mundos y Cristóbal Colón nos lo mostró. A Leif Eriksson nadie lo tiene en cuenta. De Occidente llegaron las papas ( para que el europeo pobre no muriese de hambre), los tomates (¿Como pudimos sobrevivir milenios sin ketchup?), las palomitas de maíz, el tabaco y la Coca Cola (sumun del capitalismo). En realidad no vinieron solas, hubo que ir a buscarlas.

 


 

Cuando cayó el telón, de la mal llamada Edad Oscura, los entusiasmados humanistas inventaron un nuevo mundo al que llamaron Renacimiento. Navegantes castellanos y portugueses proyectaron esa nueva Europa, que nunca dejó de ser ella misma, por otros continentes. China dejo de ser China mirándose en nuestro espejo. El imperio del Sol Naciente por imposición. Y Estados Unidos nunca ha sido América, sigue siendo Europa.

 


 

Comenzaron las revoluciones decimonónicas y echamos la vista atrás. La globalización romana no nos servía y nos fijamos en el Medievo. Inventamos héroes, los transformamos en símbolos nacionales y dibujamos una bandera en cada territorio. De esta manera fomentamos las diferencias. Ave Turul guió a los magiares al corazón de la llanura panónica y allí establecieron un hogar y construyeron un reino. A las tierras del sur del Danubio llegó Arconte Desconocido al frente de los serbios. Los polacos siguieron a un águila blanca y los moldavos a un gigantesco uro. Un zorro baila en los cielos del invierno eterno y provoca las auroras boreales. Nils Holgersson voló hasta Laponia con una bandada de gansos salvajes y Alonso Quijano arrastra su Triste Figura a través de la llanura manchega. Iliria se baña en el Adriático, Bulgaria fue Tracia y Dacia Rumanía. Hungría, Panonia y Francia la Galia donde una aldea irreductible resiste una y otra vez al invasor. Un Montenegro tiene por vecina una tierra blanca, aunque para los albaneses su tierra es el País de las Águilas.

Somos el producto de lo que fueron nuestros antepasados y de lo que aprendemos por el camino. Mirar hacia adelante sin olvidar nunca el pasado. Los mitos y la ilusión por un mañana mejor son la mejor compañía. 

 

 

martes, 29 de septiembre de 2026

TRAPPIST -1 Y SU SISTEMA DE PLANETAS.



Trappist – 1 es una estrella enana ultra fría localizada en la constelación de Acuario, a unos 39 años luz de la Tierra. Lo interesante de Trappist -1, para los exobiólogos que buscan vida en otros lugares del Cosmos, es la existencia de un sistema planetario vinculado a esta estrella. 


Entre los sistemas planetarios descubiertos en los últimos tiempos y que podrían reunir condiciones necesarias para su habitabilidad, se encuentra este. Se trata de una sistema de siete planetas rocosos, de los que tres – e, f y g – se localizan en la zona habitable de su estrella. 

    

Esta posible habitabilidad se evalúa en función de su composición (rocosos), y si se encuentran a una distancia suficiente de su estrella como para que el agua que puedan contener se presente en estado líquido sobre su superficie. En definitiva se buscan condiciones similares a las de la Tierra. 


Sin embargo, estos dos factores no aseguran que existan esas condiciones favorables para la vida. Un planeta puede hallarse en la zona habitable pero haberse convertido, por su composición, en un lugar infernal no apto para la vida como sucede con Venus. También puede darse el caso de un planeta situado en una región más fría y tener temperatura más templada, por que su atmósfera retiene bien el calor. 



lunes, 28 de septiembre de 2026

viernes, 25 de septiembre de 2026

PRÓLOGO EN TRANSILVANIA



Un auténtico espectáculo de sonido e imágenes. Francis Ford Coppola en el año 1992 fusionó para la eternidad, por los siglos de los siglos, al conde vampiro y al voivoda de Valaquia. 

 


La introducción en tierras rumanas es uno de los grandes aciertos de la película de Coppola. Roy Thomas, Mike Mignola y John Nyberg realizaron una cuidada adaptación al cómic. 

 


Los otomanos han desembarcado en Europa. Maritsa (1371), Savra (1385), Kosovo (1389), Nicópolis (1396), Varna (1444), Constantinopla (1453). Su avance es imparable. Occidente mira para otro lado. Tiembla la Cristiandad. 

 



Vlad III Drácula, hijo de Dracul, nieto del gran voivoda Mircea cel Batrán, valiente y reputado caballero de la Orden del Dragón, fundada por el emperador Segismundo, está dispuesto a detener su avance y expulsarlos más allá del Bósforo. Acero contra acero, sangre llama a sangre. 

 


Vlad comanda una hueste brutal, dispuesta a todo para defender a sus familias y hogares. Derrota a cada tropa invasora que pisa su tierra. Los cuerpos sin vida de los soldados otomanos yacen sobre el campo de batalla. Huele a muerte por todos lados. 

 



A los supervivientes les aguardaba un destino peor, morir empalados, una tremenda agonía que podía prolongarse durante horas. Vlad Drácula, conocido como Vlad Tepes, el Empalador, nunca conoció el significado de la palabra piedad. Quién a hierro mata, a hierro muere.

 


Pero en este mundo de guerras y ambiciones, violento y miserable, ninguna victoria es definitiva. Las Moiras son las que deciden cuando cortar el hilo que nos vincula a este valle de lágrimas. El Todopoderoso no puede nada contra el destino. 

 



Elisabeta, su esposa, el amor de su vida, la razón de su existir, la sonrisa de la mañana, yace en el frío suelo del castillo en medio de un enorme charco de sangre que aún está caliente. No hay palabras en este idioma, ni en ningún otro, que puedan describir el dolor. 

 


 

La falsa noticia de la muerte de Vlad impulsó a la desconsolada Elisabeta a saltar desde la ventana del castillo. Una desventurada historia contada mil veces, el suicidio al conocer la muerte de la persona amada. Corazón roto y desesperación absoluta. Desde Verona hasta Teruel.

 


 

 La ley de Dios es inflexible, la condena eterna como castigo para el peor de los pecados, el cometido contra uno mismo.  No habrá paz para los suicidas.

 



Furia, frustración, ira, indignación. ¿Así me paga Dios mis sacrificios? ¿Esta es la recompensa por defender la Iglesia Cristiana del infiel invasor?. ¿Para qué sirve la fe?.

 


 

El dolor nos lleva a renunciar a todos nuestros principios, escupir sobre nuestras creencias, y rebelarnos ante el que antes protegíamos. Repudiar el Cielo y abrazar las Tinieblas. 

 


 

 La sangre es la vida. La sangre es depositaria del alma. Arrebataré la vida de los seres humanos y me alimentaré de sus almas. Las condenaré a los infiernos, y se las robaré al Dios que me ha traicionado.

 


 

 Rojo carmesí. Nos veremos en el Infierno.

 




El Caballero del Dragón lloró sangre y renunció a su Dios. Dramatismo y sangre. Coppola trabajó con Stoker mano a mano. Igual que hizo con Mario Puzo. Y transformó la última novela gótica en un fantástico y envolvente delirio barroco. 

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