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miércoles, 23 de marzo de 2016

MANSA MUSA, EL HOMBRE MÁS RICO DE LA HISTORIA.



Ni Bill Gates, ni Rupper Murdock, ni Rockefeller, el hombre más rico de la historia fue un rey africano de la Edad Media, Musa I de Mali, más conocido como Mansa Musa. Llegó al poder en 1307 y una vez sentado en el trono se dedicó a consolidar la autoridad real y mantener lo conseguido por sus antecesores, de tal forma que bajo su gobierno, el Imperio de Mali vivió su etapa de mayor esplendor.


Mansa Musa extendió su poder por parte de Gambia, Senegal, Guinea y Mali, desde Dakar hasta Gao y desde el Sahel a los límites mismos de la selva ecuatorial. Además incorporó la ciudad de Tombuctó, que quedó vinculada desde este momento al poder mandinga. De esta manera el Níger se convirtió en el eje dominante del oeste africano, pues sobre este río se sitúan los principales centros económicos de la región; Djenné, Dinka, Tombuctú y Gao.


Recientemente Celebrity Net Worth ha elaborado una lista de las personas más ricas de la historia, ajustando el patrimonio a la inflación, y el primero de todos es este rey africano. Mansa Musa amasó una enorme fortuna gracias a la producción de oro y al control del comercio de sal, ambos muy cotizados en Europa.


Como buen musulmán Mansa Musa realizó la pertinente peregrinación a La Meca, y la hizo acompañado de una inmensa y lujosa caravana, formada por cientos de porteadores y camellos cargados de oro y piedras preciosas. Se cuenta que a su paso por El Cairo gastó tanto dinero que desató una tremenda inflación en todo el norte de África.


Al regresar de Tierra Santa acometió un importante proyecto de obras públicas y religiosas, embelleciendo por encima de todas las ciudades, Tombuctú. Para acometer tales obras contó con la colaboración de un gran arquitecto, Er Saheli. Además se convirtió en mecenas de las artes y de las letras árabes.


Para los historiadores árabes Ibn Battuta e Ibn Jaldún, Mansa Musa fue el más importante de los soberanos del África Negra. Con sus obras, Mansa Musa tendió un puente entre el África Subsanariana y el mundo árabe.


lunes, 12 de octubre de 2015

MAMELUCOS, DE ESCLAVOS A SULTANES.



Aguerridos y disciplinados combatientes, un auténtico martillo que golpea con una fuerza terrible en el campo de batalla, los mamelucos, gente práctica, hombres acostumbrados a durísimas condiciones de vida, rompieron las cadenas de la esclavitud, para sentarse en el trono de sultán y dirigir un poderoso imperio.


Los “mamalik” esclavos, comprados, regalados o cautivos de guerra de diferente procedencia eran habituales en el mundo islámico (donde solían desempeñar funciones marciales) y a comienzos del siglo XIII un sultán egipcio, de la dinastía descendiente del gran Saladino, decidió organizar con ellos un auténtico cuerpo de élite, a imitación de los laureados jenízaros otomanos. A tal fin importó 1.200 esclavos, en su mayoría procedentes del Cáucaso, a los que transformó en su guardia personal. La idea del sultán egipcio era utilizarlos para hacer frente a los salvajes cruzados.

En poco tiempo los mamelucos se convirtieron en una élite guerrera y ya que decidieron rebelarse, tomar el poder, derrocar a los ayubíes y proclamarse sultanes. Trabajando unidos y manteniendo una férrea disciplina, los 1.200 mamelucos y sus descendientes dominaron Egipto durante más de dos centurias, conquistando también las vecinas Siria y Palestina. Además consiguieron conjurar las dos grandes amenazas que se cernían sobre el mundo islámico: los mongoles en Oriente y los cruzados desde el Poniente.

Para asegurarse la legitimidad religiosa contaron con la colaboración (más o menos voluntaria) de los califas abbasíes. Por otro lado patrocinaron las artes, aprovechando para ello el enorme legado cultural que les proporcionaba Egipto.


Durante su reinado los mamelucos convirtieron Egipto en una potencia regional, cuyas fronteras llegaban hasta los límites de otra potencia en ciernes; el estado otomano. En esta época El Cairo era el centro neurálgico y el motor del comercio asiático en el Mediterráneo, llegando a ser el modelo ideal para todas las ciudades del mundo islámico. El lujo y el boato reinaban en la corte mameluca. Hasta aquí llegaron artistas, eruditos y viajeros, como el famoso Ibn Batutta, o Ibn Jaldún, que extasiado ante la belleza cairota escribió:

“Quién no haya visto El Cairo no ha visto la magnitud del Islam, pues ella es la capital del mundo, el jardín del orbe, la asamblea de las naciones, el comienzo de la tierra, el origen del hombre, el iwan del Islam y el trono del reino”.


Pero todo tiene su fin, todo imperio sufre su declive, y el de este Imperio comenzó en 1450. Fueron otros musulmanes, los otomanos de Selim I los que sepultaron bajo las arenas del desierto el glorioso pasado mameluco. Era el año 1517 y tras ser derrotado en batalla, el poder mameluco dejó de existir. 

martes, 6 de mayo de 2014

IMPERIO DE MALÍ



El pueblo mandinga, a mediados del siglo XIII, logra imponerse a sus vecinos y crear el Imperio de Malí, que en su lengua nativa significa "hipopótamo", un estado medieval africano, cuyo núcleo territorial fue la región de Bamako.

En 1235, Sundiata Keita, mandatario de un pequeño reino llamado Kangaba (en el África Occidental), y que había conseguido agrupar a diversos clanes mandingas, consiguió la victoria en la Batalla de Kirina, enterró bajo las arenas del olvido, el otrora próspero Reino de Ghana, y estableció un nuevo centro de poder: Malí. Durante sus años de gobierno, el nuevo estado creció en poder y riqueza, y el rey adoptó el título de Mansa.


El esplendor del Imperio coincidió con el reinado de Mansa Musa, que convirtió el reino al Islam. En esta época su poder abarcaba gran parte de las actuales Gambia, Senegal, Guinea y Malí.

Los mercaderes comerciaban con oro y esclavos, que intercambiaban por tejidos, cobre, dátiles, higos, artículos de metal y Sal. Todos estos productos atravesaban la inmensidad del Sahara en caravanas de camellos, un animal imprescindible para estas sociedades.

En el año 1324, Mansa Musa, emprendió el largo viaje de peregrinación a La Meca, acompañado de un inmensa caravana, formada por más de 50.000 porteadores. Se cuenta que tanto oro gastó durante su estancia en El Cairo, que la moneda egipcia tardó varios años en recuperarse.


"Mansa Musa, hijo y sucesor de Alí Bakr, se distinguió por su poder y por la santidad de su vida. Administró de una forma tan justa que su recuerdo permanece vivo. Hizo una peregrinación en el año 724 de la Héjira: doce mil jóvenes esclavos, vistiendo túnicas de brocado y seda del Yemen, trasnportaban los equipajes. Se llevó de su país ochenta cargamentos de oro en polvo, cada uno de los cuales pesaba tres quintales; este polvo se transportaba habitualmente cargado en las espaldas de los esclavos o de hombres libres; pero en viajes largos, como esta ida a La Meca, se sirvió de camellos.
Mansa Musa encontró en La Meca al poeta español Abu-Ishac-Ibrahim-Es-Saheli, más conocido por el nombre de Tueidjen, y lo llevó consigo al país de los negros. Al regresar a su capital, mandó constuir una sala de audiencias sólidamente edificada y revestida de estuco; efectivamente, edificios de este género eran desconocidos en su país. Abu-Ishac-Ibrahim, hombre muy hábil en varios oficios, se encargó de realizar la voluntad del rey y construyó una sala cuadrada con un cúpula encima.
El sultán Mansa Musa mantenía relaciones amistosas con el sultán merinida Abu-Al-Hcen, y los dos monarcas se mandaban presentes uno al otro por intermedio de altos personajes de las respectivas cortes. El sultán magrebí mandó enviar con una escolta los más bellos productos de su reino y encargó al emir llevar este presente verdaderamente real al sultán de los negros. Lo acompañaba una delegación formada por los personajes más importantes del imperio. La magnificencia de aquel regalo se tornó en un asunto de todas las conversaciones.
La ofrenda fue recibida por Mansa Soleimán, sucesor de Mansa Musa: el príncipe negro quiso corresponder con algo equivalente y mandó reunir los más raros y curiosos productos de su país. La muerte reunir los más raros y curiosos productos de su país. La muerte de Mansa Soleimán, ocurrida en la misma época, impidió a la caravana continuar su camino. En este tiempo, estalló una guerra civil en el reino de Malí: varios príncipes intentaron apoderarse del trono y se mataron los unos a los otros. El desorden se terminó con la conquista del poder por Mansa Diata. Este príncipe, al examinar los negocios del reino, descubrió que los presentes enviados al sultán del Magreb todavía se encontraban en Ualata y ordenó inmediatamente que se hiciesen llegar a su destino.
Esta oferta llegó a Fez en el mes de Safer en 762. El día de su llegada a la ciudad constituyó una auténtica fiesta. La noticia de la llegada de esta embajada se extendió rápidamente. Los emisarios fueron hospedados por el sultán y, como este príncipe murió antes de que ellos partieran, fue el regente del imperio quien les entregó los presentes usuales y se despidió de ellos".
Ibn Jaldún
Historia de los Bereberes. Tomo IV.

A su regreso, Mansa Musa conquistó la ciudad de Tombuctú, y la convirtió en la capital de su imperio. Además estableció una escuela de estudios islámicos que se convirtió en centro de referencia para el mundo musulmán africano.

Tombuctú, a orillas del Níger, la ciudad de las maravillas del África Negra, joya de la corona del Imperio de Malí, ¿quién no ha soñado visionar desde el lomo de un camello la capital del desierto?


En el Tombuctú de la época mandinga destacan las mezquistas de Djinguereber, obra del arquitecto andalusí Ishak es-Shaeli.

La riqueza de Malí era legendaria, y a lo largo del río Níger se situaban los principales centros económicos del Imperio; Djenné, Diaka, Tombuctú y Gao.

El mansa, o emperador, era el jefe del gobierno, y se rodeaba de familiares, altos funcionarios, dignatarios y un pequeño grupo de secretarios. El Imperio era una especie de confederación, pues cada provincia gozaba de amplia autonomía, y los reinos vasallos, quedaban unidos al poder central por una simple alianza simbólica. En su momento de mayor extensión, el Imperio de Mali llegó a contar con doce provincias, con un gobernador al frente.


Con el tiempo, la provincia de Songhay creó un nuevo imperio que terminaría absorviendo al Imperio de Malí.  
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